Bueno, continuo en el tema de las ideas, es una
lástima que no me paguen por esto, porque tendría mi vida muy bien garantizada,
quizás podría comprarme el avión de mis sueños y podría viajar, viajar y viajar.
Sobre mi último escrito, que en realidad sólo lo que
hice fue dar a conocer más, imagino, un artículo del Dr. Israel M. Fugundo,
persona autorizada por su profesión, pero, sobre todo, por estar viviendo en
Cuba, escenario de lo que se narra, he recibido muchos comentarios, todos, y es
válido decir que apoyando, suscribiendo, y para nada criticando negativamente
lo que se expresa. Lo que me hace concluir sobre la certeza, o al menos la apreciación acertada y cercana a lo que se cuenta no está exagerado, como una simple acción para ganar
ratings, cosa que está hoy muy de moda con la simple acción de seguir haciendo
leña del árbol caído, porque caído ya está.
Para esta ocasión mi madre me deja sus ideas, que para nada son
nuevas para los cubanos, sin embargo, para mí como hijo que conoce exactamente
su historia, me sirve de consuelo y como se trata de mi madre, tengo
autoridad sin pedírsela para hacerlo público.
Ella, que formó parte de aquel ejército que
voluntariamente creyó y más, se incorporó a cambio de nada o muy poco, a
trabajar por aquel gobierno que mantuvo el apodo de revolución, ya no puede
cerrar más los ojos, mirar hacia el otro lado y seguir por inercia.
Ella llega a coincidir conmigo, quizás como nunca
antes, lo que para mí en el plano muy personal significa un triunfo, lo que
dice para nuestra relación madre-hijo que, tal como decía mi abuela Tomasa, apelando a un viejo
refrán: “mientras el hacha va y viene, hay lugar para la esperanza”.
Ella comienza su escrito diciéndome: “Coincido con tu
criterio del tema del cual reflexionas en este artículo”, coincidencia confesada,
es cierto que he tenido que esperar a mis 63 años, pero al final coincidencia
sincera que sólo los enfermos del cerebro serían incapaces de no ver.
Claro, todavía me queda trabajo, esa es una de mis
propuestas de vida, entender que mi madre tiene 82 años y trabajó en Cuba hasta
una semana antes de mudarse de país hace tres años ya. Nadie podrá pensar que
abuso, menos podrán acusarme de maltrato doméstico, ella aún tiene su cerebro extremadamente
claro, por lo que me tomo lo de su avance como algo consciente y por qué no, hasta que me pueda comprar el avión, un logro personal.
Ella aun siente alguna confianza, no se puede pedir
más, quizás como única solución que ve, quizás como un destello de esperanza, antes
de pedir la decapitación de todos los del gobierno, cosa para la cual hay que
haber experimentado una determinada radicalización, lo que lleva tiempo,
cuando me escribe: “Según mi consideración la única
solución […] a la situación […] es la inteligente y oportuna actuación de los
altos decisores cubanos ante el actual escenario existente. Comenzando por la
rápida implementación y control de las últimas medidas económicas recién
informadas …”.
Y aquí merece un aparte, según mi consideración,
lo que se define como altos decisores no pueden arreglar absolutamente nada, ni
con las medidas, ni con las otras medidas, ni con más medidas. Esos decisores
lo primero que hicieron fue retrasar a conveniencia las medidas, no les convinieron,
no las necesitaron para ellos vivir bien y prefirieron meter al pueblo en un hueco
del cual parece, primero, que no tiene fondo, segundo, del cual no se va a salir.
Luego si existe algo que el gobierno-revolución
cubana ha sido fértil, es precisamente en las medidas: paquetes de medidas,
grupos de medidas, bultos de medidas, batido de medidas, que no sólo no han resuelto nada, sino que
han terminado agravando, complicando, trastocando, etc., la vida del cubano.
No hay una medida, sobre todo de estos últimos
años, que ya van para muchos, que los decisores hayan tomado que represente un
mejoramiento estable para ese pueblo, que aún vive allí, bajo la palabra “resistencia”,
que no es para nada un rasgo excepcional del pueblo cubano, sino sencillamente la
sobrevivencia y el no dejarse morir, característica que ha venido acompañando
al humano desde que se inventó o desarrolló a partir de un tipo especial de
mono.
Los decisores no pueden resolver absolutamente
nada, más allá de encomendarse a Dios, porque sencillamente, más allá de malos
o buenos, no tienen la capacidad, menos la voluntad de resolver de una vez y
para todas. Las medidas viniendo de forma independientes o en paquetes, siempre
han sido tomadas para ganar tiempo, controlar lo que no se puede controlar, reprimiendo
cualquier forma de progreso fuera del dominio exclusivo del gobierno y
garantizarse el poder que garantiza la buena vida.
Mi madre, difícil para mí, me dice “Ya no hay
tiempo para que los decisores continúen con caprichos, llueve sobre lo mojado.
Vale más tarde que nunca, porque la vida es una sola” y lo llamativo no es la
conclusión con la que además concluye su escrito, sino que reconoce, quizás como
nunca antes dos cosas: una, menciona la palabra caprichos, lo que se acerca a
lo que tantas y tantas veces hemos debatido, ya no hay explicaciones
románticas, búsqueda de explicaciones lógicas para la ilógica, etc.; dos, porque
reconoce el fracaso total, sin mencionar o enumerar lo fracasado, diciendo que la vida es
una sola, no hay más, se acabó el tiempo, lo que se promete hay que cumplirlo,
lo que no se planifica terrenalmente para una vida no tiene el más mínimo
sentido para el hombre. Caprichos y fracasos.
Sigue siendo un privilegio, por mucho trabajo que a veces me cueste, tener a mi lado una persona con la posibilidad de pensar, coincida conmigo o no, aunque es justo decir que nuestras coincidencias actualmente han ido en aumento y yo no me he vuelto comunista.
Aquí les dejo sus ideas, nombradas por mí como True Confessions, aprovechando el nombre de una muy buena película, más allá de mis interpretaciones.
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“Coincido con tu criterio del tema del cual reflexionas en este artículo.
No conocía de la publicación que refieres del Dr. Israel Manuel Fagundo Pino, por lo que me alegra la hayas compartido. Es
una magnifica reflexión de la real situación que están afrontando actualmente los
cubanos. La inmensa mayoría de ellos están en modo de supervivencia económica y
también psicológica. Desde lejos, puedo comentar que con la totalidad de las
personas que a diario me comunico a través de mensajes, y que en su mayoría son
de la tercera edad, manifiestan casi todas tener las mismas penurias
cotidianas. Prácticamente ya no hay otros temas de conversación con amigos y
familiares, que no sea narrar las escaseces y dificultades diarias referidas
por el Dr. Israel y otras más cuyo listado es enorme.
Como a las familias cubanas de cualquier sitio se
les va el día buscando opciones de solución para poder sobrevivir, no hay temas
agradables de conversación porque prima saber cómo les va la salud, como
resolver los alimentos diarios, las medicinas, agua, paneles solares, ecoflow,
etc. Son los mismos monotemas de anos, pero agudizados, y sumados otros nuevos.
No hay que ser especialista en Psicología o
Psiquiatría, sino solo tener humanidad, empatía y solidaridad para darse cuenta
el alto nivel de ansiedad, estrés, desesperanza, desmotivación, irritabilidad y
agresividad, que una gran parte de la población cubana manifiesta por
diversidad vías. Pero además este impacto es tan grande, que una parte de los
emigrados cubanos con los cuales me relaciono, también se sienten afectados y
muy preocupados por dichas dificultades. Y estamos propensos a padecer también
esos críticos estados mentales, que pueden llegar a afectar nuestra salud
mental al conocer la vida que están teniendo nuestros familiares y amigos, cuya
solución no está en nuestras manos.
Pienso que estos estados mentales y comportamientos
no se solucionaran solo con tratamientos psiquiátricos, ni medicamentos para
los nervios, aunque de seguro ayudaran, sobre todo a las personas de la tercera
edad.
Según mi consideración la única solución a la
situación que se comenta en el artículo es la inteligente y oportuna actuación
de los altos decisores cubanos ante el actual escenario existente.
Comenzando por la rápida implementación y control
de las últimas medidas económicas recién informadas. Además de otras que según
considero están aún pendientes, del campo de lo político y social.
Por muy fuerte que la persona sea, con una buena
salud mental y no quiera expresar la grave crisis que están viviendo, la
realidad se impone. Todos los cubanos en mayor o menor medida resultan
cotidianamente impactados por las dificultades actuales bien sea por la mala
gestión interna o por presiones externas Y lo peor es que hasta hoy, no se
vislumbra una solución a corto plazo que haya sido informada.
Considero que para que la situación de
sobrevivencia psicológica no se continue profundizando es necesario que las
personas tengan esperanzas que, en el presente, en el corto plazo, los
principales y graves problemas cotidianos tendrán una opción de solución. Ya no
hay tiempo para que los decisores continúen con caprichos, llueve sobre lo
mojado. Vale más tarde que nunca, porque la vida es una sola”.

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