Cada vez que escucho mencionar el nombre Nicolás Maduro, no puedo dejar de pensar en aquel programa de la televisión cubana, La Comedia Silente, que cada domingo en la mañana, por aquellos años sólo teníamos dos canales de televisión, atrapaba y entretenía a todos los niños de mi generación.
La Comedia Silente fue un espacio dedicado a
reproducir fragmentos de viejas películas, en blanco y negro obvio, del cine
silente norteamericano, sobre los cuales un señor ya mayor, Armando Calderon,
apodado con mucha razón, “El hombre de las mil voces”, creaba historias sobre
las imágenes que rodaban. Al ser el programa en vivo y única intervención de
Calderon en la TV, cada domingo, el narrador ponía algo nuevo, contaba de forma
diferente, creaba situaciones no antes expuestas, cambiaba las voces, cantaba, creaba
nuevos efectos muy rudimentarios pero efectivos, etc., lo que garantizaba que
el mismo corto pudiera ser visto mil veces sin aburrirnos. De hecho, más de mil
veces.
Recuerdo con agrado la voz de Armando Calderon cuando
comenzaba su programa dominical diciendo: “Buenos días a nuestros queridos
amiguitos, papaítos y abuelitos”, y creo que con mucha razón ese espacio tenía
una audiencia muy variada en edad, no sólo nosotros los niños reíamos, sino
nuestros padres y abuelos, pues recordaban muchas de esas películas vistas en
los cines de barrios cubanos e incluso en aquellos cines móviles cuando ellos
fueron niños o jóvenes.
A Armando Calderon se le atribuye la frase que según
él mismo aseguró que nunca había dicho, pero que así y todo ha pasado a nuestra
rica historia cultural popular, usada por los cubanos en momentos muy
significativos de “Esto está de pinga queridos amiguitos”. A Armando Calderon
se le reconoce que el día del fallecimiento de su hijo, encontró un espacio y
se fue a hacer su programa de la TV, lo que delata el gran profesionalismo de
la persona, al escoger no dejar embarcados a miles y miles de niños que domingo
tras domingo lo esperábamos y se presentó, imagino hoy, destruido por el dolor,
a hacer sonreír a otros.
La Comedia Silente, junto a otros programas, acompañó
nuestra infancia y a muchos nos introdujo en el mundo del cine, desde allí
descubrimos a muchos actores, entre ellos al “Gordo y el Flaco”, que después
nos enteramos de que se llamaban Stan Laurel y Oliver Hardy y al más importante
del espacio televisivo cubano, Charles, al gran y único Charles Chaplin. De
tantos y tantos personajes que aprendimos a conocer, recuerdo al nombrado “Mata
Siete”, un hombre gigantesco visto desde la infancia, que era como una especie
de matón de barrio, al cual para acentuar su maldad siempre le oscurecían los
párpados de los ojos, lo que daba una imagen media siniestra y que actuaba en
la nombrada por Calderon como “Calle de la Paz” donde todo el tiempo la gente
se la pasaba fajados y eso me recuerda a Nicolás Maduro, hombre grande,
corpulento, bruto, de movimientos elefantiásicos.
Maduro podría ser exactamente aquel “Mata Siete”, todo
un brabucón de barrio, abusador, que infringía miedo, que actuaba desde el
poder para aterrorizar a todo el mundo, al que luego el delgado y menudito
Charles con sus alocadas maniobras sometía.
Y pensemos que no le ha ido tan mal, hoy podría estar
muerto, sin embargo, gracias a un muy bien preparado y ejecutado plan, fue
recogido en su residencia, tal como un servicio de UBER, y se le mudó a nada
más y nada menos que New York, ciudad, dicho por él mismo, que le gustaría
visitar. Hoy tiene allí, cama y tres comidas diarias gratuitas.
Como vivimos en la modernidad, antes hubiera sido
empalado, sometido al garrote vil, descuartizado por la fuerza de cuatro
caballos, quemado vivo, metido en cámara de gas, tirado al agua vivo en medio
del océano, etc., está bien protegido dentro de una celda, con tres comidas
americanas diarias, con horas de ejercicios físicos y Sol, con la posibilidad
de tener a abogados de los mejores del mundo, recibe atención médica y poco a
poco, en dependencia del tiempo y los acontecimientos, le permitirán servicios religiosos,
a lo mejor católicos o de algún chaman indígena venezolano, recibirá
correspondencia, etc., cosas que él y su gobierno que el dirigía de forma
personal jamás garantizaron a ninguno de los presos venezolanos.
A Maduro no lo van a matar, al menos las autoridades,
no lo van a torturar con bolsas de nylon en la cabeza, poniéndole corriente en
los testículos, sacándoles las uñas, metiéndoles tubos por las partes íntimas,
o sea, ano y pene, golpeando hasta el borde de la muerte o hasta la misma
muerte a los detenidos, cosa que Maduro ordenó, estuvo al tanto y permitió
durante sus años en la silla de gobierno.
Maduro y su equipo de abogados han tratado de
“suplicar” tratamiento de presidente o de refugiado político, cosa que las
leyes norteamericanas no tienen contempladas para él, que tenía unas
acusaciones múltiples desde 2019, cualquiera de ellas que lo dejarían de por
vida en la cárcel y prerrogativas que el gobierno norteamericano no le
concederá, porque nuca lo reconoció como presidente legítimo de Venezuela,
reconocimiento que no recae en la justicia, sino justamente en el poder
ejecutivo, llámese Donald Trump.
Maduro y su equipo ha tratado de imponer que fue
secuestrado, en realidad cuando fue capturado después de varias alertas para
que se salvara, olvidando que jamás concedió garantías y si secuestró sin ley a
miles de venezolanos, algunos de ellos, por la misión “enemiga” tan simple como
filmar o reproducir un video de la realidad.
Pero lo más cómico de todo esto es que Maduro Mata
Siete, el brabucón, el que blandía el sable de Bolivar o al menos uno de ellos,
el que prometió acabar con los norteamericanos, el que llamó imperialista a los
Estados Unidos y el que llevaba décadas robándose el petróleo, el oro, el gas y
depositando el dinero en bancos internacionales, el mismo que se beneficiaba
del tráfico, mucho o poco, de cocaína que salía de Venezuela, no sé si consumía
algo, hoy está diciendo que no tiene dinero para pagar a los abogados y está
tratando a través de ellos que el gobierno norteamericano dé órdenes para que
lo que queda de gobierno venezolano, todos cómplices, todos ladrones, todos
represores, igual o más que Maduro, pague los honorarios del trabajo del bufete
de abogados norteamericanos. Mayor descaro no existe.
Ahora Maduro, quiere hacer creer que no tiene dinero y
que parte de sus fondos o al menos los que se han podido comprobar, están
congelados. Estos comunistas son todos iguales, gobiernan para robar y permitir
que se robe, hacen millonarios a sus más cercanos, incluyendo a su familia y
paralelamente siguen explotando la imagen de sencillez apegada a los pueblos.
Ya recuerdo a Fidel Castro, el mismo guion, quien aseguraba que sólo cobraba
unos pocos cientos de pesos cubanos como presidente y que ese dinero lo enviaba
a una tía que había perdido a un hijo, o sea, primo de Fidel, en la lucha
revolucionaria. ¿Unos cuántos cientos, 300, 400, pesos cubanos el tipo que era
dueño de un país, de todo lo que se producía y se poseía, el tipo con una
reserva personal independiente de la reserva del estado cubano, el dueño de
decenas de casas, de cayos con usos exclusivos, con cuentas en bancos
extranjeros y el tipo que le prestaba su dinero a la economía cubana, la cual
después tenía que reponérselo con intereses?
Maduro Mata Siete que tiene sobre sus hombros la muerte y desaparición de miles de venezolanos, está literalmente “embarca´o”, porque frente a la suplica de los abogados de que el Tesoro norteamericano no los dejaba tocar ni un dólar para pagar gastos, la OFAC, Oficina de Control de Activos Extranjeros, respondió que el dinero estaba congelado por lo que no se podía contar con él para pagarle el juicio al matón. Si Maduro no tiene una “guanajita echá”, a los que los norteamericanos llamarían “thrown turkey”, está por el camino de podrirse esperando juicio o pedir lavar platos y bandejas en la cárcel para ganarse, quizás por primera vez en muchos años, un dinero de forma honesta.


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