domingo, 10 de marzo de 2019

Venezuela. No se puede defender lo indefendible.

Hay cosas que de verdad me cuestan mucho trabajo entender, más allá del trabajo que me cuesta entender todas las cosas.

En medio de mi poco entendimiento actual, aparece el proceso de Venezuela y los sucesos que a última hora vienen ocurriendo. Un país dividido con dos presidentes a la misma vez. Uno que sigue, según dicen, de forma ilegal en el poder sin querer irse, renunciar o retirarse y otro, según dicen, legítimo que está tratando de llamar la atención, primero de los venezolanos en su conjunto y luego del mundo, para establecer la democracia que dicen han perdido en estos últimos años de gobierno, primero chavista y ahora madurista. Soy cubano y no puedo definir exactamente lo que pasa, pero de que deben haber perdido democracia es cierto. Mirar la historia cubana de estos últimos años.

Por principio y determinada coherencia, me declaro en contra de Maduro y del proceso, llamase como se llame, de su gobierno venezolano. Creo además que los cubanos, bien conocedores de lo que ocurre allí, sin estar presente, deberíamos estar en contra y apoyar, otra opción, cuál, no puedo decir exactamente pues el pueblo entero de Venezuela deberá escoger, pero deberíamos por lo menos identificarnos con otra opción.

Decía que si hay personas que sabemos lo que ocurre en Venezuela somos los cubanos. Cuba viene viviendo un proceso medio parecido desde hace 60 años. Un gobierno que, aprovechando las estructuras democráticas, fue poco a poco, cambiando la manera de funcionar, hasta llegar a lo que ese país tiene hoy, que, entre otras cosas, tampoco se sabe exactamente qué es, porque han ido experimentando y experimentando durante los años, y ahora mismo cuesta trabajo identificar un estado coherente y sobre todo con un plan organizado a futuro, más allá de la obvia permanencia en el poder de los que están y con ello, la buena vida para el grupo distinguido que los sustenta.

Fidel siempre lo decía sin pena, ni pudor, tenemos una dictadura, pero del proletariado, del pueblo, reconociendo casi públicamente que llamaba proletariado y pueblo a aquella parte de la población cubana que apoyaba su gobierno y ciegamente sus decisiones y como entonces esos millones de personas no podían dirigirse ellas mismas, él, que nunca se nombró solo, fue el escogido para representar a esa masa.

Un poco por el apoyo, otro por las maniobras inteligentísimas y las alianzas estratégicas que hizo, se fue quedando solo con el trono, apoyado por los que lo soportaban ciegamente y al quedarse en el protagónico de las decisiones, lo de democracia fue quedando atrás años tras años, hasta transformarse y construirse un escenario al mejor estilo faraónico, adornado con el premio de la popularidad.

Es cierto, había diferencias en 1959. Existía pobreza, sobre todo en el campo cubano. Había insalubridad, desniveles económicos y falta de instrucción académica. Había extranjeros vacilando, prostíbulos con, como mínimo prostitutas, dinero sucio, etc.
¿La pregunta es, y qué tiene Cuba hoy? Para mí, después de los primeros cambios democráticos y populares, que garantizó al gobierno la permanencia, poco ha cambiado el panorama de ese país, o lamentablemente después del camino recorrido, se ha llegado al mismo lugar, sólo que un poquito más moderno. Viene bien el chiste de que el socialismo es una etapa difícil entre capitalismo y capitalismo.

Sigue existiendo la diferencia clara, sólo que muchas veces los que peores están son aquellos que creyeron en la opción socialista, los que trabajaron y confiaron en que el gobierno se encargaría del bienestar y beneficio social. Han aparecido los nuevos ricos, a veces por el trabajo y el sacrificio por cuenta propia, a veces no y han aparecido y aumentado los pobres, los que no tienen nada, los que no pueden acceder, los que están allí porque no les queda otro remedio.

Del campo cubano ni hablar, baste decir que no hay comida y el campesino está dependiendo de la bodega y de la ciudad baste decir que la han convertido en grandes solares con barrios enteros de “llega y pon”. Donde antes había repartos lindos y organizados, hoy existen edificios mal construidos donde las personas viven, muchas veces, hacinadas. El propio Vedado, otrora vitrina del desarrollo cubano, donde estaban los mejores restaurantes, los mejores hoteles, y vivían los más nobles cubanos, en resumen, la parte más importante y famosa de toda la Isla, hoy es un gran desastre, poseedor de algunos de los barrios marginales más connotados de la capital.

El gobierno y sus malas decisiones sin mucha ayuda del imperialismo, ha logrado sembrar en la cabeza de una parte de los cubanos, que “afuera” se vive mejor, sin importar si ese afuera es en África cazando leones, en Australia batido con los canguros o en Alaska trabajando en una fábrica de enlatar pescado. Afuera se vive mejor y entonces queremos irnos definitivamente. Contrario a lo que pasaba antes donde el cubano en busca de mejorar salía, trabajaba como un mulo sobre todo en trabajos de la mano y luego regresaba a su pedazo de Cuba para poner su negocito y mejorar. Al cubano, en sentido general, no le gustaba emigrar, lo de la carne de puerco, la yuca, el buen ron, las buenas mujeres, el clima, la buena música y sobre todo el español, los retenía. Hoy, una de las opciones más contempladas es irse para cualquier lugar, ya después en territorio extranjero, se verá. Cualquier cosa es, para una parte de los cubanos, mejor que quedarse.

¿Injerencia y dependencia de extranjeros? Mucha más que antes del triunfo. Cuba pasó por los hermanos socialistas todos, con nuestros padres adoptivos al frente, los soviéticos, luego por los capitalistas definidos por Fidel un día como buenos, españoles zapatudos como diría mi cuñada Baby, italianos quebrados o busca vidas, mexicanos cabezones, panameños confundidos por no saber si son panameños o norteamericanos, etc, etc, etc. Para luego que esos buenos capitalistas se fueron o los fueron, caer en manos de los chinos, que aparecieron con sus sonrisitas aparentemente inofensivas, pero con su mentalidad moderna de conquista, otro poco los ya no soviéticos, sino rusos y como última variante, los bolivianos de Evo, los brasileños de Lula y los venezolanos de Chávez, hermanos a los que descubrimos después del mal llamado Período Especial cuando ya no nos quedaban puertas donde tocar. Los hermanos latinoamericanos aparecieron en nuestras vidas como una gran banda de música, con Chávez como director y cantante principal y ahora Maduro como segundo administrador del combo.

La prostitución continúa y me arriesgaría a decir que mejor y mayor que nunca, sólo que se tiene a bien no inaugurar prostíbulos públicos con carteles y vitrinas hacia la calle, sería muy difícil de entender lo de “prostíbulo revolucionario”.

¿Escasez? Ya no existe la escasez, porque ella se refiere a algo que de momento falta, sino que la escasez es tan generalizada para todo, que forma parte de la vida diaria, o sea, las personas viven dentro de la escasez como un estado natural de vida. Ya no existe nada que no falte, ya no hay un solo producto en existencia permanente y estable, ni en moneda nacional, regulado a no, ni en divisas convertibles. Todo está en las manos de Jesús, al que algunos consideran el primer revolucionario de la historia.

Hoy 2019, éste es el presente de un país tan lindo como Cuba, entonces, cómo los cubanos podemos estar a favor de Maduro. Entiendo un poquito a los que están allí, porque no les queda más remedio que mentir y por lo menos TeleSur está mejor que la programación nacional de televisión, otros que están pensando en los apagones y rezan porque el petróleo venezolano siga llegando, a otros porque les gustaba como Chávez cantaba, cosa que para mi gusto era horrible y que frente a la falta de programas humorísticos se divierten con los errores garrafales y las barbaridades de Maduro, pero que los cubanos que hoy residen en el exterior apoyen a Maduro, me resulta increíble.

Los cubanos que vivimos en el exterior, salvo los que siguen siendo parte del sistema y gobierno cubano, por ejemplo, los agentes del Ministerio del Interior y sus diferentes departamentos y que tienen como misión trabajar en los países donde se han radicado para “romper el bloqueo” y defender a la revolución, todos salimos de Cuba bajo y por el mismo objetivo macro.

Entiendo, no obstante, que cada cual se ha buscado una justificación específica para su caso, tal como, yo no quería quedarme, mis hijos me trajeron y dejaron engañada, me enamoré y el amor fue más fuerte, a mí la política no me interesa, yo sólo quería viajar y conocer el mundo, quería ver las novelas colombianas y brasileñas de moda, yo vine por un celular, etc, etc, etc. Justificaciones todas entendibles a la hora de avalar actuaciones pasadas y presentes. Nada nuevo, justificaciones como estas las recoge la historia por montones. La más famosa en Cuba, aquella de “yo no sé nada, yo vine como cocinero” frente al fracaso de la invasión por Playa Girón en 1961

Lo que no me queda claro y me es difícil de entender, es cómo los cubanos en el exterior podemos apoyar al gobierno de Maduro, luego de que se tiene alguna información de lo que es Venezuela hoy. ¿Cómo se puede apoyar a un gobierno que según dicen y se puede ver, ha puesto al pueblo venezolano a huir desesperadamente y a pasar necesidades, sobre todo hambre? ¿Cómo, después de conocer y haber vivido el ejemplo de Cuba, alguien puede apoyar a un gobierno que ha acabado con la economía y la estabilidad de un país entero?

Recuerdo cuando fui niño y joven, ver a muchas familias cubanas emigrar hacia Venezuela. Era un país rico, donde para ejemplificarlo se decía que el agua era más cara que la gasolina. Era un país poderoso, donde las personas tenían un alto nivel de vida. Venezuela petrolera, Venezuela ganadera, con reservas de minerales para muchos años, con una clase media fuerte. Venezuela que acogió a muchas familias de cubanos y les dio espacio para insertarse y llegar a vivir mejor que en su país de origen.

Cómo apoyar a un gobierno, que con tal de defenderse de los propios suyos, ha sacado al ejército a la calle y que hoy tiene varios muertos civiles a sus espaldas, tal como hizo el gobierno chino un amanecer de 1989 en el trágico suceso de la Plaza de Tiananmen. Estamos apoyando a Maduro, estamos también apoyando esa opción represiva contra civiles, no contra un ejercito armado que combate en las calles. Esa opción represiva ha ido contra mujeres, hombres, estudiantes, que forman parte del pueblo y que sólo aspiran a un cambio. Estamos apoyando a Maduro, entonces estaremos apoyando esa opción también para nuestro país de origen.

No he visto declaraciones de los ricos venezolanos, no me refiero a ellos, sin embargo, he visto a muchos venezolanos pobres llorando en las calles, pueblo que huye, que registra las basuras para comer, que hace interminables filas para acceder a poca comida. He visto al pueblo venezolano gritar por necesidades.

Ahora, siguiendo el manual clásico de las víctimas, Maduro busca un culpable externo y habla de un ataque del imperialismo yanqui, el mismo imperialismo que es su mayor cliente en el petróleo, para tratar de sembrar la idea de una invasión armada, a tal punto que nosotros los cubanos, que también fuimos victimas del mismo manual y crecimos con la noticia diaria de que venía el lobo, nos convertimos en eco de la preocupación de una invasión norteamericana a Venezuela. Es una estrategia vieja para echarle la culpa al otro, entretener a las masas, ponerse de víctima y, sobre todo, ganar tiempo.

Los cubanos nacidos después de 1959 y todos los que ya estaban nacidos desde antes, crecimos atacados, en pie de guerra constante, haciendo entrenamientos dominicales para cuando se diera la invasión, crecimos como pioneros milicianos, obreros milicianos y amas de casas milicianas. Vimos y ayudamos a llenar las ciudades y los campos de túneles, las llamadas con humor negro tumbas populares, que servirían de refugio frente al ataque yanqui, que, por momentos, parecía que sería al próximo día en la mañana. Los cubanos crecimos bajo la influencia de un mago en el manejo de las masas y la opinión pública que, cuando la olla tenía mucha presión, abría la válvula de escape y culpaba al imperialismo hasta de los huracanes.

Nos acostumbramos a la imagen de una persona media histérica dando gritos de que preferíamos morir antes de entregar a los yanquis el territorio cubano que sería atacado y frente a ella, una multitud también histérica y poseída que gritaba que sí, que preferíamos morir. Gran parte de esa multitud hoy está aquí en Estados Unidos disfrutando de las “bondades” del imperialismo y se alegra de que lo de morir fuera sólo un juego de palabras.

Cómo nosotros los cubanos que vivimos en el exterior, con más acceso a la información y por tanto a la posibilidad de análisis soportada por la carne de res, podemos caer en el mismo juego que muchas veces criticamos mientras vivíamos en Cuba. Cómo se puede creer que las vacas dejaron de parir, la tierra dejó de ser fértil, los productos de primera necesidad escasean, gracias a la acción del imperialismo yanqui. Cómo entender que después de tantos años de gobierno, chavista y madurista, hoy Venezuela esté necesitada de ayuda humanitaria del exterior para llevar comida o medicinas y que los culpables sean únicamente los burgueses que no se resignan al poder del pueblo y el imperialismo, yanqui sobre todo, que depende del petróleo venezolano para hacer mover su maquinaria.

Cómo entender que ese gobierno, que está a todas luces necesitado, baste sólo pensar en la venta de oro de última hora para obtener dólares, ponga en las fronteras al ejército para impedir la entrada de comida y medicinas enviadas por una parte de la comunidad internacional. No eran bombas, no eran armas, no era un ejército intervencionista, era sólo comida y medicamentos para una población que a gritos dice que le hace falta. Cómo se puede ser tan hijo de puta de no querer dar su brazo a torcer y con tal de no aceptar la derrota preferir que una parte del pueblo, al menos una parte, pase trabajo, necesidades, más aún, calamidades y no aceptar la ayuda por llamarla imperialista, cuando en realidad no es más nada que eso, ayuda.

Hasta dónde las mismas justificaciones, repetidas a partir del uso del mismo manual de procedimientos, pueden enajenar a las personas y hacerlas repetir ciegamente los mismos argumentos, tales como, el pobre Maduro, ahora los norteamericanos lo van a invadir, para lo cual se apoyan en actuaciones norteamericanas de hace muchos años atrás, tal como decir que todos los curas son pedófilos y las monjas medias putas, porque, es cierto, la propia máxima dirección católica lo reconoce, han habido casos de pedofilia dentro de la iglesia católica y alguna que otra monja salida del plato, con abortos incluidos.

Muchos estamos a la caza de la noticia sensacionalista, nos unimos a determinada causa solo por unirnos y participar y comenzamos a adelantar nuestras opiniones, nombrando a víctimas y victimarios a nuestra conveniencia. Como todo, muchos defendemos al gobierno cubano, pero no vivimos en Cuba, ahora defendemos a Maduro, pero no se nos ocurre irnos a Venezuela, es sólo parte de un show.

No sé cuál será la solución de Venezuela. Creo que transita por una crisis grande, donde, al parecer la gestión del “gobierno popular” ha fracasado. Veo a un gobierno que no quiere ceder, sin tener soluciones a corto plazo para resolver las demandas de TODOS los venezolanos. Veo, una vez más, la incapacidad rodeada de mediocridad, que depende de consignas, discursos y marchas populistas y que puede ser que tenga un programa de gobierno a lograrse en el corto plazo de 350 años. Veo a un gobierno echarle la culpa de sus fracasos al lobo, contradictoriamente al mismo lobo que le vende la mayor parte de su mejor rubro exportable y que hasta hace muy poco disfrutaba.  Veo a un presidente que ha engordado y come en restaurantes de lujo, con show del chef incluido, que permite que sus colaboradores se hagan ricos, en el mismo momento que su pueblo, o una parte de él, huye por hambre y miseria.

Los chinos, a pesar del repudio internacional, muy pocos países los apoyaron en aquel momento, paradójicamente Cuba envió una felicitación, pudieron reponerse de lo de Tiananmen, entre otras cosas porque les interesa poco lo que piensen de ellos, pueden cerrar sus fronteras y vivir eternamente apartados como lo hicieron muchos siglos, “China es una gran patria”, pero Maduro y Venezuela no es China. Hoy el presidente obrero tiene muy poco apoyo internacional y por algo debe ser y no creo que el lobo pueda comprar todas las almas a la misma vez.

Los países más cercanos y parecidos a Venezuela no lo apoyan cosa que puede llamar la atención. Parece que China, Rusia y Cuba se mantienen a su lado, habrá que ver si se lo quieren llevar en el supuesto caso de que tenga o pueda salir vivo, porque ninguno de los tres gobiernos mencionados son jamón a nada y parece que poco a poco ha ido perdiendo el apoyo interno, incluso parte del ejército, cansado y necesitado, ha comenzado a rendir reconocimientos a Juan Guaido.

Maduro, al que no evalúo como persona, pues puede ser un muy buen tipo para tenerlo de vecino, pero que su gestión como político ha sido funesta, todavía sigue manejando al ejército, los altos militares comedores de vacas como siempre, lo apoyan, entre otras cosas porque están sucios y no van a tener mucho a dónde ir, ahora trata de crear el miedo por una posible invasión norteamericana, en el mismo momento que el gobierno norteamericano declara públicamente que no tiene idea de invadir a Venezuela.

Maduro logra ganar tiempo y paralelamente dice estar dispuesto al dialogo, incluso con su mayor enemigo, el gobierno americano, tratando de quedarse a todo costo, mientras que el pueblo venezolano, ricos, pobres, obreros, intelectuales, campesinos, vagos y desempleados voluntarios e involuntarios, mujeres, hombres, niños y niñas, se desgastan.

A dónde llegará lo de Venezuela, no sé, ni me arriesgaría a poder establecer una mínima salida al futuro, sólo soy un simple observador internacional con muy pocos conocimientos específicos sobre los acontecimientos venezolanos.

Si algo pudiera recomendar, sobre todo a los cubanos que apoyan a Maduro, es que piensen en la experiencia cubana, que estudien lo que era y es hoy Cuba, sin fanatismo, reconociendo incluso lo positivo del proceso revolucionario cubano, vean y experimenten lo que es hoy nuestro país de origen y lo que ha quedado, miren en que se ha convertido la más grande de Las Antillas después de 60 años de un mismo gobierno, una misma dirección, un mismo programa. Eso mismo es ya y será Venezuela, no se puede entonces defender lo que es a todas luces indefendible.

domingo, 3 de marzo de 2019

Ver para Creer. (Parte 2)

Hace pocos días intercambiaba ideas sobre el resultado de la votación con mi amiga Lissy y le decía que el triunfo del gobierno cubano era inmenso, gigantesco, quizás por eso planificaron la votación. Con sólo mirar estos numeritos, cosa que, por supuesto, los inventores exhiben con orgullo y se preguntan entre ellos, quiénes son los que están en contra, tratando, una vez más de minimizar y ridiculizar a esa fuerza que existe, que quizás hoy sea más fuerte que en décadas anteriores, pero que evidentemente por las razones que sean, no logran sumar muchos seguidores públicos.

Era sencillo, hecho como para bobos, sólo había que marcar por el SI o el No. Más de 7 millones y medios de cubanos votaron y de ellos el 86.85% votó a favor de aprobar y entonces establecer el proyecto como Constitución definitiva, después, es de reconocer, de algunos cambios de colorete que le hicieron, donde entre otras cosas los homosexuales tendrán que seguir noviando eternamente sin bodas.

Casi el 90 % de los que votaron dijeron SI, o sea, SI queremos esta Constitución, con lo del partido único y el socialismo como modo de vida, lo que después de caminar por una parte de Cuba y hablar con los cubanos de a pie, podría resultar increíbleeeeee. Sólo el 9% de los votantes fueron los que abiertamente seleccionaron el No como opción, solamente el 9% de los cubanos que votaron tuvieron el valor, la decencia, la osadía, la valentía y sobre todo, para mi modo de ver la HONESTIDAD de decir no. Y hablo aquí de, sobre todo, honestidad, porque ese 9% no se parece a lo que uno ve en las calles de Cuba, o al menos la parte del país que conozco bien desde hace muchos años. 

Increíble, porque aparentemente nadie cree en el nuevo presidente, sustituto a la fuerza del segundo presidente, sustituto a la fuerza del otro presidente. Increíble porque al cubano de a pie hoy le falta todo para vivir, viví allí muchos años y mantengo relaciones casi a diario con la parte de mi familia y amigos que aún están dentro. Increíble porque las personas demuestran “a escondidas” falta de interés, falta de objetivos, falta de esperanza y sobre todo donde la palabra futuro no existe o queda clara. Increíble porque Cuba tuvo la posibilidad ahora a través de celulares, internet, Facebook, etc., como nunca antes, de ver cosas y realidades que pasan todos los días en todo el territorio nacional y por supuesto no se publican en los medios oficiales como los periódicos, la TV y la radio, tecnología y redes sociales que sirvieron para alentar y hacer más grande los llamados de atención, proponer programas, dar a conocer nombres, violaciones de derechos, abusos, represiones, etc., pero que al final del final, no sirvieron para cambiar nada.

Yo no encuentro la explicación que pueda convencer, más allá de hablar mal por hablar mal. Es sabido, el cubano promedio desde hace mucho tiene miedo, además del miedo que se siembra y cosecha desde el poder, el cubano tiene una cuota grande de auto miedo que ha desarrollado junto al crecimiento de los huesos. El miedo que no hace falta controlar, porque es el controlador. El miedo que hace que generaciones tras generaciones, padres e hijos que luego serán padres, traten de protegerse a capa y espada. El miedo que hace que, las personas hablen bajito y miren para el lado y no precisamente por educación, el miedo que hace que las personas digan una cosa en su grupo de amigos íntimos y otra totalmente distinta cuando se trata de opiniones en público, que se graban o se registran. El miedo que hace que dentro de una cabina de votación cerrada y sin vigilancia, todavía las personas se sientan observadas. El miedo de pensar en que luego serán llamadas a contar y perderán lo poco que tienen, si es que lo tienen. El miedo como nutrición orgánica.

Conozco que muchas personas quieren un cambio, y que han dedicado a eso sus vidas, sus estudios, sus familias, repito, puede ser que sea el despertar y el número hoy, que aparenta ser insignificante, pueda ir creciendo poco a poco, pero siempre pensé que el descontento sería mucho mayor y más inteligente y pudiera aprovechar la votación secreta para manifestarse. Sin embargo, por lo menos por ahora, no fue así, el 9% sigue siendo ridículamente inferior a lo que uno se imagina que podría ser.

En medio de tantos problemas de todo tipo, en medio de tanto desconsuelo, en medio de una población sobre todo joven que manifiesta no tener esperanza y objetivos definidos, una vez más, la gran mayoría del pueblo cubano en Cuba ha escogido voluntariamente perpetuar la misma estructura socio económica que por 60 años ha devorado todo, sin ningún resultado positivo estable, más allá de la política e ideología, al menos en su manifestación formal.

Ver para creer, dijera Santo Tomás, y así y todo viendo y metiéndole los dedos a los huecos creados por los clavos en las manos del Hijo de Dios, es difícil de entender lo que ha pasado y mucho más difícil poder explicarlo coherentemente.

Premios Oscar 2019.
Mejor Actor Protagónico
Mejor Actor Secundario.
Mejor Guion por Constitución 2019.
Premio a Mejor Film de Ficción.
Los vencedores, que son los mismos de siempre, ahora un poquito más viejos, dicen que queda demostrado que el pueblo cubano quiere al Socialismo y a su único partido. Podrán decir ahora que incluso los homosexuales a los que se les negó el derecho de casarse oficialmente están a favor de la nueva constitución pues ella define de forma sólida el futuro del país. Es cierto, así los números lo demuestran, pero y qué pasa con la realidad que uno ve todos los días.

Sobre esto y todo lo demás relacionado con Cuba, existen miles de variantes que tratan de explicar. Todas ellas pueden ser válidas o sencillamente ninguna puede llegar a representar lo que nos ha ocurrido y ocurre como pueblo. Cada cual podrá arrimarse, partiendo de sus experiencias e intereses a alguna de ellas que aquí menciono o enviarme la suya como explicación, cosa que puedo asegurar que agradeceré.

Algunos hablan de que los cubanos tenemos miedo. Es posible, el miedo existe y es humano. Ya dije que sí, y no sólo tienen miedo los que están allí, cosa hasta cierto punto entendible, sino que una parte de los que no están allí físicamente, también poseemos ese miedo, que es más que todo una enfermedad. ¿Y si no me dejan entrar?, ¿Y si tengo problemas para volver?, ¿Y si me paran en el aeropuerto cuando llegue?

Otros aportan que los cubanos no servimos para nada, que hemos perdido la honestidad y que somos una banda de hipócritas, demagogos, lame botas, mentirosos. Puede ser posible, llevamos muchos años jugando al gato y al ratón dentro de un país, incluso dentro de nuestras propias familias, con nuestros compañeros de trabajo, con nuestros amigos y peor, con nuestros hijos y esto puede haber creado la desconfianza, la posible vigilancia y la autovigilancia. Llevamos muchos años viviendo en la revancha, en lo de quítate tu para ponerme yo. Hemos visto a muchas personas caer en picada, por un simple comentario de un vecino.

Hay quien dice que, a pesar de las penurias, las personas allí, o sea, en Cuba, prefieren el socialismo, tal como se prefiere a un mal conocido en vez de a uno nuevo por conocer. Esto es posible y es entendible lo de mantenerse en la zona de confort, en la seguridad. Es preferible tratar de sobrevivir dentro de los mecanismos que ya conocemos, a arriesgar todo por algo que al final no nos puede salir bien.

Los más teóricos y negociadores aportan que no sabemos, que la falta de ejercicio verdaderamente democrático, nos ha llevado a un camino sin salida, que no nos lleva a ningún lugar en tiempo definido, pero que es seguro y hasta cierto punto agradable caminar por darnos la impresión de que caminamos.

Se ha hablado mucho de la discriminación racial, del abuso infantil, de las largas y abusadoras jornadas de trabajo, de la explotación de la mujer, de la droga y la prostitución, de la violación de niños, de la contaminación del ambiente, de las huelgas, de los asesinatos, etc, etc, etc que ocurren “exclusivamente” en el sistema capitalista y entonces muchas personas, sin conocer y peor, queriendo no conocer, tiemblan frente a la posibilidad de cambiar, obviamente para este sistema, porque no creo que a nadie ahora se le ocurra empezar de nuevo por el esclavismo o el feudalismo, por más que sean lindas las Pirámides de Egipto, los castillos feudales y las iglesias europeas. No creo que, por ahora gustarnos el arroz frito, alguien quiera regresar a la época de la construcción criminal de la Muralla China.

No son pocos los que dicen que una parte de los cubanos de Cuba quieren vivir sin trabajar, o sea, sin trabajar oficialmente y se dedican al invento diario y otra parte, que tampoco quiere trabajar vive cómodamente de las remesas familiares, disfrutando o al menos disponiendo de un dinero que no producen y por el cual no corren riesgos, ni sacrificios para producir. Posición que les permite vivir por encima del nivel de vida del proletariado, sin tener que joderse mucho. Entonces si cualquier constitución está basada en que yo mantenga mis remesas enviadas con el sudor de mis amigos y familiares, pues que la constitución diga lo que le dé la gana y que pongan a dirigir a quien ellos quieran, total para lo que sirve en el plano diario.

Otros dicen, cosa que me parece posible también, que el exceso de política en todos estos años nos ha convertido en apolíticos, aunque no estoy muy convencido de que el término sea aplicable a los humanos. Es cierto, después que el gobierno escogió el camino del Socialismo, que oficialmente fue por allá por el 1961, todo en Cuba, exactamente todo, estuvo matizado por ese aspecto. No nos engañemos buscando soluciones acomodadas para nuestras vidas, todo en Cuba fue derivado e interpretado a partir de la política y la ideología, o mejor de la única política e ideología que emana desde el poder.

No recuerdo un aspecto que no pasara por ese filtro. Conozco casos extremos, es verdad, pero casos, donde en una de las más que utilizadas verificaciones, se manejó que la esposa de un amigo gritaba cuando hacia el amor y eso afectaba a la comunidad.

He escuchado muchas razones para justificar el por qué nos hemos ido de Cuba. El oficialismo por conveniencia impuso una, los cubanos no son emigrantes políticos, son sólo emigrantes económicos y así nos comparan con el resto de las personas que se mueven en el mundo. A muchos de nosotros nos ha convenido esa definición, porque, en medio de tanto desastre, queremos vivir en el capitalismo, disfrutando de sus bondades, que también las tiene, pero al mismo tiempo disfrutar de las bondades del sistema ideológico que no soportábamos, o sencillamente nos echó. Con tantas playas lindas en el mundo, sigue siendo Varadero nuestra máxima aspiración, quizás porque viviendo allí, trabajando allí todos los días, nunca pudimos ir.

No soportamos la ideología comunista, pero queremos ir a “nuestra” Cuba que en realidad si pensamos un poco no lo es, alquilar un auto, tomar cervezas baratas durante 15 días seguidos, hospedarnos en un lujoso hotel de Varadero o mejor ahora de los cayos y acostarnos con una chica de 20 años por, a veces, el precio módico con el que en nuestros países de trabajo pagamos una cajetilla de cigarros. Entonces, es real, para ese grupo, que no creo que sea pequeño, no se tiene nada en contra del Comunismo y su ideología, sólo lo que queremos es comer helados con galleticas y por eso nos mudamos para Estados Unidos, por ejemplo.

Pobre Santo Tomás con su ver para creer. Debía haber dicho ver para infartarme. La variante más alocada, por no llamarla descarada, hipócrita, oportunista, demagoga, etc., es la ahora puesta de moda Repatriación. Entonces, muchos de los cubanos que abandonaron Cuba, es cierto por problemas económicos, pero también y junto a ellos por discrepancias irreconciliables con la política y la ideología que dominan de forma absoluta todo, ahora, sin abandonar sus puestos de trabajos, sus salarios, sus carros, sus casas, etc., en los países donde han logrado llegar, se van a Cuba y recogen un nuevo carnet de identidad y comienzan a “disfrutar” de los derechos ciudadanos. Ahora pueden comprar casas, alquilar hoteles, disfrutar de las maravillas de la naturaleza, visitar a hospitales, hacerse cirugías y tratamientos médicos, montar negocios, etc., con la condición de que además de españoles, norteamericanos, mexicanos, canadienses, italianos, angolanos, australianos, chilenos, y de cuántas otras nacionalidades existan, también son ciudadanos oficiales cubanos. Aquí se dicen libres y allí se acogen a la condición condicionada de repatriados. Aquí critican a Trump incluso por su color de cabello, por ejemplo y allí toman cervezas, bailan y toman en Sol en una piscina delante de una foto de Díaz Canel y Raúl agarrados del brazo en muestra de triunfo y un poquito el segundo agarrándose del primero para no caerse.

Entonces muchos de los cubanos, que fueron aceptados hasta con agrado y ayuda, en los países a donde pudieron llegar, se dedican a criticar todo lo que los rodea, a veces sin razón, ni conocimientos, y ahora se van a medir la vista en Cuba, pasándole por arriba a la larga cola de cubanos, pues son repatriados y aunque eso no les da una condición especial, los médicos se las arreglan para ayudarnos, porque nos presentamos en los hospitales con regalos, carros, ropas diferentes y sobre todo cuentos diferentes. Si, yo a cada rato escucho, no puedo dejar de ir a Cuba tengo mi casa allí alquilada, tengo que ir a Cuba a operarme una oreja porque es gratis, tengo que ir a Cuba soy dueño de un paladar que puse a nombre de mi hermano, tengo que ir a Cuba porque mi sobrina cumple 15 años y llevo todo desde aquí para la fiesta que tiene que ser mejor que la de la vecina, tengo que ir a Cuba porque puedo llevar como mula todas las libras que me den la gana porque me las cobran en pesos cubanos, etc, etc, etc. ¿Qué nos estará pasando, nos estaremos volviendo locos o hemos parado en la variante más desarrollada de la hipocresía?

No sé, cada una de estas cosas, todas juntas, un pedazo de una ligado con un pedazo de la otra u otras muchas variantes que no puedo contemplar por desconocimiento, pueden hacer hoy, o están haciendo hoy al CUBANO, que por demás, de forma general, a mi modo de ver, ha dejado de ser aquel amigo solidario, desprendido, desinteresado, honesto, valiente, arrojado, comprometido, etc., que describen los poemas cuando se nos menciona.

Para colmo, creo que siempre, pero más ahora, los cubanos estamos interesados en resolver, cualquier problema, menos los nuestros y nos hemos convertido en expertos en asuntos internacionales. Somos como la vecina que vive en un infierno, pero viene a tu casa a decirte cómo debes resolver tus problemas. Somos como las personas que ocultan sus verdaderos padecimientos y están recondenadas, pero vienen, se ríen y te recomienda que vivas como ella, porque son felices.

Creo que una parte de nosotros está a la caza del mínimo problema internacional, para arrojar nuestra, incluso hasta a veces, extremista o radical posición crítica. Esperamos la primera mueca de un presidente o el primer catarro de alguien para arremeter con críticas y sobre todo enseñanzas de cómo se debería resolver el asunto tal en el país más cual, del que no sabemos nada. Nos bajamos con definiciones políticas, manejos de informaciones repetidas sin análisis, criticas y más críticas de problemas en el mundo entero, sin embargo, ese mismo grupo entusiasta, hace mutis total frente a los problemas de Cuba. ¿Somo en realidad tan críticos?

La misma amiga con la que he hablado de estos temas, todavía como consuelo frente al resultado de la votación, me preguntó desde cuándo confiaba yo en lo que el gobierno cubano decía. La idea no es que yo confíe o no, no creo que signifique y cambie nada, menos estando yo viviendo voluntariamente donde vivo, lo cierto es que hoy en el 2019, Cuba es una nación moderna, que tiene una Carta Magna moderna y nueva, que no fue impuesta, que no fue obligada. Fue redactada por una comisión desde el gobierno y el único partido que existe, cosa normal en Cuba desde hace muchos años y que luego fue aprobada por casi el 90% de los que fueron a votar, que fueron casi 8 millones de personas, en un país que tiene un poquito más de 11 millones dentro de su territorio nacional, mediante el voto voluntario y secreto. Esto, aunque nos duela es la realidad y es la realidad que el Gobierno Cubano mostrará al mundo para justificar y consolidar, al menos formalmente su permanencia, o sea, no estamos aquí porque queremos, estamos aquí porque nos quieren.

Una parte de nosotros, sin poder explicar mucho, seguiremos pensando que el descontento existe, que hay muchas personas que quieren un cambio. Seguiremos pensando que poco a poco ese número crecerá y que la auto vigilancia se debilitará para dar pasos a posiciones más coherentes. Una parte de nosotros seguirá tratando de entender las actuaciones detrás de los discursos y seguiremos ayudando a los nuestros, familia y amigos, sabiendo que de esa ayuda también se nutren los que redactan las constituciones, todo esto en espera de mejores tiempos, tal como dicen los abuelos.

sábado, 2 de marzo de 2019

Ver para Creer (Parte 1)


Ver para creer, es una de las frases más utilizadas por algunos de nosotros, cuando algo nos parece muy insólito e increíble. La idea viene de lo que, según la Biblia, dijo Tomás, uno de los discípulos de Jesús Cristo, cuando le dijeron que su maestro regresaría de la muerte. Dicen que Tomás, que luego devendría en apóstol, dijo que tendría que meterle los dedos en los huecos de los clavos para creer que era Jesús y que había regresado de los muertos.
Entonces esa frase es la mejor que encuentro para definir lo que a continuación pretendo analizar desde mi modesto ángulo de conocimiento.

Quiero escribir sobre Cuba y la recién votación de una nueva constitución, pero en realidad no sé por dónde voy a empezar. Tengo muchos pedazos de ideas en mi cabeza, que no encuentro el orden que les puedo dar para poder explicar lo que quiero y entonces dudo si lo que me salga sea entendible o no.

Desde hace algunos meses, la idea de votar una nueva Constitución en y para Cuba, que sustituyera a la de 1976 vigente aún, ocupó noticias y pensamientos y me imagino que acciones dentro de los cubanos, tanto los que estaban a favor, como los que no lo estaban.

Después de haber vivido muchos años en Cuba, me da la impresión de que para nosotros una constitución, no es más nada que un poco de hojas que alguien o algunos se dedicaron a escribir, pero que en realidad no significa mucho para nuestras vidas diarias. Sabemos que existe, pero no sabemos para qué se utiliza y menos sabemos en el plano personal, cómo hacer uso de ella. Creo, me arriesgo a decir, que la mayor parte de nosotros, nunca le ha echado una ojeada detenidamente.

En Cuba, la constitución casi siempre se enuncia, sobre todo, cuando el Gobierno quiere hacer de las suyas, de ahí que creo, y me arriesgo a decir, que ese documento tiene una explicación formal, teórica, para uso de estudiosos, como cubierta de modernidad, para uno que otro abogado pueda hacer sus trámites sin molestar mucho, pero para la vida diaria, para enarbolarla como defensa u orientación, para tenerla como guía, poco nos ha servido y peor, poco nos servirá.

Me arriesgo a decir que no existe en nuestras casas una copia de la Carta Magna, cuando debía ser lo contrario. Entonces, en realidad no se puede utilizar algo que se desconoce y que, a mi entender, el gobierno maneja como mi mujer maneja una receta de cocina, la cual conoce que existe, pero no utiliza la mayor parte de las veces porque prefiere cocinar por el instinto, el olfato, la experiencia, etc.

Crecí en una familia de abogados e historiadores, por lo que al menos escuché con alguna frecuencia de la existencia de ese documento, pero ni así tan siquiera puedo decir que fui o soy un estudioso del escrito. No sé entonces qué pasó en las casas o familias de constructores, choferes, macheteros, simples trabajadores de la mano o amas de casa, jugadores de “la bolita” los jugadores de chapitas, los anexos a los bares y las “pilotos”, etc. Todavía hoy no sé exactamente a dónde dirigirme o cómo orientar a alguien que quiera comprar un ejemplar, a no ser que pase como con las banderas cubanas, que la única posibilidad que había a última hora para adquirir una era comprarla, muy cara, en las tiendas en divisas, o sea, en dólares o su más bochornosa imitación, los CUC.

En mi última visita a Cuba el pasado mes de agosto, estaba la población cubana, cuadra por cuadra, centro de trabajo por centro de trabajo, escuela por escuela, metida en la discusión, por ponerle algún nombre a lo que ocurría, de los artículos que una comisión había escrito para la nueva constitución.

La idea más novedosa que descubrí y la que parece había movido más a la opinión pública nacional, creo que por el morbo que detrás de ella siempre hay, fue el tema relacionado con la posibilidad de bodas entre personas del mismo sexo, lo que me dio a entender que todo lo demás que dijera la Carta Magna, eran puntos de segunda categoría. Todo estaba cuadrado.

El matrimonio entre personas del mismo sexo, que al final de la historia no se aprobó para que se incluyera en el documento, pero que, por unas semanas, dio a los vecinos cubanos, a uno que otro emigrado y sobre todo a las parejas del mismo sexo, la posibilidad de hablar sobre este tema, pero que a mí entender para nada es importante en la real intención de decidir el futuro de un país como Cuba, donde hay tantas otras cosas por arreglar, encaminar y cambiar. Fue más la intención de entretener y pasar un buen rato juntos. Cómico, porque como un toque sentimental, se alentó y permitió a los emigrantes cubanos regados por el mundo, a que opinaran sobre el documento que se discutía, pero luego esos emigrantes no tenían el derecho a votar. ¿Entendible?

Si las personas del mismo sexo que ya viven en parejas públicas se casan oficialmente, pueden heredar una de otra e incluso llegar a adoptar o parir hijos, cosas que me parecen muy buenas, vendría siendo un problema relacionado con un por ciento mínimo de la población cubana y se relaciona con algo extremadamente específico. Claro, entiendo que lo específico y mínimo también puede ser importante, pero el llevarlo a ese plano hasta casi convertirse el tema en el punto más importante del proyecto de constitución que se debatía, me parece un circo. Primero no queríamos a los homosexuales, fueron reprimidos, encarcelados y sacados del país, ahora, para que todos vean que hemos cambiado, los queremos casar legalmente. ¿No se aprobó? Qué lástima, nosotros no teníamos nada en contra.

Habría que calcular cuál es la población homosexual en Cuba, por mucho que haya crecido públicamente, que creo que sí, ha crecido, y compararlo con la población heterosexual para darnos cuenta de que, aunque merecen el derecho, es un tema de segunda importancia, no porque los homosexuales lo sean, sino porque existen otros millones de personas y muchos temas de importancia para tomar en cuenta, que sí tienen que ver con el fututo, la economía, la política, etc., de un país entero, dentro del cual, después vivirán los homosexuales felizmente casados. Podría haberse dejado ese tema para una decisión administrativa, como otras tantas o para el Código de Familia derivado de la constitución que se acordara.

Creo que fue una idea empujada por la directora del centro que se dedica a investigar estos temas y la cercanía que ella tiene con el poder, quizás una intención para demostrar que se está trabajando en estos asuntos modernos, pero que, en realidad para la decisión histórica de una nueva constitución y un país, no significan mucho.

Algo así observé en República Dominicana con relación al aborto. La sociedad dominicana “oficialmente” católica plasmó en su Constitución que era ilegal y por tanto prohibido el aborto y de esa forma se quedó bien con las fuerzas influyentes de la sociedad, por supuesto, los ricos, los políticos, la iglesia, etc. Creo que existen unos pocos países que recogen esto como una definición constitucional, sin embargo, todo el mundo allí sabe que los abortos se hacen y se seguirán haciendo. Los pobres en sus pueblos, arriesgando muchas veces la vida por las malas prácticas, la falta de higiene, el negocio deshumanizado y los ricos entrando por atrás de las clínicas privadas o sacando pasajes en las aerolíneas con la justificación de que la niña se va de turismo a Europa o a Estados Unidos.

Luego, cuando uno trata de hablar sobre Cuba, tanto con los amigos de allá y los amigos de aquí, la idea que prevalece es el descontento generalizado de una población que sufre carencias económicas de todo tipo y más importantes, carencias de libertades civiles, muchas de ellas, las que nunca, al menos a mi entender hemos disfrutado.

Esta situación que se ha ido agravando con el paso del tiempo, puede dar la impresión de que frente a un proceso de votación individual y además secreta sobre la posibilidad o no de perpetuar el sistema socialista con su tan envejecido y desmejorado Partido Comunista el frente, la respuesta de ese pueblo que puede votar, pudiera reflejar la realidad que aparentemente se respira en las calles.

Yo, después de haber hablado con todo el que me pasó por el lado mientras estuve en Cuba y puedo asegurar que hablé mucho, pensé que podría ser un momento para que las personas, cansadas de vivir como viven, dijeran y con esto trataran de llamar la atención al gobierno, que están cansadas de confiar en algo que lleva seis décadas prometiendo un futuro mejor y que por el contrario sólo ha logrado que el futuro no exista. Futuro que, desde 1959, ha pasado ya por más de tres presidentes, todos los inversionistas extranjeros que se han presentado, primero los comunistas del CAME, luego los capitalistas “buenos”, los chinos, los venezolanos, etc., diferentes fórmulas para que las vacas den más leche y para aumentar la cuota de café con chícharo, trigo, etc., y la carne molida con todo lo que se le podía agregar, incluyendo la tan perjudicial soya y que ha llegado a compartir solamente el número 0.

Esperaba que los que pudieran votar, de más está repetir que los que vivimos en el extranjero, aunque estemos muy interesados no podemos e incluso los que se han repatriado, apelando a una opción sentimental y más aún oportunista, no fueron aceptados para ejercer su derecho al voto, tuvieran la oportunidad de decir, NO queremos más. Miren amigos del gobierno, en realidad no es nada personal, puede ser que no sepamos lo que queremos, no sabemos para dónde ir, no sabemos, cosa lógica por la falta de ejercicio, qué gobierno escoger, pero no queremos más de este experimento. La vida es una, nos dura aproximadamente 80 años sobre La Tierra para las personas más sanas y queremos tener otra opción, queremos probar otra cosa. ¿Cuál? Somos sinceros, no sabemos, pero otraaaaaaaaaaa.

Sin embargo, el aparente descontento de la población solo existe y sigue existiendo en secreto, para conversaciones de esquina entre amigos, para congraciarse con un que otro extranjero y pienso que, para entretenerse, de forma general. No desconozco y no quiero desconocer que existen personas serias, capaces, entregadas, que han hecho un esfuerzo diario exponiendo sus comodidades e incluso su integridad personal para cambiar las cosas. Conozco que existen personas que marchan pacíficamente por las calles de la ciudad y son reprimidas, la mayoría de las veces brutalmente reprimidas, otros que se reúnen y discuten y acuerdan temas, otros que, con acciones aparentemente independientes, salen a la calle y gritan cuatro cosas, para lo cual hay que tener valor, pero esos, siguen siendo la minoría de la minoría, frente a los datos que hoy el gobierno exhibe. Minoría que sigue pasando como loca, como inconforme e inadaptada, y sobre todo como pagada por intereses foráneos, etc.

Las votaciones son, incluso en Cuba, secretas, o sea, no existen cámaras dentro de las cabinas donde se ejecuta el voto. Las boletas, al menos en mi experiencia de votar en contra siempre, no están marcadas como muchas fichas de dominó de tramposos, cosa que hace que los que dirigen y coordinan, pueden saber el nombre y apellido del que votó, pues se lleva un conteo en Cuba y en cualquier parte del mundo, pero no puedan conocer si votó a favor o en contra. No creo que se puedan violar todas las urnas groseramente y llenarlas de boletas a conveniencia y no creo que ese gobierno hoy necesite que voten los muertos y los mongólicos.

Las votaciones, en cualquier lugar del mundo y por tanto en Cuba también, se pueden observar, al igual que el conteo de votos, por lo que a nadie se le puede prohibir que esté presente cuando se abran las urnas y se ejecuten los conteos, lo que puede garantizar cierta presión para los posibles malditos.

Entonces ver para creer. Aún con todo esto que he tratado de resumir desde mi modesto conocimiento sobre este particular, más el aparentemente creciente “descontento”, la enorme y abrumadora mayoría de los votantes este 24 de febrero, dijeron SI a la nueva Constitución y con ello, dentro de lo más importante, SI a la existencia exclusiva del Partido Comunista, el mismo de los tantos fracasos y el camino irreversible e irrevocable hacia el Socialismo, sistema, no sólo obsoleto en el mundo, sino demostradamente incapaz de crear una vida a futuro digna, más allá de las llamadas conquistas de la educación y la atención médica gratuitas, que a estas alturas del juego, también son cuestionables.

Reproduzco aquí la información oficial con gráfico y todo, que he encontrado sobre el proceso. De esta forma no corro el riesgo de inventarme o equivocarme con los números y luego continuaré escribiendo.


“La nueva Constitución de la República de Cuba fue aprobada popularmente con el 86.85 por ciento de los votos emitidos según datos preliminares, informó hoy Alina Balseiro Gutiérrez, presidenta de la Comisión Electoral Nacional.
En el referendo, 7 millones 848 mil 343 cubanos acudieron a los colegios para decidir (sí o no) sobre el nuevo texto constitucional. Del total de boletas depositadas en urnas, 7 millones 522 mil 569 fueron válidas (95.85%), 127 mil 100 nulas (1.62%) y 198 mil 674 en blanco (2.53%).
Balseiro Gutiérrez aseveró que 6 millones 816 mil 169 electores votaron SÍ (86.85%) y 706 mil 400 optaron por el NO (9.0%). Por lo que —de acuerdo con el artículo 137 de la carta magna vigente— ha sido ratificada la Constitución de la República de Cuba, sometida a referendo constitucional el pasado 24 de febrero de 2019, por la mayoría de los ciudadanos con derecho electoral, confirmó la presidenta de la Comisión Electoral Nacional”.


 De p… queridos amiguitos. Otra frase super conocida por el pueblo cubano, la cual no tengo que explicar, al igual que los números, ella se explica sola.

Continuará en la Parte 2.

sábado, 2 de febrero de 2019

Honor a quien honor merece. Hasta que la muerte nos reúna

Hace muchos años escuché al gran cantante argentino Alberto Cortez, que no pudo ser papá, decir que era un hombre feliz, porque al que Dios no le daba hijos, el Diablo le daba sobrinos.

Entonces soy feliz, Dios me envió dos hijos, que son hoy muy míos y, además, para sobre cumplir el plan, el Diablo personalmente me concedió muchos sobrinos. Por la cuenta general, entre sobrinos de sangre y políticos, tengo 9.

Tengo además una ventaja difícil a veces de conseguir, mis sobrinos políticos, esos que vienen por la sangre de Martica, sobre todo los más grandes, me quieren a mí, el hombre de los mil defectos, por mí mismo y no como una obligada tradición familiar de soportar al marido de nuestra tía. Me quieren directa y abiertamente, porque, entre otras cosas, siempre me esforcé por ser buen tío, sabiendo que también cada sobrino es diferente, en la misma medida que humanos.

Al sujeto de esta historia, mi sobrino Fabio, lo conozco desde antes de que naciera, porque tuve la posibilidad de compartir diariamente junto a su mamá y papá, cuando ellos disfrutaban de la linda etapa del embarazo de la primera. Lo vi nacer, porque fue su nacimiento en el hoy dañado hospital Hijas de Galicia de Luyanó, uno de los muchos partos que tengo sobre mis hombros como soporte emocional. Estuve en su difícil nacimiento en el año 1986, quizás un poquito ayudando a su mamá a pujar y a su papá para que no se desmayara.

Luego Fabio y yo crecimos juntos en la casa de Villoldo 112, hasta que por razones humanas sus padres se separaron y su mamá regresó a su casa materna, con la tan buena suerte que esa casa estaba a menos de 100 metros de donde habíamos los dos vivido, así que Fabio en realidad nunca se fue de nuestro lado.

Fabio que nació medio jodido, rápido creció y muy rápido se convirtió en un niño lindo, robusto, alegre con una sonrisa medio maldita heredada de su padre, cariñoso e inteligente. Todas esas características que describo, todavía hoy, a pesar de que han pasado más de 30 años y de seguro la vida le ha dejado sus huellas, las mantiene. Sigue siendo un tipo dulce, suave, amoroso, cariñoso, de buenos sentimientos, engañador con la misma sonrisa maldita de cuando era niño y para colmo de bienes, inteligente.

Seis meses después de Fabio, nació mi hija Jennifer y desde los primeros días de sus vidas, además de primos obligados, fueron amigos, compañeros de todas las escuelas, cómplices, compinches, brothers, pertenecientes a la misma mafia, si es que pertenecían, creyentes de la misma religión, si es que llegaron a creer. Fabio y Jennifer formaron un binomio cuadrado perfecto, que sólo se rompió con la salida de mi hija del país. En realidad, no se rompió, sino que se congeló para cada próximo encuentro, porque ambos tienen una historia muy común que solo ellos dos conocen.

Con ese Fabio tuve una relación especial, vivía yo en la casa de su abuela materna, lugar de obligatoria visita diaria, era yo el papá de Jennifer, su yunta y además al gustarme los jóvenes, creamos él y yo, otro binomio cuadrado perfecto, anexo al que ya tenía con mi hija.

Compartimos muchas horas diarias, días enteros, conversaciones agradables y otras menos agradables, cigarritos y café en nuestro portal de Villoldo a veces hasta altas horas de la madrugada o tempranas horas de la mañana, compartimos trabajos de mecánica, albañilería, plomería, comidas, fiestas, vacaciones en la playa y todo eso nos unió, más allá, repito orgulloso, del tío que tenemos que soportar porque la tía Martica es cariñosa y cocina bien me lo está pidiendo. El “tío” que Fabio utiliza para llamarme, siempre me ha parecido dulce. Fabio y yo, a pesar de nuestra diferencia de edad, ya dije que estuve en su nacimiento siendo un hombre, llegamos a hacernos buenos amigos y a pesar de nuestras diferentes ubicaciones geográficas hoy, cuando nos encontramos, es muy fácil detectar la pasión que cada uno de nosotros siente por el otro.

La vida es así, el Diablo, hasta que te lleve por mal comportamiento, te da sobrinos que, cuando son buenos, se convierten en hijos.

Entonces Fabio creció y se convirtió en un hombre que, para mi súper orgullo además estudió guitarra y hacía algo que yo, el tipo de las super manos, no podía hacer, rasgar seis cuerdas interpretando nuestras preferidas canciones de rock, cosa que todavía hoy pretendo un día lograr y estoy dejándolo para cuando me jubile y como sin dudas obtuvo de la teta de su madre el amor por el arte, entonces hoy gusta y se dedica a la fotografía. A pesar de su corta edad, he logrado ver una carpeta llena de muy buenas fotos. De más está decir que ha sido mi fotógrafo personal en cada uno de mis viajes a Cuba, claro, no es tonto, como sabe de arte, ha sabido escoger bien al modelo. JAJAJA.

No sé nada de fotografía, más allá de que me gusta mirarlas y como soy un tipo medio sensible puedo admirar la belleza de una foto bien hecha, pero para mi suerte he tenido en mi vida la presencia de varios fotógrafos y entonces es un tema sobre el cual converso con frecuencia. Si soy sincero, puedo decir que estoy ahora confundido, porque no entiendo muy bien si la fotografía que estoy mirando es el resultado de un buen fotógrafo y una cámara, o sencillamente la maestría de un buen informático. He hablado mucho sobre este tema y los fotógrafos a los que tengo acceso, no me acaban de dar una respuesta convincente de si es mejor ser buen fotógrafo o ser un experto en programas que mejoran las fotografías.

Lo cierto es que mi sobrino es fotógrafo y acaba de participar en un evento que anualmente organiza la Embajada de Estados Unidos en Cuba, que tiene el muy sugestivo nombre de Sueños. No conocía sobre este concurso y resulta que va como por la 8va edición.

El evento de corte nacional otorga tres grandes premios y menciones honorificas a las mejores fotografías presentadas cada año. No tengo idea de quiénes y cuántas personas participaron este año, aunque puedo imaginar por el tipo de organizador, que deben haber sido muchas.

Entonces con agrado acabo de conocer que mi sobrino Fabio fue ganador de una de las menciones honoríficas que el evento entrega, por una fotografía a la que nombró “Hasta que la muerte nos reúna”.

No sé nada de fotografía, pero puedo detectar que hay fotos lindas y bien confeccionadas y hay fotos que, además de la técnica, ya saben, el encuadre, la luz, el lente, etc., tienen una historia y ese es el caso de esta foto.

No he hablado con Fabio sobre esto, me hubiera gustado poder, en nuestro portal de Villoldo 112 junto a los cigarritos y café, malos o buenos, poder dedicarle de seguro horas a estas interpretaciones, por lo que diré es sólo una idea mía. Fabio no conoce que escribo sobre él y quizás todavía no sepa que he visto su foto, pero sigo confiando que aceptará este escrito, sabiendo que viene del mismo hombre con miles de defectos que él conoce bien.

Primero, el nombre escogido me parece genial, pues parte de la tradicional idea de “hasta que la muerte nos separe”, enunciada obviamente por personas que están vivas y jugando con esa idea ha cambiado inteligentemente las palabras para dar el mismo significado, o sea, la unión eterna.

Luego, creo que la composición, más el blanco y negro, profundizan el concepto y transmiten el sentimiento que podría costar miles de palabras para poder explicarlo.

Para mí lo más importante. La foto tiene detrás una historia o yo puedo ver o inventarme una historia, tal como el guion de una película. Yo puedo imaginarme la cara de ese hombre, arrugada por los muchos años de trabajo expuesto al Sol, se me antoja un campesino o un pescador, que ha perdido recientemente a su esposa y que sentado, acompañado solo de una taza de café y un viejo cigarro encendido, de esos medios jorobados, está esperado morir para volverla a ver.

Imagino la historia en un viejo portal, en un taburete de madera desgastado por el uso y una mesa de esas que no se han roto porque Dios existe, sobre la cual hay un sombrero de yarey también desgastado, que tiene la forma de la cabeza de su dueño y quizás cerca del viejo está echado un también viejo y arrugado perro.

Al final, la piel super arrugada, las manos sucias y el anillo, probablemente de cobre, hace que la escena, paralizada en el tiempo, cobre un dramatismo muy fuerte, ENORME. Podría haberse escogido a un modelo, embarrarle las manos y ponerle un anillo de oro, o sea, todo un montaje bello, pero la historia no hubiera quedado igual, ni la profundidad hubiera sido la misma.

El viejo cansado de vivir, quizás, luego de haber perdido a su esposa de toda la vida, espera, pero espera tranquilo, calmado, sin nervios, a que, gracias a la muerte, pueda volver a encontrarla. La escena junto al nombre escogido es la mejor muestra de la paciencia, la tranquilidad y la resignación necesaria que a veces no tenemos.

Hasta que la muerte nos reúna, podría ser esa idea de permanencia, de eternidad que está más allá hasta de la propia vida.

Dale Fabio, te dije un día que no hacían falta cámaras de miles de dólares, ni tarecos sofisticados, mucho menos trajes y zapatos que se venden específicamente para fotógrafos, lo que hace falta y queda demostrado ya con tu primer premio, es que hay que tirar muchas fotos. Luego detrás de ellas aparecerán las genialidades y lo más importante, el fotógrafo.

"Hasta que la muerte nos reúna". Fabio Tomé Pestana