miércoles, 16 de septiembre de 2026

688.- Para los que pensamos con nuestros bolsillos.

Me siento obligado a repetir, ya no sé por cuál vez, que voté convencido y alegremente por Donald Trump. No porque yo fuera republicano y tenía un cierto compromiso partidista histórico, en realidad no formo parte oficial de ningún partido, sino que me pareció un hombre lo suficientemente fuerte de carácter para enfrentar lo que estábamos viviendo.


El hecho de no venir del mundo político por excelencia, no me dio miedo, todo lo contrario, entendí que al no tener los compromisos conocidos y los no conocidos con que se mueve la política, tanto la nacional como la internacional, estaría más cómodo para, tal como dijo, limpiar el pantano profundo, llamando así a la corrupción, los favores, los compromisos, las alianzas e imagino el dinero con que se mueve el gobierno norteamericano, que los simples mortales no conocemos a exactitud, pero a todas luces por lo poco que se conoce y filtra, existe.

Me convenció Trump por varias de sus ideas de campaña, al menos para mí las que más me motivaron a escucharlo, sabiendo incluso que de ideas para ganar votos a lo que luego se puede o quiere hacer va un trecho, sabiendo yo que Trump es un actor, que gusta de las cámaras y luces, que gusta de llamar la atención.

1.- Sacar a los delincuentes, los asesinos, los vendedores de drogas, los violadores, que no eran norteamericanos, porque ya con los que son norteamericanos tenemos que luchar, porque sencillamente, republicano, demócrata, verde, morado, amarillo pollito, LGBTQ más todas las otras definiciones que existen o puedan existir en ese giro, necesitamos un país tranquilo donde vivir. Necesitamos un país donde sea seguro ir a una iglesia, a un supermercado, a un teatro, donde podamos estar seguros dejando a nuestros hijos en la escuela o dejándolos ir a un mall o un cine con sus amigos. Necesitamos un país donde no se vendan drogas fuera o dentro de las escuelas y donde en cada esquina no aceche un violador. Los asesinos, los violadores, los vendedores de drogas sean del país que sean, sean de la clase o extracción social que sean, no deberán vivir en un país que trabaja y trata de ser feliz. Todos deberían estar presos, muertos o deportados.

Es cierto que los problemas que tenemos no son todos ocasionados por los llamados indocumentados y que estos no entraron todos ayer o en el último gobierno demócrata, pero también es cierto que no puede un país, sea cualquiera, vivir con cerca de 15 millones de personas que no se sabe que existen, dónde están, qué hacen.

Esto de los indocumentados es un gran problema que nadie puede suponer que se resuelva en un período de gobierno. Esos indocumentados han venido entrando desde hace décadas, han conseguido trabajos y muchos trabajan muy fuerte, se han casado, han tenido hijos que son ciudadanos norteamericanos, han comprado casas, carros e incluso son dueños de pequeños negocios familiares. ¿Cómo los indocumentados logran hacer todo esto, es realmente confuso? 

Muchas empresas durante este mismo tiempo se han hecho los de la vista gorda y les han dado trabajo, amplificando el tema de que se puede llegar y trabajar sin papeles. Muchas empresas de rubios americanos, han hecho mucho dinero con estos indocumentados y ahora se limpian las manos. He visto a muchos indocumentados cogidos en medio de la calle, todavía no he visto una acción con las empresas que los emplean.

Entonces organizar todo este tema, más allá de los delincuentes públicos, es extremadamente complicado, por lo que necesitaría de una voluntad política, esté quién esté en el Salón Oval. Dar garantías de que se podrán legalizar, siempre que no tengan ni una multa de tránsito, es algo difícil, más ahora donde las personas que lamentablemente no han podido o no han querido regularizar sus estatus, están asustadas y no confían en una solución, digamos, “elegante”. Por la forma en que se ejecuta la medida, me parece más que se está tratando de cumplir con una meta, con un número que con la justeza y la lógica.

No pensé que podría ver aquí lo que viví en República Dominicana, o sea, personas corriendo, específicamente haitianos, tratando de escapar, delante de las llamadas fuerzas del orden. Cacería humana brutal bochornosa para un país como este.

La idea del gobierno de Trump no es mala, sacar a los que tienen que ser sacados por mala conducta, pero la aplicación de ella se ha desbordado, porque de buenas intenciones está empedrado el camino al Infierno. Aclaro que soy inmigrante, un día crucé la frontera sur, fui bien recibido y llegué al país de mis sueños, lo único que he hecho es honrar esa idea y posibilidad, incluso hoy ciudadano la de votar.

2.- Hacer Estados Unidos grande nuevamente. Esta es una idea que puede taladrar el cerebro de cualquier persona. Hacer grande a Estados Unidos, a Cuba, a Japón, a Alemania, a Brasil o Argentina, al Congo, etc., da igual, siempre es una idea bien recibida porque todos queremos vivir en un país que sea grande, no por su tamaño geográfico, sino por el modo de vida que se logre. Históricamente todos hemos luchado por alcanzar esa idea, no importa si fuera aplicada a una aldea, a un barrio, a una provincia o un país entero, por eso la idea de hacer grande se repite y repite sabiendo que logrará movilizar.

Es cierto, nuestro país ya no es lo que fue, ni desde el punto de vista económico, ni desde el punto de vista político estratégico. Estados Unidos, para el exterior, ahora no sé si por malas decisiones, ingenuidad o intencionalmente fue perdiendo poder, el poder que asigna la vida a la potencia más grande y fuerte de todo el planeta. Tengo la percepción de que no sólo se agredían a Estados Unidos, sino que se burlaban de él. Luego, Estados Unidos bajo su promesa de libertad y democracia dejó crecer dentro de nosotros mismos a nuestros enemigos, que silenciosamente han ido tomando poder, han ido sumando adeptos, personas desconocedoras, quizás ingenuas y súper buenas de corazón que siempre existen, frustrados, inconformes y mal intencionados. ¿Los que gobiernan, no los vieron venir o los vieron, los auparon, los consintieron conscientemente?

Hacer grande a los Estados Unidos, significa hacer grande a cada norteamericano, porque no existe un país rico si mantiene a un pueblo pobre. Ya esa idea se experimentó con el comunismo, lograr un país rico con un pueblo sumido en la pobreza y no funcionó. Él mismo se destruyó sin que hicieran falta guerras, tiros, alzamientos, etc.

Los norteamericanos, los que aquí vivimos necesitamos un país grande, seguro, próspero y eso significa tomar buenas decisiones políticas sobre todo para el interior y sobre todo tomar buenas decisiones económicas, todo lo que debe generar tranquilidad ciudadana.

Hacer grande a este país, significa, como primero, que la gente trabaje y que el salario alcance cómodamente para vivir. Significa que las personas estén de acuerdo con que lo que pagan está equilibrado con lo que reciben y poder hacer planes a futuro sin que esto le quite el sueño a alguien.

Para hacer a Estados Unidos más grande de lo que parece ser, se necesita crear un área de apoyo internacional y no tener que luchar contra todos los países que nos rodean, a veces por guerras sin tiros que nos comprometen, nos toman tiempo y dinero y nos quitan seguridad.

3.- Cero guerras. Esto es una idea fantástica. Las guerras, salvo que sean en defensa, no deberían existir. Estados Unidos, dijo el discurso político, no debe ser el policía del mundo y meterse en cada uno de los conflictos que se crean, más cuando esos conflictos están al otro lado del mundo del cual el común norteamericano ni idea tiene de dónde quedan. Las guerras llevan tiempo, mucho, muchísimo dinero y, sobre todo, lo más importante consumen vidas.

Vivo en Estados Unidos hace ya 14 años y me arriesgaría a decir que, al norteamericano común, o sea, eso que se llama pueblo, sin desconocer que todos somos pueblo, incluyendo a los altísimos políticos y riquísimos empresarios, a los vagos y delincuentes, ni sabe nada, por ejemplo, de Irán, muy poco de Venezuela, menos de Cuba por mucho que nos creamos importantes.

Ese norteamericano lo que sabe es que su hijo, su hermano, su esposo, su padre está en una guerra y peor, lo que descubre es que un día lo regresaron dentro de un ataúd de madera cubierto con una bandera norteamericana. El norteamericano lo que sabe es que gracias a la guerra y lo que cuestan, su cerveza, su carne, sus hamburguesas, su gasolina, su casa, etc., están más caras y eso si los afecta.

Muchos súper politólogos, súper analistas, hoy los súper influencer, o sea, cualquiera que se plante frente a una cámara y deje correr sus ideas, alardeando de que conocen de lo que hablan, se quejan de que el norteamericano común, o sea, esa parte del pueblo que ya sabemos cuál es, piense con su bolsillo y sólo se mueva a partir de la afectación personal que recibe y eso me parece lo más común del mundo.

Las personas están dispuestas a aguantar una crisis, un momento difícil, todos las tenemos, siempre existen, pero con la esperanza de que sea transitorio, circunstancial y que pasará en corto plazo; si esto se prolonga en el tiempo, si esto se convierte en torturante, si las personas ven disminuir su real poder y con esto cambia la vida, entonces no funciona.

Hacer un país grande y no meternos en guerras que no sean para defendernos, significa que las personas comprueben que viven mejor y vivir mejor significa pagar menos y recibir más o al menos pensar que recibimos lo mismo por lo que pagamos.

Es cierto, no somos un pueblo politizado, donde todos y cada uno de nosotros es un líder capaz de arengar a las masas y movilizarlas. Es cierto no somos un pueblo de académicos, que pasa el día leyendo noticias e investigando. Es cierto, somos un pueblo que en su mayoría piensa con su bolsillo, más allá de determinados movimientos de las ideas, generalmente lidereadas y ahí la contradicción, por personas que tienen sus bolsillos llenos y no les hace mucha meya el precio de la gasolina o los huevos. 

No pensamos con el bolsillo, pensamos como todo el mundo con el cerebro, pero la economía tiene en ese pensamiento un gran valor. Quizás seamos un pueblo menos hipócrita, más sencillo y pragmático, al que no le interesa aparentar. Si mi familia, la familia del amigo, la de mi compañero de trabajo, la del vecino está bien, todo funciona, si no, todo está jodido.

El pueblo norteamericano es un pueblo trabajador, de eso no puede quedar la menor duda, no politizado y eso me parece muy bien porque lo que crea riquezas es el trabajo, los políticos lo que hacen es gastarlas, en nombre de …la política.

Creo que el problema más grande no es votar por alguien que te pareció que tenía buenas ideas. La vida cambia. La mayor parte de las personas se casan enamoradas, describen su amor como único y superior y al poco tiempo muchos se divorcian porque por miles de razones reales o inventadas no pueden vivir juntos, incluso unos matan a los otros. Los padres son buenos hasta un día se equivocan, cometen errores fatales, incluso llegan a abusar de sus hijos. Un trabajador es años bueno, hasta que un día se levanta y roba, malversa, se corrompe. Una persona pasa su vida siendo muy buena, hasta que un día, por factores reales o inventados, se entrega al alcohol o a la droga, ataca, agrede, mata o muere.

Entonces los políticos, que para nada son excepcionales más allá de sus trajes caros bien planchados más allá del partido que representan, prometen y prometen, los mejores logran hacer cosas buenas, los otros no cumplen con lo que prometieron. Las causas también suelen ser muchísimas. Lamentablemente no todo es bueno, bueno, pero por suerte tampoco todo es malo, malo.

Entonces el votar por un político no puede imaginar, menos asegurar que todo se va a mantener viento en popa, eso sería lo ideal, lo malo sería no reconocer los errores, los fracasos, las promesas lindas pero incumplidas y caer en el fanatismo. ¿Si no debemos ser fanáticos frente a nuestras parejas, a nuestros hijos, a nuestros padres y menos a nuestros empleadores, por qué lo vamos a ser con alguien que, a miles de kilómetros, sin conocerlo, sin que exista un compromiso personal, no nos beneficia?

4.- La idea de acabar con los enemigos de Estados Unidos y el comunismo y su influencia, al menos en nuestra área más cercana de actuación, me parece genial, sólo decir que pasé la mayor parte de mi vida debajo de un gobierno comunista, que sólo ha logrado acabar con mi país de origen. Sobran los comentarios.

La idea de parar a China me parece necesaria, al menos en su relación con Estados Unidos. China es una potencia creada artificialmente, porque los chinos no son todos genios, pero la situación, sin dudas, fue muy bien aprovechada por los chinos comunistas. Estados Unidos perdió fuerza productiva y con ella puestos de trabajo y dinero, se endeudó y comenzó a comprar productos chinos de mala calidad vendidos a altos precios a los ciudadanos norteamericanos. ¿Nadie lo vio o lo hicieron a exprofeso?

Irán me queda muy lejos y es algo que ha tenido muchos de atrás para adelante, informaciones contradictorias, batallas ganadas y batallas perdidas, ambas partes se proclaman vencedoras, imposibilidad del país árabe de producir la buscada bomba atómica y el petróleo que va y viene por el Estrecho de Ormuz que hoy no sé quién lo controla, dirige y recibe los beneficios.

El tema Venezuela está inconcluso, sacaron a Maduro, bien hecho, pero dejaron al chavismo-madurísmo intacto, ahora parece transformado en maduro-chavismo-trumpismo, con un supuesto beneficio del uso del petróleo venezolano que aún el pueblo norteamericano no ve.

Sobre Cuba, pienso que la Casa Blanca actual compró pescado y luego le cogió miedo a los ojos. Es fácil decir que se puede acabar con un gobierno en un abrir y cerrar de ojos, sobre todo porque los sobrevivientes de ese gobierno, necesitados del cambio, reciben la promesa como algo grande, alcanzable ahora con el poder norteamericano de apoyo, pero lograrlo ...

Dos años de gobierno desmienten la promesa de que Cuba y su gobierno comunista eran pan comido. Ese gobierno sigue allí, apostando al tiempo y los posibles cambios dentro de los Estados Unidos. El pueblo cubano, una parte de él, protesta, pero no puede hacer más nada frente a un gobierno represor envalentonado que apuesta por la resistencia, aunque con ella se lleve por delante a parte de sus pobladores. Ellos, el gobierno, es cierto, están resistiendo sobre el desgaste diario de los cubanos. Ellos, además de llorar por todos los rincones y conseguir no pocos adeptos que bajo una gran demagógia e hipocresía prefieren a Cuba pobre, se burlan de los Estados Unidos, quizás convencidos o informados, todo es posible, de que nada pasará.

Visto fríamente, era hasta absurdo pensar que el asunto de Cuba tenía que ser resuelto por fuerzas externas, pero la idea de que ahora sí se lograría, después de casi 70 años de espera y no poca lucha, era alentadora.

Muchos lo vimos posible, a muchos nos ilusionó, pero cuesta trabajo entender lo que está pasando. Por un lado, sanciones económicas que parecen conducen al final, por otro, venta de millones de dólares en productos norteamericanos al gobierno cubano que controla todo en Cuba incluso aquellas formulaciones de entidades privadas. ¿Lo quieres eliminar o lo quieres alimentar?

Por un lado, anuncios fuertes de intolerancia y por otro conversaciones o negociaciones con exigencias que tienen casi siete décadas, para que ahora los del gobierno renuncien y se retiren pacíficamente, que nunca han dado resultado. ¿Les quieres dar un ultimátum o estás jugando al gato y al ratón por sola diversión? Han pasado casi dos años del gobierno actual, que, aunque Trump lo encabeza, no es el único y estamos parados en promesas.

La realidad norteamericana no mejora porque los norteamericanos que seguimos pensando con el cerebro, como cualquier humano, basados nuestros análisis con nuestros bolsillos no vemos la mejoría cercana en nuestras casas y en nuestros negocios, cosa que puede afectar las próximas elecciones de medio tiempo en el próximo noviembre.

Aseguro no votaré por los demócratas, los recuerdos no son muy buenos de sus últimos líderes, más lo que está pasando con ellos en algunos lugares del país. Creo que quedaron tan desarticulados que no han encontrado una figura que pueda convencer a la mayoría.

No castigaría a los republicanos, todavía quedan dos años de gobierno y creo que ya no haya más lagos y golfos a los que cambiarles el nombre y países a los que conquistar.

Como no quiero irme a vivir a ningún otro lugar porque sigo considerando, a pesar de los problemas, que este es el mejor lugar del mundo, deseo que la situación del país mejore y junto a ella la de nosotros los que vivimos aquí.

Los que deseen irse a vivir a Alemania, a Suecia, después que logren llegar legalmente y ser admitidos y hablar los respectivos idiomas que allí descubrirán, los apoyo, les deseo lo mejor. Les puedo garantizar buenas cervezas y salchichas. Los que deseen irse a vivir a Cuba como cubanos comunes sin dólares, sin negocios, sin prebendas del gobierno, los apoyo, nada mejor que regresar al bohío tradicional y las palmas reales que es lo único lindo que va quedando

Consejo: A todos los que viven fuera de los Estados Unidos y logran vivir sin pensar en sus bolsillos, dediquen sus esfuerzos a arreglar los lugares donde viven para lo cual supongo deben estar mejor preparados.

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