A raíz de los 100 años del nacimiento de Fidel Castro que por suerte no los cumplió vivo, dedico unos pensamientos a una de sus mayores virtudes, la mentira.
Si hay algo en los gobiernos totalitarios son expertos es en tratar cambiar la historia, no sólo del pasado incluso sacando a personas de las fotografías, sino la del presente que se está viviendo, es en nombrar a las cosas por nombres inventados y que obviamente disminuyen la intensidad de los hechos o la aumentan, todo esto a conveniencia del poder y sobre todo decir cómo tienes que ver e interpretar lo que ves cuando lo que estás viendo no se corresponde con el discurso, tratando siempre de acomodar los pensamientos.En esto de cambiar y acomodar, la revolución cubana,
primero con Fidel Castro, el gran mago de las ideas inservibles y discursos, luego con su
hermano Raúl que no aportó nada y sólo continuo el guion, hasta hoy mismo que
escribo con el presidente designado, “Puesto a Dedo” Díaz Canel, ha sido un muy
buen ejemplo. No digo pionera porque no se inventó nada que no se hubiera
practicado antes y pienso recomendado por los maestros de la ideología
compartida, pero si podría señalarse como un alumno destacado, un monitor
distinguido.
Existen muchos ejemplos de esas definiciones que
acomodan el pensamiento mintiéndole a un país entero, para no ir más lejos en
el tiempo porque habría que terminar revisando casi toda nuestra historia,
baste mencionar uno, el llamado “Período Especial”, que por la simple lectura
podría describir algo único, que en sentido general llama la atención sobre lo
positivo por lo de especial, cuando en realidad se estaba hablando de lo que en
todo el planeta Tierra moderno se reconoce como crisis económica, que para el
caso cubano, inició un proceso del cual 30 años después no se ha salido y que
ha desembocado no sólo en un tema económico sino que la crisis se extiende al
propio ser humano, por tanto a todas y cada una de las manifestaciones de su
vida.
Cuba, donde el gobierno que como una banda de música
se apodó revolución, en realidad un selecto grupo de personas que como
integrantes de esa banda se autonombran revolucionarios, se apropió muy rápido
de la palabra, pero no sólo eso, sino además de todos los medios por los cuales
esa palabra se transmitía y trasmite, eliminando por tanto toda otra
posibilidad, sino ya de pensamiento, porque es muy difícil hacer trepanación de
cráneos a una población entera, por lo menos de la expresión de ese
pensamiento, trató constantemente, primero para el interior, jugando con las
emociones que van más allá del pensamiento lógico y segundo para el exterior,
tratando de mostrar cierta legitimidad para conseguir apoyo, impuso la idea de
que TODO el pueblo cubano apoyaba esa revolución.
Con esto, la palabra bastó para legitimizar un proceso
sin dar más información, sin dar más pruebas. Todo el pueblo cubano apoyó la
revolución, incluyendo sus grandes fracasos, que no fueron pocos, ni sencillos,
cosa que para la simple interpretación humana es absurdo de mantener en el
tiempo, todo el tiempo, idea que hasta hoy se maneja como único recurso para un
gobierno que no puede darle ni agua potable a su pueblo.
Todo el pueblo cubano apoya a la revolución, por tanto,
la revolución es fuerte y sobre todo tiene que ser eterna, demagógicamente
afirman que, complaciendo los deseos del pueblo, o sea, ellos, el gobierno
actual no se ha apropiado de nada, sólo son como dijera el mismísimo Fidel
Castro, tratando de justificar su presencia, “soy esclavo del pueblo”. Demagogia,
descaro, mentira, enfermedad, que muchos, no todo el pueblo, pero muchos, no
sólo apoyaban, sino que elevaban a palabra santa.
Esta idea de que todo el pueblo apoyó a la revolución
de los “barbudos”, forma parte de las grandes mentiras fundacionales que se
impusieron desde el mismo 1959 y es algo que todos repetimos y repetimos y que
aún hoy se utiliza para confundir. Esta idea impuesta desde el poder sólo desconoció a los que no la apoyaron.
En realidad, lo de pueblo es muy grande y se
entendería mejor si fueran capaces de definir qué parte del pueblo cubano
apoyó, cuál por ciento significó. Hubiera sido más honesto decir, a partir de
los intereses del gobierno, que todo el pueblo que apoyó, pues apoyó y así se
dejaría espacio para ese otro pueblo que no se sumó a la comparsa, que desde
siempre existió, que desde siempre trató de huir al exterior o que
sencillamente se quedó, pero se quedó limitado, apartado, no incorporado, mal
visto, criticado, etc.
Decir que todo el pueblo apoyó, es sencillamente una
de las primeras muestras de la segmentación y el fraccionamiento consciente, o
sea, sólo me interesa y tendré sólo en cuenta a la parte del pueblo cubano que
me apoya, el resto, pues tendrá que aguantar, sufrir, vivir marginado o mudarse
de país. Los que apoyaron son pueblo y los que no, parece fueron sólo fantasmas,
nunca existieron.
Si se recorre la historia de esta última etapa, sin
que yo pueda concluir algo como absoluto, es fácil reconocer que Cuba desde
siempre se mantuvo en luchas obreras, estudiantiles, etc., que trataban por
pura lógica humana de cambiar lo que se suponía estaba mal. Luchas políticas
contra la corrupción, contra las mafias, contra los asesinatos, etc., pero
todas ellas tenían un marcado carácter democrático no armado, menos comunista,
baste decir que ni los propios comunistas públicos organizados de aquellos años, estuvieron de
acuerdo con apoyar la lucha armada como solución y no pocos se desmarcaron de
aquel movimiento incipiente reconocido como los Mau Mau kenianos, los barbudos,
aventureros, locos, etc., que comenzó a existir después del gran fracaso de los
ataques a instituciones militares y civiles en 1953 y el posterior fracaso del
llamado desembarco del yate Granma en 1956 con un grupo de hombres encima, que más que
desembarco organizado resultó un naufragio fuera de la fecha acordada y el
lugar escogido, lo que costó vidas de jóvenes en la ciudad de Santiago de Cuba.
El pueblo cubano de aquellos años trabajaba, trataba
de sobrevivir y mejorar y no pocos apoyaban a Fulgencio Batista, reconocido
sobre todo en su última etapa como dictador. El pueblo cubano no estaba para
guerras y me arriesgaría a decir que no era un pueblo extremadamente politizado.
La política era cosa de los políticos, de líderes obreros, como siempre de
estudiantes adolescentes y jóvenes y algunos que otros profesionales,
intelectuales, demócratas, que como es normal sumaban personas que los seguían,
no mucho más, pero esos nunca fueron todo el pueblo de Cuba.
La revolución triunfó por miles de causas que ahora no
vienen al caso, creo que las más importantes pueden ser que llegó el momento
que ni al mismísimo gobierno norteamericano le interesaba mantener a Batista en
el poder, de ahí la imposibilidad de obtener recursos para el ejército
profesional, la innegable radicalización de grupos democráticos dentro de Cuba
que sumó fuerza a la lucha y la propia huida, no huida porque nadie lo estaba
persiguiendo, sino la retirada de Batista y sus más cercanos colaboradores, que
deben haber comprendido que sobraban y es ahí donde se le entregó la revolución
a ese llamado pueblo, que no fue todo, sino a una parte, por coincidencia los que
habían estado luchando y apoyando, los más desposeídos, los obreros, etc., etc.,
etc., entonces es cierto, esa parte del pueblo se sumó y sobre todo, comenzó a ejercer
el poder, a veces por lógica, a veces por sentimientos, a veces por odio y
venganza.
¿Cuál debió haber sido el mayor sentimiento de todo el
pueblo eliminada la dictadura de Batista? Alegría, a la mayor parte ya no le
convenía, luego creo yo, regresar a la Cuba de antes, regresar a la Cuba que venía
progresando económicamente, no sin problemas, pero progresando. Tal como dice una
canción del gran Serrat: “Y con la resaca a cuestas, Vuelve el pobre a su
pobreza, Vuelve el rico a su riqueza, Y el señor cura a sus misas […] Vamos
bajando la cuesta, Que arriba en mi calle, Se acabó la fiesta.
Una revolución cualquiera, incluso a nivel familiar, porque existen revoluciones familiares, no es un proceso orgánico
que se gesta por acuerdo, que se desarrolla dentro de un pensamiento social e histórico y lógico,
sino por el contrario, es algo que se impone en el poder por la fuerza, tiene
entonces que acomodar todo a su conveniencia e inmediatamente el primer paso
es destruir toda la estructura existente e imponer desde la improvisación, el
capricho y la conveniencia de un grupo aderezado con el supuesto apoyo de todo
el pueblo, la forma en que se comenzará a vivir, bajo planes teóricos, poca experiencia
y poca práctica.
Muy rápido esa revolución democrática popular, que
prometía libertad, democracia, religión libre y no censurada, lo que le ganó
adeptos porque el discurso o los discursos se comió dulcemente los oídos, tan rápido
como en 1961 se proclamó socialista, entiéndase comunista y poco después en
1965 decidió, después de haber eliminado a todos los que existían, como único partido político en Cuba el “nuevo” partido comunista.
De verde como las palmas se pasó a rojo como la sangre e inmediatamente se
comenzó como en un torno a trabajar sobre el fracaso que resultó a largo plazo.
Dando todavía en aquel momento un voto de confianza, buenas mentiras disfrazadas de buenas intenciones que terminaron empedrando el camino al infierno.
El primer gran escándalo a partir de 1960 es el
proceso de intervención, nacionalización y expropiación primero de las grandes
empresas extranjeras y cubanas, que no eran muchas, seguido de lo que se
conoció como “Ofensiva Revolucionaria” en 1968, con la expropiación obligada del
resto de las empresas nacionales, casi 600 000 pequeños y medianos negocios
privados. El gobierno revolucionario se hizo con toda la economía en la ciudad y el campo.
¿Alguien puede pensar que a todos aquellos que le quitaron
un negocio, grande o pequeño, una fábrica, un taller, una bodega, un bar o
restaurante, negocios y empresas familiares en muchos casos establecidos por
muchos años sobre el trabajo honesto, de los cuales vivían y no muy mal las
familias, muchas veces fundados por padres y abuelos con mucho trabajo y
sacrificio, podían apoyar algunas de aquellas medidas? Esos perjudicados que en
su mayoría no entendieron y no apoyaron, sólo se resignaron por no poder hacer
más nada, eran pueblo cubano.
La intervención de periódicos, canales de radios, de
televisión, dejó a muchos profesionales, intelectuales, técnicos fuera.
Personas que incluso habían luchado contra muchos gobiernos anteriores y
apoyaron a la mismísima revolución rebelde, acostumbrados a ejercer su libertad
de expresión, no pudieron entender el monopolio, la exclusión, la dirección “salvaje”
e improvisada comunista. Esos que no apoyaron, esos que se quedaron sin
trabajo, peor esos que fueron sancionados a cárceles o inducidos a abandonar el
país sólo por sus ideas, no apoyaron a esa revolución y eran pueblo cubano.

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