viernes, 16 de octubre de 2026

694.- En cualquier lucha, hasta los cuerpos aparentemente más musculosos y fuertes, se desgastan rápido. (Tercera Parte)

Mirando hacia atrás, es fácil concluir que el gobierno cubano, apodado revolución, muy rápido detectó que no tenía y no tendría logros económicos propios y era de entender, los que encabezaban ese gobierno, habían tenido pocos vínculos con la realidad económica del país y se habían dedicado a las ideas políticas e ideológicas.

Fidel emerge como el responsable y máximo conocedor de todo, un tipo que procedía de una familia adinerada, que nunca había tan siquiera trabajado porque fue mantenido, primero, por esa familia y luego por sus llamados compañeros de lucha, luego el resto de los rebeldes o revolucionarios a los que se les entregó el país, ni idea tenían de qué hacer con ese país, luego que lograron establecerse en el poder.

Eran políticos, algunos intelectuales, descendientes del campo cubano con muy poco nivel de instrucción, jóvenes estudiantes demócratas, todos ideologizados por los que pensaban, que para el caso cubano de forma independiente eran pocos, que muy rápido detectaron que tenían dos caminos, no tres, ni cuatro, o se sumaban al carro que corría, lo cual podría traer permanencia y algunos beneficios o se oponían a lo que comenzó a pasar, lo que terminaba colocándolos en el declarado públicamente bando enemigo.

Las opciones, día a día que pasó, bajo el lema de defensa de la revolución, hiciera ésta lo que hiciera, eran solo dos, a favor o en contra y es hasta fácil entender que muchos se sumaron a la primera, siempre embarrados de algo tan de moda por aquellos años, eran revolucionarios.

Entonces, como el tema económico no fue nunca el fuerte, no lo es hasta hoy y cuando los hubo en apariencias fue mantenido desde el exterior, la revolución, sus máximos líderes, se dedicaron a adoctrinar a la gran masa.

Todo desde muy al comienzo se convirtió en ideología y en tratar de amaestrar, si, como animales, a todo un pueblo, sin importar borrar la memoria y cambiar la historia pasada, a tal punto que la realidad pasada dejó de existir bajo pura conveniencia y a endulzar, pintando en el aire, fabricando una idea de futuro sobre el humo, cada una de las acciones que se tomaron, llegándose a no ver o sencillamente justificar cada uno de los grandes fracasos, sobre todo por la presencia y acción de un enemigo que también pasó por la mano del invento y diseño provocado.

La gran masa adoctrinada o amaestrada, cosa para lo cual se había trabajado con ella y se esperaba el resultado, comenzó a considerar a todo el que pensara diferente como desechos, personas con problemas ideológicos y de conducta al menos dudosa y dedicaron hacia ellos, cada día con menos comida, con menos electricidad, con menos posibilidades de futuro, con menos libertad, sus acciones.

Lo importante dejó de ser tener más y mejor comida, casas más confortables o sencillamente casas, no era necesario tener 24 horas de electricidad, menos poder hacer turismo al menos nacional, por mencionar algunas de las potenciales ventajas de un sistema llamado nuevo hecho para el pueblo, sino lo importante era la música que escuchabas, el largo del cabello, con quien se reunían o se acostaban las personas, etc. Lo importante era que la familia fuera la jaula y el domador, que los niños crecieran amando a los líderes, al sistema comunista y a los hermanos soviéticos y que aprendieras de memoria los miles de discursos emitidos, que contenían como mínimo 4 o 5 horas de extensión.

Desde el propio 1959 el miedo se instauró como doctrina diaria. Fue ese veneno, como el cianuro, que, suministrado poco a poco, en aparente bajas dosis, pero constantes, se proponía lograr la inmovilidad.

No existió entonces la idea de futuro fuera del gobierno revolucionario. Hasta hoy mismo es gobierno comunista o nada y lo importante es el sacrificio. Se eleva el sacrificio eterno como una estrategia de vida, el dejar de ser persona, para pensar en el ser colectivo tan grande que se convirtió en inalcanzable. El sacrificio capaz de proponer perder la vida, la única vida, por algo que no se tenía y peor, no se sabía a ciencias ciertas cuándo se podría tener. La estrategia de gobierno se convierte entonces en una especie de locura para los que la reciben.

¿Cómo se hizo?

Recuerdo haber escrito ya que nada de lo que se hizo es un invento cubano. De entender esto, ayuda a desmitificar la imagen de geniales con que se apadrinó a los jefes revolucionarios de las primeras décadas de la revolución e incluso a los que todavía hoy, después de haber dado la vuelta a Cuba en diferentes funciones fracasadas también, siguen dictando la vida, como señores feudales, desde el partido comunista y gobierno revolucionario, como especies de tronos modernos.

Nada de lo que se hizo y hace es resultado de la casualidad, por el contrario, es una combinación de aspectos bien estudiados, donde incluso los errores en su aplicación, sus puntos débiles, pasaron y pasan inadvertidos por una masa fanatizada. Creo que puede ser un análisis, que para nada tiende a excluir otras ideas, pero puede dar luz a por qué ese pueblo cubano, viviendo por debajo de la línea de vida normal, no sale todo a la calle de una vez y arrastra a sus opresores.

1.- Todo comienza con un estudio, por tanto, conocimiento de las insatisfacciones existentes, llegando a inventarlas o maximizarlas en su existencia como de toda la sociedad. Esto hace que muchas personas se sientan identificadas. En esa variante o parte del método bien pensado, se cambia la historia, se eliminan logros anteriores, se borrar personas y procesos y se hace creer, a partir de la repetición, que todo lo anterior estaba mal, que era injusto, que todos estaban explotados por un enemigo que también se fabrica o se agiganta.

2.- Se crea una figura a nivel Dios, se engrandecen sus méritos, se nombra el “salvador”. Se viste a esta persona como el escogido, único capaz de resolver a partir de sus buenas intenciones todos los problemas en corto tiempo. A partir de una enorme propaganda y mucho de lo que hoy se conoce como marketing político, esa figura, que además tiene que ser carismática, buen orador, en algunos casos quizás bien parecido, quizás joven, algo fotogénico, quizás con enormes dotes histriónicas, que combine su rudeza de carácter, la fortaleza y seguridad de sus ideas con una enorme dulzura y sencillez, se impone con su presencia ya sea física o sencillamente espiritual en todos los órdenes de la vida de la sociedad. A esa persona se le enviste con el llamado “Don de la Ubicuidad”, cualidad solo divina, digamos sólo de Dios, que permite estar en todas partes a la misma vez. A la masa no se le da elementos para que piense, a la masa se le enamora y, por tanto, se le enferma.

3.- Se comienza a hablar del pueblo, pero en realidad sólo como herramienta, como fuerza única a utilizar. El pueblo es el que manda, el pueblo es el que dirige, el pueblo es el que respalda y mantiene los logros y los que ocupan los puestos de dirección que tienen que existir, no son más nada que representantes de ese pueblo y ejecutores disciplinados de sus deseos, lo que termina por enamorar a las grandes masas. Se sienten dueñas, aunque no tengan nada o peor, aunque le hayan quitado lo que tenían. Se sienten importante y comienzan a reclamar ese papel que no es más nada que un nombramiento de ficción.

Ese pueblo que podía haber tenido ciertas insatisfacciones, interesado en cambiar su realidad pero que jamás se había propuesto cambiar las bases, comienza a disfrutar el protagónico ficticio, en la misma medida que comienza a adorar fanáticamente, no a un presidente, no a un líder, ni tan siquiera a otro ser humano, sino a un Dios salvador, que logra, según algunos expertos, infantilizar el lenguaje, evitando así el análisis profundo, el cuestionamiento y debate, lo que termina garantizando que todas sus ideas, las más imposibles, las más absurdas sean no sólo bien vistas, sino apoyadas a nivel casi de ley.

El “salvador” que utiliza al pueblo, pero no confía en él, porque el “salvador” sólo confía en él mismo e incluso observa con recelo a todos aquellos que le han jurado fidelidad, aprovecha ese apoyo convertido en fanatismo para cambiar todos los mecanismos judiciales, administrativos, religiosos, para eliminar otros partidos y organizaciones políticas y se crea para su conveniencia una estructura sobre la cual operar, que él es el único que puede cambiarla. Paralelamente, con el visto bueno de ese pueblo herramienta e incluso muchas veces utilizándolo sólo como ejecutor de los deseos, va desmontando y dejando afuera a todas las expresiones o posibles expresiones de disidencia, discordia, cuestionamiento o sencillamente nuevas ideas. Todo lo que molesta o sencillamente puede crear ruidos es eliminado: periódicos, radios, televisoras, literatura, cine, poesía, etc., a través de las cuales se pueda expresar otra idea contraria a las del “salvador” e incluso muchas otras profesiones que no se adapten a la actuación y discurso a lo que se emite desde el poder.

Por tanto, se termina diseñando un juego de mesa, donde el tablero, las reglas únicas e inamovibles y los jugadores no sólo están controlados, sino que son de una única propiedad. Se elimina la posibilidad de pensamiento y se le suministra a ese pueblo que no detecta que ha perdido todas sus libertades que no son solo las económicas o se le han cambiado sus libertades por otras libertades que en realidad no tiene, una sola línea de pensamiento, donde desde largos discursos y amplios textos, repetidos y repetidos hasta el infinito, se le diseña el problema y se les da las soluciones que sólo tienen que seguir disciplinadamente.

Los mayores cambios se toman en nombre del pueblo, delante del pueblo, sin que el pueblo los hubiera pedido o sin que conociera que se realizarían. Jamás se consulta, sólo se llevan las decisiones ya tomadas de antemano confiando en que serán aprobadas.

4.- Se crea y exacerba la existencia de un enemigo externo que siempre asecha y que puede atacar en cualquier momento, interesado en quitar los “grandes” logros que se van obteniendo y único y mayor culpable de los fracasos o logros no alcanzados. El “salvador” no fracasa, no se equivoca, no duda, no teme, todo lo que no ha podido hacer es porque ese enemigo se lo ha impedido frontalmente o con maniobras oscuras. Si el “salvador” se equivoca, sólo él puede reconocerlo, quizás si está de buena y el entorno se lo permite sin consecuencias, se disculpa, entonces sus seguidores ya amaestrados sólo reconocen la honestidad del “salvador” y borrón y cuenta nueva.

5.- El miedo como herramienta de convencimiento y auto protección. En los procesos totalitarios abundan los juicios públicos, las sanciones ejemplarizantes, las condenas a largas penas de cárcel o fusilamientos, todo lo que termina muy bien administrado, en la creación del miedo a tan siquiera dudar y peor, a contradecir, apartarse o actuar en contra. El miedo que se aplica a toda la sociedad, los de a favor y los de en contra, aparece como herramienta de rebote que dice constantemente: no lo hagas, no te atrevas, porque de lo contrario, pagarás.

Por un lado, la aparente nobleza y dulzura de las medidas a favor de esa parte del pueblo apoyador, por otra el miedo a las consecuencias de discrepancia o enfrentamiento, más la eliminación sistemática de la disidencia como opción humana, terminan creando la gran inmovilidad.

6.- El gobierno como dueño absoluto de todo, termina por crear una enorme dependencia. En los escenarios totalitarios, Cuba dentro de ellos, todos esperan por el gobierno. Las escuelas, los trabajos, los centros de recreación, el transporte, las calles, todas las vías de comunicación, teléfonos, incluso hoy internet, todas las vías de información, revistas, periódicos, televisión, radio, vayas, carteles, la comida, el agua, la electricidad, etc., son de un único dueño, el gobierno.

Todo esto crea una enorme dependencia, no existe manera de progresar, salvo que se delinca y delinquir, cuando el gobierno quiere aplicártela, tiene sus fatales consecuencias. El gobierno es el único proveedor, el no sólo distribuye, sino que sabe exactamente lo que necesitas, por lo que esa dependencia de cómo sobrevivir el día, da poco tiempo para otros pensamientos.

Todo lo anterior, que obviamente no es el resultado de un día, sino en el caso cubano, de casi siete décadas de trabajo en la misma dirección, con no pocos éxitos en el aspecto represivo del gobierno, va creando una masa que no piensa, peor, un pueblo que no sabe pensar, que no sabe cómo ejercer el derecho a hablar públicamente para exigir sus derechos, para establecer sus demandas, que depende, que teme.

No se puede desconocer que existen personas que se han rebelado a todo lo que ha ocurrido, que han existido intentos de organización al margen del gobierno, pero por muchísimas razones no han sido de una progresión rápida, ni sólida. Además, para el caso cubano, n se puede desconocer la variante emigración, huida, escape que durante todos estos años ha experimentado la sociedad cubana. Emigración que no es sólo un número estadístico, son personas que se llevan con ellas, entre otras cosas, el posible futuro de la isla.

Las condiciones reales van demostrando que se está mal, pero por el enorme miedo como parte del amaestramiento el futuro se plantea como incierto, la represión durante todos estos años se ha especializado y perfeccionado a niveles estratosféricos y la imagen del enemigo que siempre asecha, que va a llegar para quitar todo, crean una mezcla que termina por establecer que es mejor quedarse como se está antes de correr el riesgo de cambiar. 

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