domingo, 12 de julio de 2026

673.- La miseria como modo de vida no puede ser vencida

Yo no estoy muy convencido de que Miami, tal como repite la tradición entre cubanos, se deba a una creación y participación exclusiva de los antiguos pobladores de la isla caribeña, creo que ha habido mucho de otras nacionalidades y por supuesto muchísimos norteamericanos, a partir de que la terrateniente, agricultora de cítricos, Julia Tuttle convenció al magnate ferroviario y constructor de carreteras Henry Flager para que extendiera el ferrocarril hasta allí, una zona salvaje en 1896.

Lo que sí creo es que Miami es nuestra segunda patria por excelencia, a pesar de que tenemos cubanos regados por todo el mundo, incluyendo los lugares más lejanos y menos imaginables, desde Alaska, Siberia, Egipto y Australia. Todo esto permite la comparación, sin escándalos grandes.

Es cierto, a Miami básicamente llegaron algunos cubanos con dinero como grupo, lo que les permitió insertarse más fácil y crear o engrosar riquezas nuevas, pero también es cierto que después de ese “selecto” grupo, básicamente los que abandonaron la isla muy al principio de la revolución castrista, que fueron propietarios de empresas que en 1959 funcionaban, propietarios de cuentas en los bancos cubanos y norteamericanos, quizás con conexiones empresariales en Estados Unidos, los que hemos venido llegando después, lo menos que pudimos traer en nuestras maletas fueron muchos dólares, porque no los teníamos. Llamo la atención que $5.00 o $100.00 dólares e incluso $1000.00 dólares no es el dinero del que hablo como para construir algo.

Imaginar cuánto dinero puede traer arriba el que llega en una balsa de madera o el que estuvo tres, cuatro meses cruzando selvas, ríos, fronteras desde diferentes puntos geográficos de América del Sur hasta llegar a la frontera norteamericana. Cuánto puede traer el que se fuga de una misión médica o el que abandona una beca en uno de los llamados terceros países.

En el año 2007 cuando abandoné definitivamente Cuba logré llegar a República Dominicana, llevaba la simbólica cifra de $200.00 dólares que entregué a mi hija Jennifer después de los besos y abrazos, Cuando recogí a mi sobrino Ian aquí en San Antonio, después de que vio los volcanes nicaragüenses, sólo tenía un pantalón roto, unos tenis enfangados y un sobre con papeles.

Después de aquel grupo “selecto” que se dio cuenta de lo que venía y prefirió emigrar voluntariamente muy al principio de la revolución, dejando el camino abierto a los usurpadores armados, el resto, en todas las oleadas ocurridas y de todas las formas, incluso las inimaginables, hemos llegado a trabajar, muchas veces más y más fuerte que en nuestro país de origen. Hemos venido y olvidado nuestros títulos académicos, nuestra experiencia para hacer cualquier labor, construcción, agricultura, fábricas, limpiezas, con el objetivo de sobrevivir y lo paradójico es que, acabados de llegar, sin mucho conocimiento del entorno, sin contactos previos, esos trabajos nos han permitido no sólo existir, sino también ayudar e incluso mantener a los que hemos dejado atrás.

Los cubanos, en su gran mayoría porque siempre existen excepciones, no hemos sido grandes inversionistas, no hemos podido sacar dinero de Cuba, porque, repito, no lo teníamos. Cuba y su proceso revolucionario, entre otros desastres, logró convertir a todos en pobres, por tanto, si de grandes cantidades de dinero hablamos, los que llegaron con él o lo hicieron aquí muy rápido, siguen siendo una pequeña minoría, que quizás tenga mucho dinero, pero minoría.

Lo que si hemos venido los cubanos es a trabajar y entonces es ahí el mérito en la colaboración de la construcción de Miami por excelencia como segunda patria y otras muchas ciudades.

Conozco del tema porque mi primer trabajo, no en Miami, sino en Nebraska, recién llegado a este país, fue en una fábrica de jamones, sobre lo cual ya he escrito, dejo abajo el enlace para los que quieran conocer cómo funciona ese giro, trabajo casi inhumano, desarrollado mayoritariamente por inmigrantes, para mí sólo comparado con trabajos extremos en canteras de piedra, construcciones en lugares y condiciones muy difíciles, mataderos, fundiciones de metales, etc., y así y todo siempre lo agradeceré; él nos permitió vivir.

Crucé la frontera entre México y Estados Unidos con menos dinero del que un día llegué a República Dominicana, era más joven de lo que soy hoy y venía a trabajar, por lo que ni pude escoger, ni nadie miró mi curriculum, menos tenía contactos en el cómodo mundo empresarial que me garantizara una oficina con aire acondicionado. Gracias a mi hermano Ruso, muy rápido conseguí trabajo en lo que él pudo ofrecerme, sumándole además el frío invierno de Nebraska.

Gracias a ese brutal, agresivo, fuertísimo trabajo, a los días, con mi primer salario, junto al de mi hijo Jonathan, que también trabajaba en el mismo lugar, nos independizamos y rentamos nuestro primer apartamento, gracias a ese trabajo compramos nuestro primer carro, comimos y comenzamos a disfrutar conociendo una zona extremadamente diferente en todo a lo que conocíamos y teníamos como referencia. Gracias a ese trabajo, transformamos la carne cruda de cerdo en jamones que fueron a parar a los supermercados y tiendas, que luego fueron comidos por los ciudadanos de este país, porque, como es obvio, existen jamones gracias a que alguien con un trabajo muy duro, los produce.

No puedo reproducir la historia de Miami, no la conozco al detalle y no vivo allí, lo que, si puedo decir, que cuando ya Cuba, al menos sus ciudades más importantes, La Habana, Santiago de Cuba, Matanzas, Cienfuegos, Camagüey, era un lugar próspero económico y culturalmente, Miami era un pantano con cuatro calles y un destino de ferrocarril. Cuando ya Cuba exhibía, plazas, urbanizaciones bien diseñadas, palacios, cines, teatros, restaurantes y clubes, universidades, más caña, café, cacao, producciones agropecuarias, industrias nacionales, todo de la cual debemos a los cubanos y por qué no un poco o mucho a España, Miami sólo albergaba a un reducido número de familias y cocodrilos.

¿Qué pasó entonces? Bueno sencillo de entender. Miami, pequeña ciudad del estado Florida, sólo se insertó en un proceso lógico de desarrollo. No sin problemas, porque los problemas, sobre todo, económicos, siempre existen, allí no se inventó nada, sólo adaptaron las ventajas y las reglas existentes y las tomaron para sí, en no pocos casos la desarrollaron.

Hoy Miami, ya dije que no vivo allí, pero tengo a muy cercanos familiares allí adentro, se ha convertido en una de las ciudades más importantes de toda la Unión. Miami, famosa hoy, ha pasado de ser un pantano con cuatro calles no hace mucho, a convertirse en una gran ciudad internacional, productora, con una gran industria de turismo. Miami es hoy la casa de muchos multimillonarios de todos los sectores, que han escogido ese lugar, dentro de los millones de otros lugares que existen en este país, por su nobleza, su riqueza, su ubicación y lo que esto trae en el clima, por sus ventajas.

Miami es el lugar donde muchos de sus detractores no paran de criticar, pero no se van de ella. Creo que Miami atrapa y todo eso, la lucha diaria de millones de personas, donde los cubanos, es cierto, tenemos algún papel protagónico, vive a su ritmo, quizás diferente al de Chicago, Kansas, Arizona, pero vive.

Por el contrario, mientras Cuba y sus principales ciudades eran ya reconocidas por su esplendor durante la época republicana, desarrollo que no se logró en un día obviamente, sino como resultado de los cubanos, con un funcionamiento y desarrollo, para su estatus e historia, meritorio, se hizo una revolución en 1959, que muy rápido tendió al comunismo, organizada por un grupo reducido de personas que se propuso cambiarlo todo, a partir de caprichos, improvisaciones, experimentos, a tal punto que hoy, seis décadas después Cuba sólo exhibe una gran miseria.  

Cuba no es sólo la muestra de cómo se puede destruir un país totalmente, sino es la mejor muestra, dolorosa de cómo se puede destruir a los seres humanos.

El asunto de Cuba, el más importante y difícil, no es la pobreza económica, aunque ella es definitoria; pobreza siempre ha existido, pobreza, aunque hoy nadie lo pueda creer, existió en los Estados Unidos, sin embargo, de la pobreza, cuando los mecanismos colaboran, lo permiten, existen, se puede salir, sobran los ejemplos, de dónde no se puede salir es de la pobreza humana, de la pobreza del pensamiento, de la incredulidad de que pueda existir un momento mejor, de la falta de esperanza, de la falta de un futuro alcanzable dentro de un espacio y tiempo limitado.

Pobreza que obliga a las personas a emigrar, pobreza de que los padres y abuelos, estimulen, bajo sufrimiento, que sus hijos y nietos abandonen sus orígenes, sus entornos, sus familias, a cambio de al menos tratar de salvarlos, aunque corran el riesgo de no volverlos a ver.

La familia cubana es por su conformación una familia con fuertes bases españoles, patriarcales, hasta quizás medio feudal aún. La familia cubana, fue siempre unida, todos junto a todos, generaciones y generaciones que se veneraban por la simple existencia, abuelos, padres, hijos, nietos, que necesitaban de verse, de poseerse. Cuando una familia, con nuestras tradiciones, como única solución viable, prefiere separarse y enviar a sus hijos hacia el exterior, todo está destruido.
Con la separación, se puede comenzar a comer mejor, se pueden resolver algunos de los problemas más acuciantes de la vida, se puede en buen cubano, “escapar”, pero las personas están rotas y esa destrucción, que sólo aumenta el deterioro, porque los humanos no somos cerdos de granja, se convierte en la peor miseria.

La diferencia entre Miami y Cuba está precisamente ahí. Las personas llegaron y llegan a la ciudad norteamericana ilusionados con que podrán mejorar, dispuestos a trabajar en cualquier cosa, confiando en que los mecanismos que existen funcionan, decididos a arriesgarse y aprender, porque los cubanos de esta última etapa no sabemos en realidad nada de nada por muchos títulos que pensamos tener. Los cubanos que quedan en Cuba no confían, cansados de probar y probar, agotados de resistir no un día, no una semana, sino décadas y más décadas, no encuentran la punta del hilo, porque no existe.

Los mecanismos de poder que existen en Cuba, después de repartir migajas al pueblo, sólo están creados para poseer el poder.

Puede resultar increíble que todavía, quizás como recuerdo sentimental, quizás porque reconocer la derrota duele, todavía hoy personas hablan de Fidel Castro, cuando el “amigo” no tiene en su historia un proyecto de éxito. Todos los planes que se implementaron o trataron el menos de poner a funcionar, fueron un fracaso. En el plano económico, Fidel no logró hacer funcionar absolutamente nada.

Su única experiencia estuvo en la muela, discursos tras discursos, promesas tras promesas, a malgastar el gigantesco mantenimiento que recibió años tras años desde el exterior, a inventarse guerras, guerrillas en todos los confines del mundo, a crearse una imagen de salvador único que le permitió morir en paz en su casa y nada más. Cuba hoy no tiene azúcar, habiendo sido la azucarera del mundo, ni sal, siendo un archipiélago, que es más que una isla en medio del mar.

¿Somos malos los cubanos?, ¿Somos vagos?, ¿Somos una mugre inmejorable, chusma, gritona, inculta? Nada de eso, somos sencillamente el resultado de un gobierno, de un sistema, que durante casi 70 años nos destruyó. Nos enseño a mentir, nos enseñó que no era necesario trabajar porque delinquiendo a al menos no trabajando oficialmente se podía vivir mejor.

Los cubanos aprendimos, obligados, que era mejor el dólar norteamericano que el peso cubano. Los cubanos aprendimos que era mejor prostituirse, de todos tipos de prostitución, que no es la única la del cuerpo, para tratar de vivir mejor, lo que muchas veces significa comer.

Es ahí dónde radica la mayor diferencia, Miami es una ciudad donde cabe la ilusión, sentimiento que en Cuba se perdió. Miami es y será más grande, a pesar de los problemas dentro de ella. Cuba, de seguir como va, sólo dará paso a la destrucción colectiva, los asesinatos como muestra de la violencia como solución, a un pueblo enfermo del cuerpo y sobre todo de la cabeza.

La miseria temporal como resistencia puede ser vencida, la miseria como modo de vida no.

viernes, 10 de julio de 2026

672.- A propósito de la conga matancera “Pincha, que yo te cargo la jaba”.

Bueno no es la primera vez que algo que escribo desata la imaginación y las ganas de comunicar de otras personas, cosa que me cuadra y entonces me dedico a darlo a conocer aquí en mí blog.

Ahora, a partir de mi artículo publicado hace unos días sobre la ya “famosa”, por al menos extraña, conga matancera, mi madre, ya dije santiaguera y con experiencias personales en los carnavales de ese lugar, mucho más válidas que las mías que son de oídas porque nací en 1963, después del accidente llamado aún revolución, me escribe y cuenta con agrado sus recuerdos.

Como ella afirma, carnavales, congas, comparsas, música, bailes, existen en toda Cuba, pero no es de exagerar que los carnavales santiagueros, a pesar de los cambios ocurridos, siguen siendo el símbolo del disfrute popular en todo el país. Tradicionalmente personas de toda Cuba, donde también existían carnavales y aún se podía viajar, se trasladaban para disfrutar los carnavales santiagueros por considerarlos La Meca.

No es de esconder que, el disfrute es tanto que incluso durante los carnavales, los santiagueros entregados totalmente al evento, no sólo disfrutan al máximo, sino que trabajan poco, muchos amanecen pegados a los centros de abasto de música y sobre todo de alcohol.  No pasa nada, para eso son los carnavales y, sobre todo, santiagueros. JAJAJA

Claro, de los eventos que describe disfrutándolos nuevamente hasta acá ha llovido mucho desgraciadamente. 

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"A propósito de tu artículo, te comento que lo he disfrutado mucho por la temática que trata, según mi parecer está muy interesante y apropiado para estos momentos, en que hay muchas manifestaciones culturales por Cuba que se están produciendo de forma incorrecta y que merecen un profundo análisis, alerta y llamado de atención de las autoridades competentes, antes de que sucedan males mayores.

Comparto tus comentarios, relacionados con la conga santiaguera y con la reciente conga matancera de fines del mes de junio, que se viralizó a través de videos en redes sociales.

Para mí fue un verdadero placer leer este artículo, porque me permitió viajar en el tiempo por las tradiciones, paseos, comparsas y las congas de Santiago de Cuba. Pero al mismo tiempo me sentí triste y apenada al ver cómo se han ido perdiendo algunos valores propios de la cubania y de las buenas costumbres que tuvimos la gran mayoría de los cubanos.

Me motivo releerlo, tengo numerosas vivencias de los carnavales y las congas santiagueras, por ello puedo afirmar que lo que narras sobre ese evento cultural es verídico, además por tus relatos tal parece que: ¡Congueaste con los santiagueros!

Entonces voy a ampliar y compartir algunos aspectos que tratas de los carnavales santiagueros, porque como dices, nací y viví los años de mi juventud temprana en Santiago de Cuba, y junto a mis amiguitas y novio Rolando, disfruté mucho los carnavales. Participé de los ensayos de las comparsas y paseos-fantasías, además de que también me escapé del control familiar y me incorporé a alguna que otra conga, arrollando por las calles santiagueras.

Allí aprendí que, aunque hay congas por toda Cuba, la conga santiaguera es la verdadera conga que identifica al país, es una de las más genuinas y populares manifestaciones de la cultura cubana y caribeña. Cuando en Santiago de Cuba se menciona la palabra “conga” es como si se hubiera dicho: ¡A gozar!

Con añoranzas recuerdo que antes del triunfo revolucionario y en sus primeros años, desde el mes de mayo se realizaban los ensayos de las comparsas, paseos y congas. Estos ensayos que se efectuaban los fines de semana desde las 6:00 pm, eran el preludio de los carnavales, en los mismos me divertí mucho y aprendí a bailar la conga. Eran eventos populares, de entretenimiento cultural, pero sanos y decentes. Se realizaban en sitios públicos de determinados barrios, al aire libre, donde los jóvenes acudíamos para socializar y pasar buenos ratos. En términos generales esto transcurría dentro de la moral y ética de la época.

De igual forma vivencié, que las personas para participar en las congas y comparsas lo hacían a partir de su clase y grupo social. Me vienen a la mente algunos nombres de congas y comparsas más destacadas, que desfilaban en los carnavales, y que tuve durante muchos años la oportunidad de verlas actuar. Entre ellas: Comparsas de La Placita y La Kimona, que agrupaban a jóvenes de la pequeña burguesía, profesionales, empleados de la banca y del comercio. Por mi procedencia social fue en estas comparsas en las que participé pasando lindos y felices momentos.

Es de destacar que la clase obrera, grupos muy pobres y marginales de la ciudad, participaban en las congas barriales, entre las que se destaca la Conga de Los Hoyos que agrupaba a negros, personas pobres, descendientes de esclavos y de haitianos. Se le reconocía como El Cocoyé y así se cantaba su estribillo, fué la primera conga en introducir el uso de la corneta china y era la conga que cerraba el espectáculo anual del carnaval.

Además, eran muy concurridas las congas de San Agustín o Paso Franco, donde participaban los pobladores del histórico barrio de El Tívoli, de las zonas altas de Santiago, de los asentamientos grandes de inmigrantes haitianos, sectores con mayor movilidad social, negros y otras personas con mestizaje racial. Estas congas tenían sus Paseos de Fantasía, los que mostraban vestuarios elaborados, pintorescos y tenían creativas carrozas.

Por la época había otras congas, pero yo solo oí hablar de ellas, no tuve la oportunidad de verlas actuar, como, por ejemplo, El Guayabito, Los Colombianos, El Corojo, entre otras.

Quiero enfatizar que también tengo experiencias que les comparto, en relación con los estribillos que se cantaban en estas congas y comparsas. Tal y como dices, eran canticos que reflejaban el sentir popular, simpáticos, picarescos, de crónicas callejeras y de profunda herencia afrocubana. Algunos tenían una alta carga de propaganda y sátira política, incluso tenían la espontaneidad de criticar a los políticos de turno. También expresaban la sexualidad, el chisme callejero y la vida cotidiana usando incluso el doble sentido, y por demás hubo políticos que pagaron a las congas para promocionarse. Pero la letra de todos los estribillos, estaban dentro de la moral y buenas costumbres que prevalecía por la época.

No recuerdo haber oído en ninguna de estas congas y comparsas un estribillo indecente, falto de moral, violento, incitando al pase de cuentas entre personas, ni denigrando a personalidades políticas, incluyendo las que agrupaban a los sectores más pobres de la ciudad, como el caso de la Conga de Los Hoyos.

Dentro de este panorama carnavalesco santiaguero, no todo era maravilloso y lindo, es famoso que había rivalidad sobre todo musical y de espectáculo entre la Conga de Los Hoyos y la de San Agustín. A veces se oían estribillos agresivos pero festivos, que llegaban a la burla para retar a la conga contraria. Esto trajo en algunas oportunidades broncas callejeras, en el marco de sus marchas por determinadas zonas de la ciudad. Y ello requirió actuación policial para garantizar la tranquilidad ciudadana.

Recuerdo que, de todas las congas mencionadas, fue la Conga de Los Hoyos la que fue adquiriendo con el tiempo una mala reputación entre la población santiaguera. Esta mala fama se debió, a que en algunos de sus ensayos y paseos se produjeron enfrentamientos violentos entre pequeños grupos de participantes, que además de marginales exhibían alto grado de bebida alcohólica.

Una experiencia familiar que tengo es que los mayores de casa nos decían cuando oían el sonar de la corneta china de esta conga, anunciando que se acercaba a nuestro barrio: ¡Cierren las puertas y entren a casa, que ahí viene el Cocoyé¡

Cierto es que el triunfo de la Revolución Cubana transformó las dinámicas del carnaval, haciéndolas menos espontaneas, institucionalizando la fiesta y en ocasiones cambiando el foco de las letras, lo que también aconteció en los carnavales santiagueros. Pero esta transformación no llegó a afectar la esencia de los estribillos de las congas y comparsas, las que se mantuvieron durante años dentro de los parámetros de la tradición, moralidad y buenas costumbres cubanas.

En relación con el otro tema que tratas y reflexionas en el artículo, es lo sucedido hace semanas con una conga matancera que recorrió calles de un barrio residencial de esa ciudad, sin estar en carnavales y donde participaron jóvenes de ambos sexos y niños.

Expertos del tema han referido que, en ocasiones anteriores en los carnavales de varias ciudades, se han producido altercados y acciones violentas entre participantes, pero no se habían manifestado estribillos de congas tan indecentes, como lo ocurrido en el caso que nos ocupa.

No he podido conocer el motivo de esta conga, pero lo cierto es que, según las imágenes visuales publicadas, considero que no es expresión de diversión, ni fiesta. Coincidimos en la valoración sobre esta conga, como expresión de fuerte matices de marginalidad, de guapería callejera, uso de lenguaje muy vulgar que incita a la violencia física o letal y al uso de arma blanca, dígase pinchar a una persona y luego llevarle a prisión la jaba.!! ¡Me parecía mentira, estar oyendo por videos de las redes sociales semejante estribillo!

No considero que este evento sea una simple expresión del choteo cubano, ni de la costumbre popular de abordar situaciones trágicas, oscuras o ilegales a través del humor, la ironía y el ritmo. Ni de estrés, ni catarsis colectivas, a modo de válvula de escape psicológico de grupos sociales, ante la fuerte crisis de la economía cubana.

Considero que esta conga fue un indecente acontecimiento de la expresión cultural, que está prevaleciendo en determinados grupos cubanos. Refleja la pérdida de valores éticos que desde hace años se viene produciendo en la sociedad cubana, en unas provincias y comunidades más que en otras, expresa la compleja realidad económica, social, cultural, psicológica, folclórica y antropológica de la Cuba actual, en pleno proceso de transformación y transición económica-social.

No conozco aún, un comunicado oficial formal o declaración institucional del gobierno cubano, que explique las causas de esta polémica conga. Ha pasado lo que se dice por influencers, "un vacío comunicacional".

Sin embargo, los medios alternativos reportaron que el evento ha provocado reacciones diversas y contradictorias, además de que sobre el mismo se han pronunciado varios humoristas, influencers, creadores de contenidos y comunicadores.

Según mi parecer no es bueno del árbol caído hacer leña, coincido que a los cubanos nos gusta mucho la música y el baile, y lo practicamos también en las peores circunstancias. Pero la realidad es que esta conga, no tiene nada que ver con las raíces de la conga cubana que yo conocí y disfruté muchísimo en Santiago de Cuba. Aunque los años han pasado y las congas han evolucionado, además de que cada localidad y provincia pueden y deben tener    fiestas de carnaval propias de su identidad cultural, es imprescindible que sus actuaciones y los estribillos que se canten estén dentro de las normas morales, de urbanidad y de conductas, aceptados por toda sociedad que aspire a la mejor convivencia social.

No puedo imaginar que este tipo de estribillos continúen cantándose en las congas cubanas y sea un ejemplo negativo que pueda llegar a sustituir a los estribillos sanos y alegres de las congas que conocí y en las que participé. Por demás no deben ser las congas y comparsas, los espacios para que a través de sus estribillos los participantes expresen su sentir e inconformidad con los acontecimientos de su realidad económica-social.

Ello impone crear más y novedosos espacios públicos que estén legalizados, donde los ciudadanos puedan expresar sus criterios y opiniones relativos a su malestar ciudadano. Lo sucedido es una alerta, que impone a los gobiernos locales tomar medidas para garantizar que, en las fiestas carnavalescas prevalezcan manifestaciones de buenos valores, modales y costumbres ciudadanas cubanas".

domingo, 5 de julio de 2026

671.- Mejor sería: Grita por tu Libertad, que yo te Apoyo, pero ....

Procedo de una familia santiaguera. Tres de mis abuelos nacieron en aquel lugar y una de ellas, mi abuela materna, aunque nació en Cienfuegos, muy joven se mudó a Santiago de Cuba y allí vivió conscientemente como adulta muchos años de su vida, por lo que le toca y le otorgamos también la categoría de hija de la Ciudad Héroe.

Mis dos padres, nacieron, se desarrollaron y parieron en aquel lugar a su primer hijo, yo, por tanto, aunque hijo adoptivo de La Habana, a donde me llevaron al año y medio de vida, me corresponde también ser santiaguero.

Más allá del lugar de nacimiento, que puede ser circunstancial, hay personas que nacen en un barco, en un avión, en un viaje de turismo de sus padres o en el lugar de trabajo de sus progenitores, me crie dentro de una familia santiaguera en La Habana.

De más está decir a los cubanos, que los santiagueros siempre se han mostrado diferente sobre todo en esa competencia semi infantil con relación a los habaneros.

Primero Santiago de Cuba se cree merecedora de la categoría de capital de Cuba, en efecto, porque al principio de la etapa colonial, así lo fue. Luego Santiago de Cuba, junto a la zona Oriental toda, fue gran protagonista en todas nuestras luchas por la independencia y luego en la lucha revolucionaria de las décadas del 40 y 50 del siglo XX. No se puede ocultar lo que ocurrió en otras zonas del país, incluso los movimientos en la propia capital, pero en Oriente, por su cercanía a la zona montañosa más grande e importante de Cuba los eventos fueron mayores.

Santiago de Cuba puede ser la ciudad cubana que más aportó a las luchas revolucionarias y que más muertos puso. Recuerdo que una vez, con el objetivo de reconocimiento y creo que una maniobra para ser bien aceptado más allá de por ser negro, el Comandante Juan Almeida durante años destacado en la zona oriental, ordenó colocar tarjas conmemorativas en aquellas casas donde había existido un revolucionario muerto o desaparecido y la acción tuvo que ser detenida, la ciudad de Santiago de Cuba se llenó de tarjas; no existió una cuadra donde no aparecieron clavadas en las paredes, dos, tres, cuatro placas de bronce.

Todo eso, ha creado al santiaguero. Es cierto, los que no han sido pulidos por la cultura habanera, como yo, generalmente son prepotentes, bulleros, echa´os palante, medio frescos o sin muchos filtros o límites, creedores de poseer la única y absoluta verdad, más revolucionarios que la propia revolución, más fidelistas que el propio Fidel Castro.

Santiago de Cuba en esta última etapa, es la poseedora del Cuartel Moncada, de la Granjita Siboney, del 30 de Noviembre, de la gran figura de Frank País, entre otras muchas verdades, también del Caney, donde se dan o daban los mejores mangos de Cuba, el famoso café cubano de la Sierra Maestra, nuestro ron insignia, el Ron Bacardí, la mejor y clásica exposición de la Trova Cubana y por supuesto, los mejores carnavales de toda Cuba.

Los carnavales de Santiago de Cuba para Cuba vienen siendo, salvando las diferencias más que obvias, los carnavales de Río de Janeiro para Brasil, quizás no por lo espectacular del asunto, sino por el disfrute. Los santiagueros además de revolucionarios son carnavalescos, congueros, arrolladores, músicos, etc., desde siempre.

Creo yo, sin saber mucho exactamente del tema, que la conga santiaguera, es el resultado o herencia del llamado Cinturón Negro, o sea, la gran presencia de la población negra, primero esclava y luego libre, que rodeo a la ciudad a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Presencia negra también procedente de Haití y quizás un poco de Jamaica, en los cafetales, fusionada con la cultura negra cubana.

Los carnavales santiagueros siempre tuvieron sus diferencias, cada barrio tenía sus canciones, sus congas con sus estribillos que se repiten y repiten, cosa que logra el éxtasis y cada población arrollaba, o sea, bailaba diferente.

Cuentan los que vivieron esas etapas que había congas “decentes”, tranquilas, de cierto nivel a las que gustaban ir, las llamadas por aquellos años, personas de bien y había congas que venían de los barrios más pobres de la ciudad, puro pueblo, en las que podría correrse algún riesgo en participar. Así también se diferenciaba la sociedad, congas agradables, donde participaban los vecinos todos, sobre todo, los jóvenes de bien y congas de barrio, que eran las más sonadas, las más bailadas, quizás las mejores, donde salían los “desarrapados” de aquella época a desarraparse.

En esto de las congas y el arrollar detrás de ellas tengo historias, mi padre, por aquellos años no revolucionario aún, sólo un joven más que trataba de sobrevivir y sobre todo vivir vacilando la vida, al decir de sus amigos era famoso en aquello de los carnavales y las congas.

Era típico que las personas, mi padre incluido, salieran a arrollar vestidos de una “kimona”, a lo que luego llamamos bata de casa, con los pantalones remanga´os y “cutaras”, o sea, chancletas de madera, a veces con una sombrilla. Mi padre era muy santiaguero, creo que lo fue hasta que murió y en eso de los carnavales y las congas, más las muchachas, el ron y el cubilete, parece que se lo tomaba muy en serio.

Todo aquello creaba un efecto mágico de cíclicos espectáculos anuales. La conga santiaguera no levanta los pies, las personas arrollan muy pegadas unas detrás de las otras, por lo que el sonido de las chancletas con el asfalto crea un acompañamiento a la música de tambores, llantas metálicas y la típica corneta china.

Yo soy habanero por adopción, aunque visité muchas veces Santiago de Cuba recorriendo sus lugares históricos muchas veces en mi vida, creo que no podría vivir allí definitivamente, además desde muy joven soy fanático al rock, género lo más alejado posible de cualquier manifestación musical cubana y, sin embargo, no puedo dejar de moverme frente a una conga de esas de tambores y cornetas chinas, si la conga es santiaguera que posee una enorme capacidad de contagiar, la influencia que siento es mayor.

Los carnavales son típicos de toda Cuba, incluso en los momentos más difíciles de su historia, los de La Habana, capital al fin, los más vistosos. Cuando varias ciudades de Cuba estaban en candela por la represión, los presos y los muertos en medio del último periodo de Batista, La Habana, mostraba carnavales. Muchas veces mi abuelo, huyendo a la posible captura de batistianos, se refugiaba en la capital que estaba de fiesta. Entendible, La Habana era, como hoy continúa siendo, la cara a mostrar al mundo. No pasaba nada, se estaba en carnavales.

Los cubanos, fieles caribeños, somos dados a la música y al baile, no importa lo que esté pasando en otros ámbitos de nuestras vidas. Se puede ser pobre, incluso extremadamente pobre y el baile y la música, a veces hecha sólo con las manos nos ha acompañado siempre. Muchas de nuestras mejores manifestaciones musicales, el guaguancó, la rumba, la conga no tienen un origen rico, todo lo contrario. No importa que no se tenga agua para un buen baño, no importa que la ropa se sude, no importa si hay hambre o sed, en esos momentos lo importante es arrollar. Ya luego se verá.

Durante la colonia, momento difícil sobre todo para los esclavos, el Día de Reyes, además de tener una connotación religiosa católica oficial, las autoridades coloniales autorizaban a los esclavos a desfilar y bailar por las calles acompañados de sus ritmos, cantos y bailes. Era una suerte de concesión “benefactora” para aquellas personas, que ese día, al menos ese día eran libres, por lo que podían estar jodidos todo el año, podían incluso tratar de sublevarse y parar torturados o muertos y al mismo tiempo se desquitaban del “hombre blanco” un día al año con sus religiones, sus músicas y sus bailes. Una cosa, no quitaba la otra.

Los carnavales y sobre todo las congas, con estribillos salidos, no de estudios de grabaciones profesionales, ni de ilustrados y famoso músicos, sino de dichos y experiencias populares, forman parte de nosotros, incluso en todos estos años de depresión y represión, incluso en el peor momento de nuestra historia que puede ser el que se está viviendo hoy. La conga, el arrollar detrás de tambores, el baile, quizás nos haga olvidar momentáneamente.

Nada es entonces extraño. Los mismos cubanos que hoy por la noche tocan cazuelas en muestra de su inconformidad con el gobierno, los mismos que están pintando las paredes con Abajo el Comunismo, Abajo Raúl, Díaz Canel Singa´o, los mismos que están deseando que el gobierno desaparezca de una vez por todas, son los que alegremente, sudan en una conga que recorre las calles de cualquier ciudad cubana. Si se espera que los cubanos estén todos trancados en sus casas, discutiendo sólo sobre ideas políticas, amargados, serios, deprimidos, no los conocen. Somos una isla en medio del Mar Caribe, no somos continentales, por tanto, nos patrocina el vivir el momento.

No conocemos de cantos gregorianos, no sabemos mucho de los villancicos católicos, pero en Cuba, como dice el viejo refrán, “el que no tiene de congo, tiene de carabalí”, haciendo referencia a dos de los orígenes más famosos de los negros esclavos, aunque no tengamos agua, electricidad, comida, ni libertad, se seguirá cantando en los solares, se seguirá arrollando en las calles.

Lo llamativo de todo esto, no son los carnavales, el alcohol, las congas espontáneas, que no son organizadas por el partido comunista obviamente, alguna que otra bronca que siempre ha existido en esos ambientes, lo llamativo está en muchos estribillos.

Recientemente la ciudad de Matanzas ha estrenado una nueva conga que dice: “Pincha, que yo te cargo la jaba”, disfrutada paradójicamente, no por aquellos viejos conocedores de la tradición, sino por una inmensidad de jóvenes, donde según mi observación, sigue primando el color negro de la piel, o sea, congos y carabalíes todos juntos quienes desenfadadamente bailaban, cantaban, sonreían y disfrutaban.

Ese puede ser la mayor muestra del fracaso de la revolución cubana, porque debería ser una juventud diferente, sobre todo para la que se dice se hizo y se hace esa revolución

Y es ahí donde parece estamos jodidos. Pincha hace alusión al uso de armas blancas para herir o matar, otorgando cierta aceptación al proceso de violencia que hoy más que nunca existe. Picha significa que se está aprobando el robo y el asesinato. Yo te cargo la jaba está haciendo referencia a lo que los familiares y amigos hace para con sus presos, o sea, es la acción que garantiza que el que está sancionado en una cárcel pueda recibir sobre todo comida, para mejorar su situación al menos alimentaria.

Pincha que yo te cargo la jaba quiere decir hiere, mata, roba, asalta, que no pasa nada, yo te entiendo, yo te apoyo y te mantengo, sobre todo yo te justifico. Esa es la mayor muestra del desenfoque social, es la aceptación y el reconocimiento de una realidad triste, que va más allá de un tema económico y que durará mucho más tiempo en resolverse que la simple producción de alimentos.

En realidad, como consecuencia de la actualidad que se vive, hubiera sido mejor que la conga dijera: Grita por tu libertad, lucha por tu independencia, que yo te apoyaré, pero no sería entonces una conga popular de hoy, sino el resultado más que elaborado de un cerebro disidente profesional, un partido o grupo clandestino en Cuba u otra cosa parecida. No es así.

No seamos tan patéticos a la hora de evaluar. Las congas seguirán existiendo, las personas seguirán bailando y arrollando detrás de tambores, porque es parte del cubano y del cubaneo. No seamos tan rígidos y exigentes, lo malo no es sonreír, cantar y bailar, lo malo está en el visible deterioro social donde una de sus manifestaciones son algunas de las ideas que se exponen, pero ese equivocado, desorientado, culturalmente destruido, es también pueblo cubano.

No aseguro que todos los cubanos estemos en lo mismo, no pensamos y nos manifestamos de la misma forma, pero esa realidad de pincha que yo te cargo la jaba, no se puede desconocer. Esa es también una parte, triste, fea, de lo que está quedando en Cuba, quizás de esa parte, joven por excelencia, que quiere los dólares sin trabajar y estudiar, que sueña con el “American Way of Life”, sin conocer exactamente dónde queda la parte de Norteamérica a la que llamamos “La Yuma”.

Los pueblos no son partidos políticos, menos de conjunto un grupo homogéneo extremadamente ideogilizado. Los pueblos, muchas veces antes de obtener una victoria, gritan, lloran, dicen malas palabras, cometen errores, se fajan entre ellos y además, sonríen, cantan y en el caso cubano arrollan en una conga.


viernes, 3 de julio de 2026

670.- No hay que salvar a la revolución, porque ella no existe, hay que salvar a los cubanos de esa revolución.

¿Por qué un gobierno tendría que repetir constantemente que es fuerte y tiene que llamar todos los días a defender la revolución que dice lo patrocina? Porque sencillamente es todo lo contrario, el gobierno se sabe débil, tiene miedo y sabe que, de corazón, en esa revolución, ya no creen muchas personas.

Cuando un gobierno es en realidad fuerte y está realmente apoyado por gran parte de su pueblo, no tiene que pregonarlo todos los días, por el contrario, se dedica a trabajar para seguir satisfaciendo las expectativas, demostrando cómo las medidas que toma benefician a la mayoría.

Los gobiernos llegan, enuncian un plan a cumplir, obviamente por etapas y evalúan su cumplimiento, esa evaluación corresponde precisamente a los receptores del plan, de ahí que no siempre los resultados coincidan, puede el gobierno verlo todo bien y los receptores no ver nada claro en su gestión. Ningún plan es rígido, sólo existe ese camino rígido en algunos libros, sin embargo, las desviaciones deberán ser mínimas y mantener el objetivo central.

Cuando el plan se cambia todos los días y los caminos se alejan del objetivo deseado, sobre todo a corto plazo, pues los humanos no somos elefantes o tortugas, se convierte en una suerte de casualidades y ayuda de Dios, entonces el gobierno ha fallado, el gobierno no funciona, el gobierno, por tanto, tiene que desaparecer una vez que ha probado y probado todos los métodos y el resultado no sólo es malo, sino peor. La promesa del paraíso y la vida plena dentro de él se aleja del más simple análisis científico. Los humanos no tenemos tiempo de sobra, tenemos que comer todos los días, bañarnos, vestirnos, pagar los servicios que consumimos y por qué no disfrutar. El tiempo se acaba con una vida.

Si hay algo que a los hijos cae mal es que los padres para evaluar, corregir, exigir, recuerden constantemente que son los padres, o sea, me tienes que respetar o hacer lo que digo porque soy tu padre, frase que en algún momento todos los hijos hemos escuchado y todos los padres hemos enunciado. El efecto que esto logra es el contrario al que los padres desconocedores pretenden lograr. Los hijos no respetamos por miedo, sólo se logra por esos métodos que callemos nuestras verdaderas ideas, que cumplamos obligados en espera de poder salirnos, que aprendamos a mentir. Los hijos no quieren o respetan por obligación, es la admiración, la identificación, el compartir objetivos comunes, lo que logra el eterno amor, que bajo ningún concepto es obligatorio, la consanguineidad no obliga a querer. Por tanto, si los padres se equivocan, por desconocimiento o conciencia, los gobierno también y todos llevan su merecido. No es lo mismo te soporto porque no me queda más remedio, a te quiero.

El hecho de haber nacido en Cuba no significa exactamente que se tenga que querer ese lugar y menos estar de acuerdo o amar al gobierno que está de turno y para nada tiene que ver con una opción patriótica, de independencia, menos de soberanía. Todas estas ideas son formulaciones sentimentalistas que tratan de identificar y sobre todo retener a conveniencia. No se termina amando por haber nacido en determinado hospital de una determinada localidad, se ama por sentirse parte, por sentirse escuchado y tenido en cuenta, se ama por formar parte, por poder participar desde una determinada posición, idea, conducta, etc.

Los cubanos hemos sido históricamente, al menos en esta última etapa de nuestras vidas, muy dados a evaluar gobiernos extranjeros y no por pura casualidad tratar de influir para cambiarlos, sólo recordar la misión fracasada por adelantado del Che Guevara en Bolivia allá por la lejana década del 60 del siglo pasado, sin embargo, esa misma fuerza y “convicción” nos falta para evaluar al nuestro.

Hemos apoyado cualquier manifestación, hasta la más mínima, que haya tratado de criticar un gobierno local, da igual en Argelia, España, Perú o Filipinas, sin embargo, para evaluar al nuestro siempre aparecen justificaciones que van más allá de la realidad y pueden estar referidas y traer cualquier evento, a veces mientras más lejano mejor, da igual una sublevación de esclavos en un batey en el siglo XVII definida por la propaganda como una manifestación de independencia nacional o una marcha sindical por el aumento salarial en la década del 30 del siglo XX como una manifestación antirrepublicana.

Mientras tanto el gobierno cubano ha ganado tiempo, cosa en la que vienen desde hace décadas, hablando de defensa de la revolución, de patria, de soberanía, más el invento de soberanía alimentaria, más otro invento de soberanía eléctrica, cosas que nadie sabe lo que en realidad significan, tal como si la patria, la independencia, la soberanía fueran definiciones nuevas y sobre todo exclusivas de eso que aún se llama revolución socialista, que de lo primero, esa revolución eterna, no queda nada y de lo segundo, el socialismo, en el caso cubano caribeño, aún está por probar, a no ser que se esté llamando a un proceso que depende hoy más que nunca de mecanismo capitalistas y de los dólares del “enemigo eterno” para mantenerse en el poder los que lo tienen.

He escuchado una idea en voz de Eloy Viera, uno de los integrantes de El Toque, que me ha llamado la atención. Dijo Eloy, más o menos, no hay que salvar a la revolución, porque ella no existe, hay que salvar a los cubanos de esa revolución y eso me ha parecido genial.

La revolución ha sido nuestro gran fracaso en todos los aspectos de la vida cubana porque ella se dedicó, cumpliendo con antojos personales e intereses de reducidos grupos a destruir el funcionamiento lógico de una sociedad humana. Cuba, país medianamente fértil, donde las plantas salen y viven sobre el concreto o la piedra, hoy no tiene comida. La tierra fértil sigue allí, la mejor muestra es que está ocupada en más del 65% por el marabú que por desgracia no se come.

El gobierno cubano alardea y trata de mostrarse fuerte, sacando incluso a Raúl Castro a sus 95 años como un trofeo, porque en realidad tiene un enorme miedo y esa sensación no es por un posible ataque desde el exterior, ellos tienen un porciento muy alto garantizado que no existirá ese ataque masivo desde los Estados Unidos, ellos tienen miedo al pueblo de Cuba y están tratando de atajarlo para que no exista un desborde.

Trump y su gobierno no van a atacar militarmente a Cuba. No tienen cómo justificarlo al mundo, porque la idea de que el gobierno cubano no le cuadra, no es suficiente para enviar tropas y eso lo sabe el gobierno de la isla, el cual, no obstante, se ha victimizado en todos los escenarios posibles, argumentando ahora que Cuba es una pequeña isla, pacífica, solidaria, interesada más que nunca en mantener relaciones con los Estados Unidos. Relaciones de igualdad, para la cual han vendido a Cuba como lugar de paz, interesado en desarrollarse y entregarle ahora, a los 67 años, una enorme calidad de vida al pueblo, para lo cual ellos aseguran que están dispuestos a cualquier cosa, menos a cambiar la forma política del gobierno, o sea, cualquier cosa se puede cambiar, menos la verdadera causa del fracaso que tiene que ser cambiada.

El gobierno cubano se ha victimizado para tratar de llamar la atención y dar lástima, pero en realidad está fuerte frente a Estados Unidos, le han cogido la vuelta a Trump y sus diversas variantes u opiniones sobre el tema Cuba. Si el gobierno norteamericano estuviera verdaderamente interesado y decidido a accionar, ya lo hubiera hecho, porque le sobran fuerzas para ocuparse de Irán, de Venezuela, de las Islas Galápagos si ese fuera el asunto y de Cuba a la misma vez. Trump está jugando con su rating y está entreteniendo a no pocos.

Sin embargo, el gobierno cubano no tiene miedo, sino está aterrado de su propio pueblo, quizás como nunca en la historia de la revolución. El gobierno cubano sabe que ya no puede armar a Fidel Castro, porque dicen fue incinerado, figura que por voluntad o a la fuerza el pueblo cubano consintió. Ya no pueden sacar mucho a Raúl Castro, porque además de sus 95 años, jamás tuvo vínculos afectivos con el pueblo y Díaz Canel es la figura más desprestigiada de toda nuestra historia, más desprestigiado que el último aborigen que se emborrachaba y pegaba a su esposa también aborigen que vivió antes de la llegada de los españoles en 1492.

El gobierno cubano sabe que los que apoyaban fervientemente, hoy están viejos, enfermos, deteriorados o decepcionados y los que mejorcito están, viven hoy junto a sus hijos fuera de Cuba. Los jóvenes preparados, profesionales, se han ido marchando y lo que está quedando en Cuba de forma masiva es una parte de ese pueblo que como dice el viejo refrán popular, le da lo mismo que crezcan los niños o los accidentes. Parte de esa parte está esperando que se le resuelva el problema y está demostrado que es capaz de acomodarse el socialismo, al esclavismo, al feudalismo, e incluso a la comunidad primitiva de igual forma.

Una parte del pueblo cubano, mención de honor para las madres y abuelas, está protestando, pero de ahí no se ha pasado. Protestas aisladas por cansancio, que aún el gobierno puede controlar y entonces es ahí donde aparece el terror y para evitarlo el control y la represión.

Ellos saben, porque son muy capacitados en estos temas, que al pueblo entero en la calle no hay quién lo reprima. No se puede meter preso a 1, 2, 3 millones de personas y contra eso están jugando al policía bueno y al policía malo.

Por un lado, se sigue hablando de que el pueblo apoya a la revolución, por ciento que cada día es menos y por otro se está desapareciendo a cualquiera, incluyendo jóvenes de ambos sexos e incluso menores de edad, para evitar que el río que ya trae piedras se desborde.

Están aterrorizados quizás como nunca, porque están viendo la candela llegar. Un cubano no significa mucho, 100 cubanos no hacen un bosque, pero 100, 200, 400 000, sí.

Ha desaparecido del dialogo popular aquello de Patria o Muerte, porque sencillamente nadie en su sano juicio en realidad, menos los jóvenes, quiere morir. Patria o Muerte ha quedado para los discursos que cada día menos personas siguen y el gobierno, por mucho que diga lo contrario, lo sabe.

Y ahí está la fuerza. No se puede esperar por Trump, porque él, por mucho que aparenta, no tiene el problema arriba. No se puede esperar por Trump porque sencillamente a él no le corresponde iniciar el proceso de cambiar las cosas en Cuba.

A Cuba tiene que defenderla de esa revolución y liberarla, el pueblo cubano que allí está.