jueves, 9 de enero de 2020

¿Fortalecimiento de vínculos? Cuba, es difícil olvidarme de ti.


Hola Cuba, es difícil olvidarme de ti.

Creo que una de las cosas que permiten el medianamente buen funcionamiento de un gobierno, más allá de la teórica democracia, o por lo menos limita o condiciona su actuar, es la opinión. Sabemos que esto es bien relativo, porque los gobernantes conocen que tienen siempre un margen que les permite hacer y luego poder justificar o arreglar lo que hacen.

Creo que es muy difícil pretender en la actualidad, que cada vez que un gobierno piense o decida hacer algo, se vea obligado a consultar a todos los interesados, hoy los interesados suman millones en cualquier país del mundo. Eso puede hacerse en una tribu donde el número de integrantes es muy bajo y es fácil a los ancianos reunirse en círculos con todos y decidir si se sale a cazar o se siembra la tierra o se permite la alianza con la tribu vecina. Fue fácil en Roma, a la que todos nombramos como ejemplo de democracia, donde los que contaban eran unos pocos y el resto, esclavos, gladiadores, muy pobres, etc., no importaban para nada. Pero, no obstante, las complicaciones de la modernidad, me parece cierto que al saber que la opinión pública puede funcionar e influir, hace que, por lo menos, se conozcan a nivel estadístico, qué piensan y dicen los que votaron o piensan votar. Para eso, los medios de comunicación, que para nada son santos, ni imparciales, juegan su papel.

En un país donde, primero no importa lo que se piense desde el exterior, porque sólo se utiliza al exterior a conveniencia y tampoco se tiene en cuenta lo que se pueda decir en el interior, más, en un país donde todos los medios, propiedad del gobierno, se dediquen a repetir, sin mucho vínculo con la realidad, lo que el gobierno dispone, los gobernantes la tienen fácil.

La propaganda, herramienta de comunicación política ideológica, tiene su máxima expresión en esos tipos de gobierno, a los que no llamo comunistas, sino totalitarios, donde existe primero que todo un divorcio entre la realidad que se vive y el discurso de la realidad que se quiere hacer ver. En esos lugares donde las realidades se tratan de crear desde oficinas y luego se hacen repetir a los que la viven, tratando de que crean en lo que no ven, tratando de que confíen incluso en un futuro que nadie sabe dónde está, ni cómo se llega y menos cuándo se llega.

Veamos entonces el significado, a groso modo, de totalitarismo, tratando de resumir los aspectos más importantes aportador por los teóricos, sin hablar de ningún país en específico. Si quieren de forma más fácil sin tanta teoría, saber de qué se habla cuando se describe el totalitarismo, no dejen de leer la magistral obra “1984”, del escritor inglés George Orwell. Sus libros, éste y otros, entre otros muchos, fueron prohibidos en los países comunistas, por supuesto Cuba, a pesar de que el escritor no menciona el comunismo en ningún lugar, menos a la isla caribeña, la cual se encontraba construyendo las bases de su período dorado de la década del 50 en el mismo momento que las páginas escritas por Orwell aparecieron en las librerías del mundo.

El totalitarismo es un concepto ideológico y político, donde las libertades individuales están seriamente restringidas y el Estado ejerce todo el poder sin restricciones. Son típicos por ser dirigidos por un solo partido político, cuya opción de partido único se funde con las instituciones del Estado, llegándose a fusionar a tal modo que partido único y Estado aparecen como la misma cosa.

En estos Estados es típica la existencia y exaltación de una persona con poder ilimitado, que alcanza todos los ámbitos del gobierno y sólo utiliza a otras personas como ejecutores de sus ideas y objetivos. En estos escenarios, los gobiernos totalitarios utilizan el movimiento de las masas para respaldar también sus ideas y sueñan, al menos propagandísticamente con construir un hombre nuevo y una sociedad perfecta, creando y ejerciendo paralelamente un mecanismo de control social y represión, bajo formulaciones secretas o enmascaradas. Los gobiernos totalitarios crean instituciones, más allá de las públicas, para mantener bajo control a las masas que dice defender y bajo una enorme propaganda ideológica y política crea y alimenta el miedo y la división ciudadana e incluso familiar, como herramientas de autocontrol.

El totalitarismo maximiza al Estado, considerándolo un fin en si mismo. Según se dice fue Mussolini en Italia quien utilizó por primera vez el término con su slogan, “todo en el estado, todo para el estado, nada fuera del estado, nada contra el estado”. Creo que el socialismo marxista mundial no aparece como totalitarismo, por el contrario, a pesar de las diversas formas en que llegó al poder, por revoluciones e imposiciones, las primeras acciones tratan de mantener al menos un discurso democrático, de liberación y dignificación de todo un pueblo, sin embargo, al crear tantos problemas en su ejecución y afectar a una buena parte de la sociedad donde se estableció, va trocando su discurso democrático, convirtiéndolo sólo en una imagen irreal, por un discurso y una actuación totalitarista obligatoria, como única forma de sobrevivencia.

El totalitarismo, en su práctica real, suspende la existencia de la persona como elemento individual con intereses propios y actuaciones individuales, considerándolas únicamente como masa en función de la sociedad, donde los intereses personales tienen que subordinarse a los sociales, casi siempre definidos por el partido único y la figura del gran líder. Las posturas se cambian, la bondad desaparece, la democracia se limita y entonces se crea la figura de un enemigo, externo e interno, que lleva a la necesitada de defensa, como aparente consecuencia, pero en realidad estrategia sin opción definida fríamente en oficinas, de “o estás conmigo o estás contra mí”. Aparecen esos enemigos, a veces sólo por pensar, a los que la enorme propaganda partido-estado, logra el apoyo para reprimir o desaparecer. Aparece entonces la categoría de enemigo de la patria, porque patria-partido único-estado, son propiedad de un líder y de sus más subordinados seguidores.

Si pensamos en Cuba y en su última historia, puede ser perfectamente el mejor ejemplo, caribeño claro, pero mejor ejemplo, de la transformación de la democracia en totalitarismo, quizás por propia inspiración cubana combinada con las recomendaciones o líneas de trabajo diseñadas por los “padres” soviéticos.

El comunismo, no el teórico y lindo, sino el práctico entonces se convierte en una gran licuadora, donde todo se muele y se mezcla a favor de una sola idea. Creo que, a estas alturas del juego, a nadie se le puede ocurrir cuestionar esto, a pesar de que el discurso público del gobierno siga tratando de hablar de sistema democrático. Hoy, como una línea estratégica definida como “continuidad” para darle cierta seriedad patriótica y tratando de garantizarse el apoyo de quienes amaron el proceso desde sus comienzos, la propaganda tiene los mismos objetivos que la inaugurada por el gran líder en años tan tempranos como inicios de la década del 60, confundir y gracias a eso, sobrevivir, cuando la realidad labrada años tras año y a la que se ha llegado hoy, es totalmente diferente a lo que se dice por los medios de comunicación, propiedad absoluta del partido-estado.

Recién he leído una publicación de Bruno Rodríguez, Ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, publicadas el día 7 de enero de 2020, declaraciones propias de un gobierno totalitario, al que no le importa, porque no le tiene que importar la opinión y menos a los que opinan. Declaraciones que tratan, una vez más, de confundir a todas las opiniones, a sabiendas que ninguna de ellas pueden cuestionar, menos cambiar, una realidad. Información elaborada desde la más hipócrita posición, que maneja los conceptos a favor de contradecir lo que pasa internamente y crear un ambiente de clima favorable para seguir sobreviviendo.

Rodríguez, que es famoso por lo menos para mí, por sus declaraciones mentirosas, respondiendo a la estrategia de partido único-estado-gran líder-patria, hace pública la cantidad de cubanos que viajó a Cuba en el año 2019, 623 831 y de ellos a 552 816 los señala como procedente de los Estados Unidos, detrás de estas cifras dice, y cito textualmente: “evidencia, (haciendo referencia a las cifras), el fortalecimiento de los vínculos de Cuba con sus nacionales en el exterior”. Los que vivimos allí años, sabemos que ésta inofensiva nota, además de tratar de resolver las acusaciones sobre los derechos humanos en la isla, la ilegitimidad del gobierno y su incapacidad actual está tratando de preparar el camino a la próxima reunión entre el gobierno cubano y los escogidos emigrantes a celebrarse dentro de unos meses. El gobierno cubano, nada creativo e innovador, siempre ha actuado igual.

Esto debería dar ganas de llorar, si pensamos en la escena real de un canciller comprometido con su pueblo, hablando de las relaciones de su gobierno con sus emigrantes. Esto, casi debería llevar a la emoción, sobre todo para aquellos que hoy integran ese ejército, obligatorio o voluntario, de cubanos radicados fuera de Cuba. La idea de fortalecimiento de los vínculos entre emigrados y patria suena super amorosa. Habla de los intereses honestos de un gobierno por reconocer, respaldar, maximizar los derechos e intereses de toda la comunidad que está fuera de su país, sin pensar en causas y acciones, interesada en que su país mejore, avance, se desarrolle, etc. Habla del reconocimiento respetuoso de ambas partes, emigración y patria y de la necesidad de ambos para ambos.

¿Sin embargo, es esto verdad? La propia y conocida capacidad de mentir de Rodríguez y su parcialidad absoluta, primero, lo pone en dudas. Luego la idea por sí sola es un engendro del manejo de las palabras para reafirmar una determinada idea o posición, que, si no fuera porque es mentira, fuera linda, ya dije que incluso conmovedora.

Pensemos por qué vamos los cubanos a Cuba y podremos entender lo del vínculo y reconocimiento al gobierno. La lista es de mi propia inspiración, así que es posible que se me olvida incorporar alguna de las razones.
1.- Tenemos allí a parte de nuestra familia, a veces parte importante, hijos, esposas, padres, etc., por lo que la visita tiene carácter obligatorio.
2.- Tenemos allí amigos a los cuales consideramos tanto como familia, la misma obligación.
3.- Muchos vivimos con el complejo de emigrados, muchas veces no adaptándonos o insertándonos en la realidad de los países donde vivimos, entonces la depresión nos mata y nos hace regresar a aquello que conocemos, donde obviamente nos sentimos mejor.
4.- Muchos, al haber sido obligados a emigrar o al haber emigrado voluntariamente a un lugar del que nos dijeron era punto menos que el infierno, regresamos a demostrar que, aunque vivimos en el Congo, Chile, Australia, Francia, Estados Unidos, no nos morimos, peor, vivimos y estamos mejor de cuando salimos. Entonces muchos queremos demostrar que el infierno no nos tragó, que no nos quemó, que no hemos muerto y además de vivir, nos permitimos la oportunidad de viajar, hacer turismo, ayudar a los nuestros, y por qué no, burlarnos de aquellas instituciones y personas que nos maltrataron, oprimieron, reprimieron, nos echaron pa´lante, etc., en resumen, nos hicieron la vida imposible y ahora nos reciben como héroes, nos saludan, nos reconocen, nos felicitan y viene a tomarse nuestro café “enemigo”. Nos sentamos a tomarnos la misma cerveza que antes tomábamos a escondidas, ahora en los portales de las casas, viendo pasar “derrotados y sedientos” a aquellos que antes nos decían borrachos, alcohólicos, antisociales, etc. Nos gusta regalarle 5 dólares a aquellos que nos persiguieron por “tenencia ilegal de divisas” y casi le firmamos el billete como recuerdo.
5.- Cuba es un lindo país. Playas, ciudades, bares, restaurantes, música, calles, plazas, parques, donde la nostalgia nos hace creer que la carne de puerco y la yuca con mojo, nos sigue pareciendo que saben diferente.
6.- Cuba es el lugar para gastar nuestro dinero porque tampoco tenemos iniciativa para ir a otro lugar, entonces como lugar seguro, pretendemos conocer a la Cuba que no pudimos conocer mientras fuimos obreros, o médicos, ingenieros, etc. Pretendemos ir a esos lugares geográficos que muchos sólo veíamos en los libros o plegables para turistas e incluso a aquellos lugares donde nacieron nuestros padres y abuelos, perdidos en un mapa de la isla. Sentimos placer con que alguien nos desee la bienvenida en la puerta de un hotel, el mismo CVP o portero que antes nos negaba la entrada por ser cubanos. Nos place enseñar nuestros pasaportes o residencias extranjeras, condiciones a las que ponemos a competir contra el carnet de identidad. Nos encanta enseñar nuestras cadenas y tatuajes, los mismos que antes teníamos que usar a escondidas y por supuesto nos encanta sentarnos a hablar de nuestros nuevos lugares de residencia, cines, supermercados, gasolineras, celulares, carros, etc., etc., etc., frente a amigos que se alegran, sueñan y añoran.
7.- Muchos vamos a Cuba para encontrar amores, transitorios, momentáneos e incluso eternos. Algunos porque nos gustan las cubanas, las suecas son muy frías y otros porque no podemos cazar a una italiana, una suiza, etc., por mucho que vivimos en Italia o Suiza.
8.- Vamos a Cuba a atendernos con un médico cubano, en su casa o en el hospital donde trabaja, porque confiamos en la medicina cubana, porque tenemos amigos o familiares en el sector de la atención a la salud o porque, aunque tengamos que pagar por la derecha o la izquierda, casi siempre por esta última vía, siempre nos va a resultar más barato que pagar en los países donde vivimos y trabajamos o donde recibimos ayuda del gobierno.
9.- Muchos de nuestros hijos y nietos nacidos en otros lugares del mundo, llega el momento que sienten interés por conocer la patria de sus padres y abuelos y eso genera un viaje sentimental a los orígenes, en busca de ver los cuentos que tantos le hemos hecho, o sea, la arena de Varadero, la palma real, la Bodeguita del Medio, etc.
10.- Cubanos, creo yo que no en grandes cantidades, estamos todavía a favor del gobierno-partido único-estado y aunque vivimos en el exterior añoramos un sistema socialista marxista y extrañamos los discursos nacionalistas y chovinistas y las grandes decisiones tomadas por el partido comunista y su gran líder y entonces participamos en conferencias, reuniones, quizás pequeñas inversiones o donaciones y aceptamos directrices para apoyar desde nuestros países al gobierno cubano actual.

Todas estas acciones, de la 1 a la 10 de mi lista, generan un vínculo mayor, más importante y es el estrecho vínculo del dinero. 

Como la mayor parte de los emigrantes de países pobres, los cubanos enviamos dinero sistemáticamente a los nuestros. A veces 10, 50 o 100 dólares es la acción amorosa con la que tratamos de apalear nuestra ausencia física. Dólares no para hacer ricas a nuestras familias, no para construirles palacios y montarlas en modernos autos, sino, salvo excepciones, una muestra cariñosa para lograr que los nuestros accedan a jabones, papel sanitario, medicamentos, ropas y comidas, etc.

Más el dinero que dedicamos en nuestros viajes a garantizar el consumo, no porque nuestra familia sea mala o egoísta, sino porque más allá de la comida de bienvenida, a veces es difícil garantizar lo que los visitantes necesitamos para la estancia. Nuestras familias están dispuestas a quitarse lo que tiene con tal de que la pasemos bien, pero a veces no pueden quitarse lo que no tienen.

Más el dinero que aprovechamos para dar gustos, galleticas de dulce, helados, pizzas, cervecitas frías, paseos y visitas a lugares “cómicos”.

Más el dinero que dedicamos a “resolver” parte de la lista de problemas acumulados, equipos rotos, muebles y colchones viejos, platos, vasos, bombillos inexistentes, etc.

Entonces no sé, o me cuesta trabajo reconocer cuáles son los vínculos que se fortalecen. El canciller habla de vínculos con Cuba, tratando de enmascarar lo que pasa con el gobierno, o sea, no hay ningún problema entre cubanos y gobierno, no sabemos de qué se nos acusa, fíjense a los cubanos como viajan a su país. Si sacamos una simple cuenta, difícil porque en realidad la información clara y precisa no existe, o sea, la cantidad de cubanos que viven fuera de Cuba, pero asumiendo que podemos ser más menos 2 millones de personas, los que viajamos a Cuba en 2019 sólo representamos el 30% de los que estamos fuera.

No sé de qué vínculos fortalecidos se habla cuando los cubanos tenemos que, independientemente de las ciudadanías que tengamos, para viajar a Cuba poseer un pasaporte cubano por el que tenemos que pagar casi 400 dólares para su confección que sólo dura 6 años, más 200 dólares para su habilitación cada dos años, lo que lo debe convertir en uno de los pasaportes más caros de la historia, téngase en cuenta que el pasaporte norteamericano, el más deseado de los pasaportes, cuesta ahora alrededor de 100 dólares y sirve por 10 años, además de que, menos muy exclusivos países en todo el planeta Tierra, te sirve para llegar a cualquier punto y ser bienvenido, sin mayores trámites y costos.

No me queda claro el vínculo cuando ahora, más que nunca, los cubanos podemos ser “regulados” o sea, prohibidos a entrar a Cuba por intereses supremos del gobierno, lista de la cual los cubanos no sabemos si estamos o no, no sabemos cuándo hemos entrado o peor, no sabemos cómo vamos a salir. El caso más reciente que conozco de prohibición a cruzar inmigración cubana es el de un deportista que se quedó en Canadá hace 8 años y no pudo ver a su madre, muchacho humilde y decente que emitió un comunicado al mundo, donde sólo le pidió a su viejita que tuviera fuerza, mucha fuerza.

¿Cuáles son los vínculos si los cubanos que viajamos estamos sometidos a la “mafia de los aeropuertos cubanos”, o sea, personas vestidas de autoridad, policías, miembros del ministerio del interior, oficiales de inmigración, funcionarios de aduana, enfermeras y médicos, trabajadores simples del aeropuerto, que todos, exactamente todos, tratan de joderte con tus equipajes, tus paquetes, y tu dinero y desconociendo que los que viajamos no llevamos armas, ni venenos, sino comida, ropa, regalos y  medicamentos para nuestra familia, nos aplican unas regulaciones, por demás difíciles de conocer, donde casi parece una venganza por haberte ido y ahora tratar de regresar.

¿Cómo un gobierno se toma el derecho de prohibir la entrada a diestra y siniestra a sus ciudadanos, por cualquier razón o por pensar diferente, o por dar una entrevista a un canal de televisión o sencillamente escribir tus ideas en un blog?, ¿De qué fortalecimiento se habla cuando ahora los cubanos, o al menos una parte de nosotros, puede tener miedo a ir y que te prohíban categóricamente y sin posibilidades de amparo, la entrada a Cuba?

No sé cómo, bueno sí lo sé, el canciller puede hablar de vínculos con Cuba para tratar de crear la imagen de que los vínculos son con el gobierno que está en el poder. Y lo sé, porque desde hace muchos años, lo que se dice para nada respeta, ni tiene que ver con la realidad. Lo que se dice, se declara desde una posición de dueño al que poco le interesa la opinión de los que escuchan. Lo que se dice, no tiene miedo de que se declare como mentira, porque todo, desde hace muchísimo ya, es una mentira.

En el totalitarismo la opinión de la “masa” no importa, porque la masa, se trata como la práctica de los panaderos. Es algo que se mezcla, luego se empuja y hala, se enrolla, se tira contra la mesa, se le dan algunos estratégicos golpes y se pone al horno para hornear y luego comer. La masa es aquello a lo cual se le va a dar una idea, que probablemente no vea o no esté de acuerdo, pero se le va a pedir que apoye y repita ciegamente. Los que terminan apoyando en el totalitarismo, por acuerdo o defensa, escapan, los que no, pues se anulan, se reprimen, se esconden o desarticulan logrando la autocensura como sobrevivencia.

En el totalitarismo existe una sola voz, ahora la del canciller Rodríguez, que se levanta y escribe algo aparentemente de su propia inspiración, siempre respaldando a la fusión único partido-estado, sin tener que explicar o argumentar nada. Es sencillamente la idea que se conoce que repetirá por todos los ecos del gobierno en sus campañas propagandísticas. Mienten y saben que lo hacen, pero no les importa, ellos están ahí para mentir.















lunes, 6 de enero de 2020

Clandestinos.

La propia definición de esta palabra aclara que es algo o alguien que existe de forma oculta o secreta para burlar la ley.

En todas las etapas de la vida del hombre, hasta donde yo sé, han existido personas o grupos de personas, que han actuado de forma clandestina. Para no ser reconocidos, apresados o desaparecidos, han vivido o luchado, sin identificarse, contra una situación específica determinada. Los más famosos de las leyendas fueron “El Zorro”, “Robín Hood” y “El Tulipán Negro”, todos héroes, luchadores del bien contra el mal, quienes operaron desde la clandestinidad, con máscaras, disfraces, cambio de identidades, etc.

Es típica esta posición clandestina, en aquellos procesos históricos, etapas o gobiernos, donde las personas tienen miedo a aparecer públicamente y tratan de llamar la atención, apoyar un movimiento o una idea, desde la máxima discreción, desde el más discreto anonimato.

Por hablar de Cuba, pensemos que, durante toda la etapa de lucha contra la dictadura de Batista, existieron grupos de cubanos, sobre todo jóvenes, pero no sólo ellos, sino hombres y mujeres de todas edades, de todos los sectores sociales que, de forma clandestina, apoyaron y no poco, a los revolucionarios que de forma pública luchaban, sobre todo, en escenarios de combates armados. Los revolucionarios cubanos por aquellos años llegaron a crear su propio grupo de Acción y Sabotaje, estructura definida para secuestrar, poner bombas, hacer sabotajes, recopilar armas, dinero y medicinas, etc., y llamar la atención a la sociedad cubana y a la internacional, de que existían descontentos y luchas por cambiar determinada situación.

De ellos, el más grande, el más importante, el más increíblemente desconocido en el momento en que vivió y luchó, y para orgullo, sobre todo, de los santiagueros, fue Frank País García, al que no dedicaré este escrito, pero si diré, primero que durante muchos años y todavía hoy admiro, al nacer yo en una familia santiaguera, Frank era nuestro real líder. Segundo, si revisamos los hechos, no existió tanta solidez, tanta madurez, tanto deseo y sobre todo tanta discreción para hacer revolución, como la de Frank. Dicen las personas que vivieron todos aquellos años y que lo conocieron, entre los que incluyo a mis familiares directos, que, a pesar de su gran liderazgo y la importancia que tuvo para lo que pasaba en la Sierra Maestra, Frank País, era entre todas las cosas que fue, el mejor ejemplo de clandestinidad.

El propio Fidel Castro, digo yo, temeroso por la importancia de Frank, temeroso de que era ese muy joven santiaguero, el que movía el movimiento revolucionario en Oriente, no pudo dejar de reconocer su importancia, cuando en 1957, a raíz del asesinato en el Callejón del Muro en Santiago de Cuba dijo: “¡Qué monstruos! No saben la inteligencia, el carácter, la integridad, que han asesinado. No sospecha siquiera el pueblo de Cuba quién era Frank País; lo que había en él de grande y prometedor. (…) Frank País, el más valioso, el más útil, el más extraordinario de nuestros combatientes”.

Frank pasaba desconocido para la mayor parte de la agresiva policía batistiana. Sabían de su existencia, pero no lo conocían personalmente, se les escapaba y era difícil de localizar. Su muerte, fue debida a un chivatazo de un excompañero de estudio que colaboraba con la policía batistiana y según ahora se plantea, una posible conspiración del alto mando del movimiento 26 de Julio que incluye a Vilma Espín, sino conspiración, errores inaceptables.

Más allá de los que roban todos los días en Cuba y andan corriendo constantemente por la izquierda, clandestinos han sido muchos cubanos durante estos últimos 60 años, quienes, tratando de defender al menos una idea, han actuado ocultos, discretamente, formulando incluso una doble vida. Existe una frase más que repetida en la Cuba de hoy, con sus diferentes interpretaciones  y adaptaciones, en dependencia del que la ha usado, aquella sacada de una carta que el Apóstol José Martí, escribió con su forma complicada de escribir, a su amigo Manuel Mercado desde el campamento mambí de Dos Ríos en mayo de 1895, el día antes de su muerte, donde le dice:  En silencio ha tenido que ser, y como indirectamente, porque hay cosas que para logradas han de andar ocultas, y de proclamarse en lo que son, levantarían dificultades demasiado recias para alcanzar sobre ellas el fin”.

En silencio ha tenido que ser, fue una estrategia de los revolucionarios para llegar al poder, que hoy no quieren que se utilice contra ellos, porque evidentemente, los que pusieron carteles, los que secuestraron, los que pusieron bombas, los que quemaron campos de caña o dejaron a pueblos enteros sin electricidad producto de los sabotajes a las líneas eléctricas, saben lo que poco a poco crean esas acciones. Antes, eran acciones revolucionarias, entendibles y justificadas, ahora las mismas acciones, son sancionadas por terrorismo y contra revolución.

El año 2020 ha comenzado caliente, al menos un poquito. Aparecen en Cuba bustos de Martí, de esos que existen por miles, embarrados de rojo con alguna pintura o pigmento que imita la sangre, cuyo autor o autores se hacen llamar “Clandestinos” y entonces, no sé dentro del país, porque la información sobre esto es limitada, pero en el exterior dichos actos han servido para dividir, a veces furiosamente, una vez más, a la comunidad ya fraccionada de cubanos. Como siempre, unos a favor, apoyando al menos espiritualmente las acciones, reconociéndolas como acciones lícitas para demostrar el descontento y otros, ofendidos, criticando y poniéndose absolutamente en contra de lo de derramar pintura roja sobre los bustos del Apóstol.

Entonces, la primera pregunta es: ¿Estás de acuerdo o no con lo que Clandestinos ha hecho y a lo mejor continúan haciendo con los símbolos que la revolución ha utilizado a su favor durante estas últimas 6 décadas? Puede ser difícil de definir para una respuesta u otra así de pronto, porque lo primero que tendríamos que vencer, sería probablemente, nuestra propia confusión.

Primero sería bueno recordar que los símbolos patrios cubanos son: la bandera cubana, esa de las franjas azules y blancas y el triángulo rojo con una sola estrella, utilizada por primera vez en 1850 y reconocida luego en 1969 como bandera oficial de la Cuba que luchaba por la independencia; el escudo nacional cubano, también llamado Escudo de la Palma Real, creado en 1849 y el himno nacional, también nombrado Himno de Bayamo, interpretado por primera vez en junio de 1868. Luego, existen otros símbolos de conveniencia o acuerdo popular digamos, para el caso cubano, la bandera que identificada como de la Demajagua o de Carlos M. de Céspedes, fue utilizada como símbolo propio del alzamiento y comienzo de nuestra primera guerra por la independencia en 1868 y la bandera del Movimiento 26 de Julio, la roja y negra con las siglas M-26-7, ideada por Frank País en 1956, como apoyo a la expedición del yate “Granma” que traería a Fidel de regreso a Cuba.

Luego es bueno recordar que incluso estos símbolos, creados por el hombre bajo determinadas circunstancias, que identifican a una nación determinada y que deberían ser de respeto de todos, pueden ser cambiados. No son algo inamovible, ni eternos, no tienen por qué ser para toda la vida, perfectamente, previo acuerdo de todos los interesados, cada uno de esos símbolos, bandera, escudo, etc., pueden ser reinterpretados y cambiados, tal como se crearon.

Martí, con todo el respeto que merece hacia todo lo que escribió e hizo, si es cierto que puede ser una de las figuras más importante de nuestra historia patria, también es cierto que no fue el primero, ni el único que luchó por liberar a Cuba del dominio español. Martí fue un hombre, que, como todos los mortales, acertó y se equivocó, estuvo bien y mal. Es cierto que forma parte de nuestra historia, pero no es la historia. Martí, el que todos suponemos que hubiera actuado bien de no haber muerto, sólo dejó miles de páginas, cartas, recados, papelitos escritos, con las valoraciones e ideas que él proponía hacer, luego de lograr una Cuba libre, pero si somos sinceros, no fue el único pensador, ni el primer pensador que tuvimos, leer al Padre Félix Varela, el cubano ilustre que “nos enseñó a pensar” mucho antes incluso de que Martí naciera.

¿Qué nos pasa entonces a una gran parte de los cubanos? Bueno, creo yo, hemos estado o estamos confundidos. La revolución cubana, por no hablar de otros países, se ha apropiado de cuanta imagen ha tenido a mano para manejar y permanecer en el poder. Desde la propia denominación de Martí como autor intelectual del asalto al cuartel Moncada en 1953, aprovechando el respeto y amor que los cubanos sentían por el Apóstol, pasando luego por el Guerrillero Heroico, Che, y el Señor de la Vanguardia, Camilo, hasta el mismísimo invencible e invicto, Fidel, han sido elevado a símbolos patrios. Decir que Martí no sabía montar a caballo es ser anticubano, decir que el Che era autoritario, que no está claro cómo desapareció Camilo en el mar y peor, que Fidel se equivocó cuando dijo que el cielo es de color rosado, es considerado una agresión contra el Estado Cubano y, por tanto, considerado y sancionado como un contrarrevolucionario. Hemos crecido confundidos porque la revolución y luego el gobierno cubano se ha apropiado de todo lo que le ha convenido, por lo que Martí no es cubano, sino que Martí es del gobierno cubano y esto es totalmente diferente. Fidel no era el presidente, Fidel adquirió categoría de Dios, por tanto, se volvió intocable, incuestionable, invaluable y sólo se podía mencionar si era para alabarlo. El Che, otro dios, se convirtió en leyenda de la conveniencia más allá de las fronteras cubanas y Camilo, a pesar de que el Titanic apareció, se perdió en el mar, así como así, lo que hace que todos echemos flores incluso dentro de una palangana con agua para que le llegue nuestro reconocimiento.

La ideología comunista confunde. La bandera no es de los cubanos, por lo que usar con fines no revolucionarios un pullover con el símbolo, es prohibido. Todavía hoy, he escuchado decir, que la silla del comandante está vacía en aquellas reuniones de gobierno, como símbolo del que debe estar, aunque no está, cosa que parece no sólo loca, sino morbosa. Decir que tu vecino, ministro de gobierno, es un corrupto y que el hijo de uno de los generales consume mariguana y trafica con equipos de música, es un acto sancionable con privación de libertad, porque todos los gobernantes adquieren categoría de símbolos patrios intocables, hasta que otros gobernantes, casi siempre los mismos, los quitan y entonces nos los venden como traidores.

Yo, ahora me doy cuenta de que, quizás equivocadamente, hice tanto rechazo al tema que ni el himno, ni la bandera, ni los cánticos apologéticos, ni las llamadas conquistas e incluso ni la música y el deporte me parecían buenos. Llegué a estar en contra de cada deportista cubano y sus victorias, porque sencillamente, eran utilizadas excesivamente como triunfos de la revolución. Los deportistas cubanos, casi todos, olvidaban dedicar las medallas a sus entrenadores, a sus madres y esposas, pero jamás dejaban de agradecer el Comandante en Jefe y ponerle las medallas en el cuello, los músicos cantaban aquello de “un Fidel que vibra en la montaña, un rubí, cinco franjas y una estrella”. Cada programa de la televisión tenía el mismo objetivo, no importa si se habla de comida, de historia, de salvar a los paramecios, todos empezaban y terminaban igual, la revolución vencedora.

Entonces, hago la misma pregunta: ¿Estás de acuerdo o no con lo que Clandestinos ha hecho y a lo mejor continúan haciendo con los símbolos que la Revolución ha utilizado a su favor durante estas últimas 6 décadas? Bueno, cualquier definición puede ser complicada, quizás sea muy rápido para definir, pero también la vida es corta y no se puede dar el lujo uno de pasarse la vida estudiando para tomar una determinada posición.

Yo sí. La idea de Clandestinos me parece valiente, coherente, y que, como toda idea clandestina contra una realidad, está tratando de llamar la atención sobre una inconformidad latente dentro de Cuba. Clandestinos, en otros momentos los fundadores de grupos o partidos disidentes, los que fabricaron balsas en los patios de las casas, los que tiraron botellas aprovechando y para criticar los apagones, aquellos que conspiraron en secreto en pequeños grupos de amigos y familiares, son cubanos dentro de Cuba que están haciendo algo.

Clandestinos no fue a sacar los restos de Martí del Cementerio Santa Efigenia donde descansan, no masacraron su tumba. Ellos, a mi parecer jóvenes inteligentes y capacitados, por las imágenes que han seleccionado para identificarse, imágenes de la propia película cubana Clandestinos y de la serie española La Casa de Papel, son muy valientes al tratar, no de ganarse una VISA para viajar rápidamente a Estados Unidos como asilados políticos, sino al crear acciones que puedan desencadenar movimientos, que todos sabemos que los pueden llevar a podrirse en las cárceles del gobierno, acusados no de opositores, sino de cometer “actos vandálicos contra las propiedades del estado”.

Ahora, trato de ser coherente conmigo mismo, aunque sea difícil de lograr y me obligo a decir que hace meses, el día 26 de mayo de 2019, escribí aquí mismo en mi blog un artículo titulado “El Che de los gay y Mariela Castro”, donde hablé sobre un tal Víctor Hugo Robles, chileno, autonombrado el Che de los gay, amigo personal de Mariela, nada más y nada menos que hija de Raúl Castro, quien me parece, primero que todo un payaso. Ser homosexual no tiene ningún problema hoy, ser un payaso, loco, demagogo y oportunista, sí.

Sobre el señor Roble escribí en aquel momento y repito ahora textualmente: “Para colmo y no contento, el Che de los gay, además, se ha parado y le ha envuelto en el cuello una bandera gay a un busto de José Martí y le ha pintado los labios de rojo, cometiendo, una de las mayores ofensas, nada más y nada menos que a la figura más grande que ha dado la historia de Cuba y que como sabemos, nada tiene que ver con el descalabro de estos últimos 60 años” y en ese mismo artículo comparé esto con aquel hecho de los marines norteamericanos que, borrachos, se subieron sobre la escultura de José Martí en el Parque Central en 1949 y la orinaron, a lo mejor sin estar muy claros de cuál era el significado de esa imagen de mármol para los cubanos, sin embargo, ahora me declaro a favor de Clandestinos.

No soy homosexual y aunque estoy a favor de que existan y puedan existir bien, esa realidad no me afecta mucho, la acción del señor Roble, el mismo que posa con las fotos del Che muerto y la de los “amigos” borrachos marines que orinaron sobre la estatua de Martí, me parecen diferente a las acciones de Clandestinos, quizás, siendo sincero, apoyo a estos últimos por conveniencia ideológica, que como todos sabemos, existe.

Clandestinos son cubanos y están dentro de Cuba, para mí no se están burlando de Martí, sino precisamente han escogido a una figura, sus esculturas o bustos de yeso, para llamar la atención. Clandestinos están utilizando la figura de Martí, uno de los mejores cubanos, para decir que están en desacuerdo con el gobierno, a sabiendas que precisamente Martí ha sido la figura más utilizada por el gobierno para permanecer en el poder durante estos 60 años. Martí, quien aparece como propiedad del gobierno, ha sido utilizado hasta la saciedad para el comunismo, el mismo Martí que fue patriota, demócrata, pero jamás comunista, Martí que habló y luchó para lograr la independencia de los cubanos, pero de todos los cubanos. Martí que era, al menos teóricamente, partidario de unir y no de excluir, de reconocer y no de discriminar, menos de reprimir. Martí que ha soportado que se saquen de contextos sus ideas y que se adapten para respaldar cualquier locura. El mismo Martí que podría preguntarse, qué tuve que ver con que me hayan nombrado autor intelectual de algo, que después cambió y desvirtuó mi propia guía intelectual en interés de unos cuantos.

Tal como dice Roberto J. Quiñones Haces, abogado y escritor cubano, expreso y prohibido de ejercer en Cuba, “En cuanto a que el pueblo cubano desconozca la vida y la obra de Martí, es absoluta responsabilidad del castrismo. No sólo porque continúa enseñando de forma manipuladora nuestra historia y la de nuestros principales héroes -sin reflejar jamás sus debilidades y momentos oscuros-, sino porque, en el caso específico del Apóstol, distorsiona su pensamiento hasta el absurdo de hacerlo coincidir con el ideario comunista, lo cual creen a pies juntillas muchísimos ignorantes. Hacerlo de forma objetiva develaría la incongruencia del ideario martiano con la praxis comunista, pues no puede coincidir un pensamiento libertario, democrático y pluripartidista con otro raigalmente discriminatorio, excluyente y dictatorial. Los libros de José Martí deberían estar a la venta en todas las librerías del país y a precios módicos, pero no es así”.

Para mí es cierto, el exceso de ideología ha creado un desinterés ideológico. El exceso del uso de determinadas figuras de nuestra historia a conveniencia ha creado un desinterés por esas figuras y es más por nuestra verdadera historia. El exceso de la lucha contra el capitalismo paradójicamente ha creado un enorme interés por vivir en él. Por último, el exceso de revolución comunista ha terminado creando un rechazo a todo lo que eso palabra significa, sin distinguir incluso lo de noble que, al menos teóricamente, puede tener.

Los cubanos somos martianos, en la misma medida que hemos sido comunistas, o sea, más o menos. En realidad, cuántos de nosotros se lee a Martí a profundidad, tal como leemos cualquier novela o vemos una serie de turno. Los cubanos somos martianos porque nos hemos visto a repetir que somos martianos, pero en realidad desconocemos a profundidad su ideario, porque para muchos el ser martiano era estar a favor de la revolución del 59 y de sus líderes. Somos martianos, pero pocos hemos protestado por el abuso de las ideas de Martí para justificar ideas absurdas y caprichosas. Somos martianos como somos paleros, santeros, y estando a favor del llamado socialismo cubano nos gustan las películas, las hamburguesas y los refrescos norteamericanos y estamos loco por viajar al capitalismo. Somos martianos en España, Paris, Miami, Lincoln, etc. Somos martianos, así, sin conocer a Martí, más allá de los pedazos de poemas y canciones, que muchas veces como esnobismo los intelectuales cubanos mencionan y las pocas fotos y bustos de yesos que existen. Somos martianos, pero a nivel de pueblo confiamos en que el tipo se encañaba con ginebra, se quimbó a la “niña” de Guatemala y se subió a un caballo blanco vestido de negro para suicidarse, sin conocer la verdad y los motivos. Somos martianos y nos acordamos de Martí, como decía mi abuela que nos acordábamos de Santa Bárbara cuando está tronando.

Somos martianos, pero jamás he visto a nadie con fuerza cuestionar la cantidad enorme de parques y bustos que existen rotos, despintados, olvidados y peor, destruidos dentro de basureros, acompañando como buen patriota, a la basura que nos está comiendo todos los días en Cuba. Lo que, si sabemos hacer, ahora con Martí, mañana con cualquier otra cosa es criticar, ponernos en contra, sancionar, a aquellos que están haciendo algo que nosotros no haríamos o con lo que no estamos de acuerdo que se haga. Somos capaces no sólo de criticar, sino de sancionar desde ya, cualquier acción que rompa el esquema del esquema que tenemos hecho. Defendemos a Martí, al que erróneamente llamamos patria, dejando que la patria siga bajo el dominio de aquellos que usan descaradamente a Martí.


A lo mejor mañana Clandestinos se convierte en un grupo terrorista que envenena el agua de los círculos infantiles o ponen una bomba en un bar o cine, entonces en ese momento serán otros mis análisis. Clandestinos hasta hoy no es un grupo contra Cuba o los cubanos, a mí me parece todo lo contrario. Sus acciones van dirigidas en una sola dirección y además de valientes y meritorias, me parecen necesarias.























viernes, 3 de enero de 2020

One Child Nation. (Nación de un Único Hijo)

Aquí, calentando motores para el “twenty-twenty”, o sea, 2020.

Recuerdo que la última vez que “nuestro” invicto comandante visitó China, dijo frente a las cámaras de televisión, que estaba muy impresionado, porque cada vez que visitaba ese lugar, encontraba un país diferente. No sé ahora si su impresión era cierta o fingida, porque sabemos que “nuestro” además de comandante, fue el mejor graduado de actuación de su época y luego ocupó durante muchos años el protagónico en todas y cada una de las obras que interpretó, que fueron muchas, actuaciones que le hubieran garantizado anualmente premios de la Academia al mejor actor de carácter.


Pero podría ser cierto, si Fidel comparaba la imagen de Cuba que había dejado de ver antes de ese viaje, por lo cual merecería otro premio, digamos, premio a la destrucción más rápida de un país, algo así como “Destrucción al Minuto” para compararlo con uno de los programas de la televisión cubana que dice le gustaba, Cocina al Minuto, la imagen que se mostraba de China era aplastante. Edificios modernos, grandes y limpias avenidas, plazas, parques, luces, flores por millones y otros millones de chinos bien vestidos y que siempre sonreían. La imagen que se exportaba era linda, era la mayor muestra de que el sistema comunista chino funcionaba, el país no sólo crecía, sino que se desarrollaba y lo más importante, los chinos, de todas las edades y sexos, estaban muy felices con sus logros, sus conquistas y, sobre todo, su gobierno.

Imagino que, para los nacidos en Suecia, Noruega, Francia, el Principado de Mónaco y otros lugares así, las imágenes sean convincentes. La cámara siempre apunta a lugares lindos, limpios, a grupos de personas que marchan bien vestidas, con posturas convincentemente seguras, que sonríen y que cuando se les preguntas por la felicidad dicen que ellos son la mayor muestra. Pobres suecos, noruegos, franceses y los monegascos, que hoy no conocen la realidad y menos los detalles de cómo se vive bajo un régimen comunista y cuáles son los hilos que, siempre existiendo, mueven cada una de las escenas de la obra. Para los que hemos vivido debajo de sistemas comunistas, sabemos que, incluso hasta la sonrisa tiene hilos “invisibles” que la mueven cuando el propio propietario ni idea tiene de sonreír.

Recuerdo que Martica trabajó en una empresa mixta china, de esas que aparecieron en Cuba, una vez desaparecido el campo socialista y el gobierno cubano se vio obligado a abrir un poquito, sólo un poquito, la economía. Los chinos aquellos eran campesinos productores de arroz, venidos de un pueblo chino que hace frontera con Mongolia, o sea, de donde el Diablo dio las tres voces y nadie lo escuchó.

La empresa era un fracaso. El gobierno cubano le había entregado dos fincas, o sea, tierras, en dos lugares opuestos dentro del país, además de ser terrenos, según los propios chinos, con una salinidad muy alta que imposibilitaba la producción del arroz. Luego todo el consumo de la empresa había que pagarlo en dólares, incluyendo el salario de los trabajadores al gobierno, lo que gravaba fuertemente los costos. Para colmo de males, el arroz producido no podía venderse directamente al mercado, sino que tenía que ser vendido a la empresa que monopolizaba la importación de alimentos en Cuba, que por aquellos años compraba fácilmente arroz a Estados Unidos, por lo que el precio era también monopólicamente bajo, impuesto no por el vendedor, sino por el comprador, cosa que además de contradecir a los libros especializados, hacia todo más complicado porque ese arroz a pesar de ser producido en Cuba, era considerado como una importación porque aunque el arroz se producía en tierra cubana, los chinos eran de China. Los altos costos, la tierra poco fértil y un precio de venta muy bajo por tonelada, hacían que aquellos chinos no vieran la luz, menos la ganancia.

Para colmo de más males, una de las fincas estaba cerca de una granja de búfalos que tenía “nuestro” comandante como experimento, dichos búfalos se habían escapado y se habían refugiado dentro de los campos de arroz de los chinos. Al ser el propietario quien era, no se podía hacer nada con los búfalos, más que verlos comerse felizmente los sembrados de arroz.

Yo participé en varias actividades festivas como marido acompañante y como fui presentado como master en … y profesor del Instituto de Comercio Exterior y de la Universidad, entonces, los chinos inscriptos como empresarios en Cuba, pero en realidad campesinos, me consideraban como algo fuera de lo normal. Pobres chinos. En cada una de las fiestas, yo trataba de aprender sobre China, preguntas y más preguntas y ellos trataban de aprender sobre Cuba, por lo que siempre me tocaba responder sobre economía, política, sociedad cubana, etc. ¿Imaginan? Eran imágenes como las que se ven en los documentales o películas, yo sentado al uso de la palabra, cosa que reconozco me gustaba y los chinos rodeándome en un círculo con caras de admiración, siempre sonriendo, comiendo camarones medio crudos y tomando cervezas Heineken calientes en el caliente verano cubano. Eran chinos, no se podía esperar menos.

No me gustan los chinos, bueno a lo mejor, no todos los chinos, sino el gobierno chino, porque el pueblo es igual donde quiera que esté. Reconozco la antigua e importante historia de ese país, me llama la atención la diversidad de su comida, arte, arquitectura, admiro lo del Kong Fu y lo del Tai Chi Chuan, la veneración a los ancianos, pero al final, no me cuadran.

Cuando pienso en China, al no haber nacido en el Principado de Mónaco, me vienen a la cabeza acontecimientos inigualables para repudiar, tales como:

1.- La Guerra contra las Cuatro Plagas de 1958, entre ellas, los gorriones, nombrados como enemigos de la revolución, ideada por Mao dentro de lo que él llamó el Gran Salto Adelante, populismo que sólo logró el mayor periodo de hambruna en China, responsable de la muerte por hambre de millones de personas.
2.- La invasión y ocupación del Tibet por el gobierno chino en 1959, lo que costó la vida a más de 10 000 personas y otros miles, incluyendo el Dalai Lama, que tuvieron que salir huyendo, territorio que en la actualidad sigue ilegalmente ocupado.
3.- La Gran Revolución Cultural, 1966-1976, donde se persiguió, encarceló, torturo, y asesino a millones de chinos, con el único objetivo de sembrar a Mao en el “trono” y establecer al Partido Comunista de Mao por supuesto, en el poder de forma eterna con su sólida estrategia de culto a la personalidad.
4.- Los sucesos injustificados de la Plaza de Tiananmén en 1989, reconocido como la “masacre de Tiananmén” donde para reprimir, digo yo, exterminar, a manifestantes, sobre todo jóvenes estudiantes, que pacíficamente pedían reformas, el gobierno comunista chino envió a actuar a la infantería y los tanques, generando afectaciones en la población civil en cerca de 1 000 000 de personas. Ejército contra pueblo.

Entonces estos acontecimientos tienen en mí, una mayor repercusión que un plato de arroz frito y maripositas chinas.

Hoy, siguiendo la recomendación de “El Terrible”, acabo de ver un documental, “One Child Nation”, más o menos, “Nación de un Único Hijo”, que la historia que recrea me parece peor que los acontecimientos que he señalado en mi párrafo anterior, lo   que ha incrementado mi desamor a ese gobierno.

La obra fue facturada en 2019 y ha sido ganadora de varios premios en distintos festivales de cine y ha recogido una muy buena crítica de los especialistas y público en general. Creo que, sabiendo que existen otros muchos temas lindos, amorosos, dulces, recreativos, para ver y escribir, como el recorrido turístico por Escandinavia siguiendo la ruta de los vikingos, las esculturas de nieve y hielo, la Aurora Boreal, etc., o sentarse a ver una vez más desde el principio las 10 temporadas de la refrescante serie Friends, el acercamiento al tema que se detalla en el documental, abusivo, destructivo, asqueroso, torturante, criminal, cometido por un gobierno contra su población civil, no puede más que causar repulsión y asco por sus autores. Los mismos autores que hoy se presentan como el país más desarrollado del mundo, la próxima locomotora económica, el país donde el desarrollo ha llegado a todos y, sobre todo, el país donde se dice que todos están contentos.

Sin desconocer los logros económicos que China ha alcanzado en algunos puntos localizados del país, sólo para algunos de sus pobladores, en la misma China donde hoy muchos se han hecho multimillonarios, en esa China que puede impresionar por las imágenes que se exportan de un gobierno exitoso y que trata de convencer a partir de que el 97% de las cosas que compramos tienen una etiqueta que dice “Hecho en China”, esa misma China hoy tiene a millones, a gran parte de su población, trabajando casi como esclavos, en condiciones casi infrahumanas y ese mismo gobierno, siguiendo los pasos de la llamada “Revolución Cultural” y la “Protesta de la Plaza de Tiananmén, ambos masacres y exterminio, fue capaz de someter a gran parte de su población a la política de gobierno de un solo hijo por familia.

Conocía, creo que, como toda persona medianamente informada, la idea de que a las familias chinas sólo se les permitía, planificadamente, tener un hijo. Si el primero hijo de la familia era hembra, entonces existía una autorización especial para buscar un hijo varón. Según la enorme propaganda internacional generada por el propio gobierno chino, la medida estaba diseñada para lograr un país desarrollado y que cada chino pudiera acceder a ese desarrollo.

Al pensar en que son más de 1300 millones de habitantes bajo esa nacionalidad, pudiera parecer hasta cierto punto coherente, siempre que la propaganda de felicidad fuera cierta, sin embargo, jamás me puse a pensar y menos podía imaginar el verdadero significado de esta política de los comunistas. Jamás pude visualizar el sufrimiento, el terror, la angustia y los crímenes que existieron detrás de esa “magistral” idea de un gobierno que trataba de resolver a través de una acción tan genocida, su incapacidad, tal como la tan histórica libreta de abastecimiento cubana, que se dice que es para que a todos nos llegue lo mismo y que en realidad oculta y disfraza la imposibilidad del gobierno de crecer, para que cada cual se compre lo que quiera comprar. Se habla del genocidio de los hitlerianos en Alemania, del generado por Pol Pot en Cambodia, de la participación de Estados Unidos en la guerra de Viet Nam y su política de exterminio de la población vietnamita, se habla de las matanzas masivas de la población de muchos países africanos, pero paralelamente poco se habla de lo que en realidad significó la política del partido comunista y gobiernos chinos de un hijo único por familia y sólo se menciona como un tema o fórmula matemática:

familia china = papá y mamá + único hijo, como resultado, familia china = único hijo.

Todavía viendo el documental dos veces, me cuesta trabajo comprender la verdadera magnitud de los hechos que voy a narrar a continuación, resulta imposible de narrar con palabras acontecimientos como este, que enlutaron y sometieron a la mayor desgracia humana a un pueblo entero, a ese mismo pueblo, cuya sonrisa provocada por los hilos políticos e ideológicos, más los represivos que la crean, todavía hoy frente a una cámara de cine, quiere dejar ver que la política fue acertada y que ellos no podían hacer más nada que estar de acuerdo y cumplir con todo lo que pasó. Todavía hoy, ese pueblo, conociendo los mecanismos represivos del gobierno, tiene miedo decir la verdad de lo que padeció.

La investigación, llevada a documental, es protagonizada por una joven madre china que vive en Estados Unidos con su pequeño hijo y regresó a su patria para descubrir, entrevistando a diferentes personas de pueblo y gobierno, qué fue lo que en realidad pasó con esa para mí, desgraciada, cruel e inhumana política diseñada por el partido comunista y el gobierno chinos.


Déjenme ver cómo puedo organizar mis ideas a partir de aquí para contarles, sobre todo, a los que no puedan ver el documental. Es difícil porque una cosa es ver y lograr entender y otra es hacer entender sin que se pueda ver, sobre un aspecto incomparable, no con frecuencia visto en la historia de la humanidad, por muchos hechos desastrosos que se crean se conocen.

Si eres madre, padre o abuelo de varios niños, alégrate. Si no naciste en China o pudiste fugarte para salvarte a ti y a tu familia, alégrate de por vida. Si tienes la posibilidad de ver el documental o entender lo que te voy a contar y puedes calcular y luego definir una opinión sobre la crueldad de esta injustificada e inhumana política de un gobierno comunista, alégrate en esta vida y en todas las otras donde puedas vivir.

En 1979 el partido comunista y el gobierno chinos, que sabemos que en los países comunistas es lo mismo, definió una nueva política para enfrentar la crisis interna que el país vivía y se suponía que viviría de forma agravada en los años venideros. Esa “Política de un Único Hijo”, fue la idea macabra que se puso en marcha por todas las autoridades políticas, ideológicas y científicas, sin el menor pudor, ya que como dicen todos los entrevistados, autoridades de gobiernos locales, líderes partidistas, hombres y mujeres afectados, o sea, padres y madres, “la política era muy estricta, venía de arriba y no tenían alternativas”

A partir de ahí, con una línea muy estricta dictada desde arriba, se disparó el sistema propagandístico hacia el interior y el exterior del país, en dos direcciones. Una linda y amorosa y la otra represiva y autoritaria.

En la línea linda comenzaron a aparecer las ideas de un solo hijo en todos aquellos soportes posibles, en las cajas de fósforos, las cajas de cereales, los juegos para niños, en enormes vallas por todas las ciudades, en la televisión, el radio y el cine, en obras de teatro para adultos y niños e incluso en canciones infantiles. En todos estos lugares se publicitaba la idea de que un solo hijo resolvería el problema económico de China, se instaba a que las personas voluntariamente colaboraran con el gobierno, pero con alegría, con canciones, con determinación revolucionaria. Tener un solo hijo era salvar a la gran patria China.

La línea fea fue la que se estableció por debajo de estos carteles y programas dulcemente chinos, que en realidad era la verdadera. Todas las ciudades, pueblos y aldeas se llenaron de amenazas y advertencias, hechas de forma pública y explícitas, sin el menor temor. 
Algunos de los anuncios, que todavía hoy se pueden ver en las paredes de las casas y almacenes, decían textualmente:

“Quienes violen la política de hijo único, perderán todas sus posesiones”.
“No te embaraces, ni des a luz son permiso”
“Reporta a quien tenga más de un hijo, recibe compensación de hasta 120 pesos”
“Quien se niegue a esterilizarse, será arrestada”
“Si una persona se niega a esterilizarse, su familia sufrirá”
“Medidas firmes contra el embarazo y parto secretos”
“Puedes ocultarlo temporalmente, pero no por mucho tiempo”
“Indúcelo, aborta. ¡No des a luz!”
“Mejor derramar un río de sangre, que tener más de un hijo”

Típico, el doble discurso. Por un lado, sobre todo para la opinión internacional, los gobiernos comunistas tienen un discurso, una imagen, que trata de dar idea de que todo funciona bien, que todo es armónico y, sobre todo, que todas las personas están de acuerdo y felices. Por debajo la verdadera idea que mueve todo, la represión, la amenaza, el chantaje, la fuerza. La idea que, si violas lo que el partido y gobierno dice, aunque esto sea una barbaridad, serás severamente castigado, no sólo tú, sino tu familia entera. La violencia desde el poder, esa violencia a veces silenciosa, a veces personalizada, que llega a aterrar no sólo a los que la padecen, sino a aquellos que pudieran padecerla y entonces tratan de evitarla, produciéndose el efecto deseado, no del control, sino del autocontrol, no de la censura, sino de la autocensura. Este puede ser uno de los mayores triunfos.

Paralelamente se organiza a nivel nacional y se replica en toda la estructura administrativa hacia abajo el Instituto de Planificación Familiar. Así sólo suena lindo, podría parecer científico, sin embargo, nada más lejos de esa idea. Planificación Familiar fue el vehículo para garantizar la política.

Esa institución consistía en grupo de médicos y enfermeras que sistemáticamente, o sea, todos los días recorrían ciudades, provincias, pueblos y aldeas, detectando a mujeres embarazadas que ya tuviera hijos. Médicos y enfermeras eran apoyadas por los líderes políticos y administrativos de esos pueblos y aldeas, quienes cazaban, si cazaban como animales, secuestraban y trasladaban amarradas como cerdos a las mujeres para aplicarles una esterilización o un aborto obligado.

Obviamente frente a estos anuncios “muy estrictos”, las mujeres comenzaron a esconderse durante el embarazo y los partos, lo que aumentó la búsqueda, la cacería y las sanciones. Si parías otro hijo o parías a escondidas, te tumbaban el techo de tu casa o la casa completa, te hacían pagar una enorme multa y te podían confiscar todas tus posesiones. En las puertas de las casas se colocaron placas para identificar los niños que existían y las familias que cumplían o no cumplían con la política de un solo hijo y así los identificaban en cada una de las aldeas y pueblos.

Los niños con hermanos comenzaron a ser abochornados y repudiados en las escuelas, a tal punto de criminalizar, para muchos, el tener un hermano o hermana. Para muchas familias en las zonas rurales, si el primer nacido era hembra, entonces podría “planificar” otro hijo en busca del varón, pero tenía que existir una diferencia de 5 años entre ambos. Si la segunda recién nacida era hembra de nuevo, pues tenía que correr el camino que luego explicaré. Las mujeres al principio parían ese segundo hijo y lo regalaban a familiares o amigos, pero llegó el momento que nadie quería aceptar un niño ajeno, por lo que los partos eran acompañados de unos canastos de mimbre para almacenar a los recién nacidos y dejarlos en lugares públicos, con la esperanza de que alguien los recogiera por caridad.

Los niños recién nacidos fueron echados a los montes y dejados en los mercados y en las puertas de los orfanatos, esperando salvarles la vida. Muchos, muchísimos, al pasar dos o tres días morían de hambre o infestados por picadas de bichos. La peor parte la llevaron las niñas, nadie las quería porque, más que evidente, la sociedad china era, y es todavía hoy a la luz del documental que describo, una sociedad extremadamente machista.

Los equipos de Planificación Familiar hicieron millones de esterilizaciones obligatorias, forzadas, y más, practicaron abortos a mujeres con 8 y 9 meses de embarazos. A decir de las propias enfermeras entrevistadas, muchas todavía hoy convencidas de su gran actuación, sacaban a los niños vivos y los mataban con sus propias manos. Niños ya nacidos y asesinados, que eran metidos en las conocidas jabas de supermercados y tirados en los basureros públicos de casa pueblo o aldea. El documental recoge imágenes, verdaderamente fuertes e impresionantes, de niños recién nacidos, sanos, gordos, incluso chinamente lindos, tirados dentro de bolsas plásticas en los basureros, tal como tiramos todos los días los desechos de nuestros consumos.

Esos equipos de Planificación Familiar que estuvieron 20 años viajando por todo el país, fueron considerados héroes por el gobierno chino, fueron considerados y homenajeados como “trabajadores vanguardias” y sus evaluaciones, o sea, premios o sanciones, como trabajadores comunistas, estuvieron basadas en la cantidad de niños que nacían o no en las poblaciones y aldeas donde ellos trabajaban. Cuenta una comadrona de pueblo que casualmente había recibido a la protagonista del documental que ella sola, o sea, una sola persona, pudo haber practicado de 50 a 60 mil abortos y esterilizaciones forzadas, número que parece ser perfectamente creíble.

Los niños dejados en la calle o en los montes comenzaron a ser objetos de personas que primero trataron de salvarles la vida, pero luego convirtieron la búsqueda y recogida de niños en un gran negocio. Los orfanatos estatales, o sea, del gobierno chino, comenzaron a estimular la recogida de niños, por los cuales pagaban el equivalente a 200 dólares, creándose así una red de personas que traficaban con los pequeños, llamados intermediarios. Esas personas eran encargadas de recorrer los pueblos para recoger niños “votados” y vendérselos a los orfanatos. Ellos, los intermediarios, se crearon sus propias redes, entonces subcontrataron a basureros, repartidores de gas, motociclistas, etc., a los cuales pagaban una parte del dinero por cada entrega.

Los orfanatos, repito instituciones estatales dirigidas por el mismo gobierno y partido, compraban a los niños y los convertían en su lucrativo negocio. Digamos que una sola red de intermediaros entrevistada declaró que ellos habían vendido alrededor de 10 000 niños a esos orfanatos estatales.

Para completar el terrorífico panorama, en el año 1992, el gobierno chino inauguró un nuevo programa, la “Adopción Internacional” y entonces esos niños comprados por los orfanatos estatales fueron vendidos a padres adoptivos de muchos países del mundo, sobre todo de los Estados Unidos. Según una pareja de padres, él norteamericano y ella china, que adoptaron en diferentes momentos 3 niñas provenientes de esos orfanatos, todo estaba previsto y organizado por el gobierno. Ellos sabían desde su casa en Estados Unidos, los documentos a firmar, los papeles a llevar, las autorizaciones a cumplir y el dinero a pagar. Las adopciones costaban entre 10 a 25 000 dólares americanos, dinero cobrado por los orfanatos y entregados al gobierno central. A los niños se les inventaba una historia clínica y se decía que eran huérfanos, todo mentira, porque en realidad se ocultaba que eran niños que se les habían quitado a las madres por la fuerza, se habían encontrado tirados con vida en basureros o mercados, o peor, se le había comprado a la red de intermediarios que existían por toda China.

Debe ser incalculable el dolor de cada familia, de cada madre, padre, abuelo e incluso de cada hermano, sin contar el dolor provocado a un niño nacido vivo que se asesina con las manos. La medida incluía separar a los gemelos, porque al sólo permitirse un hijo, uno de los dos recién nacido debía irse. Debe ser incalculable los padecimientos que existen detrás incluso de esa aceptación sin remedio de las madres, que declaran no haber podido hacer nada, en la misma medida que hoy quieren saber qué pasó con sus hijos, dónde están, si están vivos o no, etc. Sería imposible de calcular los daños en esas enfermeras y médicos, incluso en muchos de los funcionarios que aún frente a las cámaras dicen estar de acuerdo con lo que hicieron porque era una política del gobierno. Lo que si se puede calcular es el daño que como nación creó la Política de un Único Hijo, porque en la actualidad, según el propio gobierno chino, no hay jóvenes para trabajar, ni para cuidar a los ancianos.

Entonces el mismo gobierno, sin más allá, ni más acá, sin pedir disculpas y hacer un verdadero análisis con sus consecuencias no para China de forma general, sino para cada chino en particular, en el 2015, después de 35 años de la Política de un Único Hijo, autoriza a que cada familia pueda tener “felizmente” dos hijos y desata la maquinaria propagandística parecida a la anterior, pero con un nuevo discurso. Ahora las canciones, las obras de teatro, los programas de televisión, los libros para niños, etc., dice y repiten:

“La política nacional es realmente estupenda, cada familia puede tener dos hijos. Uno es muy poco, dos es lo justo. Los jóvenes tendrán hermanos, los ancianos serán cuidados. Estamos dichosos, sonreímos orgullosos”

¿Estarán locos los chinos, serán todos unos hijos de puta o no tendrán más remedio que seguir cumpliendo con lo que estrictamente de arriba les ordenan?

Nanfu Wang, la autora y protagonista del documental, nos deja la mejor conclusión, a cada uno de nosotros nos toca sacar nuestras propias conclusiones. Como siempre, no se queden con mis ideas, les recomiendo que vean el documental, One Child Nation.

“Toda mi vida me enseñaron a creer que amar a mi país, era igual a amar al gobierno y al partido. (…) Tenían que ponerse los intereses nacionales por encima de sentimientos personales, intereses colectivos por encima de todo. Este adoctrinamiento destruye a la humanidad, la individualidad y la conciencia de las personas”