Me llama la atención de que los “sentimentales”, aquellos que, por diversas causas, aún le dan un voto de confianza, a veces abierto otras veladas, al gobierno cubano, dicen que en Cuba no hay oposición, que el pueblo cubano no hace nada, que está esperando cruzados de brazos a que otros le lleven la solución a un problema que es, por encima de todo, responsabilidad de los que allí viven, o mejor los que allí sufren y mucho mejor los que allí están muriendo.
Ese grupo, no muy conforme con nada nunca, ahora en vez de mirar al bosque, la cogen con el árbol y dedican tiempo a hablar sobre los que emiten mensajes tratando de, como es habitual en Cuba y que muchos aprendieron, tratar de restar méritos al discurso, retomando constantemente que viene de personas bajas, chusmas, perdidos sexualmente, excomunistas arrepentidos, oportunistas y también mercenarios.
Esos llamados por mí sentimentales, algunos antiguos defensores y constructores del socialismo, apodado cubano, otros porque a pesar de haber emigrado no les va todo lo bien que desean y al no poder insertarse donde están, no tienen el valor de regresarse a Cuba y otros porque luego de haber tomado cervezas, comido carnes y jamones, se les olvidó cómo se vive y sobre todo, cómo se vive realmente detrás de esa vida pública que se dice se vive, también creo que por lo del viejo refrán popular que es adaptado cambiando los nombres de lugares constantemente en dependencia del interesado de: si muero aquí, que me entierran allá y así muero allá, que me entierren aquí, hoy tampoco están de acuerdo con lo que está pasando y sobre todo manifestando el pueblo cubano.
Esos sentimentales, no ven que exista y no valoran la oposición más que evidente, que ya no tiene que ver con la falta de electricidad o agua, sino que dentro de ella misma se ha ido radicalizando.
¿Qué más se le puede pedir al pueblo cubano?
Además de estar viviendo como vive, un pueblo sin medicamentos, sin acceso a los servicios más básicos humanos hoy, como el agua, la electricidad, la comida, sin hablar de la vivienda, la ropa, la simple reparación o mantenimiento de cualquier cosa, el pueblo cubano todos los días está en la calle manifestando su inconformidad.
Toques de cazuela como nunca mantenidos en las calles y dentro de las casas, cierre o bloqueo de calles, candela a lugares, manifestaciones frente a unidades de policías, sedes del partido comunista, publicaciones en las redes sociales, entrevistas, protestas por los detenidos con causas inventadas o por simple represión después de determinadas manifestaciones, que incluyen una publicación en redes que cuestionen al gobierno.
Días tras días de protestas pacíficas donde parte del pueblo, que, si quitamos a los muy ancianos, a los enfermos graves, a los niños y los anormales, son muchísimos, están dando muestras de que los cubanos se cansaron y culpan al gobierno cubano del desastre que están viviendo. Los cubanos, tal como dice el moderno refrán popular, están “dando el berro” diariamente.
Se acabaron las justificaciones retóricas del gobierno, culpando a los Estados Unidos, proceso bien administrado durante décadas y los cubanos ponen el colimador en aquellos que desde el poder dicen que los representan. Los cubanos sin tapujos exigen la desaparición de Díaz Canel, el presidente “puesto a dedo” que no sólo no representa al pueblo y ha dejado más que clara su incapacidad para resolver un mínimo detalle, sino que es el máximo responsable del conocimiento y sobre todo la represión contra el pueblo.
Es digno y llamativo señalar que, en esas manifestaciones diarias, existe por excelencia la presencia de las mujeres, madres y abuelas y sobre todo los jóvenes. Las primeras, responsables, muchas veces únicas, de la familia, los segundos, responsables del futuro.
No sé qué quieren los sentimentales, quizás aspiran a que parte del pueblo se dé candela o se tire de un puente en muestra del descontento y decidan morir voluntariamente o que desorganizados, desarmados, enfermos y liquidados emocionalmente se tiren contra las unidades militares, las casas de Raúl y Díaz Canel y los saquen arrastrados y los cuelguen de unos postes de electricidad que para poco sirven hoy o que invadan el mismísimo Comité Central del Partido Comunista, tal como hizo parte del pueblo cubano contra los casinos y hoteles a raíz del triunfo revolucionario.
Es difícil, todos los que vivimos en Cuba conocemos o debemos conocer, aunque entiendo que la amnesia puede existir, además de la doble, tercera, cuarta moral, los mecanismos que el gobierno, que no es nuevo en esto, ha venido desarrollando durante décadas para mantenerse en el poder.
Creo que hoy, por experiencia acumulada, el gobierno no se va a lanzar a una represión masiva contra los cubanos que están manifestando su inconformidad, sabe el gobierno que eso podría ser el detonante de acciones mayores, más serias y complicadas, sino que la represión es muy puntual, en silencio, digamos discreta para los ojos, sobre todo, del mundo.
Llama la atención de la presencia de las fuerzas policiales y militares, más un enorme ejército de personajes vestidos de civil que forman parte de ellas, que se mantienen impávidos frente a las manifestaciones. Los manifestantes le pasan por el lado y ellos se mantienen como si no pasara nada, obviamente, están advertidos a no proceder, pero saben que, al día siguiente, esos que más se manifestaron o fueron identificados por otros mismos cubanos que siempre han trabajado en la sombra, serán recogidos, sacados de las calles y acusados de cualquier invento llamado ley. El simple caminar por una calle, puede hoy en Cuba, llevarte a la cárcel porque se te puede acusar de alteración del orden público, así de fácil.
Creo haber escrito ya que el gobierno cubano está aterrorizado, pero no frente a una invasión norteamericana, cosa poco probable a gran escala, el miedo, más que evidente por su pataleo, es al pueblo.
A ese mismo pueblo que durante años los apoyó, a ese pueblo que Fidel Castro, sobre todo, manejó como a su manada particular mientras se inventaba y dibujaba en el aire un mejor futuro, creando y repartiendo la escasez y miseria como modo de vida digno.
¿Desde cuándo son los apagones y la falta de agua en Cuba?, ¿Desde cuándo los cubanos vimos reducir la famosa y celebre cuota equilibrada de nuestros alimentos?, ¿Desde cuándo el transporte está malo?, ¿Desde cuándo no se puede reparar o construir una casa? ¿Desde cuándo fuimos llevados a guerras?, ¿Desde cuándo se dividió a la familia, se sancionó a los que pensaban y manifestaban diferente?, ¿Desde cuándo se creó un grupo con accesos privilegiados, los jefes, las familias, los íntimos amigos, mientras el pueblo tenía cada día menos?, ¿Desde cuándo se decidió no escuchar? Que yo recuerde, esto y muchas otras cosas más, desde siempre. Tengo fotos de mi primer cumpleaños con preservativos o condones inflados, ya en 1964 no había globos.
Palabras a los sentimentales. La oposición en Cuba a la revolución siempre existió, cosa sobre la cual se nos engañó tratando de imponer la idea de que todos los cubanos apoyaron casi enfermizamente el proceso.
Es entendible, sin saber nada del asunto incluso, a todo el que le quitaron una casa, a todo el que le intervinieron un negocio, al campesino que se le quitó su producción obligándolo a cooperativizarse y comer de una bodega, todo el que fue fusilado o puesto preso bajo cualquier pretexto, más sus familiares y amigos, los homosexuales, los religiosos que se vieron obligados a esconder su religiosidad, aquellos intelectuales, artistas, poeta, compositores que fueron maniatados y silenciados en sus verdaderas intenciones, todo el que aprovechó un viaje de trabajo, una beca, un contrato o un novio (a) o marido o esposa y no regresó, fueron siempre oposición.
Todos los que aprovecharon sus posiciones, sus relaciones o sus simples trabajos para malversar, traficar, robar, en fin, lo que los cubanos definimos como "luchar", que no fueron pocos durante estas casi siete décadas, no son simple ladrones, son oposición.
Aquellos que se organizaron y crearon grupos o partidos llamados disidentes y por supuesto mercenarios, de los cuales hoy sobreviven algunos, fueron oposición.
La oposición, es cierto, siempre ha estado muy limitada, no la han dejado vivir. Cuesta trabajo, sacrificios y sobre todo riesgos, tratar de organizarse y realizar un trabajo sistemático en contra del gobierno; nada más mencionar a las Damas de Blanco con todos los problemas que el tema tiene, que tuvo una mujer líder como Laura Poyán o el Proyecto Varela, dirigido por Oswaldo Payá, el que el gobierno asegura que murió por un “lamentable” accidente de tránsito y que el resto del mundo apoyado en testigos asegura que fue asesinado. Tengo dos amigos desde la universidad con los cuales luego compartí trabajo, que desde principios de la década del 90 encabezan públicamente un movimiento organizado de oposición al gobierno y todavía uno de ellos sigue, con miles de dificultades que conozco, más otras miles que no conozco, viviendo en Cuba.
La oposición fue desconocida, sobre todo en aquellos momentos donde la información era monopolio del gobierno. Los sentimentales, se imponían diciendo que no existía y que esas personas eran pagadas por el enemigo eterno. Se cerró los ojos y se taparon los oídos y peor, se trató siempre por la fuerza de cerrar los ojos y tapar los oídos a todos aquellos que trataban de mostrar la realidad existente. Se reprimió, a veces públicamente, otras de forma muy sutil, cualquier manifestación que tratara de contradecir el discurso del “amigo”.
¿Qué hay de las oleadas de escape de Cuba, Camarioca, la Embajada de Perú, Mariel, el Maleconazo, el secuestro de aviones y embarcaciones civiles? Eventos gigantescos, más allá de casos particulares, que contradecían aquello de que todos en Cuba eran revolucionarios que apoyaban a la revolución. Cada uno de los que participó en esos eventos fueron oposición.
Hoy, el bosque, es que el pueblo cubano, al menos una gran parte de él está en las calles manifestándose generalmente de forma pacífica, no puede hacer más. Sin embargo, esas manifestaciones son muestras claras del descontento con el gobierno, responsable de la electricidad, el agua, los medicamentos, los hospitales, las calles, el transporte público, etc., etc., etc. Es la mayor oposición a un sistema político sin solución, ni salida, que se empeña en mantenerse, sólo para su beneficio, en el poder.
Esa parte del pueblo está evidenciando que no quiere más comunismo, acusándolo de todos sus males, que no quiere más la dirección del partido comunista, que no soporta a Díaz Canel y todo su combo y como nunca, con razón o sin ella, con cierto análisis histórico o sin él, sin mucho pensar en las posibles consecuencias a mediano o largo plazo, están pidiendo al gobierno norteamericano que intervenga en el asunto y que los ayude a terminar con este largo ya y difícil proceso. Aparecen en Cuba, como nunca, carteles de "Abajo Díaz Canel", acompañados paralelamente de carteles que afirman "Viva Trump" lo que resulta además de paradójico, la mayor muestra del desespero.
Esa oposición, más que la de un partido u organización especifico, más que la de grupo de intelectuales o analistas, más que la de algunos llamados influencer, es la más grande que puede existir.
¿Qué más se le puede pedir al pueblo cubano?
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