martes, 24 de marzo de 2026

654.- Mi cumple 63 con Patti La Belle y Robert Plant.

Acabo de cumplir 63 años, edad que antes me parecía de viejo y ahora que reconozco que recién estoy empezando, me ha hecho correr lo de viejo para los 80 años.
Si alguien me preguntara cómo he llegado aquí, no sabría exactamente qué responder, porque no ha sido un recorrido lineal perfectamente organizado y estructurado como se supone en los libros que debe ser, creo que ha sido a través de un camino espinado, con miles de errores y algunos aciertos.
Mi cumpleaños, en el 2026, ha sido diferente. Tengo dos hijos lindos, ya grandes, inteligentes y bien preparados, que se parecen y son diferentes, lo que no sólo me hace sentir muy orgulloso de ellos, sino de mí mismo por aquello de los espermatozoides que, en su recorrido, más difícil que el de los salmones cuando pretenden desovar, que en cada caso triunfaron en la fecundación de los muy bien protegidos respectivos óvulos. Soy la causa del, como mínimo, pues los porcientos siempre se mueven, 50% de la calidad de mis hijos, la otra parte inevitable le corresponde a "Nuestra Bella y Dulce Estrellita”.
Ya a mi edad, con más espinas que flores, me divierto, entretengo y ocupo con cierta conciencia, mis hijos que son seres humanos reales, son la mejor representación del núcleo de la dialéctica materialista, la ley de la unidad y lucha de contrarios, que afirma que todos los fenómenos, cosas y procesos contienen contradicciones internas, son aspectos opuestos que coexisten en unidad, o sea, se necesitan mutuamente, pero por momentos se repelen y luchan, lo que logra impulsar el movimiento y desarrollo constante de sus realidades, y como consecuencia, la realidad de otros.
Jennifer, la mayor, no se conforma con su posición cronológica a la hora de nacer y como hermana mayor, para eso están los hermanos mayores, exige, casi siempre guiada por la lógica, la madurez, la experiencia de su ya no corta vida. Jonathan, menor, como todos los hermanos menores, se resiste, trata de correr su propia carrera y de mostrar que los menores tienen su propia vida, no siempre igual a la de los mayores, menos siempre orientado por ellos. A veces se divierten, sonríen, se burlan, se ayudan, coexisten en unidad, otras, pocas por suerte, y sin mayor trascendencia, sus contradicciones y choques sacan chispa. Y eso, aunque me coloca en la posición de torero frente a dos toros bravíos de lidia, me gusta porque detrás de ellos está la calidad humana. Los veo y me veo.
Bueno en esta unidad y lucha de contrarios, después de algunas ideas media confusas, de esas de ponerse de acuerdo que se quedó a medias, Jonathan y su esposa Naty, me regalaron, no sólo a mí, sino a Estrellita, dos entradas para ir a ver, nada más y nada menos que a Patti La Belle y podrán pensar, bueno, si, son sólo dos entradas para el teatro y entonces desconocen la verdadera importancia y el significado del tema.

Para mí, que no tengo que parecerme a alguien, cubano de Cuba a los que “el destino” condicionó a no soñar con estos eventos en vivo, ir a ver a Patti La Belle es tener la oportunidad comparada como visitar las Pirámides de Egipto, la Muralla China, el Louvre, Londres, por qué no Machu Pichu, las pirámides mexicanas, Japón, etc., lugares que aclaro me gustaría visitar. Ella es, no sólo una diosa, sino uno de los símbolos más grandes de la música. Ella ha logrado y puede comprobar que logra poner de pie varias veces en la misma canción, así durante todo el espectáculo, de forma efusiva, a negros, blancos, azules, flacos, gordos, católicos, cristianos, republicanos, demócratas, musulmanes, taoístas, monjes tibetanos, etc. No existe la manera de quedarse sentado pasivamente porque cuando ella descubre que las personas no brincan de sus asientos, acelera y acelera, hasta lograr un estado de casi éxtasis en sus espectadores. Patti La Belle, independiente de otras muchas cantantes que han existido, es única.
Escucho a Patti La Belle ininterrumpidamente desde hace más de 40 años, ininterrumpidamente significa todos los días de mi vida, entonces, además, típico en mí, conozco su verdadera historia que está detrás de las canciones. Conozco de su bondad, de su ayuda a otros, de sus sentimientos, cosa que la colocan, más allá de su enorme capacidad para cantar, enorme significa casi incomparable, en un pedestal, por lo que solamente verla sentada en una silla ya es un gran logro, si a esto se suma el verla cantar, interactuar con el público, dirigir a su coro, sacarse como es tradición sus lujosos zapatos y permanecer descalza, cosa que su público espera porque es ya simbólico, agradece, valora y disfruta, el logro se multiplica al infinito.
Claro ya no es la Patti de hace 30 años, yo tampoco lo soy. Ella tiene 80 años, cosa que agrega más valor a su carismática actuación. Y lo de carismático no es sólo un adjetivo reforzador, es sencillamente la realidad de lo que ocurre. Ella, debe ser por su corazón, mantiene la misma dinámica de siempre. Hay cantantes buenas, pero aburridas, hay cantantes que imitan, en este caso, si te aburres debes salir directamente a una clínica porque el problema lo tienes tú. Ella se ha convertido el alguien a quien imitar.
La noche, en un teatro abarrotado, con un por ciento muy alto de negros elegantes, obvio, ella es la reina, fue genial. Las mismas canciones de siempre, esas que la convirtieron en más que famosa. Esas que el público seguidor de Patti La Belle, donde nosotros dos nos encontramos, puede cantar de principio a fin.
He asistido a varios conciertos aquí en Estados Unidos, todos han tenido una connotación especial, entre ellos, Journey y Deep Purple, pero el ver a Patti La Belle en vivo rompe con todo lo anterior por la carga emotiva que sugiere para un fanático apasionado como yo. Ver en vivo a Patti La Belle significa hacer un recorrido por todas sus canciones, que son su vida y por qué no, las nuestras.
Esto fue algo grande, con lo que podría definir un buen cumpleaños, sin embargo, al salir del teatro vi la cartelera y descubrí que Robert Plant cantaría próximamente, entonces como soy un gran comunicador, llegué haciendo el cuento de la experiencia y el lamento por lo descubierto en un cartel y para mi sorpresa, el día 12 de marzo, día del cake y los regalos, familia y en especial nietas, recibí las entradas para ir a verlo.
Mi hija Jennifer y Yordan, entre otras cosas, creo, por aquello de la unidad y lucha de contrarios, nos regalaron las entradas y entonces eso se convirtió en tener la posibilidad, yo cubano de Cuba, de ver en el mismo paquete en vivo a las Pirámides de Egipto, la Muralla China, el Louvre, Londres, por qué no Machu Pichu, las pirámides mexicanas, Japón, más a Patti La Belle.

Robert Plant perteneció a Led Zeppelin, la banda de rock que lo cambió todo. Y no es que sólo perteneció, sino que Plant, creo que no exista dudas en esto, es el mejor y más importante cantante de la historia del rock, él imprimió un estilo, una forma inigualable a la que nadie ha podido llegar. Robert Plant es un límite donde antes de él no existía nada parecido y después todo se formó y copió de su existencia. Robert Plan es el mayor influyente y la mayor referencia para todo lo que ha venido después y pienso que para todo lo que venga en lo adelante, claro en este tipo de música, aunque no dudo que los reguetoneros lo conozcan. No existe un músico o cantante, que no lo conozca, no existe un músico o cantante que no lo haya tenido como “maestro”.
Escucho a Led Zeppelin desde niño, recuerdo tener 9, 10 años y ya tratar de cantar las canciones en aquello que llamábamos inglés, que tenía una palabra en ese idioma seguida de sonidos medios inventados que ni se acercaban al idioma de los británicos, me recuerdo tratando de imitar con la boca los sonidos de los instrumentos, me recuerdo cargando con discos y cassettes de un lugar para otro y escuchando aquellas cintas gastadas de tanto reproducción y esperando a los sábados para compartir esa música en las famosas fiestas de mi reparto. Led Zeppelin, cuya formación exclusiva pocas veces se ha repetido en la historia, Page, Plant, Bonham, Jones, no sólo fue una banda, sino que se convirtió en la mayor expresión de vida de todos sus años de existencia. Led Zeppelin es el padre de lo que yo llamo la madre de todas las canciones del rock, “Stairway to Heaven”, canción que puedo haber escuchado proveniente de estudio o en vivo, un número que no podría nombrar y que todavía hoy cuando la escucho descubro como algo nuevo.
Es justo decir que siempre fue mi segunda banda, a diferencia de mi amigo/hermano Ruso que es su primera opción. Desde niño hasta hoy, soy fanático a Deep Purple, donde la unión extraordinaria, me es necesario decir que irrepetible de un Blackmore, apegado a lo clásico, a lo riguroso, a lo exacto, al enorme virtuosismo y un Gillan, de proceder salvaje, espontáneo, rompedor de reglas, más las manos prodigiosas de Lord y Paice, tecladista y baterista respectivamente, hacen, porque todavía muchos de ellos existen tocando, de la música, algo único.
Led Zeppelin, fueron no sólo un grupo de rock, sino enormes investigadores de la música de otras culturas aparentemente lejanas que fusionaron dentro de muchas de sus creaciones. Hicieron juntos nueve discos, cada uno de ellos una verdadera obra de arte. Cada uno de ellos más rigurosamente clásicos. Luego de la muerte de Bonham se separaron, por suerte no por enemistad, como pasa en otras bandas, entonces, aunque desaparecieron como grupo unido, los fanáticos hemos tenido la posibilidad de verlos muchas veces más. Existen muchas colaboraciones de los tres que quedaron que se pueden ver, y, sobre todo de Page y Plant, ya más maduros, ya más sólidos, ya más profesionales, menos salvajes, a donde ni el mayor profesionalismo o el más puro salvajismo puede llegar.
La historia de algunas bandas, entre ellas, Led Zeppelin, con esa unión Page, considerado por muchos, entre ellos yo, el mejor de los mejores guitarristas de la historia y Plant, la voz insignia del rock no volverá a repetirse porque además de la excepcionalidad, corresponde a una época que tampoco se repetirá.
El concierto de Robert Plant fue distinto, me afané en encontrar un negro, no por nada, sino por puro chisme, no lo encontré. El teatro abarrotado por supuesto, estaba compuesto de personas donde nosotros éramos de los más jóvenes y creo que hasta cierto punto medio extraños. ¿Cubanos? Personas de 60, 70 años y más, todos canosos, calvos, de pelo largo, barbudos, algunos más organizados en su apariencia, otros evidentes hippies que aún existen crearon una atmosfera única. Personas en tenis, jeans, pullovers alegóricos al rock, por supuesto a Led Zeppelin, todos o casi todos, con un vaso de alcohol en la mano.
A diferencia del concierto de Patti La Belle, donde las canciones fueron las mismas de siempre, Robert Plant trajo una propuesta nueva con la que le está dando la vuelta al mundo, poco de Led Zeppelin, más de una música nueva que mezcla el rock, la música tradicional de Gales antiguo, rasgos de música india, que por suerte yo, fanático a perseguir la música a través de mi PC, ya conocía.
Grandiosamente incomparable. Sólo cuatro músicos, más una muchacha que canta, toca la guitarra y el acordeón, hicieron de una hora y media algo muy parecido, según propia definición de Estrellita, a algo celestial. Si lograbas cerrar los ojos, cosa imposible en un evento como ese, porque hasta el más sencillo movimiento, la más común respiración, son importantísimas, podrías llegar a pensar que sobre el escenario había 40 personas tocando, toda una orquesta.
Seis personas, con unos arreglos impresionantes, convirtieron todo aquellos en algo que no parecía humano. Plant todavía con una voz excepcional, sin querer competir, sin querer romper ningún micrófono, sin pretender ser catalogado como único, ya no tiene edad para ello, ya lo de único él sabe que lo tiene, más su dominio súper de la armónica, lograron un sello diferente y nosotros, la Bella y Dulce Estrellita siempre a mi lado y yo, formamos parte de él.
Ya he contado que he estado en varios conciertos, no tanto como los que gustaría haber asistido porque mi amor por la música podría llevarme a pasarme el año entero de concierto en concierto, este, “Salving Grace”, fue algo diferente. Menos ruidos, menos improvisaciones, menos tecnología, menos luces, fue un momento íntimo, pausado, hasta cierto punto dulce, donde no hizo falta gritar, ni brincar para ser reconocido. Robert Plant vino a cantar, creo, que desde su alma y lo logró.
Si lo de Patti La Belle, yo cubano de Cuba, podría parecerme imposible, lo de Robert Plant, la persona que he visto y vuelto a ver a través de una pantalla no sólo era para mí imposible, sino inalcanzable.
La vida y por supuesto los hijos, te dan sorpresas. Antes de marcharnos, volvía mirar el cartel del teatro y descubrí que próximamente pasará por San Antonio, Chicago y entonces he comenzado a soñar nuevamente, lástima no tener dos cumpleaños en el mismo año.
 
 
 
 
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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