sábado, 18 de enero de 2020

Culturales 2020. De librerías y libretas de abastecimiento.

Coñoooooooooooo, cada vez que abro mi computadora, me llegan noticias “culturales” que me hacen pensar y luego escribir. Estoy en busca de un nuevo trabajo y hace frío afuera, ahora -14 grados C., por lo que paso horas sentado frente a la pantalla de mi computadora y entre mensajes y mensajes de trabajos, leo y escucho sobre Cuba.

¿Habrá algo agradable para leer? Bueno, no sé, creo que sí, mi familia allí está bien, dentro de lo bien que se puede estar, luchando día a día para llegar a la noche, cosa que no es nueva, a todos nos ha tocado vivir de esa forma, o por lo menos, a todos los que no fuimos “escogidos” por los escogidos.

A veces me digo, trata de leer y escribir sobre algo que anime y que no sea tan complicado de digerir, pero no logro mucho mirar o encontrar estas informaciones, que no sean obviamente las emitidas por el gobierno y uno que otro concierto de reguetón. Si mientras estuve allí no las creía y no las escuchaba, imaginarán que ahora, viviendo dónde y cómo vivo, menos las voy a creer. Trato de ser coherente conmigo mismo y entonces me parece brutal, respetando a todo el que lo hace, irme a atender a un hospital cubano de gratis o para pagar menos y hablar del magnífico sistema de salud o pasarme unos lindos días en uno de los nuevos hoteles, bañándome en la piscina y tomando “Cubanito” y hablar de los logros del ministerio de turismo cubano. Sería ofensivo para mí mismo.

Ahora veo dos noticias “nuevas”, ambas me dan pena. La primera es sobre un lugar, que, durante muchísimos años, tantos hasta mi juventud, fue símbolo de la cultura, ahora sí de verdad, la cultura cubana. Lugar famoso, increíblemente no por la música, ni la comida y los tragos, sino por los libros. La segunda, trata sobre algo también famoso, triste y humillantemente famoso, que nos ha torturado durante años, que ha ocultado las limitaciones del pueblo cubano y la incapacidad de su gobierno, que se inventó para los de a pie, porque los escogidos no la necesitan y estoy seguro de que no la utilizan, que es la libreta de abastecimiento.

Digamos Moderna Poesía y estoy seguro de que la mayor parte de los cubanos, al menos los que vivimos en la Ciudad de la Habana, conocemos de qué se trata.
Pues sí, la famosa librería, que desde la esquina donde se ubica, casi presidiendo el inicio de la calle Obispo, una de las calles más famosas y transitas de la Habana Vieja, está no sólo cerrada definitivamente, sino en vías de destrucción total. Da pena.

Claro, sé que alguien o algunos podría decir que con las tantas cosas que se destruyen todos los días en ese país, con las miles de cosas que complican la vida diaria del cubano postergadas por años, hoy en franco crecimiento, con tanta falta de agua, alimentos, ropas, casas, etc., todo obviamente más importante que la misma democracia, libertad de expresión o de reunión, etc., sólo a un loco se le puede ocurrir hablar de una librería y confieso que puede ser verdad, lo que pasa es que me gustan los libros y tengo, especialmente con ese lugar, muchos recuerdos.

Un poquito de historia. Un emigrante gallego, llamado José López, la fundó como librería, taller de grabado e imprenta en 1890, en la misma esquina donde todavía hoy se encuentra. Su arquitectura fue transformada a un bello edificio Art Decó por su hijo en 1935, transformación que abarcó no sólo la parte arquitectónica, sino la ampliación del negocio a todo lo que estuviera relacionado con papelería, materiales de escritorios, etc. Luego del triunfo revolucionario pasó a ser parte del Patrimonio Estatal, manteniéndole su función vinculada a la cultura, venta de libros, discos, mapas y plegables informativos culturales y materiales de oficina.

Recuerdo bien ese lugar. Trabajé algunos años en La Habana Vieja y mi visita a la Moderna Poesía era obligatoria todos los jueves. Tengo dos hijos, Jennifer nació antes del Periodo Especial y Jonathan después, entonces viví junto a mi familia cronológicamente el impacto de aquellos años también a través de los libros. Cosa que se evidenció en la cantidad muy diferente de libros y fotografías que tienen mis dos descendientes.

Como dije, cada jueves visitaba aquel lugar, tanto que llegué a conocer a los libreros que allí trabajaban. El lugar era lindo, la atmósfera en su interior era elegante y a la vez muy de cultura. Los muebles, imagino muchos originales de antes de la revolución eran de cedro y caoba, que bien colocados daban al lugar un mágico ambiente en el que podías estar horas. Algo así parecido encuentro aquí en Lincoln dentro de las librerías Barnes & Nobles, donde para mi gusto han incluido una pequeña cafetería que vende, entre otras cosas, un muy buen café Espresso.

Cada jueves surtían con nuevos libros, entonces siempre compraba algo para mi hija y algo para mí. Los libros por aquellos años eran extremadamente baratos, centavos, los más importantes jamás pasaban de 5 pesos cubanos, lo que permitía que yo, con mi salario de recién graduado universitario, pudiera comprarlos. Así entonces semana tras semana, se convirtió aquello de visitar la Moderna Poesía más que un hábito en un vicio. Gracias a eso leí mucho, mi hija creció con libros de cuentos para su edad, que por suerte luego, su hermano heredó porque ya no era tan fácil lo de comprar y luego mi sobrino Ian heredó también, con esa solidaridad obligada que los cubanos tuvimos que desarrollar.

Aunque no era el único lugar, porque existían muchas otras librerías en La Habana, la otra que me gustaba hacia esquina en las calles L y 27, Vedado, muy cerca de la Universidad, la Moderna Poesía fue famosa, porque, durante toda su vida se dedicó a lo mismo, jamás cambió su objeto social. Creo que debió convertirse, al menos para los intelectuales y estudiantes, en un lugar de visita obligatoria, allí se encontraban desde libros de cuentos para niños, novelas de escritores nacionales e internacionales, hasta libros de medicina, ingeniería, arquitectura, historia, etc.

Recuerdo que aun trabajando yo en el Museo de la Ciudad y visitando con frecuencia la librería, a un compañero mío y luego amigo, se le dio la tarea de representar a la parte cubana frente a un inversionista español al que le dieron el lugar para remozarlo sin cambiarle el objetivo. El amigo tratando de hacer bien su trabajo, muy rápido tuvo problemas con el inversionista, que además de español y no saber nada de libros, se dedicó a agredir y burlarse verbalmente de los cubanos. Un día la cosa se puso mala, mi amigo, frente a los maltratos insultantes y denigrantes, casi cogió al español, investido de persona importante en Cuba, por el cuello y aunque la administración del museo le agradeció la muestra de honestidad y cubania, fue removido y enviado a otras tareas. El español empresario, no lo quería más allí y lo de la defensa de la cubania era bueno, pero frente a la inversión extranjera, pasaba a una segunda posición.

El presente de Cuba ha cambiado y lo de los libros se ha puesto difícil, ahora la mayor parte de ellos se venden caros en dólares, entonces leo, con algo de tristeza, primero, que la Moderna Poesía está cerrada totalmente y segundo, que el edificio se está destruyendo aceleradamente, lo que significa en buen cubano que se debe estar cayendo adentro con peligro para la vida. No me extraña, el deterioro, la caída y desaparición de los inmuebles de todos tipos en Cuba es ahora mismo, uno de los problemas más graves que el gobierno enfrenta o debería enfrentar. Hay dinero para construir nuevos hoteles en cualquier esquina de La Habana, de dudosa justificación porque los hoteles que Cuba tiene sobrarían para albergar el poco turismo que visita la isla, existe dinero para construir o reparar tiendas para vender en divisas, hay dinero para realizar eventos musicales o de comida cubana de alta cocina haciendo referencia a langostas y quesos, pero no hay dinero para reparar lugares como una librería.

Claro, la consigna propagandística de que la educación es gratuita, el acceso a la cultura y sus manifestaciones también, entonces para qué hace falta comprar libros. Los que quieran tener libros que los importen, los manden a pedir a Miami o esperan a la anual feria del libro donde se venden en dólares. Librerías y libros, para qué. Aquello del Apóstol de “ser culto para ser libres” tampoco hay que llevarlo al pie de la letra, dirán los gobernantes.

Dios los coja confesados, ojalá, que el edificio que dentro de poco cumplirá siglo y medio de bien hecho, no se derrumbe totalmente y desaparezca y tengan entonces que convertir la esquina en un parque al cual tendrán que ponerle una estatua del boliviano Evo Morales o del iraquí Qasem Soleimani, que no conozco que ya tengan sus parques en Cuba. Ojalá que no aparezca un sesudo que, cumpliendo con la medida de ingresar divisas al país, le entregue el lugar a otro gallego para que, cambiando ahora el objetivo, construya allí un restaurante en homenaje al emigrante José que lo construyó en 1890. Ojalá que llueva café.

El segundo de las “culturales” es sobre la más que histórica, con 57 años de existencia, libreta de abastecimiento y entonces si lo de la librería me ha puesto triste, la noticia sobre la reconocida popularmente como libreta, dan ganas de picarse las venas. El propio Fidel, no sé por qué siempre Fidel, JAJAJAJA, en marzo de 1962 anunció el nacimiento de la libreta de abastecimiento como medida justa y humana, o sea, ese documento de control, entre otras cosas de alimentos, pero en realidad de otras muchas cosas, nació exactamente un año antes que yo, entonces lleva muchos años existiendo.

Primero he visto a un joven cubano de espejuelitos feos y cheos, de esos que se delata a gritos sin pareja, de esos que defienden lo indefendibles incluso furiosamente, hasta que por supuesto llegan a Miami y se quedan, de esos que salen en el noticiero de la televisión como periodista, de esos que la muy reconocida Facultad de Periodismo de la Universidad de la Habana hoy está graduando enlatados o producidos en racimos como se dan los plátanos, hacer un reportaje sobre la libreta de abastecimiento cubana, tema que más que evidente le han ordenado hacer, porque creo que a nadie en su sano juicio, siendo graduado de periodismo, se le ocurriría llevar ese tema a su currículo profesional.

El joven de espejuelitos cheos, que se llama Abdiel Bermúdez, tal como si estuviera promocionando un viaje en un crucero, la visita a un acuario o la última comedia que se está mostrando en las salas de cines o teatros, dice textualmente sonriendo que: “la libreta de abastecimiento es muy querida por los cubanos” y yo, que reconozco haberme librado de ella hace ya algunos años, no sé qué pensar de esta afirmación. Pudiera ser que el joven tenga alma de comediante y al no poder escribir un guion cómico se agarre de cualquier cosa para tratar de hacer reír o, por el contrario, esté tratando de ganar méritos dentro de su sindicato de periodistas, tratando de justificar lo que cada cubano sabe que es injustificable.

El racionamiento, como medida para repartir lo poco que existe, no es un invento cubano, muchos países lo han puesto en práctica, para asignar recursos limitados y bienes de consumo. Los gobiernos modernos han adoptado las llamadas cartillas de racionamiento, lo que para los cubanos es la libreta de abastecimiento, en periodos de guerras, hambrunas o alguna emergencia o desastre nacional, que afectan a una gran parte de la población.

Visto así, el invento de la cartilla para racionar y repartir a todos por igual fue no sólo necesario, sino entendible y hasta cierto punto humano. Visto así demuestra la intención de un gobierno por garantizar que, consumiendo lo mínimo de forma organizada y planificada, las personas a su cargo puedan sobrevivir. Pero, lo cierto es que, inmediatamente que han pasado los orígenes que llevaron a implantar un momento de restricción, los mismos gobiernos han hecho un esfuerzo por priorizar que dichas cuartillas desaparezcan, por lo que las más famosas, sólo han durado pocos años. Dentro de las medidas económicas que han implementado, primero que otras, ha estado la de aumentar la producción y la oferta y con ello, eliminar la para nadie normal “deseada y querida” cartilla de racionamiento.

Por poner ejemplos de países hoy ricos, España tuvo varios períodos de su historia más reciente, donde se vio obligada a racionar algunos productos, períodos de los cuales los españoles no quieren recordar. Gran Bretaña, si, la “pérfida Albión”, término popularizado por Napoleón para referirse al Reino Unido, tuvo su período de racionamiento en la modernidad y hasta a el propio Palacio de Buckingham con reina y familia real incluida, se le aplicaron cortes de electricidad, o sea, apagones planificados durante algunos meses, para apalear un problema interno con el carbón y la generación de electricidad. Los ingleses tampoco quieren recordar aquellos años, los consideran no meritorios del Imperio Británico.

En la historia de Cuba, siendo el mismo gobierno encargado desde hace seis décadas, la libreta de abastecimiento tiene 58 años y a decir del periodista que mencioné anteriormente, casi se está de celebraciones de cumpleaños, queriendo dar la imagen de que todos están contentos con que exista y casi están haciendo fiestas de homenaje por la gran idea de racionar eternamente, casi todo.

Incluyo aquí una foto suministrada por un amigo fotógrafo colaborador, donde aparece una pequeña caja de fósforos, de esas que todos los cubanos tenemos que recordar, que por cierto también están perdidas, junto a un pan, del que cada cubano tiene asignado para el día. La imagen habla sola y es mejor que cualquier explicación que pueda dar. Soy un tipo gran comedor de pan. El pan me mata. Puedo comer cualquier tipo sin nada adentro, desde los suaves y esponjosos hasta los que tiene varios días de fabricados y el llevarlos a la boca, puede poner en riesgo de fractura o pérdida a los dientes. ¿Alguien puede decirme, cuántos panes como ese puedo yo comerme “alegremente” en un día?


Hoy hablamos de la libreta de abastecimiento que se utiliza para los alimentos, pero hay que recordar que tuvimos en Cuba otra libreta para racionar las ropas, los zapatos y otros productos de uso cotidiano. Si cogías medias no podías comprar calzoncillos, si comprabas sábanas para las camas, no te tocaban toallas para secarte, etc. Años de racionamiento para el combustible a través de cupones que el gobierno entregaba por automóviles. También hemos vivido racionamiento en medicamentos, almohadillas sanitarias, “balitas de gas” para cocinar, alcohol y keroseno, medidas que parece que llegaron para ser eternas. Racionamiento del agua, que hoy llega en muchos lugares cada 5 días y racionamiento de electricidad con aquellos apagones de 12 horas y más diarias, debajo de los que los cubanos, según puede pensar el gobierno, vivimos felices. Y recientemente esa política de racionamiento llega y se aplica en las tiendas en divisa convertible, en la misma medida que sólo se permite comprar determinado producto en cantidades fijas por cada persona, o sea, que lo de la libreta de abastecimiento y la variante de racionalizar, va más allá de los productos de la llamada “canasta básica”, otra definición que en Cuba, no queda nunca muy clara, porque el contenido y la cantidad de dicha canasta puede variar, y muchas veces varia, cada mes del año. Digamos que a la par que el gobierno racionaliza, nos entretiene adivinando qué, cuándo y cuánto, llegará cada mes.

Es hasta cierto punto entendible que cualquier gobierno, trate de justificar frente a sus gobernados determinadas medidas, más que entendible es obligatorio en la misma medida que cualquier gobierno se debe a sus gobernados, pero llegar a decir para los gobernados y para el mundo, que los que reciben el racionamiento por más de 50 años ya, están alegres y contentos, no es sólo una mentira y burla, sino pudiera ser considerado como un crimen de lesa humanidad. Hasta para decir mentiras habría que tener cierto decoro.

La libreta de abastecimiento por décadas, envuelta con toda la orla humanitaria que se le quiere dar, lo único que demuestra es la incapacidad de un determinado gobierno para solucionar los problemas. Ella existe para enmascarar la poca o ninguna producción, el verdadero desinterés y sobre todo la mala administración. Ella, prolongada en el tiempo, no sólo limita el consumo desde el gobierno, sino que lo disfraza de medida necesaria para la salvación de los seres humanos. El racionamiento obligatorio, ese envestido de justicia social, no es más nada que una muestra de lo poco efectivo de los métodos centralizados de un gobierno y un estado. El racionamiento prolongado, en cualquier parte, por tanto, en Cuba, lo único que ha favorecido desde siempre es la existencia del gran y estable mercado negro, que por una parte ha ayudado a los gobernados a sobrevivir y por la otra ha creado una “casta” de negociantes e intermediarios imposibles de erradicar.

Claro, existen personas que hoy declaran que no les quiten la libreta de abastecimiento, generalmente personas viejas que viven de una miserable Seguridad Social o de sus retiros, personas que no reciben ayuda desde el exterior y no tiene una fuente interna, legal o ilegal, para vivir. Esas personas están diciendo que dependen de esa libreta, por lo menos a través de ellas reciben lo mínimo para vivir, lo que no quiere decir que estén alegres con ella. Nadie puede estar alegre con un pan diario y cinco huevos al mes.
Luego, como Cuba ha estado hecha a pedazos, con medidas poco pensadas que tratan de resolver un momento “coyuntural” o crisis, de las que se pueden sumar miles, los propios inventores del racionamiento, se ven metidos todos los días en problemas. La incoherencia es la madre de las medidas en Cuba.

Ahora en 2020, la señora Marpessa Portal, directora de ventas minoristas del Ministerio de Comercio Interior, descubre que existen violaciones, cuyos culpables son las familias cubanas y, sobre todo, los que aparecen como jefes de núcleos, porque violando lo establecido por las disposiciones vigentes y desde posiciones mentirosas y oportunistas, no informan y accionan como tienen que hacerlo. Se repite el mismo esquema, o sea, el gobierno no es el responsable de los desastres, sino que los desastrosos son los gobernados.

Veamos los ejemplos que dio la directora Portal y otros que conozco:
1.- Los muertos siguen en las libretas y los familiares siguen cogiendo sus “mandados”.
2.- Las personas que se mudan de provincias siguen cogiendo los mandados en sus orígenes y “resuelven” nuevas inscripciones para coger los mandados en sus lugares de destinos.
3.- Las personas con dietas alimentarias provisionales siguen cogiendo las dietas a pesar de que ya no están enfermas. Muchas personas con tal de resolver se han agenciado, con médicos amigos o médicos negociantes, dietas alimentarias sin estar enfermos realmente.
4.- Las familias cubanas mantienen en las libretas a personas que se han ido de Cuba y viven radicados en otros países.

Estas, como ejemplos, son algunas de las justificaciones que hacen culpables a los cubanos, porque, según la misma funcionaria aseguró, “Estamos hablando de un programa que el gobierno cubano prioriza y subsidia, y que reporta grandes gastos a la economía. Es por esto que no debemos permitir que este tipo de actividad siga sucediendo”. El mismo esquema, el buen gobierno, el dulce gobierno y los malos gobernados que no colaboran o, por el contrario, actúan en contra, entorpeciendo el buen funcionamiento de los “amorosos gobernantes”. Es una receta fácil, muy repetida, muy utilizada, puesta en práctica, copiada, por el mismísimo “invicto” y que hoy, con lo de la continuidad, los que están, sobre todo, defendiendo sus puestos y privilegios de vida, repiten sin consideración.

Ahora, en frente a la escasez, cómo entender que aquellos cubanos que se repatrían para no vivir en Cuba, sino que, acogidos a la medida loca del gobierno, se inscriben para los beneficios, incluyendo la libreta de abastecimiento y las dietas alimentarias, pero que inmediatamente se regresan a los países donde viven felizmente, obtengan lo mismo que los cubanos que viven en Cuba sin poderse ir a ningún lugar. Contradicción enorme, pero que en esta ocasión es utilizada como gancho para la repatriación.

Entonces la señora Portal está preocupada porque al abuelo muerto no se la ha dado de baja de la libreta y sus familiares siguen cogiendo sus mandados, haciendo válida aquella frase revolucionaria de que “hasta después de muertos, seremos útiles” y no se preocupa o  manifiesta de probablemente su vecina o familia que se ha repatriado, le han dado los “derechos” de esa acción, pero que vive en Miami o en Burundi y está feliz con que su familia en Cuba tenga un pan o unos huevos de más para pasar el mes. ¿Cómo entender a la señora Portal como funcionaria representante del gobierno?

Ahora Betsy Díaz, ministra de comercio interior, declara que las personas que estén más de 90 días fuera del país, si justificación de gobierno, o sea, empleados, funcionarios, diplomáticos, etc., perderán los beneficios de la libreta de abastecimiento, pero a la misma vez, la ley migratoria recientemente aprobada dice que los cubanos pueden estar 24 meses, o sea, 2 años, fuera de Cuba sin ningún problema. ¿A quién creer o hacer caso, a la ministra de comercio interior o a las autoridades de emigración, ambas funciones del mismo gobierno en franca contradicción?

¿No será mejor, de  una vez y para todas, facilitar que se produzca toda la comida que se necesita, que se fabriquen todos los productos demandados, por vías obviamente que no sean las ya probadas durante estos últimos  60 años sin resultados, para evitar el mercado negro, que los abuelos mueran y no sean reportados para seguir cogiendo sus mandados, que las personas no se aparenten estar enfermas de enfermedades que no tiene con tal de conseguir un pedacito extra de pollo o algo de leche en polvo, que las personas puedan entrar y salir sin tener que dar cuentas de lo que les toca o no y, por supuesto, que las personas como yo puedan comerse todos los panes que deseen?

Chúpate esa, como dice El Terrible, aquí se los dejo en espera de las próximas noticias culturales.







jueves, 16 de enero de 2020

El Terrible opina. Enero 2020

"El Terrible" opina. La realidad descrita es tan cruda que sobran los comentarios. A buen entendedor, ...

Cuba, enero 2020.

"Busca la Mesa Redonda de hoy para que te rías con la comparecencia del Ministro de Economía. Ni él, ni mil como él o mejor que él, pueden enderezar este desastre como no pudieron los muchos de los que lo antecedieron, empezando por nuestro gran líder, que por cierto de economía no sabía nada. 

Dice el ministro que la economía crecerá un uno por ciento en este año, más un grupo de mentiras que no se cree nadie, pero que lo mantienen en ese cargo hasta que un buen día lo desaparezcan como a todos los que pasaron por ahí en momentos anteriores. 

Si dejas los mecanismos de los años 70 y 80 no funcionan hoy, pero si tratas de arreglarlo poniendo y quitando, entonces si se complica todo. Este país es un desastre diseñado por alguien que ya no está y que es completamente incapaz de crear los mecanismos que acaben con la mediocridad y el burocratismo que nos mantiene inmóviles sin posibilidad de crecer de verdad en medio de un mundo complejo donde sólo los más hábiles, sagaces, tienen derecho a avanzar. 

Viejos enfermos que se conforman y jóvenes que sueñan con desaparecer, no puede ser bueno para ningún país".

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"Ayer fui al hospital con un amigo con un pie partido y el ortopédico le dijo que no había yeso. Hablan por TV repetidamente del ahorro del gas licuado, (la balita), y pienso que algo estará pasando con ese tema. Conclusión, Cuba importa el 80 % del gas licuado porque la producción de ese gas en las obsoletas e ineficientes refinerías sólo producen el restante 20% según dicen ellos, así que hay que comprar los barcos de gas en el exterior con todo lo que eso representa en este momento para Cuba. 

Resultado las balitas perdidas duplicaron su valor en la calle y sabemos cuánta gente depende de esa forma de cocer los alimentos. No se trata de tapar un salidero, aunque complejo, sino, de que tapas un hueco y aparecen tres nuevos. Así ningún país puede avanzar. El gobierno intenta dar la imagen de cambios que resolverán los problemas, pero por desgracia, en realidad ninguno de los "cambios" tan anunciados pueden sacar a Cuba del hueco. 

Este fin de semana elecciones para gobernadores y vicegobernadores provinciales, estas medidas son parte de las mediocres soluciones de la actual administración que no solucionan nada. Un pasito para adelante y dos para atrás, el cha cha cha. 

Mientras mantienen a la gente con noticias negativas de lo que pasa en el mundo para que piensen que no están tan mal,  los jefes dicen que si a todo y aprovechan para robar hasta que llegue el día en que lo desaparezcan. Por la TV dicen que no pasa nada que hay algunos problemas pero que todo lo tienen pensado y que se resolverán. Como muchos vaticinan este año será más duro con grandes restricciones y escasez de todo tipo. 

Lo de la agricultura no tiene nombre se necesitan muchos años y muchos recursos para levantarla. Compramos 5 papas por un dólar a orientales que pasan vendiéndolas por las calles. Después de que las siembran por el día, van a los campos por la madrugada y la sacan de la tierra para venderlas. Si, están muy caras, pero es la única forma que hay para poder comerla. Cuando la cosechan la mayor parte va para La Habana y el campo no puede comer papas. 

La agricultura lleva un paquete tecnológico y agua, pero en Cuba, que aparentemente es un país agrícola, no existen ninguno de esos recursos. Los guajiros bisnietos de campesinos no quieren saber del campo porque es un desastre que da pérdidas y dolores de cabezas. 

Por aquí están pagando a 20 pesos la libra de carne de cerdo en pie y dicen que seguirá subiendo. El gobierno tiene que importar los cereales para los piensos y entonces vuelve el cuento de la buena pipa, si no produces no puedes exportar y no tienes divisas para poder importar etc.  Esto no tiene arreglo"

Culturales 2020. Intocables.

Intocables, es el nombre de dos muy buenas películas que quizás todos hemos visto.

La primera de 1987 trata sobre la creación y actuación de un equipo de policías y funcionarios que se unen para acabar con Al Capone y el tráfico de bebidas alcohólicas. Magistral elenco compuesto por nada más y nada menos que Robert De Niro, Sean Connery, Kevin Costner y en aquel momento joven de origen cubano Andy García. La segunda, de 2011, es una bellísima obra de arte de factura francesa, para muchos expertos una de las mejores películas del cine francés que es inmenso, que narra, partiendo de una historia real, la vida y relación de dos personas diametralmente opuestas, el conde Philippe Pozzo, escritor, tetrapléjico, y Abdel Yesmin, inmigrante de origen senegalés, con antecedentes penales, quien lo sirvió como asistente a domicilio.

Intocable es entonces un término que se identifica para señalar la importancia de personas, objetos, símbolos, que el resto de los mortales debemos o tenemos que respetar y conservar. Intocable no habla de democracia, ni de interpretación, es una condición que por tradición se entiende y funciona.

Los regímenes totalitarios, no escribo sobre Cuba, son famosos por la lista de intocables que crean para vivir. Los listados caprichosos y resultados de la propaganda partidista son a veces tan grandes, que dejan casi sin consuelo o poder de actuación, a los que no son elegidos con esa categoría.

Ahora hay gran revuelo entre la oficialidad cubana y aquella parte de la población que repite y repite, por la existencia de hechos a los que no estamos acostumbrados y que en realidad no han abundado, por razones varias, en Cuba después de 1959. Hablo en este caso de los autollamados Clandestinos y sus derramamientos de pintura, tinta o sangre sobre algunos bustos de Martí y algunas imágenes de Fidel, más pinturas sobre las paredes con consignas revolucionarias para algunos y contra revolucionarias para otros.

Declaro que las imágenes a primera vista impactan, porque no estamos acostumbrados a ellas, pero la idea de manchar a Martí con pintura roja puede tener y tiene diferentes interpretaciones. Para muchos Martí, o en realidad sus bustos de yeso y cemento, es ultrajado, pero para otros, Martí, el Apóstol, llora sangre horrorizado, primero por el uso que le han dado a su figura e ideas y segundo por la realidad que ve en Cuba.

Me arriesgaría a decir que por muy inculto e irreverente que sea un cubano, Martí como hombre, como revolucionario de su tiempo, como político, como líder, como escritor tiene un enorme reconocimiento. Me arriesgaría a decir que el pueblo de Cuba fue martiano antes del 59. Crecí en una casa martiana, recuerdo que mi madre, quizás ya ni ella lo recuerde, atesoraba un álbum hecho a mano en su época de estudiante de nivel medio en Santiago de Cuba, que tenía una cubierta de tela azul como satinada y una foto de Martí afuera, que en su interior contaba cariñosa y respetuosamente la historia del Apóstol. Crecí en una casa donde en un librero grande horizontal hecho por mi padre con playwood, que tenía en la parte superior un pequeño busto dorado de Fidel Castro, se alojaba la colección entera de las Obras Completas de José Martí, libros que comencé a manejar desde joven. 

Después de 1959, Martí se convirtió en una herramienta a utilizar y el pueblo de Cuba dejó de ser martiano para convertirse en fidelista. El pueblo cubano dejó de leer a Martí para beber los discursos de “el caballo”. Martí se nombró como autor intelectual, se utilizó su imagen en la antigua Plaza Cívica, convertida en Plaza de la Revolución, la casita donde vivió muy poco se convirtió en visita obligatoria para los niños con sus escuelas, se escondió parte de sus escritos, los que no convenían, los que no servían y Moncho “El Gitano del Bolero” en un concierto en Cuba le hizo un bolerito utilizando sus poemas, después de eso, no mucho más. Los cubanos no leemos a Martí, menos imitamos su vida.


Hubiera sido menos impactante pintar unas lindas lágrimas, hubiera sido más estético, pero esas acciones suelen hacerse a escondidas, en contra del tiempo y de los vigilantes, por lo que ponerse a pintar delicadamente es imposible. Los clandestinos no tienen el mismo tiempo que el amigo de Mariela Castro, la hija más famosa de uno de los intocables, lo que la convierte a ella misma en otra intocable, que pintó de rojo los labios al Apóstol en una acción progay, sobre la cual el gobierno y el pueblo cubano hizo mutis total. Es como si le pidiéramos a los que pintaron las paredes con “Abajo Batista” en medio de una dictadura que te freía en medio de la calle, tuvieran cuidado con la estética y la caligrafía, para lograr carteles bellos que no afearan a la ciudad. Es como si le pidiéramos a los atacantes del Cuartel Moncada que tuvieran cuidado con los tiros y no rompieran los cristales para no hacer daño a la edificación o que se cuidaran los uniformes que llevaban puestos para que no los mancharan y pudieran ser utilizados por otros. Sería lo mismo que una madre cubana, que envía a su hijo a un cumpleaños de un amiguito, siendo los objetivos del niño, correr, tirarse, recoger caramelos de la piñata, comer cake, embarrarse, etc., cuando le dice u ordena, producto de la necesidad y carencia, "cuídate los zapatossssssssssssssss".

Lo de los bustos de Martí en un país que se está cayendo a pedazos, muchos de ellos olvidados dentro de hierbazales, basureros o deteriorados por el poco interés real diario, ha polarizado, no sólo a la población dentro de Cuba, sino a los cubanos fuera de la isla. Dividiéndonos una vez más en otra parte más, de los que están a favor y no lo están, incluso destacando aquella parte de cubanos que, sin estar de acuerdo con el gobierno insular, se niegan a aceptar que se dañe una figura de yeso con la imagen de nuestro Apóstol, que en realidad el Apóstol no es. Se ha dañado al cubano, se ha dañado a la familia, se han destruido instituciones, se ha dado golpes, se sigue dando golpes y reprimiendo, pero ahora no queremos que se dañen los bustos, a veces deteriorados, a veces feos e incluso a veces no parecidos a Martí. ¿Quién nos entiende?

Pero ¿qué y quiénes son los intocables en Cuba?

Bueno, por mi lista, que no tiene por qué ser exacta, en Cuba es intocable, la bandera, el himno y el escudo, los llamados símbolos patrios, tal como en otro país cualquiera. Es intocable aquellos otros símbolos de nuestra historia, como la bandera del 10 de octubre, la rueda vieja del ingenio Demajagua, el yate Granma que está dentro de una caja de cristal como pieza de museo. Son intocables todos los hombres y mujeres de nuestra historia que hoy la revolución reconoce como símbolos de lucha, desde el indio Guama, pasando por Maceo, Gómez, Mella el que nadó hasta el barco ruso, Echeverría, “Manzanitas” el que dio la falsa noticia por Radio Reloj de que se había ajusticiado al tirano Batista en su propia madriguera, hasta Camilo con su sombrero de ala y Che con su brazo enyesado y entre ellos los miles de nombres en todos los municipios y provincias del país de aquellos reconocidos como buenos, incluido a mi tatarabuelo Ambrosio Grillo, cuyo nombre es utilizado para un hospital en Santiago de Cuba, provincia donde él fue alcalde, parece que bueno, sino no tuviera un hospital.

Son intocables la Constitución y por supuesto el Partido Comunista y sus estatutos, más las figuras históricas aún vivas como Raúl, Ramiro, Machado Ventura, etc. Son intocables los ministros, viceministros, los militares de altos grados y más, sus familiares, esposas y esposos, hijos, nietos, novias, amantes, etc. Resultan intocables los dirigentes del partido en cada provincia y los delegados del Poder Popular, más familias. Resultan intocables los agentes de la Seguridad del Estado, la inteligencia, la contrainteligencia, la policía, más sus familiares. El más intocable de los intocables, con categoría de Dios, fue vivo y continua de muerto, Fidel Castro y la piedra donde dicen que descansan o al menos están sus cenizas. Intocables son los bustos de Martí y otros mártires, las fotos en vallas y todas las frases que el gobierno tiene regadas por todos los lugares de Cuba.

Son intocables todos los miembros actuales del gobierno, que por tradición adquieren esa categoría de importancia, aunque sean unos descarados o anormales. Son intocables los que el pueblo de Cuba reconoce como “hijos de papá”, categoría obtenida por pura consanguineidad, que les garantiza inmunidad total y que ellos, los hijos de papás alargan a sus amigos, parejas, socios de negocios, etc. Son intocables los extranjeros, que aparecen en Cuba como empresarios, aunque estos sean corruptos, ineptos, explotadores, etc. Resultan intocables los pensamientos y las frases que en un momento determinado algún líder o figura histórica tuvo a bien decir. Por supuesto son más que intocables cada palabra y cada frase y cada escrito, más cada pensamiento que dijo e incluso no dijo, pero pensó, el invicto. Resultan intocables los presidentes de los CDR, los jefes de los núcleos del PCC y determinados intelectuales, escritores, músicos, cantantes, poetas, etc., que están por convencimiento o por pura casualidad a favor de la revolución.

Intocable ahora debe ser Díaz Canel, su vice, el primer ministro, más sus esposas e hijos. Intocable es cada idea que emana de esas personas, aunque muchas de ellas no quieran decir, ni resuelvan nada. Intocables son las ideas, no importa que sean viejas, inadaptadas a la realidad, siempre que sean o fueran dichas por un “revolucionario” importante, hay que tragárselas, entenderlas, repetirlas, no cuestionarlas, etc. De ahí la frase, que trata de ser mágica y conseguir apoyo, de “somos continuidad”.

Como todo, exactamente todo en Cuba tiene que ver con el gobierno y por tanto con la ideología, pues es intocable el pan, el transporte público, el servicio de salud, la educación, la libreta de abastecimiento. Intocable es el servicio de agua potable y el de gas. Estar a favor o no de esto, ser capaz de formular una crítica, de las que, en Cuba para justificar y suavizar a la propia crítica, se llama constructiva, es caer en el plano complicado de estar equivocado, confundido, o peor tener problemas ideológicos o mucho peor estar en contra de la revolución. Aspirar a un pan mejor o a dos panes diarios, puede ser elevado a estar a favor del enemigo.

¿Entonces para los cubanos del 2020, que es lo tocable? Bueno, por mi lista, casi nada. Creo que lo único tocable somos nosotros mismos, nuestras familias y amigos, siempre y cuando no se encuentren en algunas de las categorías que he mencionado anteriormente.  El hecho de podernos tocar o tenernos únicamente para tocar a nosotros mismos, es uno de los triunfos de ese gobierno, que por casualidad coincide con los de los gobiernos totalitarios. Los de a pie, hemos escogido el camino de sacarnos un ojo, con tal de ver ciego a uno de los nuestros, ya que nunca hemos podido desear, al menos públicamente, ver ciego a uno de los intocables y lo absurdo de todo esto, pero entendible como deformación, es que estando fuera de Cuba, seguimos arrastrando este mal de sacarnos un ojo. Queremos que Cuba cambie, queremos salvar a los nuestros, pero nos preocupa que se manchen los bustos de Martí.

Si todos los parques, plazas, paradas de guaguas, bustos, vallas, mercados, paredes, etc., son del gobierno cubano, qué les queda a los cubanos para manifestar sus desacuerdos. Obviamente nada. Si se pone un cartel que diga, “quiero dos panes”, se puede perfectamente, sin reconocer el contenido ideológico de la acción, sancionar por el delito común de maltrato a la propiedad del Estado y privar de la libertad al autor.

Cuba, los revolucionarios saben de eso. Todas las manifestaciones de inconformidad estuvieron acompañadas de carteles, paredes pintadas, boletines y sueltos, pasquines, etc.
Cuba sabe de eso, cuando cayó la dictadura de Machado, las personas salieron a romper las imágenes del dictador que estaban por la ciudad.

En 1953 un grupo de jóvenes para llamar la atención y ver si de paso tumbaban a la dictadura de Batista asaltaron varios cuarteles e instalaciones civiles en la antigua provincia de Oriente. Las acciones armadas fracasaron, los tiroteos generaron bajas humanas en ambos bandos, más, como era de esperar, el recrudecimiento de la represión, entonces los que sobrevivieron hablaron de su derecho a la acción armada y al cambio e identificaron al Apóstol como el “autor intelectual” de dichos actos. Trataron de llamar la atención utilizando una figura cubana, democrática, independentista, querida por el pueblo cubano, para justificar sus acciones. A partir de ese momento, el movimiento creado por los sobrevivientes tuvo a Martí, o a la parte de él que convenía como faro y guía. En ese momento Martí era un cubano revolucionario, independentista y democrático, era una figura a utilizar, ahora Martí es del gobierno y pasa a la lista de los intocables que ningún otro aspirante a revolucionario puede utilizar.


Durante toda la época de lucha en la Sierra Maestra, los grupos clandestinos que la apoyaban se dedicaron a embarrar todas las paredes posibles con carteles de “Abajo Batista”, “Batista Asesino”, Viva el M-26-7”, etc., además de acciones de sabotajes más complicadas como atentados, secuestros, bombas y petardos, fuego a los campos de caña, destrucción de líneas férreas y líneas de electricidad, etc. Claro que por aquellos años las paredes, los cines, las paradas de guaguas no eran del gobierno y entonces se podían utilizar para mostrar inconformidad y los equipos de clandestinos eran, no sólo bien vistos, sino valorados. Muchos de esos clandestinos luego del triunfo fueron reconocidos como héroes y vivieron muy bien sin haber hecho mucho más. Lo de poner bombas y pintar las paredes, les vino de maravillas y les sirvió para toda la vida.

Cuba sabe de eso. Tan pronto triunfaron los “martianos”, se dedicaron a desmontar los lugares, parques, bustos y esculturas, algunas verdaderas obras de arte, que simbolizaban, a interpretación de ellos mismos, el pasado burgués. Las imágenes de los presidentes cubanos en la Avenida de los Presidentes, (Calle G), fueron quitadas y desbaratadas, como “respuesta y odio popular”. Ese camino lo corrió incluso la escultura de Don Tomás Estrada Palma, primer presidente de la tan ansiada república cubana en 1902, independentista, amigo y sustituto de Martí en su Partido Revolucionario Cubano, que mal quitada de su lugar, se le dejó a la base un zapato de la escultura, no sé si por descuido o porque el zapato estaba bien pegado a la base y no se dejó quitar como resistencia simbólica o como una señal de desprecio. El otro monumento que se destruyó en el año 1961 fue el Monumento a las Victimas del Maine, cuando el águila que se posaba en la parte de arriba como mirando a La Habana fue tirada y hecha añicos, pienso que el águila como animal no gustaba mucho a los revolucionarios de por aquellos años y que el gusto por ese animal se descubrió con la necesidad de los dólares.




Muchas iglesias fueron cerradas y más, saqueadas por las hordas salvajes cubiertas del manto revolucionario. Las imágenes y los vitrales fueron robados y destrozados por el simple hecho de romper y los claustros de las iglesias fueron convertidos en vulgares almacenes del gobierno. Muchas mansiones fueron igualmente saqueadas, no sólo por los “incultos” revolucionarios, sino por los intelectuales “autorizados”, quienes se apropiaron de muebles de lujo, bibliotecas, obras de arte, etc., antes e incluso después de los inventarios “revolucionarios” que se hicieron. Si quieren verificar esto, que creo que es más que conocido, vean el camino que siguieron los muebles y los libros de la Oficina de Emilio Roig, el primer Historiador de La Habana y a las casas de quiénes fueron a parar.

Entonces, si ahora se quiere mostrar una inconformidad, lo bueno sería ir al Parlamento, levantar una denuncia, escribir un artículo, dar una entrevista a la televisión, hacer una manifestación pacífica, pero resulta que el parlamento, los periódicos y revistas, la televisión y las calles para manifestarse, también son intocables.

¿Entonces para los cubanos del 2020, interesados en cambios, interesados en mejorar, en que se pueda avanzar, interesados en que se permita decir y escuchar la verdad, o al menos que existan muchas verdades dónde escoger, interesados en no irse de Cuba como única solución o en regresar a Cuba como única solución, que es lo tocable? Bueno, creo que casi nada, a no ser que nos toquemos a nosotros mismos.

Los gobiernos totalitarios y no hablo de Cuba, son expertos en sembrar la vigilancia, el terror y el miedo. Muchas veces sin verdaderas posibilidades, cada ciudadano se siente vigilado. Los que están a favor, amenazan brabucones, sabiendo que serán apoyados incluso si tienen que llegar a acciones violentas, los que están en contra se esconden, hablan bajito, comienzan a desconfiar hasta de sus sombras, comienzan a hablar en señas y con metáforas. No hay nada peor que vivir bajo un gobierno totalitario, porque uno siente, pero tiene que decir que no siente. Uno sufre, pero no puede decir que sufre. Uno lo ve azul y tiene que repetir que lo está viendo rojo y decirlo de tal forma que las personas que lo rodean no desconfíen de la sinceridad sobre el color. Las personas para salvarse, para quitarse la presión de arriba llegan a traicionar, a delatar o en buen cubano a echar pa´lante incluso a sus propios amigos y familiares.

He visto a algunos mudos ponerse rojos tratando de explicar algo que el resto no entiende. Los he visto hacer señas casi violentas a la hora de tratar de comunicar o defender una idea frente a un grupo de jóvenes que pueden escuchar y hablar y no los entienden o hacen que no los entienden. Entonces los gobiernos totalitarios les piden a sus subordinados ciudadanos que sean sordo mudos, pero que incluso dejen de hacer señas. Se les pide a los ciudadanos, que se poseen casi como propiedad, que siempre entiendan, que tengan paciencia, que den tiempo y más tiempo a la incapacidad, pero que no hablen, ni tan siquiera por el lenguaje de los mudos.

Si no se puede hablar, ni con palabras, ni con señas y por desgracia no se puede escapar saliendo de ese país, si la cantidad de cosas, imágenes, ideas, fotos, construcciones, personas, son intocables, si los intocables son los mismos que han demostrado durante 60 años la incapacidad para desarrollar un país y todavía piden más tiempo para probar recetas que ya han sido probadas hasta la saciedad sin resultados, sin ninguna respuesta, qué espacio deja el gobierno. ¿Clandestinos o intocables?










martes, 14 de enero de 2020

Culturales 2020. Érase una vez un mercado.


Puedo asegurar que no estoy poseído por el mal, menos que estoy bebiendo de fuentes enemigas que manejan la información como veneno. Sólo estoy leyendo lo que los mismos interesados publican en sus páginas oficiales. Claro, puede ser que ahora alguien me diga que esas páginas no son oficiales y están manejadas por enemigos, entonces, me comió el león.

He seguido la información sobre el famoso mercado de Cuatro Único, conocido popularmente como Mercado de Cuatro Caminos, sobre el cual escribí un artículo el día 18 de noviembre del 2019 al que titulé “Contrastes”.

En aquel momento manejé dos ideas, la primera tratando de describir el plan de rescate de aquella famosa plaza, la cual se había deteriorado al máximo y el interés de ponerla a funcionar, sobre lo que dije: “… ahora para las celebraciones del cumple de La Habana, después de algunos años de restauración y un costo imagino de millones de pesos cubanos, más millones de dólares, recordar que, de obras como estas, se reparan y construyen muchas casas de la ciudad, reabrió sus puertas, como mercado en divisas” y, la segunda idea que describí, fue la desorganización y el fracaso de la apertura, sobre la cual dije:  En realidad, lo de desorden, …, nada. Lo que se formó allí, no me lo contaron, lo vi, fue la de San Quintín. Decenas de personas, las mismas que antes ocupaban el lugar con su mercado negro, empujándose, fajándose unas con otras para acceder a los productos. Hombres encaramados sobre muebles, que cogían y tiraban para atrás los productos, personas encaramadas unas sobre otras para coger una lata o un pomo de algo y llamativo, las personas con 4 o 5 cajas de cervezas luchadas en plena guerra”.

La oficialidad cubana, llámese la máxima dirección de la Corporación Cimex, S.A., el gobierno a través de sus medios de comunicación, con tal de justificar el desastre en medio de la celebración del cumpleaños de la ciudad, aseguraron que los directivos no estaban preparados para tal evento,  lo que resulta increíble, porque esos directivos hace muchos años han creado y administran tiendas a lo largo de toda la isla, por lo que si no estaban preparados deberían haber presentados sus renuncias o anunciar sus sanciones. La otra idea manejada por la oficialidad fue la siempre a mano justificación de que la indisciplina social, los revendedores, los intermediarios, la gusanera, o sea, esa parte de la población cubana que no es pueblo revolucionario fue la causante de las “desgracias”. En mi escrito de noviembre, mirando los acontecimientos, aseguré: “A pocas horas de inaugurado el Mercado de Cuatro Caminos no se derrumbó porque ya dije que puede ser su construcción comparada con la de una fortaleza militar, pero si hubo que cerrarlo hasta próximo aviso. Imagino que la policía debe estar preparando un super operativo para manejar la próxima todavía no avisada apertura”.

Las dos justificaciones resultan increíbles para los que hemos vivido o aún viven en Cuba. La oficialidad nunca reconoce sus errores y echa manos a cualquiera cosa con tal de salir ilesa, sobre todo para la opinión pública internacional, que es lo que, en última instancia, al decir del marxismo lo más importante, es lo que importa. El pueblo revolucionario siempre entenderá y el pueblo no revolucionario no cuenta.

Entonces, como detective novicio, he seguido los acontecimientos sobre ese mercado en la propia página aparentemente oficial de la institución de gobierno que lo reconstruyó, inauguró con bombos y platillos y lo administra y resulta ser que ahora, aunque las otras áreas del mercado siguen abiertas, la parte dedicada a la venta de alimentos está cerrada sin fecha de apertura. La información a los potenciales consumidores, en la propia página web de la Corporación CIMEX dice: “El Mercado Único de Cuatro Caminos mantiene abiertas sus puertas, (…) excepto el área dedicada a la comercialización de alimentos que desde el lunes 6 de enero realiza un mantenimiento integral para subsanar algunas averías en sus espacios de venta. (…)  Entre las principales labores en proceso, se encuentra el mantenimiento a las áreas de congelación y refrigeración, pulido de pisos, reparación de la puerta de entrada por Arroyo y arreglos eléctricos que no afectan la venta en el resto de las áreas.



Y entonces como detective principiante que soy, hay algo que no me cuadra y aunque no puedo decir cuál es la mentira exactamente, algo me dice que existe una mentira, sino cómo entender que una obra gigantesca, en la cual se invirtió millones de pesos cubanos y otra buena cantidad de dólares, donde la Corporación CIMEX debe haber utilizado los últimos materiales que existen en el mercado internacional, a sólo 2 meses de inaugurado, tenga que cerrarse para dar un mantenimiento, arreglar puertas, pulir pisos y arreglar la electricidad.

El gobierno cubano, o nos considera a todos anormales, o en realidad para nada le interesa nuestra opinión y sigue dirigiendo a ese país con el mayor sentimiento totalitario, ese que garantiza hacer y decir lo que les da la gana, sin tener en cuenta lo que piensen los que reciben la información. No nos parece casualidad que el área a dar mantenimiento sea exactamente la dedicada a la venta de alimentos y aquellas que venden cualquier otra cosa, sigan abiertas.

Pensemos que se debe dar mantenimiento, no es nada nuevo que se inauguren obras en Cuba que luego no funcionen bien, se abran con defectos o dejando cosas sin terminar. 
Esa ha sido una constante en todos estos últimos años. Luego sabemos, a lo mejor cosa que la Corporación CIMEX no conoce, que, frente a una obra constructiva de cualquier tipo, los materiales para construir son robados y vendidos en el mercado negro, por lo que las mezclan llevan menos cemento, las pinturas son mezcladas con agua, las losas de pisos y baños van a parar a los particulares y entonces la obra en cuestión siempre necesita más de lo que se planificó. Los jefes de las construcciones y como consecuencia los obreros constructores han vivido, viven y de seguro vivirán de las construcciones donde trabajan.

Cuba ha sido la mejor muestra de las obras mal terminadas o las terminadas a pedazos, obras simples que demoran 13 o 15 años en terminarse y que después de inaugurar, cosa que antes siempre se hacía coincidir con un compromiso a “nuestro” Comandante en Jefe, había que cerrar para seguir trabajando. En Santa Cruz del Norte donde viven mis sobrinos, se construyeron los edificios, pero no las calles, ni las aceras, ni los alcantarillados. Cuentos como este, en la agricultura, la industria, las construcciones hay miles, yo tengo dos cuñadas arquitectas. Al principio se chapeaban solo las cabeceras de los surcos para dar la imagen que no había hierba y a 3 o 4 metros hacia adentro, la hierba tapaba a las personas. Se apilaban las cajas de productos para que las estibas dieran la imagen de que se había cumplido con la producción, luego las cajas de atrás estaban vacías. A mí me gusta mucho uno sobre la inauguración de un laboratorio de esos de biotecnología, donde se enchaparon las paredes con azulejos y se colocaron las llaves del agua, sin haberle hecho las verdaderas conexiones. Fidel pasó, no tocó las llaves, no sé si sabía sobre el truco, se tiró fotos, dijo unas palabras de lo maravilloso de la obra y se fue.  Luego se tuvo que destruir las paredes, abrir zanjas en el concreto e insertar las tuberías de agua, pero la misión de inaugurar para el cumple del invicto se había cumplido. Si mis cuñadas tuvieran conexión a internet, podríamos llenar este blog de ejemplos como este.

Así ha sido todo, durante todos estos años, en casi todos los sectores de la vida política, económica y social de ese país. Las visitas y las inspecciones de los “jefes” y sus invitados siempre fueron avisadas y entonces se limpiaban el camino que sería recorrido, se pintaban las paredes del paseo, se mejoraba las comidas en los comedores y se advertía a los trabajadores de lo que tenían que decir y hasta el momento en que tenían que sonreír. Recuerdo que con aquellas movilizaciones que se hacían cada fin de semana en diferentes pueblos de Cuba presididas por Ramiro, Guillermo y otro más, en aquellos donde no existían plazas para la cantaleta, se seleccionaba un terreno sembrado o no, se desmontaba la hierba, se aplanaba, se tiraba asfalto y se hacía una plaza, se pintaban y arreglaban las calles que darían acceso a la plaza y luego de terminada la actividad que duraba 3 o 4 horas, se volvía a cubrir de tierra todo el espacio que se había asfaltado. ¿No lo creen? Puedo dar varios nombres de lugares. Todos les echábamos la culpa a Fidel, por su caprichoso actuar, pero ahora Fidel no está, al menos físicamente y los métodos siguen siendo los mismos. De ahí debe ser la idea de la “continuidad”

Se inaugura una gran obra y a los dos meses hay que cerrarla y la justificación es así fría y descarada, es por mantenimiento, y, sin embargo, no aparece la noticia paralela de que se ha fusilado a alguien, se le han dado 20 años de prisión, o al menos, se le ha mandado a su casa en “plan pijama”. Los jefes, utilizando estas justificaciones acordadas y aprobadas por las máximas instancias de ese gobierno, no existe otra posibilidad, siguen disfrutando de sus jefaturas.

El pueblo, la parte de esa denominación que aparentemente importa, o sea, esa llamada “revolucionaria” no se manifiesta o si lo hace, es para justificar, con argumentos irrisorios y repetitivo lo que está pasando, que según yo recuerdo, no es nuevo, pasa desde antes de yo nacer.

Pero lo del mantenimiento a dos meses de inaugurada la obra, será verdad. Eso me huele a mentirillas. Con la inauguración del mercado, se comentó que se habían desabastecido todas las tiendas para concentrar los productos en el Mercado de Cuatro Caminos. Eso tampoco es nuevo. Se necesitaba dar una imagen de que no había problemas, de que la ciudad celebraba su aniversario de fundada y que los Reyes de España quedarían encantador. Entonces se formó la molotera y la tienda fue cerrada, por la indisciplina social y la incapacidad de los jefes.

Ahora la ciudad tiene un gran mercado que para abastecer hay que tener mucha producción nacional y mucha importación de alimentos, ambas fuentes hoy está en crisis. No existen productos para el suministro, los estantes y neveras aparecen en otros lugares vacíos, así que es muy probable que el cierre, casualmente en la parte de alimentos, sea porque no encuentran comida para poner y no hay una justificación mejor que un oportuno mantenimiento.

Tendrían que decir la verdad, o sea, llenarse de valor e ir a una Mesa Redonda y decir, no tenemos como suministrar, no sabemos cuándo podremos y entonces serían respetados, pero el respeto no existe. El gobierno dice trabajar para el pueblo, dice constantemente querer al pueblo y entonces como muestra le miente. Sólo hay que mirarles las caras a los funcionarios encargados de dar las noticias, para darse cuenta de que la mentira no la creen ni ellos mismos.

Mantenimiento o desabastecimiento, cualquiera de las dos o las dos juntas, son muestra del gran fracaso.





sábado, 11 de enero de 2020

Culturales 2020. Primera Dama de Cuba.


Debo ser sincero y decir que nunca me ha quedado claro este término o función que se utiliza para nombrar a las esposas de los presidentes de turno, Primera Dama.
Durante muchos años me pareció una definición honorífica que sólo servía para que las esposas posaran en fotos, salieran a pasear, decoraran salones, etc. Me pareció siempre una denominación formal, aburrida, sosa, que trataba de endulzar a las esposas y darle cierto reconocimiento, mientras sus maridos trabajaban ejerciendo el poder rodeados de otros hombres y una que otra secretaria. Las primeras damas aparecían siempre frente a mí como damas de compañías, amas de casa, amantes madres y llena huecos en las fotos oficiales.
He terminado de ver la cuarta temporada de una serie de televisión que, recomiendo, Greenleaf, que dibuja la vida dentro de una familia negra de pastores religiosos y la iglesia bautista creada por ellos. La trama enseña o deja ver adentro, más allá de lo que se puede ver en las misas y reuniones públicas, más allá de las fotos, con lo cual se aprende que todo lo que brilla no es oro. En ese tipo de iglesias, la máxima figura es llamada obispo y su esposa es nombrada primera dama, tal como se nombra a la esposa del presidente de un país. Si es mujer la que ocupa el máximo cargo dentro de la iglesia, cosa no frecuente pero posible, entonces su esposo se reconocería como “primer caballero”. Esto, que debo reconocer no conocía, se aplicaría igual a la relación entre esposa y esposo, si ella fuera, cosa que aún no ha ocurrido aquí, la presidenta del país y él fuera su acompañante. Primera Dama y Primer Caballero, definiciones todas, para mi gusto, demasiado pomposas y aparatosas. Demasiada tradición formal.
El reconocimiento formal a las esposas de los presidentes, que pasó por varias etapas de aceptación o no e incluso después de utilizarse otras formas para reconocerlas, parece que se hizo más visible en 1877. Siendo Estados Unidos el primer país del mundo en usar ese término, se comenzó a poner de moda, aceptar y luego utilizar hasta nuestros días, aplicado a Lucy Webb Hayes, quien al decir de los historiadores fue una “primera dama de la Tierra” muy popular. Su popularidad como persona, hizo que su título fuera reconocido y acordado a continuar utilizándolo hasta hoy y a partir de esos años fuera adoptado por otros países del planeta. Creo que la primera dama de Estados Unidos más famosa fue Jacqueline Kennedy, no porque hizo algo extraordinario como persona, sino por ser la esposa de John F. Kennedy y toda su historia junto a él y creo que la única persona que ostenta esa denominación fuera de la política es Aretha Franklin, la merecidísima reconocida por todos como “The First Lady or Queen of Soul”.
Aunque el nombramiento de primera dama, que no es electivo, no tiene salario, ni contenido de trabajo específico, está designado para las esposas de los presidentes, cuando estos han sido solteros o viudos, otras mujeres, familias e incluso amigas, han podido ocupar esa posición. Eso nos ocurrió a los cubanos y aunque debo decir que siempre me pareció extraño, ahora reconozco posible, cuando Fidel, no sabemos si viudo, soltero o “ocultador” de sus parejas y amores, utilizaba a su cuñada Vilma Espín, que prestada por Raúl su hermano, durante muchos años apareció como acompañante del “amigo” sobre todo en sus actuaciones internacionales. Vilma, casi la mujer orquesta, fue la presidenta de la Federación de Mujeres, miembro del Buró Político, esposa de Raúl, madre de sus hijos, más la compañera de viajes, la figura que fungía como primera dama, del presidente cubano.
Siempre me ha parecido tonto eso de primera dama, hasta que leí la biografía de Michelle Obama, libro que también recomiendo, con el que aprendí todo lo que se puede hacer desde esa denominación, más allá de decorar la Casa Blanca, asistir a banquetes y tirarse fotos. Las primeras damas en la actualidad, claro si ellas lo quieren, se han convertido en fuerzas y herramientas para desarrollar campañas, apoyar acciones, trabajar en determinados frentes, crearse un propio espectro de trabajo e intereses. La Obama, ya era una personalidad antes de llegar a la Casa Blanca, es una persona con intereses, trabajos y, sobre todo, resultados. Para nada fue únicamente la amorosa y dulce esposa de un político convertido en presidente de turno. Ella, quizás como muy pocas otras, tenía objetivos claros y parece que dejó sus huellas dentro de la Casa Blanca, el gobierno, dentro de los negros, las mujeres y los jóvenes norteamericanos. La Obama, a pesar de negra, poco agraciada para no decirle fea, de origen pobre, tuvo que ser tragada por muchos, no por imposición de su marido, sino porque ella aprovechó su estatus para trabajar y trabajó bien.
La primera dama tiene una oficina con empleados que se subordinan a ella, paralela e independiente a la presidencia del país, oficina que se debe aprovechar para algo más que actividades sociales y ceremoniales. Cada primera dama escoge las causas que va a apoyar, las campañas que va a impulsar, se supone que para el bien del país. No conozco exactamente lo que está haciendo Melania Trump como primera dama, a lo mejor está haciendo mucho, sólo que yo no la veo.
A la que si veo es a Liz Cuesta Peraza, esposa del señor presidente de Cuba, Miguel Díaz Canel, en sus funciones de primera dama. Primera vez en la historia de la revolución y su gobierno comunista, que una esposa cumple con ese rol públicamente, cosa que no me deja de extrañar, conociendo la histórica tradición de Fidel y Vilma, esa denominación fue eliminada por considerarla rezagos del pasado burgués y me parece que ahora la “first” gordita, está desenfocada como persona o, por el contrario, bien dirigida por su “patrocinador” Canel, a acciones que no representen muchos problemas para el gobierno.
¿Cuantas acciones, líneas de trabajo, objetivos y trabajos concretos podría tener Liz como primera dama del gobierno cubano? Para mí, billones. Creo que la primera dama cubana debería tener muchísimas más responsabilidades y muchísimas más tareas o trabajos que la primera dama de los Estados Unidos. Liz tiene un contenido de trabajo para las 24 horas del día, los 365 días del año, sin parar, sin dormir, sin descansar. Si Liz quisiera, o a lo mejor para ser justos se lo permitieran, tiene una enorme y gigantesca posibilidad de escoger por lo que quiere pasar a la historia de ese país. Cada cubano, cada cuadra, cada reparto, cada casa, cada edificio, cada escuela, cada hospital, cada centro de recreación, cada funeraria, cada cementerio, cada niñooooooooooooooo, necesita de Liz y su “supuesta” influencia para resolver problemas. Liz podría escoger un asunto, un tema y dedicarle la pasión que se le dedica a la teoría del comunismo invencible, pero en la práctica. Liz podría recorrer los campos y comprobar cómo vive el campesino, más allá de las fronteras de la Ciudad de la Habana. La primera dama cubana podría dedicar sus días a las mamás embarazadas y tratar de garantizarles lo que ella misma tiene como madre.
Cuba y su etapa revolucionaria recuerdan a grandes mujeres, de ellas, la más grande de todas, ahora no vale la pena recordar el por qué, fue Celia Sánchez Manduley. Podrás tu estar de acuerdo o no con el comunismo, pero en realidad honor a quien honor merece. Celia, conocida por sus cercanos como “Máma”, apodo que según se dice le puso el amigo, que según también dicen fue por años más que su amigo, fue una de esas mujeres fuera de serie, de esas que no existen, no como mujeres, sino como personas. Reconocen los cubanos que, si algo estaba trabado, si algo no se resolvía, si alguien tenía un problema, la solución era escribirle a Celia. Ella, que no ocupó nunca una posición política de primera línea, como ministro o dirigente partidista, etc., brincaba todos los obstáculos y todas las barreras y si tenía que hablar directamente con Fidel, pues lo hacía, pero jamás dejaba de responder y en muy pocas ocasiones dejó de resolver.
Celia era ella sola un gobierno, destinado a ayudar a aquellos que lo necesitaban. Mujer fea desde joven, no casada, no madre, jamás estuvo para las fotografías, jamás se disputó el protagónico con nadie, no le importaban las cámaras. Celia, que bien podría haber sido primera dama del gobierno cubano, parece que vivió para servir, primero a la idea revolucionaria que tenía antes de Fidel, luego a Fidel y su revolución y meritoriamente a todo aquel que le pidiera. Hay historias de todas las casas que resolvió, todas las personas a las que ayudó a conseguir trabajo, todas las sanciones de privación de libertad que ayudó a disminuir o ayudó a quitar. Hay historias de todas las veces que intervino sin miedo, frente al “invicto” para ayudar justamente a alguien, salvarlo, sabiendo todos los cubanos que al “invicto” no se le podía contradecir mucho.
Entonces Liz podría inspirarse en Celia, qué mejor ejemplo a seguir y podría poner un cartel en su puerta que diga, todo el cubano que necesite algo, por favor, véngame a ver. Sólo con el cartel pasaría dignamente a nuestra historia. Pero no, no ha hecho eso, creo que no lo hará. ¿Entonces, a qué se dedica Liz?
Bueno la primera vez que le vi haciendo algo, más allá de caminar de manos acompañando a “su” presidente, estaba auspiciando, coordinando y apoyando un evento de alta cocina y comida. Frente a aquel evento, me dije, está desenfocada, pero es nueva, es su primera gestión, ella va a cambiar.
Error, la primera dama cubana, parece que no encuentra nada más importante que participar en eventos de comidas. Esto no sería malo, pienso yo, en un país donde tanta comida, en cantidad y diversidad, se necesita, pero lo que veo es que los eventos no tienen nada que ver con la comida para el pueblo, sino comidas para, pienso, extranjeros y escogidos. Liz se ha convertido en la anfitriona e impulsora de la alta cocina cubana, esa cocina que para nada es, ni se hace para el pueblo, sino para hoteles, festivales, competencias internacionales, extranjeros y pienso, siguiendo una tradición muy enraizada, para los amigos del aparataje de gobierno. Véanla a ella y a su esposo y descubrirán que han engordado y no es con soya específicamente.
Liz ha participado en varios eventos de estos de alta cocina y famosos chef, el último Cuba Sabe 2020. No sé si en la televisión cubana aparecen las imágenes, porque sabemos que la televisión cubana es maga, pero yo si las he visto. Los eventos de alta cocina son a puertas cerradas, imagino para chef e importantes gastronómicos, más los dirigentes, más cubanos que aparecen en las listas de aceptados y los amigos, donde se exhiben mesas llenas de comidas que no come el mayor por ciento de la población cubana. Bandejas llenas de quesos de varios tipos, de carnes, de mariscos y embutidos también de varios tipos, más aceitunas, ensaladas, panes, salsas, etc. Mesas que aquí pueden ser muy comunes, pero que, en Cuba, un pueblo donde se habla de jutias y avestruz, de soya y hamburguesas conformadas Dios sabe de qué, un pueblo que sigue con un solo pan malo al día y que recibe cada mes una mala ración reglamentada, que no alcanza para satisfacer de verdad los primeros 10 días del mes, son difícil no sólo de tener, sino de tan siquiera soñar.
Liz, como primera dama, no ha encontrado otra cosa de importancia que apoyar, o quizás crear, que eventos para la imagen Cuba, nada más y nada menos que con la comida. A Liz no se le ha ocurrido otra cosa como primera dama, que traicionar y por qué no, agredir, sobre todo a las abuelas y madres cubanas, encargadas de poner a la mesa un plato de comida para sus familias. Los que vivimos en Cuba muchos años sabemos que, desde hace mucho, esa, la tarea de poner un plato diariamente en la mesa de cada familia puede ser considerada la tarea revolucionaria más grande de cualquier ser humano. Liz, como primera dama, deberían repartir medallas a aquellas abuelas y madres que llevan esta actividad diariamente.
Quizás la primera dama cubana, se leyó también la biografía de Michelle Obama y ha tratado de imitarla con el tema de la comida, sólo que las diferencias son abismales. La Obama, preocupada por la mala alimentación de una parte de la población norteamericana y los grandes problemas que este país tiene con la obesidad, enfermedades cardíacas, colesterol alto, etc., incluso en niños, propuso cambiar los hábitos de consumo. Ella personalmente, salió regularmente a comprar a los pequeños agricultores sus producciones, tratando de estimular el consumo de comida más sana y fresca, acciones a la que arrastró a sus más cercanos.
Luego trató de cambiar lo que las escuelas, sobre todo las escuelas, ofrecen a sus estudiantes como comidas. Menos chatarra, más vegetales y frutas, más carnes frescas y con menos químicos. Esto que parecía una buena acción, no para sus hijas, sino para todos los niños y jóvenes de este país, le garantizó una enorme resistencia, porque las grandes compañías productoras de alimentos se opusieron. Cambiar hábitos, tradiciones y sobre todo intereses económicos no resulta fácil, ni tan siquiera para la primera dama de los Estados Unidos. La idea de comer sano no tuvo mucho éxito a nivel nacional.
Entonces la Obama, que por cierto acaba de ganar según la encuestadora Gallup, el premio a la mujer más admirada de los Estados Unidos en el 2019, no se quedó con las manos cruzadas y lanzó la idea bomba de transformar, nada más y nada menos, que el jardín de la Casa Blanca para convertirlo en un huerto. La idea de “joder” uno de los jardines más importantes de todo el país, le ganó miles de enemigos. Al principio nadie estuvo de acuerdo. Ni su propio esposo, el presidente Barack, estuvo al principio muy convencido de que la idea era buena.
Creo que Barack en la intimidad debe haberle dicho: mi negra, ya bastante con que nos acepten aquí y no nos hayan echado a la calle, para que ahora tú quieras desgraciar el lindo jardín. Entonces ella no cedió, habló con hasta las 11 mil vírgenes, con funcionarios, senadores y personas de influencia, escribió cartas, celebró reuniones y al final, increíblemente, logró que la autorizaran a levantar un buen pedazo del jardín más famoso de la Unión, para hacer un huerto.
A ese huerto entonces invitó, no a sus amigas millonarias, sino a las madres y los hijos de las escuelas más cercanas, para trabajar, sembrar, mantener, cosechar y por supuesto comer, lo que allí se cultivaba. La acción fue un éxito, todos querían venir a trabajar y comer en la Casa Blanca, momentos en los que la primera dama y sus asesores del agro y la ciencia, daban información y hacían demostraciones de lo que significa comer sano. No pudo irle de frente a los monopolios fabricantes de comida, era la primera dama, no la faraona, pero de seguro les dio un golpe en la misma medida que logró convencer a muchos de que debían cambiar la forma de consumir. No sé si Melania habrá continuado la idea, imagino que no.
La acción puede parecer algo loca, obviamente inusual, de poca repercusión, teniendo en cuenta que somos más de 300 millones aquí adentro, pero algo bueno hizo. Algo no sólo para su amoroso esposo, sus dos hijas y sus amigos millonarios de las empresas y el gobierno, sino para los comunes, para aquellos de donde ella había salido y no había olvidado.
Entonces Liz, máxima expresión de la mujer cubana, en cuanto primera dama es, se dedica a auspiciar y apoyar eventos de alta cocina, con mariscos y quesos, en un país donde las personas pasan trabajo para mal comer todos los días. ¿Se podrá ir a dormir profundamente en las noches sin sentir la menor pena?, ¿Cómo entender que una mujer cubana, holguinera, madre de dos hijos antes de Canel, profesora, pueda hoy tener la gandinga de posar para fotos detrás de langostas y quesos, en un país que no come?, ¿Es que están locos o todos, incluyéndola a ella, son unos hijos de puta?



Ojalá, Liz haga caso, si alguno de ustedes la conoce, recomiéndenle mi escrito y mejor, el libro de Michelle Obama, que además tiene una edición en español. Ojalá, se tome a pecho lo de primera dama y deje de jugar a las comiditas ricas celestiales para escogidos y se dedique a las tantas cosas que el pueblo y, sobre todo, las mujeres cubanas, necesitan. Ojalá, ese pueblo pueda hablar de la primera, primera dama de la revolución, con orgullo por lo que hizo para él. Ojalá, sea reconocida, no sólo por comer rico y engordar, sino por aprovechar su cercanía con el poder, para poder influir sobre lo que realmente se necesita. Liz, por pura solidaridad y respeto, debería cuidar su peso corporal, cosa que le facilitará pararse a hablar frente a la abnegada y sufrida mujer cubana.