Mi nieta Mía Isabella en su primer cumpleaños.
Se cayó el dinero.
No tengo que decir mucho, es innegable el parecido que tiene conmigo.
"No hay ganancia sin dolor". "El mayor enemigo del conocimiento, no es la ignorancia, es la ilusión de conocimiento", "La Libertad sólo existe cuando no es de nadie"

Su estructura basada en una
cuadrícula cartesiana, es como la de una parte de La Habana, donde, a partir
del cruce de dos ejes perpendicularmente, se edificó en cuatro zonas bien
diferenciadas, o sea, norte, sur, este y
oeste, con calles paralelas en todos los sentidos. Mayor parecido aún, pues las
calles se nombran con números y las que las cruzan con letras, permitiendo una
rápida localización y/o ubicación. En sentido general resulta fácil llegar a
cualquier lugar.
Lincoln posee un down town o
centro precioso para mi gusto, es casi encantador, pues casi todas las
construcciones, bares, oficinas, hoteles, tiendas, etc., son de ladrillos a
vista de un rojo muy intenso, lo que le da cierto aire de antigüedad y
autenticidad. Muchas casas, también de ladrillos o piedras, poseen esos lindos
techos a dos aguas y balcones, que a mí me recuerdan la maravillosa casa que
está en 5ta Avenida a mano derecha cuando uno sale del túnel de Malecón, que
durante muchos años estuvo destruyéndose y que creo que antes de irme la
comenzaban a restaurar. Entre árboles, casas de ladrillos con jardines y techos
a dos aguas, grandes parques, anchas calles, etc., a mí me da la sensación de
estar dentro de una película, americana por supuesto.
No es un lugar caro. Tengo la
referencia de dos lugares más en los Estados Unidos. Uno es Miami, Florida y el
otro es San Antonio, Texas, y de seguro la vida en Lincoln en cuanto a gastos
necesarios, o sea, casa, electricidad, gas, agua, etc., es más barata. Digamos,
un cuarto nada grande con un baño en una zona de Miami donde no te maten,
cuesta hoy no menos de 600 dólares; un apartamento de un cuarto en un buen
residencial en San Antonio cuesta más de 700 dólares. Nosotros en Lincoln por
un buen apartamento de dos habitaciones, sala, comedor, cocina y un baño, todo grande,
y en una muy buena zona, en la
intercepción de dos calles principales, pagamos 495 dólares mensualmente, lo
que incluye además toda el agua que queramos gastar y el servicio de recogida
de basura. Acabo de hablar con Ana Vilma hace unas horas y hablando de lo que estábamos
viviendo, le comenté que hoy en la mañana acababa de pagar 10 dólares por
cogerle un ponche a una goma, lo que me pareció una suma un poco elevada y ella
sonriendo me contó que la semana pasada en su cercana Hialeah había pagado 15 dólares
sin impuestos por la misma operación.
No le
tengo miedo a los hospitales, he estado en ellos en miles de ocasiones, en
partos, ingresos de familia y amigos, niños, enfermedades más y menos graves, la
muerte y siempre he preferido estar allí, en el frente de batalla, donde se
están decidiendo las cosas, que quedarme en mi casa esperando a que me lleguen
las noticias, pero en esta ocasión nada podía hacer. El nacimiento de la
niña no podría esperar mucho, entonces tendría que haber tenido un avión
personal para poder llegar a tiempo o mucho dinero para rentar uno y
desgraciadamente no tenía ni una cosa ni la otra. Gracias que al menos
estábamos en los Estados Unidos y podíamos hablarnos por teléfono con
frecuencia y facilidad.
El tiempo no pasaba. Yo trataba de distraerme trabajando en la
casa de Tío Migue y de distraer a Martica que estaba a mil amarrada a un
celular en espera de las noticias. Miedo, angustia, por momentos terror,
pensamientos que aparecían de esos que no se pueden compartir. Jenny estaba
bien, la niña había estado bien, pero el adelantón de la fecha lo complicaba
todo.
Recuerdo que cuando nació Cesar, el primer hijo de mi prima
Giselle, rápidamente llamé a mi Tío Carlos para felicitarlo por su nueva
condición de abuelo y él me respondió que para nada, que todo seguía igual, que
no había ningún cambio, tal como si lo de abuelo lo pusiera más viejo, más
gordo o quizás morado. Yo ahora abuelo sentía desde ese mismo momento una condición
especial, lo que me ratifica que mi querido Tío Carlos se había equivocado. Ser
abuelo es algo diferente y de momento ni estaba más viejo, ni más gordo y mucho
menos había cambiado de color.
Crecí en una casa donde mi tío Carlos, escuchaba la música de su generación,
Rolling Stone, The Beatles, Paul Anka, etc. Recuerdo que había un disco grande,
al que llamaban “placa” que era de aluminio forrado con acetato y otro pequeño de
45 rpm, con las canciones Rain y Paperback Write, ambos de The Beatles y uno de
los 15 de Paul Anka muy famoso por aquellos años. Discos que se ponían y se ponían
en aquel tocadiscos verde y blanco, herencia capitalista que había en la sala
de mi casa.
Jonathan no quiso ir, no es su música, a pesar de que el nombre que lleva
es alegórico a uno de los miembros de esa banda. El ambiente fue genial, todo el
mundo estaba borracho y fumado. JAJAJAJAJAJA. Ya saben, no debía decir lo de
genial, porque eso de estar borracho y fumado va en contra de los mandamientos,
pero en realidad fue lo que a mi lado ocurrió. Los únicos no borrachos éramos
Martica, mi hermano Igor y yo. Martica y yo, porque no tomamos mucho, y mi hermano Igor porque estuvo todo el tiempo
controlado. JAJAJAJAJA. A pesar del ambiente con alcohol y humo, la pasamos muy
bien, pues nadie se metió con nadie, lo
que delata una enorme cultura de participación en eventos como este. A nadie le
importa lo que hagas o digas, todo el mundo va a disfrutar.
Entonces el ambiente estuvo muy bueno. Cervezas y todos los otros
alcoholes, cigarrillos, de los legales y los no legales, mujeres por todos los
lados que se amaban libremente y música, mucha música. No había visto nada
igual, pues los conciertos en Cuba tienen cierto control. Yo, a pesar de que me
encontraba acabado de llegar, como he visto muchas películas americanas y muchos
conciertos por TV, me encontraba en mi ambiente. Nadie se dio cuenta que era
nuevo y por supuesto, nadie pudo enterarse de que venía de Cuba después de una
breve escala en R.D. A todos les hice creer que había nacido aquí, y que esto
de los conciertos en vivo era mi fuerte. Además como estaba disfrazado de fanático
de Journey, con tatuaje y pullover incorporado, pude pasar como un seguidor más
de toda la vida.
Del grupo original solo quedan tres integrantes, Neal Schon, Ross Valory y Jonathan Cain, y como el público lo que quiere escuchar son
las canciones de los primeros años, las que marcaron a muchas personas, las que son hoy himnos, toda la música fue la del Perry, interpretada ahora por el nuevo cantante, un joven filipino, que fue descubierto en YouTube, lo que habla bien de las
oportunidades que se tienen en un país como este. JAJAJAJAJA. De hecho el joven cantante debe haberse convertido en una de las personas más importantes que ha tenido ese "hermano" país.