Creo que es bueno decir que voté convencidamente por Trump. A mal tiempo, buena cara. A mi entender, como simple pueblo norteamericano, este país caminaba por caminos confusos, por llamarlos de forma políticamente correcta, y se necesitaba que alguien o algunos desde el poder político hicieran el esfuerzo por arreglar.
El tema del gobierno no es magia, se necesita de madurez
y claridad para tratar de enmendar lo mal que otros anteriores han hecho y lo
mal que lo están haciendo los empoderados. El objetivo, al menos formal, es
arreglar, nunca crear más problemas, por lo que no es siempre aceptable o no
debería serlo, arreglar un tema y descomponer otros.
Viví años en República Dominicana y era uno de los
problemas que los dominicanos y yo detectábamos. El presidente entrante, desconocía
totalmente lo hecho por su predecesor, lo mal, pero también lo bien hecho y se
proponía hacerlo todo otra vez desde la primera vez, tal como si fuera el
primer presidente que existía. Sobran los ejemplos de esto en ese país, por ejemplo,
un presidente dejaba un puente sin terminar y el nuevo, al lado del puente inconcluso,
construía el suyo. A veces los políticos, incluso los llamados buenos o de
buenas intenciones, terminan empedrando el camino al infierno y por supuesto,
de esas piedras se llevan lo suyo, que a vox populi parece ser el único
objetivo real.
No siempre se logra que todo salga bien, todo estará
condicionado a miles de factores internos y externos. Hay arreglos que se
consiguen totalmente, otros en parte y sencillamente, hay problemas que no se
resuelven, porque para ellos hay que dedicar décadas. Es imposible pedirle a
ningún gobierno, ni tan siquiera a los integrados por genios, que dejen todo resuelto
de una vez para todas y que el siguiente no tenga nada que hacer, más allá de
disfrutar porque todo está en “orden divino”.
Uno de los problemas creados por años de historia y
agudizado a última hora por la mala actuación o sencillamente la ninguna
actuación del gobierno presidido por Biden y Harris, es el de la inmigración
ilegal. Dicen que más o menos tenemos aquí cerca de 15 millones de
indocumentados, o sea, prácticamente un país dentro de otro. Personas buenas, trabajadoras,
honestas, buenos padres, madres, abuelos, inmaculados. Clásicos buenos. Y además
hay asesinos, traficantes y vendedores de drogas, traficantes de seres humanos,
asaltadores, ladrones, algunos, al parecer miembros de pandillas delincuenciales
internacionales y violadores profesionales probados e incluso sancionados en
sus países de origen de humanos incluyendo a niños. Clásicos malos.
Dentro de esos inmigrantes, además, han llegado
personas limitadas físicamente más allá de culturalmente, sin piernas, ciegos, mujeres
con muchos niños sin padres reconocidos, visibles o responsables, ancianos, a
veces muy ancianos, niños solos, personas afectadas de la cabeza, o sea,
enfermas psicológicamente, etc., a todos los que un gobierno responsable tiene
que proteger y, a veces, por mucho tiempo, mantener una vez que están adentro.
Eso desde el punto de vista humano, es entendible, no
habría labor humana más destacada. Para los “sentimentales”, entonces sí de
sentimientos buenos se trata, debería exigir que Estados Unidos trajera a todos
los haitianos, a todos los palestinos, a los millones de pobres de América
Latina, de África, de Asia, a todos los que no estudiaron, a todas las que
parieron y hoy portan o cargan con cuatro, cinco o seis hijos o más. Deberían
exigir que se trajeran a 500 millones de chinos y otros 500 millones de indios,
porque son muchos para vivir en sus países de origen. Esos inmigrantes podrían
ser repartidos por las casas, sobre todo, de los "sentimentales", para que
vivieran decentemente. Casa por casa acogiendo a inmigrantes indocumentados y
evitando así que ellos graven el presupuesto del gobierno y la vida de los
organizados.
Tema inmigración siempre es sensible, primero para los
que no hemos nacido aquí, sino que un día llegamos, luego para muchos porque
todos tenemos un amigo o amiga, un conocido, un compañero que la está pasando
mal, también para aquellos aburridos que no tienen mucho que hacer y entonces se
entretienen con los temas sensibles, ya sean los inmigrantes indocumentados,
los pingüinos, o los paramecios.
Trump en su campaña política por la presidencia,
prometió resolver el asunto de la emigración ilegal y muchos estuvieron contentos,
haciendo referencia a que trataría de sacar del Estados Unidos a los
delincuentes, traficantes, asesinos, violadores, etc. venidos del exterior. Eso
sería bueno. Ni Trump, el cual padece, es verdad, de cierto histrionismo, puede organizar con un simple chasquido de dedos a 15 millones de indocumentados y una historia de 200 años.
No creo que la propuesta fuera sacar a todos. No creo
que la propuesta fuera acabar con la presencia extranjera o al menos la no
legalizada. Yo, llegado por la frontera en el 2012, pero hoy, por razones múltiples
ciudadano norteamericano estoy de acuerdo con eso. Sean hombres, mujeres,
mexicanos, chinos e incluso mis coterráneos cubanos; si has venido aquí a
traficar, a robar, a violar o matar, o sea, en el mejor sentido de la palabra, joder, no puedes quedarte.
Ahora:
¿Qué se gana con coger a un hombre que lleva aquí 25
años, que está casado, a veces con una ciudadana norteamericana, que tiene tres,
cuatro, cinco hijos de diferentes edades todos nacidos aquí, que a su vez
estudian o trabajan, que ha trabajado toda su vida, que ha pagado impuestos,
que se ha comprado una casa, que tiene un pequeño o gran negocio, etc.?
¿Qué se gana con quitarle de los brazos de una madre a
una pequeña bebita nacida en Estados Unidos, con el único objetivo de deportar
a la mujer, separándola monstruosamente de su hija recién nacida, madre que vino,
como vinimos muchos, en busca de mejor vida y que trabaja como una mula para
mantener a su familia?
¿Qué se gana con caerle atrás a una anciana de 90 años
que quiere y a lo mejor necesita pasar sus últimos años con su familia, cuando
en realidad se le debería estar garantizando, al menos, un entierro digno?
Ni el señor o la señora que trabajan y crían bien a
sus hijos, ni la madre recién parida, ni la anciana, son el verdadero problema.
Ellos no asesinan, no trafican, no violan. Ellos son, lamentablemente, el
eslabón más débil de la cadena, son los más vulnerables.
No se gana nada, el apoyo al gobierno lejos de mejorar
comienza a ponerse en crisis por actuaciones que frisan con lo ilógico, más allá
de lo inhumano.
Yo, alegremente ciudadano por naturalización, que vine
a vivir mejor en libertad con mi trabajo honesto el cual no le quité a ningún
rubio de ojos azules, apoyé a Trump en su misión de tratar de limpiar, entre
otras cosas, el país de delincuentes, al menos los que se pueden sacar. Los
ciudadanos de este país, queremos vivir tranquilos.
Entonces me parece que una cosa es la idea política de
Trump, necesaria, otra es la transmisión de esa idea y por último la ejecución
de esa idea. Una cosa es localizar y detener a indocumentados, verificarlos y, si
procede, deportarlos y otra es armar un safari de hombres y mujeres armados,
encapuchados y soltarlos a cazar, cosa que viví en República Dominicana con los
haitianos. Si, las llamadas fuerzas del orden, desbocadas y sin límites
convierten la “linda” misión de saneamiento en casería brutal.
Hace pocas semanas murió una joven norteamericana de
37 años, no tengo todos los elementos del caso, por lo que no profundizaré en
él, sólo me parece que no debería haber muerto. No era indocumentada, no era asesina,
puede haber cometido errores, pero no merecía morir como murió.
Hace pocos días, otro incidente, un joven
norteamericano, también de 37 años, participante en una manifestación en contra
de las acciones de inmigración, murió como resultado de nueve balazos.
Ese hombre, fuera del color que fuera, en este caso
blanco, fuera de la profesión que fuera, era enfermero intensivista, estuviera
manifestándose o no, su manifestación jamás fue violenta, fue inmovilizado por
más de seis personas de ICE y ya inmovilizado fue matado a tiros.
El joven públicamente portaba un celular con el que
aparentemente filmaba y un arma legalmente no visible, o sea, en su ciudad se está
autorizado a portar armas y viendo muchos videos sobre el incidente, jamás la
sacó para usarla. Sólo la portaba con ese derecho constitucional que existe
aquí y que en ningún lado deja claro que no se puede estar en una movilización
de cualquier tipo armado. ¿Cuántos otros ciudadanos norteamericanos transitan armados
legalmente todos los días por las calles de este país?
El joven trató de asistir a una mujer a su lado que
estaba siendo arrastrada, le rociaron gas pimienta, suficiente para
paralizarse, no obstante, se le tiraron arriba para inmovilizarlo y ya
inmovilizado e incluso, parece, despojado de su arma, fue baleado en el piso
por un agente federal que argumentó defensa propia.
¿Defensa propia contra un tipo delgado, relativamente
joven, que no podía ni ver por el gas pimienta que le habían roseado
directamente en los ojos, que se encontraba acostado en la calle, inmovilizado por
seis hombres armados y entrenados? Difícil de digerir. Si el agente se puso
nervioso frente a tan poco, pues sencillamente no puede ser agente. Los agentes
que se dedican voluntariamente a este tipo de actividad, pienso, entrenados
profesionalmente, tienen que estar “operados” de los nervios.
¿Es ilegal participar pacíficamente en una
manifestación en Estados Unidos? No.
¿Es ilegal portar armas autorizadas para tal en
cualquier calle de este país? No.
¿Se puede matar a alguien por tener un arma y
presumir, asumir, pensar, olfatear, suponer que esa persona está armada para
agredir, cuando esa persona no ha sacado el arma? No.
¿Seis hombres entrenados, armados, con la última
tecnología arriba, no fueron más que suficientes para inmovilizar y poner en
custodia a un solo hombre por mucha resistencia que este hiciera? Parece que no
y alguno de ellos decidió matarlo. Increíble manera de inmovilizar.
Pienso que el gobierno norteamericano, que no es sólo
Trump, debería revisar esto. A veces las orientaciones cuando se desbocan y no
se controlan, crean más problemas que los problemas que existe. Nada justifica
el linchamiento de personas, salvo que ellas provoquen con posibilidad de
muerte a los agentes del orden y, así y todo, creo, que las fuerzas del orden
tienen que cumplir determinados protocolos antes de tirar a matar.
Una cosa es que yo porte legalmente un arma, que no la
lleve pública, condiciones que tienen millones de norteamericanos y otra es que
yo empuñe el arma para matar a alguien, ya sea otra simple persona o un oficial
de la policía o de inmigración. Si se te ocurre sacar al arma frente a las
autoridades, no hay tiempo para pensar, ni preguntar, muy probablemente termines
hecho un colador.
Las autoridades, que sólo responden que están investigando,
han dejado caer que el agente se sintió agredido, pero cómo se puedo sentir
agredido, si el enfermero ya se encontraba en el piso debajo de seis oficiales
de inmigración e incluso uno de ellos ya había sacado el arma de la escena.
Nervios, adrenalina, chovinismo, función desmedida.
Esto es peligroso, porque mañana nos puede pasar a
cualquiera. Un policía que no ha dormido y juega demasiado en la computadora matando
a “malos”, puede interpretar, suponer, oler, etc., que un movimiento que haces
es peligroso, se le puede disparar la testosterona y una simple violación del
tránsito, puede terminar contigo muerto dentro de tu auto.
Puedes estar parado en una esquina tomando el Sol,
derecho constitucional de los norteamericanos y de pronto aparecer un grupo de
cazadores, verte cara de no nacido aquí y frente a tu reclamación de derechos y
aclaración del tema, te pueden forzar, tirar al piso y si te pones bravo por la
injusticia y fuerza desmedida, puedes terminar agujereado, como dice aquel
corrido mexicano que declara que “Rosita estaba de suerte, de los tres tiros
que le dieron, nomás uno era de muerte”.
Creo que se les ha ido la mano a los que tienen que
cumplir misiones. Deben estar nerviosos, ansiosos y por qué no temerosos de
reacciones adversas.
Gran culpa la tienen también, porque la historia
siempre tiene dos partes como mínimo, la reacción de los ilegales, porque
huyen, escapan, se enfrentan, se resisten, forsejean y dan pie a la violencia.
Creo que hay que revisar todo esto de nuevo, porque una
cosa es tratar de sacar a ilegales malos, otra cosa es cumplir con un número
estadístico de sacar por sacar y la otra es frente al primer incidente, así
como así, matar a alguien en medio de la calle.
Quizás la premura por cumplir la idea política ha
contratado a personas sin condiciones, quizás esas personas por la urgencia no
han sido bien preparadas para poder llevar adelante su misión. Errores.
No creo, aunque pueda parecer trumpista, término acuñado por los “sentimentales" porque se ha puesto de moda una cosa, estar a favor de Trump o en su contra, que Trump esté dando órdenes para matar. No
creo que sea un clásico supremacista blanco como lo llaman, revisemos las definicones, no es un tema de
colores, menos un convencido nazista amante de Adolf Hitler, revisemos la historia.
Trump es sólo Trump. Un tipo con poder no robado que está tratando de desarrollar sus ideas como cualquier otra persona. Algunas le quedaran bien, otras no.

