Trataré de ser imparcial y maduro, maduro de madurez, obviamente no de Nicolás y en esa posición trataré de entender a los que ahora salen a defender a los “pobres” venezolanos chavistas y a los que se encargan desde el gobierno de continuar empobreciendo a un pueblo entero.
Ahora, muchas personas han descubierto a Venezuela, su
dichoso petróleo, sus ricas, dicen, arepas, sus generales sin guerras y, sobre
todo, sus políticos fabricados en microwave, sus líderes burrísimos presididos
por Maburro.
Otros van más lejos atrás en el tiempo y retoman a Simón Bolivar, el “Libertador”, en sus luchas por la independencia de las actuales Bolivia, Colombia, Ecuador, Panamá y Venezuela, realidad totalmente alejada de lo que pasa hoy en el siglo XXI, algo parecido a alguien que necesitaba hacerse famoso que propuso la idea de que José Martí fue el autor intelectual del ataque a cuarteles en Cuba y como consecuencia de la revolución cubana de 1959.
Hoy Bolivar se ha puesto de moda, al igual que de vez en cuando
se retoma a Martí, tal como si fueran un aderezo clásico que sirve para
cualquier ensalada, carne, etc. A Bolivar y Martí los quieren pasar como la
mantequilla para la comida francesa, la pasta para los italianos o el picante
para los mexicanos.
Si los frijoles no se ablandan o las arepas están
secas, échale un poco de Martí o Bolivar respectivamente. Si no hay
electricidad, busca y encontrarás lo que Martí y Bolivar dijeron sobre la
belleza romántica de vivir alumbrados por velas. Si eres drogadicto, nada mejor
que tener a mano el bello poema Haschisch, que como oda fue escrito por nuestro
Apóstol en 1875.
Obviamente ni Martí, ni Bolivar tienen algo que ver con
el desastre que se ha generado en Cuba y Venezuela, son sólo las herramientas
que enfermos utilizan para tratar de encontrar cierta legitimidad en los
cerebros de aquellos sentimentales. Martí, el gran demócrata hubiera sido
enemigo del comunismo fidelismo, raulismo y canelismo y Bolivar hubiera usado
su sable para decapitar a Chávez y a Maduro.
Ahora los sentimentales hablan de intervención, de
acción imperialistas, de secuestro, pero veamos una lista anterior con peores
resultados de las que estos sentimentales no dijeron nada, lo que significa un
buen ejemplo de la consagrada “doble moral”.
El presidente Obama, sin pedir permiso al Congreso, mandó, en una misión super secreta, a matar a Bin Laden. Lo mató y tiró al mar. Luego, se la aplicó a Gadafi en Libia. Lo sacó muerto. Nadie exigió nada.
Biden eliminó al líder de Al-Qaeda, Alza Wajiri, no
hace mucho, en el 2022. Cero escándalos.
Nadie habló de Derechos Humanos, de Derecho
Internacional, nadie mencionó a la ONU, ni ella misma lo hizo, nadie se tiró a
llorar, menos se le exigió al Congreso norteamericano sancionar a los
presidentes. Los demócratas de oficio, o sea, los profesionales y los
voluntarios, que siempre existen, callaron.
Ahora, Trump, después de proponer soluciones
pacíficas, después de esperar y esperar, después de soportar ofensas como
presidente e incluso como persona, después de enviarle varios botes y boteros a
Maduro para hacerle entender que debía abandonar el juego, lo fue a buscar en
una acción rápida, exitosa, con pocos daños, lo sacó vivo y lo puso en manos de
la justicia norteamericana que lo estaba pidiendo, se ha formado la debacle.
Todo el mundo opina, todo el mundo llora. Muchos tienen
el estómago, o no estómago, sino una caja metálica de procesamiento de alimentos,
para defender a Maduro y llamarlo líder, presidente constitucional, amigo y
hermano. A muchos sólo le conviene llamar la atención, mostrar su inconformidad
con la vida, lamentarse y formar líos.
Ahora, como hay que echarle paja al fuego, se habla de
que el máximo interés es el petróleo y se defiende un combustible que el pueblo
venezolano dice que no disfruta. El venezolano de a pie declara que no tiene
electricidad y vive bajo apagones constantes, que no existe combustible para el
transporte y que las calles no están asfaltadas, que no hay gas para cocinar, etc. ¿Petróleo soberano para venezolanos?
¿De qué petróleo para el pueblo hablan los
sentimentales si la poca producción de crudo el madurismo la usa como pagos a
favores para los rusos, los chinos, los iraníes y por supuesto, para el
gobierno cubano, que en medio de lo que está pasando, entre otras cosas con
largas jornadas de apagones en horas y días para el pueblo, utiliza una parte,
que le quita a ese mismo pueblo cubano para rexportarlo?
¿De cuál petróleo venezolano se habla si Venezuela
tiene colapsada su industria “soberana”, con un deterioro tal que ha producido
un decrecimiento del 300% de la extracción y como consecuencia la venta de petróleo
crudo desde que está el chavismo madurismo en el poder?
¿De cuál petróleo soberano se habla si la única forma
de poder extraerlo y procesarlo para mejorar su calidad, que no es buena, por tanto,
es cara, está únicamente en manos de inversionistas extranjeros,
mayoritariamente norteamericanos, que cuando aparezcan las garantías, tendrán que
poner, según expertos, miles de millones de dólares para lograr producir al
menos la misma cantidad que se hacía en el 2020?
Los que conocen bien a Trump, tal como yo, fue mi
amigo desde la primaria, sabemos que gustaba de llamar la atención. Se portaba
mal, no dejaba de molestar a sus compañeritos, tiraba tizas a la pizarra, ponía
traspié, porque su misión era hacerse sentir.
Los maestros mandaban a buscar a la mamá para dale las
quejas y lo ponían a hacer cientos de copias de “voy a portarme bien”, pero
todos sabemos que era, en el fondo, un buen chico.
Eso de buen chico en el fondo lo acaba de demostrar. Bin
Laden, Gadafi y Alza Wajiri salieron muertos, Maduro está vivo y de más está
decir que podría, relativamente fácil, haber sido esfumado con menos gastos y
menos riesgos. Hasta Da Vinci, creador y mejor exponente de la Técnica del Sfumato, se hubiera quedado asombrado.
La exitosa operación del gobierno norteamericano, con reconocimiento especial a los militares que la organizaron y ejecutaron, violenta acción en minutos, escasos 30, resultó ser hasta medio cariñosa. Maduro está vivo. Si me encuentro con Trump en el supermercado o echando gasolina, por esto, valorando que no sabe bailar o pidiéndole que reduzca sus conflictivos mensajes diarios, no dudaré en recordarle nuestra amistad desde niños, pedirle un autógrafo y tirarme con él una foto.
Los sentimentales me dan pena, sus impotencias frente
a la realidad, los lleva a la irracionalidad.
¿Dónde estaban cuando Maduro declaró que seguiría
siendo presidente por las buenas o por las malas y se convertiría en dictador y
no sólo eso, sino que se robó las elecciones y terminó por convertirse en lo
que prometió?
¿Dónde estaban cuando Maduro, heredado de Chávez,
destruyó la industria petrolera, principal recurso económico de Venezuela?
¿Dónde estaban cuando Maduro reprimió, asesinó,
encarceló a venezolanos, a políticos, a periodistas, a jóvenes, a personas
comunes, a veces por sólo tener una foto en su celular o hacerse eco de una
noticia y llenó las cárceles de venezolanos, sólo por explicaciones políticas, incluso
sin aparición de la justicia venezolana?
¿Dónde estaban cuando vieron al pueblo venezolano
pasar hambre o comer de la basura?
¿Dónde estaban cuando vieron a millones de venezolanos
salir huyendo del gobierno de Maduro hasta componer una emigración de más de 8
millones de personas que hoy viven regados por el mundo?
¿Dónde estaban cuando el gobierno de Maduro armó a
delincuentes y los convirtió en brazo armado del gobierno, para que reprimieran
a los venezolanos de pueblo?
Trump es un chico malo de buenos sentimientos, Maduro
le pidió que fuera a buscarlo y lo complació. Lo recogió casi en un Uber y lo
trajo vivo a Estados Unidos.
Maduro vivo, debería estar durmiendo en una cama de
clavos.
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