domingo, 26 de mayo de 2019

El "Che de los gay" y Mariela Castro


Tener información siempre es bueno, sobre todo cuando se tiene la capacidad, el conocimiento y la madurez para analizarla. Poseer información luego de la investigación permite conocer una realidad y poder incluso, no sin cierto riesgo, pronosticar un futuro cercano, pero paralelamente, tener información puede ser peligroso, porque aparece la gran pregunta de por qué y entonces la vida se puede complicar.

Leyendo sobre los últimos sucesos del CENESEX, Mariela Castro y la Comunidad   LGBTI en Cuba, me he encontrado con una figura que no conocía y obviamente una historia que me gustaría compartir y así poder aportar un poco más a mis dos artículos anteriores.

Aquí les presento a Víctor Hugo Robles.



Quién es este tipo, nos preguntaremos, porque tampoco es tan famoso como pretende, más allá de los cuatro seguidores y amigos que debe tener.

El Sr Robles es chileno, parece que de formación periodista o al menos estudiaba esa carrera en Chile cuando decidió darse a conocer, es homosexual y portador de VIH devenido en artista, activista y defensor de los derechos de los homosexuales. Hasta ahí nada nuevo, ni destacado.

No contento con lo anterior, en un momento de su vida, según el mismo cuenta, se dejó el pelo largo, se compró una boina a la que le puso una estrella en el frente y se ha hecho llamar “el Che de los gay”, apelando a esa figura, primero masculina y luego extremadamente simbólica, nos guste o no, de Ernesto Guevara, a quién se le conoce por su extrema y pública necesidad de luchar por los pobres del mundo, entre otras cosas.

El Che de los gay, apodo que nadie le dio, sino del que él mismo se apoderó, entonces aparece como un símbolo de la lucha por los derechos de los llamados “diferentes”, hace presentaciones, participa en marchas y sobre todo se tira muchas fotos.

Escribí que estoy a favor de los “diferentes” en todas sus manifestaciones 
sin yo participar directamente de una de ellas, pero este tipo me parece un payaso. Se puede ser homosexual, se puede ser más homosexual todavía y gritar, defender y luchar por los derechos y reconocimientos que se merecen, lo que está mal es ser un oportunista.

Lo primero que me gustaría, sin ser yo amigo ni fanático del Che, es que este tipo se hubiera puesto, al ser chileno, el Allende de los gay. Tendría más lógica y el querido, ético y respetado Salvador Allende le hubiera servido igual para sus objetivos. Claro que, el expresidente chileno no tiene la misma pegada para el contexto universal que el Che y es muy probable que de haberse nombrado el Allende de los gay, a pesar de la libertad de expresión de la democracia en Chile le hubieran caído a patadas por el culo, por sencillamente, falta de respeto.

Pues el amigo Robles, en una de sus presentaciones públicas, con el objetivo de llamar la atención, sin tener mucho que mostrar, más allá de ser homosexual pienso yo, pues posa frente a fotógrafos con la imagen del Che muerto, con esa foto extremadamente impresionante hecha exclusivamente a la cara del cadáver donde está aun con los ojos abiertos, tapizada y adornada de plumas rosadas.


La irreverencia ha sido siempre un arma de los inconformes, de aquellos que quieren llamar la atención y quieren obtener cambios. La burla, la ironía, la sátira e incluso la comedia pueden funcionar, pero dentro de todo esto hay que tener cierto sentido común y sobre todo respeto.

El Che de los gay, al que evidentemente le falta valor para darse candela frente a las cámaras y así pasar a la historia como líder de su movimiento, pues se burla, y repito, el Che no fue amigo mío, sigo prefiriendo a Ian Guillan y Robert Plant, de una de las figuras más conocidas e incluso respetada por gran parte de los habitantes del planeta, quienes lo identifican, conocedores o no de su verdadera historia, con las causas más justas y nobles de los humanos. Verlo parado con la foto de la cara del Che muerto, adornada de plumas rosadas, a mí, defensor de los homosexuales, me causa una enorme repugnancia. Se puede ser lo que uno quiera, pero existen cosas con las que uno no puede jugar.

Para colmo y no contento, el Che de los gay, además, se ha parado y le ha envuelto en el cuello una bandera gay a un busto de José Martí y le ha pintado los labios de rojo, cometiendo, una de las mayores ofensas, nada más y nada menos que a la figura más grande que ha dado la historia de Cuba y que como sabemos, nada tiene que ver con el descalabro de estos últimos 60 años.



Esto me recuerda un hecho e imágenes repetidas hasta la inmensidad por el gobierno revolucionario, sobre aquel incidente ocurrido el 11 de marzo de 1949 y los tres marines norteamericanos. Según el recuento, tres marines, medio borrachos, se subieron sobre la estatua de José Martí que está en el Parque Central, el más hábil de ellos, alcanzó a subir hasta el final y desde allí orinó hacia abajo sobre la estatua.

¿Conocían los marines a quién estaban orinando? Es probable que sí, pero es probable que no. Puede haber sido un acto planificado de burla y desprecio por Cuba y nuestra historia, pero puede haber sido perfectamente, conociendo que los marines de aquellos años no eran muy estudiados, el resultado de una estúpida borrachera. Todos los que hemos estado borrachos un día, sabemos que, acompañados de un grupo de amigos, podemos hacer cualquier cosa.

Imagino la historia de tal forma. Los tres marines, en su tiempo libre, pasaron la noche disfrutando en uno o varios bares de La Habana republicana. Uno de ellos, Richard, acabado de salir del último bar, quizás acompañado todavía de algunas bellas jóvenes cubanas y con tremenda curda, le dijo a sus amigos, George y Herbert, me estoy orinando, no aguanto más y entonces uno de ellos le dijo, a que no subes y orinas desde allá arriba. Richard, bien entrenado físicamente y volado por el alcohol como una cafetera, respondió, ¿qué no?, ¿qué te apuestas a que lo hago? Y entonces lo hizo, no sólo subió, sino que desde allí después de lograr cierto equilibrio entre los brazos de la escultura, se bajó el zipper, acción que pudo ser difícil de lograr en aquel estado, y orinó, debido a la gravedad obviamente, la escultura de José Martí salió mojada.

Viendo lo que ocurría, los cubanos que allí estaban, recuerdo que es uno de los parques más concurridos de la ciudad, puro pueblo, arremetieron contra los tres marines y cuentan que, a piedras y botellazos, los hicieron bajar y aquello terminó con una gran golpiza, donde los americanos trataban de escapar y los cubanos arremetían contra ellos, incluso delante de la presencia de unos pocos policías que, enterados de la bronca, llegaron al lugar. Hubo que esperar por más policías para sofocar la pelea, que más que eso, debió haber sido una tremenda tranca que un grupo de cubanos le estaban dando a los marines. Al final los norteamericanos fueron llevados y puesto en calabozos, creo que para preservarles la vida en espera de sus representantes. Al día siguiente hubo manifestaciones de protestas populares contra el ultraje cometido.

Los marines fueron sancionados y el embajador norteamericano de turno se vio obligado a poner una ofrenda florar delante de la estatua y pedir disculpas al pueblo de Cuba, como una forma de aplacar el disgusto que tres marines estúpidos y borrachos habían ocasionado.

¿Qué tiene entonces de complicado lo del Che de los gay? Bueno, primero no debe ser tan ingenuo como los marines y no anda borracho todo el día, por lo que para mí es un payaso y oportunista planificado, lo que sería lo de menos porque de payasos estamos rodeados, lo peor de lo peor es que este tipo es amigo, o al menos lo fue bastante cercano de Mariela Castro, ya siendo ella Directora del CENESEX, o sea, una figura de gobierno en Cuba y eso es lo que lo debe estar salvando.

Los que conocemos Cuba sabemos que, si un ciudadano no cubano en el extranjero, sin estar calzado por alguien de adentro, se le ocurre agredir, por ejemplo a la imagen de José Martí, eso sólo hubiera alcanzado para, convertirlo en personaje no grato y por ende negarle de por vida la entrada a Cuba, además de una nota de protesta del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba en la ONU y probablemente una concentración de un grupo de cubanos con banderas y consignas frente a una determinada embajada donde se ratificaría el apoyo del pueblo a su Revolución y la ofensa del “imperialismo yanqui”, aunque el ofensor hubiera sido de Pakistán, contra Cuba y su historia de lucha por la independencia.

Si el Che de los gay fuera cubano y se le ocurre salir a marchar con la foto de la cara de Ernesto Guevara muerto adornada con plumas rosadas y luego pintarle los labios a un busto de José Martí, lo menos que le podía pasar sería lo mismo que según cuenta le pasó al misterioso personaje “el hombre de la máscara de hierro, el cual fue puesto prisionero, según Volteire, en la Bastilla hasta que murió sin que quede claro el por qué. Y es hasta cierto punto entendible, porque más allá de la democracia y la libertad de expresión, nada más y nada menos que José Martí y el Che Guevara para la historia de Cuba, no son lo mismo que la escultura del pobre John Lennon, al cual sentado en el banco en un parque habanero, le han robado varias veces sus famosos espejuelos. Puede ser parecido, pero para nada es igual.

Entonces aparecen los por qué.

¿Por qué el gobierno cubano no ha hecho una declaración en contra de este tipo? Podría ser para no darle importancia y convertirlo en algo más relevante de lo que él se cree. Podría ser que apoya al CENESEX y su actividad desde el exterior. Podría ser que es amigo personal de Mariela y nadie quiera meterse con la hija de Raúl Castro, verdadero presidente detrás de la silla presidencial e incluso podría ser un colaborador de la inteligencia cubana así con su fachada tonta de homosexual.  


¿Por qué Mariela Castro no se ha quitado la imagen de su amigo de arriba?, ¿Cómo es que no ha salido a hacer declaraciones acusatorias sobre lo que su amigo ha hecho con figuras muy importantes de nuestra historia?, ¿Cómo es que no aparece una sanción y ruptura pública?

La historia demuestra que “todo es posible en la Viña del Señor” y los gobiernos tienen su forma de reaccionar, da igual en Cuba o en Burundi. El gobierno cubano es famoso por sus maniobras, porque siempre hay objetivos más grandes y entonces silencio total.

Mariela, una vez más es una camajana. Es una culebra que puede arrastrarse para sobrevivir, porque mucho tiempo ha esperado en la sombra. Es, a mi modo de ver, una oportunista más.

He visto dos videos que pueden ratificar esto, para los que puedan pensar que la tengo cogida con ella. En octubre del 2011, ella, en una de sus justificaciones profesionales se fue a Holanda y la llevaron a visitar el Barrio Rojo de Ámsterdam, famosa zona conocida por la prostitución autorizada, en aquel momento fue entrevistada y sus palabras, resumidas aquí textualmente fueron:

“Admiro y respeto el modo en que han encontrado una manera digna de hacer su trabajo sexual y de hacerse respetar”

“Me ha gustado mucho conocer directamente cómo es que lo hacen”

“Lo que más me ha gustado es la manera de cómo han podido procesar y dignificar y hacer valer el trabajo que hacen, porque es un trabajo, además de hacer valer derechos también, eso me parece muy importante y los cuidados de salud, la protección de la violencia, la protección del abuso en sentido general”

“Por un lado comprendo a las personas que dicen que hay que cerrar esta experiencia, pero por otro lado pienso que cerrar esta experiencia conllevaría a otros problemas mayores para las personas que viven de este tipo de empleo o de este tipo de oficio”

Incluso entre risas, se permitió hacer un chiste sobre una muchacha cubana que había hecho algo que en Cuba se denomina “sexo transaccional, o sea, sexo como pago a bienes de consumo servicios. La cubana tenía el baño roto y decidió llamar a un plomero para arreglarlo, como no tenía dinero para pagar, le ofreció favores sexuales. A Mariela esto le pareció gracioso, además de aceptable, dijo que eso estaba bien, que la chica no era prostituta, que no le gustaba, pero que arreglar algo, bien podría pagarse con el cuerpo.

Mariela paseó Ámsterdam, imagino que compró algunas cositas y recién llegada a Cuba fue entrevistada por una periodista cubana para conocer sobre su experiencia, ella entonces declaró:

“El Barrio Rojo es históricamente conocido, desde una mirada turística, de atracción turística, pero es denigrante que como una atracción turística se utilice a la mujer, principalmente que es la atracción explotada que se puede apreciar detrás de las vitrinas con luces rojas y vestuario interior”.

“Hay un área que son mujeres migrantes de Europa del Este, hay un área de latinas y otra de holandesas y realmente me resultó triste ver a estar personas en esta situación de explotación, no solamente por ser trabajadoras sexuales como se les reconoce, sino por ser mujeres”

“Admiro el trabajo de grupos que están trabajando para reconocer los derechos de estas mujeres y otros grupos que trabajan en contra del tráfico de las personas”

¿Esta experiencia podría exportarse a Cuba?, pregunta la periodista en off y ella respondió que le había dicho tres veces a la cadena que la entrevistó en Holanda, que “no, Cuba aboga por la experiencia sueca, que es la de penalizar a las personas que compran el servicio sexual porque es una forma de explotación”.

Este es el doble discurso de la dirigente cubana, por un lado, en Holanda, se muestra encantada con la experiencia de dignificar el trabajo y oficio de la prostitución y los cuidados de la salud y la protección contra la violencia y, por otro lado, ya en Cuba a pocos días de sus primeras declaraciones, entonces dice que se sintió triste por la prostitución y que hay que meter presos a quienes busquen ese servicio.

Cuál de las dos Mariela es la de verdad. La primera, abierta, comprensiva, alegre, jocosa, que queda impresionada con las prostitutas del Barrio Rojo, la misma que es amiga y se deja fotografiar con el Che de los gay, o la que siente tristeza por las mujeres y quiere meter preso a los que quieran pagar por ellas y deja embarcados a parte de sus seguidores en una marcha que estaba y ella lo sabía, condenada al fracaso y a la represión.

No me hagan caso. Para los que estén interesados y tengan acceso a internet, les dejo aquí las dos direcciones donde aparecen ambas entrevistas, para que además de comprobar lo que aquí les cuento, puedan escuchar la entonación de la voz en cada caso y verle la cara a esta nueva Diva del poder en Cuba.


lunes, 20 de mayo de 2019

Orgullo Gay, la otra gran mentira. (Parte 2)


Parece ser que la historia y los primeros cambios con relación a la homosexualidad comenzaron con Vilma Espín, por aquellos años, Primera Dama por sustitución, Presidenta de la Federación de Mujeres Cubanas, novia y esposa desde los tiempos de la Sierra Maestra de Raúl Castro, como consecuencia cuñada íntima de Fidel Castro y madre de una camada de Castros Espín, de donde Mariela puede ser el más famoso exponente.

Vilma, desconozco las razones, debe ser por su trabajo con las mujeres cubanas, se convirtió en madrina de algunos de los que habían sido repudiados. Recuerdo un día que, con mucho orgullo un trans algo, no estoy claro en la denominación exacta, en una entrevista exhibía una carta firmada por Vilma Espín donde se explicaba que luego de haberse cambiado el sexo, estaba en trámites para el cambio de identidad, o sea, olvidarse de su nombre de hombre y renacer como mujer con nombre y todo, algo así como de Francisco Roberto a Wendy.

Pero, al poco tiempo Vilma murió, quizás antes de lo que mucho de los homosexuales deseaban, pues se debieron haber quedados enganchados con sus trámites, debido a que la continuidad en Cuba muchas veces no existe y todo depende del nombre de la persona que esté frente al gobierno en ese momento, entonces imagino que Mariela, deprimida por la muerte de su madre y sobre todo aburrida, se dijo que le había llegado el momento. Para entonces Papá estaba encaminado a pasar de segundo a primero.

Ella había pasado desconocida durante todos los muchos años de gobierno de su tío, pero también quería ser famosa y le pidió a Papá, no a Papá Noel, sino a su Papá Raúl, sustituto Presidente de Cuba, que quería hacer algo para seguir el ejemplo de su madre y porque no, su fama, que había descubierto a amigos que decían que estaban a favor de la Revolución pero que tenían “algunos problemitas de conducta”, no obstante era una fuerza importante a tener en cuenta para utilizar.

Entonces él, padre al fin, quizás yo hubiera hecho lo mismo, imagino que le dijo en uno de los almuerzos de los domingos donde comparten juntos cerca de la piscina con el esposo capitalista italiano de su hija, quien probablemente cocina la pasta y trae el vino; _ bueno, está bien, entretente con tus maricones y tortilleras, pero contrólalos y trata de que no me jodan mucho, porque los vuelvo a meter a todos presos de nuevo y mira que las cárceles ahora no están nada buenas.

Como algo muy novedoso en la Revolución Cubana, Mariela, descendiente de una familia de jefes, su tío presidente, su papá presidente sustituto cuando su tío quiso dejar el cargo, su mamá presidenta de las mujeres, su primo Fidelito, presidente de la energía atómica, etc., apareció de la nada como Directorasa de algo que los cubanos nunca habíamos escuchado mencionar y a lo que a nadie le importaba de verdad a niveles de gobierno.
A la luz de los últimos acontecimientos, he leído y visto algunas entrevistas sobre Mariela y su CENESEX y la historia es la siguiente.

EL CENESEX, que tiene homólogos en la mayoría de los países del mundo, o sea, que no es nada nuevo,  recibe fondos directamente de las Naciones Unidas, dólares americanos constantes y sonantes, cuyo objetivo es colaborar con el desarrollo humano y la defensa de las minorías, en este caso específico, la llamada Comunidad L.G.B.T.+  y la Comunidad L.G.B.T.Q.Q.I.A, lo que traducido al español significa la comunidad de lesbianas, homosexuales, bisexuales y transgéneros, tratando por esta vía de no dejar a nadie fuera de los llamados grupos excluidos por los heterosexuales, los gobiernos, algunas denominaciones religiosas, etc.

Dichos fondos, al ser donados por la ONU, no son producidos por la economía cubana y, por ende, no están controlados por ella. Según he entendido después de escuchar declaración de personas que trabajaron directamente con Mariela, de esas donaciones, que por momento ascienden a millones de dólares, muy pocas se han utilizado para fines de trabajo, por el contrario, parece que han servido para financiar las necesidades, antojos y gustos personales de la Directora, lo que ha generado un ruido sobre el mal uso de los mismos y es probable que en cualquier momento el Centro sea desintegrado o al menos intervenido. Como podemos imaginar, por el momento, todo está calzado por la figura de Papá, no de Papá Noel, sino de Papá Raúl Castro, pero de continuar la tendencia que lleva, podría ser que Mariela sea designada como embajadora en un país de poca importancia para Cuba o alguno pequeñito de África.

Ya sabemos; como resultado de objetivos de trabajo aparecen los viajes al exterior, para el interior del país a los jefes les gusta poco viajar, conferencias nacionales y sobre todo internacionales, reuniones, oficinas, carros, actividades de bienvenida a amigos extranjeros con problemas, comidas, etc. Mariela, no sé si con el respaldo de su padre, pero si con el apellido más “reconocido” de Cuba, aunque no por bueno, se las agenció para tener poco que ver con el Ministerio de Salud Pública, organismo al cual le tocaba pertenecer y comenzó a navegar a su aire.

Así aparecieron a mayor las operaciones para cambio de sexo, cambio de identidad, cosas que te quitaban del cuerpo y otras que te ponían, pastillas para engordar partes del cuerpo, otras para quitar los pelos y sobre todo personas alegres que como venganza a todo lo ocurrido anteriormente ahora sonreían, a veces de alegría real, otras sólo para joder.
Aparecieron las marchas y como es algo habitual en nuestra cultura, digo lo de las marchas, una vez al año, se viene efectuando una Marcha Conga por las principales calles del centro de la ciudad por el orgullo gay, con Mariela bailando y cantando a la cabeza. Marcha que han devenido en el nombre de la MariConga, por la fusión criolla de la palabra mariquita o maricón junto a una de las manifestaciones danzarías  y musical más famosas de la cultura popular cubana, la conga.

Era interesante verlos marchar, se veían alegres, satisfechos, reconocidos y sobre todo, tras el telón, había cierto sentimiento de venganza, claro que sí, nadie me lo ha confesado, pero conociendo al cubano como lo conozco, si yo formara parte de esa comunidad, por supuesto que me estaría vengando. Ahora me tendrían que soportar y no se me podría ni mirar un poquito atravesado, porque muy rápido sacaría mi carnet del CENESEX y evocaría el nombre de mi apóstol Mariela para lograr mis objetivos.

La Iglesia Católica ha pedido perdón por los errores, muchas veces ensangrentados, cometidos por sus representantes en el pasado. Muchos presidentes norteamericanos han tenido no sólo palabras, sino hechos para disculparse con la política seguida con las tribus nativas en este país. Mandela perdono a sus carceleros. Aunque en el caso cubano no ha habido un pronunciamiento del gobierno superior a favor, menos unas disculpas por lo que hicieron sufrir a esta comunidad en un pasado no muy lejano, sobre todo por actores que, aunque más viejos, aún están vivos y coleando, el pertenecer a una comunidad gay en la Cuba comunista, poder desfilar bailando y cantando, participar en reuniones y conferencias sin tener que disfrazar la verdad, tiene su onda.

Ya escribí que en mi último viaje a Cuba el año pasado, el tema que más tenía motivado a la población sobre el proyecto de constitución que a la sazón se discutía, era la posibilidad de incluir el matrimonio gay dentro de la Carta Magna como un derecho civil y como consecuencia la capacidad de heredar oficialmente y de adoptar o parir hijos dentro de un matrimonio del mismo sexo. Con esto tuvieron entretenida a la población, de hecho, el tema era más nuevo, interesante, jocoso e incluso maldito, que la idea del desarrollo sostenido de la economía que había sido uno de los objetivos propuestos en el año 1959 del que nada se había logrado.

Entiendo a la comunidad gay, si yo fuera uno de ellos, pues pensaría y actuaría igual. Resulta agradable pasar de reprimido y mal visto a tener un centro que me representa y que fue construido para mí especialmente, con poca vinculación con los organismos estatales, con fondos en dólares venidos del extranjero y para colmo de bienes, dirigido por la hija del segundo presidente histórico de la república y además con la posibilidad de manifestarme públicamente y hacer marchas por las calles de la ciudad. Es como para ponerse muy alegre, pero creo que la alegría los ha obnubilado. La comunidad gay vuelve a actuar ingenuamente.

La comunidad creyó en las mentiras dulces y se acostumbró muy rápido a ellas. Creyó que era de verdad el interés y no descubre, no porque sean malos, sino creo por ingenuidad, que estaban siendo utilizados. Se creyeron el cuento de la dignidad humana, el derecho de las minorías, que nuestros padres patrios habían cambiado, que la culpa toda era de Fidel, pero él ya había muerto y se dejaron utilizar como una fuerza más a favor de la Revolución. Mariela, la hija, ahora famosa, estuvo jugando su juego. Por un lado la fama y el dinero y por otro la búsqueda de personas que confiaran en el proyecto que tiene más de 60 años y no ha pasado de proyecto, era algo más a exhibir.

Entonces llegó el 11 de mayo del 2019. La comunidad L.G.B.T.+, como todos los años se preparaba para la marcha conga, la Mariconga y de pronto, la actividad fue suspendida. El gobierno que acababa de realizar una gran marcha el 1 de Mayo por el Día del Trabajador, dijo que las condiciones económicas no eran buenas, que el país se enfrentaba a un nuevo período de escasez, por lo que era imposible aprobar la marcha por el “Orgullo Gay”, obviamente las imágenes de los comunitarios, muchos disfrazados y pintado, bailando delante de los carros de policías y los policías con caras de asombro de las marchas anteriores no podían gustar mucho a los machistas gobernantes.

Los orgullosos comunitarios no entendieron qué tenía que ver la marcha del orgullo gay con la situación económica del país. Se sintieron dañados, engañados y entonces, una parte de ellos, decidieron marchar. No hacía falta economía, no necesitaban movilizar el transporte de la ciudad, no necesitaban meriendas, solo querían ejercer el derecho que años anteriores les dijeron que tenían. Mariela, la Directorasa, por su parte, la persona que utiliza en mayor escala los fondos del CENESEX para sus encantos, declaró que no había marcha, que quedaba suspendida y que si se hacía era a riesgo de los marchantes. Si el gobierno no autorizaba, pues no había nada que hacer,  y como siempre utilizando el argumento más fácil y retomado durante estos últimos 60 años, argumentó sin argumentos que el evento  quería ser utilizado por grupúsculos de personas que estaban en contra de la Revolución y por supuesto por la gusanera de Estados Unidos, dejando huérfanos y sin poder a los que hasta ese día habían sido sus hijos queridos y se fue a organizar una actividad cultural por el orgullo gay a puertas cerradas acompañada de sus más fieles y amenizada por la Charanga Habanera. Dicha actitud, como se puede suponer, dividió a la comunidad en dos partes, los que se plegaron a Mariela y a la orden oportuna ahora del gobierno y los que obstinados con soportar su orgullo pretendieron marchar. Obvio, para Mariela, los segundos ya no servían y la idea del orgullo se había comenzado a fracturar.

No sigo la idea de la prensa extranjera, menos la opinión de ningún grupo “clandestino”. He visto varios videos hechos con celulares de personas comunes. La fracción de la comunidad que intentaba mantener la tradición se concentró frente al Capitolio Nacional, lindo lugar para iniciar una marcha. Portaban banderas cubanas y unas banderas de muchas franjas y colores que imagino que identifica al grupo y a su diversidad. Primaba la buena onda, las personas reían, se abrazaban, se alegraban y agradecían a amigos por su presencia. Ese debió ser el núcleo.

Es cierto que cualquier marcha, incluso la más organizada, es susceptible que aparezcan personas ajenas al objetivo de la actividad. En el caso cubano es normal ver a parte del pueblo que como entretenimiento mira y camina, como la marcha por el orgullo gay está siempre acompañada de música, es mucho más entendible que se utilice como entretenimiento para una parte del pueblo que tiene poco en qué entretenerse. Las marchas más serias en Cuba siempre son acompañadas por personas que desfilan incluso con botellas de ron en las manos, también aparecen los delincuentes, las marchas, las aglomeraciones de personas, los discursos, los carnavales, son buen ambiente para carteristas, ladrones, rescabuchadores, etc., es posible, no lo descarto que algunos de los llamados disidentes quisieran aprovechar para hacer de las suyas, al final ellos no tienen un Centro ni una Directora que los atienda y menos son reconocidos como el orgullo disidente. En esta ocasión, en los videos publicados yo vi además parejas de heterosexuales, que se hacían acompañar por sus hijos. Era una gran fiesta de familias y amigos.

La marcha comenzó organizada y el objetivo era caminar Prado abajo por el Paseo, para no interferir ni molestar el tráfico de autos que viajan del Capitolio al Malecón y viceversa. Me llamó la atención algunas de las declaraciones de los marchantes, que decían estar allí en defensa de los derechos civiles de la comunidad gay cubana, por el reconocimiento de la diversidad, la tolerancia y en favor de los logros de la Revolución. Fue lo único que vi, en ningún momento se dijeron consigna en contra de la Revolución, ni se exhibieron carteles alegóricos a temas políticos.

Y entonces para sorpresa de los marchantes, ya les cuento para mi un poco ingenuos, el final del Paseo del Prado, bloqueando todo el paso, había policías con sus uniformes y otros muchos policías vestidos de civil. No sólo bloquearon el camino, sino que estaban determinados a no dejar pasar y disolver la manifestación hasta ese momento muy pacífica.
Conversaciones. El jefe de los policías, evidentemente un oficial de mayor rango, creo que mayor, vestido de civil, trataba de explicar que la fiesta había acabado, que estaba prohibido continuar. Por su lado los miembros del CENESEX decían que ellos querían ir por el Malecón hasta llegar a incorporarse a la actividad que se estaba realizando por el orgullo gay con Mariela, su Directora al frente. Como siempre pasa, dialogo de sordos, ambiente acalorado y entonces comenzó la verdadera fiesta.
Policías armados y entrenados vestidos de uniforme y algo que cada vez se ha puesto más de moda en Cuba, policías, militares o miembros del Ministerio del Interior vestidos de civil que muy rápido pasaron a acabar con el orgullo de los gays reunidos. Represión, golpes, personas arrastradas por la calle, personas cogidas por los cuellos e inmovilizadas, personas metidas violentamente en los carros de policías.

¿Dónde estaba Mariela? Dicen que estaba en la actividad bajo techo bailando al ritmo de la Charanga. Hipócrita y manipuladora. Es cierto, ella había declarado que no se prestaría a las maniobras de la disidencia y la gusanera de Miami, aunque yo no acabo de entender qué tiene que ver aquí ahora la gusanera.

Creo que, siendo digna, debería habérsela jugado y marchado como en años anteriores con su Comunidad, aunque después junto a la piscina tuviera que explicarle sólo a su papá porque no creo que ella tenga que explicarle mucho al Presidente Díaz Canel. Por qué no estaba allí para evitar que le cayeran a golpes a los que hasta ese momento eran sus hijos, por qué no estuvo en el cordón para hablar con los policías y evitar la violencia, por qué no sacó un megáfono y le hablo a los marchantes. Por qué no partió la naranja a favor de los que hasta ese momento la apoyaron y la ayudaron en su reality show. Por qué no dijo en ese momento, ojo, soy la hija de Raúl Castro y el que me toque a uno de estos, se las tendrá que ver con mi marido que es italiano y mi papá. Por qué permitió que se dividiera la Comunidad haciendo una actividad cultural para algunos dejando a otros a lo que ella debía suponer que pasaría, es más a lo que ella estaba segura e informada que pasaría.

 ¿Por qué? Pues sencillamente porque todo lo de la Comunidad y la igualdad y la diversidad y el orgullo gay es un puro cuento. Es algo para morder a los más ingenuos o quizás necesitados de afectos y reconocimientos y ponerlos a favor del proceso revolucionario. Es toda una maniobra que le ha permitido vivir bien, mejor de lo que ya vivía antes. Es algo que le ha permitido matar el aburrimiento y de paso aprovechar el dinerito donado por la ONU sin grandes controles del riguroso escrutinio del gobierno. Es algo para contar a sus nietos, donde ella, para quitarse el golpe de lo que su familia generó, pueda aparecer como buena.

No soy homosexual, aún, pero de serlo no me gustaría estar en Cuba, pues la idea va más allá de estar a favor o no de la Revolución. La idea pasa por los sentimientos.


Orgullo Gay, la otra gran mentira. (Parte 1)


No soy homosexual; aún. JAJAJA. He aprendido a no decir asegurar tanto por lo “de esa agua no beberé” JAJAJA. Creo que, de haberlo sido, lo hubiera hecho público y lo hubiera defendido a capa y espada tal como defendí otras ideas, lo que de seguro me hubiera traído más problemas en el país donde crecí, más de los que en realidad tuve.

Nací en una familia que, como muchas otras, vivió muy intensamente las exigencias de los años 60 y 70. Mi padre fue de esos hombres, que además o primero que revolucionario fue muy masculino y para colmo oriental, era un santiaguero clásico. Recuerdo con agrado que le gustaba el ron, las fiestas, los bailes y, sobre todo, las mujeres, para las cuales, tenía, al parecer, algunas características especiales.

Siempre fue delgado, bien parecido cuando joven, muy enérgico, muy trabajador, muy conversador y, sobre todo, cuando no estaba bravo, muy jodedor. Para mí, apartándome de sus posibles miles de errores, fue un tipo genial con el que siempre daba gusto compartir, daba igual un trabajo o una festividad. Mi padre, enamorado de sus primeros tres hijos varones, después en busca de la hembra tuvo dos varones más, de los que yo fui el primogénito, trató de transmitirnos sus experiencias e historias de forma anónima sobre las mujeres. Cuando fui grande comprendí que muchos de aquellos cuentos eran historias reales de su propia vida. Lo disfrutaba.

La vida de mi padre encontró entonces precisamente en la Revolución Cubana, un buen espacio para desarrollarse plenamente. El gobierno cubano fue desde siempre un gobierno machista, donde por muchos años, los hombres, muchos antiguos guerrilleros, eran los que llevaban la voz cantante. Tan machista fue el gobierno que, durante muchísimos años, Fidel Castro, a pesar de tener familia, esposa e hijos, exhibía a su cuñada Vilma Espín, desde los inicios por casualidad presidenta de la Federación de Mujeres Cubanas, en la función de Primera Dama, cosa, aunque enormemente deformada, todos en Cuba veían bien. La mayoría, por mucho que hoy nos duela, entendían y apoyaba a su macho Alfa.

La Revolución, que muy rápido no encontró la pintura color verde de las palmas con que pintar su actuación y tuvo que utilizar el color rojo importado de la URSS, fue desde siempre un proceso para hombres y, además, por excelencia pública, extremadamente machista. Mientras más macho, más tosco, más salvaje, más cercano al animal, mejor revolucionario se era. Desde los primeros momentos se trató de abolir aquella figura refinada del hombre capitalista y se trocó por la de un hombre a medio afeitar o barbudo, en ropa y calzado de trabajo o uniforme militar. Mientras más sudado, más cerca se estaba del proletariado.

La revolución necesitaba macheteros, combatientes, constructores, militares y para eso había que tener una sola condición, ser hombre probado. Para nada hacían falta artistas, bailarines, poetas, arquitectos, diseñadores, mucho menos homosexuales.

Ser homosexual, por aquellos años no se mencionaban otras denominaciones más conocidas hoy, era punto menos que un suicidio como grupo social o como individuo. Los homosexuales fueron declarados como lacra o lumpen de la sociedad, enemigos del proceso revolucionario. No importaba lo que pensaras, no importaba lo que hicieras, no importaba incluso que te nombraras a favor de la Revolución, si eras homosexual estabas condenado a sufrir, a ser apartado, mal visto, maltratado. No sólo los homosexuales digamos confesos, sino, increíblemente, aquellas personas que pudieran presentar, si eran hombres ciertos rasgos finos, delicados o de simple amaneramiento y si eran mujeres algo de poco feminismo.

En la locura por sobrevivir de los primeros años, la Revolución llegó a poner presos, en aquellos campamentos llamados UMAP, parecidos a los GULAG soviéticos, parecidos a los campos de concentración de la Alemania Nazi sin cámaras de gas, entre otros, a los que eran acusados de homosexualidad, muchas veces sin la más mínima prueba. Alguien se levantaba en una reunión y decía, creemos que Rolando es homosexual y entonces la fuerza de la masa reunida, como en las jaurías, se te venía encima. No hacía falta pruebas, no tenías que salir a la calle vestido del sexo opuesto, no te tenían que coger haciendo el amor con alguien parecido a ti, la Revolución dio el pie forzado y los revolucionarios se encargaron.

Entonces, crecí en un medio machista, donde era extremadamente bien visto y valorado tener varias novias, muchas novias y donde la mayor ofensa que se le podía provocar a alguien era gritarle muy fuerte, maricónnnnn.

Los homosexuales o los parecidos a ellos fueron sacado de las aulas universitarias y de muchos centros de trabajo por no ser confiables. Fueron repudiados en secreto y peor, públicamente. Fueron mal vistos por sus familias, las que se lamentaban, al menos públicamente, de que Rolandito hubiera nacido con “ese defecto”. Fueron marginados por amigos, tal como si la homosexualidad se pegara por el simple beso o apretón de manos. Los homosexuales, casi todos, se quedaron solos.

Y entonces, muchos se escondieron, disimularon su verdadero interés para no ser reprimidos, para poder progresar dentro del progreso prometido. Muchos se casaron, formulando matrimonios revolucionarios sólidos que darían hijos fuertes a la Patria. Otros, obstinados de la represión y marginación por lo menos silenciosa, entonces se declararon en contra de la Revolución, convirtiéndose parte de ellos en lo que en Cuba llamamos “de carroza”, o sea, problemáticos, chismosos, excéntricos, de malos sentimientos. Su actuación, sabiendo que no podían aspirar a mucho, fue llamar la atención.

Crecí en medio de todo este panorama tratando de imitar a mi padre como macho, lo que me aseguraba ser bien visto, y a la misma vez, tratando de entender el fenómeno de la homosexualidad como algo normal, que existió desde siempre y continuará existiendo. ¿Le grité maricón a alguien o lo evalué en secreto como con problemas? No recuerdo, pero lo más seguro es que si, siguiendo la tendencia del momento que viví, del cual cuesta trabajo y años de pensamiento apartarse.

Pero como la vida es sabia, enseña. Me gradué en la Universidad y en mi primer trabajo yo con 23 años, mi primera jefa directa fue una homosexual pública que mantenía un amor total dentro de las paredes del museo y en las calles de la Habana Colonial. Ella, buena profesional, me enseñó a trabajar, me enseñó a pensar y a escribir como un historiador, aguantó mis problemas como joven recién graduado, me quiso. Llegamos a hacernos amigos y dentro del gran trabajo que hicimos juntos, me defendió, creo hoy más de la cuenta. Muchas veces puso su nombre como garantía frente al gran poder político. Primera gran experiencia.

Después de varios años y cansado de los problemas “ideológicos” en mi primer trabajo, me fui a trabajar al Ministerio de Cultura, donde a pesar de la dirección machista de aquellos años, los homosexuales tenían mejor cabida. Mi jefe directo fue un homosexual público con pareja incluida dentro del Ministerio. Incansable trabajador, buen profesional en todo lo que hacía. Como estaba más allá del bien y el mal, lo respetaban, pienso que muchos le temían. Fue muy bueno conmigo, yo subordinado constantemente insubordinado. También me enseñó, me dio responsabilidades que me hicieron crecer. Paramos en amigos, más allá de las 8 horas de trabajo obligatorias.

Estando allí, apareció en Cuba la hoy famosa película Fresa y Chocolate, no sé si fue el primer intento franco por darle valor a lo que hasta ese momento fue considerado un problema, la homosexualidad, o fue algo que definitivamente se les fue de las manos. Le conseguí a mi amigo las entradas para la premier y como pago al día siguiente no trabajamos, mi amigo se dedicó todo el santo día a contarme segundo a segundo la película, los diálogos, la música, el ambiente, las caras, etc. Él estaba muy feliz, probablemente presenció en la pantalla grande parte de su vida. Pasaron años para que yo pudiera ver la película directamente, ya la había visto, mi amigo no sólo me la contó, sino que la actuó para mí.

Con él conseguí mi primer viaje al exterior para quedarme, él lo sabía, él me apoyo desde su posición de mi jefe directo, cosa que pudiera parecer fácil, pero para los que conocen Cuba saben que es una acción y apoyo más que arriesgado, podría mi amigo haber perdido su credibilidad y más, su trabajo.

La vida enseña. Uno de mis últimos trabajos en Cuba fue en un restaurante de los llamados de lujo por aquellos años, no sólo de lujo, sino con una gran historia dentro del mundo gastronómico estatal, por muchos años, antes de construirse el Palacio de las Convecciones fue el restaurante del Gobierno, entonces el propio Fidel había comido varias veces allí con sus invitados extranjeros.

Cuando llegué, para mí un mundo totalmente desconocido, descubrí que el maître y los tres capitales de salón, o sea, los que realmente conocían y dirigían la gastronomía, eran homosexuales y eso no era lo complicado, sino que como habían sido muy maltratados desde el punto de vista administrativo por jefes machistas revolucionarios, ellos, cansados de ofensas y burlas, habían creado, tal como los húngaros, un idioma, unas señas y unas estrategias que sólo ellos conocían. La gerencia de aquel lugar, dentro de la que me encontraba, estaba ciega, ellos, en realidad, controlaban el restaurante.

Mi trabajo era directamente con ellos y muy rápido me enteré de que me estaban escondiendo no sólo la pelota, sino los guantes, los bates, las bases y el reglamento del juego. Tenía que dirigirlos y no sabía qué, ni a quién dirigir. Duro, porque mi labor se veía afectada diariamente por acciones que no se veían. Entonces descubrí que tenía que abrazarlos, besarlos en las mañanas, preguntarles por sus parejas, conversar de cómo se habían metido en el chorizo de la homosexualidad, compartir sus alegrías y sus frustraciones, y poco a poco los cielos se fueron abriendo. Me reconocieron como uno de ellos y me entregaron las mieles. Eran buenos profesionales en sus especialidades, sabían muchísimo más que yo de las diferencias entre una langosta y un bistec de carne de res.

Esa es mi experiencia, con personas que fueron maltratadas, marginadas, quizás repudiadas, no sólo por la sociedad, sino, aunque resulte increíble de creer, por sus familias. Fueron considerados defectuosos y como tal, el gobierno y sus seguidores, que decían que construían un espacio y tiempo diferente, “0 defecto” al estilo japonés, los apartaron.

Los homosexuales e incluso algunos que no lo eran, pero filmaron bien, fueron expulsados por el Mariel. Al menos en ese momento ganaron. El gobierno, utilizó la salida del país para sacarse de arriba a todos los que no convenían. Las cárceles fueron vaciadas, los delincuentes sancionados, incluso por asesinatos, fueron enviados en aquellos barcos que vinieron a buscar a sus familiares. Junto a aquellos delincuentes, llamados popularmente “escorias” fueron sacados de Cuba todos los homosexuales que quisieran irse porque, como he dicho anteriormente y se ha dicho mucho, fueron considerados enemigos de la machirevolución.

 Hasta que un día, no hace mucho tiempo aún, comenzamos los cubanos a escuchar el nombre de Mariela Castro y su Centro Nacional de Educación Sexual, (CENESEX) y a presenciar actividades hasta ese momento inimaginables. ¿Quién podría haberle dicho a mi padre que vería una marcha - conga por las principales calles de La Habana, donde grupos de homosexuales bailaban, brincaban y se burlaban de todos los heterosexuales que observaban asombrados desde las aceras? ¿No a mi padre, que al final fue un tonto más, quién se lo hubiera dicho al Che, a Almeida, a Ramiro Valdés y hasta el propio Comandante en Jefe?



sábado, 11 de mayo de 2019

Que prendan prendan el mechón, que prenda prendan el mechón.


He escogido este título que viene de una famosa canción popular cubana, que, como todas las canciones populares se puso de moda en un momento específico de la historia de nuestro país. Ella hacía alusión a uno de los eventos más mantenidos y por ende familiares de estos últimos 60 años en Cuba, los apagones. Tan mantenido y familiar, que llegó a ser nombrado con esa gracia que tenemos los cubanos para ver las cosas en positivo, como alumbrones, haciendo referencia cariñosa no a la enorme falta de electricidad, sino a la posesión de ella. Espero lo recuerden.

Los cubanos somos expertos en apagones. Primero tuvimos un gran “ingeniero eléctrico”, el especialista Fidel Castro, que diariamente daba clases por la televisión, recordar que sólo teníamos dos canales y eran puestos en cadena, sobre el sistema eléctrico nacional; las plantas generadoras, los transformadores e incluso el proyecto de nuclear eléctrica, con la cual pienso que deseaba, en secreto, hundir la isla. Momentos inolvidables que aprovechaba para repartir personalmente los mega watts que se distribuirían para cada parte del país cada día de la semana. Segundo porque mucho de nosotros crecimos dentro de esos apagones, tanto, que llegamos a considerarlos como parte normal de nuestras vidas y una de las vías más seguras para alcanzar el desarrollo económico.

Como eventos importantes, todos debemos recordar los apagones de 10, 12 o más horas programadas y de ahí la virtud del sistema socialista, que tuvimos diariamente durante el célebre y mal llamado Período Especial, que, si es cierto que fueron muy importantes y marcaron nuestras vidas, para nada fueron los únicos.

Recuerdo haber crecido con apagones. Recuerdo haber hecho miles de tareas mientras estuve en primaria y secundaria con luces que no venían de los bombillos. Las familias que mejor estaban dentro del proceso o habían conservado algo del sistema socio económico anterior, exhibían los flamantes “faroles chinos” que daban una muy buena luz blanca mientras las “camisetas” estuvieran en óptimas condiciones, otras, menos dichosas, pero aún no tan mal, utilizaban aquellos quinqués de keroseno, para nosotros “lusbrillante” que habían demostrado ser muy fuertes y las familias que habían llegado a última hora después de 1959, se tenían que conformar con unos pomos de cristal de boca ancha, muchas veces con un tubo de aluminio de pasta dental vacío a los que se le metía una mecha, un cordón de zapato o algo parecido  y un poco de lusbrillante para dar luz.

Recuerdo las horas que pasábamos los más chicos mirando a nuestros padres, que mientras había Sol, se entretenían en reparar y dar mantenimiento a uno o todos los artefactos que luego serían inevitablemente utilizados en las noches. Momento importante de relación padre e hijo, donde los primeros trataban de enseñar a sus descendientes para cuando les tocara hacer lo mismo, tal como los animales enseñan a caminar, volar o cazar a sus crías.

Recuerdo perfectamente el olor a keroseno en las casas, porque las velas escaseaban, ni para los santos había. Recuerdo acercando la cara al farol para poder leer, escribir o ver algo y sobre todo el tizne negro que se regaba por todos lados, incluyendo la piel de las manos y la cara.

Mucho antes del período especial ya teníamos apagones, momentos aquellos dentro de la inocencia infantil, alegres. Al crecer en Víbora Park, lugar tranquilo por aquellos años, todos los niños de la cuadra, que éramos muchos, hembras y varones juntos, aprovechábamos para jugar en la calle hasta altas horas de la noche, autorizados por nuestros padres como una manera de condolencia por la situación que pasábamos. Entonces, aunque Fidel por aquellos años que cuento, entretenido en otras cosas, no repartía los mega watts diariamente, teníamos apagones con mucha frecuencia.

Algo super agradable de aquellos años, además de jugar en la calle de noche, eran los apagones que seguían a la compra de helados. ¿Recuerdan el carrito de helados? Pues no había nada mejor que comprar helados después de correr detrás del carrito de helados por todo el reparto, cajas de paleticas, caja de bocaditos de helados, pintas, vasitos y que de pronto se fuera la electricidad. Todos éramos citados a los portales para comernos todo el helado que pudiéramos, no había dónde guardarlo y no se sabía cuándo regresaba la “luz”. Cuántos recuerdos agradables, por lo que se confirma que no todo fue malo en nuestras vidas.

Cantábamos con apagones, ahora se canta menos; hacíamos cuentos y chistes con apagones, ahora somos más aburridos; jugábamos, tirábamos huevos y gomas de carros contra la guagua 68 con apagones, ahora se juega menos y no sé lo de las gomas de carros, pero lo de tirar huevos es imposible y comíamos mucho helado con apagones, ahora se come menos helado o ninguno. ¿De todo esto qué nos queda? Pues los apagones, lo que puede confirmar que, como estrategia revolucionaria, la falta de electricidad nos mantenía unidos.

En contraposición a la falta de electricidad está Estados Unidos. Llegué aquí en octubre del 2012 y entre las cosas que me llamaron la atención muy rápido fue el “derroche” de electricidad con que se vive, mirándolo desde mi perspectiva “revolucionaria”, lo que me dice que los americanos de ahora, ni idea tienen de una estrategia como el apagón para el desarrollo de un país.

He caminado un poquito. Es un país muy grande por su territorio y muy grande por su economía, política, etc., más allá de las críticas que se le pueda hacer como algo que para nada es, ni pretende ser perfecto y que no es ahora el objetivo de este sencillo escrito, y entre las cosas que más resaltan es, a muy simple vista, la iluminación que existe, obviamente como resultado de la electricidad que producen y poseen.

Parece que donde va un bombillo, ellos ponen 5, donde pudiéramos resolver con 60 watts, ellos ponen 600. Las calles y avenidas tan alumbradas que por momentos te obligan a verificar si tienes las luces de tu carro encendidas. Los servicentros y los vendedores de autos parecen estadios de pelotas, si no es que están más iluminados. Las tiendas, los hoteles, los hospitales, las empresas pasan todo el día encendidas, sin que alguien pretenda al menos apagar un ratico, ni quitar el aire acondicionado por lo menos a la hora de almuerzo, aunque luego, al encenderlo, consuma más electricidad. Lo importante, importante, que los americanos no conocen, es el simulacro de ahorro al menos por una hora.

Ni hablar de los anuncios lumínicos porque a veces puede parecer que no existe un pequeño espacio para poner o señalar nada más. Los días de fiestas, lo de la iluminación llega a su máximo potencial, en todos los lugares se colocan decenas o centenas de bombillos terminando por alumbrar edificios, arboles, jardines, campos, casas, etc, etc, etc, más y para apoyar, los fuegos artificiales, que logran convertir la noche más oscura en pleno día.

Pienso que, por ejemplo, si cada uno de nosotros nos quitáramos un bombillo, como somos más de 300 millones de personas aquí adentro, bien podríamos iluminar otro país, como por ejemplo a Cuba, si ella no tuviera su estrategia bien definida de cubanos por el apagón como vía de desarrollo. Ayudaríamos a los satélites que tiran fotos de noche al planeta a localizar e identificar a nuestra isla como un territorio habitado, pues al quedar casi pegada a la Unión, en realidad, triste realidad, apenas se ve, por lo que parece sólo una piedra volcánica que ha emergido del Mar Caribe, donde habita un solo tipo que tiene en la mano una fosforera encendida a la altura de la Ciudad de la Habana.

Es casi tan perfecto el tema de la electricidad en Estados Unidos, que logra incluso que los cubanos marcados por los apagones, casi olvidemos aquella “estratégica no posesión” que tan fuerte nos ha hecho. Se acostumbra uno muy rápido a tener electricidad las 24 horas del día y llega a crear la mentalidad “capitalista y derrochadora” de que electricidad siempre va a haber.  Sin embargo, no todo es perfecto ni en la Unión, no podría serlo.

El domingo pasado estábamos en nuestro apartamento muy iluminado hablando animadamente con nuestro amigo Ruso, en realidad yo estaba animadamente escuchándolo y de pronto, después de un día muy lindo, todo se nubló casi en segundos. Las alarmas de nuestros celulares comenzaron al unísono a sonar desesperadamente anunciando la llegada de un tornado.

De pronto mucho aire y muchísima lluvia y como de la nada, un apagón. Era aún de día. Muy rápido, con nuestra experiencia, definimos que habían quitado la electricidad preventivamente, pues es lo primero que se tiene que hacer, recordando aquellas magistrales clases de Fidel, para proteger el sistema. Nada más pase el evento atmosférico, la vuelven a poner. Espera.

Minutos de mucho aire y lluvia, algunos gajos viejos de árboles se caían. Por suerte el tornado no entró por nuestra calle y muy rápido pasó el mal tiempo. La electricidad no llegó. Espera.

Segunda explicación, seguro se disparó un caballito, no sé por qué, pero así es como llamamos en Cuba a las cuchillas o interruptores que tienen cada uno de los transformadores que sirven para desconectarlos si hace falta o protegerlos.

El tiempo pasó y se hizo de noche, la electricidad no regresaba. Tercera explicación, seguro que se fue un transformador. Asomos por la ventana para corroborar la magnitud del apagón. Seguro horita la ponen.

Fin del cuento. La electricidad y con ella la luz regresó a las 11:45 pm. Casi 6 horas continuas de apagón, lo que es primera vez que pasa en estos casi 7 años de vida en Estados Unidos. Nosotros, entre miradas y miradas por la ventana, nos manteníamos ecuánimes, continuábamos conversando, mis vecinos comenzaban a desesperarse, casi 6 horas de apagón en 7 años, en realidad no sería para menos, sólo que los cubanos somos más fuertes y estamos mejor preparados.

Increíbles recuerdos. Muy rápido, como natural, uno de nosotros asumió la posición de líder y organizó a la Brigada de Producción y Defensa. Martica daba órdenes, vallan por las velas, en este caso decorativas capitalistas, pero que se pueden usar como apoyo al proletariado si fuera necesario, la linterna con baterías, y comer algo por si esto demora. No sé si es natural, pero con el apagón prolongado, siempre aparece el hambre.

Cuántos recuerdos. Velas chispeantes y ahora aromáticas, linternas con baterías nuevas, chistes, algo de comida, lo que quiere decir que estamos mejor. Espera e incertidumbre, dos sentimientos que hace rato no sentía y ahora esto me demuestra que los tengo todavía.  

La luz llegó y con ella regresamos a nuestra realidad iluminada. No sé si los americanos acostumbran a ponerle nombre a los tornados, creo que no, pero éste, para iniciar, podría llamarse Apagón, al final comienza con la letra A. Mucho agradecimiento, pues por un ratico, salvando las diferencias, me pareció que estaba de nuevo en Cuba.