“El sistema no necesita que creas en él, el sistema necesita que actúes como si creyeras en él”.
Václav Havel. Autor, poeta, escritor, disidente
político. Primer presidente de la Republica Checa, 1993-2003, elegido
democráticamente después de la caída del comunismo europeo.
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Cuba siempre ha sido, ahora más que nunca, un
experimento, primero, para el gobierno interno y segundo, para la izquierda
mundial y de los “sentimentales”.
Cuba o la imagen que de ella se vendió en discursos,
paseos dirigidos a los visitantes y muchísimos privilegios, muchos más que los
que tuvo y tiene el pueblo cubano, es el sueño de todos los demócratas, por
supuesto los comunistas y socialistas mundiales, que viven y disfrutan de las
ventajas de sus respectivos países. Es más que todo eso, un sueño, para que lo
vivan otros.
Resulta fácil ser demócrata tomándose un café en
París, comiéndose un emparedado de jamón serrano y queso manchego en Madrid o mirando
desfilar a las bellas brasileñas bailando samba en Río. Es fácil, conocer y
compartir en un país como destino turístico donde después de una muela
ideológica, se visita Varadero, los cayos turísticos y Tropicana. Café,
emparedados, playas y espectáculos, prohibidos para la mayoría de los cubanos. Si,
para una gran mayoría.
Es lindo llegar a conocer esa isla, hospedándose en
hoteles o casas de descanso, trasladándose en modernos autos y comiéndose la “langosta
del enemigo”, más que las personas que nacieron, vivieron y murieron allí, sin
casi poder moverse de la cuadra donde vivían. El cubano de pueblo no conoce
Cuba y no es precisamente por falta de deseos.
Es fácil ponerse un pullover del Che, incluso dejarse la
barba y el pelo largo en Marsella, Barcelona, Sao Paulo, sin conocer lo que
verdaderamente significó esa figura en Cuba y el daño que hizo como jefe militar
y como jefe civil, porque saben que nadie les va a partir para arriba,
reprimir, arrancar el pullover violentamente, menos llevárselo detenido. El Che,
su verdadera historia, no la creada por el marketing, debería ser el símbolo
del desastre.
Es fácil defender el pluripartidismo, las elecciones,
las posibilidades de reunión e incluso la discrepancia o la abstinencia a
sabiendas que, salvo raras excepciones hoy, no van a existir consecuencias.
Nadie en Francia, España o Brasil irá a la cárcel por decir que tal o más cual
político es un corrupto.
Los “sentimentales” con relación a Cuba, no son
ideólogos, menos verdaderos revolucionarios de izquierda, ser de izquierda
sobre todo de forma fanática es estar a favor del fracaso y el retraso, son
sencillamente enormes hipócritas, muchos que se leyeron cuatro libros,
escucharon las canciones de otro hipócrita el Sr. Silvio Rodríguez, se quedaron
electrizados por uno de los mayores mercadólogos de imágenes Fidel Castro y sin
renunciar a los beneficios que tienen en sus respectivos países, menciono solo
uno, la libertad, pretenden convencer al mundo de la justeza y necesidad de
existencia de un gobierno, un partido, un grupo de personas que controlan, con
enormes dosis de miedo, a todo un país y que han determinado que ese poder
tiene que ser eterno caigan los que caigan, mueran los que mueran. No importan
las evidencias actuales, el discurso siempre está allá en el futuro no
alcanzable en una, dos, tres o cuatro vidas.
Recién se acaban de reunir en España, bajo el título
de IV Reunión en Defensa de la Democracia, cinco presidentes, España, México,
Brasil, Colombia y Uruguay y dentro de los intereses particulares de cada uno
de ellos para con sus homólogos, el tema principal común fue Cuba. Increíble,
se reúnen para hablar de democracia y defender a Cuba, en la misma medida que
el pueblo de Cuba, una gran parte de él al menos, está diciendo que no hay
democracia, menos libertad. Y de esto ni la mínima mención.
Estos presidentes, con el respeto que merecen como
figuras en sus respectivos países, o son sordos y ciegos, o son anormales, o
son unos descarados.
Dedicar un espacio a Cuba para mencionar e insistir en
el llamado bloqueo y ahora la posible intervención norteamericana, por
cualquier vía, en el asunto cubano, dedicar un espacio a Trump, como el mayor
culpable de todo, incluyendo la muerte de las hormigas gigantes en la Selva
Amazónica, y no hablar de lo que está pasando el pueblo de Cuba, no dedicarle
un pensamiento a las protestas, al disgusto, al desgaste, a las miles de
muestras que ese pueblo está dando en contra del gobierno, de los cacerolazos,
de las manifestaciones, de los cientos de personas que hoy hablan a través de
un celular o internet contando sobre la represión o sus precarias vidas, de los
continuos y crecientes encarcelamientos, de los cubanos que no pueden salir, de
los cubanos que no pueden entrar, es sencillamente vomitivo con el respeto de
los presidentes.
No les importa el pueblo de Cuba, imagino que
realmente tampoco mucho sus respectivos pueblos, la idea de pueblo sólo es un
pretexto para estar en el poder y responder a sus intereses personales, tal
como pasa con el “famoso” democrático gobierno cubano, que en resumen afirma
que Cuba tiene un proyecto propio, no parecido a ninguno de los otros
existentes y que entonces ese proyecto “exclusivo” permite, a cualquier costo,
mantenerse en el poder a todos aquellos que han llevado a Cuba a la casi
haitianización y que están autorizados por algún poder divino, pienso, a
equivocarse, probar, experimentar, fracasas repetidamente, sin que existan
consecuencias. Están autorizados a no resolver absolutamente nada y prometer
que lo lograran a la vuelta de los próximos 200 años. Los errores son
rectificables siempre, para eso hay tiempo de sobra, piensan ellos, en la misma
medida que el culpable siempre es un factor externo, si es Estados Unidos
mejor.
Es increíble la hipocresía de parte del mundo, de
parte de las organizaciones internacionales, incluso del mismísimo Vaticano con
su recién estrenado Papa, que desconocen, o al menos se hacen los tontos con la
realidad que vive Cuba internamente hoy, donde ni aquellos llamados logros del
socialismo, que hoy todos sabemos que tuvieron como soporte los miles y miles
de millones de dólares que el bloque socialista, especialmente la ex URSS,
metieron en la isla caribeña con tal de mantener una punta de lanza contra los
gobiernos norteamericanos, porque de solución cubana tuvieron poco, hoy no
existen, han desaparecido, quizás como consecuencia de haber tenido durante
décadas a un loco, prepotente, megalómano que dirigió el país tal como si fuera
su finca privada, sin reparar en el más mínimo de los consejos.
Claro en el caso de estos cinco presidentes auto
proclamados “democráticos”, el verdadero disgusto, que no llega a ser oposición
franca y determinada, porque al final se lo tienen que tragar, que utiliza como
pretexto conveniente hoy a Cuba, es a Trump, tratando de evidenciar al mundo el
peligro de las palabras del presidente norteamericano y su, por lo menos
declarada, intención de ayudar a los cubanos. Estos cinco presidentes ahora
piden entendimiento, paz, dialogo y respeto a la soberanía de los pueblos,
cuando en realidad deberían declararse a favor del gobierno castro-canelista
directamente y no darle tantas vueltas a la noria.
Resulta increíble que esos presidentes “democráticos”,
apelen a mantener la antidemocracia dentro de Cuba. Es imposible que no puedan
conocer lo que significa un gobierno totalitarista, clásico ejemplo cubano,
donde los fallos o grietas no son por intención, sino por la propia incapacidad
del gobierno para desarrollar un totalitarismo de calidad y que conozcan a la
perfección los fallos del gobierno y presidente Trump, lo que evidencia si no
una ceguera descarada, una visión corta en forma de túnel que evidencia una
pérdida de la visión periférica, dirigida a un solo objetivo.
No voy a defender a Trump, a él le sobra tiempo, recursos
y apoyos, como para defenderse a sí mismo. Trato de llamar la atención sobre el
pueblo cubano, que ya por desesperación, llega a plantear el deseo de una intervención
de cualquier tipo, desde cualquier lugar que venga, porque sencillamente ese pueblo
que no puede dedicarse hoy a la filosofía, menos a la ideología, está luchando
diariamente para ver qué puede comer, cómo puede cocinar lo poco que consigue,
cómo puede conservar lo que necesita para mañana. Ese pueblo no necesita de
descargas patrióticas y clases de soberanía, es más, me arriesgaría a asegurar,
que está cansado de ellas, porque lo que necesita hoy es no morir. Vayan
presidentes demócratas y “sentimentales” a Haití y traten de convencer al
pueblo haitiano de los beneficios que podrán experimentar dentro de 50, 100
años. Les parece una exageración, puede ser, pero existen muchos lugares de
Cuba y muchos cubanos que viven tal como si estuvieran en Haití, quizás peor.
Cuba necesita libertad que no ha conocido en estas últimas
décadas, porque tal como asegura Havel, en los gobiernos totalitarios, por muy
dulces que parezcan, el pueblo vive bajo la “simulación”, y más allá dentro de
una verdadera ideología, en una “vida dentro de la mentira”.
En Cuba tanto miedo tiene el represor, aunque aparenta
convencimiento y valentía, como el reprimido. Todos al unísono están tratando
de evitarse un problema y tratando de fingir como si creyeran evidenciando lealtad,
lo que permite que el gobierno, que más que eso es un sistema muy bien definido
y cerrado, se mantenga.
No creo que la realidad cubana pueda hoy ser defendida,
más allá del discurso propagandístico, ni por los represores, menos por los presidentes
democráticos y “sentimentales”, sólo que como dice el viejo refrán “el que
empuja no se da golpes”.

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