domingo, 5 de julio de 2026

671.- Mejor sería: Grita por tu Libertad, que yo te Apoyo, pero ....

Procedo de una familia santiaguera. Tres de mis abuelos nacieron en aquel lugar y una de ellas, mi abuela materna, aunque nació en Cienfuegos, muy joven se mudó a Santiago de Cuba y allí vivió conscientemente como adulta muchos años de su vida, por lo que le toca y le otorgamos también la categoría de hija de la Ciudad Héroe.

Mis dos padres, nacieron, se desarrollaron y parieron en aquel lugar a su primer hijo, yo, por tanto, aunque hijo adoptivo de La Habana, a donde me llevaron al año y medio de vida, me corresponde también ser santiaguero.

Más allá del lugar de nacimiento, que puede ser circunstancial, hay personas que nacen en un barco, en un avión, en un viaje de turismo de sus padres o en el lugar de trabajo de sus progenitores, me crie dentro de una familia santiaguera en La Habana.

De más está decir a los cubanos, que los santiagueros siempre se han mostrado diferente sobre todo en esa competencia semi infantil con relación a los habaneros.

Primero Santiago de Cuba se cree merecedora de la categoría de capital de Cuba, en efecto, porque al principio de la etapa colonial, así lo fue. Luego Santiago de Cuba, junto a la zona Oriental toda, fue gran protagonista en todas nuestras luchas por la independencia y luego en la lucha revolucionaria de las décadas del 40 y 50 del siglo XX. No se puede ocultar lo que ocurrió en otras zonas del país, incluso los movimientos en la propia capital, pero en Oriente, por su cercanía a la zona montañosa más grande e importante de Cuba los eventos fueron mayores.

Santiago de Cuba puede ser la ciudad cubana que más aportó a las luchas revolucionarias y que más muertos puso. Recuerdo que una vez, con el objetivo de reconocimiento y creo que una maniobra para ser bien aceptado más allá de por ser negro, el Comandante Juan Almeida durante años destacado en la zona oriental, ordenó colocar tarjas conmemorativas en aquellas casas donde había existido un revolucionario muerto o desaparecido y la acción tuvo que ser detenida, la ciudad de Santiago de Cuba se llenó de tarjas; no existió una cuadra donde no aparecieron clavadas en las paredes, dos, tres, cuatro placas de bronce.

Todo eso, ha creado al santiaguero. Es cierto, los que no han sido pulidos por la cultura habanera, como yo, generalmente son prepotentes, bulleros, echa´os palante, medio frescos o sin muchos filtros o límites, creedores de poseer la única y absoluta verdad, más revolucionarios que la propia revolución, más fidelistas que el propio Fidel Castro.

Santiago de Cuba en esta última etapa, es la poseedora del Cuartel Moncada, de la Granjita Siboney, del 30 de Noviembre, de la gran figura de Frank País, entre otras muchas verdades, también del Caney, donde se dan o daban los mejores mangos de Cuba, el famoso café cubano de la Sierra Maestra, nuestro ron insignia, el Ron Bacardí, la mejor y clásica exposición de la Trova Cubana y por supuesto, los mejores carnavales de toda Cuba.

Los carnavales de Santiago de Cuba para Cuba vienen siendo, salvando las diferencias más que obvias, los carnavales de Río de Janeiro para Brasil, quizás no por lo espectacular del asunto, sino por el disfrute. Los santiagueros además de revolucionarios son carnavalescos, congueros, arrolladores, músicos, etc., desde siempre.

Creo yo, sin saber mucho exactamente del tema, que la conga santiaguera, es el resultado o herencia del llamado Cinturón Negro, o sea, la gran presencia de la población negra, primero esclava y luego libre, que rodeo a la ciudad a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Presencia negra también procedente de Haití y quizás un poco de Jamaica, en los cafetales, fusionada con la cultura negra cubana.

Los carnavales santiagueros siempre tuvieron sus diferencias, cada barrio tenía sus canciones, sus congas con sus estribillos que se repiten y repiten, cosa que logra el éxtasis y cada población arrollaba, o sea, bailaba diferente.

Cuentan los que vivieron esas etapas que había congas “decentes”, tranquilas, de cierto nivel a las que gustaban ir, las llamadas por aquellos años, personas de bien y había congas que venían de los barrios más pobres de la ciudad, puro pueblo, en las que podría correrse algún riesgo en participar. Así también se diferenciaba la sociedad, congas agradables, donde participaban los vecinos todos, sobre todo, los jóvenes de bien y congas de barrio, que eran las más sonadas, las más bailadas, quizás las mejores, donde salían los “desarrapados” de aquella época a desarraparse.

En esto de las congas y el arrollar detrás de ellas tengo historias, mi padre, por aquellos años no revolucionario aún, sólo un joven más que trataba de sobrevivir y sobre todo vivir vacilando la vida, al decir de sus amigos era famoso en aquello de los carnavales y las congas.

Era típico que las personas, mi padre incluido, salieran a arrollar vestidos de una “kimona”, a lo que luego llamamos bata de casa, con los pantalones remanga´os y “cutaras”, o sea, chancletas de madera, a veces con una sombrilla. Mi padre era muy santiaguero, creo que lo fue hasta que murió y en eso de los carnavales y las congas, más las muchachas, el ron y el cubilete, parece que se lo tomaba muy en serio.

Todo aquello creaba un efecto mágico de cíclicos espectáculos anuales. La conga santiaguera no levanta los pies, las personas arrollan muy pegadas unas detrás de las otras, por lo que el sonido de las chancletas con el asfalto crea un acompañamiento a la música de tambores, llantas metálicas y la típica corneta china.

Yo soy habanero por adopción, aunque visité muchas veces Santiago de Cuba recorriendo sus lugares históricos muchas veces en mi vida, creo que no podría vivir allí definitivamente, además desde muy joven soy fanático al rock, género lo más alejado posible de cualquier manifestación musical cubana y, sin embargo, no puedo dejar de moverme frente a una conga de esas de tambores y cornetas chinas, si la conga es santiaguera que posee una enorme capacidad de contagiar, la influencia que siento es mayor.

Los carnavales son típicos de toda Cuba, incluso en los momentos más difíciles de su historia, los de La Habana, capital al fin, los más vistosos. Cuando varias ciudades de Cuba estaban en candela por la represión, los presos y los muertos en medio del último periodo de Batista, La Habana, mostraba carnavales. Muchas veces mi abuelo, huyendo a la posible captura de batistianos, se refugiaba en la capital que estaba de fiesta. Entendible, La Habana era, como hoy continúa siendo, la cara a mostrar al mundo. No pasaba nada, se estaba en carnavales.

Los cubanos, fieles caribeños, somos dados a la música y al baile, no importa lo que esté pasando en otros ámbitos de nuestras vidas. Se puede ser pobre, incluso extremadamente pobre y el baile y la música, a veces hecha sólo con las manos nos ha acompañado siempre. Muchas de nuestras mejores manifestaciones musicales, el guaguancó, la rumba, la conga no tienen un origen rico, todo lo contrario. No importa que no se tenga agua para un buen baño, no importa que la ropa se sude, no importa si hay hambre o sed, en esos momentos lo importante es arrollar. Ya luego se verá.

Durante la colonia, momento difícil sobre todo para los esclavos, el Día de Reyes, además de tener una connotación religiosa católica oficial, las autoridades coloniales autorizaban a los esclavos a desfilar y bailar por las calles acompañados de sus ritmos, cantos y bailes. Era una suerte de concesión “benefactora” para aquellas personas, que ese día, al menos ese día eran libres, por lo que podían estar jodidos todo el año, podían incluso tratar de sublevarse y parar torturados o muertos y al mismo tiempo se desquitaban del “hombre blanco” un día al año con sus religiones, sus músicas y sus bailes. Una cosa, no quitaba la otra.

Los carnavales y sobre todo las congas, con estribillos salidos, no de estudios de grabaciones profesionales, ni de ilustrados y famoso músicos, sino de dichos y experiencias populares, forman parte de nosotros, incluso en todos estos años de depresión y represión, incluso en el peor momento de nuestra historia que puede ser el que se está viviendo hoy. La conga, el arrollar detrás de tambores, el baile, quizás nos haga olvidar momentáneamente.

Nada es entonces extraño. Los mismos cubanos que hoy por la noche tocan cazuelas en muestra de su inconformidad con el gobierno, los mismos que están pintando las paredes con Abajo el Comunismo, Abajo Raúl, Díaz Canel Singa´o, los mismos que están deseando que el gobierno desaparezca de una vez por todas, son los que alegremente, sudan en una conga que recorre las calles de cualquier ciudad cubana. Si se espera que los cubanos estén todos trancados en sus casas, discutiendo sólo sobre ideas políticas, amargados, serios, deprimidos, no los conocen. Somos una isla en medio del Mar Caribe, no somos continentales, por tanto, nos patrocina el vivir el momento.

No conocemos de cantos gregorianos, no sabemos mucho de los villancicos católicos, pero en Cuba, como dice el viejo refrán, “el que no tiene de congo, tiene de carabalí”, haciendo referencia a dos de los orígenes más famosos de los negros esclavos, aunque no tengamos agua, electricidad, comida, ni libertad, se seguirá cantando en los solares, se seguirá arrollando en las calles.

Lo llamativo de todo esto, no son los carnavales, el alcohol, las congas espontáneas, que no son organizadas por el partido comunista obviamente, alguna que otra bronca que siempre ha existido en esos ambientes, lo llamativo está en muchos estribillos.

Recientemente la ciudad de Matanzas ha estrenado una nueva conga que dice: “Pincha, que yo te cargo la jaba”, disfrutada paradójicamente, no por aquellos viejos conocedores de la tradición, sino por una inmensidad de jóvenes, donde según mi observación, sigue primando el color negro de la piel, o sea, congos y carabalíes todos juntos quienes desenfadadamente bailaban, cantaban, sonreían y disfrutaban.

Ese puede ser la mayor muestra del fracaso de la revolución cubana, porque debería ser una juventud diferente, sobre todo para la que se dice se hizo y se hace esa revolución

Y es ahí donde parece estamos jodidos. Pincha hace alusión al uso de armas blancas para herir o matar, otorgando cierta aceptación al proceso de violencia que hoy más que nunca existe. Picha significa que se está aprobando el robo y el asesinato. Yo te cargo la jaba está haciendo referencia a lo que los familiares y amigos hace para con sus presos, o sea, es la acción que garantiza que el que está sancionado en una cárcel pueda recibir sobre todo comida, para mejorar su situación al menos alimentaria.

Pincha que yo te cargo la jaba quiere decir hiere, mata, roba, asalta, que no pasa nada, yo te entiendo, yo te apoyo y te mantengo, sobre todo yo te justifico. Esa es la mayor muestra del desenfoque social, es la aceptación y el reconocimiento de una realidad triste, que va más allá de un tema económico y que durará mucho más tiempo en resolverse que la simple producción de alimentos.

En realidad, como consecuencia de la actualidad que se vive, hubiera sido mejor que la conga dijera: Grita por tu libertad, lucha por tu independencia, que yo te apoyaré, pero no sería entonces una conga popular de hoy, sino el resultado más que elaborado de un cerebro disidente profesional, un partido o grupo clandestino en Cuba u otra cosa parecida. No es así.

No seamos tan patéticos a la hora de evaluar. Las congas seguirán existiendo, las personas seguirán bailando y arrollando detrás de tambores, porque es parte del cubano y del cubaneo. No seamos tan rígidos y exigentes, lo malo no es sonreír, cantar y bailar, lo malo está en el visible deterioro social donde una de sus manifestaciones son algunas de las ideas que se exponen, pero ese equivocado, desorientado, culturalmente destruido, es también pueblo cubano.

No aseguro que todos los cubanos estemos en lo mismo, no pensamos y nos manifestamos de la misma forma, pero esa realidad de pincha que yo te cargo la jaba, no se puede desconocer. Esa es también una parte, triste, fea, de lo que está quedando en Cuba, quizás de esa parte, joven por excelencia, que quiere los dólares sin trabajar y estudiar, que sueña con el “American Way of Life”, sin conocer exactamente dónde queda la parte de Norteamérica a la que llamamos “La Yuma”.

Los pueblos no son partidos políticos, menos de conjunto un grupo homogéneo extremadamente ideogilizado. Los pueblos, muchas veces antes de obtener una victoria, gritan, lloran, dicen malas palabras, cometen errores, se fajan entre ellos y además, sonríen, cantan y en el caso cubano arrollan en una conga.


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