jueves, 29 de enero de 2026

645.- De buenas intenciones ...

Creo que es bueno decir que voté convencidamente por Trump. A mal tiempo, buena cara. A mi entender, como simple pueblo norteamericano, este país caminaba por caminos confusos, por llamarlos de forma políticamente correcta, y se necesitaba que alguien o algunos desde el poder político hicieran el esfuerzo por arreglar.

El tema del gobierno no es magia, se necesita de madurez y claridad para tratar de enmendar lo mal que otros anteriores han hecho y lo mal que lo están haciendo los empoderados. El objetivo, al menos formal, es arreglar, nunca crear más problemas, por lo que no es siempre aceptable o no debería serlo, arreglar un tema y descomponer otros.

Viví años en República Dominicana y era uno de los problemas que los dominicanos y yo detectábamos. El presidente entrante, desconocía totalmente lo hecho por su predecesor, lo mal, pero también lo bien hecho y se proponía hacerlo todo otra vez desde la primera vez, tal como si fuera el primer presidente que existía. Sobran los ejemplos de esto en ese país, por ejemplo, un presidente dejaba un puente sin terminar y el nuevo, al lado del puente inconcluso, construía el suyo. A veces los políticos, incluso los llamados buenos o de buenas intenciones, terminan empedrando el camino al infierno y por supuesto, de esas piedras se llevan lo suyo, que a vox populi parece ser el único objetivo real.

No siempre se logra que todo salga bien, todo estará condicionado a miles de factores internos y externos. Hay arreglos que se consiguen totalmente, otros en parte y sencillamente, hay problemas que no se resuelven, porque para ellos hay que dedicar décadas. Es imposible pedirle a ningún gobierno, ni tan siquiera a los integrados por genios, que dejen todo resuelto de una vez para todas y que el siguiente no tenga nada que hacer, más allá de disfrutar porque todo está en “orden divino”.

Uno de los problemas creados por años de historia y agudizado a última hora por la mala actuación o sencillamente la ninguna actuación del gobierno presidido por Biden y Harris, es el de la inmigración ilegal. Dicen que más o menos tenemos aquí cerca de 15 millones de indocumentados, o sea, prácticamente un país dentro de otro. Personas buenas, trabajadoras, honestas, buenos padres, madres, abuelos, inmaculados. Clásicos buenos. Y además hay asesinos, traficantes y vendedores de drogas, traficantes de seres humanos, asaltadores, ladrones, algunos, al parecer miembros de pandillas delincuenciales internacionales y violadores profesionales probados e incluso sancionados en sus países de origen de humanos incluyendo a niños. Clásicos malos.

Dentro de esos inmigrantes, además, han llegado personas limitadas físicamente más allá de culturalmente, sin piernas, ciegos, mujeres con muchos niños sin padres reconocidos, visibles o responsables, ancianos, a veces muy ancianos, niños solos, personas afectadas de la cabeza, o sea, enfermas psicológicamente, etc., a todos los que un gobierno responsable tiene que proteger y, a veces, por mucho tiempo, mantener una vez que están adentro.

Eso desde el punto de vista humano, es entendible, no habría labor humana más destacada. Para los “sentimentales”, entonces sí de sentimientos buenos se trata, debería exigir que Estados Unidos trajera a todos los haitianos, a todos los palestinos, a los millones de pobres de América Latina, de África, de Asia, a todos los que no estudiaron, a todas las que parieron y hoy portan o cargan con cuatro, cinco o seis hijos o más. Deberían exigir que se trajeran a 500 millones de chinos y otros 500 millones de indios, porque son muchos para vivir en sus países de origen. Esos inmigrantes podrían ser repartidos por las casas, sobre todo, de los "sentimentales", para que vivieran decentemente. Casa por casa acogiendo a inmigrantes indocumentados y evitando así que ellos graven el presupuesto del gobierno y la vida de los organizados.

Tema inmigración siempre es sensible, primero para los que no hemos nacido aquí, sino que un día llegamos, luego para muchos porque todos tenemos un amigo o amiga, un conocido, un compañero que la está pasando mal, también para aquellos aburridos que no tienen mucho que hacer y entonces se entretienen con los temas sensibles, ya sean los inmigrantes indocumentados, los pingüinos, o los paramecios.

Trump en su campaña política por la presidencia, prometió resolver el asunto de la emigración ilegal y muchos estuvieron contentos, haciendo referencia a que trataría de sacar del Estados Unidos a los delincuentes, traficantes, asesinos, violadores, etc. venidos del exterior. Eso sería bueno. Ni Trump, el cual padece, es verdad, de cierto histrionismo, puede organizar con un simple chasquido de dedos a 15 millones de indocumentados y una historia de 200 años.

No creo que la propuesta fuera sacar a todos. No creo que la propuesta fuera acabar con la presencia extranjera o al menos la no legalizada. Yo, llegado por la frontera en el 2012, pero hoy, por razones múltiples ciudadano norteamericano estoy de acuerdo con eso. Sean hombres, mujeres, mexicanos, chinos e incluso mis coterráneos cubanos; si has venido aquí a traficar, a robar, a violar o matar, o sea, en el mejor sentido de la palabra, joder, no puedes quedarte.

Ahora:

¿Qué se gana con coger a un hombre que lleva aquí 25 años, que está casado, a veces con una ciudadana norteamericana, que tiene tres, cuatro, cinco hijos de diferentes edades todos nacidos aquí, que a su vez estudian o trabajan, que ha trabajado toda su vida, que ha pagado impuestos, que se ha comprado una casa, que tiene un pequeño o gran negocio, etc.?

¿Qué se gana con quitarle de los brazos de una madre a una pequeña bebita nacida en Estados Unidos, con el único objetivo de deportar a la mujer, separándola monstruosamente de su hija recién nacida, madre que vino, como vinimos muchos, en busca de mejor vida y que trabaja como una mula para mantener a su familia?

¿Qué se gana con caerle atrás a una anciana de 90 años que quiere y a lo mejor necesita pasar sus últimos años con su familia, cuando en realidad se le debería estar garantizando, al menos, un entierro digno?

Ni el señor o la señora que trabajan y crían bien a sus hijos, ni la madre recién parida, ni la anciana, son el verdadero problema. Ellos no asesinan, no trafican, no violan. Ellos son, lamentablemente, el eslabón más débil de la cadena, son los más vulnerables.

No se gana nada, el apoyo al gobierno lejos de mejorar comienza a ponerse en crisis por actuaciones que frisan con lo ilógico, más allá de lo inhumano.

Yo, alegremente ciudadano por naturalización, que vine a vivir mejor en libertad con mi trabajo honesto el cual no le quité a ningún rubio de ojos azules, apoyé a Trump en su misión de tratar de limpiar, entre otras cosas, el país de delincuentes, al menos los que se pueden sacar. Los ciudadanos de este país, queremos vivir tranquilos.

Entonces me parece que una cosa es la idea política de Trump, necesaria, otra es la transmisión de esa idea y por último la ejecución de esa idea. Una cosa es localizar y detener a indocumentados, verificarlos y, si procede, deportarlos y otra es armar un safari de hombres y mujeres armados, encapuchados y soltarlos a cazar, cosa que viví en República Dominicana con los haitianos. Si, las llamadas fuerzas del orden, desbocadas y sin límites convierten la “linda” misión de saneamiento en casería brutal.

Hace pocas semanas murió una joven norteamericana de 37 años, no tengo todos los elementos del caso, por lo que no profundizaré en él, sólo me parece que no debería haber muerto. No era indocumentada, no era asesina, puede haber cometido errores, pero no merecía morir como murió.

Hace pocos días, otro incidente, un joven norteamericano, también de 37 años, participante en una manifestación en contra de las acciones de inmigración, murió como resultado de nueve balazos.

Ese hombre, fuera del color que fuera, en este caso blanco, fuera de la profesión que fuera, era enfermero intensivista, estuviera manifestándose o no, su manifestación jamás fue violenta, fue inmovilizado por más de seis personas de ICE y ya inmovilizado fue matado a tiros.

El joven públicamente portaba un celular con el que aparentemente filmaba y un arma legalmente no visible, o sea, en su ciudad se está autorizado a portar armas y viendo muchos videos sobre el incidente, jamás la sacó para usarla. Sólo la portaba con ese derecho constitucional que existe aquí y que en ningún lado deja claro que no se puede estar en una movilización de cualquier tipo armado. ¿Cuántos otros ciudadanos norteamericanos transitan armados legalmente todos los días por las calles de este país?

El joven trató de asistir a una mujer a su lado que estaba siendo arrastrada, le rociaron gas pimienta, suficiente para paralizarse, no obstante, se le tiraron arriba para inmovilizarlo y ya inmovilizado e incluso, parece, despojado de su arma, fue baleado en el piso por un agente federal que argumentó defensa propia.

¿Defensa propia contra un tipo delgado, relativamente joven, que no podía ni ver por el gas pimienta que le habían roseado directamente en los ojos, que se encontraba acostado en la calle, inmovilizado por seis hombres armados y entrenados? Difícil de digerir. Si el agente se puso nervioso frente a tan poco, pues sencillamente no puede ser agente. Los agentes que se dedican voluntariamente a este tipo de actividad, pienso, entrenados profesionalmente, tienen que estar “operados” de los nervios.

¿Es ilegal participar pacíficamente en una manifestación en Estados Unidos? No.

¿Es ilegal portar armas autorizadas para tal en cualquier calle de este país? No.

¿Se puede matar a alguien por tener un arma y presumir, asumir, pensar, olfatear, suponer que esa persona está armada para agredir, cuando esa persona no ha sacado el arma? No.

¿Seis hombres entrenados, armados, con la última tecnología arriba, no fueron más que suficientes para inmovilizar y poner en custodia a un solo hombre por mucha resistencia que este hiciera? Parece que no y alguno de ellos decidió matarlo. Increíble manera de inmovilizar.

Pienso que el gobierno norteamericano, que no es sólo Trump, debería revisar esto. A veces las orientaciones cuando se desbocan y no se controlan, crean más problemas que los problemas que existe. Nada justifica el linchamiento de personas, salvo que ellas provoquen con posibilidad de muerte a los agentes del orden y, así y todo, creo, que las fuerzas del orden tienen que cumplir determinados protocolos antes de tirar a matar.

Una cosa es que yo porte legalmente un arma, que no la lleve pública, condiciones que tienen millones de norteamericanos y otra es que yo empuñe el arma para matar a alguien, ya sea otra simple persona o un oficial de la policía o de inmigración. Si se te ocurre sacar al arma frente a las autoridades, no hay tiempo para pensar, ni preguntar, muy probablemente termines hecho un colador.

Las autoridades, que sólo responden que están investigando, han dejado caer que el agente se sintió agredido, pero cómo se puedo sentir agredido, si el enfermero ya se encontraba en el piso debajo de seis oficiales de inmigración e incluso uno de ellos ya había sacado el arma de la escena. Nervios, adrenalina, chovinismo, función desmedida.

Esto es peligroso, porque mañana nos puede pasar a cualquiera. Un policía que no ha dormido y juega demasiado en la computadora matando a “malos”, puede interpretar, suponer, oler, etc., que un movimiento que haces es peligroso, se le puede disparar la testosterona y una simple violación del tránsito, puede terminar contigo muerto dentro de tu auto.

Puedes estar parado en una esquina tomando el Sol, derecho constitucional de los norteamericanos y de pronto aparecer un grupo de cazadores, verte cara de no nacido aquí y frente a tu reclamación de derechos y aclaración del tema, te pueden forzar, tirar al piso y si te pones bravo por la injusticia y fuerza desmedida, puedes terminar agujereado, como dice aquel corrido mexicano que declara que “Rosita estaba de suerte, de los tres tiros que le dieron, nomás uno era de muerte”.

Creo que se les ha ido la mano a los que tienen que cumplir misiones. Deben estar nerviosos, ansiosos y por qué no temerosos de reacciones adversas.

Gran culpa la tienen también, porque la historia siempre tiene dos partes como mínimo, la reacción de los ilegales, porque huyen, escapan, se enfrentan, se resisten, forsejean y dan pie a la violencia.

Creo que hay que revisar todo esto de nuevo, porque una cosa es tratar de sacar a ilegales malos, otra cosa es cumplir con un número estadístico de sacar por sacar y la otra es frente al primer incidente, así como así, matar a alguien en medio de la calle.

Quizás la premura por cumplir la idea política ha contratado a personas sin condiciones, quizás esas personas por la urgencia no han sido bien preparadas para poder llevar adelante su misión. Errores.

No creo, aunque pueda parecer trumpista, término acuñado por los “sentimentales" porque se ha puesto de moda una cosa, estar a favor de Trump o en su contra, que Trump esté dando órdenes para matar. No creo que sea un clásico supremacista blanco como lo llaman, revisemos las definicones, no es un tema de colores, menos un convencido nazista amante de Adolf Hitler, revisemos la historia.

Trump es sólo Trump. Un tipo con poder no robado que está tratando de desarrollar sus ideas como cualquier otra persona. Algunas le quedaran bien, otras no. 

 



 

 

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