martes, 30 de junio de 2026

669.- Acabémonos de quitar las máscaras

Llevo más de un mes tratando de escribir este corto y quizás repetido artículo en algunas de sus ideas y me ha sido no muy fácil. Sobre Cuba me es difícil tratar de aportar algo nuevo, más que repetir de que soy de la opinión que el gobierno en pleno, más otros apoyadores y represores deben ser, cómo mínimo, ahorcados de los postes de electricidad que hoy para poco sirven.

Cubanos de aquí y de allá por el lugar donde dormimos, al final cubanos todos, acabemos de quitarnos las caretas con la que muchos hemos vivido mucho tiempo. Puede parecer increíble en presencia del presente, pero a Cuba le falta todo, excepto una fábrica de caretas o máscaras.

Hagamos un resumen. Los cubanos que duermen en Cuba están, ante todo sin dormir, lograr dormir en la Cuba de hoy es considerado todo un evento. No tienen agua, semanas y más semanas sin recibir el preciado líquido, sobreviviendo comprándolo a altos precios en el mercado negro, por fuera o mercado informal, da igual el nombre que tenga o compartiéndolo con y de sus vecinos. Si, el agua potable se vende y compra, porque sencillamente ella no llega a través de los acueductos, fenómeno que para nada es nuevo.

Horas y más horas sin electricidad, lo que significa que no la tienen 24, 27, 34 horas o más, la tienen 1, 2 o 3 horas de forma a veces discontinua y la vuelven a perder por otras horas que nunca se sabe cuántas serán. A veces la causa es el no tener petróleo, otras es una rotura o un mantenimiento programado o reprogramado, otras pueden ser la caída de los postes, transformadores, cables de la distribución o sencillamente que un grupo de delincuentes o “necesitados” determinaron robarse el aceite de los transformadores con alta demanda equivocada en el mercado automotriz que termina dejando a un barrio o pueblo entero sin servicio eléctrico.

También los apagones pueden ser por la sequía en Australia, una enfermedad repentina en las aves de corral, la salida de los zombis en la serie The Walking Dead u otro cualquier invento. Eventos y justificaciones con más o menos fuerza han existido siempre que yo recuerde. Siempre significa desde que fui niño, allá por la década del 60 del siglo pasado.

Horas y más horas sin poder cocinar lo poco que se consigue para comer o cocinando, ya no con el tradicional  y antiguo carbón, ese que da rico sabor a la comida cuando se sabe usar, lo que sería más que suficiente para entender el desastre y atraso hoy en 2026 y la inoperatividad del gobierno, sino con leña que tampoco es leña especial, sino lo que significa caminar, encontrar un gajo caído de un árbol o tumbarlo, un pedazo viejo de madera, una parte de un viejo mueble y tratar de encender fuego en el patio de la casa, en el medio de la calle, etc., tal como, según dicen, lo hizo el Homo Erectus organizadamente hace entre 400 a 700 000 años.

Cocinar con leña, a veces pedazos de cosas, maderas húmedas, etc., puede ser la peor condena hoy a una madre, abuela y algún que otro papá, que tienen que hacer comida para alimentar a su familia. Cocinar con leña obligatoriamente nos remite a la historia colonial de Cuba allá por los siglos XVI, quizás XVII o más para atrás cuando se quemaban vivos en hogueras a uno que otro culpable de un u otro delito. Si el cacique Hatuey o la francesa Juana de Arco hoy hubieran sido sentenciado a morir en una hoguera, todavía estuvieran vivos.

Los cubanos de Cuba hoy no sólo no tienen electricidad o agua, sino que casi no logran conseguir comidas; los suministros tradicionales del gobierno ya no existen y la comida está en esos famosos mercados negros, ahora legalizados hasta nuevo aviso, que toman el nombre de MiPymes, o sea, pequeñas tiendas, cafeterías, restaurantes que se dedican a revender lo que consiguen en el exterior o mercado paralelo interior, con al menos aparente legalidad. El cubano de pueblo está pagando hoy por un huevo, con lo que podía antes comprar una granja entera de gallinas ponedoras, incluyendo a los psicólogos que atendían a esas aves.

Esas MiPymes de hoy son los artesanos de ayer, los macetas que también quedaron al campo, los campesinos que vendían por fuera, los dueños que rentaban habitaciones o casas sin papeles, que están haciendo su zafra junto a las “famosas y humanitarias” agencias del exterior, muchas de ellas del gobierno cubano o al menos amorosamente relacionadas con él, aprovechando la crisis mantenida, que aunque pueda parecer absurdo les conviene que toda esta situación de precariedad cerca de lo haitiano, continúe. Cualquiera de estas definiciones ha vivido en Cuba mucho mejor que un científico, que un médico, que un profesional o trabajador de cualquier sector, que una persona que trabajó 40 años de su vida, porque “a río revuelto, ganancia de pescadores”.

Por su parte el gobierno interesado sólo en permanecer ha demostrado que no le importa una solución para todos, más allá de que de importarle no la pueden tener. El gobierno en sus discursos demagógicos hoy aspira a que los capitalistas malos pongan su dinero para entonces desarrollar algo que ellos siguen llamando socialismo, que es lo más incoherente que se pueda escuchar. El gobierno dice que está decidido a morir, pero antes pretende matar a los cubanos. El gobierno habla de resistir, pero la parte de la resistencia la está poniendo el cubano de a pie. Comparemos sólo el peso corporal de tu mamá, tu hermano, tu hijo con el que exhiben los altos funcionarios del gobierno.

Mientras esto ha ocurrido en Cuba durante estas últimas seis décadas, porque nada de lo hoy agravado es nuevo, el gobierno ha invertido miles y miles de millones de dólares y pesos en armar y rearmar un ejército, no para la defensa contra un enemigo externo, sino para el único objetivo “sagrado” para ellos de imprimir miedo y reprimir al pueblo cada día más descontento.

Todo en este sentido está organizado y previsto por el gobierno, incluso las manifestaciones de hoy en las calles, porque le ha sido fácil hasta ahora. Cuba ha descubierto la protesta y el gobierno la deja protestar, dando apariencias de que el pueblo tiene derechos, pero esos derechos están calculados y suponen que de ahí no van a pasar. El gobierno deja protestar, porque es imposible controlar y reprimir a decenas de personas, siempre aclarando que las protestas son por el disgusto, el simple disgusto de no tener agua, electricidad, medicamentos, de lo cual es culpable el gobierno norteamericano, pero que no cuestionan la existencia del gobierno incapaz, y al otro día en la mañana de forma independiente, en silencio, recogen a aquellos que más protestaron, los encierran y les prometen sanciones excedidas.

Los cubanos gritan abajo Díaz Canel, abajo el comunismo, y el gobierno afirma que los gritos están dirigidos en contra del famoso "bloqueo". Los cubanos gritan pidiendo que lleguen los norteamericanos y el gobierno traduce esto con que están en contra de Trump.

No se nos puede olvidar el doble discurso de siempre, por un lado, el gobierno se muestra comprensible, amoroso y por el otro, el verdadero objetivo es permanecer a cualquier costo. No hace mucho aún, Díaz Canel, el presidente puesto a dedo, dio una orden de combate contra su pueblo, orden que inmediatamente fue ejecutada con una enorme represión. ¿Orden de combate contra un pueblo desarmado que sólo exigía sus derechos? Si, orden de combate, orden de represión, orden de eliminar todo descontento visible, orden de matar si fuera necesario. Nada nuevo, no se nos puede olvidar que el gobierno cubano, entre otras muchas cosas escandalosas durante toda su existencia, apoyó a su amigo Saddaam Hussein, asesino público y genocida que exterminó a parte de su pueblo y felicitó al gobierno y partido comunista chino por la “sabia” solución de pasarle por arriba con tanques a los manifestantes pacíficos reunidos en la Plaza de Tiananmen.

Entonces esos mismos que han apoyado la violencia contra pueblos y ejercido el poder desde la violencia, sólo observar la cantidad de cárceles, prisiones, granjas, calabozos que existen, hoy piden paz, hoy se quejan de que contra ellos se pueda ejercer la fuerza. Se les olvida que, más temprano que tarde, el que a hierro ha matado o mata, a hierro tiene que morir.

Ahora esos “valientes” lloran por los pasillos del gobierno, frente a las cámaras y en las organizaciones internacionales diciendo que la potencia más poderosa del mundo los quiere atacar. Ahora precisamente se les olvidó lo de “Patria o Muerte”, “Vengan a sacarnos, no les tenemos miedo”, “Preferimos desaparecer en el mar”, “Recogerán el suelo anegado en sangre”, etc., etc., etc. Ahora Cuba es sólo una pequeña isla inofensiva, solidaria y amiga incluso de los Estados Unidos. Ahora quieren dialogar, sobre todo para que los dólares norteamericanos salven a la mal llamada economía cubana, porque de economía tiene muy poco.

Ahora el gobierno que llegó por la violencia, que destruyó a todo un pueblo por la violencia y que se mantiene por la violencia interna hacia un pueblo noble, realmente ignorante desde el punto de vista político, desorganizado, debilitado, enfermo, envejecido, quiere apelar a la paz y los mecanismos democráticos, pero insiste que no se van a ir, lo que es más que obvio, por las buenas.

Entonces, cubanos, quitémonos las máscaras. La solución de Cuba, que no será fácil, pero será una posible solución, está en la fuerza. Por un lado, la inevitable fuerza interna, de un pueblo que está cansado de aguantar y que poco a poco, como ocurre en otros lugares del mundo, tiene que salir a defenderse y una inevitable fuerza externa como apoyo o ayuda. Si una inevitable ayuda externa, que, para mí gusto, sin máscara, ha demorado mucho.

Creo que no se está valorando una invasión masiva de miles de millones de dólares para cambiar a un gobierno, a Trump, que creo no conoce a Cuba desde hace mucho, no le conviene, no tiene mucho cómo justificarla frente al gobierno norteamericano. Creo que la idea de entrar y sacar a los culpables es casi imposible, no porque el gobierno norteamericano no tenga los métodos practicados y los medios, sino porque los culpables de la destrucción son tantos, que no sólo lo es Raúl Castro, menos Díaz Canel, sino porque tendrían que cargar con miles de personas a la misma vez. Cuba tampoco puede ser acusada hoy de narcotráfico o invasiones militares en el mundo, eso ya pasó y los diferentes gobiernos norteamericanos no le hicieron caso y lo dejaron pasar a cambio de promesas.

La ayuda del exterior, que no sé por qué asombra a muchos tiene que existir, como siempre, al menos en la época moderna, ha existido. Un pueblo como el cubano, sólo puede hacer lo que está comenzando a hacer, protestar, protagónico las mujeres, pero derrocar a un gobierno que está preparado y apertrechado, armado hasta los dientes, es algo más complicado, que se puede lograr, pero demoraría por mi cuenta, otros 70 años como mínimo.

Cubanos, independientemente del lugar donde dormimos, acabémonos de quitar las máscaras.

 

 

 

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