He escrito varias veces, sin las mínimas pretensiones eruditas, sobre votaciones, derecho y deber del voto, etc., en sociedades, o sea, aquí, donde los ciudadanos tenemos la posibilidad de votar libremente por aquella propuesta que nos interesa o aparentemente más nos beneficia y esto que llega a ser común a los de aquí y quizás visto como algo muy normal, todavía sigue siendo complicado para muchos ciudadanos de otras latitudes.
Votar en libertad, o sea, sin consecuencias, tener la
posibilidad de escoger entre varios o muchos nombres, sigue siendo la añoranza
de millones de personas, donde esos procesos no existen o sólo existen como un
mecanismo manejado desde el poder para garantizar el poder.
Votar libremente sigue siendo una gran conquista del
hombre, donde, si se ejerce bien, puede garantizar buenos resultados. Cada
votación no deja de ser un enigma, porque uno puede decidir sólo sobre su voto
e influir quizás sobre el voto de sus más cercanos, lo que no garantiza para
nada el éxito y luego no garantiza que después de votado y ganado, el personaje
o los personajes elegidos, sigan al pie de la letra sus propuestas.
Yo, y puede ser complicado hoy de reconocer, donde
cada persona que tiene un teléfono o una computadora y usa la Inteligencia
Artificial se nombra como experto en algo y tiene la posibilidad de dar
conclusiones absolutas, reconozco que sólo soy un viviente, que no poseo
información privilegiada, ni verídica de primera mano cercana a los círculos de
poder, menos me arriesgo a nombrarme especialista en nada, mucho menos en
política, por lo que todo lo que escriba es únicamente resultado de mis
pensamientos, que por suerte, no sin problemas, todavía los tengo. Entonces no
trato de defender, ni de echarle a nadie, sólo contaré lo que veo. Quizás todavía
siga siendo una gran ventaja no ser ciego.
Comenzaré por lo que normalmente sería una conclusión
después de desarrollar un determinado tema. Creo que los republicanos perderán
las elecciones de medio tiempo en el próximo noviembre y lo jodido de esto es
que no será por lo bien que lo ha hecho su partido opositor clásico, que en
realidad no ha hecho mucho, sino por la mala actuación de los republicanos
mismos, viéndolos como un grupo monolítico que debía ser, que hoy para mayor
complicación parece que están divididos dentro de ellos mismos.
Esto tampoco es nada absoluto, porque está probado que,
tradicionalmente, a diferencia de los efusivos demócratas que el día de las
votaciones, se les olvida, se enferman, cansados de propagandizar no salen a
votar o no tienen legalidad para hacerlo, los republicanos a pesar de todos los
pesares se movilizan y votan furiosamente en masas, por lo que nada está
seguro, hay que esperar. No confiar ciegamente en las encuestas, en momentos
donde todo puede falsificarse, ellas logran desinformar.
Para esto, como todo acto humano lo es, cada cual
tiene sus explicaciones y justificaciones, como frente a cualquier otro
proceso. Baste media vez que tengamos que escoger para que aparezcan las más
disímiles posibles decisiones. Tal como dice el viejo refrán popular, la cerveza
fría cualquiera se la toma, el problema es tomársela caliente.
A mí en el plano personal, que ahora no puedo
reproducir los datos estadísticos y no me interesa, recuerdo que no me gustó el
final del gobierno de Obama, aquel primer presidente negro, aquel primer
presidente medio norteamericano y medio africano en primera ascendencia, aquel
primer presidente pobre cuando llegó, aunque no tan pobre, aquel primer
presidente que rompiendo todas las barreras y la historia, visitó al gobierno
cubano, disfrutó Cuba y se pintó como el más interesado en ayudar al pueblo
isleño, pero que al final todo fue humo, con la agravante de la suspensión para
complacer al gobierno de la isla, de aquella ley que nos podía beneficiar,
poniendo a los cubanos a la par de cualquier otro ciudadano del mundo, puro
populismo y semi actuaciones hollywoodenses, que hoy sólo sirven para llenar páginas
en sus biografías complacientes.
Biden, su compañero de fórmula y luego sucesor
político fue peor, al tratar de continuar el legado del aparente encantador de
serpientes, sin aportar nada nuevo, creo que no le alcanzará ni para biografías
edulcoradas.
En sentido general desastre. Su final, más allá de la
pérdida evidente de sus cualidades como ser humano y por tanto político, metió
a este país en un proceso que aún da trabajo, por sólo mencionar uno, la más
que conocida entrada de miles y miles de inmigrantes masivamente, sin
organización y control. Por suerte su propuesta de continuidad no pasó, porque
se podría predecir un mayor desastre en manos de una mujer que ni idea tenía de
lo que había que hacer, más allá de sonreír fingida o histéricamente.
Cuesta trabajo pensar que las acciones de Biden y su
gobierno, no fueran programadas a exprofeso, porque muchas fueron las
advertencias y mucho tiempo pasó como para desconocerlas. Estoy convencido de
que él o sus más cercanos asesores sabían lo que estaban haciendo.
Pero bueno, eso es pasado ya, y lo mejor sería mirar a
lo que está pasando y dejar de echarle la culpa constantemente a lo que pasó
hace 2, 4, 7, 10 años atrás.
¿Qué veo hoy, porque como dije, no soy ciego?
Hoy, gran parte de las personas que vivimos aquí y
otros muchos que desde sus lugares en otras partes del mundo observan, predicen
apuestan, etc., estamos sumidos en una gran preocupación, que en no pocos casos
para en crisis emocional, en depresión, por el simple hecho de que la política
muestra sus crisis.
Esto me parece absurdo, si miramos la historia, al
menos la conocida, existen crisis políticas desde siempre, desde los faraones,
quizás antes, pasando por Grecia y por supuesto la gran y famosa Roma. Las
guerras entre bandos, las traiciones, los suicidios, reales o falsos
provocados, los asesinatos, envenenamientos, los movimientos de personas de un
bando a otro, los quítate tu para ponerme yo, las guerras o al menos
conspiraciones intestinas, más allá de las guerras reales, las venganzas
políticas, etc., han formado parte de la historia humana, del poder y de los
estados.
No lo tengo probado, pero de seguro, en el período de
la llamada prehistoria, que según se dice comenzó allá con los primeros homínidos,
se calcula que hace entre 2 a 3 millones de años, existieron, porque algunos se
tuvieron que fajar por un mamut, una mejor cueva o una mujer. Si observamos las
manadas de animales salvajes, no son un grupo de determinada especie que viven
haciendo poesía y cantando mientras cazan, existen entre ellos luchas, broncas, heridas y muertes por el poder, por el liderazgo, entonces hoy, nosotros
los modernos no estamos haciendo nada nuevo. Hacemos lo que hemos aprendido.
Es cierto, podemos suponer que nuestra capacidad de
pensar, leer, escribir, manejar una computadora e incluso viajar al espacio
exterior, nos haga conducir diferente, pues nos equivocamos.
Lo que me parece es que hoy más que nunca, a pesar de
nuestra aparente modernidad, somos frágiles, quizás estamos embotados, quizás
el exceso de información, que por un lado es bueno, pero otro lo complica todo,
en la misma medida que no existe la capacidad de análisis de forma general
obviamente.
Quizás una gran parte de la población actual ha
crecido y vivido en bonanza, sin grandes crisis, sin grandes hambrunas o muertes
masivas por enfermedades, lo que nos hace vivir tratando de experimentar nuevas
variantes como muchos de esos movimientos que nada tienen que ver con una real
conquista humana, que a mí entender muchos degradan nuestra condición. No me
parece muy normal que alguien se considere una jirafa y exija ser tratado como
tal o que alguien pretenda pintarse los labios, mantener su pene y
desarrollarse con hormonas o cirugías senos y pretenda convertir eso en un
movimiento social de avanzada, todo lo que ha hecho olvidar la fortaleza de
nuestros abuelos.
Pero lo cierto es que todos vivimos dentro de una
histeria colectiva, que constantemente casi anuncia el fin del mundo, cuando en
realidad estamos viviendo y nos estamos refiriendo a una crisis más, que va a
pasar tal como han pasado todas las anteriores.
Mientras escribo, Francia se está quemando y parece que
se quemará parte de Europa. Eventos que fueron vaticinados hace años por muchos
políticos a los que no se escucharon o acusaron como mínimo de alarmistas. Las
políticas permisivas, muchas malas decisiones, los políticos disfrazados, la
avanzada de falsos movimientos políticos e ideológicos debajo de los cuales se
esconden o escudan los extremistas, están tratando de destruir, frente a los
ojos de todos, la vida.
Hoy, uno de los dos partidos más grandes e influyentes
en la historia política norteamericana, el Partido Demócrata, está embarcado,
creo que no se han recuperado de la última pérdida, que es bueno decir que fue
aplastante y entonces también está dividido.
Existen los demócratas tradicionales con muchos
méritos que se mantienen firmes a sus bases y merecen respeto. De forma
general, su ideología respalda una mayor intervención del Estado en la economía
en busca de generar un bienestar más equilibrado y la aplicación de impuestos a
los mayores contribuyentes lo que permite mayores planes sociales. Defienden los
derechos civiles, la igualdad de género y raza y mayor control de las armas,
más la defensa muy de moda en estos momentos de los derechos que deben tener
los reconocidos como LGBT, imagino que las otras miles de variantes que existen,
lo que termina por sumar a gran parte de las minorías raciales y étnicas,
jóvenes universitarios, muchas mujeres y sectores no religiosos.
Nada nuevo, sus bases son sólo una forma diferente de
pensar que en líneas generales no tienden a atentar contra país, son demócratas,
no fanáticos extremistas, pero dentro de ese partido que fue fundado en 1828 ha
comenzado a surgir una variante muy peligrosa, al menos para mí.
Esa variante, entre otras cosas aprovechando los
vaivenes de los republicanos y la exacerbación de un discurso radical, el
famoso grupo de los Socialistas Demócratas de América, tendencia filo
extremista, declarada abiertamente de izquierda, que creo y deseo no tendrá un
muy feliz final, pero que no se puede desconocer que gana adeptos entre los más
jóvenes, edad que todos conocemos como la del invento del agua tibia, algunos
resentidos que también se creen inventando algo nuevísimo y aquellos que siguen
orientaciones casi extremistas desde el exterior.
A mí la palabra socialismo, al menos como la
concebimos de este lado del mundo, me crea peores efectos que el excremento o
el vómito. Soy cubano y conozco de esa denominación dulce, aparentemente
agradable que actúa como veneno, lento y silencioso, pero literalmente aplastante,
que termina por empobrecer al hombre desde todos los ángulos donde el
empobrecimiento pueda ser aplicable, que no es sólo el plano económico.
Dentro de los demócratas, que ya dije no son todos obviamente, se ha implementado el término demócratas radicales socialistas, Democratic Socialist of America (DSA), que no es más nada que una corriente extremista declaradamente de izquierda que se están robando el show.
Son enérgicos, en realidad agresivos, que propagan
ideas que, a mi entender, conducen a la destrucción, bajo aparentes intereses
populistas que es más que populares, de beneficios para todos.
Muchos son ricos que pretenden vivir como ricos en un
sistema comunitario, son jóvenes que pretenden seguir viviendo mantenidos por
sus padres toda la vida, son resentidos que por no auto echarse la culpa a
ellos mismos, tienden a culpar de todos sus males a los gobiernos que no les
gustan, se victimizan constantemente y algunos dentro de ellos son delincuentes
que para justificar su delincuencia tratan de hacer carrera política ideológica.
Esos radicales propagan como una conga bailable que
todos seríamos dueños, que el estado tiene que controlar, si no todo, casi
todo, pero sobre todo la economía y el dinero que le permitirá luego meterlo dónde
más le plazca. Las mismas ideas que ya se probaron que jamás funcionaron,
porque los padres teóricos y los prácticos de ellas, jamás trabajaron, vieron
la economía, por ejemplo, como un resultado de laboratorio o un juego de damas
chinas y casi todos, por no decir todos, vivían mantenidos por el dinero de otros.
Los demócratas radicales de izquierda, que repito,
están ganando espacio, sino para hoy, probablemente para mañana, se quieren
meter este país en el bolsillo, claro, para eso necesitan fraguarse de un apoyo
popular con más promesas, como siempre diseñadas sobre el humo.
No me interesa mucho profundizar en ellos y conocerlos
mejor, soy cubano y eso me sobra como para no votar por ellos.





