martes, 27 de octubre de 2026

696.- "Cría cuervos y te sacarán los ojos".

Europa se está quemando, por el momento lo que conocemos como Europa Occidental, sobre todo España, Francia, Italia y eso me hace pensar en varias direcciones.

Sigo estando de acuerdo con la posibilidad de expresión, vengo de un país donde esa posibilidad no existía a no ser que te manifestaras para apoyar hasta la última estupidez o injusticia del gobierno.

No fui testigo, sino víctima de lo que significa no tener derechos, entonces por simple coherencia, apoyo cualquier manifestación que trate de denunciar lo mal hecho a nivel de gobierno o país.

He escuchado, porque no vivo allí, que existen descontentos, por ejemplo, con la educación y la falta de maestros de buena calidad, entonces me parece bien que los estudiantes escriban cartas, se reúnan, hagan manifestaciones organizadas y obviamente legalizadas para reclamar lo que consideran un derecho del ser humano, la educación. Me parece bien, que alguien se pare en una esquina con un cartel que tenga como texto cualquier idea, incluso la de someter a la justicia, pero no la de matar, torturar, sacar ojos, etc.

Puede haber, de hecho, seguro existen, algunos otros descontentos: el costo de la vida, altos precios del combustible, de los alimentos, las casas, etc., alguna que otra traba en los sistemas de salud, quizás, en dependencia de cada lugar, lo cara que se ha puesto la cerveza, el vino, los quesos, etc., y por tanto si el queso y el vino están caros, si están caros los chorizos, si los espaguetis están imposibles de comprar, más allá de la atención médica, de la tranquilidad ciudadana, etc., esto de forma general tiene que ser cuestionado y arreglado en la medida de las posibilidades.

Entonces como estamos en el siglo XXI, las marchas organizadas con objetivos claros me parecen bien. Que un grupo de personas afectadas y los que siempre se suman como apoyo, quizás cansados de hablar o de esperar, decidan presionar a determinada institución de un gobierno para defender sus derechos, es aceptable, pero, además, no sería nada nuevo.

Ahora, que el mínimo descontento sirva de justificación para desbaratar, destruir, vandalizar, crear caos, atacar a la población civil, creo que no puede ser admisible.

Estas manifestaciones, que repito, pueden tener una base real de un determinado grupo social, pero se convierten en violentas, agresivas, que tienen el objetivo de descojonarlo todo, tienen para mí, dos explicaciones. Una, están dirigidas por grupos extremistas que nada tienen que ver con una reclamación social justa. Dos, son elementos pagados, con dinero o sencillamente con ideas que, a veces, son más efectivas que el mismo dinero.

Creo que Europa Occidental ha sido culpable, sobre todo por su permisivismo, por la dulzura, por la conspiración organizada desde los gobiernos e instituciones, por haber desconocido las consecuencias que una inmigración masiva, sin control, cosa que fue muchas veces advertida, por haberse querido considerar que Europa era distinta, que era más civilizada, que los métodos eran más efectivos en la misma medida que eran más permisivos. Algo así como lo que pasa en México con su estrategia de abrazos, no balazos, que ha terminado por consolidar a los gánsteres, a los narcotraficantes, a los delincuentes y asesinos, a tal punto que el gobierno central no los puede controlar.

Europa, en sentido general, muchos europeos, se han querido considerar diferentes y quizás pensaron, otras veces alardearon, que lo que pasaba en otros lugares del mundo, jamás pasaría en el llamado Viejo Continente. Europa, quizás muchos europeos, apelaron a la cultura que todos presumen tener, cosa que no es cierta del todo, y a la belleza antigua de sus lugares para considerar que serían respetado.

Europa, quizás muchos europeos, de nacimiento, de naturalización, de llegada, han sido efusivamente críticos con los Estados Unidos y sus problemas de la inmigración mantenida por décadas y de muchos de los métodos aplicados para tratar de resolver el problema. Han sido, muy rudos a la hora de criticar las acciones policiales, las detenciones, la movilización incluso del ejército para resolver determinado hecho puntual y ahora, se las deben estar viendo negras, descubriendo que sus negocios, sus restaurantes, sus tiendas, sus plazas y parques, muchos simbólicos no sólo de Europa sino de la cultura universal, sus instituciones de gobierno, etc., son atacados y destruidos.

Una cosa es protestar por no tener comida y estar pasando hambre y otra cosa es entrar a una tienda y robar joyas, efectos electrodomésticos, ropas, etc., porque nada de eso se come o solamente destruir por el placer de destruir, por formar caos, quizás por divertirse y mañana recordar entre amigos, con un supuesto gran mérito, lo que se hizo.

Por sólo citar un ejemplo: ¿Cómo se logra tratar de destruir la Torre Eiffel u otro cualquier monumento en Francia? Odio gestado, o sea, la unión de un óvulo y un espermatozoide odiadores, mantenido durante meses o años en un ambiente propicio, desarrollado hasta la saciedad, desde grupos extremistas que, viviendo en Francia, aprovechándose de sus grandes beneficios, la odian como país, como cultura, porque para nada eso tiene que ver con mejorías en la educación.

Europa, como muchos otros lugares del mundo, ha caído bajo los efectos de una inmigración sin control, por momentos y lugares, masiva, donde en vez de exigir adaptación y respeto, se ha permitido que esas grandes oleadas trasladen a Europa, no sólo sus costumbres, sus comidas, sus fiestas e incluso sus religiones, sino sus deformaciones, lo que ha concluido con dejar entrar y permitir alimentar al enemigo. El viejo refrán asegura: “Cría cuervos y te sacaran los ojos”

Fui inmigrante en República Dominicana y luego en Estados Unidos, por tanto, sé del tema. Una cosa es llegar y hacer todo el esfuerzo posible por adaptarse y respetar, tratar de construirse una vida dentro de las leyes y otra es llegar a un país y exigir que ese país cambie para beneficio exclusivamente propio. Una cosa es ser inmigrante respetuoso y orgulloso, pero además agradecido y otra es por odio tratar de destruir todo lo que se toque, posea, se obtenga y exigir sin dar mucho o casi nada, por el simple hecho de haber nacido en otro lugar, ser pobre, ser negro, azul o amarillo, creer en un dios particular, en una piedra o en una rana, que todo se adapte a las necesidades que se traen.

Una cosa es ser religioso de otra religión, incluso desear un espacio para el culto y otra es aprovechar esos espacios para bajo un dios, conspirar y atentar contra el país que dio albergue.

Entonces me gustaría ahora saber qué piensan esos sentimentales que durante años se dedicaron a criticar a Estados Unidos, cuando están viendo sus negocios destruidos y vandalizados. Qué pensarán esos sentimentales defensores de hasta las causas más perdidas cuando ven sus calles incendiadas, donde ellos, personas de bien, no pueden caminar. Qué pensaran esos sentimentales cuando, muchas veces, por sólo ser blancos de ojos claros, se convierten en blanco de las bandas desbordadas y comienzan a vivir con miedo, ya no a defender una idea, cosa que en tiempo de paz es entendible, sino a defender a sus familias y propiedades.

¿Ahora sí, porque les conviene para sus defensas, son aceptadas las tropas de policías, los chorros de agua, los sprays de gas pimienta?, ¿Ahora sí, porque les conviene, entienden lo que significa defender la tranquilidad de un país, de una provincia, de una ciudad?

Existe una gran diferencia frente a la represión masiva. Una cosa fue lo que ocurrió en 1989 en la Paza de Tiananmen, China, donde el gobierno comunista decidió pasarle por encima a los jóvenes estudiantes y obreros que se manifestaban pacíficamente y que podían tener como armas quizás unas guitarras y unas linternas y otra es tratar de contener a una turba salvaje que puede tener dentro de ellas a algunas personas buenas, pero que su conducta explícita es destruir y crear el caos total. Si las personas buenas se suman al caos, entonces, a lo mejor lamentablemente, deberán pagar juntas por pecadoras.

Francia, España, Italia y cualquier otro lugar donde existan ese tipo de manifestaciones, tienen que defenderse y empezar por considerar a esos manifestantes como enemigos. Si eres francés, español o italiano te toca la cárcel, muchos años, si eres de los llegados, la solución es regresarte a tu país inmediatamente y entonces, “a llorar a maternidad”.

Lamento lo que pasa en esos lugares, me entristece ver la destrucción de símbolos del arte, la historia y la cultura, las calles, los negocios, pero más me entristece ver a ciudadanos buenos, trabajadores, con problemas y ganas de resolverlos por las buenas, pero sobre todo a sus posibles hijos, niños y niñas, que no puedan vivir en paz, que no puedan salir a la calle o que sencillamente tengan que ocultar su procedencia o desacuerdo habiendo nacido en sus países.

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