Europa se está quemando, por el momento lo que conocemos como Europa Occidental, sobre todo España, Francia, Italia y eso me hace pensar en varias direcciones.
Sigo estando de acuerdo con la posibilidad de
expresión, vengo de un país donde esa posibilidad no existía a no ser que te
manifestaras para apoyar hasta la última estupidez o injusticia del gobierno.
No fui testigo, sino víctima de lo que significa no tener
derechos, entonces por simple coherencia, apoyo cualquier manifestación que
trate de denunciar lo mal hecho a nivel de gobierno o país.
He escuchado, porque no vivo allí, que existen descontentos, por ejemplo, con la educación y la falta de maestros de buena calidad, entonces me parece bien que los estudiantes escriban cartas, se reúnan, hagan manifestaciones organizadas y obviamente legalizadas para reclamar lo que consideran un derecho del ser humano, la educación. Me parece bien, que alguien se pare en una esquina con un cartel que tenga como texto cualquier idea, incluso la de someter a la justicia, pero no la de matar, torturar, sacar ojos, etc.
Puede haber, de hecho, seguro existen, algunos otros descontentos: el costo de la vida, altos precios del combustible, de los alimentos, las casas, etc., alguna que otra traba en los sistemas de salud, quizás, en dependencia de cada lugar, lo cara que se ha puesto la cerveza, el vino, los quesos, etc., y por tanto si el queso y el vino están caros, si están caros los chorizos, si los espaguetis están imposibles de comprar, más allá de la atención médica, de la tranquilidad ciudadana, etc., esto de forma general tiene que ser cuestionado y arreglado en la medida de las posibilidades.
Entonces como estamos en el siglo XXI, las marchas
organizadas con objetivos claros me parecen bien. Que un grupo de personas afectadas
y los que siempre se suman como apoyo, quizás cansados de hablar o de esperar,
decidan presionar a determinada institución de un gobierno para defender sus
derechos, es aceptable, pero, además, no sería nada nuevo.
Ahora, que el mínimo descontento sirva de justificación
para desbaratar, destruir, vandalizar, crear caos, atacar a la población civil,
creo que no puede ser admisible.
Estas manifestaciones, que repito, pueden tener una
base real de un determinado grupo social, pero se convierten en violentas, agresivas, que tienen el
objetivo de descojonarlo todo, tienen para mí, dos explicaciones. Una, están
dirigidas por grupos extremistas que nada tienen que ver con una reclamación
social justa. Dos, son elementos pagados, con dinero o sencillamente con ideas
que, a veces, son más efectivas que el mismo dinero.
Creo que Europa Occidental ha sido culpable, sobre
todo por su permisivismo, por la dulzura, por la conspiración organizada desde
los gobiernos e instituciones, por haber desconocido las consecuencias que una
inmigración masiva, sin control, cosa que fue muchas veces advertida, por haberse
querido considerar que Europa era distinta, que era más civilizada, que los
métodos eran más efectivos en la misma medida que eran más permisivos. Algo así
como lo que pasa en México con su estrategia de abrazos, no balazos, que ha
terminado por consolidar a los gánsteres, a los narcotraficantes, a los
delincuentes y asesinos, a tal punto que el gobierno central no los puede
controlar.
Europa, en sentido general, muchos europeos, se han querido
considerar diferentes y quizás pensaron, otras veces alardearon, que lo que
pasaba en otros lugares del mundo, jamás pasaría en el llamado Viejo Continente.
Europa, quizás muchos europeos, apelaron a la cultura que todos presumen tener,
cosa que no es cierta del todo, y a la belleza antigua de sus lugares para
considerar que serían respetado.
Europa, quizás muchos europeos, de nacimiento, de naturalización,
de llegada, han sido efusivamente críticos con los Estados Unidos y sus problemas
de la inmigración mantenida por décadas y de muchos de los métodos aplicados para
tratar de resolver el problema. Han sido, muy rudos a la hora de criticar las acciones
policiales, las detenciones, la movilización incluso del ejército para resolver
determinado hecho puntual y ahora, se las deben estar viendo negras,
descubriendo que sus negocios, sus restaurantes, sus tiendas, sus plazas y parques,
muchos simbólicos no sólo de Europa sino de la cultura universal, sus
instituciones de gobierno, etc., son atacados y destruidos.
Una cosa es protestar por no tener comida y estar
pasando hambre y otra cosa es entrar a una tienda y robar joyas, efectos
electrodomésticos, ropas, etc., porque nada de eso se come o solamente destruir
por el placer de destruir, por formar caos, quizás por divertirse y mañana recordar
entre amigos, con un supuesto gran mérito, lo que se hizo.
Por sólo citar un ejemplo: ¿Cómo se logra tratar de
destruir la Torre Eiffel u otro cualquier monumento en Francia? Odio gestado, o
sea, la unión de un óvulo y un espermatozoide odiadores, mantenido durante
meses o años en un ambiente propicio, desarrollado hasta la saciedad, desde
grupos extremistas que, viviendo en Francia, aprovechándose de sus grandes beneficios, la odian como país, como cultura, porque para
nada eso tiene que ver con mejorías en la educación.
Europa, como muchos otros lugares del mundo, ha caído bajo
los efectos de una inmigración sin control, por momentos y lugares, masiva, donde
en vez de exigir adaptación y respeto, se ha permitido que esas grandes oleadas
trasladen a Europa, no sólo sus costumbres, sus comidas, sus fiestas e incluso
sus religiones, sino sus deformaciones, lo que ha concluido con dejar entrar y
permitir alimentar al enemigo. El viejo refrán asegura: “Cría cuervos y te
sacaran los ojos”
Fui inmigrante en República Dominicana y luego en Estados
Unidos, por tanto, sé del tema. Una cosa es llegar y hacer todo el esfuerzo
posible por adaptarse y respetar, tratar de construirse una vida dentro de las
leyes y otra es llegar a un país y exigir que ese país cambie para beneficio
exclusivamente propio. Una cosa es ser inmigrante respetuoso y orgulloso, pero además
agradecido y otra es por odio tratar de destruir todo lo que se toque, posea,
se obtenga y exigir sin dar mucho o casi nada, por el simple hecho de haber
nacido en otro lugar, ser pobre, ser negro, azul o amarillo, creer en un dios
particular, en una piedra o en una rana, que todo se adapte a las necesidades
que se traen.
Una cosa es ser religioso de otra religión, incluso
desear un espacio para el culto y otra es aprovechar esos espacios para bajo un
dios, conspirar y atentar contra el país que dio albergue.
Entonces me gustaría ahora saber qué piensan esos
sentimentales que durante años se dedicaron a criticar a Estados Unidos, cuando
están viendo sus negocios destruidos y vandalizados. Qué pensarán esos
sentimentales defensores de hasta las causas más perdidas cuando ven sus calles
incendiadas, donde ellos, personas de bien, no pueden caminar. Qué pensaran
esos sentimentales cuando, muchas veces, por sólo ser blancos de ojos claros,
se convierten en blanco de las bandas desbordadas y comienzan a vivir con
miedo, ya no a defender una idea, cosa que en tiempo de paz es entendible, sino
a defender a sus familias y propiedades.
¿Ahora sí, porque les conviene para sus defensas, son aceptadas
las tropas de policías, los chorros de agua, los sprays de gas pimienta?, ¿Ahora
sí, porque les conviene, entienden lo que significa defender la tranquilidad de
un país, de una provincia, de una ciudad?
Existe una gran diferencia frente a la represión
masiva. Una cosa fue lo que ocurrió en 1989 en la Paza de Tiananmen, China,
donde el gobierno comunista decidió pasarle por encima a los jóvenes
estudiantes y obreros que se manifestaban pacíficamente y que podían tener como
armas quizás unas guitarras y unas linternas y otra es tratar de contener a una
turba salvaje que puede tener dentro de ellas a algunas personas buenas, pero
que su conducta explícita es destruir y crear el caos total. Si las personas
buenas se suman al caos, entonces, a lo mejor lamentablemente, deberán pagar
juntas por pecadoras.
Francia, España, Italia y cualquier otro lugar donde existan
ese tipo de manifestaciones, tienen que defenderse y empezar por considerar a
esos manifestantes como enemigos. Si eres francés, español o italiano te toca
la cárcel, muchos años, si eres de los llegados, la solución es regresarte a tu
país inmediatamente y entonces, “a llorar a maternidad”.
Lamento lo que pasa en esos lugares, me entristece ver
la destrucción de símbolos del arte, la historia y la cultura, las calles, los negocios, pero más me entristece
ver a ciudadanos buenos, trabajadores, con problemas y ganas de resolverlos por
las buenas, pero sobre todo a sus posibles hijos, niños y niñas, que no puedan vivir
en paz, que no puedan salir a la calle o que sencillamente tengan que ocultar
su procedencia o desacuerdo habiendo nacido en sus países.






