Como saben mis amigos y quizás algunos trasnochados que leen lo que escribo, tengo dos hijos, uno de ellos es Jonathan, del cual sin llegar yo a ser fanático, soy fanático como papá. Jonathan, nombre escogido finalmente por Martica, dentro de una lista de nombres que teníamos; yo estaba en desventaja porque ya había escogido desde muy joven, casi adolescente e impuesto el nombre de mi hija Jennifer.
Jonathan debe su nombre al tecladista de la banda Journey y lo obtuvo cuando en Cuba todavía no eran muy comunes los nombres provenientes del inglés, lo que hizo que, en sus primeros años de escuela, sus maestras lo identificaran como Yonatán, momentos donde en nuestra cultura comenzaban los nombres con “Y” y le trajo no pocas confrontaciones infantiles tratando de que lo nombraran como realmente era. Fue clásico durante aquellos años escucharle decir: “yo no me llamo Yonatán, me llamo Jonathan”, cosa que hasta hoy nos divierte.
Entonces cuando escucho Jonathan,
algo dentro de mí, que no puedo definir exactamente qué es, se dispara y con esto
caigo hoy en Jonathan Muir, niño para algunos, joven para otros, lo cierto es
que tiene 16 años, que ahora mismo sigue detenido en Cuba en la prisión “Canaleta”,
centro de máxima seguridad que se ubica en Ciego de Ávila y alberga alrededor
de 3 000 reclusos, mayoritariamente presos reconocidos como “comunes”, por
delitos, no vinculados a la seguridad del estado o lo que ahora se reconoce
desde el gobierno como alteración del orden constitucional donde cabe cualquier
cosa, desde una bomba, sonar cazuelas de forma destacada y sobre todo visible,
filmar con un celular y publicar su video o sencillamente sacar un cartel con
un texto no aprobado por el partido comunista, incluso en blanco, donde las
personas puedan leer lo que quieran leer.
Jonathan Muir está acusado por
haber participado en la manifestación popular, espontánea, que terminó dándole
candela a la oficina del partido comunista cubano en la ciudad o pueblo de
Morón, de lo cual existen muchos videos filmados con los celulares de los que
participaban o sólo miraban, donde yo personalmente no vi al acusado, pero no
dejo de pensar que puede haber estado. Todo lo que refleja, o sea, la casa del
partido comunista, el rechazo y, sobre todo, la definición de qué y quiénes son
los causantes de la miseria hoy. Candela al partido comunista, al menos a nivel
pequeño, a pesar de todo lo que el gobierno quiera explicar con su
justificación propagandística, de incluso la posibilidad de que sea organizado
y pagado en metálico desde el exterior, es la respuesta de una parte de un pueblo
que perdió los límites de la complacencia o entendimiento. Es la muestra de que
ya no se quiere más de lo mismo.
Esa es la mejor respuesta del
pueblo, precisamente contra el partido comunista, que según los mismos del gobierno
está en Cuba por encima de la constitución de toda la nación, a la que no le
debe cuenta, por el contrario, a la que puede orientar, cambiar, ajustar e
incluso utilizar, es entonces el mayor enemigo dentro de Cuba. Los cubanos en
forma general, no sabemos nada de la constitución que tenemos, poco nos ha
servido y nos sirve, sin embargo, todos conocemos al partido comunista y sus
figuras a todos los niveles. ¿Cómo no conocerlo?
Jonathan, participante o no,
incluso incendiario, cosa que puede ser valorada o cambiada a conveniencia,
tiene 16 años y eso no puede ser cambiado y entonces el gobierno entra en un
gran problema, porque incendiario o no, es menor de edad.
Puede ser que el joven se incorporara a la manifestación, acompañando o embullado por su grupo de pertenencia, otros jóvenes como él, todo el que pasó por esa edad y aún está vivo, sabe la importancia que tiene el grupo, pero puede ser que a los 16 años sea un joven maduro que quiere cambiar su realidad y estuvo dispuesto a incorporarse a una marcha pacífica que terminó frente a la sede del partido comunista y que desbordada, entró y quemó parte de lo que allí había. No se atentó contra ninguna persona, sólo se agredió la propiedad, todo lo que bastó para una acusación rimbombante de terrorismo interno, lo que resulta hasta cómico por la mala memoria o el conveniente olvido, pues esa llamada revolución también llegó al poder con actos parecidos.
Testigos presenciales, aclaro lo de presenciales porque en
Cuba, país donde se sanciona por convicción, o sea, no lo puedo demostrar, pero
lo pienso, se utilizan declaraciones de testigos que nunca estuvieron en lo que
dicen que atestiguan, han declarado que Jonathan no estuvo en esa vanguardia,
pero lamentablemente para su desgracia fue detenido junto a otros 14 participantes
y está en una prisión y no en su casa, esperando juicio. No ha existido para
él, una solución menos rigurosa.
Cuba tiene establecida diferentes
normas o límites para la mayoría de edad, cosa que termina por confundir y nunca
saber a cuál aplicar, a veces se es mayor de edad a los 18 años, para otras
cosas a los 17 años y para delitos puede llegarse a procesar y juzgar a los 16
años. En el caso de la responsabilidad penal, definición aparentemente aplicada
a Jonathan a su edad, los sancionados deberán recibir un tratamiento
especial o diferenciado y las garantías adicionales conforme a algo que se
llama Convención sobre Derechos del Niño, que puede ir desde la reducción de sanciones,
acciones que no impliquen internamiento, como por ejemplo, trabajos comunitarios, un
propósito rehabilitador, etc., cosa que la simple realidad de estar en una prisión
de máxima seguridad junto a adultos presos comunes, lo hecha todo por el piso.
La respuesta ha sido tímida. El
padre del joven, acompañado de su madre que se mantiene en silencio, se han
dedicado a declaraciones en las redes sociales, tratando de llamar la atención
sobre la injusticia cometida por el gobierno y el estado de salud de su hijo,
declarando que padece de una enfermedad X que necesita tratamiento especial,
que por supuesto no recibe en la cárcel. No mucho más. Las declaraciones familiares
en realidad han tenido eco en algunas autoridades y parte de los cubanos en el
extranjero, que obviamente poco pueden hacer.
Por su parte el gobierno se burla
de todo y acaba de publicar y dedicarle ideas avaladas a una foto donde aparece
el joven tocando un piano eléctrico dentro de la prisión. Con esto el gobierno desmiente
que está con problemas de salud, pero más, con esto el gobierno quiere casi
decir que el joven se encuentra no sólo bien, sino que feliz con estar preso,
poco le falta por decir que se ha adaptado tanto a sus condiciones dentro de la
prisión que está pensando quedarse a vivir allí toda su vida y esto ha sido,
obviamente amplificado por los “sentimentales”, ejército pagado, en dinero o beneficios
e incluso los no pagados que participan en este circo por aparentes
sentimientos.
Nada nuevo. Los momentos represivos, sean dónde sean, más los gobiernos o regímenes totalitarios necesitan emitir imágenes “dulces” para tratar de disminuir el impacto del verdadero desastre que se padece. Las imágenes más conocidas son las de los prisioneros en los campos de concentración nazis, especialmente el de Auschwitz-Birkenau, Treblinka y Bergen-Belsen, donde llegaron a existir incluso orquestas que no sólo amenizaban las fiestas, sino que eran llamadas, formadas exclusivamente por judíos, a tocar en las puertas de las cámaras de gas, cuando los prisioneros, incluyendo niños, eran conducidos al asesinato.
Recuerdo una película de mi juventud, basada en hechos reales, que ahora no puedo precisar porque tampoco es el centro de mi idea, sobre un juego de futbol en Kiev durante la ocupación alemana, que pasó a la historia como el “Partido de la Muerte”, organizado entre los soldados y guardias alemanes y un grupo de detenidos, que según se recoge, a pesar de las presiones de las SS, ganaron con amplia ventaja al equipo alemán. Los juegos de futbol eran comunes dentro de los campos de concentración y alguien puede decir que los jugadores presos eran felices, aunque sonrieran jugando y celebraran cuando metían un gol.
Hay que ser muy hijo de puta para
mantener a un adolescente detenido, que no mató a nadie, que no puso una bomba
en ningún lugar y tratar de justificar su situación con una foto.
Ahora, no quisiera ser extremista,
porque en realidad no estoy en Cuba y el joven no es mi hijo. Es difícil
criticar a los que están luchando con el monstruo y yo no sé exactamente lo que
hubiera hecho como papá, pero creo que a como están las cosas hoy en Cuba,
conformarse con emitir mensajes en las redes sociales que más que probado está no
van a resolver nada, es muy poco.
Ese joven tiene padre y madre, a lo
mejor tiene hermanos, escuché que tiene novia, debe tener amigos, vecinos que
lo quieren porque dicen que era un joven muy correcto, creo que religioso,
entonces lo que se impone es que esas personas, si quieren llamar la atención
nacional y sobre todo la internacional, deberían plantar un campamento frente a
la prisión, a una cuadra de ella o en medio de un monte cercano y desde allí
comenzar a emitir mensajes. Deberían formar bulla grande. Los mensajes de
súplica no resuelven nada frente a un gobierno que no cree en sentimientos.
¿Los van a intimidar y presionar? Claro.
¿Se los van a llevar detenidos? Es probable, pero pueden llevarse detenido a
uno, dos, tres, pero no podrán llevarse detenidos a 20, 30, 40 personas. Tienen
que convocar a la prensa independiente que, si existe en Cuba y a la prensa
internacional, convocarla, tienen que emitir mensajes directos con nombres y
apellidos sin miedo, o sea, este mensaje es para el Papa, para la ONU, para
Marco Rubio, porque si no el gobierno pondrá mañana a Jonathan a dirigir un
coro de presos, le celebrarán su cumpleaños, lo pondrán a hacer declaraciones
del buen trato que le dan dentro de la prisión donde ya debe haber hecho muy
buenos amigos entre los asesinos, ladrones, violadores que allí están
sancionados. Si es religioso de verdad, le permitirán dar clases o misas, todo
con el objetivo de no dejarlo salir.
Creo que, a los 16 años, salvo muy
especiales condiciones y delitos, ningún joven merece estar preso, ni este
Jonathan, ni el mío, ni ninguno.



