¿Por qué un gobierno tendría que repetir constantemente que es fuerte y tiene que llamar todos los días a defender la revolución que dice lo patrocina? Porque sencillamente es todo lo contrario, el gobierno se sabe débil, tiene miedo y sabe que, de corazón, en esa revolución, ya no creen muchas personas.
Cuando un gobierno es en realidad fuerte y está
realmente apoyado por gran parte de su pueblo, no tiene que pregonarlo todos
los días, por el contrario, se dedica a trabajar para seguir satisfaciendo las expectativas,
demostrando cómo las medidas que toma benefician a la mayoría.
Los gobiernos llegan, enuncian un plan a cumplir,
obviamente por etapas y evalúan su cumplimiento, esa evaluación corresponde
precisamente a los receptores del plan, de ahí que no siempre los resultados
coincidan, puede el gobierno verlo todo bien y los receptores no ver nada claro
en su gestión. Ningún plan es rígido, sólo existe ese camino rígido en algunos
libros, sin embargo, las desviaciones deberán ser mínimas y mantener el
objetivo central.
Cuando el plan se cambia todos los días y los caminos
se alejan del objetivo deseado, sobre todo a corto plazo, pues los humanos no
somos elefantes o tortugas, se convierte en una suerte de casualidades y ayuda
de Dios, entonces el gobierno ha fallado, el gobierno no funciona, el gobierno,
por tanto, tiene que desaparecer una vez que ha probado y probado todos los
métodos y el resultado no sólo es malo, sino peor. La promesa del paraíso y la
vida plena dentro de él se aleja del más simple análisis científico. Los
humanos no tenemos tiempo de sobra, tenemos que comer todos los días, bañarnos,
vestirnos, pagar los servicios que consumimos y por qué no disfrutar. El tiempo
se acaba con una vida.
Si hay algo que a los hijos cae mal es que los padres
para evaluar, corregir, exigir, recuerden constantemente que son los padres, o
sea, me tienes que respetar o hacer lo que digo porque soy tu padre, frase que
en algún momento todos los hijos hemos escuchado y todos los padres hemos
enunciado. El efecto que esto logra es el contrario al que los padres
desconocedores pretenden lograr. Los hijos no respetamos por miedo, sólo se
logra por esos métodos que callemos nuestras verdaderas ideas, que cumplamos
obligados en espera de poder salirnos, que aprendamos a mentir. Los hijos no
quieren o respetan por obligación, es la admiración, la identificación, el
compartir objetivos comunes, lo que logra el eterno amor, que bajo ningún
concepto es obligatorio, la consanguineidad no obliga a querer. Por tanto, si
los padres se equivocan, por desconocimiento o conciencia, los gobierno también
y todos llevan su merecido. No es lo mismo te soporto porque no me queda más
remedio, a te quiero.
El hecho de haber nacido en Cuba no significa
exactamente que se tenga que querer ese lugar y menos estar de acuerdo o amar
al gobierno que está de turno y para nada tiene que ver con una opción patriótica,
de independencia, menos de soberanía. Todas estas ideas son formulaciones
sentimentalistas que tratan de identificar y sobre todo retener a conveniencia.
No se termina amando por haber nacido en determinado hospital de una
determinada localidad, se ama por sentirse parte, por sentirse escuchado y
tenido en cuenta, se ama por formar parte, por poder participar desde una
determinada posición, idea, conducta, etc.
Los cubanos hemos sido históricamente, al menos en
esta última etapa de nuestras vidas, muy dados a evaluar gobiernos extranjeros y
no por pura casualidad tratar de influir para cambiarlos, sólo recordar la
misión fracasada por adelantado del Che Guevara en Bolivia allá por la lejana
década del 60 del siglo pasado, sin embargo, esa misma fuerza y “convicción”
nos falta para evaluar al nuestro.
Hemos apoyado cualquier manifestación, hasta la más
mínima, que haya tratado de criticar un gobierno local, da igual en Argelia, España,
Perú o Filipinas, sin embargo, para evaluar al nuestro siempre aparecen justificaciones
que van más allá de la realidad y pueden estar referidas y traer cualquier
evento, a veces mientras más lejano mejor, da igual una sublevación de esclavos
en un batey en el siglo XVII definida por la propaganda como una manifestación
de independencia nacional o una marcha sindical por el aumento salarial en la
década del 30 del siglo XX como una manifestación antirrepublicana.
Mientras tanto el gobierno cubano ha ganado tiempo,
cosa en la que vienen desde hace décadas, hablando de defensa de la revolución,
de patria, de soberanía, más el invento de soberanía alimentaria, más otro
invento de soberanía eléctrica, cosas que nadie sabe lo que en realidad
significan, tal como si la patria, la independencia, la soberanía fueran definiciones
nuevas y sobre todo exclusivas de eso que aún se llama revolución socialista,
que de lo primero, esa revolución eterna, no queda nada y de lo segundo, el
socialismo, en el caso cubano caribeño, aún está por probar, a no ser que se
esté llamando a un proceso que depende hoy más que nunca de mecanismo
capitalistas y de los dólares del “enemigo eterno” para mantenerse en el poder
los que lo tienen.
He escuchado una idea en voz de Eloy Viera, uno de los
integrantes de El Toque, que me ha llamado la atención. Dijo Eloy, más o menos,
no hay que salvar a la revolución, porque ella no existe, hay que salvar a los
cubanos de esa revolución y eso me ha parecido genial.
La revolución ha sido nuestro gran fracaso en todos
los aspectos de la vida cubana porque ella se dedicó, cumpliendo con antojos
personales e intereses de reducidos grupos a destruir el funcionamiento lógico
de una sociedad humana. Cuba, país medianamente fértil, donde las plantas salen
y viven sobre el concreto o la piedra, hoy no tiene comida. La tierra fértil
sigue allí, la mejor muestra es que está ocupada en más del 65% por el marabú
que por desgracia no se come.
El gobierno cubano alardea y trata de mostrarse
fuerte, sacando incluso a Raúl Castro a sus 95 años como un trofeo, porque en
realidad tiene un enorme miedo y esa sensación no es por un posible ataque
desde el exterior, ellos tienen un porciento muy alto garantizado que no existirá
ese ataque masivo desde los Estados Unidos, ellos tienen miedo al pueblo de
Cuba y están tratando de atajarlo para que no exista un desborde.
Trump y su gobierno no van a atacar militarmente a
Cuba. No tienen cómo justificarlo al mundo, porque la idea de que el gobierno
cubano no le cuadra, no es suficiente para enviar tropas y eso lo sabe el
gobierno de la isla, el cual, no obstante, se ha victimizado en todos los
escenarios posibles, argumentando ahora que Cuba es una pequeña isla, pacífica,
solidaria, interesada más que nunca en mantener relaciones con los Estados
Unidos. Relaciones de igualdad, para la cual han vendido a Cuba como lugar de
paz, interesado en desarrollarse y entregarle ahora, a los 67 años, una enorme
calidad de vida al pueblo, para lo cual ellos aseguran que están dispuestos a
cualquier cosa, menos a cambiar la forma política del gobierno, o sea,
cualquier cosa se puede cambiar, menos la verdadera causa del fracaso que tiene
que ser cambiada.
El gobierno cubano se ha victimizado para tratar de
llamar la atención y dar lástima, pero en realidad está fuerte frente a Estados
Unidos, le han cogido la vuelta a Trump y sus diversas variantes u opiniones
sobre el tema Cuba. Si el gobierno norteamericano estuviera verdaderamente
interesado y decidido a accionar, ya lo hubiera hecho, porque le sobran fuerzas
para ocuparse de Irán, de Venezuela, de las Islas Galápagos si ese fuera el
asunto y de Cuba a la misma vez. Trump está jugando con su rating y está entreteniendo a no
pocos.
Sin embargo, el gobierno cubano no tiene miedo, sino
está aterrado de su propio pueblo, quizás como nunca en la historia de la
revolución. El gobierno cubano sabe que ya no puede armar a Fidel Castro,
porque dicen fue incinerado, figura que por voluntad o a la fuerza el pueblo cubano
consintió. Ya no pueden sacar mucho a Raúl Castro, porque además de sus 95
años, jamás tuvo vínculos afectivos con el pueblo y Díaz Canel es la figura más
desprestigiada de toda nuestra historia, más desprestigiado que el último aborigen que se emborrachaba y pegaba a su esposa también aborigen que vivió antes de la llegada de los españoles en 1492.
El gobierno cubano sabe que los que apoyaban
fervientemente, hoy están viejos, enfermos, deteriorados o decepcionados y los
que mejorcito están, viven hoy junto a sus hijos fuera de Cuba. Los jóvenes preparados,
profesionales, se han ido marchando y lo que está quedando en Cuba de forma masiva
es una parte de ese pueblo que como dice el viejo refrán popular, le da lo
mismo que crezcan los niños o los accidentes. Parte de esa parte está esperando
que se le resuelva el problema y está demostrado que es capaz de acomodarse el
socialismo, al esclavismo, al feudalismo, e incluso a la comunidad primitiva de
igual forma.
Una parte del pueblo cubano, mención de honor para las
madres y abuelas, está protestando, pero de ahí no se ha pasado. Protestas
aisladas por cansancio, que aún el gobierno puede controlar y entonces es ahí
donde aparece el terror y para evitarlo el control y la represión.
Ellos saben, porque son muy capacitados en estos temas, que al pueblo entero en la calle no hay quién lo reprima. No se puede meter
preso a 1, 2, 3 millones de personas y contra eso están jugando al policía
bueno y al policía malo.
Por un lado, se sigue hablando de que el pueblo apoya
a la revolución, por ciento que cada día es menos y por otro se está
desapareciendo a cualquiera, incluyendo jóvenes de ambos sexos e incluso
menores de edad, para evitar que el río que ya trae piedras se desborde.
Están aterrorizados quizás como nunca, porque están
viendo la candela llegar. Un cubano no significa mucho, 100 cubanos no hacen un
bosque, pero 100, 200, 400 000, sí.
Ha desaparecido del dialogo popular aquello de Patria
o Muerte, porque sencillamente nadie en su sano juicio en realidad, menos los
jóvenes, quiere morir. Patria o Muerte ha quedado para los discursos que cada
día menos personas siguen y el gobierno, por mucho que diga lo contrario, lo
sabe.
Y ahí está la fuerza. No se puede esperar por Trump,
porque él, por mucho que aparenta, no tiene el problema arriba. No se puede
esperar por Trump porque sencillamente a él no le corresponde iniciar el
proceso de cambiar las cosas en Cuba.
A Cuba tiene que defenderla de esa revolución y liberarla,
el pueblo cubano que allí está.
