miércoles, 6 de noviembre de 2013

Mia Isabella. Primer año.

Mi nieta Mía Isabella en su primer cumpleaños.
 Se cayó el dinero.
No tengo que decir mucho, es innegable el parecido que tiene conmigo.













domingo, 3 de noviembre de 2013

Lincoln in.

No voy a decirles que Lincoln es la ciudad  más linda de los Estados Unidos, no diré mentiras, sin embargo, después de vivir en ella unos cuantos meses, puedo asegurar que tiene características y cosas que me gustan.


El Estado de Nebraska está situado justo en el medio del país, lo que hace que la naturaleza ofrezca a los que aquí viven 4 estaciones bien diferenciadas, cosa que en Cuba solo vimos en los libros de geografía, entonces, en verano hace un calor horrible, por encima de los 38 grados centígrados, en otoño los árboles mudan todas sus hojas y las depositan en la calle, en invierno caen varios pies de nieve y todo se congela y en primavera la ciudad se llena de un verde muy intenso en los árboles y césped y de muchas flores que aportan una infinidad de colores.


Lincoln es la capital de este Estado que tanto he nombrado, lo que le da cierta importancia como lugar, más allá de opiniones personales. Es una ciudad relativamente pequeña y organizada, por lo que nos ha sido fácil conocerla y vivirla. 

Su estructura basada en una cuadrícula cartesiana, es como la de una parte de La Habana, donde, a partir del cruce de dos ejes perpendicularmente, se edificó en cuatro zonas bien diferenciadas, o sea,  norte, sur, este y oeste, con calles paralelas en todos los sentidos. Mayor parecido aún, pues las calles se nombran con números y las que las cruzan con letras, permitiendo una rápida localización y/o ubicación. En sentido general resulta fácil llegar a cualquier lugar.

Salvando las grandes diferencias obvias, a mí se me parece mucho al Víbora Park de mi infancia, sobretodo, por las casas con jardines sin cercas, donde el césped no se interrumpe de una esquina a otra y todos los espacios están llenos de flores. Además frente a las casas, en los parterres, espacio que está entre las aceras y las calles, existen enormes árboles que embellecen, dan sombra y fresco, tal como en mi reparto cuando yo era pequeño. Recuerdo que una de las primeras labores de cada día de las amas de casa, incluyendo a mi abuela Mama Yuya, era barrer los jardines, las aceras e incluso parte de las calles, momento aprovechado para saludar, conversar y quizás chismear un poquito con la fresca de la mañana.

Hablo del Víbora Park de mi infancia, porque el de ahora se parece más a la cárcel “Combinado del Este”. En todas las casas, quizás como un intento de protección o diferenciación, se han levantado cercas y muros en los frentes y costados. Con gusto o no, con recursos o casi sin ellos, lo cierto es que hoy son pocas las casas que no  tienen una de esas estructuras de hierro o cemento, o ambos inclusive. Las cercas, las cabillas, los hierros y los muros de cemento se han ido convirtiendo en algo normal y necesario. Ni hablar de los árboles que daban sombra y fresco, casi todos se han ido cayendo o han sido tumbados por los vecinos, por lo que la vista general es bastante triste para los que allí crecimos. Sin mencionar la “humanitaria” idea de sembrar o meter en cada esquina un edificio de microbrigada, que nada tienen que ver con la estructura con que se concibió el reparto.


Lincoln es un lugar lleno de parques. Como existe tanto espacio, no se camina mucho para encontrar un parque y otro y otro. Los de aquí aman la primavera, el verano y la naturaleza y tan pronto sale el primer rayo de Sol que calienta un poquito, todo el mundo va a la calle a caminar, correr, pasear, montar bicicletas, etc., período además aprovechado para despojarse de la mayor cantidad de ropa posible, por lo que es común ver a las personas en short, camisetas, sin camisa e incluso sin zapatos caminando por las calles, aceras y parques. Lo que a mí me gusta enormemente, pues tiene que ver mucho con mi estilo de vida. En sentido general la población es bastante sencilla, según nos han contado, puedes tener al lado tuyo a una persona de mucho dinero y nunca te enteras si no ves sus tarjetas de crédito, porque está tomándose un cafecito, sin guardaespaldas, con un jeans y una camisita o pullover de mangas cortas.

Es una ciudad tranquila. Es común ver a personas solas, incluyendo mujeres de todas las edades, que salen a caminar o pasear sus perros después de la media noche, no importa si hace calor o está nevando, sin escoltas, sin armas, evidentemente sin miedo. ¿Armas? Esa imagen, por suerte, parece que la dejamos en República Dominicana. Las personas generalmente paran sus carros para darle el paso a alguien que viene a pie o para permitir que otro carro salga o se incorpore. Martica y yo un día mientras caminábamos, nos cruzamos con la esposa del Gobernador del Estado de Nebraska, que estaba paseando a sus perritos por la acera frente a su casa y para nuestro asombro la señora no solo nos saludó muy agradablemente, sino que nos hizo un chiste relacionado con los perritos que nos habían caído atrás. ¿La esposa del Gobernador? Pues sí, la mismísima esposa del tipo.

Según los que aquí viven, Lincoln es considerada una ciudad alegre, dicen que una de las más alegres de la Unión. No sé de dónde sale esto, pero lo cierto es que las personas sonríen siempre, saludan en la calle aunque no te conozcan, incluso de un carro a otro. Todo el mundo te da las gracias por entrar a su establecimiento, negocio o sencillamente puesto de trabajo y todo el mundo te despide con una enorme sonrisa y el deseo de que tengas un buen día, desde el gran supermercado hasta la pequeña tienda de una gasolinera. Es un lugar de muchos jóvenes, sobretodo de muchas muchachas, porque radica aquí la Universidad Central del Estado de Nebraska, lo que garantiza la alegría, el movimiento, un poco de desorden “sano” y también la buena vista.

Lincoln posee un down town o centro precioso para mi gusto, es casi encantador, pues casi todas las construcciones, bares, oficinas, hoteles, tiendas, etc., son de ladrillos a vista de un rojo muy intenso, lo que le da cierto aire de antigüedad y autenticidad. Muchas casas, también de ladrillos o piedras, poseen esos lindos techos a dos aguas y balcones, que a mí me recuerdan la maravillosa casa que está en 5ta Avenida a mano derecha cuando uno sale del túnel de Malecón, que durante muchos años estuvo destruyéndose y que creo que antes de irme la comenzaban a restaurar. Entre árboles, casas de ladrillos con jardines y techos a dos aguas, grandes parques, anchas calles, etc., a mí me da la sensación de estar dentro de una película, americana por supuesto.

No es un lugar caro. Tengo la referencia de dos lugares más en los Estados Unidos. Uno es Miami, Florida y el otro es San Antonio, Texas, y de seguro la vida en Lincoln en cuanto a gastos necesarios, o sea, casa, electricidad, gas, agua, etc., es más barata. Digamos, un cuarto nada grande con un baño en una zona de Miami donde no te maten, cuesta hoy no menos de 600 dólares; un apartamento de un cuarto en un buen residencial en San Antonio cuesta más de 700 dólares. Nosotros en Lincoln por un buen apartamento de dos habitaciones, sala, comedor, cocina y un baño, todo grande, y en una muy buena zona,  en la intercepción de dos calles principales, pagamos 495 dólares mensualmente, lo que incluye además toda el agua que queramos gastar y el servicio de recogida de basura. Acabo de hablar con Ana Vilma hace unas horas y hablando de lo que estábamos viviendo, le comenté que hoy en la mañana acababa de pagar 10 dólares por cogerle un ponche a una goma, lo que me pareció una suma un poco elevada y ella sonriendo me contó que la semana pasada en su cercana Hialeah había pagado 15 dólares sin impuestos por la misma operación.

Lincoln es una ciudad americana, por lo que se habla inglés todo el tiempo y en todos los lugares. Existen emigrantes como en todos los lugares de la Unión: mexicanos,  algunos europeos, vietnamitas, tailandeses, africanos, y por supuesto, cubanos, pero como grupo ninguno tiene gran fuerza, por lo que aquello de imponer un idioma está bien lejos de suceder. Todos los que aquí viven, si quieren insertarse en la sociedad, tienen que meterle al inglés inevitablemente. Algunos mejor, otros peor, pero inglés,  por lo que la idea de medio inglés y medio español a la misma vez, que a veces se descubre en Miami, aquí no existe.

De hospitales para qué hablar, ya hice el cuento de mi operación de corazón, sencillamente hoteles 5 estrella plus. Última tecnología, atención inmejorable. Tiendas y negocios para comer y tomar, no alcanzaría una vida para visitarlos todos

En resumen, de tener vida y seguir la vida como va, es muy difícil que por el momento me mueva de este lugar, porque sencillamente me gusta, me muevo bien dentro de él, es un sitio lindo y sobretodo muy tranquilo. Estaré aquí porque tal como dice la letra de una de las canciones de la genial película cubana Habana Blues,
en un alma peregrina
no existe ciudadanía
la bandera es un dilema, la patria y la geografía
donde quiera que me encuentre
yo siento que es tierra mía.




miércoles, 30 de octubre de 2013

“En la calle no se van a quedar. Bajo ningún concepto”


Si observan con detenimiento la foto tomada por mí en Febrero del 2013, es fácil concluir que ya no estamos en Miami, tampoco en República Dominicana y no regresamos a Cuba. En Miami no nieva y en Dominicana y Cuba no hay ardillas en la calle.

¿Dónde estamos entonces? Pues estamos en Lincoln, capital del estado de Nebraska, justo en el medio de los Estados Unidos.
¿Por qué? El cuento puede ser largo y complicado o corto y sencillo, depende desde la posición y ángulo que se cuente y escuche.

Lo cierto es que nuestro paso por Miami terminó antes de lo que nosotros mismos habíamos planificado y por qué no, deseado. La familia y amigos que allí todavía tenemos no pudieron hacer por nosotros más de lo que hicieron, nosotros: Martica, Jonathan y yo, a pesar de nuestra formación, cultura, inteligencia y deseos, estábamos como ciegos sin saber para dónde coger, dónde tocar, en fin cómo resolver nuestra permanencia en la ciudad que hoy constituye como dice un comediante americano, el sur de los Estados Unidos y el Norte de Cuba.  El tiempo pasaba rápido y su ligereza aumentaba la presión sobre nosotros.

La idea era clara como la mejor agua, teníamos que resolver trabajos para poder “independizarnos”. En realidad a eso vinimos a Estados Unidos a trabajar y ser independientes, pero no solo esta frase resuelve o define esta situación.

Últimos capítulos de la temporada. Reuniones con familiares y amigos. Todos con muchos años de vida en Miami, todos deseosos de ayudar, todos con ideas fantásticas, pero en realidad no podíamos permanecer mucho tiempo más donde estábamos y la única posibilidad era conseguir urgentemente como mínimo dos trabajos que nos permitieran alquilar un cuarto donde pudiéramos estar los tres, cosa casi imposible pues somos muy grandes o un pequeño apartamento muy barato pues los salarios de los trabajos que podíamos conseguir no darían para mucho más.

Miami es una ciudad cara, los que allí viven dicen que es porque hay que pagar el sol y las playas ¿??????????. Lo cierto es que no teníamos esos trabajos. Según algunos no los buscamos lo suficiente, según otros no podíamos encontrarlos porque no sabíamos dónde y cómo buscar,  además esta ciudad hoy está superpoblada, por lo que aquello de conseguir un trabajo bien pagado acabado de llegar es difícil o a menos se nos hizo difícil en el tiempo que allí paramos.

 Tuvimos más reuniones con familiares y amigos, el tiempo llegaba a su fin, teníamos casi con urgencia que resolver y movernos, la oscuridad se hizo más densa, tan densa que llegamos a no poder ver nada, nos molestaba en los ojos, se fue volviendo casi insoportable, pero ….,  como el que tiene amigos tiene un central, un buen día, no recuerdo con exactitud la fecha, ni tan siquiera las circunstancias, apareció de pronto la luz.


Mi amigo el Ruso, en una de nuestras conversaciones por teléfono nos dijo esa frase que sirve de título a este artículo, frase que hoy ha devenido en toda una célebre filosofía de vida y que a cada rato cuando recordamos, nos repetimos alegremente entre nosotros mismos. Dicha idea, le dio un nuevo enfoque a nuestras vidas.  Nos hizo entender que Estados Unidos no es Miami solamente y que quizás podíamos cambiar el sol y las playas, por las ardillas y la nieve, nos hizo entender que existen soluciones al final del túnel oscuro, que  aquello de que “siempre que llueve, escampa” y que “Dios aprieta, pero no ahoga”, es cierto.

Tuvimos entonces tres diferentes propuestas alrededor de este asunto. Podíamos ir para Oakland en Iowa, pequeño pueblo donde vive Richard el hermano del Ruso, para Omaha en Nebraska, donde vive Mayincito, amigo de nuestra infancia y adolescencia o para Lincoln con el Ruso, en cualquiera de las tres variantes tendríamos seguro casa, comida, carro y lo más preciado: trabajo bien pagado, además de amigos que siempre nos han querido y que estaban dispuestos a ayudarnos.

Jonathan no lo pensó dos veces y dijo: “yo me voy ya y luego van ustedes”. Asistido por el impulso de su juventud, a partir de ese momento solo pensaba en viajar. Para Martica y para mí, la posibilidad era esa, pero la idea de que Jonathan se moviera solo, no nos gustaba del todo.

Muchas fueron las conversaciones telefónicas y las reuniones entre los tres, la realidad de tener que abandonar Miami se volvió una convicción. Al final, como una manada, decidimos. El lugar escogido fue Lincoln y nos mudaríamos los tres a la misma vez. El riesgo era grande, pues Lincoln es una ciudad americana, a diferencia de Miami se habla inglés todo el tiempo y en el invierno fuerte con nieve dura cuatro o cinco meses.

Era un riesgo, no una locura. Teníamos la garantía enorme de ser recibidos, acomodados y ayudados para que luego de gatear, pudiésemos caminar, cosa que, salvo los seres humanos muy aventajados, todos necesitamos.

“En la calle no se van a quedar. Bajo ningún concepto”, organizó nuestras vidas y venció al disgusto que se comenzaba a imponer. Luego de algunos trámites y 45 horas de viaje en guagua, llegamos a la estación de Lincoln en la mañana del 2 de febrero del 2013, donde nos esperaban Richard y Mayincito, más la nieve y el hielo e imagino que alguna que otra ardilla que aunque no pudimos ver, siempre están.

De ahí nos dirigimos a la casa del Ruso, ese día él estaba trabajando, pero había dejado todo cuadrado con su mujer Mayelin y su pequeño hijo Raulito para nuestra llegada. Lugar donde podríamos vivir sin apuros, gateando, hasta que pudiéramos mudarnos solos y comenzar poco a poco, paso a paso, a caminar.





jueves, 8 de agosto de 2013

Mia Isabella. (Video)



Como me quedé conectado con este tema, ahora pongo un videito, muy cortico, pero suficiente para que se pueda comprabar lo que me escribió Isabel, la mamá de Yordi, sobre la rotura del molde. Vaya, para aquellos que puedan pensar que soy sólo un abuelo "chocho". JAJAJAJAJAJ

miércoles, 7 de agosto de 2013

Mia Isabella.

Estábamos ya en Miami y nos dedicábamos, entre trámites y trámites, a ayudar a Tío Migue y Varínia en la reconstrucción de la casita que acababan de comprar. Largas jornadas de 12 a 14 horas de trabajo, en las que pudimos colaborar, y de esa forma demostrar nuestro agradecimiento a esos amigos que tanto hacían por nosotros.

Por las ventajas tecnológicas que se adquieren tan pronto se llega a USA,  hablábamos con Jenny y Yordán casi todos los días,  a veces varias veces en el día, tratando de mantenernos informados sobre todo acerca del embarazo de nuestra hija. Todo marchaba viento en popa. Jennifer a esa altura del juego había hecho una barriga perfecta, sin el más mínimo inconveniente.

En la noche del 25 de octubre del 2012, estando en el apartamento de Migue y Varínia, ya Martica y yo acostados para dormir,  recibimos una llamada de Yordán. La hora inmediatamente nos dijo que algo andaba mal y antes de contestar al teléfono, en esos segundos que transitan entre que se identifica el nombre de quien llama y se responde, las preocupaciones fueron enormes, agolpadas unas sobre otras de manera abrumadora y la adrenalina en fracciones de segundos puso a latir más rápido nuestros corazones. Nuestra hija tenía 8 meses de embarazo.

Yordán, a todas luces emocionado y preocupado a la misma vez, pero tratando con su voz pausada de no crearnos muchos problemas, nos dijo que Jenny estaba en el hospital porque en la mañana de ese día se le había roto la fuente. La noticia no era para nada nueva, por el contrario, es muy común entre las mujeres embarazadas a la hora de parir, pero el problema es que ella recién tenía 34 semanas de gestación, exactamente 6 semanas menos que las señaladas como normales para parir.

Entonces las preocupaciones que antes mencioné, dejaron de agolparse unas sobre otras para comenzar a matarnos. A partir de esa llamada cada segundo se convirtió en interminable.  No voy ahora a explicar la complicación de un parto a los 8 meses, es bien largo y yo no soy médico, sólo dejaré la idea de que es mejor parir a los 7 meses, que con un mes más. La complicación está relacionada con la membrana hialina y el desarrollo o madurez de los pulmones, lo que puede provocar no sé cuántas complicaciones incluyendo o terminando con la muerte del recién nacido en muy pocos días.

Bueno, ahora ya no estábamos en RD, sino en Miami, donde pensábamos que tendríamos tiempo para poder organizar nuestra historia, pues Jenny tenia fecha de parto para diciembre y entonces esa llamada de Yordán. Las siguientes horas fueron un martirio, a pesar de que Yordán nos mantuvo todo lo informado que pudo, en la misma medida que él iba obteniendo la información.

Yo, en el plano personal, he asistido a 11 partos, casi como una comadrona de antes. Mi plan, partiendo de ésta experiencia y tradición, obviamente era estar de primero, o segundo, pues dejaría el protagónico al padre, en el parto de mi hija. El sentimiento era enorme, era mi hija la que iba a parir y ella traería a mi primera nieta y yo me encontraba allí en Miami a miles de kilómetros de donde estaba ingresada sin poder hacer nada.

No le tengo miedo a los hospitales, he estado en ellos en miles de ocasiones, en partos, ingresos de familia y amigos, niños, enfermedades más y menos graves, la muerte y siempre he preferido estar allí, en el frente de batalla, donde se están decidiendo las cosas, que quedarme en mi casa esperando a que me lleguen las noticias, pero en esta ocasión nada podía hacer.  El nacimiento de la niña no podría esperar mucho, entonces tendría que haber tenido un avión personal para poder llegar a tiempo o mucho dinero para rentar uno y desgraciadamente no tenía ni una cosa ni la otra. Gracias que al menos estábamos en los Estados Unidos y podíamos hablarnos por teléfono con frecuencia y facilidad.

El tiempo no pasaba. Yo trataba de distraerme trabajando en la casa de Tío Migue y de distraer a Martica que estaba a mil amarrada a un celular en espera de las noticias. Miedo, angustia, por momentos terror, pensamientos que aparecían de esos que no se pueden compartir. Jenny estaba bien, la niña había estado bien, pero el adelantón de la fecha lo complicaba todo.

No voy a hacer el cuento del parto completo, ese privilegio se los dejo a ellos, quienes solitos fueron capaces de resolver y pasar todos esos momentos bien complicados. Ellos, jóvenes, quizás estaban pasando por lo más importante que habían hecho o tenido en sus vidas y no contaban ni tan siquiera con la compañía de un conocido. Gran mérito de mi hija, la que siempre tuvo garras de buena mamá y gran mérito de Yordán en su gran apoyo y decisión para enfrentar y asumir lo que pudiera pasar. No hay de otra, como dice el viejo adagio, “si la vida te da limones, haz limonada”.

Según cuenta Jenny, la historia fue larga en pocas horas, cargada de médicos, enfermeras, pruebas y más pruebas, aparatos y más aparatos, hasta que al final se determinó que había que hacer una cesárea. Las cesáreas son ya muy comunes para los médicos, pero una cosa es una cesárea por en un documental por televisión y otra es que se la vayan a hacer a tu hija. Aquello introducía otro riesgo nuevo.

Entonces Mia Isabella nació el viernes 26 de octubre del 2012, exactamente a las 6:00 pm con 5.4 libras de peso y 18 pulgadas de largo, a las 34 semanas de vivir dentro del útero de su madre. Hasta ese momento cubana, también estaba apurada por llegar a Estados Unidos.

A la niña la sacaron y en sentido general estaba bien. Según recuerda Jenny la niña lloró mucho cuando la sacaron, pero así y todo, se la enseñaron y se la llevaron junto al papá para lo que sería cuidados intensivos, por la fecha de su nacimiento y al parecer una pequeña dificultad al respirar, necesitaban mantenerla controlada y asistida.

La noticia entonces llegó a nosotros y Miami se paralizó de alegría, imagino que Cuba también. Había parido Jennifer, había dado a luz una niña, rubia y de ojos claros, muy parecida en ese momento a su papá. Para nosotros la noticia fue inigualable. Nuestra hija y nuestra nueva nieta estaban bien. Vivas.


Rápidamente se disparó el dispositivo de la “Brigada de Producción y Defensa”, y se reunió su Consejo de Dirección, integrado por Martica, Jonathan y yo y después de pocos minutos se determinó que la primera, abuela ya, saliera lo antes posible para San Antonio. La decisión irrevocable costó trabajo que algunos miembros de la comunidad miamense la entendieran, pues acabábamos prácticamente de llegar, estábamos en medio de trámites y eso podría retardar el buen futuro. Decisión irrevocable al fin, Martica después de las acciones para el pasaje, salió a los pocos días al encuentro de su hija y nieta. El buen futuro en Miami, tendría que esperar. Primero estaba lo primero.

Yo abuelo, recuerdo haber hablado con Yordán y que las lágrimas no me dejaron expresar lo que realmente quería decirle. Recuerdo que, en medio de la alegría por la noticia, sólo atinaba a agradecerle lo mucho que estaba haciendo por mi hija en mi ausencia. La posibilidad de ser abuelo se acoge de forma diferente a la que cuando uno va a ser papá. Da más tiempo a pensar, a ver los riesgos, etc. Cuando uno va a ser papá está tan atormentado y metido en el potaje que no da mucho tiempo a nada. La inexperiencia hace que las cosas pasen y casi uno ni se dé cuenta, hasta que un buen día alguien te pone a un niño en los brazos y te dicen ya eres papá.

Recuerdo que cuando nació Cesar, el primer hijo de mi prima Giselle, rápidamente llamé a mi Tío Carlos para felicitarlo por su nueva condición de abuelo y él me respondió que para nada, que todo seguía igual, que no había ningún cambio, tal como si lo de abuelo lo pusiera más viejo, más gordo o quizás morado. Yo ahora abuelo sentía desde ese mismo momento una condición especial, lo que me ratifica que mi querido Tío Carlos se había equivocado. Ser abuelo es algo diferente y de momento ni estaba más viejo, ni más gordo y mucho menos había cambiado de color.

Martica embarcó para San Antonio y esa fue mi garantía, creo que un poquito la garantía para todos. Con Martica en la gestión, por su experiencia como mamá, muchos problemas cogerían su camino. La idea era apoyar a Jenny en esos primeros momentos, tal como se había programado desde siempre en nuestra familia. La idea, costara lo que costara, era estar cerca de ella y de nuestra nieta, para ayudar y obviamente disfrutar un poquito, más allá de una llamada telefónica, una cámara o un mensaje de texto. La idea era tocar con la mano.


Yo abuelo tuve que esperar a diciembre para poder viajar. Estábamos en Miami y alguien tenía que trabajar para el buen futuro. Tan pronto tuve la posibilidad, me monté en el avión sin pensarlo dos veces y me fui a conocer a mi nieta.

Todavía experimenté nuevas sensaciones. Una cosa es ser papá, otra es que te digan que ya eres abuelo y otra, muy diferente, es tener entre tus brazos a esa nueva personita. Se abraza, se carga, se siente diferente. Ya yo la conocía cuando la logré ver personalmente, ella imagino que se preguntó y ahora, este quién es, pero se dejó cargar sin reparos, comenzando así, poquito a poquito, nuestro vínculo. Relación madura, pues ya tengo 50 años; profunda, pues suma todo el cariño anterior; inteligente, pues ya no puedo volverme a equivocar; delicada, porque yo soy grande y ella es una nueva personita acabada de llegar; malcriadora porque sencillamente yo ahora soy el abuelo.

¿Cómo será cuando sea grande? No lo sé. Después del susto de su nacimiento y los primeros días de vida, ahora mismo a los nueve meses de nacida es una niña preciosa, ya no tan parecida a su papá, pues aparecen en ella rasgos de la madre. Rubia original y con unos enormes ojos azules, que a pesar de que estamos en el país de los ojos claros, llaman la atención a todo el que la mira. Es una niña alegre, divertida, muy sociable, que no deja de encabronarse a veces por sueño o porque sencillamente está cansada de que su mami la tenga en el corral o el piso para que haga ejercicios. Es una niña sana e inteligente. Tal como me escribió Isabel, la abuela paterna desde Cuba, es una niña que rompió todos los moldes anteriores.  


Vendrán otros nietos, claro está, la misma Jenny habla de volver a parir, para eso estamos en América. Luego vendrá Jonathan y los suyos. ¿Estaremos Martica y yo allí? Claro que sí, esperamos que la muerte mientras tanto se entretenga en otras personas. Estaremos allí, aunque para cada una de esas nuevas ocasiones tengamos que posponer nuestro buen futuro.

lunes, 5 de agosto de 2013

Journey´s Concert

Nuestra llegada a Miami estuvo acompañada de una gran sorpresa, quizás una de las más grandes que mi vida. Mi hermano Igor tenía las entradas para ir a un concierto de música en vivo, lo que para mí fue un hecho extraordinariamente grande e importante.

Escucho música “americana” desde que soy niño. Esto no hubiera sido ningún mérito de haber nacido en los Estados Unidos, porque pienso que los niños crecen escuchando la música de sus respectivos países, pero para un niño cubano, supuesto a ser primero pionero "por el comunismo" y luego cosmonauta, fue una gran hazaña.

Crecí en una casa donde mi tío Carlos, escuchaba la música de su generación, Rolling Stone, The Beatles, Paul Anka, etc. Recuerdo que había un disco grande, al que llamaban “placa” que era de aluminio forrado con acetato y otro pequeño de 45 rpm, con las canciones Rain y Paperback Write, ambos de The Beatles y uno de los 15 de Paul Anka muy famoso por aquellos años. Discos que se ponían y se ponían en aquel tocadiscos verde y blanco, herencia capitalista que había en la sala de mi casa.

Entonces crecí bajo esa influencia, donde mi tío Carlos además tuvo un grupo de música y luego un cuarteto, inspirado creo en la época de los cuartetos cubanos y sobre todo en el insigne Meme Solís. Recuerdo las guitaras acústicas o de cajón donde Carlos tocaba con frecuencia las canciones de Silvio y la Nueva Trova y las guitarras eléctricas,  algunas de ellas hechas por mi tío abuelo Manolo, que fue muy buen carpintero y todo los problemas para conseguir las cuerdas originales y el invento con las cuerdas de nylon o pita de pescar.

Viví la lucha de mi tío y sus amigos por los pantalones tubitos, o muy apretados que Mamá Yuya, nuestra abuela - madre, cosía en aquella máquina Singer irrompible, que por aquellos años llegaron a ser interpretados como muestras de incipientes desviaciones ideológicas. En esto de recordar, yo niño aún, acompañé un día a mi familia a un teatro de La Habana que no logro definir ahora, para apoyar en una competencia musical al cuarteto de mi tío Carlos, el que parecía muy bien acoplado en eso de las voces, pero que cuando salieron a cantar, al decir de ellos, les quitaron el audio, escuchándose solamente gritos por separado de cada uno de los integrantes, lo que provocó obviamente que la presentación fuera desastrosa.

Mi padre también en los días de fiestas o sencillamente cualquier domingo en la mañana después de limpiar la casa o lavar, a pesar de su posición ideológica “súper definida”, me mandaba a casa de Julia y Agustín, para pedirles prestado dos discos, uno de Tom Jones en Las Vegas y uno de Barry White, los que disfrutaba muchísimo escuchando en aquel, ya viejo, tocadiscos blanco y verde.

Tengo muy claros  los recuerdos de estar sentados en la escalera de la casa de mi amigo de siempre "Ruso" quizás con  8, 9 o 10 años donde un grupo de amiguitos tratábamos de imitar los instrumentos musicales y nuestros primeros intentos por repetir las letras en inglés de las canciones de los “Aguas Claras”, Led Zeppelín y Deep Purple. Recuerdo la lucha de mi familia por oponerse a los pantalones apretados, los tennis sin media, los intentos por el pelo largo, los chicles de verdad y los de mentiras, las paredes de los cuartos medio forradas de imágenes obtenidas fuera del periódico Granma y la revista Bohemia, la música “americana”.


Así crecí, medio fajado o en realidad fajado y medio con mis padres, por lo del diversionismo ideológico y todo aquello. Para ellos la influencia era mala. Los grupos de rock, los pelos largos, pantalones apretados, alcohol, humo producido por cigarros y todo lo demás que producía humo y no eran los fumigadores contra los mosquitos, etc, era el modo de vida que precisamente ellos combatían. Sobre todo para mí era una influencia mala, pues al estar mis padres incorporados totalmente al proceso revolucionario y ser profesores de Historia y Filosofía Marxista Leninista, pienso que no solo querían que yo fuera cosmonauta, sino que llegara a ser un cosmonauta destacado. JAJAJAJAJA.

Desde esos años mi pasión pública por el rock y la música en inglés, a la que llamábamos música americana, la que al pasar el tiempo fui descubriendo que además de americanos, muchos de esos grupos eran ingleses, australianos, canadienses, e incluso hasta españoles, se desarrolló.  Mi primer grupo preferido, cosa que mantengo todavía hoy fue Deep Purple, con su inigualable cantante Ian Guillan, música que luego mis dos hermanos más chicos, Iván e Igor, aprendieron a escuchar.  A Journey lo conocí muchos años después gracias a mi hermano Iván, que un buen día apareció en la casa con el disco, Evolution, todavía en la época de los discos de pasta o acetato y a partir de ese momento quedé enamorado de su cantante, el Sr. Steve Perry y de todas sus canciones.

Entonces comencé a consumir Journey las 24 horas del día, soy el típico cubano de extremos. Música, videos, información, fotos, chismes. Y todo esto, repetido hasta el infinito, o sea, más música, más videos hasta el día de hoy, lo que creó, debo reconocer, cierto fanatismo en mi familia. No creo que ser fanático sea un gran mérito, quizás gran mérito hubiera sido convertirme en pionero "por el comunismo” y luego en cosmonauta destacado. JAJAJAJA

Desde muy jovencito siempre he soñado con conciertos en vivo. He visto miles a través de la televisión, a pesar del trabajo que aquello costaba, mantenerse despierto para violar la vigilancia de los padres en las noches y subirse al techo de madrugada para darle vueltas a la antena tratando de coger un canal americano, cintas de videos gastadas que se enredaban o partían dentro de los equipos viejos, lucha por obtener tiempo de televisión para poner aquella música que “atormenta”, salidas para casa de amigos en busca de un televisor y video que se pudiera utilizar, madrugadas y más madrugadas despierto, etc.

Entonces sabiendo lo que para mí significa, a los pocos días de haber llegado a Estados Unidos, mi hermano Igor me dio la gran sorpresa. Tenía entradas para llevarme el sábado 13 de octubre, al Cruzan Amphitheatre de West Palm Beach a ver en vivo a Journey, el grupo de música que escucho  y conozco muy bien desde hace más de 30 años. Hecho que se convirtió en una de las mejores cosas que he obtenido, obviamente después de mis dos hijos, mi mujer, ustedes todos mis amigos y familia, mi título universitario, vivir ahora en Estados Unidos, etc., etc., etc. JAJAJAJAJA. 

No creo que sea algo del otro mundo, estando ahora en Estados Unidos quizás pueda asistir a otros muchos conciertos de rock, pero, acabado de llegar, sin haber dado un “golpe” todavía, ir a ver a Journey en vivo fue sencillamente algo fuera de serie. Agradeceré siempre a mi hermano Igor el detalle. De estos detalles está hecha la vida. También a  Maylin, Mima y mi sobrino Steve, por habernos llevado a West Palm Beach y haberse quedado toda la noche dando vueltas para que nosotros pudiéramos entrar y disfrutar del concierto.

Jonathan no quiso ir, no es su música, a pesar de que el nombre que lleva es alegórico a uno de los miembros de esa banda. El ambiente fue genial, todo el mundo estaba borracho y fumado. JAJAJAJAJAJA. Ya saben, no debía decir lo de genial, porque eso de estar borracho y fumado va en contra de los mandamientos, pero en realidad fue lo que a mi lado ocurrió. Los únicos no borrachos éramos Martica, mi hermano Igor y yo. Martica y yo, porque no tomamos mucho, y mi hermano Igor porque estuvo todo el tiempo controlado. JAJAJAJAJA. A pesar del ambiente con alcohol y humo, la pasamos muy bien,  pues nadie se metió con nadie, lo que delata una enorme cultura de participación en eventos como este. A nadie le importa lo que hagas o digas, todo el mundo va a disfrutar.

La mayoría de la gente eran de mi edad y más viejos, también había jovencitos, pero menos. Me llamó la atención la cantidad de lesbianas que había, el número era mayor que el de hombres homosexuales, pero además lesbianas, suaves, libres, que se abrazaban amándose, queriéndose todo el tiempo. Lo que habla muy bien de aquello del derecho y la posibilidad que tiene la mujer en una sociedad como esta. JAJAJAJA.

Entonces el ambiente estuvo muy bueno. Cervezas y todos los otros alcoholes, cigarrillos, de los legales y los no legales, mujeres por todos los lados que se amaban libremente y música, mucha música. No había visto nada igual, pues los conciertos en Cuba tienen cierto control. Yo, a pesar de que me encontraba acabado de llegar, como he visto muchas películas americanas y muchos conciertos por TV, me encontraba en mi ambiente. Nadie se dio cuenta que era nuevo y por supuesto, nadie pudo enterarse de que venía de Cuba después de una breve escala en R.D. A todos les hice creer que había nacido aquí, y que esto de los conciertos en vivo era mi fuerte. Además como estaba disfrazado de fanático de Journey, con tatuaje y pullover incorporado, pude pasar como un seguidor más de toda la vida.

Lo de la música, pantallas, juegos de luces, etc., fue sencillamente espectacular. Como algunos de ustedes deben conocer, primero tocan otros grupos que sirven para calentar el ambiente y luego el plato fuerte. La noche abrió con Pat Benatar, (ver Wikipedia y You Tube) y para el cierre, cuando todo estaba que ardía,  Journey.   ¿Quién faltó? Imagínense, “la voz”, o sea, el Sr. Steve Perry, porque ya no está con el grupo. Si alguno de mis lectores está interesado, luego puedo darle más detalles, pues soy casi su biógrafo. JAJAJAJAJA. Pero no importa, cuando no hay perros hay que montear con gatos, como decía mi abuela Tomasa. De todas formas estaba Journey.

Del grupo original solo quedan tres integrantes, Neal Schon, Ross Valory y Jonathan Cain, y como el público lo que quiere escuchar son las canciones de los primeros años, las que marcaron a muchas personas, las que son hoy himnos, toda la música fue la del Perry, interpretada ahora por el nuevo cantante, un joven filipino, que fue descubierto en YouTube, lo que habla bien de las oportunidades que se tienen en un país como este. JAJAJAJAJA. De hecho el joven cantante debe haberse convertido en una de las personas más importantes que ha tenido ese "hermano" país.

En resumen, muy buena noche. Yo acabado de llegar, no podía pedir más. Bueno mentira, siempre se puede pedir más pues faltaba mi otro hermano, al cual le tendríamos que agradecer el haber conocido a Journey. Estaba con mi mujer y mi hermano Igor, contentos entre nosotros tres, con cervecitas y cigarritos y rodeados de “las ovejas descarriadas”. Muy buena música y muy buen ambiente, Al tocar Journey, la mayor parte del público se parecía a mí, por aquello de las argollas, los tatuajes, los pelos largos y entonces eso me gustó, ya saben, por lo del sentido de pertenencia. JAJAJAJA.