Pobre de ti, si crees que conoces de prisiones, prisioneros, calabozos, encierros, golpizas, vejaciones, etc., con sólo haberte leído la referencia que dejó Volteire sobre “El hombre de la máscara de hierro” encerrado, dicen, en la Bastilla, Francia o sobre la vida en prisión de Jean Valjean, descrita por Víctor Hugo en su novela Los Miserables. Pobre de ti, si crees que las consecuencias de una pérdida prolongada de libertad son sólo parecidas a la que Alejandro Dumas en su mejor novela creó para su personaje El Conde de Montecristo.
Si no has estado dentro de un calabozo tapiado con 40
grados Celsius o más de temperatura donde sólo un calzoncillo es mucha ropa,
durmiendo en el piso porque la súper población hace que las camas no alcancen,
donde la comida no es sólo poca, sino de mala calidad o a veces sin ninguna
calidad rosando casi con la descomposición, donde a tu carcelero no le basta
con tenerte retenido sino que abusa de ti practicando todas las formas de
abuso, físicas y mentales, donde convives con un hueco en el piso a pocos
centímetros de ti para los desechos de muchos seres humanos, donde dejas de
tener un nombre para convertirte en un número perdiendo tu identidad, donde el
agua es un lujo que se utiliza como parte de la tortura, donde no existe el día
y la noche como indicativo ya no humano, sino sencillamente animal, no sabes
nada de lo que verdaderamente ocurre.
Un solo día en un calabozo puede significar, un año,
diez años, veinte años de una vida; un solo día en un calabozo puede crear
consecuencias que duran para siempre. Nadie puede calcular con sólo ver al
detenido lo que esa persona puede llevar por dentro.
La pérdida de libertad puede ser la peor sanción que
se le puede imponer a una persona cuerda, incluso si esa situación transita en
las mejores condiciones, por eso, por la brutalidad de la medida, fue que se
inventó. Un ejecutado a muerte, es cierto que se le priva de una futura vida, pero
deja de sufrir al segundo después de que se le quita la vida. No hay vida
después de la muerte, por tanto, no se prolonga el sufrimiento, sin embargo,
una persona que está presa sufre día a día, minuto a minuto, segundo a segundo,
incluso aquellos que parece que se han llegado a adaptar, como recurso de
sobrevivencia, a su situación. Sufre por él, sufre por sus compañeros de
cárcel, sufre mucho por su familia. ¿Cuánto vale en años, no ver a tu pequeño
hijo crecer?
Las prisiones en los países desarrollados, no
económicamente, sino socialmente, suelen ser más humanas técnicamente, incluso
algunas llegan a no tener rejas, ni cercas perimetrales; las prisiones en los
países “salvajes”, donde, lamentablemente, Cuba ha llegado, suelen parecerse
más al infierno en la Tierra, donde todo, incluso lo mínimo, o sea, la vida, no
está garantizado, por lo que esas instituciones funcionan como una suerte de
selva agresiva, violenta, de malísimas prácticas, si se le suma además, que la
prisión se maneja como una venganza, en no pocos casos personal, contra una
determinada persona, lo de infierno se multiplica.
Cuba, país donde dicen se hizo una revolución “humanitaria”,
donde el objetivo principal teórico es el bienestar de su pueblo, tiene hoy,
según informaciones poco precisas, más de 250 prisiones y centros de reclusión
para una población que poco supera los 9 millones de habitantes, donde, si se
tiene en cuenta cómo está viviendo el pueblo aún “libre” más allá de vivir en
una isla cárcel al estilo muy parecido al descrito por Henri Charriere en su
novela autobiográfica “Papillón”, es fácil imaginar lo que está pasando dentro
de ellos.
La revolución “humanitaria” después de casi 70 años,
se ha convertido, por encima de todo, en un proceso represivo. La mayor parte
de los retenidos, más allá de aquellos que siempre demostraron su oposición
reconocidos como presos de conciencia o políticos, quizás por matar una vaca,
quizás por robar en una casa, quizás por malversar o desviar recursos, en
condiciones diferentes, a lo mejor se hubieran ahorrado su presidio, por lo que
muchos se suman a las cárceles por causas políticas, disfrazado de los llamados
delitos comunes.
Los presos de conciencia o políticos tienen sobre sus
espaldas una doble sanción, sencillamente por haber manifestado su
inconformidad o su discordancia con el gobierno. Aunque se pasa siempre mal, se
pasa mejor siendo un preso común que estar preso por política, incluso cuando
lo de política no aparezca en las sanciones oficiales al ser sustituidas por
cualquier invento que durante todos estos años el gobierno se ha inventado,
tales como: alteración del orden constitucional, desorden público, desacato a
las autoridades, ahora de moda por propaganda enemiga por filmar y publicar un
determinado video, dar tu opinión frente a la cámara de un celular sobre lo que estás viviendo que no te lo inventas, etc.
Los sancionados políticos, ya fueran presos o
fusilados, siempre han existido en Cuba desde que triunfó la revolución, donde
muchos de los primeros fueron luchadores que colaboraron acumulando no pocos méritos
en las luchas de las ciudades y la Sierra Maestra, por sólo mencionar un caso,
revísese la historia del Comandante de la Revolución Hubert Matos. ¿Ochoa, Tony
de la Guardia, Martínez y Padrón fueron fusilados por causas comunes o políticas?,
¿Fue la dulce vida que todos tenían, pública y compartida con sus máximos
jefes, lo que los llevó al paredón?
Nuevo entretenimiento para los de aquí y los de allá: Luis Manuel Otero Alcántara, para mí, recordando la canción de Carlos Varela, leñador, pero muy primitivo. El cuento que puede ser muy largo es para mí sencillo de resumir, sólo que como se necesita estar presente, se le da vueltas y más vueltas, tantas vueltas que marean.
Luisma, tal como lo conocen sus más cercanos, es un
joven cubano, negro, auto titulado y reconocido por sus allegados como un
artista, creo, sobre todo, a partir de los “performance” o actuaciones que hizo,
que salió a la palestra pública y cobró notoriedad en Cuba a raíz de un proyecto
cultural comunitario llamado San isidro, surgido en 2018, que se gestó precisamente
en el barrio San Isidro de la Habana Vieja, dentro del cual un grupo sobre todo
de jóvenes, se agruparon y desarrollaron una protesta contra la oficial definición
del gobierno de la obligatoriedad de la subordinación de los artistas cubanos de
cualquier manifestación artística al Ministerio de Cultura a partir del Decreto
349, que devino en el conocido hoy Movimiento de San Isidro.
A partir de ahí Luisma parece haber tenido una
actividad cuestionadora y disidente destacada, incluyendo una huelga de hambre
pública y publicitada dentro del local sede del movimiento, que luego fue violentado
por las autoridades incluyendo a agentes de la Seguridad del Estado disfrazados
de médicos, o médicos de la Seguridad del Estado.
Los performances de Luisma, que a mí en el plano
personal me dicen poco, más allá de una aparente posición cuestionadora nueva
para Cuba en aquellos momentos, le ganaron fama. Luisma vestido con la bandera
cubana, Luisma desfilando vestido de bailarina de cabaret, Luisma desfilando
con la cara de Julio Antonio Mella, Luisma embarrado de excremento, imagino que
fueran los propios, etc. más declaraciones que en Cuba se consideran contestatarias,
lo llevaron a que en 2021, justo antes de lo que fue días después la mayor
manifestación popular en contra del gobierno, a ser enjuiciado y sancionado a 5
años de privación de libertad por supuestos delitos cometidos dos años antes.
Así de fácil, el gobierno que esperó y esperó, lo sancionó en el 2021 por “delitos”,
o sea, sus actuaciones púbicas, cometidos dos años antes.
Bueno, Luisma, el movimiento San Isidro, sus
presentaciones y cuestionamientos, más los 5 años de privación de libertad, por
supuestos delitos de los llamados comunes, pero con un enorme trasfondo político,
convirtieron todo esto en sucesos no sólo nacionales, sino internacionales.
Pocos presos en estos últimos años, incluso cuando suman hoy más de 1000, han
tenido la repercusión internacional que tuvo el caso Otero Alcántara. Muchas
personalidades del mundo y no pocas organizaciones internacionales, más Miami
entero se hicieron eco de esta injusticia y ahí aparecemos todos nosotros.
Quiero aclarar que tres párrafos hacia arriba
describiendo a Luisma, lo reconocí como negro, cosa que para nada tendría que
ver, sin embargo, para el presente caso cobra importancia en doble sentido. Ser
negro en Cuba identifica a un grupo muy grande de la población cubana, ser
negro es ser mi asere, mi consorte, mi igual, pero esto que no es malo, se
complica cuando se cae en manos del gobierno, que, aunque no lo tiene escrito para
que no se pueda leer, ser negro merece un doble castigo, en la misma medida que
los del gobierno siempre han considerado que si se es negro se tiene que estar
a favor y se tiene que apoyar al gobierno, porque la revolución los hizo
libres. Por tanto, es cierto, hoy en crisis, el compromiso se les pide a todos,
pero a los negros, aunque pueda parecer mentira e irracional, se les pide más.
No dudo de los cinco años de prisión de Luisma,
parecen que fueron ciertos. Según sus propias declaraciones hubo momentos,
sobre todo los iniciales, donde el riesgo fue mayor para él, pero a partir de
un determinado momento, según él mismo, sus condiciones cambiaron. Se le daban
comidas dobles, se le dejó pintar, por lo que se le suministraba, papel, cartulina,
lápices, pinturas, logrando pintar, según sus palabras, 4000 obras diferentes,
que no sólo las pintó, sino que le autorizaron a sacarlas de la prisión para
que fueran comercializadas fuera de Cuba. Al parecer se les permitía visitas,
incluso de novia y como algo excepcional, las autoridades, según él mismo, un
agente de la Seguridad del Estado viajaba cada tres o cuatro días de La Habana
a la prisión de Guanajay, pueblo a las afuera de la capital, para llevarle un
celular a través del cual él podía, no sólo comunicarse con su familia, sino y
con mucha frecuencia con sus amigos y patrocinadores en, nada más y nada menos,
que Miamiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii.
Condiciones difíciles de entender para un llamado
preso político, cuyo nombre era utilizado sobre todo en el exterior para
demostrar la injusticia del gobierno cubano, a no ser que Luisma supiera que el
gobierno lo utilizaría como moneda de cambio sobre todo en el tema imágenes y
determinara aprovecharse o al menos utilizarlas a su favor.
Fin del cuento, Otero Alcántara cumplió honrosamente y
con algunos beneficios su condena completa, o sea, sus cinco años. No hubo para
él, disminución de la sanción por buen comportamiento, no hubo prisión
domiciliaria, lo hicieron permanecer todo el tiempo.
Con todo esto, con la posibilidad de comer mejor o al
menos más cantidad, pintando y pintando y comercializando sus obras, llamado incluso
al exterior, asistiendo al llamado “pabellón”, lugar y momento para mantener relaciones
íntimas con una pareja, llegó el final y lo sacaron de Guanajay. El mundo entero,
incluso altos funcionarios del gobierno norteamericano, comenzaron a repetir
que Luisma estaba desaparecido, que nadie conocía su paradero, que podía estar
torturado e incluso muerto. Maimi a la vanguardia reventó en peticiones,
críticas, amenazas, etc.
Otro fin del cuento, resulta ser que el artista
disidente, fue sacado a una casa llamada de visita o protocolo, que no es más
nada que uno de los miles de lugares camuflajeados que tiene el poder regado
por toda Cuba, donde Luisma, según sus propias palabras, disfrutó de una
inmejorable, quizás irrepetible, atención. Casa con piscina llenada para él
específicamente en un país donde no hay agua para tomar, visitas familiares,
asistencia de la novia para entre otras cosas, según aclara, sexo, cervezas, sándwiches,
whiskies, baños en la playa, etc.
El mundo entero reclamando por Luisma como desaparecido,
hablando de un Habeas Corpus y Luisma, es cierto, después de haber terminado su
sanción, estaba en una casa de “protocolo”, disfrutando de la vida, quizás como
nunca, en espera de que el gobierno norteamericano le diera la autorización
para viajar a Estados Unidos, después incluso de, según sus palabras, haber
renunciado a España como destino final. Luisma es un preso político
excepcional, en capacidad incluso de escoger el país donde quería instalarse,
sencillamente porque aquí estaban sus amigos, según afirmó.
¿Qué … es esto? Ponle tú la palabra a los tres puntos
suspensivos, en cubano sólo llevan una palabra, que por pudor no escribiré.
¿Quién o quiénes nos engañaron a todos?, ¿Luisma, sus patrocinadores, sus amigos aquí?, ¿Luisma no se dio cuenta que lo utilizarían para lavar la cara del gobierno o lo sabía y lo cogió en "sana" colaboración?
¿Luisma, cansado, agotado, necesitado de irse de Cuba,
gustoso de convertir su presidio en una fuente de dinero en la misma medida que
cualquier obra de un real o llamado preso político cobra mayor connotación a la
hora del precio sin tener incluso mucho análisis sobre la calidad, olvidó todo lo anterior?, ¿Estuvo “inteligente
y estratégicamente” preparando el camino para vivir en el lugar escogido por él
mismo? Todo esto deja muchas más preguntas sin respuestas.
Si el presidio de Luisma es confuso y complicado de
entender, peor ha sido su llegada y actividad en Miami. Sencillamente desastrosa.
Creo que, sobre todo, leñador, pero muy primitivo, su actuación es llamar la
atención, hacerse más famoso, aparentar ser irreverente, quizás molestar, sin
mencionar nombres, a algunos de allá y de aquí, tratar de maximizar la
oportunidad para hacer exposiciones y vender sus obras, etc., pero de
cuestionamiento a su realidad, de sanciones al gobierno que lo encarceló a
decir de todos injustamente, del rigor, los maltratos, las condiciones casi
inhumanas que reciben los presos en Cuba, más los abusos, chantajes y presiones
con los familiares, muy poco. Otero Alcántara sólo habla de amor, de paz, espiritualidad,
conexión con el infinito, de entendimiento incluso con sus carceleros. ¿¿¿??????????
El mundo entero, incluso frente a Naciones Unidas reclamando
por la libertad y la vida de Luisma y Luisma pintando, comiendo, haciendo ejercicios,
bañándose en piscina y playas y disfrutando incluso de su novia tal como si
estuviera en un hotel de los llamados 5 Estrellas. El mundo entero, incluso
varias organizaciones de derechos humanos, en defensa de los presos de conciencia
dando “el berro” y Luisma comunicándose por celulares con sus amigos en Estados
Unidos que preparaban su ingreso a la Unión. Luisma, llegó a Miami tal como
llega un rockstar.
Luis Manuel Otero Alcántara es responsable de sus
ideas y actuaciones, incluso aquellas, incluyendo el sexo, donde tenía que
saber que lo estaban filmando para luego utilizar esos videos en su propia
contra y la de muchos otros, pero, a mi modesta opinión, la mayor
responsabilidad es nuestra.
Nosotros, necesitados de un líder, nosotros históricamente
seguidores de hombres y no de ideas, nosotros que delegamos nuestra
responsabilidad y obligaciones en otros, quizás nosotros necesitados de cambios
para nuestro país de origen, pusimos sobre él toda la responsabilidad y lo
sobre cargamos.
Lo convertimos muy rápido en nuestra bandera y con
esto lo cargamos de un peso muy pesado con el cual vivir. Luisma en un determinado momento significó
nuestras esperanzas, sabiendo que no era igual a los primeros presos políticos
que tuvo la revolución, sabiendo que no era igual a aquellos plantados por
convicción, sabiendo que su momento histórico, como joven actual, es diferente,
cosas que desconocimos. Aquellos presos políticos del pasado no luchaban por
los dólares.
Nosotros vimos un leñador e inmediatamente le
entregamos todos los árboles, los acontecimientos presentes demuestran que fue
un error.
Luisma quizás sólo quiere pintar y hacer algunos performances
y poder vivir cómodamente de su trabajo, en realidad su disconformidad lo lleva
a reclamar para que lo dejen ser artista, hasta ahí las clases. De ahí a
convertirse en un líder que pueda arrastrar a un pueblo entero a la libertad
hay un gran trecho.