Llevo más de un mes tratando de escribir este corto y quizás repetido artículo en algunas de sus ideas y me ha sido no muy fácil. Sobre Cuba me es difícil tratar de aportar algo nuevo, más que repetir de que soy de la opinión que el gobierno en pleno, más otros apoyadores y represores deben ser, cómo mínimo, ahorcados de los postes de electricidad que hoy para poco sirven.
Cubanos de aquí y de allá por el lugar donde dormimos, al final cubanos todos, acabemos de quitarnos las caretas con la que muchos hemos vivido mucho tiempo. Puede parecer increíble en presencia del presente, pero a Cuba le falta todo, excepto una fábrica de caretas o máscaras.
Hagamos un resumen. Los cubanos que duermen en Cuba
están, ante todo sin dormir, lograr dormir en la Cuba de hoy es considerado
todo un evento. No tienen agua, semanas y más semanas sin recibir el preciado
líquido, sobreviviendo comprándolo a altos precios en el mercado negro, por
fuera o mercado informal, da igual el nombre que tenga o compartiéndolo con y de sus vecinos. Si, el agua potable se vende y compra, porque sencillamente ella no
llega a través de los acueductos, fenómeno que para nada es nuevo.
Horas y más horas sin electricidad, lo que significa
que no la tienen 24, 27, 34 horas o más, la tienen 1, 2 o 3 horas de forma a
veces discontinua y la vuelven a perder por otras horas que nunca se sabe
cuántas serán. A veces la causa es el no tener petróleo, otras es una rotura o
un mantenimiento programado o reprogramado, otras pueden ser la caída de los
postes, transformadores, cables de la distribución o sencillamente que un grupo
de delincuentes o “necesitados” determinaron robarse el aceite de los
transformadores con alta demanda equivocada en el mercado automotriz que
termina dejando a un barrio o pueblo entero sin servicio eléctrico.
También los apagones pueden ser por la sequía en
Australia, una enfermedad repentina en las aves de corral, la salida de los
zombis en la serie The Walking Dead u otro cualquier invento. Eventos y
justificaciones con más o menos fuerza han existido siempre que yo recuerde.
Siempre significa desde que fui niño, allá por la década del 60 del siglo
pasado.
Horas y más horas sin poder cocinar lo poco que se
consigue para comer o cocinando, ya no con el tradicional y antiguo carbón, ese que da rico sabor a la
comida cuando se sabe usar, lo que sería más que suficiente para entender el desastre
y atraso hoy en 2026 y la inoperatividad del gobierno, sino con leña que
tampoco es leña especial, sino lo que significa caminar, encontrar un gajo
caído de un árbol o tumbarlo, un pedazo viejo de madera, una parte de un viejo
mueble y tratar de encender fuego en el patio de la casa, en el medio de la calle, etc.,
tal como, según dicen, lo hizo el Homo Erectus organizadamente hace entre 400 a
700 000 años.
Cocinar con leña, a veces pedazos de cosas, maderas
húmedas, etc., puede ser la peor condena hoy a una madre, abuela y algún que
otro papá, que tienen que hacer comida para alimentar a su familia. Cocinar con
leña obligatoriamente nos remite a la historia colonial de Cuba allá por los
siglos XVI, quizás XVII o más para atrás cuando se quemaban vivos en hogueras a
uno que otro culpable de un u otro delito. Si el cacique Hatuey o la francesa Juana de Arco hoy hubieran sido sentenciado a morir en una hoguera, todavía estuvieran vivos.
Los cubanos de Cuba hoy no sólo no tienen electricidad
o agua, sino que casi no logran conseguir comidas; los suministros
tradicionales del gobierno ya no existen y la comida está en esos famosos
mercados negros, ahora legalizados hasta nuevo aviso, que toman el nombre de MiPymes,
o sea, pequeñas tiendas, cafeterías, restaurantes que se dedican a revender lo
que consiguen en el exterior o mercado paralelo interior, con al menos aparente
legalidad. El cubano de pueblo está pagando hoy por un huevo, con lo que podía
antes comprar una granja entera de gallinas ponedoras, incluyendo a los
psicólogos que atendían a esas aves.
Esas MiPymes de hoy son los artesanos de ayer, los
macetas que también quedaron al campo, los campesinos que vendían por fuera, los
dueños que rentaban habitaciones o casas sin papeles, que están haciendo su
zafra junto a las “famosas y humanitarias” agencias del exterior, muchas de
ellas del gobierno cubano o al menos amorosamente relacionadas con él,
aprovechando la crisis mantenida, que aunque pueda parecer absurdo les conviene
que toda esta situación de precariedad cerca de lo haitiano, continúe. Cualquiera
de estas definiciones ha vivido en Cuba mucho mejor que un científico, que un
médico, que un profesional o trabajador de cualquier sector, que una persona que trabajó 40
años de su vida, porque “a río revuelto, ganancia de pescadores”.
Por su parte el gobierno interesado sólo en permanecer
ha demostrado que no le importa una solución para todos, más allá de que de
importarle no la pueden tener. El gobierno en sus discursos demagógicos hoy aspira a que los capitalistas malos pongan su dinero para entonces desarrollar algo que ellos siguen llamando socialismo, que es lo más incoherente que se pueda escuchar. El gobierno dice que está decidido a morir, pero
antes pretende matar a los cubanos. El gobierno habla de resistir, pero la
parte de la resistencia la está poniendo el cubano de a pie. Comparemos sólo el
peso corporal de tu mamá, tu hermano, tu hijo con el que exhiben los altos
funcionarios del gobierno.
Mientras esto ha ocurrido en Cuba durante estas
últimas seis décadas, porque nada de lo hoy agravado es nuevo, el gobierno ha
invertido miles y miles de millones de dólares y pesos en armar y rearmar un
ejército, no para la defensa contra un enemigo externo, sino para el único
objetivo “sagrado” para ellos de imprimir miedo y reprimir al pueblo cada día
más descontento.
Todo en este sentido está organizado y previsto por el
gobierno, incluso las manifestaciones de hoy en las calles, porque le ha sido
fácil hasta ahora. Cuba ha descubierto la protesta y el gobierno la deja
protestar, dando apariencias de que el pueblo tiene derechos, pero esos
derechos están calculados y suponen que de ahí no van a pasar. El gobierno deja
protestar, porque es imposible controlar y reprimir a decenas de personas,
siempre aclarando que las protestas son por el disgusto, el simple disgusto de
no tener agua, electricidad, medicamentos, de lo cual es culpable el gobierno
norteamericano, pero que no cuestionan la existencia del gobierno incapaz, y al
otro día en la mañana de forma independiente, en silencio, recogen a aquellos
que más protestaron, los encierran y les prometen sanciones excedidas.
Los cubanos gritan abajo Díaz Canel, abajo el
comunismo, y el gobierno afirma que los gritos están dirigidos en contra del
famoso "bloqueo". Los cubanos gritan pidiendo que lleguen los norteamericanos y
el gobierno traduce esto con que están en contra de Trump.
No se nos puede olvidar el doble discurso de siempre, por un lado,
el gobierno se muestra comprensible, amoroso y por el otro, el verdadero
objetivo es permanecer a cualquier costo. No hace mucho aún, Díaz Canel, el
presidente puesto a dedo, dio una orden de combate contra su pueblo, orden que
inmediatamente fue ejecutada con una enorme represión. ¿Orden de combate contra
un pueblo desarmado que sólo exigía sus derechos? Si, orden de combate, orden
de represión, orden de eliminar todo descontento visible, orden de matar si
fuera necesario. Nada nuevo, no se nos puede olvidar que el gobierno cubano,
entre otras muchas cosas escandalosas durante toda su existencia, apoyó a su
amigo Saddaam Hussein, asesino público y genocida que exterminó a parte de su
pueblo y felicitó al gobierno y partido comunista chino por la “sabia” solución
de pasarle por arriba con tanques a los manifestantes pacíficos reunidos en la
Plaza de Tiananmen.
Entonces esos mismos que han apoyado la violencia
contra pueblos y ejercido el poder desde la violencia, sólo observar la
cantidad de cárceles, prisiones, granjas, calabozos que existen, hoy piden paz,
hoy se quejan de que contra ellos se pueda ejercer la fuerza. Se les olvida
que, más temprano que tarde, el que a hierro ha matado o mata, a hierro tiene
que morir.
Ahora esos “valientes” lloran por los pasillos del
gobierno, frente a las cámaras y en las organizaciones internacionales diciendo
que la potencia más poderosa del mundo los quiere atacar. Ahora precisamente se
les olvidó lo de “Patria o Muerte”, “Vengan a sacarnos, no les tenemos miedo”, “Preferimos
desaparecer en el mar”, “Recogerán el suelo anegado en sangre”, etc., etc.,
etc. Ahora Cuba es sólo una pequeña isla inofensiva, solidaria y amiga incluso
de los Estados Unidos. Ahora quieren dialogar, sobre todo para que los dólares
norteamericanos salven a la mal llamada economía cubana, porque de economía
tiene muy poco.
Ahora el gobierno que llegó por la violencia, que
destruyó a todo un pueblo por la violencia y que se mantiene por la violencia
interna hacia un pueblo noble, realmente ignorante desde el punto de vista
político, desorganizado, debilitado, enfermo, envejecido, quiere apelar a la
paz y los mecanismos democráticos, pero insiste que no se van a ir, lo que es
más que obvio, por las buenas.
Entonces, cubanos, quitémonos las máscaras. La
solución de Cuba, que no será fácil, pero será una posible solución, está en la
fuerza. Por un lado, la inevitable fuerza interna, de un pueblo que está
cansado de aguantar y que poco a poco, como ocurre en otros lugares del mundo,
tiene que salir a defenderse y una inevitable fuerza externa como apoyo o
ayuda. Si una inevitable ayuda externa, que, para mí gusto, sin máscara, ha
demorado mucho.
Creo que no se está valorando una invasión masiva de
miles de millones de dólares para cambiar a un gobierno, a Trump, que creo no
conoce a Cuba desde hace mucho, no le conviene, no tiene mucho cómo
justificarla frente al gobierno norteamericano. Creo que la idea de entrar y
sacar a los culpables es casi imposible, no porque el gobierno norteamericano
no tenga los métodos practicados y los medios, sino porque los culpables de la
destrucción son tantos, que no sólo lo es Raúl Castro, menos Díaz Canel, sino
porque tendrían que cargar con miles de personas a la misma vez. Cuba tampoco puede
ser acusada hoy de narcotráfico o invasiones militares en el mundo, eso ya pasó
y los diferentes gobiernos norteamericanos no le hicieron caso y lo dejaron
pasar a cambio de promesas.
La ayuda del exterior, que no sé por qué asombra a
muchos tiene que existir, como siempre, al menos en la época moderna, ha
existido. Un pueblo como el cubano, sólo puede hacer lo que está comenzando a
hacer, protestar, protagónico las mujeres, pero derrocar a un gobierno que está
preparado y apertrechado, armado hasta los dientes, es algo más complicado, que
se puede lograr, pero demoraría por mi cuenta, otros 70 años como mínimo.
Cubanos, independientemente del lugar donde dormimos, acabémonos de quitar las máscaras.
