Sigo leyendo para aprender. Ahora reproduzco para los que me leen algo que me ha llegado desde y sobre Cuba.
Ahora si conozco al autor porque viene reconocido
junto al escrito y no es cualquier persona, llamando a cualquiera, primero a mí
mismo, luego a otro cubano que desde lo que vive y siente se manifiesta.
En este caso el autor es Israel Manuel Fagundo Pino
sobre el cual al buscar me he encontrado que trabaja como doctor en el Hospital
Universitario General Calixto García y es miembro de la Sociedad Cubana de
Psiquiatría, por lo que si le sumo todo esto a la edad que parece tener en la
foto que encontré, alguna experiencia, a lo mejor mucha experiencia debe tener
en la relación con humanos y el tratamiento de los problemas que un día cualquiera
de nosotros puede tener.
Creo que lo que aquí nos cuenta, no es un fenómeno
exclusivo de Cuba, donde evidentemente él tiene más experiencia práctica, sino
que son fenómenos que se presentan en los seres humanos en cualquier lugar y
momento donde las condiciones son, al menos, inapropiadas para el desarrollo
humano, que como sabemos está relacionado directamente con el cerebro.
Por todos es conocido, o al menos debería serlo, que
las enfermedades del cerebro son extremadamente complejas, muchas difíciles de
conocer y resolver y que pueden llevar incluso a la muerte provocada. No sólo
el cáncer y los infartos matan.
Claro que el tema se refiere a Cuba, porque
lamentablemente el pueblo cubano ha llegado a dónde ni por asomo pensamos que se
llegaría y los daños, más que evidentes hoy, rebasan el asunto del bienestar físico.
Esto resulta muy complejo, peligroso y lamentable,
porque hoy el cáncer se puede eliminar, si se trabaja a tiempo y el cuerpo
responde, también los infartos que antes mataban sin remedio hoy son
prevenibles y tratables salvándose la vida, incluso en varias ocasiones al que
los padece, sin embargo, una afectación emocional, del cerebro, que
aparentemente no se ve o deja grandes huellas puede durar toda la vida, incluso
acortarla muchas veces.
No hay nada peor que la depresión, la perdida de
objetivos, el malestar que no se sabe de dónde viene y cómo solucionarlo. No
hay nada peor que las personas pierdan la orientación, el futuro y que prefieran
morir lenta o rápidamente por pensar que no tiene cómo mejorar.
La historia está llena de personas que nacen con deformidades,
con limitaciones y, sin embargo, la fuerza de voluntad y el cerebro los hace realizar
grandes hazañas, que uno mismo, aparentemente entero y sano, no se ve realizando
y menos logrando. La falta de interés por la vida, la no posibilidad de ver que
se tiene la solución, hace que ya la tengas perdida.
Que los cubanos estamos enfermos, unos más otros, al
menos aparentemente, menos, no es nada nuevo. Todo pueblo, con cualquier idioma,
con cualquier estatus económico, que llega a vivir como lo está viviendo el
cubano, sin solución a corto o mediano plazo, sin poderse salir fácilmente de
una isla que se ha convertido en cárcel, se enferma.
Los cubanos de adentro, obvio, los más afectados,
viven dentro de una terapia intensiva conectados a aparatos controladores, los
cubanos de afuera viven detrás de un cristal sin aparatos por el momento,
mirando a su enfermo, algunos rezando y pidiendo a algún dios, otros deseando
que la ciencia actué y que salve a su enfermo. Ninguno puede estar tranquilo,
ninguno puede estar contento.
Y pensar que todo esto, más allá de los daños que ya
existen, puede ser solucionado. Lo primero sería eliminar, destruir, hacer
desaparecer el capricho que es lo único que queda fuerte.
Aquí les dejo el artículo, sigue siendo reconfortante encontrar
respaldo a las ideas que se tienen. Espero que el Dr. Manuel no se disguste por
mi publicación.
"Los cubanos estamos en estado de supervivencia psicológica".

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