Bombardeos al pueblo de Cuba, es la idea que más repite hoy el gobierno cubano.
Exterminio, guerra, destrucción total, son los mensajes que el gobierno de Cuba trata de imponer como imágenes, primero para su interior, tratando de que cada cubano se vea muerto y eso le de miedo y segundo para legitimarse como víctima frente a la opinión internacional, incluyendo a la norteamericana. Para hacerlo más creíble, sólo falta que los del gobierno aparezcan vistiendo ropas desgarradas, maquillados con heridas, huesos afuera y sangre, pienso de cerdo, esparcida por todo el cuerpo, para lo cual pudiera recomendarles a los maquillistas y elaboradores de máscaras de Slipknot.
El gobierno cubano es el único que está hablando de sangre, de resistencia militar, de lucha de guerrilla, tratando de mostrar su decisión y valentía en defensa de la llamada revolución cubana y sus históricos beneficios de los cuales ya he escrito, no por genio, sino por simple observador, ya no quedan ninguno, pero que en realidad demuestra un verdadero miedo y un llamado a que no ocurra. Es el brabucón de barrio, que todos conocemos, que atemoriza a los más débiles, pero corre cuando aparece alguien más fuerte, rudo y agresivo.Y creo que, de guerras dentro de Cuba, que sólo
ocurrieron muy puntualmente en geografías muy localizadas, o sea, tiros,
metrallas, bombas, destrucción, heridos y muertos, etc., el único que debe recordar
algo, si su memoria todavía lo ayuda, es Raúl Castro y quizás algunos de los
llamados revolucionarios de aquellos años, que participaron en la lucha de la
Sierra Maestra y la clandestinidad en las ciudades, quizás Playa Giron, la llamada
limpia del Escambray, hechos de los cuales nos separan más de 60 años. Fidel
Castro, sólo jefe de una banda de guerrilleros, nada más, entró en la capital
de Cuba tal como si fuera la primera bailarina sobre una carroza de carnaval.
El mayor por ciento de la población cubana, nacida después
de 1959, a no ser que haya participado en las guerras que el gobierno cubano
hizo fuera de Cuba, no puede distinguir la diferencia entre un trueno y una
bomba. El gobierno cubano en su mayoría hoy, la presidencia, el parlamento, los
repetidores a nivel nacional, jamás han escuchado un tiro de verdad, por lo que
ni viendo muchas películas, podrán imaginar lo que puede significar la palabra
guerra y menos una guerra protagonizada por el ejército realmente más poderoso
del planeta Tierra.
El gobierno trata de sembrar la idea de la guerra de
guerrillas, o sea, la resistencia casa por casa, monte por monte, cueva por
cueva, tal como si estuviéramos en las décadas del 60 y 70 del siglo pasado,
frente a un ejército que ha demostrado la capacidad de colar una bomba por el
hueco de un hormiguero o cueva de araña.
El gobierno cubano hace hoy lo mejor que sabe hacer,
victimizarse y vociferar pidiendo ayuda, tratando de crear imágenes que muevan
los sentimientos contra el enemigo, que curiosa y extrañamente le vende pollos
y medicinas entre otras cosas, para lograr que esas fuerzas que no están en el
conflicto, Papa incluido, hagan su trabajo para pararlo.
No recuerdo haber escuchado a Trump, el más malo de
todos los malos hoy para muchos, ni a su Secretario de Estado Marco Rubio, que
por cierto me cae bien, con aparente protagónico en esto, que pretenden invadir
a Cuba con su ejército y menos aniquilar totalmente al pueblo de Cuba. Creo que
habría que estar loco para pretender arrasar a un pueblo entero, porque cubano
no es sólo el que vive en Cuba, cubano es el nacido en ese país que hoy vive en
Japón, en Australia, en cualquier país de Latinoamérica, en Estados Unidos,
etc. Cubano soy yo y no quiero matar a mi familia y amigos, ni tan siquiera a
otro cubano común tan siquiera.
El cubano de adentro no es enemigo de Estados Unidos, jamás
lo fue antes de 1959 y jamás ha existido en Cuba socialista una influencia tan
grande y una aspiración tan enorme sobre el modo de vida norteamericano. Ya no
la clásica propaganda capitalista lejana, sino los propios familiares y amigos que
viajan a Cuba, los familiares y amigos que envían mensualmente dinero,
medicinas, comidas, más todo lo demás, son la mejor influencia para las
comparaciones. ¿Cómo un plomero o camionero, una limpiadora de casas, por
ejemplo, en Estados Unidos, puede vivir mucho mejor que un cardiólogo, un
abogado, un científico en Cuba?, ¿Los que hoy dicen quieren inmolarse por la revolución,
reciben dólares de los suyos en el exterior?
Los cubanos de afuera, incluso aquellos que no están
de acuerdo con el gobierno norteamericano hoy y prefieren un Ejecutivo más laxo,
no podemos ser enemigos de Estados Unidos, porque hoy tenemos el privilegio de
vivir aquí muchísimo mejor, por más mal que se esté, que en nuestro país de
origen. El cubano promedio fuera de Cuba da igual en Filipinas o en España, no puede
ser enemigo de Estados Unidos, porque ellos disfrutan de las ventajas de vivir
en sus respectivos países más parecidos a la Unión que a Cuba, ventajas que no
encontraron en la Cuba que dejaron atrás, fuera por la razón que fuera. Los
cubanos no podemos ser enemigos de los Estados Unidos porque a lo único que
aspiramos, algunos pensando regresar, otros decididos a no hacerlo, es que Cuba
tenga, con sus peculiaridades, un sistema parecido al norteamericano, sino en
la división política administrativa, si en lo económico. Los cubanos sólo
queremos prosperidad para Cuba, estado que está probado, con el ejercicio de
casi 70 años, que el gobierno comunista, no puede garantizar en una vida
humana, porque tampoco los cubanos somos las tortugas de las Galápagos que
pueden superar los 150 años de vida como promedio.
Los cubanos no podemos ser enemigos de Estados Unidos
porque lo único que queremos es agua, comida, electricidad, ropas, casas,
medicinas, lo que se llamaría “The Cuban way of life”, que está probado que
comienzan a aparecer con la libertad de todos los derechos y democracia que
permita la existencia individual y no la conducción y vida masiva como animales
de granjas.
Debo reconocer que no he escuchado a Trump y la parte
ejecutiva del gobierno, hablar de una invasión militar a gran escala hacia Cuba
para matar al pueblo cubano. Trump, según dice, cumpliendo con un compromiso que
tiene con la comunidad cubana, ha dicho que le devolverá a Cuba el estatus que
traía antes de la revolución, que no exenta de problemas, traía un camino de
desarrollo. Es mentira que Cuba era un lugar donde todos pasaban hambre, donde
todos eran analfabetos, donde todos pedían, no el cambio de un gobierno de
turno, sino el cambio del tipo de gobierno hacia algo eterno.
Claro, es entendible, el gobierno no habla de salven
al gobierno, para eso la palabra más a la mano es pueblo. Agresión contra el
pueblo, guerra contra el pueblo, exterminio del pueblo, tierra anegada en
sangre del pueblo, etc. Todas son ideas apocalípticas bajo la apocalíptica
frase histórica de Patria o Muerte, en el mismo momento que una gran parte de
ese pueblo dentro y fuera de Cuba, gran parte que suma más que todos los
comunistas afiliados oficialmente, está dando gritos de Patria y Vida, o sea,
nadie quiere morirse más de lo que se muere diariamente. Es más, ese pueblo
cubano está declarando que está cansado de morir un poco cada día de la vida.
El gobierno trata de intimidar al enemigo con que
cerca de los 8 millones de cubanos dentro de Cuba, imagino los ancianos, los
niños y hasta los incapacitados física y mentalmente, están dispuestos a
inmolarse, cuando gran parte de ese pueblo está gritando que con ellos no han
contado para defender al gobierno y, repito, nadie quiere morir. Lo de estamos
dispuestos a morir para defender la revolución, se convierte una vez más en
retórica simplista.
Creo que, por suerte para el gobierno cubano, el
gobierno norteamericano, Trump-Rubio, no están interesados en una invasión
militar gigantesca contra Cuba, no porque no confíen en la capacidad y
fortaleza de su ejército, no porque sepan que los demócratas no los apoyan y
que algunos republicanos comiencen a cuestionar cosas, sino porque parece
evidente que el pueblo norteamericano no quiere saber de guerras. La idea de
mandar militares a otros países para enfrentar conflictos bélicos no es bienvenida
dentro de la mayoría de los norteamericanos y ahí sí se complica el gobierno
norteamericano cualquiera que este sea.
A la mayoría de los norteamericanos, que son al final parte
de los votantes, no les interesa el asunto con Cuba, porque en realidad ni saben
dónde Cuba está, es muy probablemente que hoy por la notoriedad del tema sea la
primera vez que escuchan hablar de esa isla del Caribe. ¿Cuba es un peligro
para la seguridad norteamericana? Si, es cierto, es un peligro para los
gobiernos norteamericanos, por su espionaje, por su relación con verdaderos y
más peligrosos enemigos, por lo que representa su influencia y participación en
otros países, pero eso nada tiene que ver un tipo que tiene un rancho de descanso
en el desierto de Arizona, otro que vive en Michigan y le gusta pescar, una
señora que tiene una granja ganadera en Iowa o un joven que practica profesionalmente
el football americano en Texas. Esas personas tienen temas más cercanos e
importantes de los cuales ocuparse como para dedicarles un pensamiento a una
isla que está pasándola mal con un gobierno.
Al pueblo norteamericano, que no son Trump y Rubio, ni
los cuatro demócratas y cuatro republicanos, más uno que otro periodista, no
les importa un carajo Cuba, a no ser que vean caer las bombas en su territorio
o que empiecen a aparecer cajas de muertos cubiertas con la bandera
norteamericana con hijos de este país dentro.
El tema de Cuba es de los cubanos y algunos políticos
con ese origen a los que digamos Trump quiere tirarnos un cabo. Nos parece
mucho, si claro, porque somos cubanos, hacemos mucha bulla y queremos lograr un
cambio, pero dentro de los casi 350 millones de personas aquí adentro, no representamos
mucho.
Una cosa es lo que una parte de los cubanos queremos que pase ya y otra es la realidad de lo que se pueda hacer. Creo que el gobierno norteamericano frente al pueblo norteamericano se está jugando el encontrar una verdadera justificación, que no puede ser, vamos a invadir para cambiar a un gobierno que no nos gusta.
Cambiar gobiernos bajo el uso de la fuerza militar
no es problema de los norteamericanos, máxime cuando muchos están muy entretenidos
tratando de cambiar su propio gobierno, a no ser que el gobierno cubano
comience con una agresión más allá de la muela, cosa que a todas luces no va a
pasar o que exista un levantamiento masivo del pueblo cubano que genere la
represión brutal a gran escala, cosa que tampoco parece va a pasar, no porque
no existan las condiciones y deseos, sino porque el gobierno cubano no va a
esperar a la represión masiva, sino que ejecuta esa misma represión “profilácticamente”
todos los días, en silencio, selectivamente.
Creo que Estados Unidos no va a ejecutar una
intervención militar así como que voluntariamente, sino que van a optar por el
desgaste económico y eso es letal, letal para el pueblo de Cuba que está allí, porque
lo único que va a lograr es prolongar el sufrimiento y desgaste de ese pueblo y
permitir al gobierno cubano que continúe su maniobra de conquistar sentimientos
a su favor, cosa que no es espontánea, ni a la loca, sino toda una estrategia
sólida a nivel de toda la isla, donde poco falta para que pongan a hablar a los
muertos y a nivel de movilizar a los que lo apoyan desde el exterior que aunque
nos pueda parecer loco y absurdo, no son pocos.
Todos ellos de conjunto, el gobierno cubano, sus
repetidores dentro de Cuba, los mensajeros, influencer, los representantes de
organizaciones y partidos extranjeros, los agentes pagados o voluntarios que
tienen en el exterior, están precisamente ahora aprovechando las desventajas
que Trump tiene, porque las tiene de tiempo y apoyo, para evitar lo que, una
gran parte de los cubanos, queremos que sea inevitable.
El gobierno cubano, esa pequeña isla cuando les da la
gana de que sea pequeña, ese país pacífico, solidario, respetuoso, democrático,
está vendiendo que no es una amenaza para los Estados Unidos y ese discurso lo
han comprado muchos, con esto se le complica al gobierno norteamericano una
intervención justificada, rápida, ejemplarizante, y hasta quizás quirúrgica
para repetir un término de moda, que garantice a los cubanos salir del problema
que tenemos con el gobierno de Cuba.

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