domingo, 22 de marzo de 2026

653.- No queremos alivio, queremos cambio.

“Las masas no buscan la verdad. Buscan aquello que les tranquiliza, aunque sea falso. Rechazan los hechos que incomodan y abrazan las mentiras que les hacen sentir bien. Por eso, quien aprende a engañar a la multitud obtiene poder, mientras que quien intenta abrir los ojos paga un alto precio”.

Charles-Marie Gustave Le Bon. (1841 – 1931)

Francés destacado como antropólogo, psicólogo, sociólogo y médico.

Mensaje para los “sentimentales”.

Cuba en el 2026 no va hacia el esquema chino, ni al vietnamita. Eso lo podrían haber hecho a conciencia, a voluntad, hace más de 30 años y por el contrario, después de la última visita de Fidel Castro a China, lugar donde después mandó a su hermano Raúl, por aquello de que cuatro ojos, pueden ver más que dos, a no ser en el caso de los ciegos, quedó definido que ese proyecto de desarrollo, no era lo que se quería, en realidad lo que ellos querían, para Cuba y como el emperador faraón, señor feudal, dictador Fidel lo definió así, no se hizo lo más mínimo por sacar a Cuba del camino que desde aquellos momentos se vislumbraba para ella, que es la miseria.

Cuba, o sea, su gobierno, está tarde para un cambio serio desde adentro, ese gobierno necesita ser demolido, arrasado, desaparecido bajo la aplanadora llamada pueblo cubano. Cuba no necesita de un nuevo maquillaje, Cuba necesita de una autopsia a profundidad que logre sacar cada órgano, cada vena, cada músculo, cada hueso de lo que han representado estos últimos 67 años. Cuba está para dejarla en una sólo célula limpia y sana que pueda luego procrear una nueva vida.

Fidel Castro, cuya imagen de excepcionalidad fue creada y recreada durante toda su vida, no tiene en su historia un proyecto económico que haya funcionado o sobrevivido en el tiempo. La historia de Cuba junto a él es la historia de la carencia, de cada día menos, de la destrucción inigualable hasta dejar un país inservible, hoy catalogado como un estado fallido, donde nada, exactamente nada, sirve y funciona. Nada, por ejemplo, significa la necesaria y por qué no honrosa misión, de recoger la basura.

No creo que los chinos sean especiales, ya he escrito que, desde mi más modesto plano personal, no me gustan, tampoco los vietnamitas lo son por más que los admire como pueblo, lo que pasa es que esos países que hoy todos utilizamos como referencia de lo que se puede lograr con un partido comunista en el poder, hoy cuando muchos revisamos las etiquetas de los productos que consumimos, incluso aquí en Estados Unidos y descubrimos “Made in China”, “Made in Viet Nam”, se bajaron de los clásicos manuales marxistas, dejaron las descargas comunistas para las reuniones de los politburós, olvidaron a los “eternos enemigos”, por el contrario, los llamaron por las buenas y pensaron en cómo sacar a los más humildes de la humildad, abriéndose realmente al desarrollo mundial. Siguen manteniendo el poder político, pero, parece que los chinos y vietnamitas comen comidas producidas por ellos mismos y eso es lo primero que necesita un pueblo.

OJO.- Los gobiernos de ambos países siguen manteniendo el férreo control político, lo que significa, para no confundirnos, que todo estará bien con los chinos y vietnamitas, siempre y cuando no se les ocurra trasgredir las reglas y pasarse de las líneas establecidas por el poder. Los chinitos del gobierno, siempre sonrientes, te fusilan a las menos cuarto y poco les importa lo que el Papa y la comunidad internacional puedan pensar o decir. Si lo dudan, remítanse a los últimos hechos de la Plaza de Tiananmen en 1989.

Cuba, siguiendo no pocas veces enfermizamente a un enfermo, cavó su propio camino y probó con todo menos, con el reconocimiento y liberación de su pueblo, Cuba, o sea, su gobierno, escogió, no por desconocimiento, sino por y para su conveniencia mantener al pueblo inmovilizado y seguir utilizándolo sólo como receptor de aquello que el “papá gobierno” determinaba repartir. Cuba, o sea, su gobierno, puso al campesino, supuestamente llamado a ser productor, a esperar y comer de la bodega. Cuba, o sea, su gobierno, puso a los intelectuales, a los profesionales, a los técnicos, sólo a repetir discursos emitidos por y desde el poder. La creación, la iniciativa por vías personales, la búsqueda de la mejoría propia que pudiera generar luego mejoría colectiva, fueron desterradas con algunas de aquellas frases hoy no sólo equivocadas, sino ridículas de: “no los queremos, no los necesitamos”.

Ya dije por algún lado aquí que el gobierno cubano no es loco, menos incompetente para transformarse y lograr la permanencia en el poder. Ahora, un súper ministro sacado del mismo sombrero de mago de todos los anteriores, asegura que se abre Cuba, ya no para la inversión extranjera, como ha venido pasando desde hace ya muchos años, sino ahora para la emigración cubana. Sin reconocer el fracaso, sin pedir al menos unas sinceras disculpas por todos y cada uno de los fracasos, sin tan siquiera definir nada bien y exacto, sólo anunciar la intención, los gobernantes están pidiendo que aquellos que salieron de Cuba, la mayoría con una mano adelante y otra atrás, regresen a Cuba para salvar a los incapaces comunistas. Hay que ser descarado, indigno, y obviamente, una vez más, demostrar lo poco que le importan en realidad los cubanos.

El gobierno opta una vez más por el alivio y no el cambio y de ese alivio, o sea, soluciones coyunturales que cambian a caprichos cuando a ellos les da la gana, los cubanos estamos camaos. Entra el dinero, ellos respiran y vuelven a las andadas del control o es que ahora es un secreto que mientras se acentuaban los apagones en toda Cuba, más allá del deterioro histórico de las plantas productoras de electricidad, el gobierno cubano rexportaba a precio del mercado mundial más de la mitad del petróleo que venía primero de la URSS y luego siguiendo la práctica secreta con Chávez y Maduro de Venezuela. No era petróleo que sobraba, no era un excedente donado voluntariamente por el pueblo, era algo que se estaba quitando para obtener dinero fácil, cosa acostumbrada, dinero no para hospitales, no para escuelas, sino para, por ejemplo, habilitar modernamente el aparataje de la represión.

Ya el gobierno no tiene más tiempo para el tradicional alivio, inventado y conseguido por Fidel Castro cada vez que se le ponía el agua en la nariz. Parte del mundo ha ido despertando, aunque los “sentimentales” parezcan que son más y lo más importante, el pueblo cubano que allí queda, sobre todo los jóvenes, cada día más jóvenes, con rostros tapados, pero cuerpos casi desnudos, están pidiendo junto a la “corriente, agua y la comida”, libertad, abajo los del gobierno como se llamen. El “puesto a dedo”, el “limonardo, el “sin casa” por no decir “singa´o” ahora adquiere otro sobrenombre, en vez de Díaz Canel, se le llama “Díaz Contados”, lo que expresa el verdadero sentimiento popular de intragabilidad. Y lo que resulta más llamativo, aparecen por primera vez que yo recuerde, “Viva Trump”, quizás como única tabla de salvación a los problemas acumulados.

En realidad, en Cuba siempre hubo oposición al gobierno, las medidas tomadas, las acciones que se implementaron, cosa que la mayoría de los cubanos no conocimos, porque el gobierno monopolizaba los medios de información, dando a entender que todo el pueblo de Cuba apoyaba el proceso revolucionario. Mentira desde el mismo 1 de enero de 1959.

Siempre ha habido oposición a partir de los primeros encarcelamientos, incluso de muchos de los que habían colaborado con la guerra, los primeros fusilamientos, ya no de los batistianos comprometidos con hechos de sangre o no, los primeros plantados y las primeras plantadas, las huelgas de hambre, las monstruosas intervenciones sin justificación, los decomisos, la reconcentración de parte de la población campesina en lugares muy apartados de sus orígenes, después de haber perdido todo lo que tenían, la expulsión de decenas de cubanos, la vigilancia, la represión, la multiplicación acelerada de la población penitenciaria por causas reales y causas inventadas.

Siempre hubo oposición, la mayor muestra fue la oposición silenciosa, los que no se incorporaron y no se fueron, las ideas, los libros, las películas, sólo compartidas entre íntimos amigos. En la misma medida que el gobierno, muy a su pesar, se vio obligado a abrir Cuba como alivio únicamente para él mismo, el cubano comenzó a abrir los ojos, comenzó a investigar, comenzó a comparar y esa oposición fue creciendo. Están los que se fueron, pero también están los que, formando parte del gobierno, tan pronto se les dio la posibilidad se quedaron y no regresaron a Cuba, asumiendo la sanción, no escrita, pero muy real de haber perdido el derecho de ser cubanos, el haber perdido un país y con esto haber obtenido la categoría de enemigos.

Todo esto tiene los mismos 67 años que la revolución que se nos ha vendido, sin importar nuestras ideas y valoraciones, a los cubanos de adentro y sobre todo el resto del mundo como un proceso hermoso, alegre, homolítico, donde el pueblo estaba convencido de que poseer cada día menos era la única manera de ser libres y sobre todo ricos. Se nos inventó que Cuba andaba por buen camino, cuando el camino cada día era peor y que estábamos llamados a liberar el mundo entero. Tanto hasta llegar al absurdo.

OJO.- Los primeros en abandonar Cuba fueron los propios hijos de los gobernantes, que pretenden todavía hoy convencer a un pueblo, sin haber podido convencer y sobre todo retener a sus descendencias, a pesar de que ella vivió siempre muy diferente a lo que se denomina pueblo. ¿Con qué ejemplo se puede hablar del enemigo norteamericano, teniendo dentro de los Estados Unidos a hijos, hermanos, padres, etc.?, ¿Con qué ejemplo se puede someter a un pueblo a la miseria, cuando se habla por teléfono, se recibe regalos y visitas de familiares muy allegados que viven en el exterior y viajan a Cuba de turismo?

Cuba, donde el alivio del gobierno ya no alivia ni a los enfermos que, repito como nunca antes, están luchando en las calles demostrando que no quieren más paños tibios y que quieren que el gobierno desaparezca, tiene sólo un camino. El gobierno cubano tiene ser volado en su totalidad. No la China Raúl, no Díaz Contados, sino todos aquellos, hasta el último policía y agente vestido de civil que reprime al pueblo, toda la estructura, todo el partido comunista y todo el que permanezca voluntariamente, porque es voluntario, al lado de ese gobierno.

Todos, los convencidos, los comprados, los chantajeados, los sentimentales, los militares viejos y gordos, los que sí, pero no, los que no, pero si, los periodistas y propagandistas cómplices, los intelectuales, cantantes, poetas, escritores, que, a pesar de las evidencias, se mantienen y sirven para dar imágenes de coherencia y defensa de una soberanía que no se puede cocinar para comer.

 

 

 

 

 

 

  

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