Mirando hacia atrás, es fácil concluir que el gobierno
cubano, apodado revolución, muy rápido detectó que no tenía y no tendría logros
económicos propios y era de entender, los que encabezaban ese gobierno, habían
tenido pocos vínculos con la realidad económica del país y se habían dedicado a
las ideas políticas e ideológicas.
Fidel emerge como el responsable y máximo conocedor de
todo, un tipo que procedía de una familia adinerada, que nunca había tan siquiera
trabajado porque fue mantenido, primero, por esa familia y luego por sus
llamados compañeros de lucha, luego el resto de los rebeldes o revolucionarios
a los que se les entregó el país, ni idea tenían de qué hacer con ese país,
luego que lograron establecerse en el poder.
Eran políticos, algunos intelectuales, descendientes del
campo cubano con muy poco nivel de instrucción, jóvenes estudiantes demócratas,
todos ideologizados por los que pensaban, que para el caso cubano de forma
independiente eran pocos, que muy rápido detectaron que tenían dos caminos, no
tres, ni cuatro, o se sumaban al carro que corría, lo cual podría traer
permanencia y algunos beneficios o se oponían a lo que comenzó a pasar, lo que
terminaba colocándolos en el declarado públicamente bando enemigo.
Las opciones, día a día que pasó, bajo el lema de defensa
de la revolución, hiciera ésta lo que hiciera, eran solo dos, a favor o en
contra y es hasta fácil entender que muchos se sumaron a la primera, siempre embarrados
de algo tan de moda por aquellos años, eran revolucionarios.
Entonces, como el tema económico no fue nunca el
fuerte, no lo es hasta hoy y cuando los hubo en apariencias fue mantenido desde
el exterior, la revolución, sus máximos líderes, se dedicaron a adoctrinar a la
gran masa.
Todo desde muy al comienzo se convirtió en ideología y
en tratar de amaestrar, si, como animales, a todo un pueblo, sin importar
borrar la memoria y cambiar la historia pasada, a tal punto que la realidad pasada
dejó de existir bajo pura conveniencia y a endulzar, pintando en el aire, fabricando
una idea de futuro sobre el humo, cada una de las acciones que se tomaron,
llegándose a no ver o sencillamente justificar cada uno de los grandes
fracasos, sobre todo por la presencia y acción de un enemigo que también pasó
por la mano del invento y diseño provocado.
La gran masa adoctrinada o amaestrada, cosa para lo
cual se había trabajado con ella y se esperaba el resultado, comenzó a considerar
a todo el que pensara diferente como desechos, personas con problemas
ideológicos y de conducta al menos dudosa y dedicaron hacia ellos, cada día con
menos comida, con menos electricidad, con menos posibilidades de futuro, con
menos libertad, sus acciones.
Lo importante dejó de ser tener más y mejor comida, casas
más confortables o sencillamente casas, no era necesario tener 24 horas de
electricidad, menos poder hacer turismo al menos nacional, por mencionar
algunas de las potenciales ventajas de un sistema llamado nuevo hecho para el
pueblo, sino lo importante era la música que escuchabas, el largo del cabello,
con quien se reunían o se acostaban las personas, etc. Lo importante era que la
familia fuera la jaula y el domador, que los niños crecieran amando a los
líderes, al sistema comunista y a los hermanos soviéticos y que aprendieras de
memoria los miles de discursos emitidos, que contenían como mínimo 4 o 5 horas
de extensión.
Desde el propio 1959 el miedo se instauró como doctrina
diaria. Fue ese veneno, como el cianuro, que, suministrado poco a poco, en
aparente bajas dosis, pero constantes, se proponía lograr la inmovilidad.
No existió entonces la idea de futuro fuera del
gobierno revolucionario. Hasta hoy mismo es gobierno comunista o nada y lo
importante es el sacrificio. Se eleva el sacrificio eterno como una estrategia de
vida, el dejar de ser persona, para pensar en el ser colectivo tan grande que
se convirtió en inalcanzable. El sacrificio capaz de proponer perder la vida,
la única vida, por algo que no se tenía y peor, no se sabía a ciencias ciertas
cuándo se podría tener. La estrategia de gobierno se convierte entonces en una
especie de locura para los que la reciben.
¿Cómo se hizo?
Recuerdo haber escrito ya que nada de lo que se hizo
es un invento cubano. De entender esto, ayuda a desmitificar la imagen de
geniales con que se apadrinó a los jefes revolucionarios de las primeras
décadas de la revolución e incluso a los que todavía hoy, después de haber dado
la vuelta a Cuba en diferentes funciones fracasadas también, siguen dictando la
vida, como señores feudales, desde el partido comunista y gobierno
revolucionario, como especies de tronos modernos.
Nada de lo que se hizo y hace es resultado de la
casualidad, por el contrario, es una combinación de aspectos bien estudiados,
donde incluso los errores en su aplicación, sus puntos débiles, pasaron y pasan
inadvertidos por una masa fanatizada. Creo que puede ser un análisis, que para
nada tiende a excluir otras ideas, pero puede dar luz a por qué ese pueblo
cubano, viviendo por debajo de la línea de vida normal, no sale todo a la calle
de una vez y arrastra a sus opresores.
1.-
Todo comienza con un estudio, por tanto, conocimiento de las insatisfacciones
existentes, llegando a inventarlas o maximizarlas en su existencia como de toda
la sociedad. Esto hace que muchas personas se sientan identificadas. En esa
variante o parte del método bien pensado, se cambia la historia, se eliminan
logros anteriores, se borrar personas y procesos y se hace creer, a partir de
la repetición, que todo lo anterior estaba mal, que era injusto, que todos
estaban explotados por un enemigo que también se fabrica o se agiganta.
2.-
Se crea una figura a nivel Dios, se engrandecen sus méritos, se nombra el “salvador”.
Se viste a esta persona como el escogido, único capaz de resolver a partir de
sus buenas intenciones todos los problemas en corto tiempo. A partir de una
enorme propaganda y mucho de lo que hoy se conoce como marketing político, esa
figura, que además tiene que ser carismática, buen orador, en algunos casos quizás
bien parecido, quizás joven, algo fotogénico, quizás con enormes dotes
histriónicas, que combine su rudeza de carácter, la fortaleza y seguridad de sus
ideas con una enorme dulzura y sencillez, se impone con su presencia ya sea
física o sencillamente espiritual en todos los órdenes de la vida de la
sociedad. A esa persona se le enviste con el llamado “Don de la Ubicuidad”,
cualidad solo divina, digamos sólo de Dios, que permite estar en todas partes a
la misma vez. A la masa no se le da elementos para que piense, a la masa se le
enamora y, por tanto, se le enferma.
3.-
Se comienza a hablar del pueblo, pero en realidad sólo como herramienta, como
fuerza única a utilizar. El pueblo es el que manda, el pueblo es el que dirige,
el pueblo es el que respalda y mantiene los logros y los que ocupan los puestos
de dirección que tienen que existir, no son más nada que representantes de ese
pueblo y ejecutores disciplinados de sus deseos, lo que termina por enamorar a
las grandes masas. Se sienten dueñas, aunque no tengan nada o peor, aunque le hayan
quitado lo que tenían. Se sienten importante y comienzan a reclamar ese papel
que no es más nada que un nombramiento de ficción.
Ese pueblo que podía haber tenido ciertas insatisfacciones,
interesado en cambiar su realidad pero que jamás se había propuesto cambiar las
bases, comienza a disfrutar el protagónico ficticio, en la misma medida que comienza
a adorar fanáticamente, no a un presidente, no a un líder, ni tan siquiera a
otro ser humano, sino a un Dios salvador, que logra, según algunos expertos,
infantilizar el lenguaje, evitando así el análisis profundo, el cuestionamiento
y debate, lo que termina garantizando que todas sus ideas, las más imposibles,
las más absurdas sean no sólo bien vistas, sino apoyadas a nivel casi de ley.
El “salvador” que utiliza al pueblo, pero no confía en
él, porque el “salvador” sólo confía en él mismo e incluso observa con recelo a
todos aquellos que le han jurado fidelidad, aprovecha ese apoyo convertido en
fanatismo para cambiar todos los mecanismos judiciales, administrativos, religiosos,
para eliminar otros partidos y organizaciones políticas y se crea para su
conveniencia una estructura sobre la cual operar, que él es el único que puede
cambiarla. Paralelamente, con el visto bueno de ese pueblo herramienta e
incluso muchas veces utilizándolo sólo como ejecutor de los deseos, va desmontando
y dejando afuera a todas las expresiones o posibles expresiones de disidencia,
discordia, cuestionamiento o sencillamente nuevas ideas. Todo lo que molesta o sencillamente
puede crear ruidos es eliminado: periódicos, radios, televisoras, literatura,
cine, poesía, etc., a través de las cuales se pueda expresar otra idea
contraria a las del “salvador” e incluso muchas otras profesiones que no se adapten
a la actuación y discurso a lo que se emite desde el poder.
Por tanto, se termina diseñando un juego de mesa,
donde el tablero, las reglas únicas e inamovibles y los jugadores no sólo están
controlados, sino que son de una única propiedad. Se elimina la posibilidad de
pensamiento y se le suministra a ese pueblo que no detecta que ha perdido todas
sus libertades que no son solo las económicas o se le han cambiado sus libertades
por otras libertades que en realidad no tiene, una sola línea de pensamiento,
donde desde largos discursos y amplios textos, repetidos y repetidos hasta el
infinito, se le diseña el problema y se les da las soluciones que sólo tienen
que seguir disciplinadamente.
Los mayores cambios se toman en nombre del pueblo,
delante del pueblo, sin que el pueblo los hubiera pedido o sin que conociera
que se realizarían. Jamás se consulta, sólo se llevan las decisiones ya tomadas
de antemano confiando en que serán aprobadas.
4.-
Se crea y exacerba la existencia de un enemigo externo que siempre asecha y que
puede atacar en cualquier momento, interesado en quitar los “grandes” logros
que se van obteniendo y único y mayor culpable de los fracasos o logros no
alcanzados. El “salvador” no fracasa, no se equivoca, no duda, no teme, todo lo
que no ha podido hacer es porque ese enemigo se lo ha impedido frontalmente o
con maniobras oscuras. Si el “salvador” se equivoca, sólo él puede reconocerlo,
quizás si está de buena y el entorno se lo permite sin consecuencias, se
disculpa, entonces sus seguidores ya amaestrados sólo reconocen la honestidad
del “salvador” y borrón y cuenta nueva.
5.- El
miedo como herramienta de convencimiento y auto protección. En los procesos
totalitarios abundan los juicios públicos, las sanciones ejemplarizantes, las
condenas a largas penas de cárcel o fusilamientos, todo lo que termina muy bien
administrado, en la creación del miedo a tan siquiera dudar y peor, a contradecir,
apartarse o actuar en contra. El miedo que se aplica a toda la sociedad, los de
a favor y los de en contra, aparece como herramienta de rebote que dice
constantemente: no lo hagas, no te atrevas, porque de lo contrario, pagarás.
Por un lado, la aparente nobleza y dulzura de las
medidas a favor de esa parte del pueblo apoyador, por otra el miedo a las
consecuencias de discrepancia o enfrentamiento, más la eliminación sistemática de
la disidencia como opción humana, terminan creando la gran inmovilidad.
6.- El gobierno como dueño absoluto de todo, termina por
crear una enorme dependencia. En los escenarios totalitarios, Cuba dentro de
ellos, todos esperan por el gobierno. Las escuelas, los trabajos, los centros
de recreación, el transporte, las calles, todas las vías de comunicación, teléfonos,
incluso hoy internet, todas las vías de información, revistas, periódicos,
televisión, radio, vayas, carteles, la comida, el agua, la electricidad, etc., son
de un único dueño, el gobierno.
Todo esto crea una enorme dependencia, no existe
manera de progresar, salvo que se delinca y delinquir, cuando el gobierno
quiere aplicártela, tiene sus fatales consecuencias. El gobierno es el único
proveedor, el no sólo distribuye, sino que sabe exactamente lo que necesitas,
por lo que esa dependencia de cómo sobrevivir el día, da poco tiempo para otros
pensamientos.
Todo lo anterior, que obviamente no es el resultado de
un día, sino en el caso cubano, de casi siete décadas de trabajo en la misma
dirección, con no pocos éxitos en el aspecto represivo del gobierno, va creando
una masa que no piensa, peor, un pueblo que no sabe pensar, que no sabe cómo
ejercer el derecho a hablar públicamente para exigir sus derechos, para establecer
sus demandas, que depende, que teme.
No se puede desconocer que existen personas que se han
rebelado a todo lo que ha ocurrido, que han existido intentos de organización
al margen del gobierno, pero por muchísimas razones no han sido de una
progresión rápida, ni sólida. Además, para el caso cubano, n se puede desconocer
la variante emigración, huida, escape que durante todos estos años ha
experimentado la sociedad cubana. Emigración que no es sólo un número
estadístico, son personas que se llevan con ellas, entre otras cosas, el
posible futuro de la isla.
Las condiciones reales van demostrando que se está mal, pero por el enorme miedo como parte del amaestramiento el futuro se plantea como incierto, la represión durante todos estos años se ha especializado y perfeccionado a niveles estratosféricos y la imagen del enemigo que siempre asecha, que va a llegar para quitar todo, crean una mezcla que termina por establecer que es mejor quedarse como se está antes de correr el riesgo de cambiar.


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