sábado, 4 de junio de 2022

450.- Estoy aprendiendo a ser abuelo.

Recuerdo mucho a mi papá Rolando, al que todos conocían por Tito, pienso en él y siempre me río.

Fue el típico hombre cubano, de la época donde existían sólo dos categorías de orientación sexual, heterosexuales hombres y mujeres y homosexuales de ambos sexos y como buen representante de la primera, disfrutó la vida a plenitud.

Tito gustaba de la música y el baile, del ron y el café, sobre todo el buen ron y café y de las mujeres. Fumaba mucho. Tenía un peculiar dominio de la palabra y gustaba de mantener el protagónico hablando por horas seguidas, habilidad desarrollada por sus muchos años de trabajo como profesor. Siempre fue un tipo muy delgado, pero fuerte, de esa fortaleza muscular ganada con el trabajo físico y un cerebro vigoroso. Fue un tipo muy activo, de esa actividad que lo llevó siempre a ser de los primeros. Buen amigo, agradable para con las mujeres. Llamativo a pesar de no ser un Brad Pitt y no tener riqueza material alguna.

Mi padre fue un enamorado de la mujer en todos sus aspectos. En busca de la hija hembra, tuvo tres hijos varones con mi madre. Luego, muchos años después, continuo su búsqueda en los brazos de otra esposa y la vida lo premió con dos hijos varones más. De ahí su apasionada relación con mi novia y luego esposa Martica y con su primera nieta, mi hija Jennifer.

Al no haber hembras en mi familia, nosotros los tres varones, enseñados sobre todo por mi padre y abuelas, porque las actividades domésticas no eran el fuerte de mi madre, aprendimos a limpiar casa y baño, tanques de agua y cisternas, a fregar, a sacar la basura, a cocinar, a limpiar lámparas y copas, a trabajar en el jardín y el patio, todo esto de forma sistemática y planificada. Luego aprendimos como varones a cargar y poner ladrillos y bloques, hacer mezclas para hormigón, a trabajar con cinceles y mandarrias, a cortar tubos y hacer conexiones para agua, a trabajar con la electricidad, tumbar y levantar paredes, a “correr lavaderos”, a usar machetes y azadones, etc. Se podía salir a jugar, pero también había que ayudar en la casa, muchas veces primero había que trabajar para luego salir a la calle.

Recuerdo con mucho agrado que los domingos cuando terminábamos de hacer las tareas, Papá Tito, me enviaba a la bodega a comprar una botella de ron y a la casa de algunos vecinos para que nos prestaran algunos de sus discos de vinil favoritos, Serrat, Tom Jones, Barry White y a golpes de tirar los dados del cubilete, su juego de mesa preferido y probar algunos rones, nos contaba sobre la vida. Sonreía.

Escucharlo hablar y reír era un enorme placer que te atrapaba, daba lo mismo que se tratara de contarte una película que había visto o algún pasaje de la historia de Cuba. A través de sus conversaciones se vivía, se sentía la música de la escena o se veía la pólvora de los disparos en cualquier combate de los mambises, se podía descubrir las curvas de una mujer. Era fanático a su Santiago de Cuba, sus calles, sus bares, sus congas.

A pesar de su buen carácter, era una persona de respeto y cuando se encabronaba había que cogerle miedo. Era una de aquellas personas a las que había que respetar porque era hombre y en la calle lo respetaban. Era el “jefe” de una familia y hasta cuando mi madre se atravesaba, Papá Tito respondía como todo un macho, cosa que yo admiraba. Era por supuesto, un clásico tipo machista, agradable, simpático, solidario, acogedor, pero machista de la época donde los hombres debían tener una sola conducta siguiendo a los manuales clásicos, la de hombre.

Yo, quizás por ser el primer hijo lo disfruté mucho, lo estudié, compartí con él millones de horas de conversaciones y trabajos con más conversaciones y por qué no, traté de imitarlo. Con mi padre, mirándolo y escuchándolo aprendí a afeitarme y a orinar dentro de la taza del baño, aprendí a ser amigo, aprendí a hablar y a discutir hasta ver la sangre correr sin morirme, aprendí sobre las mujeres con sus historias anónimas, que luego entendí que eran sus historias, lo que me permitió cuando empecé muy joven en el giro, saber lo que tenía que decir y sobre todo dónde tenía que tocar.

Podría escribir un libro con tres tomos sobre Tito, mi padre, soy de todos mis hermanos, el privilegiado que más compartió con él y más lo conoció, por lo que tengo muchas historias, anécdotas, cuentos, recuerdos, análisis e interpretaciones.

Mi padre era un tipo que no creía en fantasmas y me enseñó, yo aún niño, con los miedos típicos de cualquier niño, que detrás de la oscuridad solo había oscuridad y que la mierda o el vómito y la sangre, sólo eran eso, mierda, vómito y sangre, a las que no había que temer.

Recuerdo que cuando empecé a presumir, andaba con el pelito largo y con un peine en el bolsillo para peinarme constantemente frente a cada espejo que me encontraba. Todavía hoy recuerdo la voz de mi padre diciéndome: _ “Roly, los hombres no se están peinando tanto y no se miran tanto en el espejo”. Hoy cada vez que me miro en un espejo, lo que hago muy pocas veces al día, escucho la voz de mi Viejo. Recuerdo que no soportaba las chancletas, decía que los hombres no salían a la calle con ellas y cada vez que me veía tratando de escurrirme con ellas puestas, me decía: _ “¿A dónde vas?, Quítate las chancletas, si no tienes zapatos, ve descalzo”. Hoy a mis 59 años, no sé caminar, menos manejar con chancletas, se me traban en los pies, lo que me lleva a casi no tenerlas o usarlas. Recuerdo que cuando me veía con las manos en la cintura, me decía: _ “Roly, quítate las manos de la cintura, los hombres no se paran así”. Hoy mi postura más cómoda mientras estoy parado, es cruzar los brazos sobre el pecho y si soy sincero, no me gustan mucho los hombres cuando para hablar se llevan las manos a la cintura.

Trabajando con él, cuando me cortaba o me salían ampollas en las manos y se las enseñaba, lo recuerdo decir, llamando a mi madre: _ “Alicita, trae un poco de mercurocromo” y a continuación me decía: _ “Métele Roly, detrás de la ampolla, viene el callo en las manos”. Hoy soy un tipo poco impresionable, los golpes y cortadas que me doy constantemente, son para crecer.

Recuerdo que cuando Jennifer nació, mi madre esperaba tranquila en su casa a que le dijeran que la madre y la niña habían salido bien. No era doctora. Mi padre, sin que yo se lo pidiera, apareció en el hospital y me acompañó todo el tiempo, con viajes a la funeraria de Luyanó para café y cigarros, hasta que vio nacer a su nieta. Conociendo entonces lo complicado del momento, probablemente de él heredé esa afición de asistir a partos de amigos y familiares. Además de los dos míos, sumo 7 más, apostado en una acera o escalera, dentro del cuarto de espera, a tiempo completo como una buena comadrona, a veces para conversar y apoyar, a veces para aguantarle la cabeza a la embarazada mientras vomita.

Errores aparte y problemas que siempre existen, mi padre fue un buen papá y lo mejor que tuvo nuestro final fue que cuando lo acompañé en su último viaje al cementerio, sabía exactamente a quién estaba enterrando. Estuve tranquilo, no excesivamente triste, porque ya conocía que la muerte existía. Nadie me tuvo que hacer un cuento, nadie me tuvo que explicar a quién enterrábamos. Asumí el protagónico tal como era esperado de un primer hijo varón machista y le dediqué buen viaje. Por lo menos a mí, no me escondió nada, podríamos estar de acuerdo o no en algo, pero siempre, a partir de nuestras largas conversaciones y discusiones, nos dijimos la verdad. A pesar de errores y problemas, me gustaría volver a tener un papá como él.

Proveniente y graduado yo de esa escuela de papá y al mirar a mis dos hijos, otra vez, a pesar de errores y desaciertos, considerar que fui bien graduado con algunos resultados notables, aunque mi especialización en ese tema aún no ha terminado ni mucho menos, ahora, a mis 59 años, me encuentro en otro nuevo curso de la vida, la escuela de cómo ser buen abuelo y desde ahora adelanto que el nuevo estudio, para nada es jamón, aunque así pueda parecerlo.

Ser abuelo es un poquito fácil y un poquito difícil a la misma vez.

Fácil, porque salvo en aquellos casos donde los abuelos sustituyen totalmente a los padres que no existen o no les interesa, por lo que dejan de ser abuelos para convertirse en padres, la responsabilidad sobre el niño no es del abuelo. El niño tiene padres que son para el caso los absolutos y únicos responsables de todo, o sea, no sólo de proveer, sino de educar, corregir, amparar, enseñar, acompañar, sancionar, homenajear, reconocer, curar, entender, etc., no importa el momento y el orden en que se necesiten estas y otras definiciones.

Los papás son los que tienen que garantizar la salud económica, la salud física y sobre todo la salud mental de sus hijos que luego les permitirán, cuando la vida los haga caminar solos, caminar bien.

Leyendo y leyendo, una vez aprendí, cosa que declaro me costó mucho trabajo, que existe o debe existir una incondicionalidad de los padres hacia los hijos y esto no tiene por qué darse al revés, o sea, de los hijos a los padres. Incondicionalidad que no quiere decir miedo, subordinación, aprobación absurda, etc. Una vez escuché a alguien decir que “el hombre es joven, mientras vive su madre” a lo que yo agregaría también mientras existe su buen padre y eso me dio ideas del papel que le tocaba a los padres con relación a sus hijos. Hoy conozco una bellísima canción de Ricardo Arjona, “Mi novia se me está poniendo veja”, que puedo retar a cualquiera que la escuche y no termine con lágrimas en sus ojos. De ahí que la madre de un asesino en serie declare que no está de acuerdo con lo que ha hecho, pero lo vaya a visitar a la cárcel, bajo la simple justificación de que “es mi hijo”.

Es fácil porque aparentemente los abuelos tenemos más tiempo, lo que no es cierto, el tiempo es el mismo para todos, sólo que los abuelos ya no tenemos la presión que el tiempo ejerce. Entonces nos enfrentamos a la vida con más calma y por qué no, con más conocimientos.

Cuando somos abuelos ya vimos la película antes, quizás varias veces en dependencia de los hijos que tuvimos, entonces podemos adelantar los acontecimientos, los hechos, los problemas, resultados y consecuencias. Es fácil de saber, sólo por ver cómo nuestro nieto se ha levantado y ha echado a correr, que luego de pocos pasos se va a caer. Es fácil de descubrir cuándo se siente mal de verdad o es una justificación para no ir a la escuela, no hacer una tarea, etc.

Difícil porque, como ya dije, no eres el máximo responsable, tienes que aprender a callar, pedir permiso, esperar, entender, sin disgustarte. Difícil porque, como ya dije, ya viste la película como mínimo una vez y entonces puedes adelantar las consecuencias, que los papás por estar metidos en medio de la candela, no es que no quieran, sino que no pueden ver.

Incluso, lo de ser abuelo tiene su parte más difícil y es, no estar de acuerdo con lo que se está haciendo y no poder cambiarlo o pasar a una fase muy dulce, madura, y sobre todo oportuna de recomendaciones. Los abuelos debemos respetar incluso aquellas cosas con las que no estamos de acuerdo y sabemos que no funciona, dejando entonces para luego la muy respetuosa recomendación.

Es increíble cómo los niños descubren desde muy pequeños a desestabilizar a una familia, quizás no lo hagan con conocimiento de causas, claro está, pero lo hacen con conocimiento aprendidos de la vida, a veces por instintos, para lograr lo que ellos quieren y lo sé, primero que todo, porque crecí y viví mientras fui soltero con mis dos abuelas.

Los niños aprendemos muy rápido a escondernos detrás de la falda de nuestra abuela cuando el cinturón o la chancleta aparece en escena, de decirle sólo a ella que mañana tiene que ir a la escuela a reunirse con el director, a conseguir que la abuela interceda frente a nuestros padres para lograr algo, siempre los abuelos son portadores de un dinerito extra para salir con nuestra novia, son imprescindibles para lograr a última hora quien te cosa un pantalón, te lave una camisa o te haga de corredera para matar un antojo un flan o una tortilla de papa y esto o algunas de estas cosas, al menos en la familia cubana, que es la que conozco, termina por enfrentar a los padres y a los abuelos, mientras que los nietos se ríen, disfrutan y se salen con las suyas.

Los abuelos estamos llamados a mantener la paz, lo que no significa apatía. Estamos interesados a mediar casi siempre, pero sin violar las disposiciones que emanan del alto mando, o sea, los papas. Tenemos que ayudar y entender a nuestros nietos, sin convertirlos en mentirosos, o sea, permitir o enseñar que mientan a sus padres y luego al mundo o peor, convertirlos en unos monstruos a partir de nuestras malacrianzas y permisibilidades. Los abuelos estamos llamados a respetar a nuestros hijos con sus decisiones y más allá de recomendaciones y consejos, sobre todo cuando se nos piden, admitir que ellos necesitan probar y obtener sus propios resultados, muchas veces, sería lo mejor, mejorar lo que nosotros hicimos como padres.

A los abuelos se nos exige cierta inteligencia a la hora de acercarnos y relacionarnos con nuestros nietos. No podemos competir con sus papas y obviamente no podemos competir con nuestros nietos. Tenemos que poseer o crear una enorme capacidad de adaptación. De ahí que me encuentro nuevamente como alumno en la escuela de cómo ser un buen abuelo.

Mia, mi nieta, es una niña normal, como cualquier otro niño, pero posee sus propias cosas que la diferencian. Ella puede a sus nueve años, coser a mano y hacerse un vestido, tocar guitarra o practicar taekwondo y caerle a patadas a un saco de arena y combatir sin miedo con cualquiera, sexo y edad, que le caiga al frente en sus clases. Es una niña interesada en las piedras que dice que va a ser geóloga y que paralelamente se mueve a la velocidad de un lince dentro de todos los aparatos electrónicos que se han inventado. Gusta de ayudar a cocinar, hacer pizzas junto a su padre es su predilección.


Entonces es una nieta que merece una especial atención. Los abuelos tenemos que hablar mucho, tenemos que leer, tenemos que trasmitir valores e ideas que puedan servir para ayudar a formar una persona fuerte. La debilidad y la fragilidad es una de las características que más se aprecian hoy en los jóvenes, me arriesgaría a decir que, en muchos países del mundo, sobre todo los más desarrollados, entonces no podemos esperar; la infancia es precisamente el momento para construir la base de esa fortaleza, lo que no significa, para nada, destruir la sensibilidad.

Los abuelos aparentemente tenemos más tiempo, lo que es incierto, en realidad cada día nos queda menos de ese tiempo, entonces cada acción debe ser de campeonato.

Para mis amigos abuelos, que hoy deben estar rondando como mínimo los 50 años y para aquellos que aún no han llegado, pero llegaran, la idea siempre es la misma, colaboremos sana e inteligentemente con el sano e inteligente desarrollo de nuestros nietos, que tal como nos pasó con nuestros hijos, no son para nosotros, no los podremos tener dentro de una urna de cristal, no podemos lograr que la vida y sus avatares los impacten.

Hace unas semanas vi que mi nieta saltaba una “suiza”, se divertía y sonreía y para demostrarle que su abuelo era aún joven y vigoroso y que sobre todo también podía saltar recordando su niñez, le pedí el pedazo de cuerda y comencé a dar saltos. Al quinto o sexto salto, donde pensé que el corazón se me saldría por la boca, tuve que parar. A pesar de mi fortaleza física, experto yo en bailar “suiza”, mis rodillas no soportan ya saltar con mis 270 libras de peso.

Entonces he pensado, como compartir momentos exclusivos de calidad con Mía, más allá de conversaciones y entendimientos y he descubierto en internet, algo que, recomiendo a mis amigos abuelos, unos sitios que venden una especie de rompecabezas en 3D, (tercera dimensión) diseñados con pequeñas piezas de madera, armables, con temas muy variados: construcciones modernas y antiguas, autos, motocicletas y trenes, armamentos antiguos, relojes, etc.

Son diseños que vienen impresos en madera para ser cortados y armados, con un nivel de detalle y precisión impresionante. Mia y yo escogimos la arquitectura para empezar, a ambos nos gustan sobre todo las construcciones antiguas y dentro de ellas, para probar escogimos armar una pagoda japonesa. 

El “juego” resulta en varias horas de trabajo juntos, lo que se traduce con un niño en varias y diferentes jornadas, porque la pagoda japonesa está diseñada a partir de 250 piezas muy pequeñas de madera a las que hay que ir enlazando, armando, paso a paso para no romperlas. El trabajo en equipo necesita de leer y entender unas instrucciones y tener algunas habilidades con las manos para seguirlas. 

El trabajo en este caso nos permitió hablar de pagodas, de Japón, de los samuráis y por qué del sushi. El diseño acabado, además de un bello adorno y recuerdo, se convierte en una nueva experiencia que puedo adelantar, será inolvidable. 

Ahora, satisfechos y enamorados, proyectamos meternos en un nuevo diseño, la Torre de Londres y el edificio del Big Ben. Menos celulares y menos fotos para Facebook y más juegos y trabajos inteligentes, sobre todo en equipos.

domingo, 29 de mayo de 2022

449.- Paquete de frijoles mezclados.

Una de las cosas que me llamó la atención cuando llegué a Estados Unidos, dentro de los millones de cosas que me llamaron la atención, fue descubrir que los supermercados vendían un paquete de nylon con granos, (frijoles), de varios tipos, negros, colorados en varias variantes, blancos, chicharos, lentejas, garbanzos. La variedad de tipos y colores crea una muestra curiosamente linda.

No tengo idea de por qué se venden así. Por muchos que he preguntado, nadie ha podido darme una respuesta definitoria más allá de suposiciones. Entonces pienso que pudiera ser algo histórico que responde a momentos del pasado, de las abuelas de las abuelas, donde este país vivió penurias y hambre porque Estados Unidos no siempre fue el país rico que hoy es o pudiera responder a que se utilicen para una celebración especial, tal como la de comer pavo en determinado momento del año o que sencillamente a alguien se le ocurrió meter todos los frijoles en un mismo empaque, se vio bien, se vendió y hoy se continúan vendiendo.

Yo, amante de los frijoles y aunque parezca autosuficiente, buen cocinero de ellos, me dispuse a comprar un paquete para ver de qué se trataba y no me hicieran cuentos. Martica, más conservadora, no muy convencida. Soy frijolero, si así se le puede llamar a una persona que consume con agrado cualquier frijol y que los extraña cuando por algunos días no aparecen en mi plato.

Lo mejor que tienen los frijoles es que son diferentes desde su propia concepción y, por supuesto, por su sabor. Los negros, llamados en Cuba frijol de los pobres, porque hay que echarle poco para que sepan bien y que cuando se tiene paciencia, saben mucho mejor al día siguiente de haber sido cocinados, con aceite, vinagre y un pedazo de pan. Los colorados, en todas sus variantes de colores, formas y tamaño, a los que no pueden faltarles la papa, la calabaza y un pedazo de carne de puerco, con los que se hace el real congrí oriental, mejor para mi gusto que el moros y cristianos con frijoles negros típico del occidente cubano. Los chicharos, de los cuales nos llegamos a aburrir y detestar en una época por su consumo abusivo, pero que son ricos y convertidos en el afamado puré San Germán con mantequilla, queso y morcilla son inigualables. Los frijoles blancos, a los que hay que acompañarlos con acelga, chorizos, morcillas, jamón, puerco y que todo ese agregado crea un sabor único. Las lentejas, que no gustaban a muchos en Cuba porque su color no era agradable, aquellas venían de Checoslovaquia y decían que sabían un poco a tierra, pero que luego al conocer las de Canadá que eran muy diferentes, aquí las hay de varios colores, incluyendo el naranja, a la que se le puede calzar con carnes, se dejan comer perfectamente bien y por último los garbanzos, ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡oh!!!!!!!!!!, los garbanzos, que de seguro nos enteraremos un día de que son también la comida de los dioses. Mi suegra siempre me dice que, en sus años de juventud, allá por la Cuba capitalista obviamente, se les echaba, sobre todo a los blancos y garbanzos, algo que se llamaba unto, una suerte de tocino o gordo de cerdo, con un olor muy fuerte frisando con el mal olor, aparentemente rancio, que los españoles utilizan y que dan a los frijoles un sabor especial.

Pues volviendo a los frijoles variados, me los compré, mi mujer me los cocinó y para mi desilusión, nada fue excepcional. Son una mezcla, quizás por la cantidad, que al final saben más a frijoles colorados que a otra cosa. Los colores individuales desaparecen y la mezcla toma un colorido colorado ligero. Se dejan comer, pero nada del otro mundo. Quizás hervidos y echados sobre una ensalada de vegetales, como suelen comerlos los norteamericanos, al conservar sus colores originales, se vean lindos.

¿Por qué el cuento? Porque los cubanos hoy nos parecemos o somos ese paquete de frijoles de diversos colores, que se ven lindos crudos, cuando están lejos, pero cuando se cocinan, pierden todo su aparente encanto y no pasan de ser unos comunes frijoles más.

Veamos al menos como yo veo el panorama.

La Cuba de adentro.

Existe ese pueblo dentro de Cuba que mientras más pobre, más dependiente. El gobierno desde siempre ha logrado que ese pueblo dependa de lo poco que cada día se le entrega. Un pueblo que hoy sin defender nada, se conforma, está pendiente de lo que administrativamente le toca e incluso, ya menos hoy, pero sigue existiendo, se siente orgulloso de que le den un mal pan diario, basado en el cuento de que los pobladores de África no reciben ese pan, orgullosos de que el café, el tabaco, la azúcar, los cítricos, los mariscos, etc., se exporten a cambio de que ellos no lo coman o sólo los vean por la televisión.

Esa gran parte, que no tiene otra de dónde agarrarse, espera y sigue confiando en que el gobierno proveerá, cuando pueda, lo que pueda, en las condiciones que pueda y entonces espera. Esa gran parte con miedo que prefiere esperar parada en la puerta de su casa o acera con una javita en la mano por el mensajero que le trae el pan, a veces duro, a veces viejo, a veces mojado, en vez de luchar para cambiar su situación y tener muchos panes.

Esa gran parte que no le interesa la famosa libertad de expresión, la gloriosa democracia, la necesitada constitución que los defienda y se conforma con quejarse en voz baja y sin mucho espaviento con otros cubanos de que el café que debía haber llegado el día primero del mes, tiene 25 días de atraso y sigue resignado a confiar en una funcionaria del gobierno, gorda, que no mira a la cámara de TV por pena, que dice que todo está garantizado, que el café existe, que no se preocupen, sólo que el atraso se debe a que un ciclón pasó por la Isla de la Juventud y eso ha afectado la distribución o que los norteamericanos tienen bloqueada la llegada de los paqueticos de nylon para empacarlo.

Esa gran parte del pueblo de Cuba que siempre fue religiosa, católica y santera al mismo tiempo, capitalista, amante de la democracia, echada para adelante, constructora, innovadora, disfrutadora, que sin más, un buen día se convirtió en furiosa comunista, escondió su religión o al menos su religiosidad, que cambió sus valores patrióticos y los trocó con un amor al gobierno, que comenzó a amar a los “hermanos” soviéticos tan lejos y distantes de Cuba y que no sólo apoyó cada idea loca por décadas, sino que sirvió de tribunal, fiscal, juez, cárcel y paredón de fusilamiento contra todo el que, por pura lógica, mostrara el más mínimo desacuerdo.

Dentro de esa gran masa a la que llamamos pueblo y que nos parece que es algo homogéneo, existen y cada día existen más, personas que se han escapado de la manada, al menos desde el punto de vista económico, aspecto que es permitido, manejado y utilizado estratégicamente por el gobierno desde siempre. Cubanos que por las más disimiles vías han logrado ocupar posiciones dentro del turismo, dentro de las firmas extranjeras y las corporaciones, dentro de los puestos de trabajo donde se puede resolver algo, digamos las gasolineras, las fábricas, los almacenes, aquellos puestos que garantizan viajes al exterior, más el grupo de cubanos llamados trabajadores por cuenta propia que se han hecho, no sin grandes sacrificios, de negocios prósperos al menos dentro de Cuba, como los paladares y cafeterías, etc., que, viviendo como capitalistas, comprando casas, carros, pasando vacaciones en hoteles y teniendo posiblemente miles y miles de pesos o dólares “clavados”, defienden el socialismo o al menos no se opone a él. Gran contradicción para una parte de un pueblo que se alegra de no estar más atrás, para donde incluso no miran más y no quieren volver, que vive como vivo yo, con las mismas ventajas y privilegios del capitalismo, pero que tiene que seguir, al menos en apariencia, rogando porque el sistema comunista perdure, para poder seguir escapando. El robo y la corrupción, a todos los niveles, es como resultado una de las instituciones más sólidas, estables, duraderas y desarrolladas que ha logrado la revolución en sus más de seis décadas de gobierno.

Dice el refrán popular que “el que empuja, no se da golpes”, entonces estos son unos empujadores, que no están de acuerdo, pero al mismo tiempo están de acuerdo. Este grupo sin escrúpulo forma parte de las filas de la juventud y el partido comunistas como armadura para quitarse el golpe de arriba. Este grupo viste diariamente armaduras como los guerreros feudales que no se quitan ni para ir a dormir por miedo a que su propia pareja los traicione. Ese grupo que el gobierno utiliza, moviliza, muestra y chantajea a su conveniencia. El gobierno sabe que este grupo vive por encima de la media, muchos de los descendientes del gobierno hoy forman parte de estos grupos, que roban, que acumulan, que sueñan con capitalismo, pero en realidad lo tienen cogido por el cuello y lo presionan para que no se salga de la manada política, con esa frase tan utilizada de: “sabemos que ….”

Es cierto, siempre, desde el mismo 1959 hubo descontento, esa posición fue muy rápidamente canalizada. Muchos se fueron del país y otros se conformaron con vivir un exilio interno, una segregación social, que los llevó a vivir y no participar, a ver y callar, a advertir a pequeña escala, muchas veces sólo a escala familiar y nada más.

Es cierto hoy, más que en momentos anteriores, existe una disidencia clara, definida, localizada, reconocida, conozco personalmente a varias personas que se encuentran en esa posición, pero que, exceptuando a Oswaldo Payá Sardiñas, uno de los miembros fundadores  del Movimiento Cristiano Liberación y fundador y organizador del Proyecto Varela, quien si puso en jaque al gobierno cubano y al parecer perdió la vida en un accidente de tránsito provocado, ha logrado poco y sobre todo poco apoyo de ese pueblo que se necesita en las calles. Son valientes, son arriesgados y es de reconocer el mérito que muchos tienen, pero el resultado, visto desde aquí, es pobre. O los cubanos no los conocen, no los entienden o no confían en ellos, de donde resulta de mayor garantía seguir confiando en lo que el gobierno diga y haga, al final es él quien reparte el pan diariamente.

La disidencia por un lado ha sido desmoralizada, por otro diezmada y por último está totalmente penetrada, por lo que al gobierno le ha sido fácil convivir con ella, a sabiendas de cada paso que pretenden dar, a sabiendas de que no tienen como ampliar su poder de acción. Disidencia fragmentada, con serios problemas de interpretación de ideas, con grandes rasgos de caciquismo, que se ha ido desgastando en ideas civiles y democráticas, pacíficas, de cambios “dulces”, sin grandes riesgos o resultados, en un país donde la paz y la democracia desde y por el gobierno nunca han existido. Disidencia que pretende competir en boxeo aplicando técnicas de gimnasia rítmica. Hemos aprendido poco en estos 60 años, Fidel y su combo no se sentaron a tomar café o limonada con Batista y sobre todo no le pidieron de favor que se largaran.

Pueblo que ha visto como solución la emigración de un país que durante muchos años fue receptor de inmigrantes. Pueblo que, tal como los vikingos, pero con menos condiciones y conocimientos, se lanza al mar mientras éste está abierto. Cuando lo cierran, no duda en viajar a cualquier tercer punto y desde allí, mientras fue permitido emprender viaje hacia Estados Unidos o terminar por acomodarse en sus terceros países o en los cuartos o en los quintos y que cuando esta estrategia no funciona, no duda en caer en algún país de América Central  o del Sur para desde allí emprender lo que debe ser un largo, agotador y arriesgado viaje de tres, cuatro o más meses “un ratico a pie,  otro caminando”, en trenes, guaguas, contenedores, escondidos dentro de las cargas, a caballo, pagando y pagando a coyotes, bandidos, traficantes, policías, paramilitares, intermediarios, abogados, etc., por los servicios de mantenerse vivos y llegar al lugar malo donde todos hemos querido llegar, al imperialismo más dulce y permisivo de la historia, al enemigo que te deja entrar, te reconoce, te da seguridad y garantías de vida y te permite que muy rápido sientas que no sólo has mejorado, sino que estás mucho mejor que como estabas en el país de tu origen.

Esto ha sido evidente desde siempre y hoy más que nunca, ahí están los números de los que llegan, porque los que salen y por el camino se quedan, sólo son recogidos por las estadísticas familiares.

Si algo ha tenido siempre a mano el gobierno cubano es una llave que dice “válvula de emigración”. Empezando por aquella frase de Fidel: “que se vayan, no los necesitamos, no los queremos”, apoyada vigorosamente por los fanáticos rockeros que gritaban: “que se vayan, que se vayan”, hasta esta última oleada de cubanos que salen corriendo a Nicaragua, según la ministra de turismo de ese país “a conocer los volcanes” que en Cuba no tenemos, los emigrantes voluntarios y según el propio gobierno “económicos” se van detrás del canto de sirena del “american way of life” porque son débiles de carácter.

Para los gobernantes, la emigración cubana, a veces voluntaria, a veces forzada, no tiene nada de extraño, pues es parte de la vida del hombre y entonces comienzan a hacer la historia de las primeras migraciones humanas prehistóricas del paleolítico hace más de 60 000 años y el movimiento luego por la conquista del fuego, la lucha contra los elefantes y los tigres gigantes, etc. De esa forma, aclarando que los emigrantes cubanos no son políticos y que nada tienen en contra del gobierno comunista, justifican el tema apelando a movimientos migratorios que el hombre ha seguido durante su historia en el planeta Tierra. Según dicen Marti escribió “cuando los pueblos emigran sobran los gobiernos” a lo que el gobierno comunista cubano, que se ha nombrado propietario del Apóstol deberá responder: Oh, Pepito, como siempre, tan ocurrente y creativo, seguro que se estaba refiriendo a la emigración de los leones que huyen de un rey león abusador, vago, comedor de carne y poseedor de todas las hembras. Que gracioso Pepito. Que gran imaginación”

Esta llave que se abre y cierra a conveniencia de los implicados, tanto los cubanos como el propio gobierno, ha tenido durante estos años la colaboración de otros gobiernos extranjeros, que han aparecido como salvadores aparentemente de los cubanos, pero también como cómplices del gobierno, al principio España, Venezuela, Costa Rica y los mismísimos gobiernos norteamericanos, hoy Nicaragua, Rusia, México, con los que yo estoy convencido que desde siempre el gobierno cubano a la par que gritaba “abajo el imperialismo y gusanos”, mantenía relaciones por debajo del mantel o detrás del telón con ellos. Acciones cuadradas a nivel de mafia, que, por qué no, también han favorecido a la permanencia de los malos en el poder.

Emigración cubana hacia el mundo, hacia un pasaje de avión, hacia donde tenemos un amigo o un conocido, hacia un dedo puesto al azar en un Mapamundi, que ha logrado dispersar ese origen, el cubano, por todo el planeta. Conozco cubanos en Alaska, Australia, la Patagonia Argentina, Japón, Egipto, Emiratos Árabes, Turquía, China, por sólo mencionar algunos de los más alejados y extraños destinos. Emigrados cubanos que según el gobierno aman al comunismo cubano, pero prefieren verlo desde lejos y no pocos defenderlos desde más lejos. Emigración cubana también cargada de espías, agentes de la inteligencia, personas que trabajan discretamente para el gobierno cubano, que se prestan para el envió de dinero, hacer negocios, etc.

Todo esto, y quizás mucho más, que haría muy largo este escrito, es lo que nos ha convertido en ese paquete de mezcla de frijoles de todos los colores y tipos que se ve lindo desde lejos, dentro de sus nylon, en los estantes, pero que cuando se cocinan pierden sus verdaderas e individuales características. Esa mezcla que nos reúne, pero hasta ahora no nos ha unido.

La Cuba de afuera.

La Cuba de afuera puede ser más variada que la de adentro. Salvo excepciones, aquellas personas que no tienen ni familiares, ni amigos en la isla, por lo que han logrado romper todos los vínculos sentimentales, o las personas muy afectadas que no han logrado rebasar el trauma o incluso personas muy fuertes de carácter decididas a no ceder más, los cubanos a pesar de estar fuera de Cuba seguimos siendo presa y presos del gobierno comunista.

Primero, es bueno destacar que existe el llamado “exilio histórico”, que hoy es tan histórico que prácticamente no existe. Los que aun viven, son muy viejitos a los cuales les asiste el mérito de la oposición directa y la resistencia. Exilio que más que todo hoy son símbolos, pero que tienen poca influencia ya en lo que está ocurriendo. Exilio que ha tratado de inculcar a sus descendientes el terror del comunismo, pero cuyos descendientes tienen pocos vínculos con lo que pasa en Cuba, entonces la fuerza se va perdiendo.

Lo primero que nos pasa a los cubanos y es entendible como emigrantes, es la añoranza, real o fingida y entonces nos compramos una bandera cubana, cosa que no teníamos estando en Cuba, nos ponemos a escuchar a Rita Montaner, Bola de Nieve, música que antes odiábamos, tratamos de sembrar en nuestra casa, peor, en nuestro apartamento una palma real, nos pasamos el día con Cuba en los labios y competimos entre nosotros mismos para ver quién es más cubano, quién ayuda más a sus familiares o amigos, obvio, quién sabe más de la política y la economía insular y todos, exactamente todos tenemos la solución de cómo tumbar al gobierno y cómo convertir a Cuba en cuestión de semanas en el país soñado.

Pero todo esto pasa por miles y miles de variantes, cada cubano puede ser una variante diferente, que al final, sin quererlo, sin incluso ser muy conscientes, termina por favorecer el mismísimo gobierno que nos echó o al menos creó las condiciones para que nos fuéramos.

Somos presa y presos del gobierno, porque salimos muy comprometidos con los que en Cuba dejamos, entonces aparece la idea de defender, ayudar y proteger a la familia. Tan pronto llegamos, sin poder mantenernos todavia, comenzamos a tratar de garantizar que los nuestros vivan mejor e incluso que tengan lo que nosotros no tuvimos mientras vivimos allí. Es quizás una forma de disminuir el impacto de nuestra ausencia y seguir ocupando un puesto en aquella mesa del comedor familiar.

Pero, objetivamente, con esta solución entendible y aplaudible, al final, no estamos haciendo más nada que prolongar la buena vida del gobierno.

Veamos un ejemplo, sigamos la ruta del dinero.

Yo, en contra del gobierno, envío dinero a mi madre, tratando de que no padezca más de lo que ya padece. Ella, contenta siempre, se va a la tienda y compra comida. ¿De quién es la tienda? Ella va a la bodega y compra cómodamente, desde el punto de vista económico, los mandados. ¿De quién es la bodega? Ella puede acceder en la farmacia a los medicamentos que le recetan. ¿De quién es la farmacia?

Mi madre determina no comprar en las tiendas y se dedica a consumir en el mercado negro. Llama a su proveedor de carne de res, o de ajos y cebollas y le hace una buena compra. Entonces el proveedor tiene el dinero para ir a la tienda, la bodega o para sentarse a tomar cervezas en uno de los quioscos donde se venden sin estar totalmente frías. ¿De quién es el quiosco de las cervezas?

Bueno, le envío dinero a mi madre para que se haga una cafetería y venda panes con jamón casero. Mi madre tiene primero que pagar impuestos. ¿Quién cobra los impuestos? Luego para justificar su legal negocio tiene que comprar parte de los productos en las tiendas habilitadas para ventas en monedas extranjeras. ¿De quién son las tiendas? La otra parte hábilmente la comprará por fuera, a ese o esos proveedores que todos sabemos que existen, ese dinero no va a parar al gobierno, pero los proveedores se van a la tienda por jabón, aceite, mayonesa, etc., o se sienta a tomar cervezas. ¿De quién son las tiendas y las cervezas?

Mi madre necesita un par de zapatos. ¿Cómo funciona? Es sencillo, voy a la tienda y tengo que pagar por el zapato que escojo. Luego como no vivo en Miami, tengo que meter los zapatos en una caja y enviarlos por correo nacional a una agencia en la Florida, por lo cual tengo que pagar en dependencia del peso y el tamaño de la caja. Luego la agencia, que estoy convencido de que todas son del gobierno cubano cobra de 8 a 10 dólares por el envío a Cuba. Con el dinero invertido pudiera comprarle a mi madre aquí 5 pares de zapatos diferentes. Pagamos recargar telefónicas para que los nuestros disfruten de Facebook y WhatApps y no paren de tirarse fotos y no paramos de llamar a Cuba a través de agencias que también estoy convencido de que son del gobierno cubano. Una llamada a China desde Estados Unidos poniendo $10.00 dólares garantiza nada más y nada menos que 345 minutos de comunicación a un teléfono fijo o móvil. Pagando $ 10.00 dólares se obtiene tiempo ilimitado para llamar desde Estados Unidos a México. He encontrado una oferta para llamar desde Estados Unidos a Argentina, el costo, la módica cifra de 1.0 centavos por minuto. ¿Cuánto cuesta llamar desde Estados Unidos a Cuba?, ¿A dónde va a parar el dinero de las llamadas?

Y así, cada cubano aporta para mantener toda la estructura, por demás, extremadamente grande e improductiva de ese gobierno, que ha hecho el pan teniendo a millones de cubanos trabajando en el exterior sin tener que pagar por ellos absolutamente nada.

Todos queremos regresar a Cuba, sentimiento entendible humano. Entonces nos portamos bien, tratamos de no marcarnos, tratamos de mantener un perfil bajo, porque sabemos que, de convertirnos en monitores, el gobierno fríamente, ya dentro de los salones del aeropuerto cubano puede no dejarnos entrar o puede dejarnos entrar y luego no dejarnos salir. Entonces los cubanos, abogados todos, somos expertos en formar líos en cualquier cola, en cualquier lugar del mundo, menos en Cuba. Cuando llegamos a nuestra querida isla, somos y nos comportamos como ciudadanos ejemplares, más ejemplares que los que allí viven todos los días. Seguimos evitando los temas neurálgicos, nos evitamos las críticas fuertes públicas escudándonos en que hemos llegado de paseo. Nos metemos las colas, pagamos altos precios, recibimos mal servicios, aceptamos ser maltratados desde que ponemos un pie en el mismísimo aeropuerto, tomamos cervezas calientes, todo bajo la justificación que solo vamos a estar 10 días y que con mucha pena y dolor por volver a alejarnos de la isla y los nuestros, al poco tiempo nos regresaremos al “odiado” capitalismo.

Soñamos y soñamos con irnos de paseo a Cuba, a pesar de los millones de lugares que existen para pasear, donde de seguro se recibe mejor servicio, nos vuelve loco el regresar a Cuba a ver a los nuestros, pero también a demostrar que no hemos muerto, que el capitalismo no es tan malo, que hemos sobrevivido y que además siendo un obrero nos alcanza para vivir y para irnos de turismo. Entonces aparecen las escenas de cadenas y manillas de oro, alquiler de autos de turismo, de hoteles, de subir y bajar con cervezas en las manos, de conquistar a la chica que nunca nos miró o de conquistar todos los días a una o varias chicas diferentes. ¿De quién son los autos de turismo y los hoteles?, ¿Qué hacen las chicas conquistadas con el dinerito de regalo, si no es ir a la tienda a comprar nuevos vestidos, perfumes y cosméticos para seguir trabajando?

Ahora tenemos dos grupos destacados de emigrantes. Los cubanos que hoy se han repatriado, o sea, viviendo en el capitalismo, disfrutando del capitalismo donde quiera que se encuentren, porque prácticamente no existe otro sistema socio político hoy, no conozco cubanos que vivan en Corea del Norte, se regresan a Cuba, al mismo gobierno que no soportaban antes porque el gobierno, salvo algunos cambios de caras, es el mismo o es peor y luchan la “nueva” condición de cubanos, carne de identidad y bodega incluidos.

Cubanos, que pretenden siempre estar en el lado frío de la tortilla, que entonces ganan dinero aquí y se lo van a gastar a Cuba. Que prefieren asistir a los malos o deteriorados hospitales hoy, sólo porque son gratis o porque el “regalito” que hacen a médicos, enfermeras, etc., siempre es menor que pagar en sus lugares de vida. Cubanos que ganan dinero aquí y pretenden abrir negocios en Cuba, a pesar de que saben de memoria de que no existen garantías para absolutamente nada. Cubanos que se sienten orgullosos de volver a recoger los mandados en la bodega de sus barrios, que prácticamente ya no existen y que prácticamente ya no tienen mandados.

Otro grupo destacado, son los llamados “emigrantes del pan con bistec”, que me gustaría decir que no me gusta tal nombramiento, me parece ofensivo, sin embargo, es cierto que existe un grupo, que es nada más y nada menos que el resultado del gobierno cubano de estos últimos años, que su objetivo es un jean de brillos, una cadena de oro, un celular, un carro de 0 millas, los implantes de tetas, nalgas, labios, etc. Ese grupo es muy fácil de tratar por el gobierno, ese grupo es el definido como sin ideas políticas definidas y por tanto no en contra del gobierno cubano. Ese grupo sólo quiere comer, engordar, posar para fotos y tan pronto pueda irse a Cuba a vacilar, sin importar si ese país ha regresado al feudalismo o esclavismo. A ese grupo le da lo mismo que crezcan los niños o que crezcan los accidentes.

Pero, lo más llamativo de todo lo llamativo, es cubanos fuera de Cuba que defienden furiosamente al gobierno cubano todavía hoy, a pesar de todo lo que hemos pasado. Cubanos que mantienen una posición dulce, de acercamiento, de entendimiento, de justificación hacia el gobierno y que se dedican a criticar sin el más mínimo pudor a los países que los han acogido. Cubanos mal agradecidos, que ahora se nombran revolucionarios y que exhiben las fotos e ideas de Fidel, Che, no de Raúl porque no tiene ideas, de Díaz Canel, etc. Cubanos que se reúnen con el gobierno cubano y se prestan para desarrollar campañas a favor del gobierno, disfrazadas en la imagen de la familia o de Cuba como país.

Cubanos que su inconformidad los hace conspirar. No viven en Cuba, porque en Barcelona, Madrid, Paris, México, Brasil, por supuesto Estados Unidos, se está mejor, pero pretenden con sus ideas democráticas, de derechos humanos, de patriotismo, etc., prolongar la permanencia del gobierno y por supuesto tener en Cuba un refugio para vacilar. Cubanos que no tienen las agallas para decirse: estoy de acuerdo con el gobierno, me parece que esa es la solución de futuro para la humanidad, pues renuncio a mi condición de sueco y me voy a vivir como mis hermanos cubanos. Entonces desde allí si podré gritar viva Fidel, viva Raúl, viva el socialismo, Patria o Muerte, Vencemos y sobre todo la única opción, Socialismo o Muerte.

Si quieren ver una muestra inexplicable de lo que digo, visiten algunos llamados influencer que están aquí mismo en Estados Unidos, es más, en el mismísimo corazón de Miami y podrán “disfrutar” en la misma medida que sienten asco de personas que públicamente defienden al gobierno comunista de Cuba con Díaz Canel incluido y a Fidel con toda su trayectoria de desastres. Cubanos que abogan por el comunismo como sistema y que se dan el lujo de exhibir en el propio Miami una apología desmedida a estos últimos 60 años de descalabro.

Llamo la atención de que no soy un demócrata suizo, soy un demócrata cubano por lo que mi vínculo con el mundo animal está más cerca. No acabo de entender cómo esto puede suceder, amparado en la famosa libertad de expresión. No entiendo cómo se puede permitir y asumir que personas como estas trabajen públicamente, bajo órdenes del gobierno cubano, en territorio norteamericano, sin que por lo menos le pongan una bombita de humo en sus oficinas o set de transmisión. Y entonces me cuestiono las posibilidades de acabar con el comunismo en Cuba, si es que tenemos el comunismo aquí adentro y no hacemos nada.

¿Tendría yo, cubano común, que tener consideraciones con el gobierno cubano? No, absolutamente no. El gobierno cubano no me dejó expresarme, no me dejó reunirme, no me dejó formar un partido o grupo legal de oposición, me puso detenido varias semanas injustamente, me persiguió y me trató de coaccionar con varias entrevistas con miembros de la seguridad, etc. Creo que no, no debería tener consideración alguna.

Sigo pensando que usted puede pensar como le dé la gana, puede creer lo mismo en Dios que en una rana o una piedra, pero de ahí a hacer apología a un sistema represivo que no sólo destruyó a un país, sino que destruye y utiliza a su conveniencia a sus ciudadanos, incluyendo a los niños, es demasiado.

La ley del talión, para casos como estos, puede seguir siendo funcional, “Ojo por ojo, diente por diente, pan por pan”. Sería como permitir que saliéramos a la calle a bendecir la imagen de Hitler y a promulgar un nuevo exterminio de judíos. Sería como dedicar un día feriado al Ku Klux Klan y reconocer su inmensa labor por exterminar a los negros. Sería como convertirnos todos en inquisidores e ir por los pueblos cazando y quemando en las hogueras a los que determinemos como brujas o brujos.

No logro entender cómo es que se puede permitir una marcha, aprovechando el espacio legal democrático, con imágenes de Fidel, Che y consignas a favor del comunismo en Miami, en la Florida, en los Estados Unidos. Y es ahí donde no entiendo a los cubanos en sentido general. Como es que, si los que están marchando diciendo "Viva Fidel y el comunismo", no encuentren al doble o al triple de personas que los detengan y los obliguen a parar.

No entiendo entonces cómo es que podemos exigir al pueblo cubano en Cuba que se lance a la calle a protestar contra el gobierno, para que nos haga el favor de hacer la labor que nosotros mismos no hicimos y no somos capaces de partirle para arriba a un grupo que camina por las calles de Miami con carteles que dicen: "Viva la revolución cubana, Abajo el Bloqueo", que sigue acusando a los Estados Unidos de imperialismo cruel, etc.

¿Cómo es que se puede permitir que grupo de personas y repito no son uno o dos, se dediquen a hacer apología al comunismo cubano y peor a criticar todas y cada una de las acciones del gobierno norteamericano, acusándolo de todo lo malo conocido, viviendo precisamente aquí dentro de los Estados Unidos, muchas veces con apoyo o mantención del propio gobierno norteamericano? 

Repito, no soy un demócrata sueco, por lo que no debo por qué tener la más mínima consideración con el gobierno que estoy convencido que tiene, no debe, sino tiene que desaparecer ya y si es posible dejar absolutamente prohibida su existencia o vuelta, por lo menos para los próximos 64 mil milenios.

Todo esto, y quizás mucho más, es lo que nos ha convertido en ese paquete de mezcla de frijoles de todos los colores y tipos que se ve lindo desde lejos, dentro de sus nylon, en los estantes, pero que cuando se cocinan pierden sus verdaderas e individuales características. Esa mezcla que nos reúne, pero hasta ahora no nos ha unido.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

viernes, 27 de mayo de 2022

448.- “A la revolución le quedan 64 mil milenios, OHohohhhhhhhhhh”

Apartado de las teclas, pero no de las ideas, he tenido una larga conversación con mi hermano Igor sobre Cuba. Esa Cuba que sufre, que a veces parece que va a estallar, que a veces da la imagen de que se le olvida, que a veces parece que disfruta con el sufrimiento.

Mi hermano con más de 20 años de vida en Miami me dice siempre que él no se siente norteamericano, que él es cubano y, por tanto, sin llegar a la obsesión, le interesa lo que ocurre y no ocurre en Cuba y eso se suma a mi modo de ver y pensar.

Hemos concluido, Fidel no tuvo la culpa, Raúl no tuvo la culpa y hoy, el desagradable, gris, incapaz, improductivo, descarado y desvergonzado presidente actual Díaz Canel, no tiene la culpa. El único culpable de siempre ha sido y es el PUEBLO cubano, dentro del cual, obviamente, mi hermano y yo, nos incluimos con nuestra dosis de culpa.

Hace años, cuando estudiaba marketing, vi un genial video donde un empresario y profesor de éxito, daba una conferencia frente a altos ejecutivos de empresas comerciales. El experto hacia una reflexión sobre los objetivos y el desenfoque y contaba que un día a alguien se le perdió una llave en un lugar muy oscuro, por lo cual se lamentaba pues no podía abrir la puerta de su auto, pero buscaba afanosamente el objeto perdido en un lugar donde desde arriba caía un fuerte haz de luz.

Al verlo otra persona que pasaba caminando, le preguntó: ¿qué hace agachado en ese lugar mirando al suelo?

El amigo asombrado respondió: busco la llave de mi carro que se me ha perdido.

El recién llegado, habiéndose dado cuenta de que la llave no se encontraba en aquel circulo iluminado por el haz de luz, le volvió a preguntar: pero, ¿dónde se le ha caído la llave?, tratando de alertar al aparente descerebrado, a lo que éste respondió:

La llave se me ha perdido allá, señalando con el brazo estirado hacia un lugar aparentemente lejos y muy oscuro, pero la estoy buscando aquí porque es donde hay luz.

Así los cubanos hemos pasado nuestras vidas, tratando, ya sea por inocencia o por maldad, de buscar las causas en cualquier lugar sólo por el hecho de buscar y hemos dejado de encontrar, con cierto raciocinio, ya sea por desconocimiento, compromiso, hipocresía, etc., dónde está la verdadera responsabilidad. Los cubanos hemos apostado a la muerte de los malos como solución de los problemas. Los malos han muerto y por el contrario a lo pensando, los problemas, los nuestros, han ido en aumento.

Fidel, a todas luces enfermo de su cabeza y por tanto de su personalidad y carácter, encontró un caldo de cultivo fantástico donde trabajar. Actuó como un niño que descubre que si da una perreta sus padres lo complacen siempre, como un adolescente que conoce que puede quitarle la merienda todos los días a un amiguito más débil que él, como un hombre abusador que gusta pegar a su mujer a sabiendas de que ella, por miedo, se lo va a permitir siempre, como un viejo que apoyándose en su edad se las arregla para ofender y maltratar a los que lo rodean, sabiendo que no tendrá consecuencias, todo se lo van a perdonar porque es un anciano. Fidel actuó siempre por él y para él y para eso contó con un apoyo que le llegó de gratis y que luego supo gestionarse.

Los cubanos cansados de Batista, los pobres, pero también los medios ricos, muchos grandes ricos y los propios políticos norteamericanos, con ansias de vivir en paz, bailar, comer, enamorarse, seguir rumbeando y viviendo dentro de la sociedad democrática que Cuba fue hasta principios de la década del 50, apoyaron al joven de 33 años como a un nuevo mesías. Para muchos fue su líder, para muchos fue su Jesús, para muchos fue su primer amor. Era alguien parecido a una nueva estrella de Hollywood, al estilo de Jean Deen. Ese joven, disfrazado de oveja de color verde, que supo esconder sus enfermedades, su odio, su gusto por el protagonismo ilimitado, su egocentrismo, prometía que su lucha había terminado con el derrocamiento de la dictadura y que a los pocos meses se volverían a hacer elecciones al viejo estilo democrático. Cuba volvería a su ritmo tradicional.

Fidel descubrió que el pueblo aburrido disfrutaba de sus discursos, entonces compuso obras solo comparadas con las obras maestras de los grandes autores del siglo XVIII. Discursos de 7, 8, 9 horas continuas, donde dejaba la voz, cosa que el público disfrutaba como heroico y valoraba muchísimo. Horas donde se equivocaba, se contradecía, cambiaba los hechos, mentía, organizaba los detalles a su conveniencia, pero, sobre todo, edificó una relación tal como la que existía entre el emperador y el público romano frente a las competencias y sobre todo los combates de gladiadores en los coliseos. En aquellos primeros momentos y todo el tiempo luego, a nadie le importaba el contenido de las palabras, lo importante era permanecer extasiados como en un buen ballet y aguantar en muestra de aprobación las largas jornadas de ideas expuestas todas sin orden, donde a la media hora era imposible recordar por dónde se había empezado y para dónde se quería ir. 

Hace muchos años leí que el gobierno de Fidel era como el amor en una alcoba, él era el macho, el pueblo congregado era la hembra y el cuarto privado era la pública Plaza de la Revolución, donde se cuadraron no pocas decisiones, al clamor de “para lo que sea Fidel, para lo que sea”.

Con esto, Fidel descubrió que no necesitaba de un gobierno, ni muchos pensadores a su alrededor, él podía, tal como hizo, encargarse de todo. Sólo necesitaba a ese pueblo reunido y endrogado, el que con él sólo pedirlo o sugerirlo con una simple pregunta de Perogrullo, subía el dedo pulgar en aprobación afirmativa o lo bajaba para demostrar su aprobación negativa, tal como dicen ocurría en el Coliseo Romano. Algo así como: Fidel decía: _ Esperamos y estamos seguros de que ustedes no traicionaran al socialismo y a continuación preguntaba: ¿van ustedes a traicionar al socialismo? A lo que los presentes, más furiosos que en un concierto de rock de Black Sabbat respondían con un Noooooooooooooooooooooooooooooooo. Así y no de otra forma se dirigió siempre en Cuba, así y no de otra forma Fidel logró que se aprobara por unanimidad lo que ya él había diseñado y establecido que se haría.

Se repite y se repite que los norteamericanos han sido brutos, haciendo referencia a los gobiernos o gobernantes, cosa que me parece poco probable. Igor me hace reflexionar en otra idea. Los norteamericanos se emborracharon y durmieron, confiados absolutamente en que aquel joven llamado “guerrillero” sin haber tirado muchos tiros y participado en muchos combates, cumpliría su palabra de regresar a la normalidad y entonces apostaron que no duraría meses en el poder. No fueron brutos, se equivocaron, porque no pudieron calcular el poder cautivador del amigo y menos sus intenciones secretas.

Nos enemistamos, todos con el vecino más cercano, que formaba parte de nuestra cultura y desarrollo. Comenzamos a llamarlo imperialismo yanqui, enemigo, y a odiarlo, con la misma fuerza que meses antes lo amábamos y fue cuando aquellos soviéticos, al achecho siempre, con ese sentimiento histórico de gran imperio, compraron al encantador necesitado de apoyo y poder.

Imagino, sin haber estado presente cómo debió haber sido. Los padres del socialismo mundial se reunieron con Fidel y le dijeron: _ no te preocupes, te vamos a apoyar. A partir de que aceptes convertirte en la punta de lanza contra el imperialismo yanqui, te vamos a mantener a toda leche. Comienza a dar discursos y enuncia tus planes, trata de que los cubanos te crean y lucha porque los pobres del mundo te acepten como su nuevo mesías. Firmaremos contratos de todo lo que te vamos a dar, pero no te preocupes, la tinta al pasar de los meses se borra y no vas a tener que pagar mucho.

Fidel entonces estableció su estrategia. Voy a alimentar el ego en los cubanos, algo así como “we are de champions” y así apareció lo de la mejor playa, el mejor restaurante, la mejor educación, el mejor sistema de salud, el país más libre y sano, el país antes pobre donde todos teníamos que ser universitarios, la carne de res mejor del mundo, el mejor ron, la más sincera, clara y objetiva cultura, el triunfo en todas las batallas, el sobre cumplimiento de todos los planes, la mejor y más afectiva policía, el más efectivos servicios de inteligencia, el ejército más valiente y encontró un culpable siempre para aquellas “pequeñas cosas” que no se podían hacer. ¿Por qué la rana no tiene pelos? Pues porque el imperialismo yanqui la tiene oprimida y al padecer de los nervios, la rana ha trastocado su biología.

Todo eso nos enfermó, creando en todos nosotros un pueblo que se llegó a creer, por mucho, muy superior al resto de los pueblos del planeta. Entonces Fidel conociendo que ya estábamos maduros de enfermedad, mandó a confeccionar una muestra de cubanos de todas las edades, sexos, procedencia regional y social, etc., a los que le metió un termómetro por el culo que medía la destrucción de todo y sobre todo la identidad y se sintió satisfecho. Su experimento había dado resultado, podía continuar y nos dividió, nos puso a vigilarnos unos a otros, nos puso a fajarnos por cualquier cosa, daba igual un refrigerador chino o un ventilador plástico, nos hizo aprobar y aprobar todas las ideas locas que se le ocurrían en una madrugada, nos puso a regar o distribuir las ideas del comunismo por el mundo, con su compra de diplomáticos, de políticos, con sus guerrillas y preparación de guerrilleros, con sus llamadas obras solidarias y humanitarias, etc.

Al final, por suerte Fidel murió. Dicen que sus cenizas descansan en una piedra, cosa que yo no creo, pero lo más seguro es que haya pagado, incoherentemente para sus ideas públicas, muchos dólares para que sus pecados fueran perdonados y pudiera ser aceptado donde dicen que van las buenas personas. Su gran mérito no fue acabar con un país lindo e incluso próspero, que él cogió funcionando. Su mejor labor no fue dejar a un país más pobre después de muchas décadas de su unipersonal gobierno, porque con un país acaba cualquiera.

Su gran mérito, por el que va a pasar a la gran historia de la humanidad y debería recibir muchos premios póstumos, es por haber destruido totalmente a un pueblo, o sea, a los seres humanos que tuvieron la desgracia de coincidir con él en espacio y tiempo.

Y es eso lo que creo que somos, un pueblo destruido, sin muchos valores tradicionales, sin objetivos, más allá de sobrevivir o escapar, sin patriotismo. Somos un pueblo destruido y además profundamente confundido, que llama patria a un gobierno, que sigue llamando revolución a un proceso muy bien limitado en el tiempo. Somos un pueblo que es capaz de dar un bateo en cualquier parte del mundo, pero que cuando hablamos de Cuba bajamos la voz y cuando visitamos Cuba nos portamos bien. Somos un pueblo que ha perdido su identidad y que lo que teníamos de fieros, luchadores, justos, etc., lo perdimos o dejamos en el camino. Somos un pueblo que aún está buscando la llave del auto en el único lugar donde existe luz, sabiendo que se nos perdió a muchos metros de distancia.

Hoy brindamos pleitesías a Raúl Castro con el que tuvimos muy poca relación, me caben en los dedos de las manos las veces, casi todas desastrosas, que esa persona se dirigió directamente al cubano y muchos ahora, siguiendo el pensamiento más tradicional, apuestan a que cuando se muera será cuando se resolverá todo.

Y para colmo, hoy aceptamos a un personaje gris, incapaz, sin la más mínima cultura, cobrade, Díaz Canel, que las dos ideas más importantes que ha podido parir, a pesar de la proteína que come, son: “Somos continuidad” y “Háblame, Fidel, háblame” y que sin el menor pudor ordenó a las fuerzas armadas, policía, seguridad del estado y voluntarios que siempre han existido, reprimir al pueblo que se lanzó espontáneamente a pedir cambios. Soportamos a un tipo que tiene públicamente sus manos manchadas de sangre, como no muchos de los que lo antecedieron y no pasa nada. La enfermedad que Fidel nos inoculó todavía funciona y ellos lo saben. Nos manejan, nos utilizan.

Veo pueblos que, teniendo menos problemas que el pueblo cubano, se lanzan a la calle en cientos de miles. Veo pueblos que, con menos títulos universitarios y técnicos que los cubanos, se ponen de acuerdo, se reúnen, marchan y se hacen escuchar. Veo pueblos que no quieren emigrar, que no quieren dejar lo que tienen e incluso lo que no tienen y muy rápido sin tantos conceptos y estudios ideológicos, se ponen de acuerdo para demostrarle al mundo sus posiciones, sus desacuerdos, sus peticiones.

Veo a Cuba que acaba de hacer en el 2022 la peor zafra azucarera desde 1904, importando la mayor parte del azúcar que necesita. Veo a Cuba sin electricidad, si agua, cuyos edificios se caen porque ya no pueden resistir más y matan e hieren a personas. Veo a Cuba más dividida donde los extranjeros siguen siendo personas de más valía frente a cualquier cubano. Veo a Cuba estrenando una nueva y más desesperada intensión de emigrar, una vez más a través del mar y ahora caminando ilegalmente por varios países de Latino y Centro América para llegar a la frontera de aquel mismo enemigo, el imperialismo yanqui. Aquel enemigo que, aunque nos gusta e incluso vivimos de él, no somos capaces de defender.

Veo a Cuba puesta de rodillas frente a un tipo que nadie sabe de dónde salió, que no tiene el menor mérito histórico, ni la menor trascendencia. Un tipo cobarde y asustado constantemente, que alardea, guapea y vocifera respaldado por cuatro locos y el poder de las armas. Veo un gobierno que frente al enorme e inigualable desastre, lo único que puede decir es que “piden confianza" y que "necesitan más tiempo”. Veo, lamentablemente desde todos los puntos de vista, a un pueblo que ya murió y que su única idea, su mejor idea, su más sólida idea es que para vivir tiene que escapar, tiene que huir, tiene que arriesgar su vida y emigrar.

Es probable que la chica, aunque canta muy mal, no esté tan equivocada con el pedazo de canción ridicula donde grita, a lo que ellos absurda e injustificadamente siguen llamando “revolución” le pueden quedar 64 mil milenios.

OHohohohohohohohohohohohhhhhhhhhhh ...................................

sábado, 16 de abril de 2022

447.- “¿Estamos creando una generación de inútiles? Nunca es tarde para cambiar”

Pues sí, resulta que los multimillonarios magnates creadores y desarrolladores de las nuevas tecnologías, sobre todo las de uso doméstico, tienen a sus hijos en escuelas donde está prohibido el uso de celulares, los anuncios y noticias escolares se siguen imprimiendo en papel y se continúan poniendo en los murales y los profesores, a la vieja usanza, siguen utilizando pizarrones, plumones, tizas, para dar sus clases. Estos genios, no sólo han sabido y saben buscarse el dinero, sino que, conocedores de problemas y de venenos, saben qué es lo que quieren para los suyos.

Acabo de leer una entrevista a Bill Gates, donde afirma categóricamente que un niño jamás debería tocar un celular antes de, como mínimo, los 10 años, sin embargo, nosotros los simples mortales, además de pagar mucho dinero, cada día los precios son más ridículamente altos, por ejemplo, para un teléfono, nos sentimos indefensos frente a nuestro pequeño hijo con sólo 2 años de vida, a veces más pequeño, que nos está dando un enorme bateo porque quiere nuestro celular y no se calma hasta no tener en sus manitas la “mágica” caja plástica o frente a nuestra pequeña hija que con apenas 7, 8, 9 años ya está subiendo videos en Tik Tok en los que se desdobla imitando a una cantante de moda o bailando reguetón. Se han puesto muy de moda las autofotos frente a los espejos y las mejoras de los cuerpos y las caras con programas informáticos que dejan a los que posan irreconocibles hasta para ellos mismos.

Fui y soy un buen papá, creo haber escrito sobre esto antes, por lo que los temas relacionados con esta, a la que llamaríamos “super especialidad”, me siguen interesando. Fui un buen papa y no me parece petulante decirlo, los que me conocen bien pueden dar fe, aunque ya a mis cerca 60 años, cualquier opinión sobre mi posible petulancia me da lo mismo.

Veo entonces hoy que nosotros, los papás, siempre cansados, siempre estresados, siempre complicados con otras ideas realizables y no, nos sentimos tranquilos porque por lo menos nuestros hijos están calmados y se entretienen horas solos. Molestan y aparecen poco. Entonces para mantener esa “tranquilidad”, compramos y compramos más tecnologías. Más memoria en las computadoras no para estudiar y hacer proyectos inteligentes, sino para que las máquinas acepten y trabajen mejor con los modernos juegos sobre todo los de guerra, mejores cámaras para tirarse fotos frente a los espejos con esos cuerpos virados hacia atrás y hacia delante al mismo tiempo, que de seguro crearán trastornos en los esqueletos, para mostrar lo que en realidad la biología no les dio. Sillas inteligentes, que se mueven, cimbran, con bocinas incorporadas, que más parecen ser butacas de aviones de combate que un mueble cómodo y ergonómico para sentarse frente a un escritorio. 

Nosotros los mortales hoy, comemos, manejamos, caminamos, hablamos con otras personas, trabajamos, etc., con un celular en la mano. A veces me pregunto qué tiene que decir alguien o con quién tiene que comunicarse a las 6:30 am, cuando cada vez que para en un semáforo o incluso manejando, escribe un mensaje o habla con alguien. Antessss de salir el Sol. A veces me pregunto cómo es que hemos llegado a dominar el arte de caminar, subir y bajar escaleras o elevadores, cruzar calles, sin cambiar la vista de la pantalla de un celular. Nosotros los mortales hoy, estamos enviando mensajes de texto a nuestras parejas que se encuentran en la habitación contigua a la que nos encontramos y somos mal mirados cuando alguien te envía un mensaje que no ves inmediatamente, dando muestras de que eres un anormal que ha logrado vivir lejos de su celular. Cuando no tenemos el celular en el bolsillo del pantalón, nos sentimos indefensos y en peligro de no existir.

Nosotros los mortales de hoy, estamos muy contentos de no ver a nuestros hijos, porque estos están muy ocupados dentro de cuartos a los que no tenemos prácticamente acceso, bajo nuestra inventada justificación de que: _ “tú sabes, los jóvenes son así”. Nosotros los mortales de hoy, nos orgullecemos de publicar en redes sociales aquellos mensajes de: “te amo mi amor”, tratando de demostrar al mundo que nuestro amor es el más genuino y fuerte de todos los que han existido hasta ahora en la historia del amor humano, mientras nuestros hijos metidos en sus cuartos, convertidos en semi calabozos de encierro voluntario, están tratando de inventar lo ya inventado.

He tenido la desgracia de experimentar directamente junto a los padres, el suicidio de un joven de 19 años y creo que es lo más difícil de todo lo difícil que le puede pasar a un papá o una mamá. Perder a un hijo producto de un accidente, de una guerra, de una mortal enfermedad, jamás es entendible, pero al menos tiene un culpable: el accidente, la guerra o la enfermedad. La idea de un suicidio deja una enorme cantidad de preguntas que jamás podrán ser respondidas. La idea crea una posible culpabilidad de la que jamás se podrá salir. En este caso el joven no tenía falta material alguna, lo material en su vida estuvo y estaba garantizado, sin embargo, el joven, a todas luces débil, cargaba una cruz peor que la que dicen que cargó Jesús en su Via Crucis hacia el lugar donde finalmente murió, pero el joven nunca habló de sus verdaderas ideas, probablemente al joven nadie le preguntó. El joven estaba solo, porque: _ “tu sabes, los jóvenes son así”.

Los Ángeles Times, en su sección digital, publicó un estudio donde afirma que: “... el suicidio es la segunda causa principal de muerte entre los estadounidenses de entre 10 y 34 años”. ¿Suicidio a los 10 años? Es difícil de entender.

En el mismo artículo se publicó parte del resultado de la investigación del psicólogo Jean Twenge, profesor de la Universidad Estatal de San Diego, donde se asegura: “No creo que sea exagerado decir que tenemos una crisis de salud mental entre los adolescentes de los Estados Unidos" y concluye que: "según muchas medidas, los adolescentes y adultos jóvenes se han vuelto personas más deprimidas durante la última década y han sufrido niveles más altos de angustia psicológica que sus predecesores (…) Hay pruebas que sugieren que la relación única de esta generación con la tecnología digital es un factor clave”.

Más adelante el mismo profesional, asegura que: “Las tendencias del suicidio juvenil no se alinean bien con las explicaciones económicas o con los traumas públicos como los tiroteos en las escuelas o los ataques terroristas, pero a medida que los teléfonos inteligentes y el uso de los medios sociales se han vuelto omnipresentes, ha habido un cambio fundamental en la forma en que los adolescentes pasan su tiempo libre. Las actividades que benefician la salud mental, incluyendo el sueño y la interacción cara a cara con la familia y los amigos, han disminuido a medida que los jóvenes estadounidenses han profundizado su afición a los medios digitales”. Los multimillonarios magnates creadores y desarrolladores de las nuevas tecnologías, saben lo que están haciendo con sus hijos.

Entonces, ¿qué estamos haciendo con los nuestros?, ¿Estaremos contribuyendo inconscientemente claro, pero contribuyendo, a su posible futura enfermedad mental o peor, a el posible desastroso desenlace?

Hace tiempo escuché a una psicóloga argentina, dar una conferencia a teatro lleno frente a padres de adolescentes. Allí definió con muchos argumentos y ejemplos, que los papás de hoy estamos jodidos, porque crecimos teniéndole miedo a nuestros padres y ahora vivimos teniéndole miedo a nuestros hijos. Miedo, sí miedo. La relación en la época de nuestros padres fue muy rígida con muy pocas posibilidades de comunicación real. No es que fuera mala del todo, sólo fue lo que en aquellos momentos la sociedad de forma general exigía, aceptaba y aplicaba. La relación con nuestros hijos hoy ha ido al extremo opuesto, o sea, la enorme flexibilidad por parte de padres, la continua satisfacción de hasta los mínimos detalles sin exigir nada, los premios por encima al respeto y la mala conducta, el enorme desconocimiento de las realidades de sus hijos y por qué no, el miedo al enfrentamiento, a la crítica, a la obtención de respuestas, por momentos, hasta violentas.

Desde que llegué a este país, he escuchado muchas veces aquello de: esto no es Cuba, aquí hay que tener mucho cuidado con lo que haces con tus hijos porque te coje la ley. Y creo que esa es una posición “light” que los padres se han inventado para no actuar y dejar correr y correr a los hijos a su libre albedrío. Posición suave que al final crea los problemas que los hijos no traen cuando nacen. Es cierto, existen leyes que protegen muy bien a los infantes, pero una cosa es coger un martillo y darle un martillazo en la cabeza a nuestro pequeño o amarrarlo con cadenas a un árbol y otra es una sorpresiva nalgada merecida que llama al orden o un castigo reparador frente a malas acciones.

¿A quién de los que hoy tienen más o menos mi edad, no le dieron un día con un cinto?, ¿A quién no lo castigaron o dieron una bofetada frente a una falta de respeto a la abuela u otra anciana del barrio?, ¿A quién no lo sancionaron frente a una falta con una profesora en la escuela, en la época cuando los profesores eran sagrados? Nada de eso nos mató, por el contrario, nos hizo más fuertes, nos enseñó a considerar y sobre todo a respetar. El invento de que aquí a los hijos no se les puede corregir fuertemente, lo único que evidencia es la deformación e incapacidad de los padres.

Es cierto, muchos niños y jóvenes hoy, incluso llegan a amenazar a sus padres con aquello de: te voy a llamar a la policía, con ese chantaje oportunista que muchas veces logra hacer lo que les da la gana, pero también es cierto que conozco una historia de un policía llamado por un supuesto abuso infantil, que no era real, sino una malacrianza más y el policía advirtió al adolescente que la próxima vez que actuara mal con su mamá, él mismo vendría a darle la próxima nalgada.

Los padres de hoy preferimos seguir sacrificándonos, trabajando como mulos para quedar bien e incluso ser aceptados, frente a hijos que cada día se vuelven más exigentes y dan menos. Hijos desconsiderados, malcriados y por qué no, con conocimientos de causas, que crecen hijos de puta.

Los padres de hoy preferimos seguir sacrificándonos, trabajando como mulos para quedar bien e incluso ser aceptados, frente a hijos que cada día se vuelven más exigentes y dan menos.

Les dejo un pequeño artículo publicado por la Dra. Martha Delia Sirvent Cancino, que no por pequeño es menos importante. Cada padre o madre tendrá que seleccionar su camino estratégico, seguir teniendo miedo con tal de no molesta a los hijos o enfrentar una realidad a favor de salvarlos para el futuro de ellos mismos.

Ya dije que soy un buen papá, lo que no significa que sea un padre perfecto. Me he equivocado en miles de ocasiones mientras aprendía y accionaba sobre mi responsabilidad, frente a dos hijos cubanos, en Cuba una buena parte del tiempo. Mis equivocaciones, casi todas, han sido resueltas porque vivo dentro de un constante Juicio de Nuremberg en frente a mis hijos. La habilidad para cambiar de papá a amigo, cosa que parece sencilla, pero en realidad no lo es, me ha permitido hoy tener dos hijos salvos, no idealmente perfectos, pero salvos desde todos los puntos de vista.

¿Estamos creando una generación de inútiles?

LA NUEVA GENERACIÓN. Hay que llamarlos varias veces en la mañana para que vayan al colegio. Se levantan irritados, pues se acuestan muy tarde hablando por teléfono, viendo tele o conectados a la Internet. No se ocupan de que su ropa esté limpia y mucho menos ponen un dedo en nada que tenga que ver con “arreglar algo en el hogar”. Idolatran a sus amigos y viven poniéndoles “defectos” a sus padres, a los cuales acusan a diario de “sus traumas”. No hay quien les hable de ideologías, de moral y de buenas costumbres, pues consideran que ya lo saben todo. Hay que darles su “semana” o propina, de la que se quejan a diario porque, “eso no me alcanza”. Si son universitarios, siempre inventan unos paseos de fin de semana que lo menos que uno sospecha es que regresarán con un embarazo, cayéndose de borrachos o habiendo fumado droga. Definitivamente estamos rendidos y la tasa de retorno se aleja cada vez más, pues aún el día en que consiguen un trabajo hay que seguir manteniéndolos. Me refiero a un segmento cada vez mayor de los chicos de clases medias urbanas que bien pudieran estar entre los 16 y los 24 años y que conforman a la ya tristemente célebre “Generación de los NINI’S”, que ni estudian, ni trabajan, o estudian y trabajan con todo el pesar. ¿EN QUÉ ESTAMOS FALLANDO? Para los nacidos en los cuarenta y cincuenta, el orgullo reiterado era que se levantaban de madrugada a ordeñar las vacas con el abuelo; que tenían que limpiar la casa; que lustraban sus zapatos; algunos fueron limpiabotas y repartidores de diarios. Otros llevaban al taller de costura la ropa que elaboraba nuestra madre o tenían un pequeño salario en la iglesia en donde ayudaban a oficiar la misa cada madrugada. Lo que le pasó a nuestra generación es que nosotros mismos “elaboramos un discurso” que no dio resultado: ¡YO NO QUIERO QUE MI HIJO PASE LOS TRABAJOS QUE YO PASÉ! ¿Usted por qué tiene lo que tiene? Pues porque le costó su esfuerzo. Muchos sacrificios, y así es que aprendimos a valorar los esfuerzos de nuestros padres al “ver y compartir” su esfuerzo, en lugar de “ocultarlo” y aparentar que todo es “color de rosa” en la vida. Sin embargo: NOSOTROS ACOSTUMBRAMOS A NUESTROS HIJOS A RECIBIR TODO POR OBLIGACIÓN. Nuestros hijos nunca han conocido la escasez en su exacta dimensión, se criaron desperdiciando. El “dame”' y el “cómprame” siempre son generosamente complacidos y ellos se han convertido en habitantes de una pensión con todo incluido, (TV, DVD, equipo de sonido, Internet y comer en la cama. Recogerle el reguero que dejan porque siempre se les hace tarde para salir, etc…). Luego pretendemos que nuestra casa sea un hogar, o exigimos o preguntamos, por qué nuestros hijos se aíslan, no comparten con nosotros, ya que cualquier cosa es mejor que sus padres o una actividad familiar. Quien les suministró todo eso a nuestros hijos. NOSOTROS MISMOS, SOLITOS Y SABIENDO QUE NO ESTABA BIEN. Al final se marchan a la conquista de una pareja y vuelven al hogar divorciados o porque la cosa “les va mal" en su nueva vida. Los que tienen hijos pequeños, pónganlos los domingos a lavar los carros y a limpiar sus zapatos, a ganarse las cosas. Un pago simbólico por eso puede generar una relación en sus mentes entre trabajo y bienestar. Víktor Frankl dice que: “LO QUE HACE FALTA ES EDUCAR EN EL AMOR AL TRABAJO CREATIVO”. La música de moda, los conciertos, la tele, la moda y toda la electrónica de la comunicación han creado un marco de referencia muy diferente al que nos tocó, y ellos se aprovechan de nuestra supuesta desinformación para salirse con la suya. Ya que ahora los: “HIJOS MANDAN Y LOS PADRES OBEDECEN”. Pues ahora somos padres ignorantes con hijos informados, mal, pero con información al cabo. Será cierto que: ¿SOMOS LA GENERACIÓN QUE PEDÍA PERMISO A LOS PADRES; Y AHORA, PIDE PERMISO A LOS HIJOS? Estamos forzados a revisar los resultados, si fuimos muy permisivos o si sencillamente hemos trabajado tanto, que el cuidado de nuestros hijos queda en manos de las domésticas, maestros, y en un medio ambiente cada vez más deformante y supuestamente por nuestro cargo de conciencia de no tener mucho tiempo con ellos, subsanarlo con cosas materiales. NUNCA ES TARDE PARA CAMBIAR”.