Recuerdo que cuando fui joven, en Cuba decíamos: Estados Unidos sólo tiene dos cosas buenas, las películas y todo lo demás.
Y dentro de ese todo lo demás hoy conozco un poco que
está su sistema político. Sistema de gobierno que es extremadamente difícil de entender
y llegar a dominar, más allá de los rudimentos más elementales.
Tenemos una república constitucional federal, con un
presidente, que, en normas, mantiene una separación de poderes, más allá de las
amistades, los compromisos, las negociaciones, y la posible corrupción:
ejecutivo, legislativo y judicial, cuyo objetivo es mantener pesos y
contrapesos lógicos y justos.
Ese poder o estructura tiene tres niveles, federal,
estatal y local, lo que termina conformando un tremendo arroz con mango a la
hora de las decisiones, porque somos 50 estados diferentes, con una gran
autonomía para muchas cosas en las cuales, salvo casos extremos, el gobierno federal
no puede inmiscuirse. A veces puede parecer, que cada estado es un país
diferente.
Lo mejor de la política norteamericana son las
elecciones, nos favorezcan o perjudiquen. Cada cuatro años podemos escoger un
presidente, llamadas elecciones presidenciales y luego cada dos años, las
llamadas elecciones de medio tiempo donde tenemos la posibilidad de escoger
alcaldes, gobernadores, senadores, jueces locales, enmiendas a la constitución,
etc.
Todo esto se desenvuelve dentro de los dos partidos
importantes, Demócrata y Republicano y otros partidos de menor relevancia que
tienen algunos, presencia nacional y otros existencia sólo local, todo lo que
hace esta tela de araña política muy densa.
Entonces a pesar de que todo en apariencias transita
dentro del mismo escenario, ninguna elección se parece a otra. Los territorios
electorales pueden cambiar, las personas mueren, se incorporan nuevos votantes,
las personas se mueven de lugar, etc., por lo que lo ocurrido anteriormente, no
garantiza ciento por ciento lo que pueda suceder ahora. Luego, las condiciones
de las elecciones pasada pueden haber cambiado poco o mucho, lo que termina por
influir en las decisiones de los votantes y hace que, los que votaron azul
ayer, hoy puedan votar por rojo o al revés o que sencillamente los que votaron
ayer hoy no salgan a votar de forma consciente. No existe un patrón a seguir ciegamente,
porque los procesos sociales no son un experimento dentro de las ciencias
exactas, donde se pueden repetir patrones exactos y llegar a las mismas
soluciones o conclusiones.
El resultado de las recién pasadas elecciones de medio
término, “midterms elections”, ha sido impresionante, pero no inexplicable, al
menos para mí.
La propuesta de los demócratas arrasó de forma general
en casi el país entero. Se habla ya de una ola azul, los más alegres y los más tristes
dicen que más que ola fue un sunami azul, y los más apasionados y los más defraudados
hablan de que más que sunami azul fue algo parecido y tan catastrófico como un gran
Big Bang, que trae como consecuencia que hayan ganado valiosísimos puestos
dentro del poder legislativo que no tenían, lo que puede complicar al poder ejecutivo
en manos de los republicanos que hasta ahora garantizaba algún viento en popa
para sus acciones.
En realidad, nada de esto es nuevo. Existen las
votaciones libres y por tanto todo esto puede suceder, de lo contrario se tendrían
que suprimir las elecciones y volver a la etapa de los faraones. Tampoco es la primera
vez que esto ocurre, a pesar de que cada momento nos parece nuevo, en muchas
otras elecciones de medio tiempo, el presidente de turno, que incluso arrasó en
su elección presidencial, pierde poder frente a la oposición, por sólo citar un
ejemplo recién pasado, le pasó a Obama en sus dos períodos de gobierno y el
amigo siguió en el Salón Oval hasta su final legal. Frente a la pérdida en el
Senado y la Cámara, dijo: "Estoy muy seguro que tomaré
algunas acciones que a algunos en el Congreso no les gustarán. Eso es natural. Así
es como funciona nuestra democracia".
No creo que todos los republicanos sean trumpistas,
como se ha llamado a un ala radical y dicen que fanática, que sigue al presidente
Trump, máxima imagen del republicanismo de hoy. Los republicanos van desde esa
porción que sigue fervorosamente al presidente hasta una opción moderada quizás
más cercana a los demócratas.
Tampoco creo que todos los demócratas sean esa ala radical
extremista que hoy se ha puesto de moda con alguna fuerza, aunque no se puede
desconocer que existen dentro de ellos, han ido ganando espacios y no es sólo
eso, sino que se han impuesto con muchos votos a favor, lo que les da cierta
legitimidad. Los líderes de esa parte demócrata están hablando de un nuevo tipo
de liderazgo, con ideas más vinculadas a la extrema de cualquier idea, pero, de
momento esa es la democracia norteamericana, que no debe ser una herramienta a
conveniencia. Esas personas existen, se pueden manifestar y aunque a mí me
pueda parecer absurdo, logran motivar a otras personas a seguirlos.
Sería poco inteligente para ambos bandos contendientes,
ignorar el por qué de los resultados. Ni los republicanos, llamados perdedores,
ni los demócratas, supuestamente ganadores, deberían meter, como el avestruz,
la cabeza debajo de la tierra porque Estados Unidos, que es algo más grande e
importante que un partido político, no se ha acabado, no vamos a desaparecer
como especie, porque unas elecciones que ya son pasadas, es cierto que
condicionan, pero no tienen por qué definir las próximas elecciones
presidenciales de 2028, del 2032, para las cuales lo primero que tenemos que desear
es estar vivos.
Lo cierto es que hoy, “We the people”, les dijo
a los republicanos, es suficiente y si se quiere desconocer o cambiar esto,
habría que cambiar la constitución, cosa que es más difícil e improbable que todas
las elecciones.
Describir lo que ha sucedido me resulta imposible.
Decenas de nombres, apellidos, puestos, votos, propuestas de campaña, etc., sin
embargo, es bueno destacar un caso, Texas, que me queda más cerca.
Cuentan en el Nuevo Testamento que uno de los apóstoles
le preguntó a Jesús: _¿Señor, que pasará en Texas? Jesús sonrió, cosa que hacía
poco y le dijo sin pensarlo dos veces: _Olvida el tema, Texas votará republicano.
Y entonces hoy hay que reconocer que eso no ocurrió.
Texas, el estado más grande, el de la Estrella Solitaria, la Nación Texas, el
territorio históricamente más republicano del país desde hace ya muchos años, el
estado que todos, incluyendo al mismísimo Trump, es considerado como un bastión
inexpugnable para las ideas republicanas, votó demócrata y colocó entre otras
victorias, por primera vez en la historia, a una mujer demócrata de ascendencia
latina como gobernadora. Mujer, demócrata y latina. Y para colmo a un senador
demócrata también, con ideas muy extrañas para la supuesta tradición del
estado. Nadie podía haber pronosticado eso, ni Jesús porque no ha seguido la
historia, nadie lo pudo ver venir. Nadie hubiera apostado un dólar porque los
demócratas se llevarían el pez al agua en Texas y ocurrió.
Creo que los republicanos se durmieron en los
laureles, confiados de que no podría pasar y los demócratas, que no es que hicieron
mucho diferente y no tienen unas figuras excepcionales, aprovecharon esa siesta
y se pusieron las pilas.
Coinciden con esta dormidera republicana, varios
aspectos a favor de los azules.
El momento interno está difícil, sobre todo desde el
punto de vista económico, vivir es mucho más caro y eso pega directamente en la
población, entonces el voto es una respuesta. La no entrada en una guerra que tanto
convenció al electorado norteamericano en el 2024, no se cumplió y hoy estamos
empantanados en un conflicto con Irán que no se resuelve, ni se deja de resolver;
conflicto que todos suponemos o escuchamos que influye en la carestía del petróleo
que en Estados Unidos es comparable en importancia con el agua potable, lo que
colabora obviamente con el encarecimiento de muchos productos de consumo
básicos, con justificación o no real, entonces el voto es una respuesta
Texas tiene un por ciento muy alto de población
latina, 40%, que supera a los blancos no latinos, por lo que el tema de ICE y
la inmigración, las deportaciones, etc., tienen mayores repercusiones que
digamos en Nebraska, donde tener un primo mexicano es menos común, entonces el
voto es una respuesta.
Luego, la población de Texas hoy se caracteriza por
ser la más joven de todo el país, con una media en los 28 años, lo que ha
crecido muy rápido en estos últimos años. Condición, la juventud, más fácil de
trabajar con ideas de igualdad, repartición, gratuidades, amor a todos sin
color, amor sin sexos definidos, etc., entonces el voto es una respuesta.
Creo además de sumar todas estas respuestas, tenemos
eso que en la política se conoce como voto de castigo, quizás no a favor de los
demócratas tanto, quizás no en contra de los republicanos tanto, sino, y puede
resultar inexplicable, a Donald Trump como presidente, quizás por su exposición,
quizás porque la gente está cansada de promesas y errores, quizás porque llegó
a repugnar. Eso pasa en democracia.
El voto de los demócratas tradicionales y modernos,
más de muchos republicanos, más otros, incluso el no voto de algunos, para mí,
entre algunas otras explicaciones, es un voto directamente contra la figura del
presidente actual, es un mensaje directamente para él. Dentro de la democracia
existe el cansancio, justificado o no, entendible o no, incluso consciente o
no, y eso se resuelve a la hora de votar.
Las elecciones de medio tiempo son ya pasadas y la victoria
y mejoría de los demócratas son reales, porque entre otras cosas supieron aprovechar
la coyuntura a su favor, la ignorancia o desconocimiento que prima en las grandes
masas lo que permite manejarlas y, además, algo que pudiera parecer menos importante,
pero no lo es, lo que la psicología y la sociología reconocen como comportamiento
grupal, efecto bandwagon o efecto arrastre o de la moda, mentalidad de rebaño y
el Síndrome del Condicionamiento Social, lo que en cubano se traduce a “Mono
ve, mono hace” o “A donde va Vicente, va la gente”, comportamientos sin criterios
propios que siguen a una mayoría o a alguien con aparente autoridad,
pensamientos que permiten tomar decisiones rápidas sin un análisis crítico
profundo.
Ojalá el chiste quede bien y no tengamos más problemas de los que ya tenemos. Ojalá las variantes, políticas y acciones extremistas de ambos lados, no tomen más fuerza. Ojalá se pongan de acuerdo entre vencedores y vencidos y se acuerden realmente y, sobre todo, trabajen de verdad para “We the people”.

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