Si algo nos mantiene entretenidos a los cubanos de aquí y de allá, a los que comemos y a los que no comen, a los que dormimos y a los que no pueden dormir, son las noticias que de pronto aparecen como nuevas y que se repiten y se repiten o se replican como mismo pasa con los terremotos o los tsunamis. Cientos de miles de comentarios, análisis, notas marginales como diría un profesor que tuve en la universidad e incluso ahora, las mías.
Casi diariamente aparecen desde y sobre Cuba hechos, declaraciones, chismes e incluso falsas noticias o aproximaciones que nos permiten, primero pensar, luego desarrollar nuestro idioma, ya sea hablado o escrito. Son tantas las noticias que, a veces, cuesta trabajo seguirlas y estar al tanto de todo.
Ahora la “nueva” noticia es sobre un tal Raúl
Guillerno Rodríguez Castro, más conocido por el apodo que su propia familia le
acuñó “El Cangrejo”. Ahora para algunos sentimentales que no lo conocían, que
ni sabían que el tipo existía, Raulito, quizás para diferenciarlo de su abuelo,
quizás para seguir mostrando cierto cariño por lo que de allí nos llega, otorgándole
con el diminutivo cierta juventud casi adolescente a un tipo que tiene 40 años
y es coronel, merecido o no, de las fuerzas armadas cubanas.
En efecto “El Cangrejo” es una figura que se ha
impuesto, sobre todo, en las redes internacionales de comunicación que existen,
para algunos algo nuevo, para otros un efecto de cierta apertura, para no pocos,
dentro de los que me encuentro, un nuevo espectáculo que tiene como objetivo
ganar tiempo con nuevas falsedades.
Pues resulta que Raúl Castro tiene un nieto que su único
mérito es pertenecer a su familia, que obvio es más histórica e importante que
la de su propio padre no hace mucho fallecido, el llamado zar del emporio económico-militar
Gaesa, cargo conseguido por confiabilidad al ser el marido en un matrimonio dicen
fracasado desde el comienzo, de una de las hijas de Raul, cuya ubicación
laboral, si tuviera que llenar un curriculum, es ser oficialmente, o sea, por
plantilla, el guardaespaldas de su abuelo. Nada más.
En realidad, lo primero a decir es que es diferente a
como se ve, “El Cangrejo” no es quién custodia a su abuelo, Raúl Castro a estas
alturas puede haber tenido durante todo este tiempo decenas de custodios y
puede, sin temor a dudas, tener a decenas de hombres que le aseguren la vida, por
lo que es precisamente al revés, el abuelo está custodiando al nieto.
El abuelo conocedor, porque fue fabricante de todo el engendro,
sabe que su manto, igual al que experimentó su hermano, protege y entonces lo
extiende a su libre albedrío a quién o quiénes a él le da la gana. "El Cangrejo" no es ni el primero, ni el único, sólo que ahora es el más visible, ya no se
puede esconder o mejor, ya no les interesa enconderlo.
Si algo ha distinguido a los guardaespaldas que todos
los jefes han tenido durante estas casi siete décadas, es que son hombres
anónimos y sobre todo mudos. ¿Cuándo el pueblo de Cuba escuchó hablar a algunos
de los que custodiaban a Fidel, al mismo Raúl y a todos los demás del combo?
Que yo recuerde nunca.
Veamos entonces los hechos.
Desde hace ya algunos meses aparece la figura de “El Cangrejo”
en nuestras vidas, claro gracias a que el monopolio, la secretividad y el
manejo de la información ya no es exclusiva del gobierno cubano.
Lo primero que se vio es la “Dolce Vita” que el
personaje lleva y entonces muchos se asombraron ruborizados, algunos por real
desconocimiento, otros porque nunca quisieron escuchar una Verdad de
Perogrullo, otros por hipocresía.
¿Desde cuándo existe en Cuba una élite con todas las licencias
y todos los privilegios sólo comparados con los del llamado enemigo burgués, creada
e integrada por y para los miembros del gobierno, incluso los de turno? Desde
siempre. Desde el mismísimo 1959 cuando los que triunfaron comenzaron a
repartirse todo y a hacer y deshacer a sus antojos. Porque fueron precisamente
esos privilegios los que se utilizaron como instrumentos para lograr confiabilidad
y, sobre todo, incondicionalidad, no tanto al proceso, sino a sus principales
figuras. Fidel, muy rápido, no trató de convencer a nadie, a los que se oponían
se los quitó de arriba, al resto, los compró y así repartió casas, carros,
viajes, ministerios, tropas, etc.
Así creó esa casta que hoy reconocemos como los más abnegados
revolucionarios, que de abnegados tenían realmente poco, sólo se estaban
apropiando, sin sudarlo, de todo un país en el que podían campear. Campeo que
se traspasó sin papeles ni tan siquiera permisos a familias y amigos, tal como
una herencia patrimonial familiar. Cuba puede ser el mejor ejemplo de una
sociedad esclavista o feudal en la modernidad.
Por tanto, para aquellos que hoy se asombran de que
exista un cangrejo, un caballo, un delfín o un canguro, sólo recomendarles que
sean honestos y miren la historia o miren a su alrededor, que acaben de reconocer
lo que existió siempre y no quisieron reconocer. Fue más fácil mirar para el
lado, callar, y, sobre todo, tratar de callar.
“El Cangrejo” no nació rico, rico nací yo, como ya
conté, con mis primeros globos de condones, que, aunque pueda parecer irónico,
ni eso era fácil de tener. “El Cangrejo” nació con un gobierno, con un poder absoluto
y con un sistema político, ideológico y económico, que controla a todo un país
a sus pies. “El Cangrejo” no es rico en dinero, más allá de que sabemos que lo
tiene no precisamente como resultado de su honesto trabajo, tampoco le hace
mucha falta, nació, creció y vive, no sólo por encima de las condiciones del
pueblo, sino muy por encima de las posibilidades y autoridades del mismísimo
gobierno, incluyendo a su más que evidente subordinado el presidente “Puesto a
Dedo” puesto en la silla presidencial por su familia, cosa que el “Puesto a
Dedo” sabe y debe.
El asunto aquí no es que “Raulito” se vista con ropas
de marcas caras, ni que pasee en yates con sus novias y amigos, que tenga una,
dos, tres joyas de oro, que haya tropezado con alguna que otra droga, menos que
coma langostas e incluso que viaje a su antojo incluyendo a los Estados Unidos
con pasaporte diplomático, eso siempre, siempre, siempre, ha ocurrido, para eso
son, como buenos señores feudales, los dueños del castillo, de las tierras, de
los ríos, de los peces dentro de los ríos y de todos aquellos que viven dentro
de sus perímetros de poder.
Eso, esa novela de lujos, eso que puede llamar la básica
atención, es lo que nos quieren vender para entretenernos. Saben que el pueblo
de Cuba, que hoy se lo está llevando el Diablo, va a reparar en esos detalles y
van a comenzar a criticarlos. Con eso cuentan y eso lo han sabido manejar
siempre. ¿Díaz Canel no sabe con qué ropa se viste su queridísima y amorosa esposa?,
¿No conoce exactamente cada ropita que él mismo lleva puesta? A esos niveles
siempre se ha competido y las tiendas preferidas de los jefes cubanos, apodados
revolucionarios, siempre han estado en New York, para lo cual tienen a otros “revolucionarios”
de confianza que se las compran.
El asunto va más allá. En dos de las reuniones de la
máxima autoridad cubana, ministros, miembros del Consejo de Estado, etc.,
ocurrida a puertas cerradas, al menos que han sido filmadas y televisadas, “El
Cangrejo” estuvo sentado en primera fila sin su abuelo, por lo que no cabe la
posibilidad de decir o justificar que en su papel de custodio lo estaba
cuidando, que estaba para recordarle las pastillas o limpiarle la baba. ¿Qué
hacia allí?, ¿Cuál era su función con su presencia? Un tipo que a pesar de sus
grados de coronel hoy, por mis cálculos puede haber terminado la enseñanza
media en Cuba, que hoy por la mala calidad a la que hemos llegado es casi nada,
así y todo asistido por los profesores porque, a quién se le podría ocurrir
suspender al nieto, aparentemente preferido de Raúl Castro y aunque entregara
las pruebas en blanco los profesores se encargarían de llenarlas, hoy aparezca
sentado junto a ministros y altos funcionarios políticos donde se está tratando
de organizar el futuro de Cuba.
¿Está como la representación del verdadero poder?, ¿Es
los oídos del abuelo que no confía en los que allí están, ni en el mismísimo “Puesto
a Dedo” que él mismo puso?, ¿Es una forma de decir, ojo, no se equivoquen, estoy
viejo, pero sigo aquí y tengo el poder?, ¿Será una forma de dejar claro que
este joven soy yo y yo estoy por encima de todos y todo?
Es la única forma de entenderlo, frente a un Díaz
Canel que además de inepto e incapaz, no tiene dignidad, lo que en buen cubano
diríamos cojones. El tipo que públicamente ostenta el cargo de presidente de
una nación tiene frente a él un presidente superior, no escondido, no detrás
del trono, sino a la cara. Gústete o no te guste, lo tienes que soportar y
peor, tienes que sonreírle.
Raulito, al parecer no contento, obedeciendo las
órdenes de su abuelo, se cae de la mata, no sólo se dedica a aparecer, sino que
habla y da entrevistas a medios internacionales.
¿Alguien puede creer que esto es una casualidad, algo
así como que periodistas venían caminando, se lo encontraron y aprovecharon
para hacerle unas pregunticas? Eso es para bobos.
Cuadrar una entrevista cualquiera a ese nivel, demora
meses, sobre todo si ella implica la presencia de extranjeros. Mensajes van,
mensajes vienen, nombres de los implicados de ambas partes, o sea,
entrevistador y entrevistado, definición de objetivos, alcances,
autorizaciones, viajes, aviones, hoteles, carros, etc., etc., etc. Sabemos
además que para la parte cubana significa, entrenamiento, asesoría, prácticas,
etc.
Entonces todo esto es un espectáculo aprobado primero
que todo por Raúl Castro, el cual debe haberle mandado un papelito firmado por él
al “Puesto a Dedo”, que lo recibió y sin discrepar dio su visto bueno.
Probablemente decenas de personas en Cuba sabían de
estas entrevistas y todos deben haberlas visto bien. Gústenle o no le guste se
la tiene que tragar y prepararse para salir a defenderla. No importa lo que
diga el nieto, no importa lo que alardee, menos cómo va vestido. ¿Cómo dudar
tan siquiera frente a una entrevista a Raulito “El Cangrejo”, nieto escogido de
su abuelo Raúl Castro, si todos suponen que a través de él es el mismísimo
abuelo el que está hablando?
Raulito, “El Cangrejo” forma parte de una nueva obra
de teatro, el joven no comprometido públicamente al no haber tenido ninguna
responsabilidad anterior, el joven no quemado en el gobierno, el joven cuya
vida está más cerca del llamado enemigo que de las doctrinas miserables del
socialismo, el joven quizás reformista interesado en cambios, sobre todo
económicos, o sea, pan y circo, mientras no cuestionen el poder político y la
estructura del gobierno que lo hace no sólo importante, sino fuerte.
Entonces aparece Raulito, “El Cangrejo” en un momento
donde el gobierno no ha podido definir para dónde se va y sólo puede pedir
resistencia, definiendo el futuro de Cuba, hablando de lo que a los cubanos le
conviene, hablando de un posible acercamiento con Estados Unidos e incluso la
posibilidad de que él se pueda sentar a conversar con el presidente de la
Unión. Y esto es grave, no simplemente por la figura en cuestión, sino que da
el mensaje, al mejor estilo medieval, de que esa isla es de ellos, junto a
todo lo que tiene dentro, incluyendo a las personas y la pueden manejar como un
negocio privado. Raulito, ojo, se presenta, como el Rey León y Díaz Canel, bien
gracias, total mutis por el foro.
¿Cuántas veces podía Raúl Castro haber parado a su
nieto, aunque él se pusiera bravo y pataleara, aunque rompiera las maquinitas
de juguete, aunque dejara de comer en protesta, por lo que pudiera ser una
injusticia de su abuelo? Infinidades de veces. ¿Cuántas veces el “Puesto a Dedo”
podría como un acto de al menos dignidad, impedir que esas cosas pasen bajo su
mandato? Muchísimas veces, incluso hablando dulcemente con su patrocinador
Raúl.
Lo que pasa no es que no puedan hacerlo, a Raulito “El
Cangrejo” en otros momentos lo hubieran desaparecido, aunque hubiera que decir
que en realidad no era nieto sanguíneo de Raúl, no existe nada imposible para
el poder cubano, sino que esto fue planificado, organizado y autorizado desde
el máximo poder. Se lo están vendiendo a Estados Unidos, porque es más que
conocido que la opinión interna no importa, y con él le están vendiendo a Cuba,
sin decir que está en venta.
Pobre Trump, Marco Rubio y el gobierno norteamericano si se van con esta bola mala. Del pueblo cubano en Cuba, ya ni hablar, no puede ser más pobre y ahora además tiene que soportar que un bueno para nada, quizás alguien que sólo pueda recoger un orinal y meter pastillas en la boca a su abuelo de 95 años, se muestre sin el más mínimo pudor como el próximo nuevo dueño.

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