viernes, 7 de junio de 2013

El México de Normita y Juan Carlos. (primera parte)

El encuentro con Normita, Juan Carlos y Robertico en México D.F., como todos los encuentros entre viejos amigos estuvo muy cargado de emotividad.

Normita y Robertico, nos esperaban en la vieja casita. Tan pronto llegamos, entre abrazos, risas y llantos, J.C. fue regañado por la demora, mientras él sonriendo pícaramente, se justificaba por su “genial” idea del primer paseo nocturno por la ciudad.

Normita, caso atípico para los días que vivimos hoy, no ha cambiado, solo está un poco más vieja físicamente igual que todos nosotros, lo que es bueno porque demuestra que estamos vivos aún. Normita sigue siendo la misma. Fuerte de carácter por la vida fuerte que ha llevado, honesta, transparente, emotiva, explosiva, rápida de respuestas, peleando todo el tiempo con su hermano Robertico para que éste sea mejor. Siempre amiga y hermana.

Recuerdo cuando Martica le comentó por teléfono que pensábamos dejar República Dominicana y que la vía para llegar a Estados Unidos era México, ella sin titubear respondió, en realidad  casi que ordenó: Mira, acabo de quedarme sin trabajo, JC casi no gana nada de dinero, acabamos de vender el carro que teníamos, seguimos en la vieja casita, ahora tenemos aquí a Robertico, o sea, estamos como tres en un zapato, literalmente estamos medio embarcados, pero ustedes vienen con nosotros, no importa el tiempo que tengan que estar aquí, no importa lo que tengamos que hacer para vivir, ustedes vienen con nosotros. Nos arreglaremos.

Qué garantía!!!!!!!!!!.

Entonces esto se convirtió en nuestra mejor coartada para pasar por México. Si fuera necesario convencer a las autoridades mexicanas, no tendríamos problemas pues podríamos hablarle de Normita semanas o meses enteros. Conocemos su vida tan bien como la nuestra, sin que de esto quede dudas. Gran parte de la vida la vivimos juntos, todos los días, incluso todo el tiempo.

Normita y yo somos un caso raro, bueno como para estudio psicosociológico. Crecimos en el insigne Reparto Apolo, hoy más conocido por Víbora Park, a pocos metros de distancia, yo en la calle Roma, ella en la calle Villoldo, aunque estuvimos en diferentes escuelas primarias, a la hora de ir a la secundaria básica, ambos estudiamos en “Rafael Carini”, aunque no coincidíamos en grupos, y mucho menos en intereses. En realidad la conocí personalmente cuando con 15 años me hice novio de Martica. Ellas dos eran amigas desde siempre, o sea, desde que al dejar de ser bebitas escogieron a alguien para jugar y compartir, vivían sólo con una casa de por medio.

Es curioso cuando me hice novio de Martica y ella se lo comentó a Normita, los comentarios y consejos que ésta le hizo fueron fatales. Casi le recomendó que no se metiera en eso, que yo era un pedante, engreído, prepotente, que me creía  por encima del resto de las personas, etc. Valoraciones que vistas desde una perspectiva actual, eran medias verdades, ya saben, la primera juventud.

Entonces pienso que a Normita no le quedó más remedio al principio que irme tragando y tragando hasta que con el paso del tiempo y un gancho descubrió al  verdadero yo. JAJAJAJAJAJA. A partir de ese momento, nos hicimos amigos, y al poco tiempo, hermanos. Martica fue en aquel momento el eslabón común.

Ya amigos, seguimos juntos en “Carlos Pérez”, el preuniversitario que se abrió en la Calzada de 10 de Octubre y María Auxiliadora, cuando nos tocó pasar a 10mo grado. Dicho pre era más conocido como la “14”, nombre que quedaba en la memoria popular por el número de estación de la policía de Batista, función que cumplió el edificio hasta 1959. Luego, por increíble que parezca, fuimos a estudiar la misma carrera universitaria, ahora sí, en la misma aula. Normita había pedido la Licenciatura en Historia creo que en cuarta opción y yo en segunda, por lo que al no poder clasificar para nuestros primeros interés, la vida y el Ministerio de Educación nos unió más. Recuerdo que cuando fuimos a matricular nos pusieron en diferentes grupos y yo, dispuesto, fui a hablar para que nos cambiaran. Por suerte, movieron a Normita para el grupo donde yo estaba y eso nos permitió estudiar inglés, el otro grupo tuvo que aprender nada más y nada menos que ruso, por lo que evidentemente la pasamos mejor.

Normita y yo siempre fuimos diferentes. Normita desde muy joven fue revolucionaria, de aquellos  estudiantes que participaban en todas las actividades, era muy responsable, disciplinada y seria. Yo era exactamente lo contrario. Crecí y llegué a secundaria con un gran gusto por el pelo largo, los tennis sin medias, los pantalones apretados, la música americana, por lo que podía haber sido cualquier cosa menos revolucionario al estilo ortodoxo. Me gustaba contradecir, me gustaba romper las reglas.

Mientras fuimos creciendo nuestros intereses se fueron separando. A mí me gustaban las fiestas, el baile, y todo lo que oliera a llevarla contraria a lo que el régimen establecía. Normita seguía siendo revolucionaria, de esas personas que creyeron en lo que hacían, de esas personas que se sacrificaron sin buscar ninguna prebenda como pago. De esas personas que seguían los códigos teóricos del marxismo leninismo, experimentándolos en carne propia e increíblemente estuvieron de acuerdo con los resultados del experimento.

Nuestro paso por la universidad empeoro nuestros objetivos ideológicos. Los mismos conocimientos que a Normita le servían para defender el socialismo cubano, me eran útiles a mí para criticarlo. Entonces nuestras discusiones se fueron haciendo cada día más famosas, podemos tener varios record de discutir sin parar. Podemos además tener varios records de hablar muchas horas continuas, éramos reconocidos por empezar a hablar a las 5:00 pm de un día y terminar al otro día a las 7:00 am. Muchos amigos de los que nos rodeaban, llegaban, participaban un poco y cansados se retiraban. Martica, la que más aguantaba,  siempre acababa dormida a mi lado. Normita y yo, sin reparar en temas, sin reparar en la complejidad o profundidad que estos pudieran tener, nos manteníamos hasta el final. Normita y yo analizábamos hasta el punto del desgarre cualquier idea, lo mismo de la revolución que de nuestras familias. Y luego dejábamos temas pendientes para nuestro próximo encuentro, que podía ser a pocas horas.

Visto fríamente, la idea pudiera parecer media loca. Teníamos muchas cosas diferentes, pensábamos y actuábamos guiados por objetivos no parecidos, sin embargo, siempre, siempre fuimos amigos y hermanos. Podíamos discutir casi hasta pelearnos, sin embargo pasado esos minutos de euforia, volvíamos a querernos profundamente. ¿Caso raro, verdad?
Para este encuentro, nos precedía el que Normita y yo no nos veíamos desde hacía varios años, pues yo llevaba viviendo en República Dominicana 5 años, lo que no evito que nuestro encuentro fuera como los de siempre. Nada había cambiado. Normita es como uno de esos grandes framboyanes cubanos, debajo del cual siempre se recibe sombra y fresco. Muy rápido conversaciones a lo cubano, o sea, todos hablamos a la misma vez, a una velocidad imposibilitada de seguir para otros ciudadanos de este mundo, muchos temas al mismo tiempo, risas, chistes, cariños, recuerdos de nuestros años juntos pasados, reguero por nuestros bultos medios abiertos en busca de regalos, un poquito de alcohol como brindis.

La tierra tembló esa noche mientras festejábamos, yo que ya conocía lo que era un temblor por el que viví en República Dominicana me di cuenta, lo comente. Nadie me hizo caso. La tierra tembló un poquito. México nos daba la bienvenida.







viernes, 26 de abril de 2013

EL VIAJE


Jenny y Yordán salieron de República Dominicana el día 20 de mayo del 2010. ¿Destino? Frontera norteamericana. No puedo reproducir lo que significó ver partir nuevamente a mi hija al amanecer de ese día, ya la había despedido en Cuba una vez y la historia a pesar del tiempo que había pasado se repetía con mayor intensidad. Es imposible de describir, al menos para mí. El viaje era lógico, entendible y hasta cierto punto bien planificado, pero yo sentí miedo por ella, incertidumbre, impotencia, mucho miedo.

Al día siguiente, como para entretenernos, nos mudamos para un apartamento más pequeño, más adaptado a nuestras necesidades y posibilidades y ahí con Jenny y Yordán todavía de viaje, comenzamos a vivir. Ellos después de varios días de camino, llegaron a los Estados Unidos y llegaron por suerte bien. Dejo que ellos hagan sus cuentos.

Acondicionamos nuestro apartamento, mucho trabajo nos costó, pero funcionó. La idea de mejorar donde vivíamos sirvió como una medicina. Desde esos mismos comienzos sabíamos que un día nos iríamos de República Dominicana, pues con Jenny ahora en Estados Unidos, nuestra brújula apuntaba hacia esa dirección nuevamente.

Entre trabajos, llamadas por teléfonos y correos pasó en tiempo y un día del mes de marzo del 2012, Jenny nos llamó y nos dijo que estaba felizmente embarazada. Ya se lo había contado a su hermano días antes, pero había pedido que se tragara la noticia hasta que ella diera la orden de hacerlo público. Hoy me parece bien, para eso son los hermanos, esa complicidad me gusta. Ya ella había pasado por Miami y junto a Yordán se habían instalado definitivamente en San Antonio, Texas, lugar donde ambos encontraron trabajos.

Para que contarles, yo abuelo por primera vez. La noticia nos puso muy alegres y además, no lo puedo ocultar, un poquito tristes. Yo sería abuelo, mi hija había crecido, era grande, seria mamá, pero todo eso ocurriría a miles de kilómetros de donde yo me encontraba y en realidad no teníamos en ese mismo momento la posibilidad de salir para los Estados Unidos, ni en una semana, ni en un mes, ni en muchos meses, pensaba yo.

Y fue entonces cuando una de las personas más sólidas que conozco y por suerte me toco para la vida, Martica, me dijo: _ Nos tenemos que ir ya, no sé cómo, no sé de dónde vamos a sacar el dinero, no sé cómo lo coordinaremos, pero tenemos que irnos ya.

İImagínense!!!!!!! Tenemos que irnos ya, sin un peso que nos sobrara, sin muchas cosas de valor que vender, sin dinero guardado, sin trabajos sólidos donde apoyarnos. Parecía además de imposible, una locura.

Pues a partir de ese momento, la frase tenemos que irnos ya, se convirtió en parte de nuestra respiración diaria. Mañana, tarde y noche, tenemos que irnos ya. Y si voy a ser sincero 100%, esa frase, ese impulso y más que todo esa determinación, fue lo que funcionó al final. Yo me hubiera ido de todas formas, pero me hubiera quizás tomado más tiempo, en lo que lo planificaba, reunía todos los elementos, escogía el mejor momento, etc. La idea de tenemos que irnos ya, fue lo que nos puso de nuevo en el camino.

Así empezó todo. A partir de ahí, gestiones, averiguaciones, llamadas por teléfono a muchas personas, amigos y sobre todo nuestro apartamento lleno de dominicanos todo el santo día. Martica puso a la venta hasta el papel sanitario. JAJAJAJAJA

Por ser simples mortales cubanos de Cuba, ni pensar ir al Consulado Norteamericano, el camino que nos quedaba era México, lugar quemado, porque por esa misma vía han desfilados muchos cubanos y muchos latinoamericanos en busca del “american way of life”, por lo que el cuento de que somos cubanos y queremos ir de turismo a México para ver las pirámides, ya nadie lo cree.

No obstante, Martica repetía lo mismo, Jenny está embarazada y tenemos que irnos ya, por lo que sí, somos cubanos y queremos ir a México a ver las pirámides. No quedaba dudas.

Trámites, cartas de trabajos, avales bancarios, para lo cual tuvimos la ayuda de amigos, y sobre todo el invento de una historia “original” para pedir visa de turismo en el Consulado Mexicano, o sea, … somos cubanos y las pirámides.

No hago largo el cuento, imposible reproducir las horas dedicadas a este tema, entre gestiones y gestiones, llegó el día del Consulado. Martica, Jonathan y yo, medios vestidos de muñecos, papeles y el cuento. Yo jefe de la misión, en realidad Martica, pero … JAJAJAJAJA. Jenny y Yordán en San Antonio, mi hermano Igor en Miami, nuestra familia en Cuba y todos los amigos a la expectativa, por nuestra forma de ser y vivir todos los que nos rodeaban estaban al tanto, como no estuvimos muy vinculados a la compartimentación que se aprende en Cuba cuando tu vida es revolucionaria, no sabemos y no nos interesa guardar esos secretos.

Llegamos al Consulado Mexicano un jueves. Llegamos temprano por lo que tuvimos que esperar en la calle a que abrieran las puertas. Espera que pone todo a última hora como en cámara lenta. Entramos y …,  somos cubanos, no vamos a ir a la frontera, tenemos a Normita y Juan Carlos en el D.F.

Ah, qué bueno, nos respondió una joven funcionaria, moderna, con el pelo de varios colores, vengan a recoger la vida mañana. No mejor, no mañana porque viene una tormenta y probablemente no trabajemos, vengan el lunes.

Nadie nos preguntó más nada, nadie nos miró con cara de intriga, los papeles que llevábamos ni los revisaron, no pudimos ni siquiera terminar el cuento que habíamos practicado tantas veces. Estuvimos en el Consulado 20 minutos. Así de fácil.

Todavía mientras caminábamos por las calles de la Zona Colonial en busca de un café para celebrar, no lo podíamos creer. Lo de tenemos que irnos ya y queremos ver las pirámides, había funcionado. Tanto trabajo, tanta preparación por ser cubanos de Cuba, tantos cuentos de otras personas que habían hecho lo mismo anteriormente, tanta incertidumbre y la gestión no demoró ni 20 minutos. Quizás tuvimos mucha suerte. Gracias México y gracias a la muchacha del pelo de varios colores.

Lunes, visas en los pasaportes de Jonathan y el mío. La de Martica salió el martes porque en el momento que se la iban a poner se cayó el sistema. Ventas aceleradas, ya a última hora a cualquier precio, lo que no se podía vender lo regalábamos, la idea era dejar vacío el apartamento, dominicanos todo el santo día entrando y saliendo, dominicanos que se llevaban las cosas para pagarlas en varias cuotas y nosotros aceptando a sabiendas que después del primer cobro no habría más cuotas, coordinaciones dentro y fuera de República Dominicana, dinero conseguido, el mismo mensaje, … tenemos que irnos ya.

Septiembre 28, 2012, día de la salida. Puede parecer mentira, pero fue difícil partir, llevaba más de 4 años viviendo en Dominicana y allí dejaba amigos, que a esa altura más que amigos eran mi familia. Habían estado cerca de mí siempre en los momentos más difíciles. Fue difícil, estoy convencido que a muchos de ellos no los volveré a ver, esa es la realidad del que se mueve, pero si ya había salido de Cuba, dejando todo lo que se deja en el país donde uno nace y crece, pues ni modo, ya no soy de ningún lugar y estoy presto para empacar y mudarme.

Despedida en casa de Adrián, Jaque y Mercedes. Todos los amigos. Risas a media, Frases de aliento. En ese momento nos tocaba a nosotros ser despedidos, después de haber despedido a tantos amigos. Caras largas con el paso de la noche. Abrazos y lágrimas. Jonathan, joven al fin, de madrugada para casa de su novia Naty. Yo medio no entendí, pero acepté. Hoy lo entiendo, yo hubiera hecho lo mismo, o peor. JAJAJAJA

Aeropuerto en la mañana. Ultimo abrazo a Adrián que fue nuestro taxista y regalo de mi viejito celular al primer dominicano que me pasó por el lado, que obviamente jamás entendió nada.

Avión destino Panamá, donde debíamos aburrirnos 5 horas en espera del cambio de avión. Pero como dice el viejo refrán “el que tiene amigos, tiene un central”, de aburrirnos nada. En Panamá me esperó dentro del aeropuerto Damián y su esposa Yani, que por pura coincidencia es dominicana.

Damián es sencillamente una máquina de producir sentimientos. Habla tres veces más que yo y tres veces más rápido, lo que es mucho decir. Se mueve, gesticula, sonríe, conoce y saluda a todo el que le pasa por el lado, siempre tiene un cuento de su muy intensa vida, siempre tiene una experiencia que contar, es muy cariñoso, afectivo, sensible, por lo que las 5 horas dentro del aeropuerto panameño, parecieron un minuto.

Al final, abrazos, ojos aguados, regalo de Damián, más que dólares eran un amuleto para la buena suerte, nudos en las gargantas. Damián muy buen anfitrión. Avión para México D.F., donde al entrar tendríamos que escenificar nuestra obra, pues a pesar de las visas, las autoridades de inmigración se reservan el derecho de dejarte entrar o no, o al menos, en el caso de México pueden llevarte para un cuartico y comerte a preguntas, tratando de encontrar la verdadera verdad o algo de dinero. Éramos tres personas, entonces la posibilidad de no coincidir en el cuento entero eran mayores, por lo que tuvimos que repasar los detalles y eso nos entretuvo hasta que nuestro avión posó sus ruedas en tierra mexicana. Ya estábamos en el México D.F, para nosotros el México de Normita y Juan Carlos.

A las 10:30 pm estábamos parados frente al joven oficial de inmigración que sentado cómodamente en su asiento, con un pie medio encaramado en la mesa, estaba más interesado en alguien del aeropuerto, creo que en una muchacha, que en los que acabábamos de llegar en el vuelo. Nosotros con nuestros pasaportes en las manos, con caras de alegría por haber llegado a nuestro destino turístico y deseosos de hacerle nuestro cuento a alguien, cosa que al final no ocurrió. Aunque parezca mentira, aquí también nos quedamos con las ganas, apenas el joven nos miró y muy rápido facilitó nuestra entrada sin ningún reparo. Medios asombrados aún, pero rapidito, recogimos nuestras maletas y salimos. Juan Carlos y su primo nos esperaban afuera. Ya saben, abrazos, cigarros, cuentos, primer paseo por la ciudad hasta llegar a la casa donde nos esperaban impacientes, nuestros amigos de la infancia, nuestros hermanos, Normita y el “compañero” Robertico Segura.

domingo, 21 de abril de 2013

FIN DEL CICLO DOMINICANO


Acompañado de Martica y Jonathan, salí de República Dominicana el 28 de septiembre de 2012 con destino incierto a Estados Unidos, por lo que viví en aquel pequeño país 4 años, 8 meses y 53 días. Poco tiempo y mucho tiempo a la vez. No escribiré mucho sobre Dominicana, ya lo hice en mi blog anterior, sin embargo, quizás como homenaje y agradecimiento me gustaría dedicarle este último escrito.


Viví en República Dominicana y el balance final, como mayor sentimiento, es que no la pasé mal. Con ésta sola idea, bastaría para definir un periodo, pero sería injusto de mi parte si lo dejara así de simple. Como ya he explicado nunca pensé vivir en ese pequeño país caribeño, mis destinos siempre fueron más grandes, sin embargo al Jenny y Yordán instalarse allí, mi historia cambió de rumbo. Llegué como la mayoría de los cubanos, medio atormentado, medio impresionado, con unos pocos, pero simbólicos dólares en el bolsillo y deseoso de  experimentar y probar algo nuevo. La vida en Cuba es extenuante.

Siempre digo que no es difícil República Dominicana como país. Los niveles de desorganización u “organización caribeña”, la facilidad con que se violan las regulaciones, el extremo sociolismo, etc., hacen que muy rápido y hasta cierto punto fácil,  se pueda acceder a la vida organizada si uno está interesado, o sea, papeles de residencia, cuentas de bancos, trabajos mejores o peores.

Los dominicanos, en sentido general, son buenas personas. Creo que ellos y nosotros somos muy parecidos. Pocos blancos, negros y mulatos, muchos. Cervezas y música siempre, todo el tiempo. Amor mucho amor.

Al final existe una enorme empatía por parte de los dominicanos hacia los cubanos, incluso me arriesgaría a decir que existe una sana admiración de los primeros por los segundos, basada en el baseball, para nosotros la pelota, los estudios que traemos cuando llegamos, la preparación y capacidad de sobrevivir, la música, las cervezas y el amor mucho amor. En Cuba se habla poco de los dominicanos, sin embargo los dominicanos conocen bien a los cubanos. En estos últimos años la presencia cubana en República Dominicana se ha hecho sentir con más fuerza. Los cubanos nos metemos en cualquier lado con tal de salir de nuestro país. Me pareció entender un día que éramos aproximadamente 10 000 y entonces como siempre se empiezan a consolidad las historias. Cuentos, muchos cuentos, de cubanos buenos, honestos, trabajadores y cubanos malos que aprovechándose de la ingenuidad, solidaridad y admiración dominicana, engañaron, robaron, estafaron, etc., lo que ha creado en ciertos sectores de la población un incipiente miedo o alerta hacia los miembros de la mayor de las Antillas.

Jennifer pionera, marcó el rumbo de nuestras vidas hacia República Dominicana, no nos obligó a ir, pero si marcó el rumbo. Luego, pionera al fin, cambió nuestro rumbo hacia los Estados Unidos, historia que haré más adelante.

República Dominicana fue un buen lugar, donde no tuvimos grandes problemas. Logramos trabajar y vivir honesta y sobre todo alegremente. Tengo muchos recuerdos, proyectos terminados, clases en las universidades, lugares visitados, paseos, conversaciones y muchos amigos, muchos buenos amigos. Amigos que hoy son mi buena familia. Personas de diferentes lugares de Cuba, diferentes credos, diferentes niveles económicos e incluso diferentes niveles de integración revolucionaria   en sus pasadas vidas cubanas, que nos fuimos conociendo y conociendo, en buenos momentos, fiestas, deporte, playas, comidas, pero también en malos momentos, enfermedades, falta de trabajo, escasez de dinero y logramos querernos  y apoyarnos mucho, todos los días.

La lista puede ser grande, pero me gustaría mencionarlos a todos. Aclaro que el orden en que aparecerán, no significa una prioridad sentimental. Lo bueno sería poder escribirlos unos arriba de otros, pero entonces ni yo mismo los podría entender cuando pase el tiempo. Comenzaré por las mujeres, ya saben,  “caballerosidad proletaria”, estarán organizadas por orden alfabético y así me evito preocuparme por los lugares asignados. Si alguna de ellas está interesada  en cambiar de lugar en esta lista, pues nada, a cambiarse el nombre. JAJAJAJAJA. 
Amanda, Arelys, Cachita, Cary, Claudette, (colombiana pero hija cubana por adopción), Deborah, Ileana, Jaqueline, Lisandra, Lourdes, Marlenne, Maryorie, Maysa, Mercedes, Mirthea, María Eugenia, Nancy, Nadaja, Nilsa, Tania, Teresita, Yaima.

También los amigos hombres, a los que mencionaré por la fortaleza de sus músculos. Si quieren cambiarse de lugar, coman mucho, tomen cervezas, engorden, JAJAJAJAJAJA. 
Andrés, Jorge, Hipólito, Martín, Luisito, Ramón, Germán, Yaser, el Rubio, Ale, Rubén, Manolito, José Mario, Manolito hijo, Aliem, Jorgito, Eduardo, Adrián, Roberto.

Conocí también a muchos dominicanos, trabajé casi todo el tiempo como profesores universitario y además me asiste la capacidad de hablar  con todo el que me pasa por el lado por lo que conocí a personas en los colmados, en los conchos, en las ferreterías, en las esquinas, etc. Me gustaría entonces mencionar a Eunice, Naty, Fernando, Alba, Dr. Gisselle, Carlos, Mario, Isabel, Yohannis, Romelia, Fabriccio, José, Brandally, Ramón, Aricel, Gloria, Carmen, Lily,  Nabij padre, Nabisito, Doña Nelsy, Joaquín Nabij,  la Negra, Furcal y Lissette.

Cada uno de estos nombres, más que nombres personas, tienen un espacio en mí hoy. A cada uno de ellos les debo algo, de cada uno de ellos aprendí y sobre todo recibí afecto, cariño, respeto, reconocimiento y apoyo, lo que hace que no importa dónde y cómo esté, a cada rato me venga uno de ellos a la cabeza. Eso es bueno, a veces mejor que el dinero, después de tener pagadas las cuentas. JAJAJAJAJA.

República Dominicana es un buen país, lamentablemente ahora complicado por una ola de violencia, corrupción y droga. Es un  país pequeño, que comparte una isla con los haitianos, lo que introduce otra sazón al potaje con miles de interpretaciones en las que ahora no me puedo meter.

Es un país pobre y rico a la vez. Pobre, porque tiene un enorme nivel de analfabetismo, enfermedades de las que no había escuchado hablar más que en los libros de historia, desempleo y mal empleo, discriminación racial sutil y no tan sutil, carencias materiales enormes, vicios y corrupción casi públicos. Rico, porque posee una agradable naturaleza, tierra fértil y muchos ríos, un grupo de profesionales y técnicos, pocos, pero bien preparados, que hacen un intento por trabajar seriamente, y un pueblo agradable, que a pesar de los problemas, se ríe, se divierte, baila, se enamora. Los ricos están complicados, pues quieren ser más ricos. Se fajan y discriminan entre ellos mismos. Los pobres tienen una sola idea, irse para “Nueva Yol”. Los del medio, como siempre, los del medio no saben quiénes son. Salen de sus humildes casas y gastos ajustados a pasar el día en ambientes ficticios, inventados, a veces con ropas y atuendos prestados.

República Dominicana es un buen país. Es nuestro idioma, mal hablado pero nuestro idioma, nuestra comida, nuestros colores, nuestros ritmos y nuestro calor geográfico y humano. Es un país hospitalario, excesivamente hospitalario, donde muy rápido uno se siente como en su casa. Es una buena experiencia para los que salimos de Cuba, pues nos permite comenzar a ver y aprender, más allá de la teoría, pero con calma, siempre a ritmo de merengue y bachata, sin apuros. El tiempo no urge, no presiona, el tiempo, como categoría, también es propiedad de los dominicanos.

Es un país que acoge, al menos en mi experiencia. Es un pueblo que sabe de todo. Son expertos en política internacional y en la nacional para qué decir, en religión, deportes y negocios.   Cualquiera tiene un proyecto para acabar con el hambre mundial, sin poder comer cada día, otro para convertir el polvo en oro, bajar una estrella, etc. Igualito que nosotros los cubanos.

Pienso que el interés que movió a Hatuey en el siglo XVI para ayudar a sus colegas aborígenes en Cuba todavía existe en República Dominicana hoy. Ojalá los cubanos que allí todavía quedan y los que pasarán en el futuro, no lo destruyan definitivamente.






miércoles, 13 de febrero de 2013

Anuncio


Muchas cartas y llamadas telefónicas han llegado a nuestra redacción pidiéndome que vuelva a escribir. Cartas y llamadas superadas sólo por la enorme cantidad que llegaban al ICRT, a través de las cuales, hombres y mujeres de todas las edades, incluso niños, pedían desesperadamente que repitieran martes, miércoles, jueves, viernes y sábado, un discurso de 8 horas que Fidel había pronunciado el lunes.

Yo, que al igual que nuestro Comandante, soy un “esclavo de mi pueblo”, retomaré las letras y dedicaré un tiempo, dentro de la crueldad del capitalismo feroz, a escribir para contarles como vivo y pienso.

Como verán me he creado un nuevo blog, el anterior “Dominicaneando” ya no cumple el objetivo para el que fue creado, pues sirvió para escribir sobre lo que viví en República Dominicana, lugar donde ya no me encuentro y sobre el cual podría seguir escribiendo, pues conservo muchos amigos allí, pero ya no serían mis vivencias y entonces podría resultar complicado hablar por boca de otro.

Lincoln in, mi nuevo blog, tiene más o menos los mismos objetivos que el anterior. Primero, escribir para mí mismo, no quiero que se me olvide y sé que inevitablemente con el paso del tiempo, muchas cosas, incluso las más importantes, pierden intensidad. Segundo, escribir para los míos, familiares y amigos, sobre lo que veo y vivo, entiendo y no entiendo de este nuevo lugar donde ahora vivo.

¿Les gustará y estarán de acuerdo conmigo siempre? No lo sé. Tenemos que esperar cada momento y valorar cada idea. Por ahora lo más importante es compartir y de paso, si se puede, aprender y enseñar.

Tengo memorias atrasadas, pues mi último escrito fue cuando todavía estaba dominicaneando, por lo que me será obligatorio regresar en el tiempo y reconstruir algunos hechos importantes ocurridos hasta llegar aquí a este primer escrito desde Lincoln.

Ya pueden imaginar, salida de Republica Dominicana, México D.F. como lugar de tránsito, entrega en la frontera norteamericana, paso por el San Antonio de Texas, Miami, en fin, poco tiempo pero muchas experiencias y cada una de ellas enormemente intensas.

Como siempre, no estoy frente a una obra literaria, para nada me interesa competir en literatura, sólo escribiré como si les hablara a cada uno de ustedes, debido a la real imposibilidad de conversar compartiendo una taza de café.