miércoles, 25 de febrero de 2026

650.- ¿Salvar a la familia cubana?

Que exista un grupo de cubanos que, a pesar de todo, hoy defiendan al gobierno cubano, no es nada extraño, ni nuevo.

Frente a cualquier hecho, proceso humano, las personas se dividen como mínimo en dos bandos, a veces, son tantos los bandos que se hacen incontables o, peor, a veces cada humano es un bando diferente.

Uno de los hechos más sonados de nuestra historia moderna, hasta hoy, fue en el que el gobernador Poncio Pilato y las autoridades romanas ordenaron la crucifixión de Jesús que luego los soldados romanos ejecutaron, bajo las presiones de los altos religiosos locales de Jerusalén. Según cuenta la historia, en el “Via Crucis”, camino de Jesús hacia el Monte Calvario, lugar donde lo crucificaron, fueron los propios judíos de pueblo los que lo abochornaron, repudiaron, insultaron y agredieron. Y así en cada momento, en cada hecho, bueno o malo. Entonces Cuba no es la excepción. Sería bueno que todos siempre estuviéramos de acuerdo sobre todo en las cosas buenas, pero muy pocas veces ocurre así. El bando triunfador, el mayor o el más fuerte, termina imponiendo su variante, mejor ejemplo, Fidel Castro y su revolución de 1959, cuando un pequeño grupo se metió en los bolsillos a un pueblo entero, que se dejó meter y seleccionó el camino del exterior para los que no entendieron o discreparon.

En Cuba, todavía hoy, existen esos dos grupos, subdivididos en su interior en muchos otros pequeños grupos.

Están los que forman parte del gobierno, entendible la defensa, porque viven y viven bien de eso. Están los “sentimentales” que se siguen agarrando a una supuesta tabla de salvación, más que todo del espíritu, que son capaces de hacerse los tontos y preguntar: ¿dónde está Fidel?, habiéndoseles anunciado que fue incinerado y sus cenizas, dicen, fueron metidas en una fea piedra como última morada en la Tierra. Están los que, por algún tipo de comprometimiento, chantaje, o, sencillamente, para escapar de la vigilancia y el hacha con que ella puede venir, por lo menos públicamente, siguen hablando de patria que no tienen, de soberanía e independencia de las cuales han disfrutado poco, más de logros alcanzados, tantos que parece que hablan de los mosquitos, el marabú, los derrumbes, la basura en todas las esquinas, las enfermedades, las carencias, etc.

Siguen existiendo aquellos que han estado siempre tan enajenados que les da lo mismo que “crezcan los niños o que crezcan los accidentes”, masa amorfa que el gobierno ha aprendido a manejar a conveniencia y, sobre todo, contarlos para luego crear sus estadísticas y distribuirlas a través de su no poco efectiva propaganda.

Y están los internacionales, es verdad, cada día menos o al menos disminuidos a partir del desbloqueo de la realidad que ya no se puede esconder o maquillar, que, sin haber investigado, sin haber viajado a Cuba, siguen pensando en aquella isla caribeña que con el dinero extranjero trataba de hacer revoluciones en cualquier parte del mundo. El Che, al que no conocen en realidad es su más gustoso símbolo.

Muchos de esos, siguen retomando y repitiendo de carretilla las historias de la Sierra Maestra, la campaña de alfabetización que no alfabetizó realmente a tantos como la propaganda ha impuesto en los libros de historia. Esos siguen hablando de alta medicina y gran educación gratuitas, aunque eso hoy ya no existe y de potencia deportiva, cuando no hay pelotas, ni terrenos, ni trajes, ni casi nada para poder practicar de forma profesional un deporte.

Esos que siguen apostando desde sus cómodos toilets capitalistas, a mantener un sistema comunista fracasado en Cuba, al que muchos, bajo las ideas de solidaridad y amistad le han sacado mucho dinero mientras lo hubo, sin ellos vivirlo en sus países de origen o al menos, sin mudarse a vivir en Cuba como un cubano de a pie. Pura hipocresía y demagogia que sirve, bien utilizada por el gobierno cubano como aliados propagandísticos.

Además, incomprensible para mí por mucho que los pienso, están esos cubanos, aparentemente libres, por tanto, no hablo de los figurines que el gobierno cubano tiene infiltrados en cuanto rincón existe, que habiendo salido de Cuba hace 50, 30, 20, 10 años, incluso hace 6 meses, porque evidentemente, por miles de razones que todas paran en el mismo lugar y nombre, no podían vivir en Cuba, hoy lloran por los rincones utilizando el mismo argumento oficial, salvar a la familia cubana. Esos que deberían al menos estar de acuerdo con hacer desaparecer a todo lo que huela o signifique comunismo en Cuba, hoy hablan de no apretar al gobierno, de dejarlos a que ellos decidan irse por las buenas, de que la abuelita no puede estar sin verlos, de lo criminal del bloqueo causante de apagones, falta de todo, que trata de matar de hambre a los cubanos de la isla. Esos no tienen vergüenza o están enfermos. Esos que hoy comen carne de res gracias a Estados Unidos, hoy hablan de darle un voto de confianza al gobierno cubano después de casi 70 años de derrochar ese voto.

Ahora, hay otro grupo, que siempre ha existido, aunque reprimido y auto reprimido, ocultado, desconocido, silencioso, que, sin poder salirse del problema, ha vivido todos estos últimos 67 años recondenado, de puertas hacia adentro, hablando bajito, fajados discretamente con el televisor, tratando más discretamente que sus hijos, por lo menos, traten de pensar. Grupo que ha vivido a voluntad o por presión, un exilio interno, ellos que han estado, pero no han estado.

Y dentro de esa gran masa, compleja, dividida, temerosa, aparentemente desinteresada y desorientada, que parece crece, sencillamente porque se les acabó el aguante, que se cansaron de fingir, hoy un grupo está “dando el berro”, está perdiendo el terror, al menos el terror que paraliza. La idea de ese apoyo total y casi absoluto al gobierno revolucionario es mentira, como también fue mentira el apoyo de los judíos a Jesús.

Ahora, el gobierno que no puede suministrar ni agua potable a sus habitantes, habla de la familia cubana, de lo que sufrirá el cubano de a pie, de las pérdidas que existirán. Llevan a las imágenes públicas, a través de sus descerebrados colaboradores y de los “sentimentales” siempre oportunos, regados por todo el mundo o viajando a través de él, los salones de operaciones con cadáveres, los niños desmayados por falta de alimentos, los viejos cayendo como soldaditos de plomos muriendo mientras caminan, las mamás embarazadas que no podrán parir por no tener fuerzas para pujar, etc., tratando de tocar las fibras más humanas del pensamiento humano. Ahora la familia cubana es el objetivo para salvar y entonces frente a esta idea volvemos a los grupos, volvemos a las divisiones, tal que parece que no sabemos hacer más nada que dividirnos.

Y yo me pregunto: Cuál es la familia cubana que hay precisamente hoy que salvar. Se estará hablando de la familia cubana que pasó 30 años sin poderse ver, reunir, muchas veces sin poderse hablar ni por teléfono. Esa familia que enterró en vida, orientada y felicitada, a sus miembros que se fueron del país; a esa familia cubana que se les prohibió y prohíbe entrar al que debería ser su país, por haberse quedado fuera después de terminar su contrato médico, su concierto musical o su juego deportivo; a esa familia cubana que le mandaron sus hijos, sus esposos, sus padres, a luchar en tierras ajenas por objetivos ajenos y nunca los vieron regresar al menos vivos; a esa familia que hoy tiene a sus hijos o hijas, esposos o esposas, padres o madres, presos por causas caprichosas; a esa familia que se le obligó a inventar un familiar marinero o piloto para poder esconder los dólares o ayuda que recibía de su familia que vivían en el exterior. Se estará hablando de la misma familia que fue señalada desde el poder como enemiga interna a los que había que combatir furiosamente y fue sometida a bochornosos actos de repudio, con violencia física incluida, por sólo querer irse a vivir a otro país. Qué descarados son todos.

La familia cubana, esa a la que hoy hay que salvar, lleva muriendo 67 años. A alguien le importó que al abuelo le intervinieran su pequeño negocio, fruto de su trabajo y que muriera de un infarto producto del encabronamiento o la depresión; a alguien le importó que a la joven la sacaran de la universidad o del trabajo por sólo ser religiosa; a alguien le importó que al joven primo, por sólo ser afeminado, amanerado, lo llevaran a aquellos casi campos de concentración creados para, dijo el gobierno, apoyar a la producción; a quién le importó que tu hija bien criada con un posible futuro luminoso, optara por ser “jinetera” para poder tener un perfume o comerse un bocadito de jamón y queso.

A cuál familia hay que salvar, a aquella que por desilusión y no encontrar su espacio dentro, toma ron en las esquinas, roba, estafa, degolla a personas para robarles algo tan elemental como una gorra o una cadenita que parece de oro, pero no lo es, a la que viene desde hace años impotentemente viviendo dentro de las ciudades y pueblos convertidos en enormes y ya simbólicos basureros o de basureros que por su gigantesca magnitud albergan en su interior a humanos.

Los simpáticos del gobierno llaman a salvar a la familia cubana, porque tal parece que hasta ayer todo funcionaba a la perfección y de pronto todo se ha puesto malo. Los simpáticos del poder se niegan a reconocer el rotundo fracaso de sus estrategias mantenidas por seis décadas. Los simpáticos del poder, brabucones ayer, hoy pretenden inspirar lástima, pretenden que se les vea agredidos e incapacitados por factores siempre externos a desarrollar su “trabajo exitoso”; éxito que sólo ven ellos cuando se sientan a comer a las mesas de sus casas.

Los simpáticos del gobierno ahora no paran de hablar de genocidio, de crímenes de lesa humanidad, de sangre por doquier, de grandes matanzas de la población cubana, de fascismo, de agresión imperialista, etc., el mismo discurso de tantas y tantas veces, el mismo discurso que debe haber dejado grabado Fidel Castro como acto de última voluntad y con esto pretenden movilizar a los sentimentales de antes y de ahora para obtener un barco de petróleo, un barco de arroz, algunos dólares como crédito para con eso continuar reprimiendo e inmovilizando a la misma familia cubana que hoy demandan defender.

Los simpáticos del gobierno acaban de desempolvar al gobierno norteamericano y Trump les ha venido muy bien. Trump es el culpable de que todo lo que era oro, hoy se haya convertido en piedra. Trump tiene paradas las ambulancias, siempre mencionadas en primer lugar por el efecto que trae, tiene parado el transporte público, lo que representa a un pueblo que está obligado a caminar, Trump tiene vacías las bodegas y las tuberías de agua, Trump es quien cocina la mala comida que dan en las escuelas y los hospitales. Trump se ha quedado con todo el instrumental médico y por supuesto, todas las medicinas, Trump, por supuesto, no podía faltar más, es el culpable de que los niños no tengan globos cuando cumplen años.

El “fascista y racista” Trump, dicen los sentimentales, quiere quedarse con la isla de Cuba, quiere anexar a la rica, bella y próspera isla a, como menos, su fortuna personal. Qué locura.

Los sentimentales, acomodados detrás de patria, soberanía, independencia, con sus cómodas vidas, deben ser conscientes de que ni regalando esa isla, alguien la cogería como está.

Cuba necesita para su recuperación gradual y paulatina, de un Número de Graham, que “es tan grande que su representación requiere una notación especial de potencias de torres (notación de flechas de Knuth), superando por mucho a números conocidos como el gúgol (10¹ººº)” más un Gúgolplex, (10 ᵍᵘᵍᵒᴵ), “que es un 1 seguido de un gúgol de ceros. Escribirlo es físicamente imposible, ya que no hay suficiente materia en el universo para escribir todos los ceros”. ¿Entendieron? Eso mismo le pasa al gobierno. ¿Algunos de ustedes tiene ese dinero? El gobierno cubano tampoco.

La única salvación verdadera de la familia cubana es que desaparezca o hacer desaparecer a todo el gobierno que hoy la dirige, incorporando obviamente el partido comunista delincuente que hoy la preside. No hay de otra. Se les acabó el tiempo de experimento, se les acabó la pista de aterrizaje. Se les fue el tren. Dios no les va a mandar otro bote.

Otra vez se vende la imagen de que Cuba se convertirá en otro Viet Nam y la guerra será eterna, JAJAJA, Cuba con sus generales de oficina, gordos, fuera de entrenamiento, con sus aviones viejos, reparados, con sus fusiles de madera o plomo, con balas húmedas que no explotan, con soldados jóvenes, obligados, falta de comida, de topes internacionales, etc. Es lo mismo que se pronosticaba para Venezuela y se decía que todos morirían peleando, país al que le entraron, le robaron al presidente y su desdentada primera dama,  dejaron ciegos a los súper militares, y hoy, nadie se acuerda de nada de esto y lo único que está pasando es que los que allí quedan gobernando se han convertido en subordinados alegres, en amigos íntimos y solidarios, en obedecedores incondicionales del que habían denominado enemigo, a tal punto que sólo falta sustituir las imágenes de Simón Bolivar donde quiera que estén por unas bellas de Trump.

La lucha de los cubanos que queremos que todo explote de una vez, es precisamente contra el gobierno y no contra el cubano tenga familia o no. Cómo podría atentarse contra la familia y amigos que todos allí tenemos. A quién se le puede ocurrir que queremos matar a la abuela, a la madre, al hijo, al hermano que allí hemos dejado.

No se puede mandar o pretender que en Cuba, ahora mismo la gente salga a la calle por buchitos a imponerse a un gobierno que está preparado para reprimir, sólo recordar la frase de Díaz Canel cuando muy nervioso no dejó de anunciar: “la orden de combate está dada, a la calle los revolucionarios” e inmediatamente sacó al ejército, vestido de civil, pero ejército, para reprimir a la población civil que caminaba coreando consignas, población civil, nada más y nada menos, que familias cubanas no delincuentes.

 

 

lunes, 23 de febrero de 2026

649.- Los muertos no van a ser de Trump, los muertos van a ser de Díaz Canel.

Estas son dos fotos lindas, pero más que linda son fotos esperanzadoras, que reflejan la historia de un país grande, más allá de su extensión geográfica.

En la foto que tienes a tu izquierda, tomada en 1965 por el periodista y fotógrafo vietnamita Phan Thoan, sin saber en aquel momento que su instantánea daría la vuelta al mundo y se convertiría en todo un símbolo de la resistencia de su pueblo, aparece Nguyen Thi Kim Lai una muy joven muchacha, 17 años, muy delgada, pesaba sólo alrededor de 81 libras, conduciendo detenido al piloto de guerra norteamericano William Andrew Robinson, de 22 años, que medía más de dos metros y pesaba más de tres veces de lo que pesaba su captora. 

El helicóptero, en una misión de rescate de pilotos caídos, donde viajaba William fue alcanzado por el fuego vietnamita y junto a otros dos soldados norteamericanos saltó en paracaídas, horas después fue encontrado por Nguyen, 21 de septiembre, acurrucado y aterrorizado, escondido dentro de una grieta en el bosque de la comuna de Huong Tra. 

En la foto de la derecha, aparecen las mismas dos personas 30 años después. William viajó a Viet Nam para participar en la filmación de un documental de factura japonesa sobre la guerra y se propuso encontrar a la mujer. La encontró, ella era famosa, para aquella fecha se había convertido en enfermera profesional, después de ejercer como enfermera dentro de la guerra, era esposa de un excombatiente vietnamita y madre de tres hijos.

Según cuentan los protagonistas de esta historia y muchos otros testigos, el encuentro fue sencillo. Ambos se recordaban. Todo transcurrió, dicen, entre risas y recuerdos.

No hubo reproches, no se habló de política, no se trató de encontrar culpables, menos ganadores y perdedores. Tiene que haber sido también un lindo momento, dicen que ambos, que una vez estuvieron en bandos opuestos, no se aferraron al pasado, sino que compartieron abiertamente como dos viejos amigos que se reencontraban.

Viet Nam, único en la historia moderna, terminada su última guerra, la quinta de su historia, no se victimizó, no emitió mensajes de lástima, no pretendió vivir eternamente de la ayuda internacional, menos se incomunicó y albergó odio para sus enemigos.

Viet Nam, país donde los Estados Unidos probaron todas las armas inventadas y las que estaban por inventar, donde la tierra quedó arrasada, imposibilitada en gran parte de ser cultivada, donde la población por muchos años arrastró las consecuencias de la guerra, que afectó no sólo a los nacidos, sino a los que nacieron muchos años después, no se echó a llorar, ni esperó por nadie que le resolviera los problemas.

Viet Nam, país comunista, dirigido bajo colegiatura por tres personas, el secretario general del partido comunista, el primer ministro y el presidente del Estado, suele tomar sus decisiones por unanimidad. Si, Viet Nam es un estado comunista, pero parece que, por la gracia de algún dios, ha demostrado ser un estado estratégicamente muy inteligente.

El gobierno vietnamita, en la fase reconstructiva después de la última desbastadora guerra se propuso una idea, la primera y más importante idea, el pueblo vietnamita debería ser libre, soberano, feliz y paralelamente, muy paralelamente, el pueblo vietnamita tenía que desarrollarse hasta eliminar el hambre, la miseria, la pobreza y convertirse en un país competitivo. Primero señaló el camino hacia adentro, no puede existir un pueblo libre y feliz con hambre y miserias.

Todo esto, todo lo que se ha logrado, no sin razón, crea una admiración justificativa hacia ese pueblo, o sea, algo así como: bueno, es que son vietnamitas.

¿Qué quiere decir, que son marcianos?, ¿Quiere decir que todos los vietnamitas eran millonarios antes de la última guerra?, ¿Quiere decir que poseen una excepcional inteligencia no vista en ninguna otro parte del mundo?, ¿Quiere esto decir que no existen borrachos, ladrones, vagos, delincuentes en Viet Nam? Nada de esto.

Sencillamente quiere decir que el gobierno comunista vietnamita dirigió el cambio y creo las condiciones para que entonces ese pueblo, si trabajador, pero no mago, lograra desarrollarse.

Quiere decir que el gobierno vietnamita se apartó de los manuales clásicos dotados por las potencias comunistas, esos que hablan de enemigos, de imperialismo, de guerras y, esos que enseñan a mantener el poder político sobre el hambre, la subordinación, la represión de los pueblos y, con mucho valor, se abrió al mundo desarrollado capitalista, implementando una política de diversificación y multilateralización de sus relaciones internacionales que hoy tiene más de 30 años.

Existen muchos ejemplos de esto, el más grande, por lo que significó la presencia norteamericana en la historia de Viet Nam, para mí, es que se sentó a hablar con el “imperio”. Como el problema era de Viet Nam, como la pobreza la tenía Viet Nam, les dijo a los “rubios”, no vamos a olvidar el pasado, para eso están los libros de historia, pero vamos a vivir en el presente, vengan y ayúdennos a reconstruir no a Viet Nam como gobierno para gobernar, ya de eso se encargaron los padres comunistas y todo fue desastroso, sino al pueblo vietnamita.

Hoy, con una condición especial frente al comercio y la inversión extranjera, con el apoyo de la potencia más importante del mundo, Viet Nam exhibe números económicos impresionantes.

¿Todo es ideal? No, pero un país pobre en extremo ayer, dependiente de una agricultura atrasada, hoy está ubicado dentro de los primeros 50 países dentro del índice mundial de innovación. Hoy Viet Nam exporta a muchos lugares del mundo sus productos del agro y de la industria, con una presencia considerable, nada más y nada menos que en Estados Unidos. Yo compro esos productos aquí.

Y sé que algunos de ustedes, los que siempre me leen, se estarán preguntando: ¿Y esta muela sobre Viet Nam a qué viene ahora?, ¿Este se volvió loco? Pues no, aun no estoy loco, la muela sobre Viet Nam tiene que ver con Cuba porque expone para lo que debe servir un gobierno de la tendencia y color que sea. Viet Nam, país arrasado hace muy poco tiempo, hoy regala barcos de comida a Cuba.

El gobierno cubano no ha sido un proyecto con errores, ni problemas de ejecución, el proyecto cubano ha sido desde muy temprano en sus inicios y hoy 67 años después, es un proyecto bien diseñado y estructurado únicamente para mantener a cualquier costo el poder, incluyendo la muerte de centenares o miles de cubanos.

Al gobierno cubano, al que todos sabemos que, durante muchos años, nadó en dinero que venía sin grandes esfuerzos desde el exterior, jamás le interesó el pueblo. La historia cubana comenzó con la presencia de un loco, destructor, poseído por una enfermedad de exceso de ego, es cierto, seguido por otros locos, fanáticos, desconocedores, analfabetos políticos, más analfabetos económicos, miedosos, que se dedicó a tratar de brillar delante de las cámaras tal como si fuera una vedette.

La verdadera intención, protegida con medias verdades y medias mentiras, no era salvar y desarrollar a un pueblo, la intención siempre fue ser famosos y convertir a Cuba en un laboratorio de experimentos personales. Cuentan algunos conocedores que el llamado Campo Socialista, con el tesorero URSS al frente, invirtió más dinero en la isla caribeña que el dinero que se utilizó para reconstruir a Europa después de la Segunda Guerra Mundial. Europa, no sin problemas, hoy brilla, Cuba está sumergida en algo más profundo que un apagón.

El heredero de toda esta mierda, escogido muy bien para los intereses del poder, el “puesto a dedo”, “limonardo”, el “singa´o”, sólo ha mantenido el camino marcado por su Dios desde 1959, mantener a cualquier costo el poder, aunque ese poder cueste represión, cada día más fuerte y visible, arrestos bajo causas inventadas o sin causas, muertes y la salida desesperada de los cubanos hacia cualquier punto del planeta, bajo aquel estribillo de casi una canción “revolucionaria” de “que se vayan, no los queremos, no los necesitamos”.

En todo este camino Cuba ha probado públicamente y en secreto con todo y todos en el mundo. Experimentos fallidos. Campo Socialista, los hermanos soviéticos, los empresarios capitalistas buenos, los rusos modernos, los chinos modernos, los Chavez y Maduros e incluso los terroristas y los narcotraficantes. Objetivo, mantener el poder político, porque no se puede tener el poder económico donde no existe una economía, someter a un pueblo sobre engaños, falsas promesas, ilusiones inalcanzables y amenaza con represión.

Así hemos llegado al 2026 en un proceso que muchos reconocen como haitianización de Cuba, no porque Haití nos haya colonizado, no porque hablemos medio francés y medio creole, sino porque estamos casi compitiendo con ese pedazo de isla por ocupar en el podio el puesto de país más pobre del hemisferio occidental. Cuba, a la que le pasaron por las manos miles, miles, miles, miles de millones de dólares, hoy es un país extremadamente pobre, sin ninguna posibilidad propia de salir de esa pobreza.

Y por supuesto, una vez más, esa pobreza tiene sus causas en el exterior. Lo mejor que le ha venido al gobierno cubano en su actuación de víctima es lo que está pasando con la presencia de Trump y su Secretario de Estado, de origen cubano, Marco Rubio, actuación diferente a los muchos gobiernos norteamericanos anteriores que pasaron por la famosa Casa Blanca, que es de un tonto pensar que no le pasaron siempre la mano a Cuba e incluso que colaboraron con el “desgobierno” cubano y con el mismísimo Fidel Castro, lo que le permitió a este último aparecer siempre como valiente y vencedor.

El gobierno cubano vuelve con fuerza a lo que mejor hace para esconder su fracaso, la victimización, el llanto, la queja, el tráfico de influencia y paralelamente, un gobierno que siempre ha escondido los muertos, los mal nacidos, el deterioro, etc., hoy se dedica a fortalecer estadísticas como pronósticos a futuro, de los ancianos que van a morir, de los niños que no podrán desayunar, de los cubanos que no podrán movilizarse en transportes, de las largas jornadas de apagones, de los pocos abastecimientos, de la poca comida, etc. Hoy mientras escribo, mi hermano, en esta última jornada, lleva 72 horas sin electricidad y ya ha perdido la cuenta desde cuándo no llega el agua potable a su casa. Mi hermano está viviendo como dicen viven los haitianos, ve la luz gracias al Sol, consume agua gracias a un “marchante”, probablemente revolucionario e incluso militante del partido comunista, que se apropió de una pipa de agua, de esas que el gobierno obtuvo en su etapa mantenida y como rico dejó regada en algún lugar, que se dedica a vender al agua por la izquierda. Gracias a esa “bendita izquierda” y no al gobierno de izquierda han vivido y viven hoy más que nunca los cubanos.

El gobierno cubano y por supuesto su ejército de “sentimentales” cubanos y extranjeros, ahora pinta el panorama tenebroso que se avizora como consecuencia de las medidas del gobierno norteamericano, pero, desde cuándo hay apagones en Cuba, desde cuándo el transporte público está malo, desde cuándo el pueblo cubano depende de una libreta de abastecimiento para recibir lo mínimo que el gobierno dispone que se necesita para alimentarse, desde cuándo no hay ropa, sábanas, toallas, desde cuándo las casas y los edificios, más las construcciones estatales, fábricas, escuelas, hospitales, están deterioradas, desde cuándo comerse un pedazo de carne de res es un lujo, desde cuándo existe el mercado negro salvador, desde cuándo los funcionarios del gobierno, los eternos y de plantilla y los de paso, viven como “Carmelina”, como una élite de alto vuelo capitalista, con todos sus problemas resueltos y más. Que yo recuerde, desde siempre, desde que el 8 de enero de 1959, Fidel Castro acompañado de un grupo selecto de sus “mau mau”, bestia salvaje acomplejada, puso su residencia y comandancia en el simbólico Hotel Habana Hilton, como mensaje de que a esto fue para lo que vinieron.

Viet Nam, país comunista, hace ya 30 años, dejó de leer los manuales de los “padres fundadores” y decidió salvar al pueblo vietnamita, que hoy está salvo. Cuba, es bueno repetir, país donde no cayó una bomba, donde no hubo destrucción y que funcionaba bien, sobre todo en el plano económico, porque no nos dejemos engañar, hasta los más pobres comían, no langostas, pero si comían, sigue proponiendo como única estrategia la "resistencia" apellidada creativamente como creativa hasta incluso llegar a la muerte. Hay que ser muy creativos para atentar contra el mayor bien que tenemos los humanos, la vida.

Viet Nam pensó y apostó por la vida, aunque eso significara pactar y acordar con sus llamados enemigos. Cuba está apostando por la desaparición y esperando, a estas alturas por un nuevo milagro. Viet Nam apostó por integrarse y no perderse lo que pasa a su alrededor. Cuba está sola, hoy los rusos no son soviéticos y no pueden, los chinos no quieren y el marabú que ha invadido en un porciento muy alto la tierra cubana, no se puede comer.

Ni el gobierno norteamericano, Trump y Rubio incluidos, ni el cambio climático con sus sequías y fuertes inviernos, ni el cambio de domicilio de Maduro, ni el grupo BRICS, son los responsables. Los muertos de siempre, la miseria avanzada, la falta de esperanza, etc., están en las espaldas del gobierno cubano que siempre apostó únicamente por esto. Los muertos a partir de hoy llevaran el apellido Díaz Canel.

jueves, 12 de febrero de 2026

648.- Cuba y Venezuela son de un cerdo las dos alas. (Segunda Parte)

Para aquellos que no han leído la primera parte de este artículo y que no entiendan el porqué del caprichoso título, reproduzco aquí ahora el primer párrafo del anterior, tratando de dejar claro lo del cambio de animal.

” Parafraseando aquella linda frase del poema de Lola Rodríguez de Tió, puertorriqueña, "“Cuba y Puerto Rico son de un pájaro las dos alas"”, donde declara la profunda unidad histórica y cultual entre las dos islas caribeñas, me gustaría aclarar que lo de cerdo alado va dirigido a los gobiernos o, mejor, desgobiernos cubanos y venezolanos y jamás a los pueblos. Los pueblos con todas sus variantes, a veces negativas, otras positivas, son siempre pueblos”.

Cuba. 

_ Carlos, ese maldito sueño, se tiene que hacer real.

Debo reconocer que me he exprimido el cerebro para logar decir algo nuevo sobre Cuba. No lo he logrado. El gobierno cubano tiene el gran mérito de todos los días exhibir una mala noticia, que generalmente es peor que la del día anterior, por lo que resulta imposible seguirle el ritmo.

Entonces trataré de concluir con dos grandes ideas.

1.- El gobierno cubano, se ha adueñado del tiempo. No existe un plan que tenga ni tan siquiera una lejana fecha de cumplimiento.

Las intervenciones “aclaratorias”, los periodistas con preguntas cómodas que reciben a la entrada de salones de conferencias, que sólo existen para darle oportunidad al “elegido” para la ocasión, repetir cantinflescamente sus argumentos, que de aclaratorios no tienen nada, todas van dirigidas a: estamos trabajando, estamos haciendo un esfuerzo, tenemos iniciada una investigación con científicos, estamos esperando una inversión extranjera para …, debemos confiar, el asunto ahora se resuelve con unidad, la crisis es buena y hay que aprovecharla como paridora de hijos machos, estamos estudiando un proyecto para construir unas casitas, saldremos como hemos salido siempre, no negociamos la soberanía, preferimos morirnos, Cuba es un ejemplo para el mundo, la comunidad internacional nos apoya, Martí, Fidel, Raúl traído por los pelos a conveniencia sentimental, etc., etc., etc.

Solución NINGUNA.

El pueblo de Cuba, todos, los buenos y los malos, los revolucionarios y los no, los honestos y los delincuentes, los que están dentro y los que están fuera, incluso los que ya murieron, llevamos 67 años bajo las mismas frases e ideas expuestas únicamente para dar a entender que el gobierno está al control y siempre, que el próximo año será mejor.

67 años, con únicamente tres caras diferentes, Fidel, Raúl y Díaz Canel con un mismo discurso y planes al infinito que siempre están afectados por el inoperante “bloqueo”, un huracán o ciclón de temporada o la sequía en Australia que nada tiene que ver, pero el gobierno hace que nos afecte.

Solución NINGUNA.

67 años de quejas, llantos, lamentos, búsqueda de culpables en el interior, culpables prescindibles, tontos útiles y culpables en el exterior, lo que significa todo aquel que en determinado momento se baje del loco tren. Siempre aparece un culpable que resuelve el final del espectáculo. Los verdaderos culpables que escriben el guion obviamente no aparecen. Décadas de gusanos, vendepatrias, mercenarios, luego esos mismos emigración patriótica, familia, cubanos buenos, todo esto en una rueda que da vueltas como la de la ruleta, y que se hace parar a conveniencia. Por momentos Cuba es un gigante, capaz de impactar al mundo, capaz de incluso salvarlo y en otros es una pequeñita isla en medio del Caribe, asediada, bloqueada, que, a pesar de ser isla, ni pescado tiene para comer, ni sal para salar.

Solución NINGUNA.

67 años de ver cómo Cuba, aquella isla por la que España no ha dejado de sufrir, que se convirtió en receptora de inmigrantes que venían en busca del bienestar que existía, aquella azucarera del mundo, productora de frutas tropicales excepcionales, de buen café y cacao, aquel lugar de luces, nuevas construcciones que asombraron al mundo, edificios modernos, cines, parques, plazas, buena música, buena comida y una población, no sin problemas, pero alegre, hoy muere y ha ido a parar encabezando la lista de los países más pobres del área.

67 años de destrucción sistemática, continua y mantenida en un lugar donde nunca cayó una bomba, donde jamás existieron guerras internas que acabaron masivamente con parte de la población que hoy se debate entre la vida y la muerte, la muerte en poquitos que es peor que la muerte de una sola vez. La destrucción más allá de lo material que se ve, tiene el mérito, como en muy pocos lugares, en un corto plazo de tiempo, de la destrucción humana. Esa destrucción humana que demorará años en poder mejorar. Esa destrucción humana que nos hace un pueblo totalmente dividido.

Solución NINGUNA.

2.- Estoy casi al cumplir 63 años y si de algo me siento orgulloso es de haberme mantenido en mi misma posición, la que exhibo todavía hoy, desde mi adolescencia temprana, por lo que de eso de, Solución NINGUNA tengo experiencia y si de algo estoy convencido es que ese gobierno de 67 años, de partido único y sólo tres caras diferentes con el mismo objetivo, no va a ceder, no va a renunciar, no se van a marchar, por las buenas.

El mismo tiempo que han botado en no resolver nada, lo han empleado, utilizando todos los mecanismos existentes, desde el adoctrinamiento incluyendo a los niños, pasando por la compra de almas con beneficios, hasta los chantajes, para garantizarse todos estos años en el poder. Fidel, quien ha pasado a la historia como genio que no fue tal cosa, su hermanito designado que no pudo más que repetir cada palabra que su hermano expresó y por supuesto profundizar la caída que también su hermanito construyó como única vía de movimiento y Díaz Canel, es más gris, el más soso, el más incapaz, el más aburrido, el de menos argumentos, el de menos historia, el de menos pegada, el de menos capacidad de comunicación, el de menos aceptación popular, han sido muy hábiles para sobrevivir en el poder a cambio incluso de pasarle la cuenta hasta sus más cercanos colaboradores. Para el poder, el fin, en Cuba, siempre justifica los medios.

Si los cubanos de allá y los cubanos de acá y los de cuyá, estamos esperando porque esos personajes amablemente cedan y se retiren, dejando el camino libre a modernas formas de pensamiento y acción, estamos “embarca´os”. A esos personajes hay que sacarlos, como mismo se han sacado a gobiernos incluso aparentemente más fuertes y sólidos.

¿Sacarlos? Linda idea, pero no resulta tan fácil como sacar la basura de la casa o sacar una planta para que coja Sol. No es tan sencillo como sacarse de arriba la idea de un gran amor por todo lo difícil que parezca.

Sacar a un gobierno que está planta´o; si, aunque nos duela, está planta´o, en realidad sigue planta´o como siempre, con esa guapería de barrio contra los más débiles, o sea, el pueblo y contra el exterior al menos aparentemente decidido, con aspiraciones, como en otros momentos anteriores, de que la sangre no llegue al río y siempre aparezca un evento o un ángel que resuelva el problema, puede resultar desgastante y/o violento y entonces aparecen las 250 mil variantes que se pueden aplicar, quizás sean más las variantes.

No van a ceder, porque para ellos el salvar a un pueblo no significa nada. Ellos, como en otros momentos anteriores, escogerán salvar sus vidas y permanecer hasta última hora, no importa el costo. Llevan mucho tiempo ensayándolo. Ellos aún tienen el control político y el militar, quizás de una minoría, pero ella es suficiente para permanecer contra las fuerzas interiores y no dudarán con llamar a toque de degüello sobre todo contra aquellos que desde adentro manifiesten su inconformidad.

Ellos, me refiero a la alta cúpula, están acobardados y entonces alardean, tal como los enseñó Fidel, el que un día propuso incluso lanzar los cohetes nucleares que tenía contra los Estados Unidos. ¿Le importaba el pueblo cubano? El tipo con tal de pasar a la historia prefería desaparecer y nunca tuvo valor para suicidarse, lo que hubiera sido más fácil.

¿Sacarlos, cómo?

Para mí tiene que haber una combinación de factores todos a la misma vez.

El pueblo cubano, o la parte de él que quiere un cambio, sin armas, sin organizaciones aparentemente fuertes, sin líderes que arrastren a miles de personas, tiene, si es que quiere el cambio, que “mojarse el culo”, o sea, salir a la calle o simplemente no salir para provocar una parálisis. Ese pueblo, que está allí debe llamar la atención del mundo, para entonces tratar de garantizar conciencia y apoyo. ¿Dolerá? Claro, pero sólo sería un poquito más de dolor del que ahora sufren. Podría ser el dolor último y definitivo.

El mundo, que siempre se ha mostrado permisivo con el tema Cuba, ese mundo hipócrita que ha defendido o al menos soportado lo que pasa allí adentro con tal de mantener esa idea de socialismo, fuera de sus entornos obviamente, ese mundo que ha puesto, no sólo apoyo político y diplomático, sino mucho dinero para mantener vivo al paciente de terapia intensiva tiene que cambiar y apoyar a los que dicen que no quieren vivir más como están viviendo. No entiendo por qué en el caso Cuba eso no se entiende. 70 años de pruebas y experimentos es más que suficiente para declarar el fracaso.

Tiene entonces que haber una ayuda del exterior, decidida, rápida, fuerte, que impulse como motor el cambio. No veo a Estados Unidos invadiendo a Cuba militarmente, no veo ejércitos desembarcando, no habría una justificación real, sería muy difícil de justificar, sin embargo, si veo a Estados Unidos jugando un papel que años, décadas antes no jugaron.

Veo a Estados Unidos apretando hasta dónde y con lo que pueda apretar. Si el tema es serio y diferente a momentos anteriores, si el gobierno de Cuba es enemigo del gobierno norteamericano, pues tiene que ser tratado como enemigo.

Siempre se habla del pueblo que tiene que sacrificarse, pero en realidad el pueblo en general de Cuba nunca lo ha hecho, ninguna de nuestras luchas fue lucha del pueblo entero, fueron movimientos, guerras, alzamientos, etc., desarrollados por grupos que lograron, partiendo de élites muchas veces de intelectuales, agrupar a algunos, el pueblo, a ese pueblo al que nos referimos con frecuencia como un todo, hubo que entregarle los resultados en bandejas. El pueblo muchas veces esperó pacientemente. Ahora puede estar pasando lo mismo.

Para aquellos que seguimos la música sabemos que hay canciones que marcan determinados momentos o hechos de nuestras vidas. Los representan. Entonces les dejo un pedazo de una canción de Carlos Varela, “El niño, los sueños y el reloj de arena”, que puede servir para entender lo que hemos pasado y a lo que aspiramos.

Yo tengo un reloj de arena para medir mi dolor,
cada segundo es la pena que va cayendo en mi corazón.
Y aunque no me hago ilusiones, algo tendrá que cambiar
aunque yo sueñe canciones y otros prefieran callar.

Pero sé que hay otros que sueñan igual,
porque tal vez un día ese maldito sueño
se puede volver real.

miércoles, 4 de febrero de 2026

647.- Cuba y Venezuela son de un cerdo las dos alas. (Primera Parte)

Parafraseando aquella linda frase del poema de Lola Rodríguez de Tió, puertorriqueña, “Cuba y Puerto Rico son de un pájaro las dos alas”, donde declara la profunda unidad histórica y cultual entre las dos islas caribeñas, me gustaría aclarar que lo de cerdo alado va dirigido a los gobiernos o, mejor, desgobiernos cubanos y venezolanos y jamás a los pueblos. Los pueblos con todas sus variantes, a veces negativas, otras positivas, son siempre pueblos.

Venezuela.

País rico en el pasado, que desde hace casi tres décadas inventó un llamado Socialismo del Siglo XXI, con lo que hubiera dejado ciego y provocado desmayos hasta al mismísimo Lenin, hoy se está despedazando curiosamente desde dentro del mismo gobierno. No ha hecho falta una total invasión e intervención extranjera, ellos mismos se están devorando.

Desde Hugo Chávez, con su papa en la boca a la hora de hablar, para qué decir cuando trataba de cantar, hasta su heredero, el también puesto a dedo Maduro, que más burro no puede ser porque hasta el burrímetro, instrumento para medir el embrutecimiento, tiene sus límites, han logrado que un país que vive flotando sobre petróleo y gas natural, hoy coma de la basura y que más de 9 millones de venezolano hoy vivan en el exterior huyéndole a lo que pasa en su país de origen. Ese es el verdadero logro. El socialismo venezolano, porque cada loco quiere tener sus propios inventos, no llega a ser ni un mal engendro de una teoría, es sólo una forma de actuar para someter a una parte de un pueblo, como siempre los más retrasados en el desarrollo económico, político y cultural, que se dejan mover por una gran ola como montados en una tabla de surf y hacerse ricos, muy ricos, unos cuantos, cosa al parecer necesaria para dirigir a los pobres.  

Al socialismo veinteunsesco, asesorado directamente por otro socialismo caribeño fracasado, el cubano, le demoró menos en lograr el total caos y pienso que es entendible, ya Cuba había caminado por el camino de la destrucción desde el poder, por lo que deben haberle aconsejado al gobierno venezolano cómo ahorrarse pasos y acciones para llegar al mismo objetivo.

En estos últimos 27 años, Chavez, Maduro, todo su combo familiar y de amigos, más el pueblo surf, habían estado guapeando frente al enemigo, llamado con mucha fuerza “imperialismo yanqui”, quizás convencidos de que no pasaría nunca nada.

Sobran los discursos, casi diarios, de: vengan, no les tenemos miedo, preferimos morir, aquí nadie entrará y saldrá vivo, los devolveremos en bolsas negras plásticas, somos invencibles, Bolivar volverá a levantar su sable, son unos cobardes, son unos fascistas, racistas, imperialistas, ladrones, de aquí nadie nos saca, gobernaremos por las buenas o las malas, etc.

Discursos siguiendo un guion redactado para cada ocasión, cuyo máximo objetivo era emborrachar a la masa, suponiendo o sabiendo que el gobierno norteamericano de turno, más allá de pronunciamientos diplomáticos, mensajitos, etc., no haría más nada. Era la guapería clásica frente a un gigante que estaba dormido.

Pero la costumbre los traicionó y no creyeron que todo cambiaría. El gigante despertó y en una acción, llamada quirúrgica, súper exitosa como para dar clases, bombardeó unos pocos puntos neurálgicos, dejó a todos medio sordos y atontados, entró y en pocos minutos sacaron al mayor guapetón. Lo cogieron dormido y por mucho, pienso que insistió para que lo dejaran desayunar, lo sacaron vivo, cosa que era el objetivo máximo, podían haberlo matado hacía mucho tiempo y en un santiamén lo depositaron en Estados Unidos.

Todo esto fue de hecho una gran provocación, bombardear, entrar a territorio venezolano, sacar al tipo que ocupaba la presidencia, que suponía una gran respuesta del gobierno y ejércitos venezolanos y por lo menos de los llamados chavistas que lo apoyaban.

¿Qué paso? Absolutamente nada. ¿Cuál fue la reacción de los que allí dirigen, cómplices del llamado presidente? Después del asombro, un poco de llanto las primeras horas, lamentos, imagino que llamadas telefónicas, pero más nada.

Nadie se rasgó la vestidura, nadie se lanzó a la calle, menos armaron al ejército y las milicias que según alardeaban estaban listas para defender la “sagrada tierra”, nadie se montó en un avión y se fue a buscar a Maduro.

Toda aquella parafernalia de morir antes de entregar, de defender hasta la última gota de sangre, de primero muertos que derrotados, se olvidó y desapareció de los discursos públicos.

Los “sentimentales” aseguraban que si atacaban a Venezuela, ese país se convertiría en un nuevo Viet Nam que derrotaría al “imperio”, que Venezuela se alzaría, que toda la América Latina se uniría en defensa de Venezuela y comenzaría una guerra de desgaste total, que simbólicamente, muy simbólicamente, Bolivar, “El Libertador” volvería a montar y con su sable derrocaría a los aviones de alta tecnología norteamericanos, que las grandes potencias, Rusia, China, Irán apoyarían y se compraría la bronca de enfrentar a los Estados Unidos, que Venezuela sería libre y Maduro regresaría o sencillamente Venezuela desaparecería en una guerra infinita.

Los “sentimentales” serán muy sentimentales, pero de pronósticos no saben nada.

Ni Venezuela fue un Viet Nam, ni se hundió peleando, ni defendió a Maduro que se lo robaron delante de la cara de todos, mucho menos América Latina se unió en un frente único para defender al gobierno venezolano, mucho menos las potencias se activaron y declararon guerras al gobierno norteamericano. Las potencias una vez más se dijeron: “corre pan que te coge el diente” y se limitaron a los más que tradicionales mensajes diplomáticos en los que ya muchos no creen y que no tienen ninguna consecuencia, menos para el gobierno norteamericano actual.

Pero más, más ridículo, hipócrita, ruin, desmoralizante, es que a pocas horas de Maduro ser sacado, todavía quedaba su olor en la cama, sus hasta esos momentos fieles seguidores, sus más cercanos, sus apoyadores y reconocidos, sus cómplices, se olvidaron de él y poco ha faltado para que reciban a los norteamericanos con una banda nacional, poco ha faltado para que feliciten al presidente Trump por su exitosa misión y lo hayan invitado a una cena-gala de honor en Caracas.

Una cosa es invocar al Diablo y otra es verlo llegar, entonces al ver las barbas o bardas, según el refrán que escogieron, peladas o ardiendo respectivamente, se dijeron: “los fósforos” y han comenzado a colaborar como mansas palomas o lindos conejos. Tanta es la colaboración que da asco ver a hasta hace un mes bravucones de barrio, tirarse por el piso como alfombras y lamerle las botas a los que llamaban enemigos.

A partir de ese momento, o sea, pocas horas después de Maduro ser cambiado de dirección postal, Trump es el presidente de Estados Unidos y aunque parezca mentira es el verdadero presidente de Venezuela, Delcy Rodríguez es sólo su simple marioneta, por cierto, fea, los que están allí, todos, son sus “fieles” subordinados y sólo están cumpliendo las órdenes del hasta esos momentos enemigo jurados.

Si Hugo Chávez despierta volvería a morir, Maduro, su heredero político inventado, no podrá volver a dormir jamás en su celda en New York. La pregunta que ambos se harían es: ¿Cómo? Y ambos llorarían viendo el presente y futuro del tan pregonado y especialmente, según ellos, diferente “Socialismo del Siglo XXI” del que ya nadie habla.

Los que han quedado en Venezuela, subempleados de Trump, todos cómplices hasta hace un mes de Maduro sólo están cumpliendo y dando discursos para sus todavía seguidores que no deben salir del asombro, afirmando que todo está bien, que se conversa con Trump y Marco Rubio agradablemente casi a diario, que se trabaja junto a ellos, que las buenas relaciones diplomáticas son el camino que siempre se debió seguir, que Venezuela está en paz, que se debe reconciliar con su pasado, que se dan pasos para reorganizar y sobre todo recuperar la “soberana” industria petrolera venezolana hoy bajo dirección norteamericana, etc.

A pocas horas sin Maduro, sus cómplices han cambiado no sólo sus discursos, sino sus acciones. Libertad a los presos políticos, poco a poco, pero libertad, hablando dulcemente de reconciliación, cierre del famoso “Helicoide” centro de prisión y tortura del gobierno, ahora a convertirse en un centro de distracción comunitaria, lo que me parece más que todo súper ridículo, entrega del control del tan discutido petróleo venezolano a Trump, el cual no se lo llevó a la fuerza, se lo entregaron completico, suspensión de envío de petróleo venezolano a Cuba, China a bajo precios, Irán, manejo de Estados Unidos del dinero producto de la venta del petróleo a precio de mercado y autorización para usarlo, siempre y cuando Estados Unidos lo apruebe con definición exacta de objetivos, sustitución de militares y funcionarios como muestra de limpieza interna, recibimiento de lujo a misión de la CIA, los mismos que organizaron en parte la extracción del presidente Maduro, alientos para reabrir la embajada norteamericana, cerrada como medida patriótica en el 2019 y una línea de teléfono directa con Trump y Rubio para recibir diariamente, minuto a minuto, órdenes de los pasos y acciones a tomar. Los que allí quedan, hijos de putas, pero no anormales, han puesto sus barbas o bardas en remojo y están, a la cara, olvídense del chavismo, del socialismo, de Chávez y Maduro, incluso del tan traído por los pelos Bolivar, tratando de escapar. Si se llevaron como en una compra del supermercado a Maduro, el hombre más protegido de toda Venezuela, se pueden llevar o hacer desaparecer a malanga. Ellos lo saben.

¿Soberanía? JAJAJA. Deberían ponerle así, como nombre, a una empanada venezolana. ¿Independencia? Otra empanada. ¿Preferimos morirnos? El mejor chiste. Se llevaron a Maduro, por favor, devuélvannoslo. Un pedido para Papa Noel en las próximas Navidades.

Venezuela no es Viet Nam, porque sencillamente no hay dos Viet Nam con la misma historia, Maduro no fue Salvador Allende, porque sencillamente Maduro es un delincuente que llegó al poder político gracias a la delincuencia imperante, la corrupción, el dinero y los fraudes constantes. América Latina no está, hoy menos que nunca, para comprarse guerras ajenas, nada más y nada menos con los Estados Unidos con los que casi todos quieren cuadrar. El Socialismo ese del Siglo XXI, no era una real doctrina, era sólo una hipocresía y un modo de vida de algunos, los de arriba comían bien y dejaban caer a los de abajo las migajas o sobras.

Los que allí quedan deben saber, porque lo sé yo, que Trump, Rubio, el gobierno norteamericano no se han tragado el cuento de que Maduro era el único malo y que ellos estaban colaborando obligados. Maduro era la cabeza principal de un monstruo que tiene cinco, diez, quince cabezas más y sobre ellas irán a su tiempo. Todos ellos deben estar deseando que a Maduro le llegue su infarto para que no pueda declarar e implicarlos, no obstante, con lo que ya se conoce, sus historias están servidas. Una vez que Estados Unidos controle el escenario total y este se convierta en positivo, van a caer como soldaditos de plomo. Por ahora, para Trump y su inteligente Secretario de Estados son sólo unos tontos útiles sin precio, sin prestigio y dignidad.

Ellos son sólo la traición necesaria.

lunes, 2 de febrero de 2026

646.- Al asunto no es hacer leña del árbol caído, el asunto es no ser el árbol que se cae.

Hace tres días publiqué un artículo sobre el incidente entre agentes de ICE y un norteamericano, donde el segundo resultó muerto a tiros. Allí afirmé que no existe una sola idea que avale o justifique el matar a alguien por simplemente manifestarse.

Si en algo Estados Unidos es pionero hoy, salvo excepciones que siempre existen, es por aceptar esa diversidad de pensamiento y luego de expresión que no aparecen en otros muchos países del planeta.

Sigo pensando que no tenía que morir, más cuando sobre él existían varios oficiales de inmigración armados y entrenados, supongo yo, capaces de llevarlo a la inacción garantizándole la vida, más allá de golpes producidos por los forcejeos.

La muerte siempre es peor que cualquier cosa y frente a ella, tal como asegura el título de una muy buena película española estrenada en 1982, “To er mundo e güeno”.

Alex Pretti, norteamericano, enfermero de profesión, 37 años, con una historia limpia de problemas al menos oficialmente en los registros, quien ahora, después de la muerte, aparece como dulce, amoroso, dedicado, incapaz de crear disturbios, fue la víctima fatal. No debía haberlo sido. Nadie debe serlo.

Pero resulta que cualquier historia tiene como mínimo dos versiones, a veces más y para valorar hay que conocerlas todas o casi todas.

Alex, cariñoso y amable, tenía una conducta agresiva también. Estaba fichado como un activista destacado y radical de izquierda anti-ICE, más que activista solitario, pertenecía a un grupo organizado cuyo objetivo era obstruir el trabajo de las autoridades y es posible que en muchas de sus actuaciones se desdoblara con cierta violencia. El amigo era fanático a obstruir, criticar violentamente, formar líos en la calle frente a las autoridades, incluso las federales. Es entendible, así somos muchísimos seres humanos, por momentos y lugares mantenemos una presencia hasta dulce y en otros somos unas bestias.

Alex puede ser este caso. No estoy diciendo que esté justificada su muerte, pero al parecer por videos que aparecen, no era un manifestante pacífico que expresaba sus ideas con palabras y cantos.

El video que acabo de ver y dejo la dirección abajo, delata a una persona que no estaba en primer plano de una manifestación, sino que vino corriendo, asistido por fotógrafos profesionales, apartó a las personas que allí estaban y se colocó al frente, saliéndose visiblemente del grupo en una posición muy agresiva y violenta, retadora. Guapeó, quizás como en otras ocasiones, escupió directamente a la ventanilla de un agente de ICE y rompió a patadas el foco trasero del auto donde ya se marchaban los agentes.

Podía Alex ser amoroso en su trabajo y luego una fiera en las calles de su ciudad en enfrentamientos con los agentes de ICE y policía, parece que lo era, entonces quizás lo conocían y se estuvo buscando lo que no estaba para él.

No está justificado el asesinato o la muerte, pero el amigo, tampoco era una mansa paloma, aunque esté muerto hoy. Si estás caminando, coreando consignas, si cantas cancioncitas de democracia, de libertad, si filmas con tu celular o una cámara todo el evento, si estás paseando a tu perro, si estás haciendo ejercicios al aire libre, en sentido general, nada te debe pasar. Si agredes a los funcionarios del orden, estén haciendo bien o mal su trabajo, te expones a pagarlo.

Si entras a la jaula de leones hambrientos o tratas de nadar dentro de un grupo de tiburones blancos, es posible que como mínimo con una mordida salgas. Si intentas caminar dentro del cráter de un volcán en erupción, es probable que alguna quemadita te lleves. Si caminas con los ojos vendados por el muro superior de un edificio de 100 pisos, si no tienes paracaídas, es probable que, con el golpe sobre la calle, algún hueso te rompas. Es más, o menos lo mismo, si tratas hoy de paralizar, obstaculizar las acciones de ICE o la policía, sin recordar que esas personas, primero cumplen con órdenes, segundo, son alimentados con carne cruda y tuercas de acero, tercero, antes de salir le ponen una dosis extra de adrenalina, es probable que corras riesgo.

Si te encuentras con un agente cantador, poeta o muy maduro, todo terminará mejor, si te encuentras con un nervioso, acelerado, prepotente, miedoso o precavido, te estás regalando a que te la apliquen. Los agentes también son humanos y están en estos justos momentos muy presionados, además que creo deben estar advertidos para detener cualquier manifestación violenta que rompa las reglas. Ellos también, están advertidos, pueden perder la vida.

Luego, el amigo Alex, en el incidente dónde pierde o le quitan la vida, o sea, su última actuación, no portaba ningún documento de identificación, quizás se creía muy conocido, pero además portaba un arma cargada con dos cargadores adicionales, tal como si se dispusiera a ir a una guerra. Dicen testigos y, por supuesto, los agentes de ICE que actuaron, que Alex hiso, por lo menos el amago de sacar el arma al llevarse la mano detrás, reacción creíble para todos los que cargan un arma frente a un problema, porque en ese momento, forcejeando con los agentes, arrastrado por el piso, es difícil de creer que el amigo sólo se iba a arrascar la nalga.

Entonces el incidente es fatal para la historia presente y futura de este país, algo tendrá que hacer el gobierno para precaver estos desenlaces, pero si intentas provocarlos, agredirlos, saldrás lastimado.

Todos debemos aprender para evitarnos problemas y sobre todo no participar de los coros de los “Niños Cantores de Viena”, sin antes averiguar y pensar. Repito, la opción muerte es la última que debería existir.

Veamos la tan mencionada Primera Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos, redactada en 1791, posible relacionada con el tema que vivimos hoy.

La Primera Enmienda de la Constitución de Estados Unidos en parte de su contenido, garantiza la libertad de expresión y prohíbe al Congreso aprobar leyes que limiten la libertad de palabra o de prensa. Eso está muy bien. Entonces protege el derecho a expresar ideas y opiniones sin censura gubernamental, incluyendo expresiones simbólicas como las protestas.  

No obstante, esto, la Enmienda no es absoluta y define a continuación limitaciones:

  • Incitación a la violencia: Expresiones que provoquen acciones ilegales inminentes.
  • Difamación: Declaraciones falsas que dañan la reputación.
  • Obscenidad: Material que no tiene valor literario, artístico, político o científico serio.
  • Restricciones de tiempo, lugar y manera: El gobierno puede regular dónde y cuándo se realizan manifestaciones.

Entonces la más que famosa Primera Enmienda, no significa bajo ningún concepto anarquía o reguero. No significa que cada uno se tome el derecho a su antojo y lo aplique a su entorno, cosa que muchos de nosotros, amparados falsamente en esa enmienda, queremos hacer por momentos.

Existe entonces la libertad de expresión, de prensa y de manifestación que no provoquen acciones ilegales, como las violentas.

Paralelamente existen disposiciones del gobierno federal y de los gobiernos estatales donde no se puede interferir, obstaculizar, tratar de detener, formar líos, etc., una acción de la policía o ICE, porque se está incurriendo en un delito federal, sancionado por las leyes.

He tenido, desde que vivo aquí, sólo dos encuentros con la policía. El primero, viajando con Martica desde San Antonio, Texas a Lincoln, Nebraska, después de más de 12 horas de manejar, transitaba solo por una autopista atravesando Kansas, no había ningún carro en mi sentido, ni en el sentido contrario. Alegremente y desesperado por llegar venía a 90 mph en un lugar que la máxima velocidad era 70 mph.

Al pasar por una entrada de calle perpendicular a mí, lo vi allí parqueado, un carro de policía de control de autopistas y le dije a Martica: “Houston, we´ve had a problem”, rememorando la célebre frase que el astrónomo Jack Swingert dijo al comunicarse con la Tierra en su misión del Apolo 13 en 1970, algo así en cubano como, estamos embarcados. Al mirar por mi retrovisor, lo vi acercarse.

Me paré, abrí mi ventanilla, apagué mi auto y puse las llaves sobre lo que llamamos pizarra. No lo he leído en ningún lugar, pero todo el mundo cuenta que es la mejor opción para recibir a la policía. Da tranquilidad, le dice al tipo que no me voy a fugar, que estoy en paz.

Apareció un “bello” joven norteamericano, me pidió mis documentos. Le dije que tenía que sacarlos del bolsillo de mi pantalón, para evitar que pensara que sacaría un arma. Relajado me autorizó, obviamente no teníamos cara de delincuentes, quizás sí de cansados. Le entregué mis papeles, me verificó en su computadora, regresó y Martica trató de meterle una muela cariñosa sobre el viaje, el cansancio, la cubanía, etc. Sonrió, me entregó la multa, nos deseó buen viaje y todo acabó.

El otro encuentro fue ya aquí viviendo en San Antonio, Texas. Regresaba de mi trabajo a las 8:00 pm después de haberme pasado un día trabajando en la calle, venía cómodo a 85 mph participando en la velocidad de todos los autos que me acompañaban, en un lugar donde el máximo es 70 mph. No vi al policía, su carro era negro, yo venía como decimos en Cuba que jodía, loco por llegar. Lo descubrí cuando encendió las luces detrás de mí, diciéndome arrímate y para. Paré. Bajé la ventanilla, el policía muy agradable, me dijo, sabes que venías a exceso de velocidad, cosa que no me fue difícil reconocer. Podía haberle reclamado, porque venían más de diez autos a la misma velocidad, pero ¿Reclamar? Muela sentimental, yo con uniforme de trabajo tratando de escapar. Verificó en su computadora y regresó con la multa en la mano. Me dijo incluso que yo podía reclamarla en la corte. Saludos y consejos de manejo disciplinado.

Nadie me agredió, nadie me ofendió. Menos me forzaron a bajarme del auto con violencia. Buen trato, saludos y consejos.

He visto muchos videos de incidentes con la policía, ahora ellos, en su propia defensa, andan con una cámara que se activa automáticamente. He visto violencia, pero en todos los casos, el chofer se ha negado a bajar la ventanilla, se ha negado a abrir la puerta y bajarse del carro, en no pocos casos el chofer ha estado borracho o cercano a ese límite, en algunos ha intentado sacar un arma y en otros ha intentado o logrado darse a la fuga. Por supuesto, en todos estos eventos, a las menos cuarto, aparecen cuatro, cinco, seis carros de policía y todo aquello termina en un infierno.

El chofer en la mayoría de los casos termina no sólo con la multa, sino además cargos de desacato, atentado, obstrucción, etc., en el mejor de los casos. Si ha sacado una pistola o sólo ha hecho el amago de sacar un arma, por lo general, el amigo infractor termina muerto. 

Aquí les dejo el enlace del video que acabo de ver, ya algunos “sentimentales” aseguran que está hecho con Inteligencia Artificial, la moderna tecnología culpable de todo lo que no nos cuadre.

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