lunes, 24 de agosto de 2026

684.- El pueblo cubano que no apoyó. (Segunda Parte)

No hay nada más eterno y hasta fuerte que una mentira repetida y repetida hasta el infinito, que se llega a repetir por vicio y que constituye una práctica conscientemente de los expertos en comunicación. En esto de mentir, incluso desde antes del triunfo de la revolución en 1959, los llamados revolucionarios cubanos tienen el uno. Una de las más grandes, TODO el pueblo cubano apoyó a la revolución, no soporta un elemental análisis serio. 

¿Qué hay de los campesinos? Aquel campesino cubano acostumbrado a vender sus cosechas, a tener un pequeño conuco o pedazo de tierra, donde sembraba su yuca, su plátano, su malanga, acostumbrado a criar sus gallinas y cerdos, quizás sus vacas y fue puesto a vivir en un edificio de micro brigada dependiendo de que su comida le llegara a través de una bodega estatal de forma racionada, que comenzó a pasar hambre, no apoyó aquel proceso.

Claro, es cierto que campesinos, los más pobres, los sin tierras, los engañables, quizás los románticos que siempre existen se incorporaron e incluso trabajaron para convencer a otros campesinos, pero el campesinado cubano, ni era político de oficio, ni tenía una enorme formación ideológica, mucho menos era comunista. El campesino fue obligado y como obligado tuvo que ceder, pero inmediatamente se comprobó que los rebeldes revolucionarios sobre el cultivo de tierras y crianza de animales sabían muy poco y la comida en Cuba comenzó a desaparecer. La miseria comenzó a ser distribuida.

Donde se sembró viandas desde la época colonial se comenzó a sembrar caña y arroz o café y mangos, que no se daban. Fin del cuento, ni viandas, ni cañas, ni arroz, ni café, menos mangos. Donde se trabajaba con una vaquita criolla que daba cuatro o cinco litros de leche de forma segura, se implementó un nuevo ganado a partir de mezclas y mezclas no efectivas. Fin del cuento, ni vacas, ni leche. La tan común y tradicional carne de cerdo quedó para las celebraciones familiares de fin de año. Tratar de comer carne de res después de años de cuidar y mantener a una vaca o toro, se convirtió en un delito elevado al mismo nivel del que mata a un ser humano. Del campesino recoger huevos que sus gallinas ponían en nidos construidos por ellas mismas, pasó a esperar que los huevos llegaran a la carnicería, cuatro, cinco, seis al mes por personas. La posibilidad de hacer una tortilla de más de un huevo o un flan pasó a existir sólo en los recuerdos y los libros de cocina.

El campesino cubano, pasada la efervescencia del proceso, retomando a Serrat, la fiesta, comenzó a vivir al menos de forma discreta de añoranzas del pasado, de su pasado cuando era pobre, pero no pasaba hambre, comprobando que seguía siendo pobre, quizás más pobres y como resultado de la revolución no tenía comida. Increíble para un campesinado con siglos de experiencias sobre una tierra muy fértil y fuerzas para trabajar. Ese campesino que, aunque trabajando la tierra, comenzó a pasar hambre y que hoy todavía pasa hambre, no apoyó a la revolución. El campesino cubano, de forma general, no es revolucionario, menos comunista, cosa que se comprueba con sólo caminar por el campo cubano.

Todas las revoluciones comunistas, para el interior, inmediatamente seleccionan enemigos y los van nombrando e identificando a conveniencia, sobre todo, para dirigir el colimador de los que van a disparar, agredir, maltratar, humillar, a veces sin saber ni por qué lo hacen. Es cierto, Fidel, Raúl y Díaz Canel no han matado a nadie con sus manos, pero son los máximos responsables de los atropellos y muertes.

Uno de esos enemigos objetivos fueron las religiones y los religiosos. Cuba era un país católico oficialmente, pero desde tiempos inmemoriales existían o coexistían otras religiones de origen africano y europeo. Las de origen africano, por estar precisamente por aquellos años vinculadas sobre todo a las capas más bajas de la sociedad, al menos eso se decía, aunque luego se comprobó que tampoco era verdad absoluta, fueron, en secreto, escapando, no obstante de ser estigmatizadas, mal miradas, criticadas, consideradas oscurantistas, brutas, atrasadas, etc., pero las otras, por supuesto la católica sufrieron fuertemente el impacto del gobierno y sus seguidores, una vez que los padres fundadores comunistas europeos habían definido que los religiosos, obviamente no hablaban de santería, palo, ñáñigos, adventistas, los masones, etc., creo que no las conocían o no les interesaba, era el enemigo a eliminar. La religión, se repetía y repetía, era el “opio de los pueblos”.

Entonces en Cuba, para no desentonar, se desató una guerra abierta contra, sobre todo, los cristianos que no eran mayoría fuerte y los católicos. Cuba vio cerrar iglesias y conventos, casas templos, con justificaciones varias, Cuba se fue quedando sin curas y monjas, pocos se arriesgaban a estudiar en los seminarios. Se desató una guerra a nivel de escuelas, centros de trabajos, vecindarios y familias y los que decidieron quedarse en el país o no pudieron salirse, sufrieron una especie de apartheid con sus posibilidades de vida muy limitadas.

Con discursos de horas y más horas en contra de los religiosos, aquellos que se empeñaron en no cambiar o al menos no esconder las creencias que probablemente practicaban desde antes de existir los revolucionarios barbudos, tuvieron que soportar sobre ellos las miradas, el escarnio, la burla, la ofensa, la humillación, la separación.

¿Se puede pensar que esos religiosos, sacados de sus trabajos o centros de estudios, apartados, mal visto y algunas cosas más complicadas de creer y entender, viviendo en sus localidades como bichos extraños, a pesar de ser personas buenas, honestas, trabajadoras, apoyaron a esa revolución?  

Soy del pensar que esos religiosos que se quedaron y quizás murieron en Cuba se tuvieron que tragar a la revolución, que es totalmente diferente a apoyarla. Por pura lógica no se apoya lo que te desconoce o te humilla.

Como la revolución muy rápido comenzó con el control de todo, se vio necesitada de incrementar el número de cárceles de todos tipos, para todas las edades y sexos. Era muy fácil caer preso, porque todo estaba prohibido menos lo que el gobierno se hacía el loco y dejaba pasar. El pueblo cubano comenzó muy paralelamente a cambiar la palabra trabajo por la lucha, que no es más nada que el invento, el desvío, la corrupción, el tráfico de influencia, el mercado negro, etc. Si la revolución fue hecha para el pueblo y fue apoyada por todo el pueblo, ¿Cómo se justifica la enorme cantidad de sancionados a privación de libertad que comenzó a existir a partir del mismo 1959 y que dura hasta hoy mismo? Enorme contradicción.

Miles, decenas de miles de cubanos han pasado por esas cárceles y calabozos por el solo hecho de tratar de sobrevivir o vivir un poco mejor fuera del razonamiento. Cientos de miles de cubanos enfrentaron sanciones políticas por no estar de acuerdo, más otros cientos de miles por sanciones de las llamadas comunes. 

Si en algo ha sido creativo el gobierno que se sigue apodando revolucionario es en inventarse leyes, códigos, delitos a su antojo. Además, todo, exactamente todo es creado y depende del gobierno, tribunales, leyes, fiscales, investigadores, abogados defensores que prácticamente no pueden ejercer su oficio e incluso testigos, por lo que resulta muy fácil acusar y sancionar a alguien por haber ayudado a la bruja de Blanca Nieves a envenenar la manzana, a pesar de que ella no existió nunca más allá de en una historia para niños.

¿Es de suponer que la madre y el padre, la esposa, los hijos, por sólo mencionar familia cercana, apoyaron a esa revolución que mantuvo y mantiene en condiciones infrahumanas a sus familiares, muchos de ellos sancionados por leyes y delitos inventados a conveniencia?, ¿Es de suponer que alguien, más allá de los de la banda, apoyen que una persona sea encarcelada y sancionada a largas penas, por sólo decir que el Sol existe, o que no tiene electricidad o agua, da igual?

Cientos de miles de presos no reeducados porque las cárceles cubanas no reeducan a nadie, que salen y viven con el cartel invisible de haber estado preso que no encuentran cómo insertarse, conseguir un trabajo honorable, etc., que jamás apoyaron y apoyaran a esa revolución. Por sólo dejar algunas preguntas de hechos lamentablemente famosos: ¿Los hijos de Tony, Ochoa y el resto de los sancionados, por sólo mencionar hechos muy sonados, aman y apoyan a la revolución que les mató a sus padres o los sancionó a largas condenas, por algo que jamás quedó claro y pareció más que todo un lavado de cara y de manos al gobierno?, ¿Los familiares de los que viajaban en el Remolcador 13 de Marzo, masacrado y hundido por las fuerzas del gobierno, 41 personas fallecidas, dentro de ellas 11 niños, que se sabía que viajaban a bordo, perdonaron a esa revolución, la defienden y apoyan? Esos, tanto los que pagaron las culpas, los heridos, los muertos, los familiares y amigos, son también pueblo cubano que no agredieron a la revolución, sólo querían escapar.

jueves, 20 de agosto de 2026

683.- El pueblo cubano que no apoyó. (Primera Parte)

A raíz de los 100 años del nacimiento de Fidel Castro que por suerte no los cumplió vivo, dedico unos pensamientos a una de sus mayores virtudes, la mentira.

Si hay algo en los gobiernos totalitarios son expertos es en tratar cambiar la historia, no sólo del pasado incluso sacando a personas de las fotografías, sino la del presente que se está viviendo, es en nombrar a las cosas por nombres inventados y que obviamente disminuyen la intensidad de los hechos o la aumentan, todo esto a conveniencia del poder y sobre todo decir cómo tienes que ver e interpretar lo que ves cuando lo que estás viendo no se corresponde con el discurso, tratando siempre de acomodar los pensamientos.

En esto de cambiar y acomodar, la revolución cubana, primero con Fidel Castro, el gran mago de las ideas inservibles y discursos, luego con su hermano Raúl que no aportó nada y sólo continuo el guion, hasta hoy mismo que escribo con el presidente designado, “Puesto a Dedo” Díaz Canel, ha sido un muy buen ejemplo. No digo pionera porque no se inventó nada que no se hubiera practicado antes y pienso recomendado por los maestros de la ideología compartida, pero si podría señalarse como un alumno destacado, un monitor distinguido.

Existen muchos ejemplos de esas definiciones que acomodan el pensamiento mintiéndole a un país entero, para no ir más lejos en el tiempo porque habría que terminar revisando casi toda nuestra historia, baste mencionar uno, el llamado “Período Especial”, que por la simple lectura podría describir algo único, que en sentido general llama la atención sobre lo positivo por lo de especial, cuando en realidad se estaba hablando de lo que en todo el planeta Tierra moderno se reconoce como crisis económica, que para el caso cubano, inició un proceso del cual 30 años después no se ha salido y que ha desembocado no sólo en un tema económico sino que la crisis se extiende al propio ser humano, por tanto a todas y cada una de las manifestaciones de su vida.

Cuba, donde el gobierno que como una banda de música se apodó revolución, en realidad un selecto grupo de personas que como integrantes de esa banda se autonombran revolucionarios, se apropió muy rápido de la palabra, pero no sólo eso, sino además de todos los medios por los cuales esa palabra se transmitía y trasmite, eliminando por tanto toda otra posibilidad, sino ya de pensamiento, porque es muy difícil hacer trepanación de cráneos a una población entera, por lo menos de la expresión de ese pensamiento, trató constantemente, primero para el interior, jugando con las emociones que van más allá del pensamiento lógico y segundo para el exterior, tratando de mostrar cierta legitimidad para conseguir apoyo, impuso la idea de que TODO el pueblo cubano apoyaba esa revolución.

Con esto, la palabra bastó para legitimizar un proceso sin dar más información, sin dar más pruebas. Todo el pueblo cubano apoyó la revolución, incluyendo sus grandes fracasos, que no fueron pocos, ni sencillos, cosa que para la simple interpretación humana es absurdo de mantener en el tiempo, todo el tiempo, idea que hasta hoy se maneja como único recurso para un gobierno que no puede darle ni agua potable a su pueblo.

Todo el pueblo cubano apoya a la revolución, por tanto, la revolución es fuerte y sobre todo tiene que ser eterna, demagógicamente afirman que, complaciendo los deseos del pueblo, o sea, ellos, el gobierno actual no se ha apropiado de nada, sólo son como dijera el mismísimo Fidel Castro, tratando de justificar su presencia, “soy esclavo del pueblo”. Demagogia, descaro, mentira, enfermedad, que muchos, no todo el pueblo, pero muchos, no sólo apoyaban, sino que elevaban a palabra santa.

Esta idea de que todo el pueblo apoyó a la revolución de los “barbudos”, forma parte de las grandes mentiras fundacionales que se impusieron desde el mismo 1959 y es algo que todos repetimos y repetimos y que aún hoy se utiliza para confundir. Esta idea impuesta desde el poder sólo desconoció a los que no la apoyaron.

En realidad, lo de pueblo es muy grande y se entendería mejor si fueran capaces de definir qué parte del pueblo cubano apoyó, cuál por ciento significó. Hubiera sido más honesto decir, a partir de los intereses del gobierno, que todo el pueblo que apoyó, pues apoyó y así se dejaría espacio para ese otro pueblo que no se sumó a la comparsa, que desde siempre existió, que desde siempre trató de huir al exterior o que sencillamente se quedó, pero se quedó limitado, apartado, no incorporado, mal visto, criticado, etc.

Decir que todo el pueblo apoyó, es sencillamente una de las primeras muestras de la segmentación y el fraccionamiento consciente, o sea, sólo me interesa y tendré sólo en cuenta a la parte del pueblo cubano que me apoya, el resto, pues tendrá que aguantar, sufrir, vivir marginado o mudarse de país. Los que apoyaron son pueblo y los que no, parece fueron sólo fantasmas, nunca existieron.

Si se recorre la historia de esta última etapa, sin que yo pueda concluir algo como absoluto, es fácil reconocer que Cuba desde siempre se mantuvo en luchas obreras, estudiantiles, etc., que trataban por pura lógica humana de cambiar lo que se suponía estaba mal. Luchas políticas contra la corrupción, contra las mafias, contra los asesinatos, etc., pero todas ellas tenían un marcado carácter democrático no armado, menos comunista, baste decir que ni los propios comunistas públicos organizados de aquellos años, estuvieron de acuerdo con apoyar la lucha armada como solución y no pocos se desmarcaron de aquel movimiento incipiente reconocido como los Mau Mau kenianos, los barbudos, aventureros, locos, etc., que comenzó a existir después del gran fracaso de los ataques a instituciones militares y civiles en 1953 y el posterior fracaso del llamado desembarco del yate Granma en 1956 con un grupo de hombres encima, que más que desembarco organizado resultó un naufragio fuera de la fecha acordada y el lugar escogido, lo que costó vidas de jóvenes en la ciudad de Santiago de Cuba.

El pueblo cubano de aquellos años trabajaba, trataba de sobrevivir y mejorar y no pocos apoyaban a Fulgencio Batista, reconocido sobre todo en su última etapa como dictador. El pueblo cubano no estaba para guerras y me arriesgaría a decir que no era un pueblo extremadamente politizado. La política era cosa de los políticos, de líderes obreros, como siempre de estudiantes adolescentes y jóvenes y algunos que otros profesionales, intelectuales, demócratas, que como es normal sumaban personas que los seguían, no mucho más, pero esos nunca fueron todo el pueblo de Cuba.

La revolución triunfó por miles de causas que ahora no vienen al caso, creo que las más importantes pueden ser que llegó el momento que ni al mismísimo gobierno norteamericano le interesaba mantener a Batista en el poder, de ahí la imposibilidad de obtener recursos para el ejército profesional, la innegable radicalización de grupos democráticos dentro de Cuba que sumó fuerza a la lucha y la propia huida, no huida porque nadie lo estaba persiguiendo, sino la retirada de Batista y sus más cercanos colaboradores, que deben haber comprendido que sobraban y es ahí donde se le entregó la revolución a ese llamado pueblo, que no fue todo, sino a una parte, por coincidencia los que habían estado luchando y apoyando, los más desposeídos, los obreros, etc., etc., etc., entonces es cierto, esa parte del pueblo se sumó y sobre todo, comenzó a ejercer el poder, a veces por lógica, a veces por sentimientos, a veces por odio y venganza.

¿Cuál debió haber sido el mayor sentimiento de todo el pueblo eliminada la dictadura de Batista? Alegría, a la mayor parte ya no le convenía, luego creo yo, regresar a la Cuba de antes, regresar a la Cuba que venía progresando económicamente, no sin problemas, pero progresando. Tal como dice una canción del gran Serrat: “Y con la resaca a cuestas, Vuelve el pobre a su pobreza, Vuelve el rico a su riqueza, Y el señor cura a sus misas […] Vamos bajando la cuesta, Que arriba en mi calle, Se acabó la fiesta.

Una revolución cualquiera, incluso a nivel familiar, porque existen revoluciones familiares, no es un proceso orgánico que se gesta por acuerdo, que se desarrolla dentro de un pensamiento social e histórico y lógico, sino por el contrario, es algo que se impone en el poder por la fuerza, tiene entonces que acomodar todo a su conveniencia e inmediatamente el primer paso es destruir toda la estructura existente e imponer desde la improvisación, el capricho y la conveniencia de un grupo aderezado con el supuesto apoyo de todo el pueblo, la forma en que se comenzará a vivir, bajo planes teóricos, poca experiencia y poca práctica.

Muy rápido esa revolución democrática popular, que prometía libertad, democracia, religión libre y no censurada, lo que le ganó adeptos porque el discurso o los discursos se comió dulcemente los oídos, tan rápido como en 1961 se proclamó socialista, entiéndase comunista y poco después en 1965 decidió, después de haber eliminado a todos los que existían, como único partido político en Cuba el “nuevo” partido comunista. De verde como las palmas se pasó a rojo como la sangre e inmediatamente se comenzó como en un torno a trabajar sobre el fracaso que resultó a largo plazo. Dando todavía en aquel momento un voto de confianza, buenas mentiras disfrazadas de buenas intenciones que terminaron empedrando el camino al infierno.

El primer gran escándalo a partir de 1960 es el proceso de intervención, nacionalización y expropiación primero de las grandes empresas extranjeras y cubanas, que no eran muchas, seguido de lo que se conoció como “Ofensiva Revolucionaria” en 1968, con la expropiación obligada del resto de las empresas nacionales, casi 600 000 pequeños y medianos negocios privados. El gobierno revolucionario se hizo con toda la economía en la ciudad y el campo.

¿Alguien puede pensar que a todos aquellos que le quitaron un negocio, grande o pequeño, una fábrica, un taller, una bodega, un bar o restaurante, negocios y empresas familiares en muchos casos establecidos por muchos años sobre el trabajo honesto, de los cuales vivían y no muy mal las familias, muchas veces fundados por padres y abuelos con mucho trabajo y sacrificio, podían apoyar algunas de aquellas medidas? Esos perjudicados que en su mayoría no entendieron y no apoyaron, sólo se resignaron por no poder hacer más nada, eran pueblo cubano.

La intervención de periódicos, canales de radios, de televisión, dejó a muchos profesionales, intelectuales, técnicos fuera. Personas que incluso habían luchado contra muchos gobiernos anteriores y apoyaron a la mismísima revolución rebelde, acostumbrados a ejercer su libertad de expresión, no pudieron entender el monopolio, la exclusión, la dirección “salvaje” e improvisada comunista. Esos que no apoyaron, esos que se quedaron sin trabajo, peor esos que fueron sancionados a cárceles o inducidos a abandonar el país sólo por sus ideas, no apoyaron a esa revolución y eran pueblo cubano.

jueves, 13 de agosto de 2026

682.- Pasó lo que parecía imposible.

Hablemos de otro tema que no sea Cuba, porque ya de Cuba, en realidad qué queda por decir que no se haya dicho, propongo entonces hacer una pausa y hablar de otras cosas.

Ayer, 12 de agosto, ha pasado lo impredecible, lo no calculado, lo que muchos, millones de personas, pensábamos que no sucedería por lo que lo nombrábamos imposible, Ritchie Blackmamore subió a un escenario y tocó con Deep Purple.

Y sé que muchos preguntaran y quién ese Ritchie no sé qué y qué importancia puede tener el hecho, porque tampoco es el oxígeno que respiramos o el agua que tomamos.

Bueno el hecho, que estoy convencido que muera el que muera, se cree una nueva banda de música o se estrene con éxito una canción, se convertirá en la noticia más importante al menos de este año, ratifica que nada es imposible mientras exista la vida.


El Sr. Ritchie Blanckmore, el mago, una leyenda viva, es el cofundador de una de las bandas musicales más importantes e icónicas al menos de la historia del rock, después de 33 años de separación la que parecía muy definitiva, ha vuelto a encaramarse en un escenario junto a gran parte de sus compañeros, faltó John Lord, otro mago, en este caso de las teclas, porque lamentablemente falleció en 2012 después de una excepcional carrera como músico, pianista, productor, compositor, etc.

Ritchie fundó Deep Purple en 1968 y muy rápido se convirtió en noticia, fue desde siempre algo excepcional, sobre el cual, nada más y nada menos que Jimmy Page, en una entrevista, la otra persona viva que resume la historia de las cuerdas dijo él no entendía lo que pasaba, pero que estaba convencido que jamás podría tocar de aquella forma. Imagínense un tipo como Page diciendo aquello. Si lo dijo Jimmy Page no hay más nada que decir.

Creo haber escrito que Deep Purple es mi banda preferida desde que recuerdo, o sea, desde cuando fui niño y entonces Gillan y Blackmore fueron y debo reconocer que aún son mis héroes. Es cierto existen otras bandas, otros cantantes, otras buenas canciones, pero soy fanático a Deep Purple y cuando se habla de fanatismo no hay raciocinio.

La combinación Gillan and Blackmore funcionó muchos años y creó canciones hasta hoy insuperables. Eran dos genios, pero precisamente esa genialidad diferente los llevó al desencuentro.

Ritchie Blackmore fue y es un tecnicista, un tipo apropiado de la exactitud, de lo perfecto, de lo exclusivo y único. Ian Gillan era un salvaje, un tipo espontáneo, cuando joven medio rebelde y violento, partidario de la improvisación, extremadamente confiado de que, con su voz, por mucho una de las mejores de la historia, todo lo podía resolver.

Ritchie se desgastaba en la exactitud de los acordes, en las prácticas y más practicas hasta lograr lo único, Ian cantaba salvajemente, sin mucho protocolo.

Entonces cansados de contradicciones, en 1993 Ritchie Blanckmore se separó y siguió su camino de éxito, lo que se convirtió casi en un funeral colectivo a nivel mundial, donde quiera que se encontraba un amante del rock había pesar por haber perdido su presencia. Nadie lo entendía, nadie lo esperaba, nadie lo deseaba.

El tema de la desunión y el posible reencuentro ha mantenido la llama viva por más de estos 30 años. Ritchie muchas veces dijo después de haber cosechados muchos otros éxitos fuera de Deep Purple que no volvería a tocar rock. Por su parte Ian en cada entrevista dejaba claro que no sería posible, diciendo cosas como que Ritchie era la novia que nunca más se quería volver a tener.

Y así entre videos viejos, llegamos al 2026 y días antes de ayer, se comenzó a correr que Ritchie Blackmore podría tocar junto a Deep Purple nuevamente, cosa que por un lado embulló y por otro demostró la incredulidad.

Entonces la historia que pareció por 33 años como imposible, se volvió posible. Ritchie Blackmore, 81 años, aprovechando que Deep Purple tocaría cerca de su casa escribió a Ian Gilan y le dijo: “¿Qué te parecería si me levantara solo para un bis? Solo una de las canciones. No quiero entrometerme” y Gilan, próximo a cumplir el día 19 de agosto 82 años le respondió: “Sin presión, solo por los viejos tiempos”.

Y así apareció Ritchie Blackmore en el escenario, sin dramatismo, sin quererse robar el show que de hecho se robó, para interpretar una de las canciones más conocidas del rock “Smoke on the Water”, poseedora del riff más famoso, según los expertos, de la historia mundial de todos los riffs.

Estamos hablando literalmente de dos ancianos cada uno de ellos con más de 80 años, si es cierto, están viejos, pero las Pirámides de Egipto son más viejas y cada día que pasa son más importantes y visitadas.

La canción sonó bien, los que allí estuvieron, lamento no haber estado porque, aunque he visto a Deep Purple en vivo, la idea de Blackmore de vuelta hubiera sido una inigualable experiencia.

Las dos figuras principales de la banda y de la historia de rivalidades, sonrieron, se tocaron, se hicieron chistes y al final Ian Gillan no dejó pasar la oportunidad que puede ser comparada con un gracias, una disculpa, un no ha pasado nada, cosa que lo salvará para la historia de los fanáticos y dijo: "Fue un placer absoluto tener de vuelta en el escenario al miembro fundador, la gran leyenda, el inmortal... ¡Ritchie Blackmore!". Fue un gran placer. Nos vemos en el bar."

Candice Night la esposa de Ritchie, que debe haber vivido y soportado toda esta historia junto al mago, a la “gran leyenda, al inmortal” y que ha pasado como musico cantante muchos años de su vida trabajando con su esposo con no pocos éxitos, publicó una nota que dice: "Bueno, esto me reconforta".

Y creo que ese es el mejor sentimiento, no porque Ian Gillan pudiera cantar a sus casi 82 años como cuando cantaba salvajemente, no porque Ritchie a sus 81 años, demostrara su enorme e inigualable capacidad y habilidad para tocar guitarras, sino porque creo que más allá de sus fanáticos ellos se lo merecían, quizás por los viejos tiempos.

Claro que Deep Purple no es la única banda de música a la que soy fanático, me gustaría decir que ese lugar lo ocupa también Journey, que tuvo el mismo concepto de una dupla excepcional. Neal Shon, otro guitarrista único y Steve Perry, la voz más influyente en la música rock y pop por décadas, cosa que no digo yo, lo dijo nada más y nada menos que Freddy Mercury. 

También ellos son protagonistas de un desenlace que no se acepta mucho y por muchos. Steve Perry abandonó a definitvamente Journey en 1996 y desde ese momento muchos esperando el dichoso día donde otro milagro, la unión para tocar y cantar, se haga realidad. Quién sabe, a lo mejor un día sucede.

 

Aquí el enlace del video.

https://www.youtube.com/watch?v=mLOBXGEkuyk&list=RDmLOBXGEkuyk&start_radio=1

miércoles, 12 de agosto de 2026

681.- True Confessions by Alicia Grillo. (Confesiones Verdaderas por Alicia Grillo)

Bueno, continuo en el tema de las ideas, es una lástima que no me paguen por esto, porque tendría mi vida muy bien garantizada, quizás podría comprarme el avión de mis sueños y podría viajar, viajar y viajar.

Sobre mi último escrito, que en realidad sólo lo que hice fue dar a conocer más, imagino, un artículo del Dr. Israel M. Fugundo, persona autorizada por su profesión, pero, sobre todo, por estar viviendo en Cuba, escenario de lo que se narra, he recibido muchos comentarios, todos, y es válido decir que apoyando, suscribiendo, y para nada criticando negativamente lo que se expresa. Lo que me hace concluir sobre la certeza, o al menos la apreciación acertada y cercana a lo que se cuenta no está exagerado, como una simple acción para ganar ratings, cosa que está hoy muy de moda con la simple acción de seguir haciendo leña del árbol caído, porque caído ya está.

Para esta ocasión mi madre me deja sus ideas, que para nada son nuevas para los cubanos, sin embargo, para mí como hijo que conoce exactamente su historia, me sirve de consuelo y como se trata de mi madre, tengo autoridad sin pedírsela para hacerlo público.

Ella, que formó parte de aquel ejército que voluntariamente creyó y más, se incorporó a cambio de nada o muy poco, a trabajar por aquel gobierno que mantuvo el apodo de revolución, ya no puede cerrar más los ojos, mirar hacia el otro lado y seguir por inercia.

Ella llega a coincidir conmigo, quizás como nunca antes, lo que para mí en el plano muy personal significa un triunfo, lo que dice para nuestra relación madre-hijo que, tal como decía mi abuela Tomasa, apelando a un viejo refrán: “mientras el hacha va y viene, hay lugar para la esperanza”.

Ella comienza su escrito diciéndome: “Coincido con tu criterio del tema del cual reflexionas en este artículo”, coincidencia confesada, es cierto que he tenido que esperar a mis 63 años, pero al final coincidencia sincera que sólo los enfermos del cerebro serían incapaces de no ver.

Claro, todavía me queda trabajo, esa es una de mis propuestas de vida, entender que mi madre tiene 82 años y trabajó en Cuba hasta una semana antes de mudarse de país hace tres años ya. Nadie podrá pensar que abuso, menos podrán acusarme de maltrato doméstico, ella aún tiene su cerebro extremadamente claro, por lo que me tomo lo de su avance como algo consciente y por qué no, hasta que me pueda comprar el avión, un logro personal.

Ella aun siente alguna confianza, no se puede pedir más, quizás como única solución que ve, quizás como un destello de esperanza, antes de pedir la decapitación de todos los del gobierno, cosa para la cual hay que haber experimentado una determinada radicalización, lo que lleva tiempo, cuando me escribe: “Según mi consideración la única solución […] a la situación […] es la inteligente y oportuna actuación de los altos decisores cubanos ante el actual escenario existente. Comenzando por la rápida implementación y control de las últimas medidas económicas recién informadas …”.

Y aquí merece un aparte, según mi consideración, lo que se define como altos decisores no pueden arreglar absolutamente nada, ni con las medidas, ni con las otras medidas, ni con más medidas. Esos decisores lo primero que hicieron fue retrasar a conveniencia las medidas, no les convinieron, no las necesitaron para ellos vivir bien y prefirieron meter al pueblo en un hueco del cual parece, primero, que no tiene fondo, segundo, del cual no se va a salir.

Luego si existe algo que el gobierno-revolución cubana ha sido fértil, es precisamente en las medidas: paquetes de medidas, grupos de medidas, bultos de medidas, batido de medidas, que no sólo no han resuelto nada, sino que han terminado agravando, complicando, trastocando, etc., la vida del cubano.

No hay una medida, sobre todo de estos últimos años, que ya van para muchos, que los decisores hayan tomado que represente un mejoramiento estable para ese pueblo, que aún vive allí, bajo la palabra “resistencia”, que no es para nada un rasgo excepcional del pueblo cubano, sino sencillamente la sobrevivencia y el no dejarse morir, característica que ha venido acompañando al humano desde que se inventó o desarrolló a partir de un tipo especial de mono.

Los decisores no pueden resolver absolutamente nada, más allá de encomendarse a Dios, porque sencillamente, más allá de malos o buenos, no tienen la capacidad, menos la voluntad de resolver de una vez y para todas. Las medidas viniendo de forma independientes o en paquetes, siempre han sido tomadas para ganar tiempo, controlar lo que no se puede controlar, reprimiendo cualquier forma de progreso fuera del dominio exclusivo del gobierno y garantizarse el poder que garantiza la buena vida.

Mi madre, difícil para mí, me dice “Ya no hay tiempo para que los decisores continúen con caprichos, llueve sobre lo mojado. Vale más tarde que nunca, porque la vida es una sola” y lo llamativo no es la conclusión con la que además concluye su escrito, sino que reconoce, quizás como nunca antes dos cosas: una, menciona la palabra caprichos, lo que se acerca a lo que tantas y tantas veces hemos debatido, ya no hay explicaciones románticas, búsqueda de explicaciones lógicas para la ilógica, etc.; dos, porque reconoce el fracaso total, sin mencionar o enumerar lo fracasado, diciendo que la vida es una sola, no hay más, se acabó el tiempo, lo que se promete hay que cumplirlo, lo que no se planifica terrenalmente para una vida no tiene el más mínimo sentido para el hombre. Caprichos y fracasos.

Sigue siendo un privilegio, por mucho trabajo que a veces me cueste, tener a mi lado una persona con la posibilidad de pensar, coincida conmigo o no, aunque es justo decir que nuestras coincidencias actualmente han ido en aumento y yo no me he vuelto comunista.

Aquí les dejo sus ideas, nombradas por mí como True Confessions, aprovechando el nombre de una muy buena película, más allá de mis interpretaciones.

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“Coincido con tu criterio del tema del cual reflexionas en este artículo.

No conocía de la publicación que refieres del Dr. Israel Manuel Fagundo Pino, por lo que me alegra la hayas compartido. Es una magnifica reflexión de la real situación que están afrontando actualmente los cubanos. La inmensa mayoría de ellos están en modo de supervivencia económica y también psicológica. Desde lejos, puedo comentar que con la totalidad de las personas que a diario me comunico a través de mensajes, y que en su mayoría son de la tercera edad, manifiestan casi todas tener las mismas penurias cotidianas. Prácticamente ya no hay otros temas de conversación con amigos y familiares, que no sea narrar las escaseces y dificultades diarias referidas por el Dr. Israel y otras más cuyo listado es enorme.

Como a las familias cubanas de cualquier sitio se les va el día buscando opciones de solución para poder sobrevivir, no hay temas agradables de conversación porque prima saber cómo les va la salud, como resolver los alimentos diarios, las medicinas, agua, paneles solares, ecoflow, etc. Son los mismos monotemas de anos, pero agudizados, y sumados otros nuevos.

No hay que ser especialista en Psicología o Psiquiatría, sino solo tener humanidad, empatía y solidaridad para darse cuenta el alto nivel de ansiedad, estrés, desesperanza, desmotivación, irritabilidad y agresividad, que una gran parte de la población cubana manifiesta por diversidad vías. Pero además este impacto es tan grande, que una parte de los emigrados cubanos con los cuales me relaciono, también se sienten afectados y muy preocupados por dichas dificultades. Y estamos propensos a padecer también esos críticos estados mentales, que pueden llegar a afectar nuestra salud mental al conocer la vida que están teniendo nuestros familiares y amigos, cuya solución no está en nuestras manos. 

Pienso que estos estados mentales y comportamientos no se solucionaran solo con tratamientos psiquiátricos, ni medicamentos para los nervios, aunque de seguro ayudaran, sobre todo a las personas de la tercera edad.

Según mi consideración la única solución a la situación que se comenta en el artículo es la inteligente y oportuna actuación de los altos decisores cubanos ante el actual escenario existente.

Comenzando por la rápida implementación y control de las últimas medidas económicas recién informadas. Además de otras que según considero están aún pendientes, del campo de lo político y social.

Por muy fuerte que la persona sea, con una buena salud mental y no quiera expresar la grave crisis que están viviendo, la realidad se impone. Todos los cubanos en mayor o menor medida resultan cotidianamente impactados por las dificultades actuales bien sea por la mala gestión interna o por presiones externas Y lo peor es que hasta hoy, no se vislumbra una solución a corto plazo que haya sido informada.

Considero que para que la situación de sobrevivencia psicológica no se continue profundizando es necesario que las personas tengan esperanzas que, en el presente, en el corto plazo, los principales y graves problemas cotidianos tendrán una opción de solución. Ya no hay tiempo para que los decisores continúen con caprichos, llueve sobre lo mojado. Vale más tarde que nunca, porque la vida es una sola”. 

  

lunes, 10 de agosto de 2026

680.- Si esto era lo correcto, ¿por qué nos obligaron a esperar toda una vida para reconocerlo?

Sigo leyendo para aprender. Ahora reproduzco para los que me leen algo que me ha llegado desde y sobre Cuba.

Ahora si conozco al autor porque viene reconocido junto al escrito y no es cualquier persona, llamando a cualquiera, primero a mí mismo, luego a otro cubano que desde lo que vive y siente se manifiesta.

En este caso el autor es Israel Manuel Fagundo Pino sobre el cual al buscar me he encontrado que trabaja como doctor en el Hospital Universitario General Calixto García y es miembro de la Sociedad Cubana de Psiquiatría, por lo que si le sumo todo esto a la edad que parece tener en la foto que encontré, alguna experiencia, a lo mejor mucha experiencia debe tener en la relación con humanos y el tratamiento de los problemas que un día cualquiera de nosotros puede tener.

Creo que lo que aquí nos cuenta, no es un fenómeno exclusivo de Cuba, donde evidentemente él tiene más experiencia práctica, sino que son fenómenos que se presentan en los seres humanos en cualquier lugar y momento donde las condiciones son, al menos, inapropiadas para el desarrollo humano, que como sabemos está relacionado directamente con el cerebro.

Por todos es conocido, o al menos debería serlo, que las enfermedades del cerebro son extremadamente complejas, muchas difíciles de conocer y resolver y que pueden llevar incluso a la muerte provocada. No sólo el cáncer y los infartos matan.

Claro que el tema se refiere a Cuba, porque lamentablemente el pueblo cubano ha llegado a dónde ni por asomo pensamos que se llegaría y los daños, más que evidentes hoy, rebasan el asunto del bienestar físico.

Esto resulta muy complejo, peligroso y lamentable, porque hoy el cáncer se puede eliminar, si se trabaja a tiempo y el cuerpo responde, también los infartos que antes mataban sin remedio hoy son prevenibles y tratables salvándose la vida, incluso en varias ocasiones al que los padece, sin embargo, una afectación emocional, del cerebro, que aparentemente no se ve o deja grandes huellas puede durar toda la vida, incluso acortarla muchas veces.

No hay nada peor que la depresión, la perdida de objetivos, el malestar que no se sabe de dónde viene y cómo solucionarlo. No hay nada peor que las personas pierdan la orientación, el futuro y que prefieran morir lenta o rápidamente por pensar que no tiene cómo mejorar.

La historia está llena de personas que nacen con deformidades, con limitaciones y, sin embargo, la fuerza de voluntad y el cerebro los hace realizar grandes hazañas, que uno mismo, aparentemente entero y sano, no se ve realizando y menos logrando. La falta de interés por la vida, la no posibilidad de ver que se tiene la solución, hace que ya la tengas perdida.

Que los cubanos estamos enfermos, unos más otros, al menos aparentemente, menos, no es nada nuevo. Todo pueblo, con cualquier idioma, con cualquier estatus económico, que llega a vivir como lo está viviendo el cubano, sin solución a corto o mediano plazo, sin poderse salir fácilmente de una isla que se ha convertido en cárcel, se enferma.

Los cubanos de adentro, obvio, los más afectados, viven dentro de una terapia intensiva conectados a aparatos controladores, los cubanos de afuera viven detrás de un cristal sin aparatos por el momento, mirando a su enfermo, algunos rezando y pidiendo a algún dios, otros deseando que la ciencia actué y que salve a su enfermo. Ninguno puede estar tranquilo, ninguno puede estar contento.

Y pensar que todo esto, más allá de los daños que ya existen, puede ser solucionado. Lo primero sería eliminar, destruir, hacer desaparecer el capricho que es lo único que queda fuerte.

Aquí les dejo el artículo, sigue siendo reconfortante encontrar respaldo a las ideas que se tienen. Espero que el Dr. Manuel no se disguste por mi publicación.

"Los cubanos estamos en estado de supervivencia psicológica".

 Por: Israel Manuel Fagundo Pino

"No es cansancio. No es falta de fe. Es agotamiento profundo.
Día tras día, millones de cubanos despertamos y lo primero que hacemos no es planear el futuro, sino preguntarnos: ¿hay comida para hoy? ¿hay agua? ¿cuántas horas de luz tendremos? ¿podré conseguir el medicamento que necesito?
Eso no es vivir. Eso es sobrevivir. Y cuando el cerebro humano se instala en modo supervivencia, todo lo demás se colapsa.
Desde la psicología y la psiquiatría, observamos con preocupación cómo la crisis material se convierte en crisis emocional. Las carencias que mencionamos - alimentos, medicinas, apagones prolongados, inflación imparable, deterioro de los servicios médicos y problemas ambientales- no solo dañan el cuerpo. Dañan la mente.
Estas son algunas de las consecuencias que ya estamos viendo en las consultas y en las comunidades:
● Hipervigilancia constante: El cerebro permanece en alerta permanente, lo que agota los recursos energéticos y genera ansiedad crónica.
● Desesperanza aprendida: Cuando las soluciones no llegan, muchas personas dejan de intentarlo, cayendo en apatía y depresión.
● Irritabilidad y conflictos familiares: El estrés sostenido rompe los lazos afectivos; aumentan las discusiones y la violencia intrafamiliar.
● Duelos anticipados: Perder seres queridos por falta de atención médica o medicamentos deja heridas que no cicatrizan.
Y de repente, un día, ya viejos y cansados, nos levantamos y descubrimos que casi todo está autorizado.
Tener negocios más grandes, asociarse, invertir, crecer, contratar más trabajadores, abrir nuevas empresas, comerciar con el exterior...
Y entonces recordamos que cuando teníamos juventud, fuerza, talento, disciplina y deseos de salir adelante, muchas de esas cosas estaban prohibidas o severamente limitadas.
Miramos hacia atrás.
Pensamos en los proyectos que nunca nacieron, en las oportunidades que dejamos escapar, en los años que pasaron esperando permisos, cambios o aperturas que nunca llegaban.
Y movemos la cabeza de un lado a otro.
Porque ya no estamos hablando de errores económicos.
Estamos hablando de vidas.
De generaciones enteras a las que les dijeron que no se podía, para terminar, reconociendo décadas después que sí se podía.
De hombres y mujeres que no fracasaron porque les faltara talento o voluntad, sino porque alguien decidió por ellos hasta dónde podían llegar.
Y esa es quizás la parte más difícil de explicar.
Porque el dinero perdido puede recuperarse. Las empresas pueden abrirse. Las inversiones pueden llegar.
Pero nadie puede devolverle a un pueblo los años que le hicieron perder.
Nadie puede devolverle la juventud a una generación.
Y ninguna reforma, por profunda que sea, podrá borrar una pregunta que seguirá acompañando a millones de cubanos:
Si esto era lo correcto, ¿por qué nos obligaron a esperar toda una vida para reconocerlo?"

domingo, 9 de agosto de 2026

679.- ¿Regresarías a vivir en Cuba?, ¿No o Sí?

Generalmente hablamos de Cuba como un lugar monolítico, único, a veces medio exclusivo, cosa que puede llegar a confundir. En realidad, existen tantas Cubas como cubanos hay. Creo que la añoranza real o inducida, de sentimiento o fingida, nos hace recordar cosas, pedazos de historias, olores, sabores, como recurso para decir de dónde venimos.

Cuba es cada cubano y entonces cada cual recuerda o inventa los buenos momentos y, en dependencia del cubano, los malos momentos. Creo que todo esto está aumentado y exagerado, de ahí los comentarios de, este mango no sabe igual al de Cuba, esta carne de cerdo no sabe como la cubana, cuando en realidad el último mango que comimos fue hace 25, 30 años, un mango cualquiera comprado o robado de la mata de un vecino, cuando la carne de cerdo no formó parte de nuestra dieta diaria y se llegó a comer sólo los días festivos, incluso muchos no la comían. Carne de cerdo que considerábamos nuestra y era importada, por ejemplo, de Canadá.

Me maravilla escuchar que se extraña como algo importante el Malecón Habanero, un pedazo de muro que limita la tierra con el mar, incluso cuando lo de sentarse en ese malecón no era algo diario. Me llama la atención lo de extrañar la playa, cuando muchas veces se asistió a ella muy pocas veces, porque todos los cubanos no nacimos sobre la arena muy cerca del agua salada. Es como si yo dijera que extraño el Morro de La Habana o la Fortaleza de la Cabaña, por mucho que me gustan y valoro, tal como si hubiera pasado dentro de esas fortificaciones toda mi vida, la primaria, la secundaria, el pre, la universidad, dentro de ellas me hubiera casado, hubiera tenido a mis hijos, etc. Yo lamento no extrañar Marianao o Guanabacoa que también son Cuba, menos Camagüey o Las Tunas, por donde muy poco caminé.

Nosotros los cubanos dueños del mejor restaurante del mundo, cuando no comíamos en restaurantes, las palmas más altas del mundo, como si no existieran palmas reales en más ningún lugar, la mejor playa del mundo, la mejor música, el mejor sistema de salud, los profesionales mejores formados del planeta, etc.

Casi todos hemos convertido la nostalgia en parte de nuestras vidas. Todos rememoramos momentos felices de nuestra infancia y adolescencia, por cierto, en mi caso, ya lejanas. Éramos felices, decimos. Fuimos felices con un solo short, a veces viejo a veces zurcido, fuimos felices descalzos, fuimos felices cogiendo juguetes una vez al año, en mi caso siempre el quinto y sexto día, o sea, pelotas y bolas, no mucho más. Fuimos felices saliendo con ropa prestada de uno de nuestros amigos, fuimos felices reuniendo entre muchos para poder comprarnos una pizza o unas maltas, teniendo que ir a casa de un amigo a ver un programa de televisión o escuchar una música en un tocadiscos o una grabadora, fuimos felices viendo y no pudiendo acceder. Fuimos felices porque íbamos al zoológico y después de horas de cola, podíamos acceder a unas galleticas porque ya en ese momento las famosas africanas cubanas se habían acabado. Fuimos felices caminando y caminando y enganchándonos en guagua por falta de transporte, al final ejercitábamos nuestros músculos, fuimos felices sentándonos a comer salvajemente todo el helado comprado por nuestros padres porque no había electricidad para conservarlo. Fuimos felices porque nos paraban al Sol durante mucho tiempo, aguantando en la boca un líquido horrible que nos ponían dentro que decían cuidaba nuestros dientes, al final era gratis.

En realidad, nunca fuimos felices, sólo fuimos niños y adolescentes con muy poca referencia, conciencia y responsabilidad. Un chocolate, un refresco, un cumpleaños con globos, un lindo y deseado juguete, son más importante para un niño que la importante soberanía. Un par de tenis, un paseo agradable, la posibilidad de invitar a una pareja a un helado, una cama, la seguridad de las noches, son más importantes para un adolescente que la importante independencia nacional. No fuimos realmente felices sólo que nos escondieron, nos confundieron y nos hicieron creer que lo éramos.

Cuando crecimos nos enteramos de que aquello que nuestros padres y abuelos nos enseñaron, aquello de la honestidad, de opinar, de decir la verdad o al menos nuestra verdad, poco servía, en realidad descubrimos que era lo más peligroso que podíamos poseer y tratar de hacer. ¿Para qué sirvió la verdad en Cuba? Nos confundieron, nos reprimieron, nos ataron, a algunos los apalearon. Nuestros propios padres nos dijeron, lo que te enseñé no era tan así, es peligroso, entonces piensa, pero no hables, no lo exteriorices. Estas equivocado, estás perdido. Vive, pero no pienses mucho, piensa, pero no lo puedes decir, tienes problemas, todo esto por tu bien, por tu felicidad. Éramos felices como perros, dicen, pero, tal como en el cuento, no podíamos ladrar.

Y un buen día, descubrimos, algunos antes, otros después, que, para alcanzar esa felicidad prometida que disfrutaríamos un día junto a todos los obreros del mundo, tan llevada y traída, quizás para seguir viviendo como perros, pero poder ladrar, teníamos, como única solución, que irnos de nuestro país, renunciar a todo y a todos y dejarles el camino abierto a aquellos hacedores de felicidad que sólo la construyeron para ellos mismos.

Ellos que, viviendo su felicidad, mientras el pueblo se acinaba en solares, se apoderaron de Miramar, Siboney, Nuevo Vedado, por sólo citar en La Habana. Ellos que mientras el pueblo caminaba, se fajaba por entrar en una guagua y se trasladaba colgado por fuera, paseaban en automóviles, en yates, en aviones. Ellos que mientras el pueblo, con mucho trabajo consideraba un gran logro ir un domingo a la playa, pasaban sus vacaciones en el exterior, en el mejor de los casos, los más “humildes” o “segundones” y aquellos que muy inteligente y oportunamente se declararon defensores del proletariado internacional al cual no conocían ni remotamente, en Varadero, los cayos, en yates y catamaranes. Ellos creadores de sus propias felicidades, mientras el pueblo asistía a hospitales inservibles, sucios, con pocos o ningún recurso, se atendían en clínicas y hospitales especiales que siempre existieron sólo comparados con los hospitales del capitalismo altamente desarrollado.

Si, fuimos felices, de una felicidad que en realidad nunca existió. De una felicidad que se equiparó a la miseria, al inmovilismo, al conformismo, a la justificación de lo injustificable, a la falta de futuro y hoy, todavía hoy, tenemos que soportar que nos digan, entre otras miles de cosas, mal agradecidos por no defender la felicidad que no tuvimos, pero teníamos que decir que teníamos.

Después de todo este desgaste sólo sentimental, donde muchos hemos creado la imagen de una felicidad que no tuvimos, siempre aparece una pregunta: ¿Regresarías a vivir a Cuba? Pregunta concreta de sencilla respuesta. No o Si. Y es precisamente esa aparente sencillez lo que nos complica la existencia tratando de encontrar explicaciones. Es muy fácil recordar a Cuba, desgastarnos en comparaciones, rememorar momentos lindos que existen siempre, incluso en las peores condiciones humanas, lo difícil es definir frente a otras personas, ese No o ese Si.

No regresaría podría ser una respuesta que sólo tiene que ver con la individualidad. Lo primero que aparece es la crítica de anticubano, antipatriota, de no querer a la tierra que te vio nacer, como si la tierra hubiera formado parte de nuestra llegada al mundo. Antipatriota por no extrañar Ciego de Ávila o Guantánamo, lugares que ni sabemos exactamente dónde quedan. Aparecen ideas juntas como independencia, soberanía, cubanía, etc., definiciones para altos profesionales en el mundo de las ideas, todas mezcladas, que, para una persona dañada, si, todos los cubanos estamos dañados, dejan de estar en primer plano. ¿Con qué se come la soberanía?

No regresaría, no tengo nada allí, ni casa, ni dinero, ni trabajo, ni intereses. Ni las tumbas donde están mis familiares enterrados, si es que todavía están y no se han robado o botados sus huesos, no son de mi propiedad. Jamás podría regresar con 100, 200, 300 mil dólares o más como para olvidarme de todo y vivir mi felicidad, quizás como la vivió Ernest Hemingway en su finca “La Vigía”, piscinas, mujeres y grandes fiestas incluidas.

Tengo allí familia, muy querida, los que hacen un esfuerzo enorme por llegar al final del día, sin saber cómo va a ser el día siguiente, que no podrán ayudarme, más allá de compartir alegremente conmigo lo poco que tienen. Familia que no mantengo, pero que, al quedarse en aquel mundo de felicidades, paradójicamente, yo emigrante que salió un día a correr riesgos, ayudo desde donde estoy.

Tengo familia a mi lado, hijos, nietas, que más jóvenes, con menos compromisos con las palmas reales, su respuesta en forma de pregunta es inequívoca: ¿Tú estássssssssss locooooooooooo? Familia que, no sin problemas, enfermedades comunes y transitorias, cosas a pagar para lo cual hay que trabajar, quizás planes no ejecutados hasta hoy sonríen, viven en paz, engordaaaaaaan.

Si, me fuera a vivir en Cuba, lo que hablaría muy bien de mi patriotismo, me definiría como un gran cubanazo, pero: ¿A cuál Cuba?

¿Estamos mal en Estados Unidos? Claro que sí, deberíamos tener un muy buen salario sin tener que trabajar, deberíamos ser dueños de yates y jets, deberíamos tener la posibilidad de hacer turismo de gratis, podríamos y quizás merezcamos tener mansiones a lo largo del país, una para veranear, otra en la nieve para practicar deportes de invierno, quizás una cabaña en un bello bosque para ver a los osos y otra casa a 20 metros del mar con un bello portal a todo alrededor donde las langostas nos visiten todas las mañanas para dejarse comer. Nos convendría hospedarnos en hoteles cinco estrellas con muchas mesas buffet sin pagar hospedaje y poder asistir a conciertos con tratamiento VIP de gratis.

Creo que de la Cuba donde supuse fui feliz no queda nada. Ella desapareció y sólo es un recurso nostálgico.

¿Estaría dispuesto a renunciar a lo que he alcanzado en Estados Unidos, que no es mucho para algunos, pero en realidad es muchísimo: mi trabajo, mi vida junto a mi familia más cercana, a cosas tan terrenales, para muchos quizás irrelevantes y poco proletarias, mi automóvil, mi casa, mi aire acondicionado central, mi agua y electricidad seguras las 24 horas del día, mi comida, aquella que gusto y puedo comprar, entendiendo que no como faisán todos los días, la posibilidad de andar, conocer, y ser libre, de esa libertad que no es absoluta e infinita al borde de la anarquía, porque está regida por normas y leyes, pero libertad?

¿Estaría dispuesto a irme a vivir, no a pasear 10 días con dólares en el bolsillo, en un país que ya no conozco, donde muy pocos me conocen, donde los amigos con los que compartí mi imagen de felicidad ya no están, se han ido o muerto, donde lo que recuerdo y extraño de mi Cuba, Víbora Park, está tan destruido que no lo reconocería, donde la violencia y la droga barata se está imponiendo como modo de vida?

¿Volvería por aquella imagen de felicidad de mi infancia, a caminar entre edificios destruidos, en ciudades enteras sin electricidad, en semanas y semanas sin agua potable, a veces difícil de conseguir para beber, entre la basura acumulada por meses y meses en las calles, en un lugar donde unos huevos o una botella de aceite es dos, tres veces el salario de cualquier trabajador?

Tendría que estar loco para hacerlo voluntariamente. Creo que me iría a vivir a Cuba cuando ese país me pueda garantizar lo mínimo que aquí tengo y para cuando eso exista, por muy rápido que suceda, ya no estaré vivo, entonces ..., tal como dice el viejo refrán, "no vale la pena llorar por la leche derramada".

martes, 4 de agosto de 2026

678.- Cuba, donde el embrutecimiento se convierte en política de Estado.

Siempre es agradable leer, sobre todo cuando se aprende, se descubre algo nuevo o sencillamente se encuentran explicaciones con otras palabras, en otro orden y vuelo, a lo que uno piensa. Hay quienes plantean que por momentos no es tan bueno leer algo nuevo, como releer algo que ya se leyó y es parcialmente cierto, hay lecturas que una segunda vez, una tercera vez, trae información que no fuimos capaces de obtener o descubrir en un primer intento.

Leer es complicado, primero hay que saber leer, segundo, no todo es bueno, sin embargo, dentro de aquello que puede parecer más malo, pueden aparecer, de hecho, aparecen, ideas que son rescatables. Ya lo de escribir, como lo de pintar, hacer música o poemas, diseñar un edificio, construir una máquina, etc., es más complicado.

Gracias a internet, cosa que los que tienen más menos mi edad o más, no tuvimos cuando jóvenes y no fue parte de nuestra formación, hoy circulan a la velocidad casi de la luz muchas informaciones sobre un tema específico, si abres la idea a muchos temas a la misma vez, lo de la información se convierte en algo casi infinito.

Recientemente me ha llegado un escrito sobre Cuba del cual no conozco el autor, son de esas cosas que se pasan de manos en manos o mejor, de computadoras en computadoras, que un día alguien, aparentemente por la forma y el contenido, buen conocedor del tema, escribió y lo publicó.

El artículo de marras es muy bueno, resume en poco espacio la realidad cubana, que a mí me gustó. No creo que esta persona ha inventado algo, no creo que sea totalmente nuevo lo que describe, el tema Cuba ocupa hoy a muchas personas, dentro de ellas algunas de muy alto nivel académico, de preparación profesional, de pensamiento.

Claro que Cuba es importante sobre todo para nosotros los cubanos, para el resto del mundo, por ejemplo, para los norteamericanos con los cuales comparto mi vida, el tema no significa mucho, por no decir que significa nada, más allá de sentir pena o lastima por lo que está pasando cuando uno les hace el cuento. Para muchos norteamericanos resulta incompresible cómo se ha llegado aquí y por qué aguantamos tanto, lo que no pocas veces resulta difícil de explicar en inglés, al menos en corto tiempo y pocas palabras. ¿Cómo explicarles a otros lo que muchas veces uno mismo no entiende y para lo cuál no se tiene una respuesta fácilmente digerible?

Creo que vale la pena leer lo que aquí se asegura. Espero que el autor, si algún día se empata con su artículo en mi blog no se disguste, menos me reclame. Las fotos las agregué yo, hay imagenes que son más claras que las palabras y tienen la gran ventaja que no se pueden desmentir.

Aquí se los dejo.

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"Cuba es una de las demostraciones más brutales de cómo un sistema puede destruir lentamente no solo un país, sino la estructura interior del ser humano.

Porque lo verdaderamente aterrador de la tragedia cubana no es la pobreza. La pobreza existe en muchos lugares. Tampoco son los apagones, ni las ruinas, ni las colas infinitas, ni el hambre crónica, ni el éxodo masivo. Todo eso son síntomas.

La enfermedad real está mucho más abajo, en una zona más oscura y más difícil de reconstruir: la demolición progresiva de la conciencia colectiva.

A Cuba no la quebraron de golpe. La cocinaron lentamente durante décadas hasta convertir la degradación en forma de vida.

Ese fue el verdadero laboratorio.

Un ser humano puede soportar hambre. Puede soportar represión. Puede soportar incluso miedo. Lo que termina destruyéndolo es vivir demasiado tiempo dentro de la humillación cotidiana.

Porque la humillación constante altera la psicología, deforma la conducta, pudre el carácter. Convierte la supervivencia en única prioridad y reduce toda la existencia a un estado animal, inmediato, desesperado. Y eso fue exactamente lo que ocurrió.

Generaciones enteras crecieron aprendiendo que la verdad era peligrosa, que pensar demasiado era riesgoso y que la honestidad casi nunca servía para sobrevivir. Aprendieron a doblarse antes que romperse. A fingir antes que confrontar. A robar antes que confiar en el salario. A callar antes que asumir consecuencias.

Eso produce algo devastador: una sociedad donde la mentira deja de ser una excepción moral y se convierte en atmósfera. En Cuba casi todo el mundo finge algo.

El ciudadano finge que cree. El Estado finge que funciona. El trabajador finge que trabaja. Las instituciones fingen legitimidad. La propaganda finge épica.

Y mientras todos representan esa obra agotada y grotesca, el país entero se descompone debajo del escenario. Ahí aparece la verdadera semejanza con Gomorra y Sodoma: no como metáfora religiosa barata, sino como imagen de sociedades donde la degradación se volvió sistémica y terminó contaminando la sensibilidad moral completa. Lugares donde el deterioro fue tan prolongado que la gente dejó de reaccionar frente a la podredumbre.

Ese es el punto más bajo al que puede llegar una nación: cuando pierde la capacidad de escandalizarse de su propia miseria. Porque la costumbre es más destructiva que el terror. El terror al menos provoca resistencia. La costumbre anestesia, y Cuba está anestesiada. Anestesiada frente a la violencia. Frente a la vulgaridad. Frente a la destrucción urbana. Frente a la fuga masiva de sus hijos. Frente al colapso moral.

Frente al hecho monstruoso de que sobrevivir haya reemplazado completamente a vivir.

El daño más profundo del sistema cubano no fue económico ni político. Fue antropológico.

Produjo un tipo de ser humano emocionalmente agotado, entrenado para la escasez, habituado a la doble moral y psicológicamente condicionado para desconfiar de todo y de todos.

Porque cuando un pueblo pasa décadas enteras dependiendo del favor, del miedo y de la simulación, la dignidad deja de funcionar como valor práctico. Y cuando la dignidad deja de tener utilidad social, comienza la desintegración espiritual de una nación.

Eso explica muchas cosas que desde fuera no se entienden. Explica la apatía. Explica el cinismo feroz. Explica la agresividad cotidiana. Explica por qué tanta gente parece emocionalmente rota. Explica incluso la vulgaridad creciente: sociedades sometidas demasiado tiempo al deterioro terminan perdiendo refinamiento emocional porque toda la energía psíquica queda absorbida por la supervivencia.

La miseria prolongada embrutece.

Y no hay nada más peligroso que un país donde el embrutecimiento se convierte en política de Estado.

Por eso el problema cubano ya no parece resoluble mediante reformas graduales.

Hay estructuras tan profundamente corrompidas que reformarlas equivale a mantenerlas respirando artificialmente mientras siguen contaminando todo alrededor".