Hace ya algún tiempo escribí aquí que comerse un, no digamos dos huevos, en Cuba es un tema político, hoy pensando creo que esta frase me quedó buena, sólo podría agregarle para ratificarla con un argumento nuevo es que hoy comerse un huevo, un solo huevo, sigue siendo entre otros muchos, un problema político.
Y esto lo digo por los “sentimentales”, los que ahora, tratando de quitar valor a lo que está pasando en la isla, dividen a los cubanos que han emigrado en diferentes partes o tipos.Están los que ellos
llaman y reconocen porque no les queda más remedio, como exilio político,
haciendo referencia a los primeros cubanos, los fundadores, que salieron por
afectaciones o porque tuvieron mejor olfato, en los primeros años de la
revolución, mejor conocida hoy como “robolución”, de los que hoy quedan muy
poquitos vivos o, por simple paso del tiempo, son muy viejitos ya y los cubanos
que han ido saliendo, donde me incluyo, después
de esos primeros acontecimientos, en diferentes oleadas o sencillamente de
forma individual y silenciosa, a los que se quiere enmarcar como emigrantes
económicos.
La solución de emigrantes económicos es un esfuerzo
del gobierno cubano por, primero, disminuir en importancia el efecto político
de los que se mueven; segundo, tratar de imponer el descerebramiento de los
que, por diferentes causas y sobre todo, diferentes explicaciones o
justificaciones, ya no están; tercero, porque de esa forma se limpia la imagen
del gobierno, tratando de decir que lo que pasa en Cuba es lo mismo que lo que
pasa en muchos países del mundo donde las personas se mueven en busca de
mejores opciones; cuarto, creo que, muy hipócritamente, tratando de justificar
a los propios miembros del gobierno, más los familiares de los más altos
gobernantes, a los que, a pesar de los “miles de beneficios” que el sistema
comunista cubano dicen provee, no han podido convencer para que se queden a ver
el final de la película y sobre todo, colaborar con la realización del guion
que está diseñado; quinto, al no estar en contra del gobierno, sino de algunas
realidades muy puntuales, esa emigración es tratada de usar a conveniencia como
publicistas, cosa que logran en alguna medida o como fuente económica hablando
de la ayuda a la familia y en general al pueblo cubano; sexto, tratar de
establecer que los que salen de Cuba, no lo hacen huyendo de nada, menos de una
dictadura totalitaria, con cara dulce y manos de acero, sino que embullados por
la propaganda capitalista, siempre “enemiga” quieren probar suerte, tal como si
tirarse al mar sobre una tabla y dos gomas de camión, caminar meses por selvas,
ríos, viendo la muerte al lado de ellos, pasar por uno, dos, tres, cuatro países
como ilegales, evadiendo a la policía, a las bandas de delincuentes,
narcotraficantes, asesinos y políticos corruptos, tal como si llegar a un país
con diferente clima, sin conocer a alguien, con diferente idioma, fuera un simple
viaje de turismo programado y sobre todo seguro.
El discurso del gobierno cubano no es sólo deleznable,
sino descarado. Para ellos nosotros los cubanos que no los apoyamos somos indistintamente
traidores, apátridas, gusanos, mercenarios, pero además emigrantes económicos, exiliados,
diáspora, refugiados, asilados, etc., y ahora para colmo, trumpistas, jamás
deben haber existido tantas definiciones para lo mismo. Es muy sencillo, sí,
somos cubanos de Cuba, lo mismo que los japoneses son de Japón, los chinos de China,
los bolivianos de Bolivia y los burundienses o burundianos son de Burundi, no
existen cubanos de otro lugar y, estamos en contra.
Y es cierto, los burundienses o burundianos pueden
salir a buscar mejor vida, pueden invertir en Burundi para ayudar a los suyos e
incluso para asegurarse ellos mismos un futuro, pueden entrar y salir a sus
antojos, pero de forma general los que se quedan pueden comer huevos, tal como
comían huevos los cubanos llamados pobres en la Cuba de antes de 1959, momento
hasta el cual los cubanos viajaban, trabajaban y regresaban a su país de origen
porque al cubano le gustaba Cuba.
Hoy, pero no nuevo, desde hace décadas, el cubano migra
sin rumbo fijo, sin protección, sin garantías, porque sencillamente prefiere
padecer, arriesgarse, quizás probar e incluso fracasar, antes de quedarse en
Cuba y si esa migración es llamativa, habría que aclarar que moverse de Cuba siempre
ha sido muy difícil, entre otras cosas por el componente geográfico muy bien
utilizado por el gobierno de su condición de isla lo que dificulta las vías de
escape. Si Cuba, ese bello pedazo de tierra que fue, tuviera por lo menos unos
pocos metros de frontera con otro país, hoy quedarían menos personas que lo que
fueron nuestros aborígenes, familia de Guamá incluida, a la llegada de los
españoles, porque hasta los muertos, que hubieran sido menos obviamente, se hubieran
levantado de sus tumbas y hubieran salido echando.
Ahora, la migración cubana, que como he dicho y queda
demostrado tiene el mismo tiempo de la revolución, tiene muchas variantes
debido al tiempo que ha pasado. Entrando los rebeldes triunfantes a La Habana
por y entre otras cosas la huida de Batista que ya no le servía ni a los
intereses del gobierno norteamericano, desde ese mismo momentos ciudadanos
cubanos montaban en aviones para escapar. El tiempo, casi 70 años, tanto para
los que están dentro, como para los que están fuera, ha traído miles de
variantes y explicaciones para esa emigración bulliciosa o silenciosa que se ha
mantenido como norma. Esa emigración que, aunque sólo se recoja en sus momentos
más complicados, jamás ha parado.
He vivido desde el 2007 fuera de Cuba y conozco a
decenas y decenas de inmigrantes, documentados e indocumentados, sobre todo
haitianos en República Dominicana y de todas las nacionalidades aquí en Estados
Unidos, a ninguno de ellos lo han botado de sus países, o sea, para ellos no
existieron esas frases convertidas en política activa de “que se vayan, no los
queremos, no los necesitamos”, “que se vaya la escoria” por tanto, están resentidos
quizás con la pobreza que padecían, pero no con la política y los políticos. Ellos
siguen siendo orgullosos ciudadanos de sus países, porque entre otras cosas los
gobiernos los reconocen, los llaman hermanos y no han sentido el peso de las
palabras y más que eso las definiciones de “gusanos” y “escorias” sobre ellos.
Ellos no han traicionado a nadie, ellos no son acusados de apátridas, ellos no
han perdido su condición de hijos de una tierra específica, porque entre otras
cosas, en sus respectivos países, incluyendo a Burundi, los gobiernos y los gobernantes
no son dueños de una nación entera.
Creo haber contado que a mi llegada a República
Dominicana, diciembre del 2007, país que tiene más de dos millones de
dominicanos en los Estados Unidos, lo que significa la tercera población en
importancia para ese país, coincidí con un vuelo que venía de New York, refugio
dominicano por excelencia y para mí asombro en el aeropuerto había un enorme
cartel a colores que decía: “Bienvenido Hermano Dominicano” y todos los que
allí aterrizamos en ese momento, yo incluido que venía de La Habana,
presenciamos un espectáculo de música y baile en los salones de la terminal aérea
y recibimos un vaso con ron dominicano. Pura fiesta. ¿Eso es lo que pasa en
Cuba?
El problema principal es sencillo de entender, en los
países que cuento, los gobiernos, algunos honestos otros corruptos, algunos
eficientes otros desastrosamente incapaces, no son los dueños eternos; en Cuba,
cuyo gobierno se enmarca en el clásico totalitarismo, se apropia de un país
entero, incluyendo el oxígeno y los peces de la plataforma insular, entonces o
estás con él o sencillamente te colocas tácitamente en contra de él. No existen
alternativas, no existen espacios.
El gobierno lo condiciona todo, todo el tiempo,
incluyendo los huevos que te puedes comer de forma oficial, si tratas de evadir
eso y vas fuera de la raya impuesta, por ejemplo, tratas de comerte dos huevos,
cuya única forma de suministro es el mercado negro, ahora por su importancia y
valor reconocido como informal, ya sabemos la habilidad comunista para cambiar
el nombre de las cosas y procesos, entonces tendrás problema. Si, todo en Cuba
es un problema político, no sé cómo personas tratan de no entender eso.
Mucho se ha criticado en la historia a los
esclavistas, dueños de las vidas humanas de los esclavos, más se ha criticado a
los señores feudales, dueños de los castillos y sus ciudades, los ríos, los
puentes, las tierras, etc., sin embargo, todavía se es dulce, blando y hasta
amoroso al analizar al gobierno cubano que es la mejor representación moderna
de la síntesis del esclavismo y el feudalismo.
Entonces como todo en Cuba es resultado de la política
y la ideología, como todo está estructurado para que un grupo de personas, ya
no se sabe en nombre de qué, se mantengan en el poder, afectando hasta la
cantidad de posturas de gallinas que un cubano pueda comerse, creo que los cubanos fuera de
Cuba, primero, por simple lógica, segundo por dignidad y tercero por vergüenza,
no importa si salió en una balsa, si cruzó una frontera, si se quedó en una misión
o si se enamoró del extranjero (a) de su vida, deberíamos estar en contra del
gobierno cubano y hacer, cada cual, desde su posición, posibilidades y recursos,
lo posible porque ese gobierno desaparezca lo antes posible, si pudiera ser
mañana mismo. Gobierno significa todas y cada una de las instituciones civiles
y militares que existan, incluyendo o partiendo del partido comunista y sus amplificaciones
en todos los sectores de la población y vida cubanos.
Claro, porque ya a mí edad no puedo ser tan ingenuo como
quizás me gustaría, saco de este grupo a los que son testaferros del gobierno
cubano en el exterior, los miembros de todas las organizaciones y empresas que
el gobierno cubano mantiene económicamente también en el exterior como
prolongación de su poder y más directamente justificados aquellos agentes de la
seguridad cubana, los lobistas, los agentes de opinión inscritos o clandestinos,
con los cuales el gobierno cubano trabaja muy finamente en estos últimos 67
años.
Los cubanos deberíamos ser coherentes, cosa que creo en
sentido general no somos, y al menos en esto tendríamos que estar de acuerdo,
más allá de la necesaria y justificada ayuda familiar, la visita a la abuelita
o la añoranza que cada cual pueda tener por el pedazo de tierra donde nació, la
casa vieja que dejó, los adoquines de las zonas coloniales, los toques de
santos y padrinos de religión, las palmas que pudieran parecer son exclusivas
de la vegetación cubana, etc.
Deberíamos estar de acuerdo en que los males a los que
hemos llegado como nación, sufridos por unos más que otros, es verdad, pero con
dosis para todos, son el resultado de las acciones siempre unas más fracasadas
que otras tomadas por el partido comunista cubano que tiene a un gobierno como subordinado.
Los cubanos, tan dados a fajarnos entre nosotros mismos
y tan difíciles de unirnos, deberíamos acabar de entender que ya 67 años es más
que suficiente tiempo para haber experimentado y que ninguno de esos experimentos
ha quedado bien, entonces, a quién se le puede ocurrir que habría que darles
más tiempo a aquellos “científicos” ineptos que lo han destruido todo.
¿Cómo entender que todavía existan cubanos que piensen
que la cosa va a mejorar con la simple idea de que ahora Cuba seguirá el camino
de China y Viet Nam, claro con la muy oportuna coletilla de adaptándolos a la
realidad y sobre todos a los intereses del gobierno cubano cuando a China y
Viet Nam le ha costado 30 años las transformaciones?, ¿Cómo entender que todavía
alguien diga que esto con Fidel Castro no hubiera pasado, siendo ese personaje el
único, el primero, el líder y jefe comandante de los “científicos”, al que
todavía los del gobierno, no pudiendo negar que está muerto, llama líder y guía
espiritual, manteniendo ridículamente su silla vacía en el parlamento cubano,
tal como si por si acaso un día decide salirse de la piedra y darse un
brinquito?
No se le puede pedir a un pueblo entero, que piense
igual, que actúe igual, que decida de la misma forma y que esté exactamente de acuerdo
con todo, eso es lo que quizo representar el comunismo en Cuba y todos sabemos
que es mentira, pero al menos los cubanos deberíamos ser coherentes y, sobre
todo, tener vergüenza.

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