martes, 4 de agosto de 2026

678.- Cuba, donde el embrutecimiento se convierte en política de Estado.

Siempre es agradable leer, sobre todo cuando se aprende, se descubre algo nuevo o sencillamente se encuentran explicaciones con otras palabras, en otro orden y vuelo, a lo que uno piensa. Hay quienes plantean que por momentos no es tan bueno leer algo nuevo, como releer algo que ya se leyó y es parcialmente cierto, hay lecturas que una segunda vez, una tercera vez, trae información que no fuimos capaces de obtener o descubrir en un primer intento.

Leer es complicado, primero hay que saber leer, segundo, no todo es bueno, sin embargo, dentro de aquello que puede parecer más malo, pueden aparecer, de hecho, aparecen, ideas que son rescatables. Ya lo de escribir, como lo de pintar, hacer música o poemas, diseñar un edificio, construir una máquina, etc., es más complicado.

Gracias a internet, cosa que los que tienen más menos mi edad o más, no tuvimos cuando jóvenes y no fue parte de nuestra formación, hoy circulan a la velocidad casi de la luz muchas informaciones sobre un tema específico, si abres la idea a muchos temas a la misma vez, lo de la información se convierte en algo casi infinito.

Recientemente me ha llegado un escrito sobre Cuba del cual no conozco el autor, son de esas cosas que se pasan de manos en manos o mejor, de computadoras en computadoras, que un día alguien, aparentemente por la forma y el contenido, buen conocedor del tema, escribió y lo publicó.

El artículo de marras es muy bueno, resume en poco espacio la realidad cubana, que a mí me gustó. No creo que esta persona ha inventado algo, no creo que sea totalmente nuevo lo que describe, el tema Cuba ocupa hoy a muchas personas, dentro de ellas algunas de muy alto nivel académico, de preparación profesional, de pensamiento.

Claro que Cuba es importante sobre todo para nosotros los cubanos, para el resto del mundo, por ejemplo, para los norteamericanos con los cuales comparto mi vida, el tema no significa mucho, por no decir que significa nada, más allá de sentir pena o lastima por lo que está pasando cuando uno les hace el cuento. Para muchos norteamericanos resulta incompresible cómo se ha llegado aquí y por qué aguantamos tanto, lo que no pocas veces resulta difícil de explicar en inglés, al menos en corto tiempo y pocas palabras. ¿Cómo explicarles a otros lo que muchas veces uno mismo no entiende y para lo cuál no se tiene una respuesta fácilmente digerible?

Creo que vale la pena leer lo que aquí se asegura. Espero que el autor, si algún día se empata con su artículo en mi blog no se disguste, menos me reclame. Las fotos las agregué yo, hay imagenes que son más claras que las palabras y tienen la gran ventaja que no se pueden desmentir.

Aquí se los dejo.

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"Cuba es una de las demostraciones más brutales de cómo un sistema puede destruir lentamente no solo un país, sino la estructura interior del ser humano.

Porque lo verdaderamente aterrador de la tragedia cubana no es la pobreza. La pobreza existe en muchos lugares. Tampoco son los apagones, ni las ruinas, ni las colas infinitas, ni el hambre crónica, ni el éxodo masivo. Todo eso son síntomas.

La enfermedad real está mucho más abajo, en una zona más oscura y más difícil de reconstruir: la demolición progresiva de la conciencia colectiva.

A Cuba no la quebraron de golpe. La cocinaron lentamente durante décadas hasta convertir la degradación en forma de vida.

Ese fue el verdadero laboratorio.

Un ser humano puede soportar hambre. Puede soportar represión. Puede soportar incluso miedo. Lo que termina destruyéndolo es vivir demasiado tiempo dentro de la humillación cotidiana.

Porque la humillación constante altera la psicología, deforma la conducta, pudre el carácter. Convierte la supervivencia en única prioridad y reduce toda la existencia a un estado animal, inmediato, desesperado. Y eso fue exactamente lo que ocurrió.

Generaciones enteras crecieron aprendiendo que la verdad era peligrosa, que pensar demasiado era riesgoso y que la honestidad casi nunca servía para sobrevivir. Aprendieron a doblarse antes que romperse. A fingir antes que confrontar. A robar antes que confiar en el salario. A callar antes que asumir consecuencias.

Eso produce algo devastador: una sociedad donde la mentira deja de ser una excepción moral y se convierte en atmósfera. En Cuba casi todo el mundo finge algo.

El ciudadano finge que cree. El Estado finge que funciona. El trabajador finge que trabaja. Las instituciones fingen legitimidad. La propaganda finge épica.

Y mientras todos representan esa obra agotada y grotesca, el país entero se descompone debajo del escenario. Ahí aparece la verdadera semejanza con Gomorra y Sodoma: no como metáfora religiosa barata, sino como imagen de sociedades donde la degradación se volvió sistémica y terminó contaminando la sensibilidad moral completa. Lugares donde el deterioro fue tan prolongado que la gente dejó de reaccionar frente a la podredumbre.

Ese es el punto más bajo al que puede llegar una nación: cuando pierde la capacidad de escandalizarse de su propia miseria. Porque la costumbre es más destructiva que el terror. El terror al menos provoca resistencia. La costumbre anestesia, y Cuba está anestesiada. Anestesiada frente a la violencia. Frente a la vulgaridad. Frente a la destrucción urbana. Frente a la fuga masiva de sus hijos. Frente al colapso moral.

Frente al hecho monstruoso de que sobrevivir haya reemplazado completamente a vivir.

El daño más profundo del sistema cubano no fue económico ni político. Fue antropológico.

Produjo un tipo de ser humano emocionalmente agotado, entrenado para la escasez, habituado a la doble moral y psicológicamente condicionado para desconfiar de todo y de todos.

Porque cuando un pueblo pasa décadas enteras dependiendo del favor, del miedo y de la simulación, la dignidad deja de funcionar como valor práctico. Y cuando la dignidad deja de tener utilidad social, comienza la desintegración espiritual de una nación.

Eso explica muchas cosas que desde fuera no se entienden. Explica la apatía. Explica el cinismo feroz. Explica la agresividad cotidiana. Explica por qué tanta gente parece emocionalmente rota. Explica incluso la vulgaridad creciente: sociedades sometidas demasiado tiempo al deterioro terminan perdiendo refinamiento emocional porque toda la energía psíquica queda absorbida por la supervivencia.

La miseria prolongada embrutece.

Y no hay nada más peligroso que un país donde el embrutecimiento se convierte en política de Estado.

Por eso el problema cubano ya no parece resoluble mediante reformas graduales.

Hay estructuras tan profundamente corrompidas que reformarlas equivale a mantenerlas respirando artificialmente mientras siguen contaminando todo alrededor".

domingo, 2 de agosto de 2026

677.- Leñador, pero muy, muy primitivo.

Pobre de ti, si crees que conoces de prisiones, prisioneros, calabozos, encierros, golpizas, vejaciones, etc., con sólo haberte leído la referencia que dejó Volteire sobre “El hombre de la máscara de hierro” encerrado, dicen, en la Bastilla, Francia o sobre la vida en prisión de Jean Valjean, descrita por Víctor Hugo en su novela Los Miserables. Pobre de ti, si crees que las consecuencias de una pérdida prolongada de libertad son sólo parecidas a la que Alejandro Dumas en su mejor novela creó para su personaje El Conde de Montecristo.

Si no has estado dentro de un calabozo tapiado con 40 grados Celsius o más de temperatura donde sólo un calzoncillo es mucha ropa, durmiendo en el piso porque la súper población hace que las camas no alcancen, donde la comida no es sólo poca, sino de mala calidad o a veces sin ninguna calidad rosando casi con la descomposición, donde a tu carcelero no le basta con tenerte retenido sino que abusa de ti practicando todas las formas de abuso, físicas y mentales, donde convives con un hueco en el piso a pocos centímetros de ti para los desechos de muchos seres humanos, donde dejas de tener un nombre para convertirte en un número perdiendo tu identidad, donde el agua es un lujo que se utiliza como parte de la tortura, donde no existe el día y la noche como indicativo ya no humano, sino sencillamente animal, no sabes nada de lo que verdaderamente ocurre.

Un solo día en un calabozo puede significar, un año, diez años, veinte años de una vida; un solo día en un calabozo puede crear consecuencias que duran para siempre. Nadie puede calcular con sólo ver al detenido lo que esa persona puede llevar por dentro.

La pérdida de libertad puede ser la peor sanción que se le puede imponer a una persona cuerda, incluso si esa situación transita en las mejores condiciones, por eso, por la brutalidad de la medida, fue que se inventó. Un ejecutado a muerte, es cierto que se le priva de una futura vida, pero deja de sufrir al segundo después de que se le quita la vida. No hay vida después de la muerte, por tanto, no se prolonga el sufrimiento, sin embargo, una persona que está presa sufre día a día, minuto a minuto, segundo a segundo, incluso aquellos que parece que se han llegado a adaptar, como recurso de sobrevivencia, a su situación. Sufre por él, sufre por sus compañeros de cárcel, sufre mucho por su familia. ¿Cuánto vale en años, no ver a tu pequeño hijo crecer?

Las prisiones en los países desarrollados, no económicamente, sino socialmente, suelen ser más humanas técnicamente, incluso algunas llegan a no tener rejas, ni cercas perimetrales; las prisiones en los países “salvajes”, donde, lamentablemente, Cuba ha llegado, suelen parecerse más al infierno en la Tierra, donde todo, incluso lo mínimo, o sea, la vida, no está garantizado, por lo que esas instituciones funcionan como una suerte de selva agresiva, violenta, de malísimas prácticas, si se le suma además, que la prisión se maneja como una venganza, en no pocos casos personal, contra una determinada persona, lo de infierno se multiplica.

Cuba, país donde dicen se hizo una revolución “humanitaria”, donde el objetivo principal teórico es el bienestar de su pueblo, tiene hoy, según informaciones poco precisas, más de 250 prisiones y centros de reclusión para una población que poco supera los 9 millones de habitantes, donde, si se tiene en cuenta cómo está viviendo el pueblo aún “libre” más allá de vivir en una isla cárcel al estilo muy parecido al descrito por Henri Charriere en su novela autobiográfica “Papillón”, es fácil imaginar lo que está pasando dentro de ellos.

La revolución “humanitaria” después de casi 70 años, se ha convertido, por encima de todo, en un proceso represivo. La mayor parte de los retenidos, más allá de aquellos que siempre demostraron su oposición reconocidos como presos de conciencia o políticos, quizás por matar una vaca, quizás por robar en una casa, quizás por malversar o desviar recursos, en condiciones diferentes, a lo mejor se hubieran ahorrado su presidio, por lo que muchos se suman a las cárceles por causas políticas, disfrazado de los llamados delitos comunes.

Los presos de conciencia o políticos tienen sobre sus espaldas una doble sanción, sencillamente por haber manifestado su inconformidad o su discordancia con el gobierno. Aunque se pasa siempre mal, se pasa mejor siendo un preso común que estar preso por política, incluso cuando lo de política no aparezca en las sanciones oficiales al ser sustituidas por cualquier invento que durante todos estos años el gobierno se ha inventado, tales como: alteración del orden constitucional, desorden público, desacato a las autoridades, ahora de moda por propaganda enemiga por filmar y publicar un determinado video, dar tu opinión frente a la cámara de un celular sobre lo que estás viviendo que no te lo inventas, etc.

Los sancionados políticos, ya fueran presos o fusilados, siempre han existido en Cuba desde que triunfó la revolución, donde muchos de los primeros fueron luchadores que colaboraron acumulando no pocos méritos en las luchas de las ciudades y la Sierra Maestra, por sólo mencionar un caso, revísese la historia del Comandante de la Revolución Hubert Matos. ¿Ochoa, Tony de la Guardia, Martínez y Padrón fueron fusilados por causas comunes o políticas?, ¿Fue la dulce vida que todos tenían, pública y compartida con sus máximos jefes, lo que los llevó al paredón?

Nuevo entretenimiento para los de aquí y los de allá: Luis Manuel Otero Alcántara, para mí, recordando la canción de Carlos Varela, leñador, pero muy primitivo. El cuento que puede ser muy largo es para mí sencillo de resumir, sólo que como se necesita estar presente, se le da vueltas y más vueltas, tantas vueltas que marean.

Luisma, tal como lo conocen sus más cercanos, es un joven cubano, negro, auto titulado y reconocido por sus allegados como un artista, creo, sobre todo, a partir de los “performance” o actuaciones que hizo, que salió a la palestra pública y cobró notoriedad en Cuba a raíz de un proyecto cultural comunitario llamado San isidro, surgido en 2018, que se gestó precisamente en el barrio San Isidro de la Habana Vieja, dentro del cual un grupo sobre todo de jóvenes, se agruparon y desarrollaron una protesta contra la oficial definición del gobierno de la obligatoriedad de la subordinación de los artistas cubanos de cualquier manifestación artística al Ministerio de Cultura a partir del Decreto 349, que devino en el conocido hoy Movimiento de San Isidro.

A partir de ahí Luisma parece haber tenido una actividad cuestionadora y disidente destacada, incluyendo una huelga de hambre pública y publicitada dentro del local sede del movimiento, que luego fue violentado por las autoridades incluyendo a agentes de la Seguridad del Estado disfrazados de médicos, o médicos de la Seguridad del Estado.

Los performances de Luisma, que a mí en el plano personal me dicen poco, más allá de una aparente posición cuestionadora nueva para Cuba en aquellos momentos, le ganaron fama. Luisma vestido con la bandera cubana, Luisma desfilando vestido de bailarina de cabaret, Luisma desfilando con la cara de Julio Antonio Mella, Luisma embarrado de excremento, imagino que fueran los propios, etc. más declaraciones que en Cuba se consideran contestatarias, lo llevaron a que en 2021, justo antes de lo que fue días después la mayor manifestación popular en contra del gobierno, a ser enjuiciado y sancionado a 5 años de privación de libertad por supuestos delitos cometidos dos años antes. Así de fácil, el gobierno que esperó y esperó, lo sancionó en el 2021 por “delitos”, o sea, sus actuaciones púbicas, cometidos dos años antes.

Bueno, Luisma, el movimiento San Isidro, sus presentaciones y cuestionamientos, más los 5 años de privación de libertad, por supuestos delitos de los llamados comunes, pero con un enorme trasfondo político, convirtieron todo esto en sucesos no sólo nacionales, sino internacionales. Pocos presos en estos últimos años, incluso cuando suman hoy más de 1000, han tenido la repercusión internacional que tuvo el caso Otero Alcántara. Muchas personalidades del mundo y no pocas organizaciones internacionales, más Miami entero se hicieron eco de esta injusticia y ahí aparecemos todos nosotros.

Quiero aclarar que tres párrafos hacia arriba describiendo a Luisma, lo reconocí como negro, cosa que para nada tendría que ver, sin embargo, para el presente caso cobra importancia en doble sentido. Ser negro en Cuba identifica a un grupo muy grande de la población cubana, ser negro es ser mi asere, mi consorte, mi igual, pero esto que no es malo, se complica cuando se cae en manos del gobierno, que, aunque no lo tiene escrito para que no se pueda leer, ser negro merece un doble castigo, en la misma medida que los del gobierno siempre han considerado que si se es negro se tiene que estar a favor y se tiene que apoyar al gobierno, porque la revolución los hizo libres. Por tanto, es cierto, hoy en crisis, el compromiso se les pide a todos, pero a los negros, aunque pueda parecer mentira e irracional, se les pide más.

No dudo de los cinco años de prisión de Luisma, parecen que fueron ciertos. Según sus propias declaraciones hubo momentos, sobre todo los iniciales, donde el riesgo fue mayor para él, pero a partir de un determinado momento, según él mismo, sus condiciones cambiaron. Se le daban comidas dobles, se le dejó pintar, por lo que se le suministraba, papel, cartulina, lápices, pinturas, logrando pintar, según sus palabras, 4000 obras diferentes, que no sólo las pintó, sino que le autorizaron a sacarlas de la prisión para que fueran comercializadas fuera de Cuba. Al parecer se les permitía visitas, incluso de novia y como algo excepcional, las autoridades, según él mismo, un agente de la Seguridad del Estado viajaba cada tres o cuatro días de La Habana a la prisión de Guanajay, pueblo a las afuera de la capital, para llevarle un celular a través del cual él podía, no sólo comunicarse con su familia, sino y con mucha frecuencia con sus amigos y patrocinadores en, nada más y nada menos, que Miamiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii.

Condiciones difíciles de entender para un llamado preso político, cuyo nombre era utilizado sobre todo en el exterior para demostrar la injusticia del gobierno cubano, a no ser que Luisma supiera que el gobierno lo utilizaría como moneda de cambio sobre todo en el tema imágenes y determinara aprovecharse o al menos utilizarlas a su favor.

Fin del cuento, Otero Alcántara cumplió honrosamente y con algunos beneficios su condena completa, o sea, sus cinco años. No hubo para él, disminución de la sanción por buen comportamiento, no hubo prisión domiciliaria, lo hicieron permanecer todo el tiempo.

Con todo esto, con la posibilidad de comer mejor o al menos más cantidad, pintando y pintando y comercializando sus obras, llamado incluso al exterior, asistiendo al llamado “pabellón”, lugar y momento para mantener relaciones íntimas con una pareja, llegó el final y lo sacaron de Guanajay. El mundo entero, incluso altos funcionarios del gobierno norteamericano, comenzaron a repetir que Luisma estaba desaparecido, que nadie conocía su paradero, que podía estar torturado e incluso muerto. Maimi a la vanguardia reventó en peticiones, críticas, amenazas, etc.

Otro fin del cuento, resulta ser que el artista disidente, fue sacado a una casa llamada de visita o protocolo, que no es más nada que uno de los miles de lugares camuflajeados que tiene el poder regado por toda Cuba, donde Luisma, según sus propias palabras, disfrutó de una inmejorable, quizás irrepetible, atención. Casa con piscina llenada para él específicamente en un país donde no hay agua para tomar, visitas familiares, asistencia de la novia para entre otras cosas, según aclara, sexo, cervezas, sándwiches, whiskies, baños en la playa, etc.

El mundo entero reclamando por Luisma como desaparecido, hablando de un Habeas Corpus y Luisma, es cierto, después de haber terminado su sanción, estaba en una casa de “protocolo”, disfrutando de la vida, quizás como nunca, en espera de que el gobierno norteamericano le diera la autorización para viajar a Estados Unidos, después incluso de, según sus palabras, haber renunciado a España como destino final. Luisma es un preso político excepcional, en capacidad incluso de escoger el país donde quería instalarse, sencillamente porque aquí estaban sus amigos, según afirmó.

¿Qué … es esto? Ponle tú la palabra a los tres puntos suspensivos, en cubano sólo llevan una palabra, que por pudor no escribiré.

¿Quién o quiénes nos engañaron a todos?, ¿Luisma, sus patrocinadores, sus amigos aquí?, ¿Luisma no se dio cuenta que lo utilizarían para lavar la cara del gobierno o lo sabía y lo cogió en "sana" colaboración?

¿Luisma, cansado, agotado, necesitado de irse de Cuba, gustoso de convertir su presidio en una fuente de dinero en la misma medida que cualquier obra de un real o llamado preso político cobra mayor connotación a la hora del precio sin tener incluso mucho análisis sobre la calidad, olvidó todo lo anterior?, ¿Estuvo “inteligente y estratégicamente” preparando el camino para vivir en el lugar escogido por él mismo? Todo esto deja muchas más preguntas sin respuestas.

Si el presidio de Luisma es confuso y complicado de entender, peor ha sido su llegada y actividad en Miami. Sencillamente desastrosa. Creo que, sobre todo, leñador, pero muy primitivo, su actuación es llamar la atención, hacerse más famoso, aparentar ser irreverente, quizás molestar, sin mencionar nombres, a algunos de allá y de aquí, tratar de maximizar la oportunidad para hacer exposiciones y vender sus obras, etc., pero de cuestionamiento a su realidad, de sanciones al gobierno que lo encarceló a decir de todos injustamente, del rigor, los maltratos, las condiciones casi inhumanas que reciben los presos en Cuba, más los abusos, chantajes y presiones con los familiares, muy poco. Otero Alcántara sólo habla de amor, de paz, espiritualidad, conexión con el infinito, de entendimiento incluso con sus carceleros. ¿¿¿??????????

El mundo entero, incluso frente a Naciones Unidas reclamando por la libertad y la vida de Luisma y Luisma pintando, comiendo, haciendo ejercicios, bañándose en piscina y playas y disfrutando incluso de su novia tal como si estuviera en un hotel de los llamados 5 Estrellas. El mundo entero, incluso varias organizaciones de derechos humanos, en defensa de los presos de conciencia dando “el berro” y Luisma comunicándose por celulares con sus amigos en Estados Unidos que preparaban su ingreso a la Unión. Luisma, llegó a Miami tal como llega un rockstar.

Luis Manuel Otero Alcántara es responsable de sus ideas y actuaciones, incluso aquellas, incluyendo el sexo, donde tenía que saber que lo estaban filmando para luego utilizar esos videos en su propia contra y la de muchos otros, pero, a mi modesta opinión, la mayor responsabilidad es nuestra.

Nosotros, necesitados de un líder, nosotros históricamente seguidores de hombres y no de ideas, nosotros que delegamos nuestra responsabilidad y obligaciones en otros, quizás nosotros necesitados de cambios para nuestro país de origen, pusimos sobre él toda la responsabilidad y lo sobre cargamos.

Lo convertimos muy rápido en nuestra bandera y con esto lo cargamos de un peso muy pesado con el cual vivir.  Luisma en un determinado momento significó nuestras esperanzas, sabiendo que no era igual a los primeros presos políticos que tuvo la revolución, sabiendo que no era igual a aquellos plantados por convicción, sabiendo que su momento histórico, como joven actual, es diferente, cosas que desconocimos. Aquellos presos políticos del pasado no luchaban por los dólares.

Nosotros vimos un leñador e inmediatamente le entregamos todos los árboles, los acontecimientos presentes demuestran que fue un error.

Luisma quizás sólo quiere pintar y hacer algunos performances y poder vivir cómodamente de su trabajo, en realidad su disconformidad lo lleva a reclamar para que lo dejen ser artista, hasta ahí las clases. De ahí a convertirse en un líder que pueda arrastrar a un pueblo entero a la libertad hay un gran trecho.

miércoles, 22 de julio de 2026

676.- Desesperanza inducida o indefensión aprendida.

Pobres de aquellos que, por edad o experiencia real, piensen que ya lo han visto todo. Nuca se termina de ver. Aprender es además de todo, siempre agradable.

Más agradable resulta cuando uno puede dar nombres a las ideas que tiene, conceptualizarlas y descubrir que no se está tan desorientado y se puede encontrar soluciones lógicas a determinados procesos, quizás incomprensibles y criticados para algunos que aspiran que la vida real transita dentro de un laboratorio.

Hace unas semanas escuché a un cura cubano que vive en Cuba, que estaba celebrando sus 50 años de sacerdocio mencionar la desesperanza inducida, también conocida como indefensión aprendida, nada nuevo, pero el sólo escucharlo en la voz de otra persona hace pensar.

Hay una reflexión que se me ocurre siempre, que puede ilustrar algo de esto, quizás para describir lo que a veces nos puede parecer inexplicable.

Un elefante adulto, que si es africano puede llegar a pesar hasta 7 000 kilogramos, a diferencia de su primo hermano el asiático que puede llegar a alcanzar 5 000 kilogramos, pasa su vida de ocio generalmente amarrado con una fina cadena o soga a un árbol o una estaca de madera enterrada en la tierra y es dirigido por un hombre con una vara de madera, que a veces no pesa más de 100 kilogramos.

Al menos yo siempre me pregunto, por qué ese enorme animal que en libertad puede ser extremadamente agresivo y desarrolla una fuerza que puede virar un automóvil lleno de personas, no es capaz de soltarse, darle un trompazo a su dueño y huir a la vida libre.

No lo puede hacer y la respuesta no está en la posibilidad física, sino precisamente en una condición que hoy la ciencia llama desesperanza inducida o indefensión aprendida.

Ese elefante nace amarrado con una cadena o soga en una de sus patas a una estaca de madera y no se le ocurre que otra situación pueda existir. No puede desear ser libre porque no sabe que la libertad existe. ¿Cómo es que el elefante no puede desprenderse de la cadena y la estaca de palo y dale una patada a su dominador?

Recuerdo en mis clases de historia en la universidad cuando algunos profesores, tratando de encontrar importancia en hasta los mínimos detalles, describían, repitiendo los libros, que los esclavos radicalizaron su pensamiento y se incorporaron a las luchas contra España convencidos de que la independencia era la única solución.

Estudiemos el real proceso de cómo me parece más real y lógico debe haber ocurrido.

Los esclavos, muchas veces hijos de esclavos y nietos de esclavos, habían tenido como única vida su realidad, muy parecida a la de los elefantes domesticados. Sus amos, primero le dieron un nombre “cristiano”, les facilitaron un idioma a través del cual comunicarse más allá de las señas o sus primitivas lenguas africanas, una religión “moderna” más allá de creer en una piedra, un pedazo de palo o hierro, los vestían, les daban comida, los atendían con medicamentos y médicos porque, perder un esclavo más allá del posible sentimiento humano significaba perder dinero, les permitían casarse o al menos juntarse, parir y criar a sus hijos, que obviamente nacían también esclavos. Algunos, con más suerte, se preparaban en labores domésticas o artesanales y otros, con mucha más suerte, lograban algunos estudios, aprendiendo, por ejemplo, a leer y escribir e incluso a hacer música.

Para esos esclavos, en sentido general, porque siempre existieron excepciones que trataron de cambiar al menos su realidad, no existía más vida fuera de los bateyes y los ingenios donde nacieron y se criaron. Cuba para ellos era ese pedazo de tierra que llegaba sólo a dónde abarcaban sus ojos. No existía más vida fuera y lejos de sus amos, que, es cierto, que los explotaban, pero también eran los proveedores de todo.

Entonces un día, su proveedor, digamos Carlos Manuel de Céspedes, por mencionar a alguien conocido entre cubanos, decidió luchar contra el dominio español, del cual los esclavos ni idea tenían que existía; reunió a sus esclavos, claro no eran más de 20, y les dijo, ahora son libres, ya no van a ser más esclavos, cojan ese camino y váyanse a disfrutar su libertad.

¿Coger el camino para ser libres?, ¿Qué significaba la palabra libertad?, ¿Y quién proveería la comida, quién daría medicinas frente a enfermedades?, ¿De qué se viviría si sólo sabían ser esclavos y quizás fabricar azúcar o recoger café?

Pues creo que los esclavos se miraron y le dijeron al hasta ese momento su amo, usted va dice a luchar en una guerra, pues nosotros nos vamos con usted. ¿Hay comida y café allí? Entonces se convirtieron en guerreros y así salió Cespedes, blanco, medio rico, intelectual que en realidad no vivía de la producción azucarera y que había tenido tiempo para convencerse de que el camino era luchar contra el imperio colonial español, seguido de su “enorme” ejército, un puñado de negros ex esclavos, que según parte de la historiografía menciona, habían radicalizado su pensamiento ideológico y comenzaron a luchar por una Cuba a la que no conocían.

¿Por qué los esclavos, hijos y nietos de esclavos no se pusieron de acuerdo y se liberaron solos antes, mandando a Céspedes al demonio?, ¿Por qué los esclavos esperaron por Carlos Manuel?

Por lo mismo que el elefante espera a qué su dueño lo separe de la cadena, lo lleve a la orilla del bosque y le de unas palmaditas en sus grandes nalgas para animarlo a que camine hacia la libertad y comience a correr el riesgo de buscarse comida, agua, etc., la desesperanza inducida o indefensión aprendida.

El psicólogo Martin Seligman hace más de 50 años, partiendo de un estudio con animales, luego profundizado en humanos, define que algunos individuos tras sufrir frecuentes fracasos o castigos repetidos se vuelven pasivos y se rinden, porque aprenden, quizás erróneamente, pero aprende, que son incapaces de controlar y cambiar sus situaciones.

Generalmente son individuos, animales o humanos, donde el estrés, la depresión y la pasividad se convierten en las reacciones únicas frente a abusos y desigualdades.

Humanos que aprenden a comportarse pasivamente, con un pensamiento de que no tienen la capacidad para hacer nada, menos cambiar su realidad, evitándose de esta forma situaciones complicadas y desagradables. En resumen, los humanos que viven de esta forma conviven con una situación incontrolable y escogen vivir pasivos o pacientes en vez de tratar de cambiar el contexto y por tanto mejorar su situación. Se autoconvencen sobre todo de que es preferible seguir como están, porque cualquier cosa que hagan por cambiar su situación resulta inútil, sólo logrará más sufrimiento.

Este comportamiento de individuos por separado se complica cuando llega a convertirse en el sentimiento de grandes masas. Si algo limita a los pueblos es que se instale en sus vidas, la idea de que, para evitar sanciones, presiones, torturas, etc., es preferible mantenerse pasivos y de forma consciente no hacer nada, por el simple riesgo de que se estará peor. Es una condición humana que puede llegar incluso a una enfermedad del cerebro más compleja que termina inmovilizando al cuerpo.

Muchos pueblos, sobre los cuales me niego a pensar que sean anormales, porque primero, los pueblos no son anormales por definición y segundo, porque están vivos, detectan muy rápido que su vida empeora. Poco a poco descubren que se van limitando sus posibilidades, poco a poco concluyen que no es que no puedan acceder a nuevas vidas con todo lo que eso lleva adentro o significa, sino que van perdiendo lo mucho o poco que tenían. La sabiduría popular, no necesita de grandes tratados o discursos, a veces, sólo se necesita una expresión de una cara para descubrir cómo se está.

Puede existir y de hecho existe un período de ilusión y esperanza, pero, sobre todo, en aquellos lugares donde la propaganda es absoluta y monopólica y se establece el castigo físico o moral como el poder, se pierde esa ilusión y esperanza como guía humana. Los pueblos, esos mismos que en determinado momento lucharon por mejorar y lo lograron, se enferman, dejan de pensar y sobre todo de actuar en busca de su mejoría, a pesar de que esa mejoría, no sin riesgos, se le muestra alcanzable.

Pueblos enfermos no ven esa mejoría, no conciben o creen que existe, por tanto, escogen vivir pacientemente en cautiverio, esperando las decisiones que otros toman por ellos.

La desesperanza inducida o indefensión aprendida, tal como se describe, es la verdadera causa de la inmovilidad. Los pueblos, resumen de individuos más individuos, determinan y trasmiten que no se puede hacer nada para cambiar su situación, tienen entonces que seguir viviendo como están, porque sencillamente eso es lo que tocó, entonces comienzan a encontrar justificaciones y lamentaciones sólo para darle crédito a su pasividad.

¿Podría una sola persona, quizás cie, luchar contra un gobierno que no lo representa, defiende o beneficia y derrocarlo? No, es obvio, los gobiernos desde que se inventaron se crean y tienen los mecanismos para permanecer, pero un millón, tres millones, sí.

¿Por qué entonces resulta tan difícil reunir a esos millones? Bueno, puede ser una reunión o acumulación de factores, la falta de un liderazgo serio y decidido, el cansancio y la desorientación colectiva, etc., donde la desesperanza inducida o indefensión aprendida tiene un gran peso.

jueves, 16 de julio de 2026

675.- Nuevo entretenimiento del gobierno cubano: “El Cangrejo”.

Si algo nos mantiene entretenidos a los cubanos de aquí y de allá, a los que comemos y a los que no comen, a los que dormimos y a los que no pueden dormir, son las noticias que de pronto aparecen como nuevas y que se repiten y se repiten o se replican como mismo pasa con los terremotos o los tsunamis. Cientos de miles de comentarios, análisis, notas marginales como diría un profesor que tuve en la universidad e incluso ahora, las mías.

Casi diariamente aparecen desde y sobre Cuba hechos, declaraciones, chismes e incluso falsas noticias o aproximaciones que nos permiten, primero pensar, luego desarrollar nuestro idioma, ya sea hablado o escrito. Son tantas las noticias que, a veces, cuesta trabajo seguirlas y estar al tanto de todo.

Ahora la “nueva” noticia es sobre un tal Raúl Guillerno Rodríguez Castro, más conocido por el apodo que su propia familia le acuñó “El Cangrejo”. Ahora para algunos sentimentales que no lo conocían, que ni sabían que el tipo existía, Raulito, quizás para diferenciarlo de su abuelo, quizás para seguir mostrando cierto cariño por lo que de allí nos llega, otorgándole con el diminutivo cierta juventud casi adolescente a un tipo que tiene 40 años y es coronel, merecido o no, de las fuerzas armadas cubanas.

En efecto “El Cangrejo” es una figura que se ha impuesto, sobre todo, en las redes internacionales de comunicación que existen, para algunos algo nuevo, para otros un efecto de cierta apertura, para no pocos, dentro de los que me encuentro, un nuevo espectáculo que tiene como objetivo ganar tiempo con nuevas falsedades.

Pues resulta que Raúl Castro tiene un nieto que su único mérito es pertenecer a su familia, que obvio es más histórica e importante que la de su propio padre no hace mucho fallecido, el llamado zar del emporio económico-militar Gaesa, cargo conseguido por confiabilidad al ser el marido en un matrimonio dicen fracasado desde el comienzo, de una de las hijas de Raul, cuya ubicación laboral, si tuviera que llenar un curriculum, es ser oficialmente, o sea, por plantilla, el guardaespaldas de su abuelo. Nada más.

En realidad, lo primero a decir es que es diferente a como se ve, “El Cangrejo” no es quién custodia a su abuelo, Raúl Castro a estas alturas puede haber tenido durante todo este tiempo decenas de custodios y puede, sin temor a dudas, tener a decenas de hombres que le aseguren la vida, por lo que es precisamente al revés, el abuelo está custodiando al nieto.

El abuelo conocedor, porque fue fabricante de todo el engendro, sabe que su manto, igual al que experimentó su hermano, protege y entonces lo extiende a su libre albedrío a quién o quiénes a él le da la gana. "El Cangrejo" no es ni el primero, ni el único, sólo que ahora es el más visible, ya no se puede esconder o mejor, ya no les interesa enconderlo.

Si algo ha distinguido a los guardaespaldas que todos los jefes han tenido durante estas casi siete décadas, es que son hombres anónimos y sobre todo mudos. ¿Cuándo el pueblo de Cuba escuchó hablar a algunos de los que custodiaban a Fidel, al mismo Raúl y a todos los demás del combo? Que yo recuerde nunca.

Veamos entonces los hechos.

Desde hace ya algunos meses aparece la figura de “El Cangrejo” en nuestras vidas, claro gracias a que el monopolio, la secretividad y el manejo de la información ya no es exclusiva del gobierno cubano.

Lo primero que se vio es la “Dolce Vita” que el personaje lleva y entonces muchos se asombraron ruborizados, algunos por real desconocimiento, otros porque nunca quisieron escuchar una Verdad de Perogrullo, otros por hipocresía.

¿Desde cuándo existe en Cuba una élite con todas las licencias y todos los privilegios sólo comparados con los del llamado enemigo burgués, creada e integrada por y para los miembros del gobierno, incluso los de turno? Desde siempre. Desde el mismísimo 1959 cuando los que triunfaron comenzaron a repartirse todo y a hacer y deshacer a sus antojos. Porque fueron precisamente esos privilegios los que se utilizaron como instrumentos para lograr confiabilidad y, sobre todo, incondicionalidad, no tanto al proceso, sino a sus principales figuras. Fidel, muy rápido, no trató de convencer a nadie, a los que se oponían se los quitó de arriba, al resto, los compró y así repartió casas, carros, viajes, ministerios, tropas, etc.

Así creó esa casta que hoy reconocemos como los más abnegados revolucionarios, que de abnegados tenían realmente poco, sólo se estaban apropiando, sin sudarlo, de todo un país en el que podían campear. Campeo que se traspasó sin papeles ni tan siquiera permisos a familias y amigos, tal como una herencia patrimonial familiar. Cuba puede ser el mejor ejemplo de una sociedad esclavista o feudal en la modernidad.

Por tanto, para aquellos que hoy se asombran de que exista un cangrejo, un caballo, un delfín o un canguro, sólo recomendarles que sean honestos y miren la historia o miren a su alrededor, que acaben de reconocer lo que existió siempre y no quisieron reconocer. Fue más fácil mirar para el lado, callar, y, sobre todo, tratar de callar.

“El Cangrejo” no nació rico, rico nací yo, como ya conté, con mis primeros globos de condones, que, aunque pueda parecer irónico, ni eso era fácil de tener. “El Cangrejo” nació con un gobierno, con un poder absoluto y con un sistema político, ideológico y económico, que controla a todo un país a sus pies. “El Cangrejo” no es rico en dinero, más allá de que sabemos que lo tiene no precisamente como resultado de su honesto trabajo, tampoco le hace mucha falta, nació, creció y vive, no sólo por encima de las condiciones del pueblo, sino muy por encima de las posibilidades y autoridades del mismísimo gobierno, incluyendo a su más que evidente subordinado el presidente “Puesto a Dedo” puesto en la silla presidencial por su familia, cosa que el “Puesto a Dedo” sabe y debe.

El asunto aquí no es que “Raulito” se vista con ropas de marcas caras, ni que pasee en yates con sus novias y amigos, que tenga una, dos, tres joyas de oro, que haya tropezado con alguna que otra droga, menos que coma langostas e incluso que viaje a su antojo incluyendo a los Estados Unidos con pasaporte diplomático, eso siempre, siempre, siempre, ha ocurrido, para eso son, como buenos señores feudales, los dueños del castillo, de las tierras, de los ríos, de los peces dentro de los ríos y de todos aquellos que viven dentro de sus perímetros de poder.

Eso, esa novela de lujos, eso que puede llamar la básica atención, es lo que nos quieren vender para entretenernos. Saben que el pueblo de Cuba, que hoy se lo está llevando el Diablo, va a reparar en esos detalles y van a comenzar a criticarlos. Con eso cuentan y eso lo han sabido manejar siempre. ¿Díaz Canel no sabe con qué ropa se viste su queridísima y amorosa esposa?, ¿No conoce exactamente cada ropita que él mismo lleva puesta? A esos niveles siempre se ha competido y las tiendas preferidas de los jefes cubanos, apodados revolucionarios, siempre han estado en New York, para lo cual tienen a otros “revolucionarios” de confianza que se las compran.

El asunto va más allá. En dos de las reuniones de la máxima autoridad cubana, ministros, miembros del Consejo de Estado, etc., ocurrida a puertas cerradas, al menos que han sido filmadas y televisadas, “El Cangrejo” estuvo sentado en primera fila sin su abuelo, por lo que no cabe la posibilidad de decir o justificar que en su papel de custodio lo estaba cuidando, que estaba para recordarle las pastillas o limpiarle la baba. ¿Qué hacia allí?, ¿Cuál era su función con su presencia? Un tipo que a pesar de sus grados de coronel hoy, por mis cálculos puede haber terminado la enseñanza media en Cuba, que hoy por la mala calidad a la que hemos llegado es casi nada, así y todo asistido por los profesores porque, a quién se le podría ocurrir suspender al nieto, aparentemente preferido de Raúl Castro y aunque entregara las pruebas en blanco los profesores se encargarían de llenarlas, hoy aparezca sentado junto a ministros y altos funcionarios políticos donde se está tratando de organizar el futuro de Cuba.

¿Está como la representación del verdadero poder?, ¿Es los oídos del abuelo que no confía en los que allí están, ni en el mismísimo “Puesto a Dedo” que él mismo puso?, ¿Es una forma de decir, ojo, no se equivoquen, estoy viejo, pero sigo aquí y tengo el poder?, ¿Será una forma de dejar claro que este joven soy yo y yo estoy por encima de todos y todo?

Es la única forma de entenderlo, frente a un Díaz Canel que además de inepto e incapaz, no tiene dignidad, lo que en buen cubano diríamos cojones. El tipo que públicamente ostenta el cargo de presidente de una nación tiene frente a él un presidente superior, no escondido, no detrás del trono, sino a la cara. Gústete o no te guste, lo tienes que soportar y peor, tienes que sonreírle.

Raulito, al parecer no contento, obedeciendo las órdenes de su abuelo, se cae de la mata, no sólo se dedica a aparecer, sino que habla y da entrevistas a medios internacionales.

¿Alguien puede creer que esto es una casualidad, algo así como que periodistas venían caminando, se lo encontraron y aprovecharon para hacerle unas pregunticas? Eso es para bobos.

Cuadrar una entrevista cualquiera a ese nivel, demora meses, sobre todo si ella implica la presencia de extranjeros. Mensajes van, mensajes vienen, nombres de los implicados de ambas partes, o sea, entrevistador y entrevistado, definición de objetivos, alcances, autorizaciones, viajes, aviones, hoteles, carros, etc., etc., etc. Sabemos además que para la parte cubana significa, entrenamiento, asesoría, prácticas, etc.

Entonces todo esto es un espectáculo aprobado primero que todo por Raúl Castro, el cual debe haberle mandado un papelito firmado por él al “Puesto a Dedo”, que lo recibió y sin discrepar dio su visto bueno.

Probablemente decenas de personas en Cuba sabían de estas entrevistas y todos deben haberlas visto bien. Gústenle o no le guste se la tiene que tragar y prepararse para salir a defenderla. No importa lo que diga el nieto, no importa lo que alardee, menos cómo va vestido. ¿Cómo dudar tan siquiera frente a una entrevista a Raulito “El Cangrejo”, nieto escogido de su abuelo Raúl Castro, si todos suponen que a través de él es el mismísimo abuelo el que está hablando?

Raulito, “El Cangrejo” forma parte de una nueva obra de teatro, el joven no comprometido públicamente al no haber tenido ninguna responsabilidad anterior, el joven no quemado en el gobierno, el joven cuya vida está más cerca del llamado enemigo que de las doctrinas miserables del socialismo, el joven quizás reformista interesado en cambios, sobre todo económicos, o sea, pan y circo, mientras no cuestionen el poder político y la estructura del gobierno que lo hace no sólo importante, sino fuerte.

Entonces aparece Raulito, “El Cangrejo” en un momento donde el gobierno no ha podido definir para dónde se va y sólo puede pedir resistencia, definiendo el futuro de Cuba, hablando de lo que a los cubanos le conviene, hablando de un posible acercamiento con Estados Unidos e incluso la posibilidad de que él se pueda sentar a conversar con el presidente de la Unión. Y esto es grave, no simplemente por la figura en cuestión, sino que da el mensaje, al mejor estilo medieval, de que esa isla es de ellos, junto a todo lo que tiene dentro, incluyendo a las personas y la pueden manejar como un negocio privado. Raulito, ojo, se presenta, como el Rey León y Díaz Canel, bien gracias, total mutis por el foro.

¿Cuántas veces podía Raúl Castro haber parado a su nieto, aunque él se pusiera bravo y pataleara, aunque rompiera las maquinitas de juguete, aunque dejara de comer en protesta, por lo que pudiera ser una injusticia de su abuelo? Infinidades de veces. ¿Cuántas veces el “Puesto a Dedo” podría como un acto de al menos dignidad, impedir que esas cosas pasen bajo su mandato? Muchísimas veces, incluso hablando dulcemente con su patrocinador Raúl.

Lo que pasa no es que no puedan hacerlo, a Raulito “El Cangrejo” en otros momentos lo hubieran desaparecido, aunque hubiera que decir que en realidad no era nieto sanguíneo de Raúl, no existe nada imposible para el poder cubano, sino que esto fue planificado, organizado y autorizado desde el máximo poder. Se lo están vendiendo a Estados Unidos, porque es más que conocido que la opinión interna no importa, y con él le están vendiendo a Cuba, sin decir que está en venta.

Pobre Trump, Marco Rubio y el gobierno norteamericano si se van con esta bola mala. Del pueblo cubano en Cuba, ya ni hablar, no puede ser más pobre y ahora además tiene que soportar que un bueno para nada, quizás alguien que sólo pueda recoger un orinal y meter pastillas en la boca a su abuelo de 95 años, se muestre sin el más mínimo pudor como el próximo nuevo dueño.

martes, 14 de julio de 2026

674.- ¿Qué más se le puede pedir al pueblo cubano?

Me llama la atención de que los “sentimentales”, aquellos que, por diversas causas, aún le dan un voto de confianza, a veces abierto otras veladas, al gobierno cubano, dicen que en Cuba no hay oposición, que el pueblo cubano no hace nada, que está esperando cruzados de brazos a que otros le lleven la solución a un problema que es, por encima de todo, responsabilidad de los que allí viven, o mejor los que allí sufren y mucho mejor los que allí están muriendo.
Ese grupo, no muy conforme con nada nunca, ahora en vez de mirar al bosque, la cogen con el árbol y dedican tiempo a hablar sobre los que emiten mensajes tratando de, como es habitual en Cuba y que muchos aprendieron, tratar de restar méritos al discurso, retomando constantemente que viene de personas bajas, chusmas, perdidos sexualmente, excomunistas arrepentidos, oportunistas y también mercenarios.

Esos llamados por mí sentimentales, algunos antiguos defensores y constructores del socialismo, apodado cubano, otros porque a pesar de haber emigrado no les va todo lo bien que desean y al no poder insertarse donde están, no tienen el valor de regresarse a Cuba y otros porque luego de haber tomado cervezas, comido carnes y jamones, se les olvidó cómo se vive y sobre todo, cómo se vive realmente detrás de esa vida pública que se dice se vive, también creo que por lo del viejo refrán popular que es adaptado cambiando los nombres de lugares constantemente en dependencia del interesado de: si muero aquí, que me entierran allá y así muero allá, que me entierren aquí, hoy tampoco están de acuerdo con lo que está pasando y sobre todo manifestando el pueblo cubano.

Esos sentimentales, no ven que exista y no valoran la oposición más que evidente, que ya no tiene que ver con la falta de electricidad o agua, sino que dentro de ella misma se ha ido radicalizando.
¿Qué más se le puede pedir al pueblo cubano?
Además de estar viviendo como vive, un pueblo sin medicamentos, sin acceso a los servicios más básicos humanos hoy, como el agua, la electricidad, la comida, sin hablar de la vivienda, la ropa, la simple reparación o mantenimiento de cualquier cosa, el pueblo cubano todos los días está en la calle manifestando su inconformidad.
Toques de cazuela como nunca mantenidos en las calles y dentro de las casas, cierre o bloqueo de calles, candela a lugares, manifestaciones frente a unidades de policías, sedes del partido comunista, publicaciones en las redes sociales, entrevistas, protestas por los detenidos con causas inventadas o por simple represión después de determinadas manifestaciones, que incluyen una publicación en redes que cuestionen al gobierno.
Días tras días de protestas pacíficas donde parte del pueblo, que, si quitamos a los muy ancianos, a los enfermos graves, a los niños y los anormales, son muchísimos, están dando muestras de que los cubanos se cansaron y culpan al gobierno cubano del desastre que están viviendo. Los cubanos, tal como dice el moderno refrán popular, están “dando el berro” diariamente.
Se acabaron las justificaciones retóricas del gobierno, culpando a los Estados Unidos, proceso bien administrado durante décadas y los cubanos ponen el colimador en aquellos que desde el poder dicen que los representan. Los cubanos sin tapujos exigen la desaparición de Díaz Canel, el presidente “puesto a dedo” que no sólo no representa al pueblo y ha dejado más que clara su incapacidad para resolver un mínimo detalle, sino que es el máximo responsable del conocimiento y sobre todo la represión contra el pueblo.
Es digno y llamativo señalar que, en esas manifestaciones diarias, existe por excelencia la presencia de las mujeres, madres y abuelas y sobre todo los jóvenes. Las primeras, responsables, muchas veces únicas, de la familia, los segundos, responsables del futuro.
No sé qué quieren los sentimentales, quizás aspiran a que parte del pueblo se dé candela o se tire de un puente en muestra del descontento y decidan morir voluntariamente o que desorganizados, desarmados, enfermos y liquidados emocionalmente se tiren contra las unidades militares, las casas de Raúl y Díaz Canel y los saquen arrastrados y los cuelguen de unos postes de electricidad que para poco sirven hoy o que invadan el mismísimo Comité Central del Partido Comunista, tal como hizo parte del pueblo cubano contra los casinos y hoteles a raíz del triunfo revolucionario.
Es difícil, todos los que vivimos en Cuba conocemos o debemos conocer, aunque entiendo que la amnesia puede existir, además de la doble, tercera, cuarta moral, los mecanismos que el gobierno, que no es nuevo en esto, ha venido desarrollando durante décadas para mantenerse en el poder.
Creo que hoy, por experiencia acumulada, el gobierno no se va a lanzar a una represión masiva contra los cubanos que están manifestando su inconformidad, sabe el gobierno que eso podría ser el detonante de acciones mayores, más serias y complicadas, sino que la represión es muy puntual, en silencio, digamos discreta para los ojos, sobre todo, del mundo.
Llama la atención de la presencia de las fuerzas policiales y militares, más un enorme ejército de personajes vestidos de civil que forman parte de ellas, que se mantienen impávidos frente a las manifestaciones. Los manifestantes le pasan por el lado y ellos se mantienen como si no pasara nada, obviamente, están advertidos a no proceder, pero saben que, al día siguiente, esos que más se manifestaron o fueron identificados por otros mismos cubanos que siempre han trabajado en la sombra, serán recogidos, sacados de las calles y acusados de cualquier invento llamado ley. El simple caminar por una calle, puede hoy en Cuba, llevarte a la cárcel porque se te puede acusar de alteración del orden público, así de fácil.
Creo haber escrito ya que el gobierno cubano está aterrorizado, pero no frente a una invasión norteamericana, cosa poco probable a gran escala, el miedo, más que evidente por su pataleo, es al pueblo.
A ese mismo pueblo que durante años los apoyó, a ese pueblo que Fidel Castro, sobre todo, manejó como a su manada particular mientras se inventaba y dibujaba en el aire un mejor futuro, creando y repartiendo la escasez y miseria como modo de vida digno.
¿Desde cuándo son los apagones y la falta de agua en Cuba?, ¿Desde cuándo los cubanos vimos reducir la famosa y celebre cuota equilibrada de nuestros alimentos?, ¿Desde cuándo el transporte está malo?, ¿Desde cuándo no se puede reparar o construir una casa? ¿Desde cuándo fuimos llevados a guerras?, ¿Desde cuándo se dividió a la familia, se sancionó a los que pensaban y manifestaban diferente?, ¿Desde cuándo se creó un grupo con accesos privilegiados, los jefes, las familias, los íntimos amigos, mientras el pueblo tenía cada día menos?, ¿Desde cuándo se decidió no escuchar? Que yo recuerde, esto y muchas otras cosas más, desde siempre. Tengo fotos de mi primer cumpleaños con preservativos o condones inflados, ya en 1964 no había globos.
Palabras a los sentimentales. La oposición en Cuba a la revolución siempre existió, cosa sobre la cual se nos engañó tratando de imponer la idea de que todos los cubanos apoyaron casi enfermizamente el proceso.
Es entendible, sin saber nada del asunto incluso, a todo el que le quitaron una casa, a todo el que le intervinieron un negocio, al campesino que se le quitó su producción obligándolo a cooperativizarse y comer de una bodega, todo el que fue fusilado o puesto preso bajo cualquier pretexto, más sus familiares y amigos, los homosexuales, los religiosos que se vieron obligados a esconder su religiosidad, aquellos intelectuales, artistas, poeta, compositores que fueron maniatados y silenciados en sus verdaderas intenciones, todo el que aprovechó un viaje de trabajo, una beca, un contrato o un novio (a) o marido o esposa y no regresó, fueron siempre oposición.
Todos los que aprovecharon sus posiciones, sus relaciones o sus simples trabajos para malversar, traficar, robar, en fin, lo que los cubanos definimos como "luchar", que no fueron pocos durante estas casi siete décadas, no son simple ladrones, son oposición.
Aquellos que se organizaron y crearon grupos o partidos llamados disidentes y por supuesto mercenarios, de los cuales hoy sobreviven algunos, fueron oposición.
La oposición, es cierto, siempre ha estado muy limitada, no la han dejado vivir. Cuesta trabajo, sacrificios y sobre todo riesgos, tratar de organizarse y realizar un trabajo sistemático en contra del gobierno; nada más mencionar a las Damas de Blanco con todos los problemas que el tema tiene, que tuvo una mujer líder como Laura Poyán o el Proyecto Varela, dirigido por Oswaldo Payá, el que el gobierno asegura que murió por un “lamentable” accidente de tránsito y que el resto del mundo apoyado en testigos asegura que fue asesinado. Tengo dos amigos desde la universidad con los cuales luego compartí trabajo, que desde principios de la década del 90 encabezan públicamente un movimiento organizado de oposición al gobierno y todavía uno de ellos sigue, con miles de dificultades que conozco, más otras miles que no conozco, viviendo en Cuba.
La oposición fue desconocida, sobre todo en aquellos momentos donde la información era monopolio del gobierno. Los sentimentales, se imponían diciendo que no existía y que esas personas eran pagadas por el enemigo eterno. Se cerró los ojos y se taparon los oídos y peor, se trató siempre por la fuerza de cerrar los ojos y tapar los oídos a todos aquellos que trataban de mostrar la realidad existente. Se reprimió, a veces públicamente, otras de forma muy sutil, cualquier manifestación que tratara de contradecir el discurso del “amigo”.
¿Qué hay de las oleadas de escape de Cuba, Camarioca, la Embajada de Perú, Mariel, el Maleconazo, el secuestro de aviones y embarcaciones civiles? Eventos gigantescos, más allá de casos particulares, que contradecían aquello de que todos en Cuba eran revolucionarios que apoyaban a la revolución. Cada uno de los que participó en esos eventos fueron oposición.
Hoy, el bosque, es que el pueblo cubano, al menos una gran parte de él está en las calles manifestándose generalmente de forma pacífica, no puede hacer más. Sin embargo, esas manifestaciones son muestras claras del descontento con el gobierno, responsable de la electricidad, el agua, los medicamentos, los hospitales, las calles, el transporte público, etc., etc., etc. Es la mayor oposición a un sistema político sin solución, ni salida, que se empeña en mantenerse, sólo para su beneficio, en el poder.
Esa parte del pueblo está evidenciando que no quiere más comunismo, acusándolo de todos sus males, que no quiere más la dirección del partido comunista, que no soporta a Díaz Canel y todo su combo y como nunca, con razón o sin ella, con cierto análisis histórico o sin él, sin mucho pensar en las posibles consecuencias a mediano o largo plazo, están pidiendo al gobierno norteamericano que intervenga en el asunto y que los ayude a terminar con este largo ya y difícil proceso. Aparecen en Cuba, como nunca, carteles de "Abajo Díaz Canel", acompañados paralelamente de carteles que afirman "Viva Trump" lo que resulta además de paradójico, la mayor muestra del desespero.
Esa oposición, más que la de un partido u organización especifico, más que la de grupo de intelectuales o analistas, más que la de algunos llamados influencer, es la más grande que puede existir.
¿Qué más se le puede pedir al pueblo cubano?

domingo, 12 de julio de 2026

673.- La miseria como modo de vida no puede ser vencida

Yo no estoy muy convencido de que Miami, tal como repite la tradición entre cubanos, se deba a una creación y participación exclusiva de los antiguos pobladores de la isla caribeña, creo que ha habido mucho de otras nacionalidades y por supuesto muchísimos norteamericanos, a partir de que la terrateniente, agricultora de cítricos, Julia Tuttle convenció al magnate ferroviario y constructor de carreteras Henry Flager para que extendiera el ferrocarril hasta allí, una zona salvaje en 1896.

Lo que sí creo es que Miami es nuestra segunda patria por excelencia, a pesar de que tenemos cubanos regados por todo el mundo, incluyendo los lugares más lejanos y menos imaginables, desde Alaska, Siberia, Egipto y Australia. Todo esto permite la comparación, sin escándalos grandes.

Es cierto, a Miami básicamente llegaron algunos cubanos con dinero como grupo, lo que les permitió insertarse más fácil y crear o engrosar riquezas nuevas, pero también es cierto que después de ese “selecto” grupo, básicamente los que abandonaron la isla muy al principio de la revolución castrista, que fueron propietarios de empresas que en 1959 funcionaban, propietarios de cuentas en los bancos cubanos y norteamericanos, quizás con conexiones empresariales en Estados Unidos, los que hemos venido llegando después, lo menos que pudimos traer en nuestras maletas fueron muchos dólares, porque no los teníamos. Llamo la atención que $5.00 o $100.00 dólares e incluso $1000.00 dólares no es el dinero del que hablo como para construir algo.

Imaginar cuánto dinero puede traer arriba el que llega en una balsa de madera o el que estuvo tres, cuatro meses cruzando selvas, ríos, fronteras desde diferentes puntos geográficos de América del Sur hasta llegar a la frontera norteamericana. Cuánto puede traer el que se fuga de una misión médica o el que abandona una beca en uno de los llamados terceros países.

En el año 2007 cuando abandoné definitivamente Cuba logré llegar a República Dominicana, llevaba la simbólica cifra de $200.00 dólares que entregué a mi hija Jennifer después de los besos y abrazos, Cuando recogí a mi sobrino Ian aquí en San Antonio, después de que vio los volcanes nicaragüenses, sólo tenía un pantalón roto, unos tenis enfangados y un sobre con papeles.

Después de aquel grupo “selecto” que se dio cuenta de lo que venía y prefirió emigrar voluntariamente muy al principio de la revolución, dejando el camino abierto a los usurpadores armados, el resto, en todas las oleadas ocurridas y de todas las formas, incluso las inimaginables, hemos llegado a trabajar, muchas veces más y más fuerte que en nuestro país de origen. Hemos venido y olvidado nuestros títulos académicos, nuestra experiencia para hacer cualquier labor, construcción, agricultura, fábricas, limpiezas, con el objetivo de sobrevivir y lo paradójico es que, acabados de llegar, sin mucho conocimiento del entorno, sin contactos previos, esos trabajos nos han permitido no sólo existir, sino también ayudar e incluso mantener a los que hemos dejado atrás.

Los cubanos, en su gran mayoría porque siempre existen excepciones, no hemos sido grandes inversionistas, no hemos podido sacar dinero de Cuba, porque, repito, no lo teníamos. Cuba y su proceso revolucionario, entre otros desastres, logró convertir a todos en pobres, por tanto, si de grandes cantidades de dinero hablamos, los que llegaron con él o lo hicieron aquí muy rápido, siguen siendo una pequeña minoría, que quizás tenga mucho dinero, pero minoría.

Lo que si hemos venido los cubanos es a trabajar y entonces es ahí el mérito en la colaboración de la construcción de Miami por excelencia como segunda patria y otras muchas ciudades.

Conozco del tema porque mi primer trabajo, no en Miami, sino en Nebraska, recién llegado a este país, fue en una fábrica de jamones, sobre lo cual ya he escrito, dejo abajo el enlace para los que quieran conocer cómo funciona ese giro, trabajo casi inhumano, desarrollado mayoritariamente por inmigrantes, para mí sólo comparado con trabajos extremos en canteras de piedra, construcciones en lugares y condiciones muy difíciles, mataderos, fundiciones de metales, etc., y así y todo siempre lo agradeceré; él nos permitió vivir.

Crucé la frontera entre México y Estados Unidos con menos dinero del que un día llegué a República Dominicana, era más joven de lo que soy hoy y venía a trabajar, por lo que ni pude escoger, ni nadie miró mi curriculum, menos tenía contactos en el cómodo mundo empresarial que me garantizara una oficina con aire acondicionado. Gracias a mi hermano Ruso, muy rápido conseguí trabajo en lo que él pudo ofrecerme, sumándole además el frío invierno de Nebraska.

Gracias a ese brutal, agresivo, fuertísimo trabajo, a los días, con mi primer salario, junto al de mi hijo Jonathan, que también trabajaba en el mismo lugar, nos independizamos y rentamos nuestro primer apartamento, gracias a ese trabajo compramos nuestro primer carro, comimos y comenzamos a disfrutar conociendo una zona extremadamente diferente en todo a lo que conocíamos y teníamos como referencia. Gracias a ese trabajo, transformamos la carne cruda de cerdo en jamones que fueron a parar a los supermercados y tiendas, que luego fueron comidos por los ciudadanos de este país, porque, como es obvio, existen jamones gracias a que alguien con un trabajo muy duro, los produce.

No puedo reproducir la historia de Miami, no la conozco al detalle y no vivo allí, lo que, si puedo decir, que cuando ya Cuba, al menos sus ciudades más importantes, La Habana, Santiago de Cuba, Matanzas, Cienfuegos, Camagüey, era un lugar próspero económico y culturalmente, Miami era un pantano con cuatro calles y un destino de ferrocarril. Cuando ya Cuba exhibía, plazas, urbanizaciones bien diseñadas, palacios, cines, teatros, restaurantes y clubes, universidades, más caña, café, cacao, producciones agropecuarias, industrias nacionales, todo de la cual debemos a los cubanos y por qué no un poco o mucho a España, Miami sólo albergaba a un reducido número de familias y cocodrilos.

¿Qué pasó entonces? Bueno sencillo de entender. Miami, pequeña ciudad del estado Florida, sólo se insertó en un proceso lógico de desarrollo. No sin problemas, porque los problemas, sobre todo, económicos, siempre existen, allí no se inventó nada, sólo adaptaron las ventajas y las reglas existentes y las tomaron para sí, en no pocos casos la desarrollaron.

Hoy Miami, ya dije que no vivo allí, pero tengo a muy cercanos familiares allí adentro, se ha convertido en una de las ciudades más importantes de toda la Unión. Miami, famosa hoy, ha pasado de ser un pantano con cuatro calles no hace mucho, a convertirse en una gran ciudad internacional, productora, con una gran industria de turismo. Miami es hoy la casa de muchos multimillonarios de todos los sectores, que han escogido ese lugar, dentro de los millones de otros lugares que existen en este país, por su nobleza, su riqueza, su ubicación y lo que esto trae en el clima, por sus ventajas.

Miami es el lugar donde muchos de sus detractores no paran de criticar, pero no se van de ella. Creo que Miami atrapa y todo eso, la lucha diaria de millones de personas, donde los cubanos, es cierto, tenemos algún papel protagónico, vive a su ritmo, quizás diferente al de Chicago, Kansas, Arizona, pero vive.

Por el contrario, mientras Cuba y sus principales ciudades eran ya reconocidas por su esplendor durante la época republicana, desarrollo que no se logró en un día obviamente, sino como resultado de los cubanos, con un funcionamiento y desarrollo, para su estatus e historia, meritorio, se hizo una revolución en 1959, que muy rápido tendió al comunismo, organizada por un grupo reducido de personas que se propuso cambiarlo todo, a partir de caprichos, improvisaciones, experimentos, a tal punto que hoy, seis décadas después Cuba sólo exhibe una gran miseria.  

Cuba no es sólo la muestra de cómo se puede destruir un país totalmente, sino es la mejor muestra, dolorosa de cómo se puede destruir a los seres humanos.

El asunto de Cuba, el más importante y difícil, no es la pobreza económica, aunque ella es definitoria; pobreza siempre ha existido, pobreza, aunque hoy nadie lo pueda creer, existió en los Estados Unidos, sin embargo, de la pobreza, cuando los mecanismos colaboran, lo permiten, existen, se puede salir, sobran los ejemplos, de dónde no se puede salir es de la pobreza humana, de la pobreza del pensamiento, de la incredulidad de que pueda existir un momento mejor, de la falta de esperanza, de la falta de un futuro alcanzable dentro de un espacio y tiempo limitado.

Pobreza que obliga a las personas a emigrar, pobreza de que los padres y abuelos, estimulen, bajo sufrimiento, que sus hijos y nietos abandonen sus orígenes, sus entornos, sus familias, a cambio de al menos tratar de salvarlos, aunque corran el riesgo de no volverlos a ver.

La familia cubana es por su conformación una familia con fuertes bases españoles, patriarcales, hasta quizás medio feudal aún. La familia cubana, fue siempre unida, todos junto a todos, generaciones y generaciones que se veneraban por la simple existencia, abuelos, padres, hijos, nietos, que necesitaban de verse, de poseerse. Cuando una familia, con nuestras tradiciones, como única solución viable, prefiere separarse y enviar a sus hijos hacia el exterior, todo está destruido. Con la separación, se puede comenzar a comer mejor, se pueden resolver algunos de los problemas más acuciantes de la vida, se puede en buen cubano, “escapar”, pero las personas están rotas y esa destrucción, que sólo aumenta el deterioro, porque los humanos no somos cerdos de granja, se convierte en la peor miseria.

La diferencia entre Miami y Cuba está precisamente ahí. Las personas llegaron y llegan a la ciudad norteamericana ilusionados con que podrán mejorar, dispuestos a trabajar en cualquier cosa, confiando en que los mecanismos que existen funcionan, decididos a arriesgarse y aprender, porque los cubanos de esta última etapa no sabemos en realidad nada de nada por muchos títulos que pensamos tener. Los cubanos que quedan en Cuba no confían, cansados de probar y probar, agotados de resistir no un día, no una semana, sino décadas y más décadas, no encuentran la punta del hilo, porque no existe.

Los mecanismos de poder que existen en Cuba, después de repartir migajas al pueblo, sólo están creados para poseer el poder. Puede resultar increíble que todavía, quizás como recuerdo sentimental, quizás porque reconocer la derrota duele, todavía hoy personas hablan de Fidel Castro, cuando el “amigo” no tiene en su historia un proyecto de éxito. Todos los planes que se implementaron o trataron el menos de poner a funcionar, bajo su exclusiva, única y absoluta dirección,  fueron un fracaso. En el plano económico, Fidel no logró hacer funcionar absolutamente nada.

Su única experiencia estuvo en la muela, discursos tras discursos, promesas tras promesas, a malgastar el gigantesco mantenimiento que recibió años tras años desde el exterior, a inventarse guerras, guerrillas en todos los confines del mundo, a crearse una imagen de salvador único que le permitió morir en paz en su casa y nada más. Cuba hoy no tiene azúcar, habiendo sido la azucarera del mundo, ni sal, siendo un archipiélago, que es más que una isla en medio del mar.

¿Somos malos los cubanos?, ¿Somos vagos?, ¿Somos una mugre inmejorable, chusma, gritona, inculta?, ¿Somos anormales y mongos? Nada de eso, somos sencillamente el resultado de un gobierno, de un sistema, que durante casi 70 años nos destruyó. Nos enseñó a mentir, nos enseñó que no era necesario trabajar porque delinquiendo a al menos no trabajando oficialmente se podía vivir mejor.

Los cubanos aprendimos, obligados, que era mejor el dólar norteamericano que el peso cubano. Los cubanos aprendimos que era mejor prostituirse, de todos tipos de prostitución, que no es la única la del cuerpo, para tratar de vivir mejor, lo que muchas veces significa comer.

Es ahí dónde radica la mayor diferencia, Miami es una ciudad donde cabe la ilusión, sentimiento que en Cuba se perdió. Miami es y será más grande, a pesar de los problemas dentro de ella. Cuba, de seguir como va, sólo dará paso a la destrucción colectiva, los asesinatos como muestra de la violencia como solución, a un pueblo enfermo del cuerpo y sobre todo de la cabeza.

La miseria temporal como resistencia puede ser vencida, la miseria como modo de vida no.

viernes, 10 de julio de 2026

672.- A propósito de la conga matancera “Pincha, que yo te cargo la jaba”.

Bueno no es la primera vez que algo que escribo desata la imaginación y las ganas de comunicar de otras personas, cosa que me cuadra y entonces me dedico a darlo a conocer aquí en mí blog.

Ahora, a partir de mi artículo publicado hace unos días sobre la ya “famosa”, por al menos extraña, conga matancera, mi madre, ya dije santiaguera y con experiencias personales en los carnavales de ese lugar, mucho más válidas que las mías que son de oídas porque nací en 1963, después del accidente llamado aún revolución, me escribe y cuenta con agrado sus recuerdos.

Como ella afirma, carnavales, congas, comparsas, música, bailes, existen en toda Cuba, pero no es de exagerar que los carnavales santiagueros, a pesar de los cambios ocurridos, siguen siendo el símbolo del disfrute popular en todo el país. Tradicionalmente personas de toda Cuba, donde también existían carnavales y aún se podía viajar, se trasladaban para disfrutar los carnavales santiagueros por considerarlos La Meca.

No es de esconder que, el disfrute es tanto que incluso durante los carnavales, los santiagueros entregados totalmente al evento, no sólo disfrutan al máximo, sino que trabajan poco, muchos amanecen pegados a los centros de abasto de música y sobre todo de alcohol.  No pasa nada, para eso son los carnavales y, sobre todo, santiagueros. JAJAJA

Claro, de los eventos que describe disfrutándolos nuevamente hasta acá ha llovido mucho desgraciadamente. 

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"A propósito de tu artículo, te comento que lo he disfrutado mucho por la temática que trata, según mi parecer está muy interesante y apropiado para estos momentos, en que hay muchas manifestaciones culturales por Cuba que se están produciendo de forma incorrecta y que merecen un profundo análisis, alerta y llamado de atención de las autoridades competentes, antes de que sucedan males mayores.

Comparto tus comentarios, relacionados con la conga santiaguera y con la reciente conga matancera de fines del mes de junio, que se viralizó a través de videos en redes sociales.

Para mí fue un verdadero placer leer este artículo, porque me permitió viajar en el tiempo por las tradiciones, paseos, comparsas y las congas de Santiago de Cuba. Pero al mismo tiempo me sentí triste y apenada al ver cómo se han ido perdiendo algunos valores propios de la cubania y de las buenas costumbres que tuvimos la gran mayoría de los cubanos.

Me motivo releerlo, tengo numerosas vivencias de los carnavales y las congas santiagueras, por ello puedo afirmar que lo que narras sobre ese evento cultural es verídico, además por tus relatos tal parece que: ¡Congueaste con los santiagueros!

Entonces voy a ampliar y compartir algunos aspectos que tratas de los carnavales santiagueros, porque como dices, nací y viví los años de mi juventud temprana en Santiago de Cuba, y junto a mis amiguitas y novio Rolando, disfruté mucho los carnavales. Participé de los ensayos de las comparsas y paseos-fantasías, además de que también me escapé del control familiar y me incorporé a alguna que otra conga, arrollando por las calles santiagueras.

Allí aprendí que, aunque hay congas por toda Cuba, la conga santiaguera es la verdadera conga que identifica al país, es una de las más genuinas y populares manifestaciones de la cultura cubana y caribeña. Cuando en Santiago de Cuba se menciona la palabra “conga” es como si se hubiera dicho: ¡A gozar!

Con añoranzas recuerdo que antes del triunfo revolucionario y en sus primeros años, desde el mes de mayo se realizaban los ensayos de las comparsas, paseos y congas. Estos ensayos que se efectuaban los fines de semana desde las 6:00 pm, eran el preludio de los carnavales, en los mismos me divertí mucho y aprendí a bailar la conga. Eran eventos populares, de entretenimiento cultural, pero sanos y decentes. Se realizaban en sitios públicos de determinados barrios, al aire libre, donde los jóvenes acudíamos para socializar y pasar buenos ratos. En términos generales esto transcurría dentro de la moral y ética de la época.

De igual forma vivencié, que las personas para participar en las congas y comparsas lo hacían a partir de su clase y grupo social. Me vienen a la mente algunos nombres de congas y comparsas más destacadas, que desfilaban en los carnavales, y que tuve durante muchos años la oportunidad de verlas actuar. Entre ellas: Comparsas de La Placita y La Kimona, que agrupaban a jóvenes de la pequeña burguesía, profesionales, empleados de la banca y del comercio. Por mi procedencia social fue en estas comparsas en las que participé pasando lindos y felices momentos.

Es de destacar que la clase obrera, grupos muy pobres y marginales de la ciudad, participaban en las congas barriales, entre las que se destaca la Conga de Los Hoyos que agrupaba a negros, personas pobres, descendientes de esclavos y de haitianos. Se le reconocía como El Cocoyé y así se cantaba su estribillo, fué la primera conga en introducir el uso de la corneta china y era la conga que cerraba el espectáculo anual del carnaval.

Además, eran muy concurridas las congas de San Agustín o Paso Franco, donde participaban los pobladores del histórico barrio de El Tívoli, de las zonas altas de Santiago, de los asentamientos grandes de inmigrantes haitianos, sectores con mayor movilidad social, negros y otras personas con mestizaje racial. Estas congas tenían sus Paseos de Fantasía, los que mostraban vestuarios elaborados, pintorescos y tenían creativas carrozas.

Por la época había otras congas, pero yo solo oí hablar de ellas, no tuve la oportunidad de verlas actuar, como, por ejemplo, El Guayabito, Los Colombianos, El Corojo, entre otras.

Quiero enfatizar que también tengo experiencias que les comparto, en relación con los estribillos que se cantaban en estas congas y comparsas. Tal y como dices, eran canticos que reflejaban el sentir popular, simpáticos, picarescos, de crónicas callejeras y de profunda herencia afrocubana. Algunos tenían una alta carga de propaganda y sátira política, incluso tenían la espontaneidad de criticar a los políticos de turno. También expresaban la sexualidad, el chisme callejero y la vida cotidiana usando incluso el doble sentido, y por demás hubo políticos que pagaron a las congas para promocionarse. Pero la letra de todos los estribillos, estaban dentro de la moral y buenas costumbres que prevalecía por la época.

No recuerdo haber oído en ninguna de estas congas y comparsas un estribillo indecente, falto de moral, violento, incitando al pase de cuentas entre personas, ni denigrando a personalidades políticas, incluyendo las que agrupaban a los sectores más pobres de la ciudad, como el caso de la Conga de Los Hoyos.

Dentro de este panorama carnavalesco santiaguero, no todo era maravilloso y lindo, es famoso que había rivalidad sobre todo musical y de espectáculo entre la Conga de Los Hoyos y la de San Agustín. A veces se oían estribillos agresivos pero festivos, que llegaban a la burla para retar a la conga contraria. Esto trajo en algunas oportunidades broncas callejeras, en el marco de sus marchas por determinadas zonas de la ciudad. Y ello requirió actuación policial para garantizar la tranquilidad ciudadana.

Recuerdo que, de todas las congas mencionadas, fue la Conga de Los Hoyos la que fue adquiriendo con el tiempo una mala reputación entre la población santiaguera. Esta mala fama se debió, a que en algunos de sus ensayos y paseos se produjeron enfrentamientos violentos entre pequeños grupos de participantes, que además de marginales exhibían alto grado de bebida alcohólica.

Una experiencia familiar que tengo es que los mayores de casa nos decían cuando oían el sonar de la corneta china de esta conga, anunciando que se acercaba a nuestro barrio: ¡Cierren las puertas y entren a casa, que ahí viene el Cocoyé¡

Cierto es que el triunfo de la Revolución Cubana transformó las dinámicas del carnaval, haciéndolas menos espontaneas, institucionalizando la fiesta y en ocasiones cambiando el foco de las letras, lo que también aconteció en los carnavales santiagueros. Pero esta transformación no llegó a afectar la esencia de los estribillos de las congas y comparsas, las que se mantuvieron durante años dentro de los parámetros de la tradición, moralidad y buenas costumbres cubanas.

En relación con el otro tema que tratas y reflexionas en el artículo, es lo sucedido hace semanas con una conga matancera que recorrió calles de un barrio residencial de esa ciudad, sin estar en carnavales y donde participaron jóvenes de ambos sexos y niños.

Expertos del tema han referido que, en ocasiones anteriores en los carnavales de varias ciudades, se han producido altercados y acciones violentas entre participantes, pero no se habían manifestado estribillos de congas tan indecentes, como lo ocurrido en el caso que nos ocupa.

No he podido conocer el motivo de esta conga, pero lo cierto es que, según las imágenes visuales publicadas, considero que no es expresión de diversión, ni fiesta. Coincidimos en la valoración sobre esta conga, como expresión de fuerte matices de marginalidad, de guapería callejera, uso de lenguaje muy vulgar que incita a la violencia física o letal y al uso de arma blanca, dígase pinchar a una persona y luego llevarle a prisión la jaba.!! ¡Me parecía mentira, estar oyendo por videos de las redes sociales semejante estribillo!

No considero que este evento sea una simple expresión del choteo cubano, ni de la costumbre popular de abordar situaciones trágicas, oscuras o ilegales a través del humor, la ironía y el ritmo. Ni de estrés, ni catarsis colectivas, a modo de válvula de escape psicológico de grupos sociales, ante la fuerte crisis de la economía cubana.

Considero que esta conga fue un indecente acontecimiento de la expresión cultural, que está prevaleciendo en determinados grupos cubanos. Refleja la pérdida de valores éticos que desde hace años se viene produciendo en la sociedad cubana, en unas provincias y comunidades más que en otras, expresa la compleja realidad económica, social, cultural, psicológica, folclórica y antropológica de la Cuba actual, en pleno proceso de transformación y transición económica-social.

No conozco aún, un comunicado oficial formal o declaración institucional del gobierno cubano, que explique las causas de esta polémica conga. Ha pasado lo que se dice por influencers, "un vacío comunicacional".

Sin embargo, los medios alternativos reportaron que el evento ha provocado reacciones diversas y contradictorias, además de que sobre el mismo se han pronunciado varios humoristas, influencers, creadores de contenidos y comunicadores.

Según mi parecer no es bueno del árbol caído hacer leña, coincido que a los cubanos nos gusta mucho la música y el baile, y lo practicamos también en las peores circunstancias. Pero la realidad es que esta conga, no tiene nada que ver con las raíces de la conga cubana que yo conocí y disfruté muchísimo en Santiago de Cuba. Aunque los años han pasado y las congas han evolucionado, además de que cada localidad y provincia pueden y deben tener    fiestas de carnaval propias de su identidad cultural, es imprescindible que sus actuaciones y los estribillos que se canten estén dentro de las normas morales, de urbanidad y de conductas, aceptados por toda sociedad que aspire a la mejor convivencia social.

No puedo imaginar que este tipo de estribillos continúen cantándose en las congas cubanas y sea un ejemplo negativo que pueda llegar a sustituir a los estribillos sanos y alegres de las congas que conocí y en las que participé. Por demás no deben ser las congas y comparsas, los espacios para que a través de sus estribillos los participantes expresen su sentir e inconformidad con los acontecimientos de su realidad económica-social.

Ello impone crear más y novedosos espacios públicos que estén legalizados, donde los ciudadanos puedan expresar sus criterios y opiniones relativos a su malestar ciudadano. Lo sucedido es una alerta, que impone a los gobiernos locales tomar medidas para garantizar que, en las fiestas carnavalescas prevalezcan manifestaciones de buenos valores, modales y costumbres ciudadanas cubanas".