Desde siempre, desde que dejamos de ser monos, hemos estado buscando explicaciones. Miles de preguntas que hay que responder a cada humano que logra llegar con vida al exterior de su madre. ¿Por qué llueve?, ¿Por qué sale y se oculta el Sol?, ¿Por qué una montaña que conocemos por aburrida, un día explota y derrama humo, candela y lava?, ¿Por qué los salmones luchan y mueren en masas, dejando su calmado mar para poner sus hijos río arriba en agua dulce?, ¿Por qué las ballenas son mamíferos, si viven en aguas frías de grandes profundidades? Dos de mis tres nietas, Maeve y Melodie, aún pequeñas, 4 y 2 años respectivamente, no paran de preguntar de forma entonada: Why??????????
Luego con el desarrollo de las ideas, los idiomas, los
cruces de etnias, religiones, los más poderosos y los pobres, etc., las
preguntas se hacen más complejas y socialmente humanas: ¿Por qué nací esclavo?,
¿Por qué un tal señor tiene derecho a poseer a mi novia a su antojo?, ¿Por qué
se encarcela o mata a veces por capricho?, ¿Existe realmente Dios a al menos
algún dios?, ¿Por qué la muerte, si la vida es tan linda?, ¿A dónde van a parar
los que se mueren?
Las preguntas sobre y a nuestros entornos siempre nos acompañan,
sobre todo, cuando no entendemos o tratamos de buscar explicaciones, incluso
cuando pensamos conocer las posibles respuestas, quizás como una herramienta
para darnos ánimos, valor, apoyarnos, defendernos, ratificar pensamientos o
sencillamente joder. Cuando el hombre, incluyo a las mujeres obviamente, no
entiende o no le cuadra algo, se pregunta. Cada pregunta inteligente va a
responder a un momento histórico determinado, algunas más cercanas sobre la
realidad que se vive, otras más generales y abarcadoras, sobre todo de aquellos
con un pensamiento más profundo y complejo, interesados en cada uno de los
eventos que ocurren, ya no en nuestro planeta, sino en toda la galaxia a la que
pertenecemos.
Cada cual debe conocer su historia, aunque para muchos
esto es una tarea sin importancia, porque hoy puede parecer más importante
conocer de celulares o de la recién llegada a todos Inteligencia Artificial y
entonces aparecen las preguntas, que, para nuestro caso, cubanos, podrían ser
cientos de miles, de las cuales muchas de ellas nos cuestan trabajo responder
acertadamente, más allá de una sarta de suposiciones, explicaciones,
justificaciones, etc.
Como ya a mí edad he descubierto que no soy un genio,
ni me interesa impresionar a nadie por mis posibles siempre acertados
conocimientos sobre algo, me place decir que veo y escucho con frecuencia un
espacio que se llama “ErnestoMiami”, se los recomiendo a todos.
Asumiendo que el protagonista del espacio se llama
Ernesto, me es agradable decir que el amigo, es un cubano que vive en Miami,
que, primero, no aparenta ser rico, empresario con éxito económico, no le
importa imponer una idea por el dinero que puede tener; segundo, que es un tipo
dulce, de hablar pausado, que tal como yo, hoy no pretende aparecer como el que
más sabe, no pretende ser la última Coca Cola del desierto, menos convertirse
en referencia obligatoria para abordar un tema sobre el cual concluye
inequívocamente. No es tan siquiera un genuino dandi, al cual te verías
obligado a seguir por su belleza física, su corte de pelo, su barba a la moda o
su comicidad.
Ernesto, es un cubano, común, repito como yo, como
muchos otros, con soltura a la hora de comunicar, que conversa, comparte ideas
y sobre todo deja el camino abierto para reflexionar. No impone y eso me gusta,
no asegura categóricamente, menos cree tener la solución mágica sobre lo que
nos pasó y menos lo que nos podrá pasar. No tiene una receta o fórmula mágica
para que mañana Cuba pueda caminar el camino que muchos queremos que camine,
que probablemente va a ser largo, espinoso, complejo, pero nuevo camino. Es
sencillamente una conversación de esas que tenemos entre amigos cualquier día
de reunión entre ideas serias y chistes.
Hace pocos días vi uno de sus programas que también me
llamó la atención, como muchos otros, quiero decir siendo sincero, no porque
descubriera algo extremadamente nuevo, pero si porque logró, primero, darles
validez a mis ideas, segundo, porque logró organizarlas y tercero, luego de la
reflexión, hacerme escribir.
Ernesto, al cual desde muy rápido te parece que es tu
amigo o al menos un amigo que se desea tener, cuenta muy claramente y explica
por qué algunos pueblos terminan respaldando ideas y acciones que a todas luces
y por pura lógica no deberían ser respaldadas, entendiendo el proceso como
humano en muchos lugares y momentos de la historia y por supuesto,
específicamente, en el caso cubano después de 1959.
Y esto para mí responde a esa pregunta o preguntas que
muchos nos hacemos: qué nos pasó y qué nos pasa, sobre todo cuando pretendemos
explicar a desconocedores sobre el proceso cubano pasado y presente, cosa que a
veces hasta a los que lo hemos vivido nos cuesta trabajo entender, más poder
explicar en pocas palabras. Ya escribí sobre el llamado Daño Antropológico y me
arriesgué a definir sobre el menos conocido al menos para el común viviente llamado
Proceso de Domesticación Humana, ideas que no repetiré ahora, cada uno de ellos
puede ser objeto de millones de páginas, videos, películas, conferencias, etc.
Vemos todos los días pueblos que se rebelan a malos
gobiernos más allá de su tendencia política, ideológica, etc., que salen a la
calle, que explotan a los países, incluso cuando las consecuencias represivas,
está demostrado que pueden ser mayores, tal como la represión a gran escala y
la muerte y nos preguntamos por qué eso no pasa en Cuba si las condiciones de
vida son peores que en muchos de esos lugares.
Y en realidad, ni lo que pasó es exclusivo de Cuba,
porque ni tan siquiera para eso se inventó algo nuevo, ni es tan difícil de
entender una vez que se conocen los hechos y se organizan las ideas.
Crecí y viví muchos años dentro de una familia
revolucionaria que eligió voluntariamente ser comunista y digo voluntariamente
a exprofeso, porque conozco que existieron muchos revolucionarios que se
motivaron, pero no comulgaron totalmente con la doctrina comunista y se
mantuvieron justo en la frontera sin traspasarla. Mi familia fue muy
trabajadora, muy de vanguardia, de activismo político ideológico dinámico y
probado, por lo que voy a escribir sobre algo que no me contó nadie, lo viví.
Creo entonces que esto puede servir para esos dos
bandos que se crearon en Cuba: los de a favor y los de en contra; aquellos que supuestamente
desde el poder, porque en realidad poder real tenían poco, una vez que se
convirtieron sólo en adoctrinados encargados de tratar de adoctrinar o contener
a otros, reprimieron, se reunieron constantemente, vigilaron, sancionaron y
gritaron y a los que, sencillamente, fueron sus víctimas directas.
¿Por qué los de allá, Cuba, y los de aquí, o sea,
todos los que estamos regados por el mundo, no estamos en las calles todos los
días, todo el día, para resolver de una vez el tema de que Cuba al menos no supere
en la lista a los países que históricamente han clasificados como casi inhumanos?,
¿Somos malos, somos cobardes, somos incapaces? Para nada, de forma general sólo
fuimos y muchos aún son obedientes.
Las comparaciones no son para nada buenas y menos
sirven para resolver algo, pero lo que nos pasa como pueblo puede ser comparado
con el comportamiento entre un animal salvaje y uno domesticado, aunque ambos
sean de la misma especie.
Cualquier análisis, lo que incluye la facilidad, es
diferente obviamente entre los que están aún dentro y los que, como yo, hoy
vivimos fuera. Tal como dice la canción: Cambia, todo cambia.
Lo primero es no caer siempre en la tentación del
entrenador de boxeo, karate, artes marciales mixtas, etc. y muchas veces el público,
que desde la esquina, desde afuera, le grita a su entrenado: sube las manos,
levanta la cabeza, ataca al costado, dale, dale, avanza, no te dejes golpear, cosa
que resulta relativamente fácil, sin darse cuenta de que su entrenado en
tiempos de preparación aprendió y por tanto sabe que tiene que subir las manos,
levantar la cabeza, atacar al costado, pero no lo hace porque no puede, porque
ya no tiene fuerzas y, luego, el entrenador con buenas intenciones, olvida por
momentos, que el oponente no está sentado, ni amarrado, menos inmóvil, también
levanta las manos, gira, levanta la cabeza y sobre todo golpea e inmoviliza. A
veces en este tipo de combate, que puede ser comparado con el de un pueblo
desarmado contra un gobierno decidido a permanecer por las malas, hasta los
cuerpos aparentemente más musculosos y fuertes, se desgastan rápido.
A mí, amante de las corridas de toros desde que fui niño, con aquello de las películas de Palomo Linares, siempre desde una cómoda butaca de cine o frente a una pantalla, admiré la casi danza coreográfica que el torero realiza frente al toro, en no pocas ocasiones con milimétrica precisión, otra cosa es tener el valor de enfrentar a un toro de lidia embravecido de entre 500 y 600 kilogramos o más, con muchas intenciones de, por lo menos, sacarse de arriba al torero.

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