viernes, 3 de julio de 2026

670.- No hay que salvar a la revolución, porque ella no existe, hay que salvar a los cubanos de esa revolución.

¿Por qué un gobierno tendría que repetir constantemente que es fuerte y tiene que llamar todos los días a defender la revolución que dice lo patrocina? Porque sencillamente es todo lo contrario, el gobierno se sabe débil, tiene miedo y sabe que, de corazón, en esa revolución, ya no creen muchas personas.

Cuando un gobierno es en realidad fuerte y está realmente apoyado por gran parte de su pueblo, no tiene que pregonarlo todos los días, por el contrario, se dedica a trabajar para seguir satisfaciendo las expectativas, demostrando cómo las medidas que toma benefician a la mayoría.

Los gobiernos llegan, enuncian un plan a cumplir, obviamente por etapas y evalúan su cumplimiento, esa evaluación corresponde precisamente a los receptores del plan, de ahí que no siempre los resultados coincidan, puede el gobierno verlo todo bien y los receptores no ver nada claro en su gestión. Ningún plan es rígido, sólo existe ese camino rígido en algunos libros, sin embargo, las desviaciones deberán ser mínimas y mantener el objetivo central.

Cuando el plan se cambia todos los días y los caminos se alejan del objetivo deseado, sobre todo a corto plazo, pues los humanos no somos elefantes o tortugas, se convierte en una suerte de casualidades y ayuda de Dios, entonces el gobierno ha fallado, el gobierno no funciona, el gobierno, por tanto, tiene que desaparecer una vez que ha probado y probado todos los métodos y el resultado no sólo es malo, sino peor. La promesa del paraíso y la vida plena dentro de él se aleja del más simple análisis científico. Los humanos no tenemos tiempo de sobra, tenemos que comer todos los días, bañarnos, vestirnos, pagar los servicios que consumimos y por qué no disfrutar. El tiempo se acaba con una vida.

Si hay algo que a los hijos cae mal es que los padres para evaluar, corregir, exigir, recuerden constantemente que son los padres, o sea, me tienes que respetar o hacer lo que digo porque soy tu padre, frase que en algún momento todos los hijos hemos escuchado y todos los padres hemos enunciado. El efecto que esto logra es el contrario al que los padres desconocedores pretenden lograr. Los hijos no respetamos por miedo, sólo se logra por esos métodos que callemos nuestras verdaderas ideas, que cumplamos obligados en espera de poder salirnos, que aprendamos a mentir. Los hijos no quieren o respetan por obligación, es la admiración, la identificación, el compartir objetivos comunes, lo que logra el eterno amor, que bajo ningún concepto es obligatorio, la consanguineidad no obliga a querer. Por tanto, si los padres se equivocan, por desconocimiento o conciencia, los gobierno también y todos llevan su merecido. No es lo mismo te soporto porque no me queda más remedio, a te quiero.

El hecho de haber nacido en Cuba no significa exactamente que se tenga que querer ese lugar y menos estar de acuerdo o amar al gobierno que está de turno y para nada tiene que ver con una opción patriótica, de independencia, menos de soberanía. Todas estas ideas son formulaciones sentimentalistas que tratan de identificar y sobre todo retener a conveniencia. No se termina amando por haber nacido en determinado hospital de una determinada localidad, se ama por sentirse parte, por sentirse escuchado y tenido en cuenta, se ama por formar parte, por poder participar desde una determinada posición, idea, conducta, etc.

Los cubanos hemos sido históricamente, al menos en esta última etapa de nuestras vidas, muy dados a evaluar gobiernos extranjeros y no por pura casualidad tratar de influir para cambiarlos, sólo recordar la misión fracasada por adelantado del Che Guevara en Bolivia allá por la lejana década del 60 del siglo pasado, sin embargo, esa misma fuerza y “convicción” nos falta para evaluar al nuestro.

Hemos apoyado cualquier manifestación, hasta la más mínima, que haya tratado de criticar un gobierno local, da igual en Argelia, España, Perú o Filipinas, sin embargo, para evaluar al nuestro siempre aparecen justificaciones que van más allá de la realidad y pueden estar referidas y traer cualquier evento, a veces mientras más lejano mejor, da igual una sublevación de esclavos en un batey en el siglo XVII definida por la propaganda como una manifestación de independencia nacional o una marcha sindical por el aumento salarial en la década del 30 del siglo XX como una manifestación antirrepublicana.

Mientras tanto el gobierno cubano ha ganado tiempo, cosa en la que vienen desde hace décadas, hablando de defensa de la revolución, de patria, de soberanía, más el invento de soberanía alimentaria, más otro invento de soberanía eléctrica, cosas que nadie sabe lo que en realidad significan, tal como si la patria, la independencia, la soberanía fueran definiciones nuevas y sobre todo exclusivas de eso que aún se llama revolución socialista, que de lo primero, esa revolución eterna, no queda nada y de lo segundo, el socialismo, en el caso cubano caribeño, aún está por probar, a no ser que se esté llamando a un proceso que depende hoy más que nunca de mecanismo capitalistas y de los dólares del “enemigo eterno” para mantenerse en el poder los que lo tienen.

He escuchado una idea en voz de Eloy Viera, uno de los integrantes de El Toque, que me ha llamado la atención. Dijo Eloy, más o menos, no hay que salvar a la revolución, porque ella no existe, hay que salvar a los cubanos de esa revolución y eso me ha parecido genial.

La revolución ha sido nuestro gran fracaso en todos los aspectos de la vida cubana porque ella se dedicó, cumpliendo con antojos personales e intereses de reducidos grupos a destruir el funcionamiento lógico de una sociedad humana. Cuba, país medianamente fértil, donde las plantas salen y viven sobre el concreto o la piedra, hoy no tiene comida. La tierra fértil sigue allí, la mejor muestra es que está ocupada en más del 65% por el marabú que por desgracia no se come.

El gobierno cubano alardea y trata de mostrarse fuerte, sacando incluso a Raúl Castro a sus 95 años como un trofeo, porque en realidad tiene un enorme miedo y esa sensación no es por un posible ataque desde el exterior, ellos tienen un porciento muy alto garantizado que no existirá ese ataque masivo desde los Estados Unidos, ellos tienen miedo al pueblo de Cuba y están tratando de atajarlo para que no exista un desborde.

Trump y su gobierno no van a atacar militarmente a Cuba. No tienen cómo justificarlo al mundo, porque la idea de que el gobierno cubano no le cuadra, no es suficiente para enviar tropas y eso lo sabe el gobierno de la isla, el cual, no obstante, se ha victimizado en todos los escenarios posibles, argumentando ahora que Cuba es una pequeña isla, pacífica, solidaria, interesada más que nunca en mantener relaciones con los Estados Unidos. Relaciones de igualdad, para la cual han vendido a Cuba como lugar de paz, interesado en desarrollarse y entregarle ahora, a los 67 años, una enorme calidad de vida al pueblo, para lo cual ellos aseguran que están dispuestos a cualquier cosa, menos a cambiar la forma política del gobierno, o sea, cualquier cosa se puede cambiar, menos la verdadera causa del fracaso que tiene que ser cambiada.

El gobierno cubano se ha victimizado para tratar de llamar la atención y dar lástima, pero en realidad está fuerte frente a Estados Unidos, le han cogido la vuelta a Trump y sus diversas variantes u opiniones sobre el tema Cuba. Si el gobierno norteamericano estuviera verdaderamente interesado y decidido a accionar, ya lo hubiera hecho, porque le sobran fuerzas para ocuparse de Irán, de Venezuela, de las Islas Galápagos si ese fuera el asunto y de Cuba a la misma vez. Trump está jugando con su rating y está entreteniendo a no pocos.

Sin embargo, el gobierno cubano no tiene miedo, sino está aterrado de su propio pueblo, quizás como nunca en la historia de la revolución. El gobierno cubano sabe que ya no puede armar a Fidel Castro, porque dicen fue incinerado, figura que por voluntad o a la fuerza el pueblo cubano consintió. Ya no pueden sacar mucho a Raúl Castro, porque además de sus 95 años, jamás tuvo vínculos afectivos con el pueblo y Díaz Canel es la figura más desprestigiada de toda nuestra historia, más desprestigiado que el último aborigen que se emborrachaba y pegaba a su esposa también aborigen que vivió antes de la llegada de los españoles en 1492.

El gobierno cubano sabe que los que apoyaban fervientemente, hoy están viejos, enfermos, deteriorados o decepcionados y los que mejorcito están, viven hoy junto a sus hijos fuera de Cuba. Los jóvenes preparados, profesionales, se han ido marchando y lo que está quedando en Cuba de forma masiva es una parte de ese pueblo que como dice el viejo refrán popular, le da lo mismo que crezcan los niños o los accidentes. Parte de esa parte está esperando que se le resuelva el problema y está demostrado que es capaz de acomodarse el socialismo, al esclavismo, al feudalismo, e incluso a la comunidad primitiva de igual forma.

Una parte del pueblo cubano, mención de honor para las madres y abuelas, está protestando, pero de ahí no se ha pasado. Protestas aisladas por cansancio, que aún el gobierno puede controlar y entonces es ahí donde aparece el terror y para evitarlo el control y la represión.

Ellos saben, porque son muy capacitados en estos temas, que al pueblo entero en la calle no hay quién lo reprima. No se puede meter preso a 1, 2, 3 millones de personas y contra eso están jugando al policía bueno y al policía malo.

Por un lado, se sigue hablando de que el pueblo apoya a la revolución, por ciento que cada día es menos y por otro se está desapareciendo a cualquiera, incluyendo jóvenes de ambos sexos e incluso menores de edad, para evitar que el río que ya trae piedras se desborde.

Están aterrorizados quizás como nunca, porque están viendo la candela llegar. Un cubano no significa mucho, 100 cubanos no hacen un bosque, pero 100, 200, 400 000, sí.

Ha desaparecido del dialogo popular aquello de Patria o Muerte, porque sencillamente nadie en su sano juicio en realidad, menos los jóvenes, quiere morir. Patria o Muerte ha quedado para los discursos que cada día menos personas siguen y el gobierno, por mucho que diga lo contrario, lo sabe.

Y ahí está la fuerza. No se puede esperar por Trump, porque él, por mucho que aparenta, no tiene el problema arriba. No se puede esperar por Trump porque sencillamente a él no le corresponde iniciar el proceso de cambiar las cosas en Cuba.

A Cuba tiene que defenderla de esa revolución y liberarla, el pueblo cubano que allí está.

 

 

 

 

 

 

  

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