No entiendo nada de lo que pasa en Cuba, país
totalmente empobrecido. Empobrecido a nivel de personas comiendo de la basura,
que puede ser la mayor representación del hambre, pero además de la denigración
humana. Imágenes que durante décadas el comunismo exhibió para criticar
severamente al sistema capitalista, por supuesto sobre todo a Estados Unidos,
foco central explícito de Fidel Castro y por tanto de todos los que lo
siguieron. En realidad, siento orgullo en decir que desde que dejé de ser niño
nunca entendí nada.
Sin embargo, ahora que envejezco, logro entender algo,
no lo apoyo, pero lo entiendo.
Entiendo a los descendientes de los Castros, con su
viejo faraón aun vivo, Raúl. Familia formadora y propietaria de una dinastía con
muchos beneficios. Tener el apellido Castro, no importa si en primer, segundo,
cuarto o séptimo lugar siempre ha sido en Cuba un rasgo de distinción y no es
de desconocer porque el gobierno llamado aun revolucionario se creó un teatro para fabricar diariamente un guion para una puesta en escena. Entonces como dueños
del espacio, del guion, de las lunetas, las luces, las cortinas, el audio y
sobre todo de los actores, es fácil de entender lo que defienden.
Entiendo a los Díaz Canel, o sea, a todo ese combo que
hoy significan el gobierno y el poder. Ellos, creadores de nada, sólo
autoproclamados continuidad, ya no sanguínea, sino de ideología, hoy defienden
sus casas que no construyeron, ni tan siquiera pagaron por comprarlas, hoy
defienden sus viajes, esos que permiten acceder y vivir como capitalistas
dentro de una pesera llamada Cuba socialista, ellos defienden sus privilegios,
pocos o muchos, que les permiten vivir por encima y fuera de lo que vive el
pueblo.
Entiendo a aquellas personas honestas, sentimentales
que dieron y dedicaron sus vidas, 40, 50 años o más, por construir el paraíso
que les pintaron en el aire sobre el humo, a aquellos que se dedicaron a seguir
sin comprobar, a aquellos que se dedicaron a trabajar ciegamente sin
cuestionar. A esos que hoy tienen que reconocer el fracaso enorme, pero que ya
no puede hacer nada, porque su tiempo físico e incluso su tiempo intelectual ya
pasó. Esos que se tienen que dar cuenta del hueco que fabricaron, tal como aquellos
que en el pasado abrieron un pozo de brocal sin encontrar el agua, pero les
cuesta trabajo decir, si lo fabricamos y prefieren callar, buscar
justificaciones externas, victimizarse, sobre todo para no pedir disculpas.
Los entiendo, entiendo, sólo los entiendo, sin estar
de acuerdo, a los que defienden sus privilegios y hay que darle candela para
que los suelten y a aquellos que sin privilegios defienden a los que los
tienen, siempre existen esos llamados tontos útiles que, a veces partiendo de
ingenuidades, de sentimientos, e incluso de bajas pasiones, apoyan.
Generalmente esos que tienen los privilegios, actúan siempre
a la sombra, están vestidos de ropas muy limpias y no salen a la calle a
arrastrar, coger por el cuello, reprimir. No son los que dan golpes en los
calabozos, no son los que ofenden y maltratan a familiares, no son los que como
se dice tradicionalmente tienen las manos embarradas de sangre, porque
sencillamente usan guantes, los guantes en estos casos son los otros.
Revisemos a vuelo de pájaro a los más famosos
represores y asesinos. Hitler no se fue a los campos de concentración y metió
él mismo a los judíos en las cámaras de gas. Stalin, no mató a ningún campesino
con sus propias manos. Mao no eliminó a millones de pobladores con sus palitos
chinos. Hussein no acabó con media población iraquí con su daga engarzada en
otro y brillantes, Kadafi no eliminó montado en su camello a los libios. Bin
Laden no viajó en los aviones que se estrellaron contra las Torres Gemelas en
New York. Los ayatolás iraníes no salieron a asesinar a los de su país. Chávez,
Maduro, la fea Delcy no torturaron personalmente a los venezolanos. Fidel Castro
no estuvo en ningún pelotón de fusilamiento, ni tan siquiera en el de sus
amigos Ochoa y Tony, al menos visiblemente, ni sobre las lanchas
guardafronteras que hundieron al remolcador “13 de Marzo”, ni en los sucesos
del río Caminar, menos viajaba en los aviones de combate que derribaron a las
avionetas de "Hermanos al Rescate". Para esos menesteres vulgares siempre existen tontos
útiles.
Ahora a los que no entiendo, no apoyo, no justifico y
más me enervan y reconozco, a pesar de mi madurez, que siento deseos y podría
meter la mano por la computadora y los cogería por el cuello, son todos aquellos
que están en las calles creando el terror a una población civil, desarmada,
pero además empobrecida a niveles muy altos, que no pueden casi pensar porque tienen
que dedicar sus vidas diariamente a ver cómo resuelven algo para comer, algo
para beber, algo para vestir, están metidos en resolver cómo dormir cada noche.
Esos aparentes tontos útiles son unos esbirros, que son
comprados, primero, con una dosis muy alta de propaganda gubernamental,
segundo, porque sabemos, con salarios, jabas de comida, alguna que otra bebida,
quizás vacaciones escondidas, etc.
Esos, ya no tontos útiles, porque no se puede ser
tonto útil ahora en Cuba, son unos enajenados, que disfrutan con establecer el
poder contra los más débiles. Se vengan con mujeres, jóvenes e incluso hombres indefensos.
Esos esbirros del gobierno no son inocentes, sabes lo que están haciendo y por
eso, además de sus jefes, tendrán que pagar.
No valdrán justificaciones de que, no sabía, cumplía
ordenes, me pareció adecuado aplicar la disciplina, actuaba siguiendo los parámetros
de la academia, etc. No tendrán lugar dónde meterse, porque en algún momento
deberá existir la justicia y esos que hoy reprimen, pero además que disfrutan
reprimiendo, porque muchos lo disfrutan basándose en el poder que les han
entregado, tendrán que ser localizados, cazados si es necesario como ellos están
cazando a los cubanos y si dependiera de mí, aconsejaría que como dicen los
creyentes, que Dios los coja confesados.
Puede resultar increíble para los desconocedores, pero
el gobierno cubano, amenazado y digamos fajado con el gobierno norteamericano,
quizás convencido de que nada grave pasará, se vira para el pueblo. Cada día
son más los casos de represión, encarcelamiento, prohibición de movimiento sin
explicación alguna, enjuiciamiento bajo causas ridículas, injustificadas y
largas sanciones a todos aquellos que muestran su inconformidad de forma pacífica.
La guerra del gobierno cubano no es contra el enemigo jurado,
Estados Unidos, la verdadera guerra es contra los cubanos de a pie, claro que
no llevan el apellido Castro, los que son sentimentales o los tontos útiles.
La guerra del gobierno tiene dos direcciones, primero,
contra aquellos que se destacan, que se les conoce sus nombres, que actúan con
sus opiniones y en segundo lugar contra cualquier otro cubano de forma, como a ellos
les gusta decir, profiláctica, basada en el refrán de que cuando veas las
bardas o barbas de tu vecino arder, pon las tuyas en remojo.
Desde siempre, desde que triunfó la revolución esa ha
sido la máxima, no hace falta reprimir o encarcelar a toda la población, cosa
que además resulta imposible, sólo hay que encarcelar y reprimir a una persona
y con eso lograrás que 5, 10, 20 personas más se auto repriman. En el caso cubano
los primeros represores o al menos contenedores, cosa entendible, son los padres, los abuelos, porque conocedores
de lo que pasa, tratan por todos los medios de detener a sus hijos, tratan de
evitar momentos peores. Saben que hace falta un cambio, pero en lo que eso
llega, sus hijos, sus esposos, sus nietos, sus padres, estarán sufriendo,
sufrimiento que se prolonga inevitablemente a familias y amigos.
Nadie quiere recibir golpes, nadie quiere pasar muchos
días en un calabozo, menos las personas aspiran a someterse a largos períodos
de instrucción a sabiendas que ningún abogado podrá resolver nada, en un país
donde los abogados defensores nacionales, por ley únicos autorizados de poder actuar
en un juicio, pertenecen a una organización del gobierno, son también
militantes de la juventud comunista, del partido comunista y sabemos los
cubanos que incluso por teléfono reciben instrucciones para la solución de sus
actos de defensa.
Recientemente acabamos de presenciar el juicio de una
joven cubana acusada de una enorme ridiculez, como caso fabricado y esa
muchacha sólo consiguió a un abogado de defensa después de aceptar la negativa
de ocho posibles defensores consultados, o sea, sólo un abogado, el noveno contactado, fue capaz de arriesgarse a defenderla frente a un tribunal. Claro, ella no es
una matadora de vacas, no es una prostituta detenida con drogas, no es tan
siquiera alguien que se ha robado algo en su trabajo, es una joven que tiene,
lo digo en presente, el valor de millones de cubanos y que ha hecho públicas
sus opiniones, a pesar de ser extremadamente joven.
Ocho abogados del sistema jurídico cubano no aceptaron
defenderla porque sencillamente, como la película, prefieren no quemarse.
Prefieren no marcarse, prefieren seguir ganando su dinero como profesionales
sin chocar o cuestionar al gobierno, por más que su causa puede ser justa. Esa
es precisamente la muestra más clara de que el sistema judicial cubano, no
funciona o mejor, funciona en una sola dirección, la del poder.
El gobierno de Cuba no lleva más conversaciones, hasta
cuándo. El gobierno de Cuba no lleva más negociaciones, negociaciones sobre qué.
Ellos están decididos a permanecer a cualquier costo y los tontos útiles, más
los esbirros oficiales apoyan ese criterio.
Ese gobierno, si queremos que desaparezca, hay que sacarlo. A una fuerza, otra fuerza mayor.

