miércoles, 12 de agosto de 2026

681.- True Confessions by Alicia Grillo. (Confesiones Verdaderas por Alicia Grillo)

Bueno, continuo en el tema de las ideas, es una lástima que no me paguen por esto, porque tendría mi vida muy bien garantizada, quizás podría comprarme el avión de mis sueños y podría viajar, viajar y viajar.

Sobre mi último escrito, que en realidad sólo lo que hice fue dar a conocer más, imagino, un artículo del Dr. Israel M. Fugundo, persona autorizada por su profesión, pero, sobre todo, por estar viviendo en Cuba, escenario de lo que se narra, he recibido muchos comentarios, todos, y es válido decir que apoyando, suscribiendo, y para nada criticando negativamente lo que se expresa. Lo que me hace concluir sobre la certeza, o al menos la apreciación acertada y cercana a lo que se cuenta no está exagerado, como una simple acción para ganar ratings, cosa que está hoy muy de moda con la simple acción de seguir haciendo leña del árbol caído, porque caído ya está.

Para esta ocasión mi madre me deja sus ideas, que para nada son nuevas para los cubanos, sin embargo, para mí como hijo que conoce exactamente su historia, me sirve de consuelo y como se trata de mi madre, tengo autoridad sin pedírsela para hacerlo público.

Ella, que formó parte de aquel ejército que voluntariamente creyó y más, se incorporó a cambio de nada o muy poco, a trabajar por aquel gobierno que mantuvo el apodo de revolución, ya no puede cerrar más los ojos, mirar hacia el otro lado y seguir por inercia.

Ella llega a coincidir conmigo, quizás como nunca antes, lo que para mí en el plano muy personal significa un triunfo, lo que dice para nuestra relación madre-hijo que, tal como decía mi abuela Tomasa, apelando a un viejo refrán: “mientras el hacha va y viene, hay lugar para la esperanza”.

Ella comienza su escrito diciéndome: “Coincido con tu criterio del tema del cual reflexionas en este artículo”, coincidencia confesada, es cierto que he tenido que esperar a mis 63 años, pero al final coincidencia sincera que sólo los enfermos del cerebro serían incapaces de no ver.

Claro, todavía me queda trabajo, esa es una de mis propuestas de vida, entender que mi madre tiene 82 años y trabajó en Cuba hasta una semana antes de mudarse de país hace tres años ya. Nadie podrá pensar que abuso, menos podrán acusarme de maltrato doméstico, ella aún tiene su cerebro extremadamente claro, por lo que me tomo lo de su avance como algo consciente y por qué no, hasta que me pueda comprar el avión, un logro personal.

Ella aun siente alguna confianza, no se puede pedir más, quizás como única solución que ve, quizás como un destello de esperanza, antes de pedir la decapitación de todos los del gobierno, cosa para la cual hay que haber experimentado una determinada radicalización, lo que lleva tiempo, cuando me escribe: “Según mi consideración la única solución […] a la situación […] es la inteligente y oportuna actuación de los altos decisores cubanos ante el actual escenario existente. Comenzando por la rápida implementación y control de las últimas medidas económicas recién informadas …”.

Y aquí merece un aparte, según mi consideración, lo que se define como altos decisores no pueden arreglar absolutamente nada, ni con las medidas, ni con las otras medidas, ni con más medidas. Esos decisores lo primero que hicieron fue retrasar a conveniencia las medidas, no les convinieron, no las necesitaron para ellos vivir bien y prefirieron meter al pueblo en un hueco del cual parece, primero, que no tiene fondo, segundo, del cual no se va a salir.

Luego si existe algo que el gobierno-revolución cubana ha sido fértil, es precisamente en las medidas: paquetes de medidas, grupos de medidas, bultos de medidas, batido de medidas, que no sólo no han resuelto nada, sino que han terminado agravando, complicando, trastocando, etc., la vida del cubano.

No hay una medida, sobre todo de estos últimos años, que ya van para muchos, que los decisores hayan tomado que represente un mejoramiento estable para ese pueblo, que aún vive allí, bajo la palabra “resistencia”, que no es para nada un rasgo excepcional del pueblo cubano, sino sencillamente la sobrevivencia y el no dejarse morir, característica que ha venido acompañando al humano desde que se inventó o desarrolló a partir de un tipo especial de mono.

Los decisores no pueden resolver absolutamente nada, más allá de encomendarse a Dios, porque sencillamente, más allá de malos o buenos, no tienen la capacidad, menos la voluntad de resolver de una vez y para todas. Las medidas viniendo de forma independientes o en paquetes, siempre han sido tomadas para ganar tiempo, controlar lo que no se puede controlar, reprimiendo cualquier forma de progreso fuera del dominio exclusivo del gobierno y garantizarse el poder que garantiza la buena vida.

Mi madre, difícil para mí, me dice “Ya no hay tiempo para que los decisores continúen con caprichos, llueve sobre lo mojado. Vale más tarde que nunca, porque la vida es una sola” y lo llamativo no es la conclusión con la que además concluye su escrito, sino que reconoce, quizás como nunca antes dos cosas: una, menciona la palabra caprichos, lo que se acerca a lo que tantas y tantas veces hemos debatido, ya no hay explicaciones románticas, búsqueda de explicaciones lógicas para la ilógica, etc.; dos, porque reconoce el fracaso total, sin mencionar o enumerar lo fracasado, diciendo que la vida es una sola, no hay más, se acabó el tiempo, lo que se promete hay que cumplirlo, lo que no se planifica terrenalmente para una vida no tiene el más mínimo sentido para el hombre. Caprichos y fracasos.

Sigue siendo un privilegio, por mucho trabajo que a veces me cueste, tener a mi lado una persona con la posibilidad de pensar, coincida conmigo o no, aunque es justo decir que nuestras coincidencias actualmente han ido en aumento y yo no me he vuelto comunista.

Aquí les dejo sus ideas, nombradas por mí como True Confessions, aprovechando el nombre de una muy buena película, más allá de mis interpretaciones.

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“Coincido con tu criterio del tema del cual reflexionas en este artículo.

No conocía de la publicación que refieres del Dr. Israel Manuel Fagundo Pino, por lo que me alegra la hayas compartido. Es una magnifica reflexión de la real situación que están afrontando actualmente los cubanos. La inmensa mayoría de ellos están en modo de supervivencia económica y también psicológica. Desde lejos, puedo comentar que con la totalidad de las personas que a diario me comunico a través de mensajes, y que en su mayoría son de la tercera edad, manifiestan casi todas tener las mismas penurias cotidianas. Prácticamente ya no hay otros temas de conversación con amigos y familiares, que no sea narrar las escaseces y dificultades diarias referidas por el Dr. Israel y otras más cuyo listado es enorme.

Como a las familias cubanas de cualquier sitio se les va el día buscando opciones de solución para poder sobrevivir, no hay temas agradables de conversación porque prima saber cómo les va la salud, como resolver los alimentos diarios, las medicinas, agua, paneles solares, ecoflow, etc. Son los mismos monotemas de anos, pero agudizados, y sumados otros nuevos.

No hay que ser especialista en Psicología o Psiquiatría, sino solo tener humanidad, empatía y solidaridad para darse cuenta el alto nivel de ansiedad, estrés, desesperanza, desmotivación, irritabilidad y agresividad, que una gran parte de la población cubana manifiesta por diversidad vías. Pero además este impacto es tan grande, que una parte de los emigrados cubanos con los cuales me relaciono, también se sienten afectados y muy preocupados por dichas dificultades. Y estamos propensos a padecer también esos críticos estados mentales, que pueden llegar a afectar nuestra salud mental al conocer la vida que están teniendo nuestros familiares y amigos, cuya solución no está en nuestras manos. 

Pienso que estos estados mentales y comportamientos no se solucionaran solo con tratamientos psiquiátricos, ni medicamentos para los nervios, aunque de seguro ayudaran, sobre todo a las personas de la tercera edad.

Según mi consideración la única solución a la situación que se comenta en el artículo es la inteligente y oportuna actuación de los altos decisores cubanos ante el actual escenario existente.

Comenzando por la rápida implementación y control de las últimas medidas económicas recién informadas. Además de otras que según considero están aún pendientes, del campo de lo político y social.

Por muy fuerte que la persona sea, con una buena salud mental y no quiera expresar la grave crisis que están viviendo, la realidad se impone. Todos los cubanos en mayor o menor medida resultan cotidianamente impactados por las dificultades actuales bien sea por la mala gestión interna o por presiones externas Y lo peor es que hasta hoy, no se vislumbra una solución a corto plazo que haya sido informada.

Considero que para que la situación de sobrevivencia psicológica no se continue profundizando es necesario que las personas tengan esperanzas que, en el presente, en el corto plazo, los principales y graves problemas cotidianos tendrán una opción de solución. Ya no hay tiempo para que los decisores continúen con caprichos, llueve sobre lo mojado. Vale más tarde que nunca, porque la vida es una sola”. 

  

lunes, 10 de agosto de 2026

680.- Si esto era lo correcto, ¿por qué nos obligaron a esperar toda una vida para reconocerlo?

Sigo leyendo para aprender. Ahora reproduzco para los que me leen algo que me ha llegado desde y sobre Cuba.

Ahora si conozco al autor porque viene reconocido junto al escrito y no es cualquier persona, llamando a cualquiera, primero a mí mismo, luego a otro cubano que desde lo que vive y siente se manifiesta.

En este caso el autor es Israel Manuel Fagundo Pino sobre el cual al buscar me he encontrado que trabaja como doctor en el Hospital Universitario General Calixto García y es miembro de la Sociedad Cubana de Psiquiatría, por lo que si le sumo todo esto a la edad que parece tener en la foto que encontré, alguna experiencia, a lo mejor mucha experiencia debe tener en la relación con humanos y el tratamiento de los problemas que un día cualquiera de nosotros puede tener.

Creo que lo que aquí nos cuenta, no es un fenómeno exclusivo de Cuba, donde evidentemente él tiene más experiencia práctica, sino que son fenómenos que se presentan en los seres humanos en cualquier lugar y momento donde las condiciones son, al menos, inapropiadas para el desarrollo humano, que como sabemos está relacionado directamente con el cerebro.

Por todos es conocido, o al menos debería serlo, que las enfermedades del cerebro son extremadamente complejas, muchas difíciles de conocer y resolver y que pueden llevar incluso a la muerte provocada. No sólo el cáncer y los infartos matan.

Claro que el tema se refiere a Cuba, porque lamentablemente el pueblo cubano ha llegado a dónde ni por asomo pensamos que se llegaría y los daños, más que evidentes hoy, rebasan el asunto del bienestar físico.

Esto resulta muy complejo, peligroso y lamentable, porque hoy el cáncer se puede eliminar, si se trabaja a tiempo y el cuerpo responde, también los infartos que antes mataban sin remedio hoy son prevenibles y tratables salvándose la vida, incluso en varias ocasiones al que los padece, sin embargo, una afectación emocional, del cerebro, que aparentemente no se ve o deja grandes huellas puede durar toda la vida, incluso acortarla muchas veces.

No hay nada peor que la depresión, la perdida de objetivos, el malestar que no se sabe de dónde viene y cómo solucionarlo. No hay nada peor que las personas pierdan la orientación, el futuro y que prefieran morir lenta o rápidamente por pensar que no tiene cómo mejorar.

La historia está llena de personas que nacen con deformidades, con limitaciones y, sin embargo, la fuerza de voluntad y el cerebro los hace realizar grandes hazañas, que uno mismo, aparentemente entero y sano, no se ve realizando y menos logrando. La falta de interés por la vida, la no posibilidad de ver que se tiene la solución, hace que ya la tengas perdida.

Que los cubanos estamos enfermos, unos más otros, al menos aparentemente, menos, no es nada nuevo. Todo pueblo, con cualquier idioma, con cualquier estatus económico, que llega a vivir como lo está viviendo el cubano, sin solución a corto o mediano plazo, sin poderse salir fácilmente de una isla que se ha convertido en cárcel, se enferma.

Los cubanos de adentro, obvio, los más afectados, viven dentro de una terapia intensiva conectados a aparatos controladores, los cubanos de afuera viven detrás de un cristal sin aparatos por el momento, mirando a su enfermo, algunos rezando y pidiendo a algún dios, otros deseando que la ciencia actué y que salve a su enfermo. Ninguno puede estar tranquilo, ninguno puede estar contento.

Y pensar que todo esto, más allá de los daños que ya existen, puede ser solucionado. Lo primero sería eliminar, destruir, hacer desaparecer el capricho que es lo único que queda fuerte.

Aquí les dejo el artículo, sigue siendo reconfortante encontrar respaldo a las ideas que se tienen. Espero que el Dr. Manuel no se disguste por mi publicación.

"Los cubanos estamos en estado de supervivencia psicológica".

 Por: Israel Manuel Fagundo Pino

"No es cansancio. No es falta de fe. Es agotamiento profundo.
Día tras día, millones de cubanos despertamos y lo primero que hacemos no es planear el futuro, sino preguntarnos: ¿hay comida para hoy? ¿hay agua? ¿cuántas horas de luz tendremos? ¿podré conseguir el medicamento que necesito?
Eso no es vivir. Eso es sobrevivir. Y cuando el cerebro humano se instala en modo supervivencia, todo lo demás se colapsa.
Desde la psicología y la psiquiatría, observamos con preocupación cómo la crisis material se convierte en crisis emocional. Las carencias que mencionamos - alimentos, medicinas, apagones prolongados, inflación imparable, deterioro de los servicios médicos y problemas ambientales- no solo dañan el cuerpo. Dañan la mente.
Estas son algunas de las consecuencias que ya estamos viendo en las consultas y en las comunidades:
● Hipervigilancia constante: El cerebro permanece en alerta permanente, lo que agota los recursos energéticos y genera ansiedad crónica.
● Desesperanza aprendida: Cuando las soluciones no llegan, muchas personas dejan de intentarlo, cayendo en apatía y depresión.
● Irritabilidad y conflictos familiares: El estrés sostenido rompe los lazos afectivos; aumentan las discusiones y la violencia intrafamiliar.
● Duelos anticipados: Perder seres queridos por falta de atención médica o medicamentos deja heridas que no cicatrizan.
Y de repente, un día, ya viejos y cansados, nos levantamos y descubrimos que casi todo está autorizado.
Tener negocios más grandes, asociarse, invertir, crecer, contratar más trabajadores, abrir nuevas empresas, comerciar con el exterior...
Y entonces recordamos que cuando teníamos juventud, fuerza, talento, disciplina y deseos de salir adelante, muchas de esas cosas estaban prohibidas o severamente limitadas.
Miramos hacia atrás.
Pensamos en los proyectos que nunca nacieron, en las oportunidades que dejamos escapar, en los años que pasaron esperando permisos, cambios o aperturas que nunca llegaban.
Y movemos la cabeza de un lado a otro.
Porque ya no estamos hablando de errores económicos.
Estamos hablando de vidas.
De generaciones enteras a las que les dijeron que no se podía, para terminar, reconociendo décadas después que sí se podía.
De hombres y mujeres que no fracasaron porque les faltara talento o voluntad, sino porque alguien decidió por ellos hasta dónde podían llegar.
Y esa es quizás la parte más difícil de explicar.
Porque el dinero perdido puede recuperarse. Las empresas pueden abrirse. Las inversiones pueden llegar.
Pero nadie puede devolverle a un pueblo los años que le hicieron perder.
Nadie puede devolverle la juventud a una generación.
Y ninguna reforma, por profunda que sea, podrá borrar una pregunta que seguirá acompañando a millones de cubanos:
Si esto era lo correcto, ¿por qué nos obligaron a esperar toda una vida para reconocerlo?"

domingo, 9 de agosto de 2026

679.- ¿Regresarías a vivir en Cuba?, ¿No o Sí?

Generalmente hablamos de Cuba como un lugar monolítico, único, a veces medio exclusivo, cosa que puede llegar a confundir. En realidad, existen tantas Cubas como cubanos hay. Creo que la añoranza real o inducida, de sentimiento o fingida, nos hace recordar cosas, pedazos de historias, olores, sabores, como recurso para decir de dónde venimos.

Cuba es cada cubano y entonces cada cual recuerda o inventa los buenos momentos y, en dependencia del cubano, los malos momentos. Creo que todo esto está aumentado y exagerado, de ahí los comentarios de, este mango no sabe igual al de Cuba, esta carne de cerdo no sabe como la cubana, cuando en realidad el último mango que comimos fue hace 25, 30 años, un mango cualquiera comprado o robado de la mata de un vecino, cuando la carne de cerdo no formó parte de nuestra dieta diaria y se llegó a comer sólo los días festivos, incluso muchos no la comían. Carne de cerdo que considerábamos nuestra y era importada, por ejemplo, de Canadá.

Me maravilla escuchar que se extraña como algo importante el Malecón Habanero, un pedazo de muro que limita la tierra con el mar, incluso cuando lo de sentarse en ese malecón no era algo diario. Me llama la atención lo de extrañar la playa, cuando muchas veces se asistió a ella muy pocas veces, porque todos los cubanos no nacimos sobre la arena muy cerca del agua salada. Es como si yo dijera que extraño el Morro de La Habana o la Fortaleza de la Cabaña, por mucho que me gustan y valoro, tal como si hubiera pasado dentro de esas fortificaciones toda mi vida, la primaria, la secundaria, el pre, la universidad, dentro de ellas me hubiera casado, hubiera tenido a mis hijos, etc. Yo lamento no extrañar Marianao o Guanabacoa que también son Cuba, menos Camagüey o Las Tunas, por donde muy poco caminé.

Nosotros los cubanos dueños del mejor restaurante del mundo, cuando no comíamos en restaurantes, las palmas más altas del mundo, como si no existieran palmas reales en más ningún lugar, la mejor playa del mundo, la mejor música, el mejor sistema de salud, los profesionales mejores formados del planeta, etc.

Casi todos hemos convertido la nostalgia en parte de nuestras vidas. Todos rememoramos momentos felices de nuestra infancia y adolescencia, por cierto, en mi caso, ya lejanas. Éramos felices, decimos. Fuimos felices con un solo short, a veces viejo a veces zurcido, fuimos felices descalzos, fuimos felices cogiendo juguetes una vez al año, en mi caso siempre el quinto y sexto día, o sea, pelotas y bolas, no mucho más. Fuimos felices saliendo con ropa prestada de uno de nuestros amigos, fuimos felices reuniendo entre muchos para poder comprarnos una pizza o unas maltas, teniendo que ir a casa de un amigo a ver un programa de televisión o escuchar una música en un tocadiscos o una grabadora, fuimos felices viendo y no pudiendo acceder. Fuimos felices porque íbamos al zoológico y después de horas de cola, podíamos acceder a unas galleticas porque ya en ese momento las famosas africanas cubanas se habían acabado. Fuimos felices caminando y caminando y enganchándonos en guagua por falta de transporte, al final ejercitábamos nuestros músculos, fuimos felices sentándonos a comer salvajemente todo el helado comprado por nuestros padres porque no había electricidad para conservarlo. Fuimos felices porque nos paraban al Sol durante mucho tiempo, aguantando en la boca un líquido horrible que nos ponían dentro que decían cuidaba nuestros dientes, al final era gratis.

En realidad, nunca fuimos felices, sólo fuimos niños y adolescentes con muy poca referencia, conciencia y responsabilidad. Un chocolate, un refresco, un cumpleaños con globos, un lindo y deseado juguete, son más importante para un niño que la importante soberanía. Un par de tenis, un paseo agradable, la posibilidad de invitar a una pareja a un helado, una cama, la seguridad de las noches, son más importantes para un adolescente que la importante independencia nacional. No fuimos realmente felices sólo que nos escondieron, nos confundieron y nos hicieron creer que lo éramos.

Cuando crecimos nos enteramos de que aquello que nuestros padres y abuelos nos enseñaron, aquello de la honestidad, de opinar, de decir la verdad o al menos nuestra verdad, poco servía, en realidad descubrimos que era lo más peligroso que podíamos poseer y tratar de hacer. ¿Para qué sirvió la verdad en Cuba? Nos confundieron, nos reprimieron, nos ataron, a algunos los apalearon. Nuestros propios padres nos dijeron, lo que te enseñé no era tan así, es peligroso, entonces piensa, pero no hables, no lo exteriorices. Estas equivocado, estás perdido. Vive, pero no pienses mucho, piensa, pero no lo puedes decir, tienes problemas, todo esto por tu bien, por tu felicidad. Éramos felices como perros, dicen, pero, tal como en el cuento, no podíamos ladrar.

Y un buen día, descubrimos, algunos antes, otros después, que, para alcanzar esa felicidad prometida que disfrutaríamos un día junto a todos los obreros del mundo, tan llevada y traída, quizás para seguir viviendo como perros, pero poder ladrar, teníamos, como única solución, que irnos de nuestro país, renunciar a todo y a todos y dejarles el camino abierto a aquellos hacedores de felicidad que sólo la construyeron para ellos mismos.

Ellos que, viviendo su felicidad, mientras el pueblo se acinaba en solares, se apoderaron de Miramar, Siboney, Nuevo Vedado, por sólo citar en La Habana. Ellos que mientras el pueblo caminaba, se fajaba por entrar en una guagua y se trasladaba colgado por fuera, paseaban en automóviles, en yates, en aviones. Ellos que mientras el pueblo, con mucho trabajo consideraba un gran logro ir un domingo a la playa, pasaban sus vacaciones en el exterior, en el mejor de los casos, los más “humildes” o “segundones” y aquellos que muy inteligente y oportunamente se declararon defensores del proletariado internacional al cual no conocían ni remotamente, en Varadero, los cayos, en yates y catamaranes. Ellos creadores de sus propias felicidades, mientras el pueblo asistía a hospitales inservibles, sucios, con pocos o ningún recurso, se atendían en clínicas y hospitales especiales que siempre existieron sólo comparados con los hospitales del capitalismo altamente desarrollado.

Si, fuimos felices, de una felicidad que en realidad nunca existió. De una felicidad que se equiparó a la miseria, al inmovilismo, al conformismo, a la justificación de lo injustificable, a la falta de futuro y hoy, todavía hoy, tenemos que soportar que nos digan, entre otras miles de cosas, mal agradecidos por no defender la felicidad que no tuvimos, pero teníamos que decir que teníamos.

Después de todo este desgaste sólo sentimental, donde muchos hemos creado la imagen de una felicidad que no tuvimos, siempre aparece una pregunta: ¿Regresarías a vivir a Cuba? Pregunta concreta de sencilla respuesta. No o Si. Y es precisamente esa aparente sencillez lo que nos complica la existencia tratando de encontrar explicaciones. Es muy fácil recordar a Cuba, desgastarnos en comparaciones, rememorar momentos lindos que existen siempre, incluso en las peores condiciones humanas, lo difícil es definir frente a otras personas, ese No o ese Si.

No regresaría podría ser una respuesta que sólo tiene que ver con la individualidad. Lo primero que aparece es la crítica de anticubano, antipatriota, de no querer a la tierra que te vio nacer, como si la tierra hubiera formado parte de nuestra llegada al mundo. Antipatriota por no extrañar Ciego de Ávila o Guantánamo, lugares que ni sabemos exactamente dónde quedan. Aparecen ideas juntas como independencia, soberanía, cubanía, etc., definiciones para altos profesionales en el mundo de las ideas, todas mezcladas, que, para una persona dañada, si, todos los cubanos estamos dañados, dejan de estar en primer plano. ¿Con qué se come la soberanía?

No regresaría, no tengo nada allí, ni casa, ni dinero, ni trabajo, ni intereses. Ni las tumbas donde están mis familiares enterrados, si es que todavía están y no se han robado o botados sus huesos, no son de mi propiedad. Jamás podría regresar con 100, 200, 300 mil dólares o más como para olvidarme de todo y vivir mi felicidad, quizás como la vivió Ernest Hemingway en su finca “La Vigía”, piscinas, mujeres y grandes fiestas incluidas.

Tengo allí familia, muy querida, los que hacen un esfuerzo enorme por llegar al final del día, sin saber cómo va a ser el día siguiente, que no podrán ayudarme, más allá de compartir alegremente conmigo lo poco que tienen. Familia que no mantengo, pero que, al quedarse en aquel mundo de felicidades, paradójicamente, yo emigrante que salió un día a correr riesgos, ayudo desde donde estoy.

Tengo familia a mi lado, hijos, nietas, que más jóvenes, con menos compromisos con las palmas reales, su respuesta en forma de pregunta es inequívoca: ¿Tú estássssssssss locooooooooooo? Familia que, no sin problemas, enfermedades comunes y transitorias, cosas a pagar para lo cual hay que trabajar, quizás planes no ejecutados hasta hoy sonríen, viven en paz, engordaaaaaaan.

Si, me fuera a vivir en Cuba, lo que hablaría muy bien de mi patriotismo, me definiría como un gran cubanazo, pero: ¿A cuál Cuba?

¿Estamos mal en Estados Unidos? Claro que sí, deberíamos tener un muy buen salario sin tener que trabajar, deberíamos ser dueños de yates y jets, deberíamos tener la posibilidad de hacer turismo de gratis, podríamos y quizás merezcamos tener mansiones a lo largo del país, una para veranear, otra en la nieve para practicar deportes de invierno, quizás una cabaña en un bello bosque para ver a los osos y otra casa a 20 metros del mar con un bello portal a todo alrededor donde las langostas nos visiten todas las mañanas para dejarse comer. Nos convendría hospedarnos en hoteles cinco estrellas con muchas mesas buffet sin pagar hospedaje y poder asistir a conciertos con tratamiento VIP de gratis.

Creo que de la Cuba donde supuse fui feliz no queda nada. Ella desapareció y sólo es un recurso nostálgico.

¿Estaría dispuesto a renunciar a lo que he alcanzado en Estados Unidos, que no es mucho para algunos, pero en realidad es muchísimo: mi trabajo, mi vida junto a mi familia más cercana, a cosas tan terrenales, para muchos quizás irrelevantes y poco proletarias, mi automóvil, mi casa, mi aire acondicionado central, mi agua y electricidad seguras las 24 horas del día, mi comida, aquella que gusto y puedo comprar, entendiendo que no como faisán todos los días, la posibilidad de andar, conocer, y ser libre, de esa libertad que no es absoluta e infinita al borde de la anarquía, porque está regida por normas y leyes, pero libertad?

¿Estaría dispuesto a irme a vivir, no a pasear 10 días con dólares en el bolsillo, en un país que ya no conozco, donde muy pocos me conocen, donde los amigos con los que compartí mi imagen de felicidad ya no están, se han ido o muerto, donde lo que recuerdo y extraño de mi Cuba, Víbora Park, está tan destruido que no lo reconocería, donde la violencia y la droga barata se está imponiendo como modo de vida?

¿Volvería por aquella imagen de felicidad de mi infancia, a caminar entre edificios destruidos, en ciudades enteras sin electricidad, en semanas y semanas sin agua potable, a veces difícil de conseguir para beber, entre la basura acumulada por meses y meses en las calles, en un lugar donde unos huevos o una botella de aceite es dos, tres veces el salario de cualquier trabajador?

Tendría que estar loco para hacerlo voluntariamente. Creo que me iría a vivir a Cuba cuando ese país me pueda garantizar lo mínimo que aquí tengo y para cuando eso exista, por muy rápido que suceda, ya no estaré vivo, entonces ..., tal como dice el viejo refrán, "no vale la pena llorar por la leche derramada".

martes, 4 de agosto de 2026

678.- Cuba, donde el embrutecimiento se convierte en política de Estado.

Siempre es agradable leer, sobre todo cuando se aprende, se descubre algo nuevo o sencillamente se encuentran explicaciones con otras palabras, en otro orden y vuelo, a lo que uno piensa. Hay quienes plantean que por momentos no es tan bueno leer algo nuevo, como releer algo que ya se leyó y es parcialmente cierto, hay lecturas que una segunda vez, una tercera vez, trae información que no fuimos capaces de obtener o descubrir en un primer intento.

Leer es complicado, primero hay que saber leer, segundo, no todo es bueno, sin embargo, dentro de aquello que puede parecer más malo, pueden aparecer, de hecho, aparecen, ideas que son rescatables. Ya lo de escribir, como lo de pintar, hacer música o poemas, diseñar un edificio, construir una máquina, etc., es más complicado.

Gracias a internet, cosa que los que tienen más menos mi edad o más, no tuvimos cuando jóvenes y no fue parte de nuestra formación, hoy circulan a la velocidad casi de la luz muchas informaciones sobre un tema específico, si abres la idea a muchos temas a la misma vez, lo de la información se convierte en algo casi infinito.

Recientemente me ha llegado un escrito sobre Cuba del cual no conozco el autor, son de esas cosas que se pasan de manos en manos o mejor, de computadoras en computadoras, que un día alguien, aparentemente por la forma y el contenido, buen conocedor del tema, escribió y lo publicó.

El artículo de marras es muy bueno, resume en poco espacio la realidad cubana, que a mí me gustó. No creo que esta persona ha inventado algo, no creo que sea totalmente nuevo lo que describe, el tema Cuba ocupa hoy a muchas personas, dentro de ellas algunas de muy alto nivel académico, de preparación profesional, de pensamiento.

Claro que Cuba es importante sobre todo para nosotros los cubanos, para el resto del mundo, por ejemplo, para los norteamericanos con los cuales comparto mi vida, el tema no significa mucho, por no decir que significa nada, más allá de sentir pena o lastima por lo que está pasando cuando uno les hace el cuento. Para muchos norteamericanos resulta incompresible cómo se ha llegado aquí y por qué aguantamos tanto, lo que no pocas veces resulta difícil de explicar en inglés, al menos en corto tiempo y pocas palabras. ¿Cómo explicarles a otros lo que muchas veces uno mismo no entiende y para lo cuál no se tiene una respuesta fácilmente digerible?

Creo que vale la pena leer lo que aquí se asegura. Espero que el autor, si algún día se empata con su artículo en mi blog no se disguste, menos me reclame. Las fotos las agregué yo, hay imagenes que son más claras que las palabras y tienen la gran ventaja que no se pueden desmentir.

Aquí se los dejo.

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"Cuba es una de las demostraciones más brutales de cómo un sistema puede destruir lentamente no solo un país, sino la estructura interior del ser humano.

Porque lo verdaderamente aterrador de la tragedia cubana no es la pobreza. La pobreza existe en muchos lugares. Tampoco son los apagones, ni las ruinas, ni las colas infinitas, ni el hambre crónica, ni el éxodo masivo. Todo eso son síntomas.

La enfermedad real está mucho más abajo, en una zona más oscura y más difícil de reconstruir: la demolición progresiva de la conciencia colectiva.

A Cuba no la quebraron de golpe. La cocinaron lentamente durante décadas hasta convertir la degradación en forma de vida.

Ese fue el verdadero laboratorio.

Un ser humano puede soportar hambre. Puede soportar represión. Puede soportar incluso miedo. Lo que termina destruyéndolo es vivir demasiado tiempo dentro de la humillación cotidiana.

Porque la humillación constante altera la psicología, deforma la conducta, pudre el carácter. Convierte la supervivencia en única prioridad y reduce toda la existencia a un estado animal, inmediato, desesperado. Y eso fue exactamente lo que ocurrió.

Generaciones enteras crecieron aprendiendo que la verdad era peligrosa, que pensar demasiado era riesgoso y que la honestidad casi nunca servía para sobrevivir. Aprendieron a doblarse antes que romperse. A fingir antes que confrontar. A robar antes que confiar en el salario. A callar antes que asumir consecuencias.

Eso produce algo devastador: una sociedad donde la mentira deja de ser una excepción moral y se convierte en atmósfera. En Cuba casi todo el mundo finge algo.

El ciudadano finge que cree. El Estado finge que funciona. El trabajador finge que trabaja. Las instituciones fingen legitimidad. La propaganda finge épica.

Y mientras todos representan esa obra agotada y grotesca, el país entero se descompone debajo del escenario. Ahí aparece la verdadera semejanza con Gomorra y Sodoma: no como metáfora religiosa barata, sino como imagen de sociedades donde la degradación se volvió sistémica y terminó contaminando la sensibilidad moral completa. Lugares donde el deterioro fue tan prolongado que la gente dejó de reaccionar frente a la podredumbre.

Ese es el punto más bajo al que puede llegar una nación: cuando pierde la capacidad de escandalizarse de su propia miseria. Porque la costumbre es más destructiva que el terror. El terror al menos provoca resistencia. La costumbre anestesia, y Cuba está anestesiada. Anestesiada frente a la violencia. Frente a la vulgaridad. Frente a la destrucción urbana. Frente a la fuga masiva de sus hijos. Frente al colapso moral.

Frente al hecho monstruoso de que sobrevivir haya reemplazado completamente a vivir.

El daño más profundo del sistema cubano no fue económico ni político. Fue antropológico.

Produjo un tipo de ser humano emocionalmente agotado, entrenado para la escasez, habituado a la doble moral y psicológicamente condicionado para desconfiar de todo y de todos.

Porque cuando un pueblo pasa décadas enteras dependiendo del favor, del miedo y de la simulación, la dignidad deja de funcionar como valor práctico. Y cuando la dignidad deja de tener utilidad social, comienza la desintegración espiritual de una nación.

Eso explica muchas cosas que desde fuera no se entienden. Explica la apatía. Explica el cinismo feroz. Explica la agresividad cotidiana. Explica por qué tanta gente parece emocionalmente rota. Explica incluso la vulgaridad creciente: sociedades sometidas demasiado tiempo al deterioro terminan perdiendo refinamiento emocional porque toda la energía psíquica queda absorbida por la supervivencia.

La miseria prolongada embrutece.

Y no hay nada más peligroso que un país donde el embrutecimiento se convierte en política de Estado.

Por eso el problema cubano ya no parece resoluble mediante reformas graduales.

Hay estructuras tan profundamente corrompidas que reformarlas equivale a mantenerlas respirando artificialmente mientras siguen contaminando todo alrededor".

domingo, 2 de agosto de 2026

677.- Leñador, pero muy, muy primitivo.

Pobre de ti, si crees que conoces de prisiones, prisioneros, calabozos, encierros, golpizas, vejaciones, etc., con sólo haberte leído la referencia que dejó Volteire sobre “El hombre de la máscara de hierro” encerrado, dicen, en la Bastilla, Francia o sobre la vida en prisión de Jean Valjean, descrita por Víctor Hugo en su novela Los Miserables. Pobre de ti, si crees que las consecuencias de una pérdida prolongada de libertad son sólo parecidas a la que Alejandro Dumas en su mejor novela creó para su personaje El Conde de Montecristo.

Si no has estado dentro de un calabozo tapiado con 40 grados Celsius o más de temperatura donde sólo un calzoncillo es mucha ropa, durmiendo en el piso porque la súper población hace que las camas no alcancen, donde la comida no es sólo poca, sino de mala calidad o a veces sin ninguna calidad rosando casi con la descomposición, donde a tu carcelero no le basta con tenerte retenido sino que abusa de ti practicando todas las formas de abuso, físicas y mentales, donde convives con un hueco en el piso a pocos centímetros de ti para los desechos de muchos seres humanos, donde dejas de tener un nombre para convertirte en un número perdiendo tu identidad, donde el agua es un lujo que se utiliza como parte de la tortura, donde no existe el día y la noche como indicativo ya no humano, sino sencillamente animal, no sabes nada de lo que verdaderamente ocurre.

Un solo día en un calabozo puede significar, un año, diez años, veinte años de una vida; un solo día en un calabozo puede crear consecuencias que duran para siempre. Nadie puede calcular con sólo ver al detenido lo que esa persona puede llevar por dentro.

La pérdida de libertad puede ser la peor sanción que se le puede imponer a una persona cuerda, incluso si esa situación transita en las mejores condiciones, por eso, por la brutalidad de la medida, fue que se inventó. Un ejecutado a muerte, es cierto que se le priva de una futura vida, pero deja de sufrir al segundo después de que se le quita la vida. No hay vida después de la muerte, por tanto, no se prolonga el sufrimiento, sin embargo, una persona que está presa sufre día a día, minuto a minuto, segundo a segundo, incluso aquellos que parece que se han llegado a adaptar, como recurso de sobrevivencia, a su situación. Sufre por él, sufre por sus compañeros de cárcel, sufre mucho por su familia. ¿Cuánto vale en años, no ver a tu pequeño hijo crecer?

Las prisiones en los países desarrollados, no económicamente, sino socialmente, suelen ser más humanas técnicamente, incluso algunas llegan a no tener rejas, ni cercas perimetrales; las prisiones en los países “salvajes”, donde, lamentablemente, Cuba ha llegado, suelen parecerse más al infierno en la Tierra, donde todo, incluso lo mínimo, o sea, la vida, no está garantizado, por lo que esas instituciones funcionan como una suerte de selva agresiva, violenta, de malísimas prácticas, si se le suma además, que la prisión se maneja como una venganza, en no pocos casos personal, contra una determinada persona, lo de infierno se multiplica.

Cuba, país donde dicen se hizo una revolución “humanitaria”, donde el objetivo principal teórico es el bienestar de su pueblo, tiene hoy, según informaciones poco precisas, más de 250 prisiones y centros de reclusión para una población que poco supera los 9 millones de habitantes, donde, si se tiene en cuenta cómo está viviendo el pueblo aún “libre” más allá de vivir en una isla cárcel al estilo muy parecido al descrito por Henri Charriere en su novela autobiográfica “Papillón”, es fácil imaginar lo que está pasando dentro de ellos.

La revolución “humanitaria” después de casi 70 años, se ha convertido, por encima de todo, en un proceso represivo. La mayor parte de los retenidos, más allá de aquellos que siempre demostraron su oposición reconocidos como presos de conciencia o políticos, quizás por matar una vaca, quizás por robar en una casa, quizás por malversar o desviar recursos, en condiciones diferentes, a lo mejor se hubieran ahorrado su presidio, por lo que muchos se suman a las cárceles por causas políticas, disfrazado de los llamados delitos comunes.

Los presos de conciencia o políticos tienen sobre sus espaldas una doble sanción, sencillamente por haber manifestado su inconformidad o su discordancia con el gobierno. Aunque se pasa siempre mal, se pasa mejor siendo un preso común que estar preso por política, incluso cuando lo de política no aparezca en las sanciones oficiales al ser sustituidas por cualquier invento que durante todos estos años el gobierno se ha inventado, tales como: alteración del orden constitucional, desorden público, desacato a las autoridades, ahora de moda por propaganda enemiga por filmar y publicar un determinado video, dar tu opinión frente a la cámara de un celular sobre lo que estás viviendo que no te lo inventas, etc.

Los sancionados políticos, ya fueran presos o fusilados, siempre han existido en Cuba desde que triunfó la revolución, donde muchos de los primeros fueron luchadores que colaboraron acumulando no pocos méritos en las luchas de las ciudades y la Sierra Maestra, por sólo mencionar un caso, revísese la historia del Comandante de la Revolución Hubert Matos. ¿Ochoa, Tony de la Guardia, Martínez y Padrón fueron fusilados por causas comunes o políticas?, ¿Fue la dulce vida que todos tenían, pública y compartida con sus máximos jefes, lo que los llevó al paredón?

Nuevo entretenimiento para los de aquí y los de allá: Luis Manuel Otero Alcántara, para mí, recordando la canción de Carlos Varela, leñador, pero muy primitivo. El cuento que puede ser muy largo es para mí sencillo de resumir, sólo que como se necesita estar presente, se le da vueltas y más vueltas, tantas vueltas que marean.

Luisma, tal como lo conocen sus más cercanos, es un joven cubano, negro, auto titulado y reconocido por sus allegados como un artista, creo, sobre todo, a partir de los “performance” o actuaciones que hizo, que salió a la palestra pública y cobró notoriedad en Cuba a raíz de un proyecto cultural comunitario llamado San isidro, surgido en 2018, que se gestó precisamente en el barrio San Isidro de la Habana Vieja, dentro del cual un grupo sobre todo de jóvenes, se agruparon y desarrollaron una protesta contra la oficial definición del gobierno de la obligatoriedad de la subordinación de los artistas cubanos de cualquier manifestación artística al Ministerio de Cultura a partir del Decreto 349, que devino en el conocido hoy Movimiento de San Isidro.

A partir de ahí Luisma parece haber tenido una actividad cuestionadora y disidente destacada, incluyendo una huelga de hambre pública y publicitada dentro del local sede del movimiento, que luego fue violentado por las autoridades incluyendo a agentes de la Seguridad del Estado disfrazados de médicos, o médicos de la Seguridad del Estado.

Los performances de Luisma, que a mí en el plano personal me dicen poco, más allá de una aparente posición cuestionadora nueva para Cuba en aquellos momentos, le ganaron fama. Luisma vestido con la bandera cubana, Luisma desfilando vestido de bailarina de cabaret, Luisma desfilando con la cara de Julio Antonio Mella, Luisma embarrado de excremento, imagino que fueran los propios, etc. más declaraciones que en Cuba se consideran contestatarias, lo llevaron a que en 2021, justo antes de lo que fue días después la mayor manifestación popular en contra del gobierno, a ser enjuiciado y sancionado a 5 años de privación de libertad por supuestos delitos cometidos dos años antes. Así de fácil, el gobierno que esperó y esperó, lo sancionó en el 2021 por “delitos”, o sea, sus actuaciones púbicas, cometidos dos años antes.

Bueno, Luisma, el movimiento San Isidro, sus presentaciones y cuestionamientos, más los 5 años de privación de libertad, por supuestos delitos de los llamados comunes, pero con un enorme trasfondo político, convirtieron todo esto en sucesos no sólo nacionales, sino internacionales. Pocos presos en estos últimos años, incluso cuando suman hoy más de 1000, han tenido la repercusión internacional que tuvo el caso Otero Alcántara. Muchas personalidades del mundo y no pocas organizaciones internacionales, más Miami entero se hicieron eco de esta injusticia y ahí aparecemos todos nosotros.

Quiero aclarar que tres párrafos hacia arriba describiendo a Luisma, lo reconocí como negro, cosa que para nada tendría que ver, sin embargo, para el presente caso cobra importancia en doble sentido. Ser negro en Cuba identifica a un grupo muy grande de la población cubana, ser negro es ser mi asere, mi consorte, mi igual, pero esto que no es malo, se complica cuando se cae en manos del gobierno, que, aunque no lo tiene escrito para que no se pueda leer, ser negro merece un doble castigo, en la misma medida que los del gobierno siempre han considerado que si se es negro se tiene que estar a favor y se tiene que apoyar al gobierno, porque la revolución los hizo libres. Por tanto, es cierto, hoy en crisis, el compromiso se les pide a todos, pero a los negros, aunque pueda parecer mentira e irracional, se les pide más.

No dudo de los cinco años de prisión de Luisma, parecen que fueron ciertos. Según sus propias declaraciones hubo momentos, sobre todo los iniciales, donde el riesgo fue mayor para él, pero a partir de un determinado momento, según él mismo, sus condiciones cambiaron. Se le daban comidas dobles, se le dejó pintar, por lo que se le suministraba, papel, cartulina, lápices, pinturas, logrando pintar, según sus palabras, 4000 obras diferentes, que no sólo las pintó, sino que le autorizaron a sacarlas de la prisión para que fueran comercializadas fuera de Cuba. Al parecer se les permitía visitas, incluso de novia y como algo excepcional, las autoridades, según él mismo, un agente de la Seguridad del Estado viajaba cada tres o cuatro días de La Habana a la prisión de Guanajay, pueblo a las afuera de la capital, para llevarle un celular a través del cual él podía, no sólo comunicarse con su familia, sino y con mucha frecuencia con sus amigos y patrocinadores en, nada más y nada menos, que Miamiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii.

Condiciones difíciles de entender para un llamado preso político, cuyo nombre era utilizado sobre todo en el exterior para demostrar la injusticia del gobierno cubano, a no ser que Luisma supiera que el gobierno lo utilizaría como moneda de cambio sobre todo en el tema imágenes y determinara aprovecharse o al menos utilizarlas a su favor.

Fin del cuento, Otero Alcántara cumplió honrosamente y con algunos beneficios su condena completa, o sea, sus cinco años. No hubo para él, disminución de la sanción por buen comportamiento, no hubo prisión domiciliaria, lo hicieron permanecer todo el tiempo.

Con todo esto, con la posibilidad de comer mejor o al menos más cantidad, pintando y pintando y comercializando sus obras, llamado incluso al exterior, asistiendo al llamado “pabellón”, lugar y momento para mantener relaciones íntimas con una pareja, llegó el final y lo sacaron de Guanajay. El mundo entero, incluso altos funcionarios del gobierno norteamericano, comenzaron a repetir que Luisma estaba desaparecido, que nadie conocía su paradero, que podía estar torturado e incluso muerto. Maimi a la vanguardia reventó en peticiones, críticas, amenazas, etc.

Otro fin del cuento, resulta ser que el artista disidente, fue sacado a una casa llamada de visita o protocolo, que no es más nada que uno de los miles de lugares camuflajeados que tiene el poder regado por toda Cuba, donde Luisma, según sus propias palabras, disfrutó de una inmejorable, quizás irrepetible, atención. Casa con piscina llenada para él específicamente en un país donde no hay agua para tomar, visitas familiares, asistencia de la novia para entre otras cosas, según aclara, sexo, cervezas, sándwiches, whiskies, baños en la playa, etc.

El mundo entero reclamando por Luisma como desaparecido, hablando de un Habeas Corpus y Luisma, es cierto, después de haber terminado su sanción, estaba en una casa de “protocolo”, disfrutando de la vida, quizás como nunca, en espera de que el gobierno norteamericano le diera la autorización para viajar a Estados Unidos, después incluso de, según sus palabras, haber renunciado a España como destino final. Luisma es un preso político excepcional, en capacidad incluso de escoger el país donde quería instalarse, sencillamente porque aquí estaban sus amigos, según afirmó.

¿Qué … es esto? Ponle tú la palabra a los tres puntos suspensivos, en cubano sólo llevan una palabra, que por pudor no escribiré.

¿Quién o quiénes nos engañaron a todos?, ¿Luisma, sus patrocinadores, sus amigos aquí?, ¿Luisma no se dio cuenta que lo utilizarían para lavar la cara del gobierno o lo sabía y lo cogió en "sana" colaboración?

¿Luisma, cansado, agotado, necesitado de irse de Cuba, gustoso de convertir su presidio en una fuente de dinero en la misma medida que cualquier obra de un real o llamado preso político cobra mayor connotación a la hora del precio sin tener incluso mucho análisis sobre la calidad, olvidó todo lo anterior?, ¿Estuvo “inteligente y estratégicamente” preparando el camino para vivir en el lugar escogido por él mismo? Todo esto deja muchas más preguntas sin respuestas.

Si el presidio de Luisma es confuso y complicado de entender, peor ha sido su llegada y actividad en Miami. Sencillamente desastrosa. Creo que, sobre todo, leñador, pero muy primitivo, su actuación es llamar la atención, hacerse más famoso, aparentar ser irreverente, quizás molestar, sin mencionar nombres, a algunos de allá y de aquí, tratar de maximizar la oportunidad para hacer exposiciones y vender sus obras, etc., pero de cuestionamiento a su realidad, de sanciones al gobierno que lo encarceló a decir de todos injustamente, del rigor, los maltratos, las condiciones casi inhumanas que reciben los presos en Cuba, más los abusos, chantajes y presiones con los familiares, muy poco. Otero Alcántara sólo habla de amor, de paz, espiritualidad, conexión con el infinito, de entendimiento incluso con sus carceleros. ¿¿¿??????????

El mundo entero, incluso frente a Naciones Unidas reclamando por la libertad y la vida de Luisma y Luisma pintando, comiendo, haciendo ejercicios, bañándose en piscina y playas y disfrutando incluso de su novia tal como si estuviera en un hotel de los llamados 5 Estrellas. El mundo entero, incluso varias organizaciones de derechos humanos, en defensa de los presos de conciencia dando “el berro” y Luisma comunicándose por celulares con sus amigos en Estados Unidos que preparaban su ingreso a la Unión. Luisma, llegó a Miami tal como llega un rockstar.

Luis Manuel Otero Alcántara es responsable de sus ideas y actuaciones, incluso aquellas, incluyendo el sexo, donde tenía que saber que lo estaban filmando para luego utilizar esos videos en su propia contra y la de muchos otros, pero, a mi modesta opinión, la mayor responsabilidad es nuestra.

Nosotros, necesitados de un líder, nosotros históricamente seguidores de hombres y no de ideas, nosotros que delegamos nuestra responsabilidad y obligaciones en otros, quizás nosotros necesitados de cambios para nuestro país de origen, pusimos sobre él toda la responsabilidad y lo sobre cargamos.

Lo convertimos muy rápido en nuestra bandera y con esto lo cargamos de un peso muy pesado con el cual vivir.  Luisma en un determinado momento significó nuestras esperanzas, sabiendo que no era igual a los primeros presos políticos que tuvo la revolución, sabiendo que no era igual a aquellos plantados por convicción, sabiendo que su momento histórico, como joven actual, es diferente, cosas que desconocimos. Aquellos presos políticos del pasado no luchaban por los dólares.

Nosotros vimos un leñador e inmediatamente le entregamos todos los árboles, los acontecimientos presentes demuestran que fue un error.

Luisma quizás sólo quiere pintar y hacer algunos performances y poder vivir cómodamente de su trabajo, en realidad su disconformidad lo lleva a reclamar para que lo dejen ser artista, hasta ahí las clases. De ahí a convertirse en un líder que pueda arrastrar a un pueblo entero a la libertad hay un gran trecho.

miércoles, 22 de julio de 2026

676.- Desesperanza inducida o indefensión aprendida.

Pobres de aquellos que, por edad o experiencia real, piensen que ya lo han visto todo. Nuca se termina de ver. Aprender es además de todo, siempre agradable.

Más agradable resulta cuando uno puede dar nombres a las ideas que tiene, conceptualizarlas y descubrir que no se está tan desorientado y se puede encontrar soluciones lógicas a determinados procesos, quizás incomprensibles y criticados para algunos que aspiran que la vida real transita dentro de un laboratorio.

Hace unas semanas escuché a un cura cubano que vive en Cuba, que estaba celebrando sus 50 años de sacerdocio mencionar la desesperanza inducida, también conocida como indefensión aprendida, nada nuevo, pero el sólo escucharlo en la voz de otra persona hace pensar.

Hay una reflexión que se me ocurre siempre, que puede ilustrar algo de esto, quizás para describir lo que a veces nos puede parecer inexplicable.

Un elefante adulto, que si es africano puede llegar a pesar hasta 7 000 kilogramos, a diferencia de su primo hermano el asiático que puede llegar a alcanzar 5 000 kilogramos, pasa su vida de ocio generalmente amarrado con una fina cadena o soga a un árbol o una estaca de madera enterrada en la tierra y es dirigido por un hombre con una vara de madera, que a veces no pesa más de 100 kilogramos.

Al menos yo siempre me pregunto, por qué ese enorme animal que en libertad puede ser extremadamente agresivo y desarrolla una fuerza que puede virar un automóvil lleno de personas, no es capaz de soltarse, darle un trompazo a su dueño y huir a la vida libre.

No lo puede hacer y la respuesta no está en la posibilidad física, sino precisamente en una condición que hoy la ciencia llama desesperanza inducida o indefensión aprendida.

Ese elefante nace amarrado con una cadena o soga en una de sus patas a una estaca de madera y no se le ocurre que otra situación pueda existir. No puede desear ser libre porque no sabe que la libertad existe. ¿Cómo es que el elefante no puede desprenderse de la cadena y la estaca de palo y dale una patada a su dominador?

Recuerdo en mis clases de historia en la universidad cuando algunos profesores, tratando de encontrar importancia en hasta los mínimos detalles, describían, repitiendo los libros, que los esclavos radicalizaron su pensamiento y se incorporaron a las luchas contra España convencidos de que la independencia era la única solución.

Estudiemos el real proceso de cómo me parece más real y lógico debe haber ocurrido.

Los esclavos, muchas veces hijos de esclavos y nietos de esclavos, habían tenido como única vida su realidad, muy parecida a la de los elefantes domesticados. Sus amos, primero le dieron un nombre “cristiano”, les facilitaron un idioma a través del cual comunicarse más allá de las señas o sus primitivas lenguas africanas, una religión “moderna” más allá de creer en una piedra, un pedazo de palo o hierro, los vestían, les daban comida, los atendían con medicamentos y médicos porque, perder un esclavo más allá del posible sentimiento humano significaba perder dinero, les permitían casarse o al menos juntarse, parir y criar a sus hijos, que obviamente nacían también esclavos. Algunos, con más suerte, se preparaban en labores domésticas o artesanales y otros, con mucha más suerte, lograban algunos estudios, aprendiendo, por ejemplo, a leer y escribir e incluso a hacer música.

Para esos esclavos, en sentido general, porque siempre existieron excepciones que trataron de cambiar al menos su realidad, no existía más vida fuera de los bateyes y los ingenios donde nacieron y se criaron. Cuba para ellos era ese pedazo de tierra que llegaba sólo a dónde abarcaban sus ojos. No existía más vida fuera y lejos de sus amos, que, es cierto, que los explotaban, pero también eran los proveedores de todo.

Entonces un día, su proveedor, digamos Carlos Manuel de Céspedes, por mencionar a alguien conocido entre cubanos, decidió luchar contra el dominio español, del cual los esclavos ni idea tenían que existía; reunió a sus esclavos, claro no eran más de 20, y les dijo, ahora son libres, ya no van a ser más esclavos, cojan ese camino y váyanse a disfrutar su libertad.

¿Coger el camino para ser libres?, ¿Qué significaba la palabra libertad?, ¿Y quién proveería la comida, quién daría medicinas frente a enfermedades?, ¿De qué se viviría si sólo sabían ser esclavos y quizás fabricar azúcar o recoger café?

Pues creo que los esclavos se miraron y le dijeron al hasta ese momento su amo, usted va dice a luchar en una guerra, pues nosotros nos vamos con usted. ¿Hay comida y café allí? Entonces se convirtieron en guerreros y así salió Cespedes, blanco, medio rico, intelectual que en realidad no vivía de la producción azucarera y que había tenido tiempo para convencerse de que el camino era luchar contra el imperio colonial español, seguido de su “enorme” ejército, un puñado de negros ex esclavos, que según parte de la historiografía menciona, habían radicalizado su pensamiento ideológico y comenzaron a luchar por una Cuba a la que no conocían.

¿Por qué los esclavos, hijos y nietos de esclavos no se pusieron de acuerdo y se liberaron solos antes, mandando a Céspedes al demonio?, ¿Por qué los esclavos esperaron por Carlos Manuel?

Por lo mismo que el elefante espera a qué su dueño lo separe de la cadena, lo lleve a la orilla del bosque y le de unas palmaditas en sus grandes nalgas para animarlo a que camine hacia la libertad y comience a correr el riesgo de buscarse comida, agua, etc., la desesperanza inducida o indefensión aprendida.

El psicólogo Martin Seligman hace más de 50 años, partiendo de un estudio con animales, luego profundizado en humanos, define que algunos individuos tras sufrir frecuentes fracasos o castigos repetidos se vuelven pasivos y se rinden, porque aprenden, quizás erróneamente, pero aprende, que son incapaces de controlar y cambiar sus situaciones.

Generalmente son individuos, animales o humanos, donde el estrés, la depresión y la pasividad se convierten en las reacciones únicas frente a abusos y desigualdades.

Humanos que aprenden a comportarse pasivamente, con un pensamiento de que no tienen la capacidad para hacer nada, menos cambiar su realidad, evitándose de esta forma situaciones complicadas y desagradables. En resumen, los humanos que viven de esta forma conviven con una situación incontrolable y escogen vivir pasivos o pacientes en vez de tratar de cambiar el contexto y por tanto mejorar su situación. Se autoconvencen sobre todo de que es preferible seguir como están, porque cualquier cosa que hagan por cambiar su situación resulta inútil, sólo logrará más sufrimiento.

Este comportamiento de individuos por separado se complica cuando llega a convertirse en el sentimiento de grandes masas. Si algo limita a los pueblos es que se instale en sus vidas, la idea de que, para evitar sanciones, presiones, torturas, etc., es preferible mantenerse pasivos y de forma consciente no hacer nada, por el simple riesgo de que se estará peor. Es una condición humana que puede llegar incluso a una enfermedad del cerebro más compleja que termina inmovilizando al cuerpo.

Muchos pueblos, sobre los cuales me niego a pensar que sean anormales, porque primero, los pueblos no son anormales por definición y segundo, porque están vivos, detectan muy rápido que su vida empeora. Poco a poco descubren que se van limitando sus posibilidades, poco a poco concluyen que no es que no puedan acceder a nuevas vidas con todo lo que eso lleva adentro o significa, sino que van perdiendo lo mucho o poco que tenían. La sabiduría popular, no necesita de grandes tratados o discursos, a veces, sólo se necesita una expresión de una cara para descubrir cómo se está.

Puede existir y de hecho existe un período de ilusión y esperanza, pero, sobre todo, en aquellos lugares donde la propaganda es absoluta y monopólica y se establece el castigo físico o moral como el poder, se pierde esa ilusión y esperanza como guía humana. Los pueblos, esos mismos que en determinado momento lucharon por mejorar y lo lograron, se enferman, dejan de pensar y sobre todo de actuar en busca de su mejoría, a pesar de que esa mejoría, no sin riesgos, se le muestra alcanzable.

Pueblos enfermos no ven esa mejoría, no conciben o creen que existe, por tanto, escogen vivir pacientemente en cautiverio, esperando las decisiones que otros toman por ellos.

La desesperanza inducida o indefensión aprendida, tal como se describe, es la verdadera causa de la inmovilidad. Los pueblos, resumen de individuos más individuos, determinan y trasmiten que no se puede hacer nada para cambiar su situación, tienen entonces que seguir viviendo como están, porque sencillamente eso es lo que tocó, entonces comienzan a encontrar justificaciones y lamentaciones sólo para darle crédito a su pasividad.

¿Podría una sola persona, quizás cie, luchar contra un gobierno que no lo representa, defiende o beneficia y derrocarlo? No, es obvio, los gobiernos desde que se inventaron se crean y tienen los mecanismos para permanecer, pero un millón, tres millones, sí.

¿Por qué entonces resulta tan difícil reunir a esos millones? Bueno, puede ser una reunión o acumulación de factores, la falta de un liderazgo serio y decidido, el cansancio y la desorientación colectiva, etc., donde la desesperanza inducida o indefensión aprendida tiene un gran peso.

jueves, 16 de julio de 2026

675.- Nuevo entretenimiento del gobierno cubano: “El Cangrejo”.

Si algo nos mantiene entretenidos a los cubanos de aquí y de allá, a los que comemos y a los que no comen, a los que dormimos y a los que no pueden dormir, son las noticias que de pronto aparecen como nuevas y que se repiten y se repiten o se replican como mismo pasa con los terremotos o los tsunamis. Cientos de miles de comentarios, análisis, notas marginales como diría un profesor que tuve en la universidad e incluso ahora, las mías.

Casi diariamente aparecen desde y sobre Cuba hechos, declaraciones, chismes e incluso falsas noticias o aproximaciones que nos permiten, primero pensar, luego desarrollar nuestro idioma, ya sea hablado o escrito. Son tantas las noticias que, a veces, cuesta trabajo seguirlas y estar al tanto de todo.

Ahora la “nueva” noticia es sobre un tal Raúl Guillerno Rodríguez Castro, más conocido por el apodo que su propia familia le acuñó “El Cangrejo”. Ahora para algunos sentimentales que no lo conocían, que ni sabían que el tipo existía, Raulito, quizás para diferenciarlo de su abuelo, quizás para seguir mostrando cierto cariño por lo que de allí nos llega, otorgándole con el diminutivo cierta juventud casi adolescente a un tipo que tiene 40 años y es coronel, merecido o no, de las fuerzas armadas cubanas.

En efecto “El Cangrejo” es una figura que se ha impuesto, sobre todo, en las redes internacionales de comunicación que existen, para algunos algo nuevo, para otros un efecto de cierta apertura, para no pocos, dentro de los que me encuentro, un nuevo espectáculo que tiene como objetivo ganar tiempo con nuevas falsedades.

Pues resulta que Raúl Castro tiene un nieto que su único mérito es pertenecer a su familia, que obvio es más histórica e importante que la de su propio padre no hace mucho fallecido, el llamado zar del emporio económico-militar Gaesa, cargo conseguido por confiabilidad al ser el marido en un matrimonio dicen fracasado desde el comienzo, de una de las hijas de Raul, cuya ubicación laboral, si tuviera que llenar un curriculum, es ser oficialmente, o sea, por plantilla, el guardaespaldas de su abuelo. Nada más.

En realidad, lo primero a decir es que es diferente a como se ve, “El Cangrejo” no es quién custodia a su abuelo, Raúl Castro a estas alturas puede haber tenido durante todo este tiempo decenas de custodios y puede, sin temor a dudas, tener a decenas de hombres que le aseguren la vida, por lo que es precisamente al revés, el abuelo está custodiando al nieto.

El abuelo conocedor, porque fue fabricante de todo el engendro, sabe que su manto, igual al que experimentó su hermano, protege y entonces lo extiende a su libre albedrío a quién o quiénes a él le da la gana. "El Cangrejo" no es ni el primero, ni el único, sólo que ahora es el más visible, ya no se puede esconder o mejor, ya no les interesa enconderlo.

Si algo ha distinguido a los guardaespaldas que todos los jefes han tenido durante estas casi siete décadas, es que son hombres anónimos y sobre todo mudos. ¿Cuándo el pueblo de Cuba escuchó hablar a algunos de los que custodiaban a Fidel, al mismo Raúl y a todos los demás del combo? Que yo recuerde nunca.

Veamos entonces los hechos.

Desde hace ya algunos meses aparece la figura de “El Cangrejo” en nuestras vidas, claro gracias a que el monopolio, la secretividad y el manejo de la información ya no es exclusiva del gobierno cubano.

Lo primero que se vio es la “Dolce Vita” que el personaje lleva y entonces muchos se asombraron ruborizados, algunos por real desconocimiento, otros porque nunca quisieron escuchar una Verdad de Perogrullo, otros por hipocresía.

¿Desde cuándo existe en Cuba una élite con todas las licencias y todos los privilegios sólo comparados con los del llamado enemigo burgués, creada e integrada por y para los miembros del gobierno, incluso los de turno? Desde siempre. Desde el mismísimo 1959 cuando los que triunfaron comenzaron a repartirse todo y a hacer y deshacer a sus antojos. Porque fueron precisamente esos privilegios los que se utilizaron como instrumentos para lograr confiabilidad y, sobre todo, incondicionalidad, no tanto al proceso, sino a sus principales figuras. Fidel, muy rápido, no trató de convencer a nadie, a los que se oponían se los quitó de arriba, al resto, los compró y así repartió casas, carros, viajes, ministerios, tropas, etc.

Así creó esa casta que hoy reconocemos como los más abnegados revolucionarios, que de abnegados tenían realmente poco, sólo se estaban apropiando, sin sudarlo, de todo un país en el que podían campear. Campeo que se traspasó sin papeles ni tan siquiera permisos a familias y amigos, tal como una herencia patrimonial familiar. Cuba puede ser el mejor ejemplo de una sociedad esclavista o feudal en la modernidad.

Por tanto, para aquellos que hoy se asombran de que exista un cangrejo, un caballo, un delfín o un canguro, sólo recomendarles que sean honestos y miren la historia o miren a su alrededor, que acaben de reconocer lo que existió siempre y no quisieron reconocer. Fue más fácil mirar para el lado, callar, y, sobre todo, tratar de callar.

“El Cangrejo” no nació rico, rico nací yo, como ya conté, con mis primeros globos de condones, que, aunque pueda parecer irónico, ni eso era fácil de tener. “El Cangrejo” nació con un gobierno, con un poder absoluto y con un sistema político, ideológico y económico, que controla a todo un país a sus pies. “El Cangrejo” no es rico en dinero, más allá de que sabemos que lo tiene no precisamente como resultado de su honesto trabajo, tampoco le hace mucha falta, nació, creció y vive, no sólo por encima de las condiciones del pueblo, sino muy por encima de las posibilidades y autoridades del mismísimo gobierno, incluyendo a su más que evidente subordinado el presidente “Puesto a Dedo” puesto en la silla presidencial por su familia, cosa que el “Puesto a Dedo” sabe y debe.

El asunto aquí no es que “Raulito” se vista con ropas de marcas caras, ni que pasee en yates con sus novias y amigos, que tenga una, dos, tres joyas de oro, que haya tropezado con alguna que otra droga, menos que coma langostas e incluso que viaje a su antojo incluyendo a los Estados Unidos con pasaporte diplomático, eso siempre, siempre, siempre, ha ocurrido, para eso son, como buenos señores feudales, los dueños del castillo, de las tierras, de los ríos, de los peces dentro de los ríos y de todos aquellos que viven dentro de sus perímetros de poder.

Eso, esa novela de lujos, eso que puede llamar la básica atención, es lo que nos quieren vender para entretenernos. Saben que el pueblo de Cuba, que hoy se lo está llevando el Diablo, va a reparar en esos detalles y van a comenzar a criticarlos. Con eso cuentan y eso lo han sabido manejar siempre. ¿Díaz Canel no sabe con qué ropa se viste su queridísima y amorosa esposa?, ¿No conoce exactamente cada ropita que él mismo lleva puesta? A esos niveles siempre se ha competido y las tiendas preferidas de los jefes cubanos, apodados revolucionarios, siempre han estado en New York, para lo cual tienen a otros “revolucionarios” de confianza que se las compran.

El asunto va más allá. En dos de las reuniones de la máxima autoridad cubana, ministros, miembros del Consejo de Estado, etc., ocurrida a puertas cerradas, al menos que han sido filmadas y televisadas, “El Cangrejo” estuvo sentado en primera fila sin su abuelo, por lo que no cabe la posibilidad de decir o justificar que en su papel de custodio lo estaba cuidando, que estaba para recordarle las pastillas o limpiarle la baba. ¿Qué hacia allí?, ¿Cuál era su función con su presencia? Un tipo que a pesar de sus grados de coronel hoy, por mis cálculos puede haber terminado la enseñanza media en Cuba, que hoy por la mala calidad a la que hemos llegado es casi nada, así y todo asistido por los profesores porque, a quién se le podría ocurrir suspender al nieto, aparentemente preferido de Raúl Castro y aunque entregara las pruebas en blanco los profesores se encargarían de llenarlas, hoy aparezca sentado junto a ministros y altos funcionarios políticos donde se está tratando de organizar el futuro de Cuba.

¿Está como la representación del verdadero poder?, ¿Es los oídos del abuelo que no confía en los que allí están, ni en el mismísimo “Puesto a Dedo” que él mismo puso?, ¿Es una forma de decir, ojo, no se equivoquen, estoy viejo, pero sigo aquí y tengo el poder?, ¿Será una forma de dejar claro que este joven soy yo y yo estoy por encima de todos y todo?

Es la única forma de entenderlo, frente a un Díaz Canel que además de inepto e incapaz, no tiene dignidad, lo que en buen cubano diríamos cojones. El tipo que públicamente ostenta el cargo de presidente de una nación tiene frente a él un presidente superior, no escondido, no detrás del trono, sino a la cara. Gústete o no te guste, lo tienes que soportar y peor, tienes que sonreírle.

Raulito, al parecer no contento, obedeciendo las órdenes de su abuelo, se cae de la mata, no sólo se dedica a aparecer, sino que habla y da entrevistas a medios internacionales.

¿Alguien puede creer que esto es una casualidad, algo así como que periodistas venían caminando, se lo encontraron y aprovecharon para hacerle unas pregunticas? Eso es para bobos.

Cuadrar una entrevista cualquiera a ese nivel, demora meses, sobre todo si ella implica la presencia de extranjeros. Mensajes van, mensajes vienen, nombres de los implicados de ambas partes, o sea, entrevistador y entrevistado, definición de objetivos, alcances, autorizaciones, viajes, aviones, hoteles, carros, etc., etc., etc. Sabemos además que para la parte cubana significa, entrenamiento, asesoría, prácticas, etc.

Entonces todo esto es un espectáculo aprobado primero que todo por Raúl Castro, el cual debe haberle mandado un papelito firmado por él al “Puesto a Dedo”, que lo recibió y sin discrepar dio su visto bueno.

Probablemente decenas de personas en Cuba sabían de estas entrevistas y todos deben haberlas visto bien. Gústenle o no le guste se la tiene que tragar y prepararse para salir a defenderla. No importa lo que diga el nieto, no importa lo que alardee, menos cómo va vestido. ¿Cómo dudar tan siquiera frente a una entrevista a Raulito “El Cangrejo”, nieto escogido de su abuelo Raúl Castro, si todos suponen que a través de él es el mismísimo abuelo el que está hablando?

Raulito, “El Cangrejo” forma parte de una nueva obra de teatro, el joven no comprometido públicamente al no haber tenido ninguna responsabilidad anterior, el joven no quemado en el gobierno, el joven cuya vida está más cerca del llamado enemigo que de las doctrinas miserables del socialismo, el joven quizás reformista interesado en cambios, sobre todo económicos, o sea, pan y circo, mientras no cuestionen el poder político y la estructura del gobierno que lo hace no sólo importante, sino fuerte.

Entonces aparece Raulito, “El Cangrejo” en un momento donde el gobierno no ha podido definir para dónde se va y sólo puede pedir resistencia, definiendo el futuro de Cuba, hablando de lo que a los cubanos le conviene, hablando de un posible acercamiento con Estados Unidos e incluso la posibilidad de que él se pueda sentar a conversar con el presidente de la Unión. Y esto es grave, no simplemente por la figura en cuestión, sino que da el mensaje, al mejor estilo medieval, de que esa isla es de ellos, junto a todo lo que tiene dentro, incluyendo a las personas y la pueden manejar como un negocio privado. Raulito, ojo, se presenta, como el Rey León y Díaz Canel, bien gracias, total mutis por el foro.

¿Cuántas veces podía Raúl Castro haber parado a su nieto, aunque él se pusiera bravo y pataleara, aunque rompiera las maquinitas de juguete, aunque dejara de comer en protesta, por lo que pudiera ser una injusticia de su abuelo? Infinidades de veces. ¿Cuántas veces el “Puesto a Dedo” podría como un acto de al menos dignidad, impedir que esas cosas pasen bajo su mandato? Muchísimas veces, incluso hablando dulcemente con su patrocinador Raúl.

Lo que pasa no es que no puedan hacerlo, a Raulito “El Cangrejo” en otros momentos lo hubieran desaparecido, aunque hubiera que decir que en realidad no era nieto sanguíneo de Raúl, no existe nada imposible para el poder cubano, sino que esto fue planificado, organizado y autorizado desde el máximo poder. Se lo están vendiendo a Estados Unidos, porque es más que conocido que la opinión interna no importa, y con él le están vendiendo a Cuba, sin decir que está en venta.

Pobre Trump, Marco Rubio y el gobierno norteamericano si se van con esta bola mala. Del pueblo cubano en Cuba, ya ni hablar, no puede ser más pobre y ahora además tiene que soportar que un bueno para nada, quizás alguien que sólo pueda recoger un orinal y meter pastillas en la boca a su abuelo de 95 años, se muestre sin el más mínimo pudor como el próximo nuevo dueño.