“Cuba es un país comunista, sin sentido, dirigido por comunistas incompetentes”.
Marco
Rubio. Secretario de Estado. 2026
Me gustaría comenzar este artículo con una idea recién expuesta por Marco Rubio que no tiene que ver exactamente con lo que voy a escribir, pero si tiene que ver, porque con respecto al gobierno cubano todo tiene que ver. Por su genialidad no quisiera dejarla pasar. Ya he dicho que me agrada Rubio y en realidad esta idea, como ya escribí, sirve para todo lo que tenga que ver con lo que ha pasado en Cuba en estos últimos casi 70 años.
No sólo es que Cuba sea un país de gobierno comunista,
que ya es malo, aunque estoy convencido que de esas ideas queda poco en los
cubanos de a pie, más reales que la asquerosa propaganda de siempre, sino que
ese país comunista, está dirigido por comunistas incompetentes, definiendo de
esta forma a todos aquellos que han pasado por allí y hoy se mantienen. La
incompetencia, la tozudez, el capricho y por qué no, el miedo, han sido la
verdadera y principal causa de lo que hoy se ha logrado y exhibe.
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Como cualquier otro cubano, quizás un poquito más, conocía del tema de los presos políticos, los plantados y plantadas, los sobrevivientes de la lucha anticomunista, los más famosos los del Escambray, aunque si somos exactos hubo luchas y levantamientos en toda Cuba que se han tratado de ocultar o desconocer, los presos en las UMAP, etc.
Ahora con calma, frente a los acontecimientos que vive
Cuba y la necesidad de encontrar una idea de futuro, me he dedicado a ver las
decenas de entrevistas a hombres y mujeres expresos políticos, sobrevivientes
de las UMAP, exluchadores por la libertad de Cuba, aquellos apodados como
bandidos y es como para horrorizarse.
Sobrevivientes ya hoy ancianos, algunos muy viejitos,
que han aceptado, quizás como privilegio, quizás como justicia o venganza, el
contar sus historias para que se conozcan más allá de los aspectos generales
para los libros, para que sirvan de evaluación, para que no se repitan.
He visto en esas entrevistas, a personas afectadas a
pesar de estar hablando de hechos que pasaron hace más de 50 años, que se
emocionan, lloran, tiemblan, como respuesta espontánea a la recordación de sus
privadas y colectivas historias y puedo asegurar que nada de esto es un montaje
publicitario, menos la realización de un guion cinematográfico para ganar
premios. Los entrevistados no son actores profesionales, son personas de
pueblo, fueron estudiantes, campesinos, amas de casa, madres y abuelas.
Entrevistas de más de una hora, que narran los
horrores, las vejaciones, los abusos, las torturas que cada una de esas
personas experimentaron y lo más triste de todo, es que todo se ocultó, todo se
manipuló y se les acusó convenientemente de traidores a la patria que también convenientemente se vendió y confundió con una revolución.
Resulta doloroso, por más que no conozco a ninguno de ellos, ver a ancianos, mujeres y hombres, contar, a veces con
emociones visibles, sus historias, la de sus familias y amistades.
La historia de la revolución democrática, dulce, amorosa y “verde como las palmas”, es paralelamente la historia de la represión, los fusilamientos, las torturas, las falsas causas o sencillamente ninguna causa para encarcelar, los abusos extremos continuados, las largas condenas de 15, 20, 30 años por cualquier cosas con el objetivo de hacer desaparecer no sólo a una persona, sino a sus ideas, la reconcentración de familias enteras, mujeres y niños para un extremos de la isla, hombres para el otro extremo, los movimientos de una cárcel a otra, de una granja a otra, los trabajos forzados, las violaciones de mujeres y los nacimientos de niños dentro de las prisiones, el chantaje, el odio desde el mismo enero de 1959.
En la misma medida que el gobierno, apodado revolucionario, maniobraba política y mafiosamente por hacerse del poder real que no tenía cuando entró en la capital de la isla y, sobre todo, meterse en el bolsillo a un pueblo cansado de Batista, que esperaba a que cualquiera se lo quitara de arriba, en la misma medida que los del gobierno aseguraban que el pueblo estaba totalmente contento y dispuesto a defender la revolución que les habían entregado, cosa que es cierta, pero sólo una parte de ese pueblo, mientras se daban discursos nacionales, provinciales, municipales y barriales, muchos de ellos de 7, 8, 9 horas y una parte del pueblo respondía y apoyaba histéricamente a lo que ya estaba planeado y establecido para hacerse no sólo con el poder, sino con un país entero, mientras aquellos llamados desposeídos sacaban sus más bajos sentimientos, por ejemplo, el odio y la venganza, contra incluso los que nunca los habían dañado y se convirtieron en el caballo de batalla utilizado por y desde el poder para ejercer hasta nivel individuo la propuesta de los triunfadores, en el mismo momento que se trataba de hablar de la felicidad de un pueblo, que ya sabemos fue sólo una parte, se comenzó con una brutal, violenta y casi inhumana represión, por tanto, eso de reprimir que ahora es tan evidente, que nos parece nuevo, tiene el mismo tiempo que esa revolución en el poder.
La tarea fue eliminar físicamente o al menos de la
vida pública a todos aquellos, hombres, mujeres, algunos de ellos todavía
adolescentes, que, incluso habiendo participado en el logro de la revolución
armada, cambiaron de parecer, descubrieron el verdadero camino que se acercaba
y se pusieron en contra.
Es muy arriesgado decir que Cuba quería y quizás
necesitaba radicales cambios, pero el cubano no era comunista, nadie apostaba
por el totalitarismo. Nadie veía, por tanto, pensaba y luchaba por declarar a
los Estados Unidos como enemigo y menos entregar la isla a los soviéticos para
que la convirtieran en una base militar de enfrentamiento con Estados Unidos a
cambio de petróleo, muñequitos y películas, papas y comidas encurtidas europeas
orientales: pepinos, coles y zanahorias incluidas.
Con esto, el tema no está en las sanciones de 10, 15,
20, 30 años, los fusilamientos, algunas de estas medidas justas sobre aquellos
que tenían probada sangre de los cubanos sobre sus hombros, aquellos que
utilizando su posición, amparados en el poder, sus órdenes o su ceguera,
torturaron, mataron, a veces, por pura diversión, otras totalmente inventadas,
por el simple hecho de manifestar un determinado pensamiento, poseer alguna
literatura, tratar de agruparse por intereses políticos comunes, tener una orientación
sexual fuera de la tradición clásica o al menos visible y aceptada
generalmente, etc., lo que devino en el claro y expreso interés de eliminarlos
a todos, sino en lo que pasó dentro de esas sanciones en las cárceles, granjas,
calabozos de eso que se llamó bondadoso gobierno revolucionario.
Cuba tuvo una historia republicana turbulenta, corrupción, mafias, caciquismo, regionalismos, con la no poca presencia de figuras honestas, trabajadoras, nacionalistas, etc. Cuba tuvo una historia republicana convulsa, luchas obreras, estudiantiles, movimientos femeninos, junto a asesinatos, torturas, etc., pero Cuba vivió un desarrollo económico social y cultural líder en por lo menos nuestra América, donde existían ciertos desniveles, pero las personas comían, vestían y no pocos, trabajando, salieron adelante. Cuba no era un país de analfabetos como se ha querido decir. Cuba no era un país extremadamente pobre como se ha querido imponer. Cuba tenía problemas innegables, pero nadie quería que le quitaran su negocio, nadie quería que le quitaran sus tierras, sus ganados, nadie quería dejar de poder de pensar y menos de hablar. Cuba en la década del 50 quería y era necesario regresar a la democracia con libertades, pero nadie quería ser preso con la isla por cárcel y convertirse en esclavo en su propio país. El mismísimo José Martí, quizás el más reprimido y ocultado en su verdadera dimensión, se negaba a la esclavitud del futuro: el socialismo.
Entonces como una parte de Cuba comenzó a luchar, esa
parte, sin consideración alguna fue reprimida y desaparecida. Fusilamientos
extrajudiciales, o sea, sin causa alguna dictada por la justicia real, largas
condenas de cárceles a aquellos que se manifestaron en contra públicamente,
pero incluso a aquellos que sin manifestarse se presupuso que lo pensaban.
El gobierno cubano hizo una fusión extraordinaria entre
la experiencia del nazismo, ahorrándose inteligentemente las masivas cámaras de
gas y los gulags soviéticos de la más pura etapa stalinista. Campos de
concentración para trabajos forzados, hambre, violencia, torturas de todos
tipos, las conocidas y las hasta ese momento no conocidas, violaciones físicas,
atentados contra la dignidad de los presos e increíblemente por muy loco que
parezca, la de sus familias, golpizas provocadas por “revolucionarios” que
además de cumplir órdenes, disfrutaban con hacerlo, simulacro de fusilamientos
a la orilla de fosas o delante de paredones con balas salvas y fusilamientos
con balas de verdad.
No sé exactamente cuántos centros penitenciarios
existen en Cuba, creo que nadie común lo sabe porque el gobierno nunca ha
tenido transparencia al respecto, las referencias más conservadoras dicen que
existen más de 250 de esos centros, incluyendo cárceles de máxima seguridad,
prisiones normales, granjas, sin contar calabozos y muchas casas camuflajeadas
repartidas por todo el país. ¿Más de 250 cárceles para encarcelar a un pueblo
que se dice feliz y que apoya a su revolución? Gran contradicción.
Entonces muchos de esos que torturaron, violaron,
dieron sendas entradas de golpes con palos, cabillas, culatas de fusiles, que violaron a mujeres, que
abusaron no sólo de los presos, sino de sus familiares, que todavía están vivos
y que increíblemente muchos están disfrutando fuera de Cuba porque todo se les
olvidó, los mismos que todavía están en el gobierno, aquellos que violan los
más elementales derechos del ser humano y reprimen desde acciones tan sutiles
como prohibir salir de sus casas a personas aparentemente libres hasta los que
filman con un celular, sin hablar de los que se arriesgan a manifestarse de
forma individual o colectiva, hablan de que el gobierno norteamericano quiere
aplicar la violencia contra ellos y llaman a los que ellos reprimen a que los
defiendan.
Se quejan del abuso que significa una acción
extranjera que pudiera apoyar el cubano de a pie y ahora los autores y
ejecutores de una revolución que se impuso y mantiene sobre el terror y el
abuso sobre la población de su propio pueblo, muchos que la ayudaron a triunfar
y permanecer, ahora se quejan de que les aplique la violencia para sacarlos del
poder.
Es hasta cómico sino fuera realmente dramático, un gobierno que llegó al poder por la violencia, bombas, atentados, sabotajes, lucha armada y lucha en las ciudades, que para permanecer en el poder estos últimos 67 años, ha aplicado una represión brutal sobre parte del pueblo, ha encarcelado y fusilado a decenas de personas sólo por no incorporarse, ahora se queja de que quieren aplicar la violencia contra él.
El gobierno llama violencia a personas que se han cansado
y salen a protestar a las calles, llama violencia a toques de caldero, llama
violencia a un pueblo que sólo tiene las piedras para combatir a las fuerzas muy bien armadas y preparadas que aparecen a reprimirlos. El gobierno que lleva 67 años vociferando en contra
de los Estados Unidos y que ha tratado de imponer su agresiva permanencia,
ahora teme, llora porque los quieren sacar y pide consideraciones.
No existe otra forma, al menos hasta donde hemos
llegado. Para sacar a Batista, en realidad el dictador suave, se aplicó la
violencia, el terror, la guerra y ahora los autores de todo aquello, piden
canciones, flores y poemas, lo que les permita mantenerse en la misma posición.
Ahora, la “súper potencia” ideológica y militar Cuba,
aquella que, desde el gobierno, nos tiene cansados con que prefieren morir, parafraseando
la frase de Antonio Maceo, y que sólo recogerán el polvo del suelo cubano
anegado en sangre, pide clemencia, se victimiza, se hace pequeñita. 67 años de
guapería, que ahora, cuando hay que ser guapo de verdad, desaparecen. Ahora,
descaradamente, están pidiendo más tiempo y exigen como favor que, una vez más,
se les deje fracasar solos. ¿Y es que existe un fracaso mayor después del mayor
fracaso?
La frase que se impone, muy conocida en la Cuba
popular, acertadamente dice: hay que darle candela al jarro hasta que suelte el
fondo.

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