Siempre es agradable leer, sobre todo cuando se aprende, se descubre algo nuevo o sencillamente se encuentran explicaciones con otras palabras, en otro orden y vuelo, a lo que uno piensa. Hay quienes plantean que por momentos no es tan bueno leer algo nuevo, como releer algo que ya se leyó y es parcialmente cierto, hay lecturas que una segunda vez, una tercera vez, trae información que no fuimos capaces de obtener o descubrir en un primer intento.
Leer es complicado, primero hay que saber leer, segundo, no todo es bueno, sin
embargo, dentro de aquello que puede parecer más malo, pueden aparecer, de hecho,
aparecen, ideas que son rescatables. Ya lo de escribir, como lo de pintar, hacer
música o poemas, diseñar un edificio, construir una máquina, etc., es más
complicado.
Gracias a internet, cosa que los que tienen más
menos mi edad o más, no tuvimos cuando jóvenes y no fue parte de nuestra formación,
hoy circulan a la velocidad casi de la luz muchas informaciones sobre un tema
específico, si abres la idea a muchos temas a la misma vez, lo de la
información se convierte en algo casi infinito.
Recientemente me ha llegado un escrito sobre Cuba del
cual no conozco el autor, son de esas cosas que se pasan de manos en manos o
mejor, de computadoras en computadoras, que un día alguien, aparentemente por la forma y el contenido, buen conocedor del tema, escribió y lo publicó.
El artículo de marras es muy bueno, resume en poco espacio
la realidad cubana, que a mí me gustó. No creo que esta persona ha inventado
algo, no creo que sea totalmente nuevo lo que describe, el tema Cuba ocupa hoy
a muchas personas, dentro de ellas algunas de muy alto nivel académico, de
preparación profesional, de pensamiento.
Claro que Cuba es importante sobre todo para nosotros
los cubanos, para el resto del mundo, por ejemplo, para los norteamericanos con
los cuales comparto mi vida, el tema no significa mucho, por no decir que significa
nada, más allá de sentir pena o lastima por lo que está pasando cuando uno les
hace el cuento. Para muchos norteamericanos resulta incompresible cómo se ha
llegado aquí y por qué aguantamos tanto, lo que no pocas veces resulta difícil
de explicar en inglés, al menos en corto tiempo y pocas palabras. ¿Cómo explicarles a otros
lo que muchas veces uno mismo no entiende y para lo cuál no se tiene una
respuesta fácilmente digerible?
Creo que vale la pena leer lo que aquí se asegura.
Espero que el autor, si algún día se empata con su artículo en mi blog no se
disguste, menos me reclame. Las fotos las agregué yo, hay imagenes que son más claras que las palabras y tienen la gran ventaja que no se pueden desmentir.
Aquí se los dejo.
"Cuba es una de las demostraciones más brutales de cómo un sistema puede destruir lentamente no solo un país, sino la estructura interior del ser humano.
Porque lo verdaderamente aterrador de la tragedia
cubana no es la pobreza. La pobreza existe en muchos lugares. Tampoco son los
apagones, ni las ruinas, ni las colas infinitas, ni el hambre crónica, ni el
éxodo masivo. Todo eso son síntomas.
La enfermedad real está mucho más abajo, en una zona
más oscura y más difícil de reconstruir: la demolición progresiva de la
conciencia colectiva.
A Cuba no la quebraron de golpe. La cocinaron
lentamente durante décadas hasta convertir la degradación en forma de vida.
Ese fue el verdadero laboratorio.
Un ser humano puede soportar hambre. Puede soportar
represión. Puede soportar incluso miedo. Lo que termina destruyéndolo es vivir
demasiado tiempo dentro de la humillación cotidiana.
Porque la humillación constante altera la psicología,
deforma la conducta, pudre el carácter. Convierte la supervivencia en única
prioridad y reduce toda la existencia a un estado animal, inmediato,
desesperado. Y eso fue exactamente lo que ocurrió.
Generaciones enteras crecieron aprendiendo que la
verdad era peligrosa, que pensar demasiado era riesgoso y que la honestidad
casi nunca servía para sobrevivir. Aprendieron a doblarse antes que romperse. A
fingir antes que confrontar. A robar antes que confiar en el salario. A callar
antes que asumir consecuencias.
Eso produce algo devastador: una sociedad donde la
mentira deja de ser una excepción moral y se convierte en atmósfera. En Cuba
casi todo el mundo finge algo.
El ciudadano finge que cree. El Estado finge que
funciona. El trabajador finge que trabaja. Las instituciones fingen
legitimidad. La propaganda finge épica.
Y mientras todos representan esa obra agotada y
grotesca, el país entero se descompone debajo del escenario. Ahí aparece la
verdadera semejanza con Gomorra y Sodoma: no como metáfora religiosa barata,
sino como imagen de sociedades donde la degradación se volvió sistémica y
terminó contaminando la sensibilidad moral completa. Lugares donde el deterioro
fue tan prolongado que la gente dejó de reaccionar frente a la podredumbre.
Ese es el punto más bajo al que puede llegar una
nación: cuando pierde la capacidad de escandalizarse de su propia miseria.
Porque la costumbre es más destructiva que el terror. El terror al menos
provoca resistencia. La costumbre anestesia, y Cuba está anestesiada.
Anestesiada frente a la violencia. Frente a la vulgaridad. Frente a la
destrucción urbana. Frente a la fuga masiva de sus hijos. Frente al colapso
moral.
Frente al hecho monstruoso de que sobrevivir haya
reemplazado completamente a vivir.
El daño más profundo del sistema cubano no fue
económico ni político. Fue antropológico.
Produjo un tipo de ser humano emocionalmente agotado,
entrenado para la escasez, habituado a la doble moral y psicológicamente
condicionado para desconfiar de todo y de todos.
Porque cuando un pueblo pasa décadas enteras
dependiendo del favor, del miedo y de la simulación, la dignidad deja de
funcionar como valor práctico. Y cuando la dignidad deja de tener utilidad
social, comienza la desintegración espiritual de una nación.
Eso explica muchas cosas que desde fuera no se
entienden. Explica la apatía. Explica el cinismo feroz. Explica la agresividad
cotidiana. Explica por qué tanta gente parece emocionalmente rota. Explica incluso
la vulgaridad creciente: sociedades sometidas demasiado tiempo al deterioro
terminan perdiendo refinamiento emocional porque toda la energía psíquica queda
absorbida por la supervivencia.
La miseria prolongada embrutece.
Y no hay nada más peligroso que un país donde el
embrutecimiento se convierte en política de Estado.
Por eso el problema cubano ya no parece resoluble
mediante reformas graduales.
Hay estructuras tan profundamente corrompidas que
reformarlas equivale a mantenerlas respirando artificialmente mientras siguen
contaminando todo alrededor".
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