miércoles, 8 de abril de 2026

667.- ¿Coherencia y Vergüenza, es mucho pedir?

Hace ya algún tiempo escribí aquí que comerse un, no digamos dos huevos, en Cuba es un tema político, hoy pensando creo que esta frase me quedó buena, sólo podría agregarle para ratificarla con un argumento nuevo es que hoy comerse un huevo, un solo huevo, sigue siendo entre otros muchos, un problema político.

Y esto lo digo por los “sentimentales”, los que ahora, tratando de quitar valor a lo que está pasando en la isla, dividen a los cubanos que han emigrado en diferentes partes o tipos. 

Están los que ellos llaman y reconocen porque no les queda más remedio, como exilio político, haciendo referencia a los primeros cubanos, los fundadores, que salieron por afectaciones o porque tuvieron mejor olfato, en los primeros años de la revolución, mejor conocida hoy como “robolución”, de los que hoy quedan muy poquitos vivos o, por simple paso del tiempo, son muy viejitos ya y los cubanos que han  ido saliendo, donde me incluyo, después de esos primeros acontecimientos, en diferentes oleadas o sencillamente de forma individual y silenciosa, a los que se quiere enmarcar como emigrantes económicos.

La solución de emigrantes económicos es un esfuerzo del gobierno cubano por, primero, disminuir en importancia el efecto político de los que se mueven; segundo, tratar de imponer el descerebramiento de los que, por diferentes causas y sobre todo, diferentes explicaciones o justificaciones, ya no están; tercero, porque de esa forma se limpia la imagen del gobierno, tratando de decir que lo que pasa en Cuba es lo mismo que lo que pasa en muchos países del mundo donde las personas se mueven en busca de mejores opciones; cuarto, creo que, muy hipócritamente, tratando de justificar a los propios miembros del gobierno, más los familiares de los más altos gobernantes, a los que, a pesar de los “miles de beneficios” que el sistema comunista cubano dicen provee, no han podido convencer para que se queden a ver el final de la película y sobre todo, colaborar con la realización del guion que está diseñado; quinto, al no estar en contra del gobierno, sino de algunas realidades muy puntuales, esa emigración es tratada de usar a conveniencia como publicistas, cosa que logran en alguna medida o como fuente económica hablando de la ayuda a la familia y en general al pueblo cubano; sexto, tratar de establecer que los que salen de Cuba, no lo hacen huyendo de nada, menos de una dictadura totalitaria, con cara dulce y manos de acero, sino que embullados por la propaganda capitalista, siempre “enemiga” quieren probar suerte, tal como si tirarse al mar sobre una tabla y dos gomas de camión, caminar meses por selvas, ríos, viendo la muerte al lado de ellos, pasar por uno, dos, tres, cuatro países como ilegales, evadiendo a la policía, a las bandas de delincuentes, narcotraficantes, asesinos y políticos corruptos, tal como si llegar a un país con diferente clima, sin conocer a alguien, con diferente idioma, fuera un simple viaje de turismo programado y sobre todo seguro.

El discurso del gobierno cubano no es sólo deleznable, sino descarado. Para ellos nosotros los cubanos que no los apoyamos somos indistintamente traidores, apátridas, gusanos, mercenarios, pero además emigrantes económicos, exiliados, diáspora, refugiados, asilados, etc., y ahora para colmo, trumpistas, jamás deben haber existido tantas definiciones para lo mismo. Es muy sencillo, sí, somos cubanos de Cuba, lo mismo que los japoneses son de Japón, los chinos de China, los bolivianos de Bolivia y los burundienses o burundianos son de Burundi, no existen cubanos de otro lugar y, estamos en contra.

Y es cierto, los burundienses o burundianos pueden salir a buscar mejor vida, pueden invertir en Burundi para ayudar a los suyos e incluso para asegurarse ellos mismos un futuro, pueden entrar y salir a sus antojos, pero de forma general los que se quedan pueden comer huevos, tal como comían huevos los cubanos llamados pobres en la Cuba de antes de 1959, momento hasta el cual los cubanos viajaban, trabajaban y regresaban a su país de origen porque al cubano le gustaba Cuba.

Hoy, pero no nuevo, desde hace décadas, el cubano migra sin rumbo fijo, sin protección, sin garantías, porque sencillamente prefiere padecer, arriesgarse, quizás probar e incluso fracasar, antes de quedarse en Cuba y si esa migración es llamativa, habría que aclarar que moverse de Cuba siempre ha sido muy difícil, entre otras cosas por el componente geográfico muy bien utilizado por el gobierno de su condición de isla lo que dificulta las vías de escape. Si Cuba, ese bello pedazo de tierra que fue, tuviera por lo menos unos pocos metros de frontera con otro país, hoy quedarían menos personas que lo que fueron nuestros aborígenes, familia de Guamá incluida, a la llegada de los españoles, porque hasta los muertos, que hubieran sido menos obviamente, se hubieran levantado de sus tumbas y hubieran salido echando.

Ahora, la migración cubana, que como he dicho y queda demostrado tiene el mismo tiempo de la revolución, tiene muchas variantes debido al tiempo que ha pasado. Entrando los rebeldes triunfantes a La Habana por y entre otras cosas la huida de Batista que ya no le servía ni a los intereses del gobierno norteamericano, desde ese mismo momentos ciudadanos cubanos montaban en aviones para escapar. El tiempo, casi 70 años, tanto para los que están dentro, como para los que están fuera, ha traído miles de variantes y explicaciones para esa emigración bulliciosa o silenciosa que se ha mantenido como norma. Esa emigración que, aunque sólo se recoja en sus momentos más complicados, jamás ha parado.

He vivido desde el 2007 fuera de Cuba y conozco a decenas y decenas de inmigrantes, documentados e indocumentados, sobre todo haitianos en República Dominicana y de todas las nacionalidades aquí en Estados Unidos, a ninguno de ellos lo han botado de sus países, o sea, para ellos no existieron esas frases convertidas en política activa de “que se vayan, no los queremos, no los necesitamos”, “que se vaya la escoria” por tanto, están resentidos quizás con la pobreza que padecían, pero no con la política y los políticos. Ellos siguen siendo orgullosos ciudadanos de sus países, porque entre otras cosas los gobiernos los reconocen, los llaman hermanos y no han sentido el peso de las palabras y más que eso las definiciones de “gusanos” y “escorias” sobre ellos. Ellos no han traicionado a nadie, ellos no son acusados de apátridas, ellos no han perdido su condición de hijos de una tierra específica, porque entre otras cosas, en sus respectivos países, incluyendo a Burundi, los gobiernos y los gobernantes no son dueños de una nación entera.

Creo haber contado que a mi llegada a República Dominicana, diciembre del 2007, país que tiene más de dos millones de dominicanos en los Estados Unidos, lo que significa la tercera población en importancia para ese país, coincidí con un vuelo que venía de New York, refugio dominicano por excelencia y para mí asombro en el aeropuerto había un enorme cartel a colores que decía: “Bienvenido Hermano Dominicano” y todos los que allí aterrizamos en ese momento, yo incluido que venía de La Habana, presenciamos un espectáculo de música y baile en los salones de la terminal aérea y recibimos un vaso con ron dominicano. Pura fiesta. ¿Eso es lo que pasa en Cuba?

El problema principal es sencillo de entender, en los países que cuento, los gobiernos, algunos honestos otros corruptos, algunos eficientes otros desastrosamente incapaces, no son los dueños eternos; en Cuba, cuyo gobierno se enmarca en el clásico totalitarismo, se apropia de un país entero, incluyendo el oxígeno y los peces de la plataforma insular, entonces o estás con él o sencillamente te colocas tácitamente en contra de él. No existen alternativas, no existen espacios.

El gobierno lo condiciona todo, todo el tiempo, incluyendo los huevos que te puedes comer de forma oficial, si tratas de evadir eso y vas fuera de la raya impuesta, por ejemplo, tratas de comerte dos huevos, cuya única forma de suministro es el mercado negro, ahora por su importancia y valor reconocido como informal, ya sabemos la habilidad comunista para cambiar el nombre de las cosas y procesos, entonces tendrás problema. Si, todo en Cuba es un problema político, no sé cómo personas tratan de no entender eso.

Mucho se ha criticado en la historia a los esclavistas, dueños de las vidas humanas de los esclavos, más se ha criticado a los señores feudales, dueños de los castillos y sus ciudades, los ríos, los puentes, las tierras, etc., sin embargo, todavía se es dulce, blando y hasta amoroso al analizar al gobierno cubano que es la mejor representación moderna de la síntesis del esclavismo y el feudalismo.

Entonces como todo en Cuba es resultado de la política y la ideología, como todo está estructurado para que un grupo de personas, ya no se sabe en nombre de qué, se mantengan en el poder, afectando hasta la cantidad de posturas de gallinas que un cubano pueda comerse, creo que los cubanos fuera de Cuba, primero, por simple lógica, segundo por dignidad y tercero por vergüenza, no importa si salió en una balsa, si cruzó una frontera, si se quedó en una misión o si se enamoró del extranjero (a) de su vida, deberíamos estar en contra del gobierno cubano y hacer, cada cual, desde su posición, posibilidades y recursos, lo posible porque ese gobierno desaparezca lo antes posible, si pudiera ser mañana mismo. Gobierno significa todas y cada una de las instituciones civiles y militares que existan, incluyendo o partiendo del partido comunista y sus amplificaciones en todos los sectores de la población y vida cubanos.

Claro, porque ya a mí edad no puedo ser tan ingenuo como quizás me gustaría, saco de este grupo a los que son testaferros del gobierno cubano en el exterior, los miembros de todas las organizaciones y empresas que el gobierno cubano mantiene económicamente también en el exterior como prolongación de su poder y más directamente justificados aquellos agentes de la seguridad cubana, los lobistas, los agentes de opinión inscritos o clandestinos, con los cuales el gobierno cubano trabaja muy finamente en estos últimos 67 años.

Los cubanos deberíamos ser coherentes, cosa que creo en sentido general no somos, y al menos en esto tendríamos que estar de acuerdo, más allá de la necesaria y justificada ayuda familiar, la visita a la abuelita o la añoranza que cada cual pueda tener por el pedazo de tierra donde nació, la casa vieja que dejó, los adoquines de las zonas coloniales, los toques de santos y padrinos de religión, las palmas que pudieran parecer son exclusivas de la vegetación cubana, etc.

Deberíamos estar de acuerdo en que los males a los que hemos llegado como nación, sufridos por unos más que otros, es verdad, pero con dosis para todos, son el resultado de las acciones siempre unas más fracasadas que otras tomadas por el partido comunista cubano que tiene a un gobierno como subordinado.

Los cubanos, tan dados a fajarnos entre nosotros mismos y tan difíciles de unirnos, deberíamos acabar de entender que ya 67 años es más que suficiente tiempo para haber experimentado y que ninguno de esos experimentos ha quedado bien, entonces, a quién se le puede ocurrir que habría que darles más tiempo a aquellos “científicos” ineptos que lo han destruido todo.

¿Cómo entender que todavía existan cubanos que piensen que la cosa va a mejorar con la simple idea de que ahora Cuba seguirá el camino de China y Viet Nam, claro con la muy oportuna coletilla de adaptándolos a la realidad y sobre todos a los intereses del gobierno cubano cuando a China y Viet Nam le ha costado 30 años las transformaciones?, ¿Cómo entender que todavía alguien diga que esto con Fidel Castro no hubiera pasado, siendo ese personaje el único, el primero, el líder y jefe comandante de los “científicos”, al que todavía los del gobierno, no pudiendo negar que está muerto, llama líder y guía espiritual, manteniendo ridículamente su silla vacía en el parlamento cubano, tal como si por si acaso un día decide salirse de la piedra y darse un brinquito?

No se le puede pedir a un pueblo entero, que piense igual, que actúe igual, que decida de la misma forma y que esté exactamente de acuerdo con todo, eso es lo que quizo representar el comunismo en Cuba y todos sabemos que es mentira, pero al menos los cubanos deberíamos ser coherentes y, sobre todo, tener vergüenza.

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