Que exista un grupo de cubanos que, a pesar de todo, hoy defiendan al gobierno cubano, no es nada extraño, ni nuevo.
Frente a cualquier hecho, proceso humano, las personas
se dividen como mínimo en dos bandos, a veces, son tantos los bandos que se
hacen incontables o, peor, a veces cada humano es un bando diferente.
Uno de los hechos más sonados de nuestra historia moderna,
hasta hoy, fue en el que el gobernador Poncio Pilato y las autoridades romanas
ordenaron la crucifixión de Jesús que luego los soldados romanos ejecutaron,
bajo las presiones de los altos religiosos locales de Jerusalén. Según cuenta
la historia, en el “Via Crucis”, camino de Jesús hacia el Monte Calvario, lugar
donde lo crucificaron, fueron los propios judíos de pueblo los que lo abochornaron,
repudiaron, insultaron y agredieron. Y así en cada momento, en cada hecho, bueno
o malo. Entonces Cuba no es la excepción. Sería bueno que todos siempre estuviéramos
de acuerdo sobre todo en las cosas buenas, pero muy pocas veces ocurre así. El bando
triunfador, el mayor o el más fuerte, termina imponiendo su variante, mejor
ejemplo, Fidel Castro y su revolución de 1959, cuando un pequeño grupo se metió
en los bolsillos a un pueblo entero, que se dejó meter y seleccionó el camino
del exterior para los que no entendieron o discreparon.
En Cuba, todavía hoy, existen esos dos grupos,
subdivididos en su interior en muchos otros pequeños grupos.
Siguen existiendo aquellos que han estado siempre tan enajenados
que les da lo mismo que “crezcan los niños o que crezcan los accidentes”, masa
amorfa que el gobierno ha aprendido a manejar a conveniencia y, sobre todo,
contarlos para luego crear sus estadísticas y distribuirlas a través de su no
poco efectiva propaganda.
Y están los internacionales, es verdad, cada día menos
o al menos disminuidos a partir del desbloqueo de la realidad que ya no se
puede esconder o maquillar, que, sin haber investigado, sin haber viajado a
Cuba, siguen pensando en aquella isla caribeña que con el dinero extranjero trataba
de hacer revoluciones en cualquier parte del mundo. El Che, al que no conocen en
realidad es su más gustoso símbolo.
Muchos de esos, siguen retomando y repitiendo de
carretilla las historias de la Sierra Maestra, la campaña de alfabetización que
no alfabetizó realmente a tantos como la propaganda ha impuesto en los libros
de historia. Esos siguen hablando de alta medicina y gran educación gratuitas,
aunque eso hoy ya no existe y de potencia deportiva, cuando no hay pelotas, ni
terrenos, ni trajes, ni casi nada para poder practicar de forma profesional un
deporte.
Esos que siguen apostando desde sus cómodos toilets
capitalistas, a mantener un sistema comunista fracasado en Cuba, al que muchos,
bajo las ideas de solidaridad y amistad le han sacado mucho dinero mientras lo
hubo, sin ellos vivirlo en sus países de origen o al menos, sin mudarse a vivir
en Cuba como un cubano de a pie. Pura hipocresía y demagogia que sirve, bien
utilizada por el gobierno cubano como aliados propagandísticos.
Además, incomprensible para mí por mucho que los
pienso, están esos cubanos, aparentemente libres, por tanto, no hablo de los
figurines que el gobierno cubano tiene infiltrados en cuanto rincón existe, que
habiendo salido de Cuba hace 50, 30, 20, 10 años, incluso hace 6 meses, porque
evidentemente, por miles de razones que todas paran en el mismo lugar y nombre,
no podían vivir en Cuba, hoy lloran por los rincones utilizando el mismo
argumento oficial, salvar a la familia cubana. Esos que deberían al menos estar
de acuerdo con hacer desaparecer a todo lo que huela o signifique comunismo en
Cuba, hoy hablan de no apretar al gobierno, de dejarlos a que ellos decidan
irse por las buenas, de que la abuelita no puede estar sin verlos, de lo
criminal del bloqueo causante de apagones, falta de todo, que trata de matar de
hambre a los cubanos de la isla. Esos no tienen vergüenza o están enfermos.
Esos que hoy comen carne de res gracias a Estados Unidos, hoy hablan de darle
un voto de confianza al gobierno cubano después de casi 70 años de derrochar
ese voto.
Ahora, hay otro grupo, que siempre ha existido, aunque
reprimido y auto reprimido, ocultado, desconocido, silencioso, que, sin poder
salirse del problema, ha vivido todos estos últimos 67 años recondenado, de puertas
hacia adentro, hablando bajito, fajados discretamente con el televisor, tratando
más discretamente que sus hijos, por lo menos, traten de pensar. Grupo que ha
vivido a voluntad o por presión, un exilio interno, ellos que han estado, pero
no han estado.
Y dentro de esa gran masa, compleja, dividida, temerosa,
aparentemente desinteresada y desorientada, que parece crece, sencillamente
porque se les acabó el aguante, que se cansaron de fingir, hoy un grupo está “dando
el berro”, está perdiendo el terror, al menos el terror que paraliza. La idea
de ese apoyo total y casi absoluto al gobierno revolucionario es mentira, como
también fue mentira el apoyo de los judíos a Jesús.
Ahora, el gobierno que no puede suministrar ni agua
potable a sus habitantes, habla de la familia cubana, de lo que sufrirá el
cubano de a pie, de las pérdidas que existirán. Llevan a las imágenes públicas,
a través de sus descerebrados colaboradores y de los “sentimentales” siempre
oportunos, regados por todo el mundo o viajando a través de él, los salones de
operaciones con cadáveres, los niños desmayados por falta de alimentos, los viejos
cayendo como soldaditos de plomos muriendo mientras caminan, las mamás
embarazadas que no podrán parir por no tener fuerzas para pujar, etc., tratando
de tocar las fibras más humanas del pensamiento humano. Ahora la familia cubana
es el objetivo para salvar y entonces frente a esta idea volvemos a los grupos,
volvemos a las divisiones, tal que parece que no sabemos hacer más nada que
dividirnos.
Y yo me pregunto: Cuál es la familia cubana que hay
precisamente hoy que salvar. Se estará hablando de la familia cubana que pasó 30
años sin poderse ver, reunir, muchas veces sin poderse hablar ni por teléfono. Esa
familia que enterró en vida, orientada y felicitada, a sus miembros que se
fueron del país; a esa familia cubana que se les prohibió y prohíbe entrar al
que debería ser su país, por haberse quedado fuera después de terminar su contrato
médico, su concierto musical o su juego deportivo; a esa familia cubana que le
mandaron sus hijos, sus esposos, sus padres, a luchar en tierras ajenas por
objetivos ajenos y nunca los vieron regresar al menos vivos; a esa familia que
hoy tiene a sus hijos o hijas, esposos o esposas, padres o madres, presos por
causas caprichosas; a esa familia que se le obligó a inventar un familiar
marinero o piloto para poder esconder los dólares o ayuda que recibía de su
familia que vivían en el exterior. Se estará hablando de la misma familia que
fue señalada desde el poder como enemiga interna a los que había que combatir furiosamente
y fue sometida a bochornosos actos de repudio, con violencia física incluida,
por sólo querer irse a vivir a otro país. Qué descarados son todos.
La familia cubana, esa a la que hoy hay que salvar,
lleva muriendo 67 años. A alguien le importó que al abuelo le intervinieran su
pequeño negocio, fruto de su trabajo y que muriera de un infarto producto del
encabronamiento o la depresión; a alguien le importó que a la joven la sacaran
de la universidad o del trabajo por sólo ser religiosa; a alguien le importó
que al joven primo, por sólo ser afeminado, amanerado, lo llevaran a aquellos
casi campos de concentración creados para, dijo el gobierno, apoyar a la
producción; a quién le importó que tu hija bien criada con un posible futuro
luminoso, optara por ser “jinetera” para poder tener un perfume o comerse un
bocadito de jamón y queso.
A cuál familia hay que salvar, a aquella que por
desilusión y no encontrar su espacio dentro, toma ron en las esquinas, roba,
estafa, degolla a personas para robarles algo tan elemental como una gorra o
una cadenita que parece de oro, pero no lo es, a la que viene desde hace años impotentemente
viviendo dentro de las ciudades y pueblos convertidos en enormes y ya
simbólicos basureros o de basureros que por su gigantesca magnitud albergan en
su interior a humanos.
Los simpáticos del gobierno llaman a salvar a la
familia cubana, porque tal parece que hasta ayer todo funcionaba a la
perfección y de pronto todo se ha puesto malo. Los simpáticos del poder se niegan
a reconocer el rotundo fracaso de sus estrategias mantenidas por seis décadas.
Los simpáticos del poder, brabucones ayer, hoy pretenden inspirar lástima,
pretenden que se les vea agredidos e incapacitados por factores siempre
externos a desarrollar su “trabajo exitoso”; éxito que sólo ven ellos cuando se
sientan a comer a las mesas de sus casas.
Los simpáticos del gobierno ahora no paran de hablar
de genocidio, de crímenes de lesa humanidad, de sangre por doquier, de grandes
matanzas de la población cubana, de fascismo, de agresión imperialista, etc.,
el mismo discurso de tantas y tantas veces, el mismo discurso que debe haber
dejado grabado Fidel Castro como acto de última voluntad y con esto pretenden
movilizar a los sentimentales de antes y de ahora para obtener un barco de
petróleo, un barco de arroz, algunos dólares como crédito para con eso
continuar reprimiendo e inmovilizando a la misma familia cubana que hoy
demandan defender.
Los simpáticos del gobierno acaban de desempolvar al
gobierno norteamericano y Trump les ha venido muy bien. Trump es el culpable de
que todo lo que era oro, hoy se haya convertido en piedra. Trump tiene paradas
las ambulancias, siempre mencionadas en primer lugar por el efecto que trae,
tiene parado el transporte público, lo que representa a un pueblo que está
obligado a caminar, Trump tiene vacías las bodegas y las tuberías de agua,
Trump es quien cocina la mala comida que dan en las escuelas y los hospitales.
Trump se ha quedado con todo el instrumental médico y por supuesto, todas las
medicinas, Trump, por supuesto, no podía faltar más, es el culpable de que los
niños no tengan globos cuando cumplen años.
El “fascista y racista” Trump, dicen los sentimentales,
quiere quedarse con la isla de Cuba, quiere anexar a la rica, bella y próspera
isla a, como menos, su fortuna personal. Qué locura.
Los sentimentales, acomodados detrás de patria, soberanía,
independencia, con sus cómodas vidas, deben ser conscientes de que ni regalando
esa isla, alguien la cogería como está.
Cuba necesita para su recuperación gradual y paulatina,
de un Número de Graham, que “es tan grande que su representación requiere una
notación especial de potencias de torres (notación de flechas de Knuth),
superando por mucho a números conocidos como el gúgol (10¹ººº)” más un Gúgolplex,
(10 ᵍᵘᵍᵒᴵ), “que es un 1 seguido de un gúgol de ceros. Escribirlo es
físicamente imposible, ya que no hay suficiente materia en el universo para
escribir todos los ceros”. ¿Entendieron? Eso mismo le pasa al gobierno. ¿Algunos
de ustedes tiene ese dinero? El gobierno cubano tampoco.
La única salvación verdadera de la familia cubana es
que desaparezca o hacer desaparecer a todo el gobierno que hoy la dirige, incorporando
obviamente el partido comunista delincuente que hoy la preside. No hay de otra.
Se les acabó el tiempo de experimento, se les acabó la pista de aterrizaje. Se
les fue el tren. Dios no les va a mandar otro bote.
Otra vez se vende la imagen de que Cuba se convertirá
en otro Viet Nam y la guerra será eterna, JAJAJA, Cuba con sus generales de oficina,
gordos, fuera de entrenamiento, con sus aviones viejos, reparados, con sus
fusiles de madera o plomo, con balas húmedas que no explotan, con soldados
jóvenes, obligados, falta de comida, de topes internacionales, etc. Es lo mismo
que se pronosticaba para Venezuela y se decía que todos morirían peleando, país
al que le entraron, le robaron al presidente y su desdentada primera dama, dejaron ciegos a los súper militares, y hoy,
nadie se acuerda de nada de esto y lo único que está pasando es que los que
allí quedan gobernando se han convertido en subordinados alegres, en amigos
íntimos y solidarios, en obedecedores incondicionales del que habían denominado
enemigo, a tal punto que sólo falta sustituir las imágenes de Simón Bolivar
donde quiera que estén por unas bellas de Trump.
La lucha de los cubanos que queremos que todo explote
de una vez, es precisamente contra el gobierno y no contra el cubano tenga
familia o no. Cómo podría atentarse contra la familia y amigos que todos allí
tenemos. A quién se le puede ocurrir que queremos matar a la abuela, a la
madre, al hijo, al hermano que allí hemos dejado.
No se puede mandar o pretender que en Cuba, ahora
mismo la gente salga a la calle por buchitos a imponerse a un gobierno que está
preparado para reprimir, sólo recordar la frase de Díaz Canel cuando muy nervioso
no dejó de anunciar: “la orden de combate está dada, a la calle los revolucionarios”
e inmediatamente sacó al ejército, vestido de civil, pero ejército, para
reprimir a la población civil que caminaba coreando consignas, población civil,
nada más y nada menos, que familias cubanas no delincuentes.







