sábado, 15 de septiembre de 2018

Homenaje a las “ovejas negras”.

Ayer Jonathan, quien conoce muy bien mis gustos e intereses, me leyó un escrito que reproduciré al final de mi introducción y de inmediato le pedí que me lo enviara para compartirlo en mi blog con ustedes. 

Lo leído, son de esas ideas que comparto casi a diario con los más cercanos que me rodean, pues se insertan en la preocupación e interés por entendernos, conocernos y tratar de ser mejores. Estoy convencido de que una seria y buena lectura, nos ayudará a valorarnos sin engaños a nosotros mismos y luego a los que nos rodean.

Por supuesto, como el resumen me ha gustado, me di a la tarea de averiguar quién es la persona que escribió, pues nunca había escuchado sobre ella y me he quedado boquiabierto con la biografía y sobre todo el trabajo profesional del autor.

Bert Hellinger está señalado como una figura clave del mundo psicoterapéutico actual. Nació en Alemania en 1925 y ha pasado su vida estudiando y obteniendo títulos académicos en las más importantes universidades del planeta y ha trabajado en el terreno práctico en muchos países del mundo. Comenzó graduándose de Filosofía y Teología, luego de Pedagogía, y Educación Universitaria, Psicoanálisis, Terapia Primal, Psicodrama, Hipnosis, Análisis Transaccional, Programación Neurolingüística y Terapia Familiar Sistémica y, por si fuera poco, de la integración de todo lo anterior, creó su propia teoría reconocidísima hoy por el nombre de Constelaciones Familiares.

El tipo, que podría parecer medio loco por todo en lo que se ha metido, además de lo que conté, mientras fue joven fue perseguido por la Gestapo, se alistó y combatió en el frente y estuvo preso en un campo de concentración en Bélgica y para colmo después que se dio de baja como sacerdote, se casó dos veces, cosas que me hacen concluir que yo no he hecho prácticamente nada en esta vida, cuenta que después de estar 25 años en el sacerdocio, una pregunta que le hiciera un Ministro de la iglesia le hizo cambiar por completo su forma de pensar, actuar y sobre todo su concepto de cómo ayudar a los otros.

La pregunta en cuestión fue, “¿Qué es más importante para ti, tus ideales o la gente? ¿Cuál sacrificarías?”. Cuenta que, al día siguiente, luego de una noche sin poder dormir pensando en la pregunta, se respondió y dijo “Le estoy muy agradecido a ese Ministro por haberme hecho esa pregunta. En un sentido, la pregunta cambió mi vida, pues esa orientación fundamental hacia la gente ha formado todo mi trabajo desde entonces. Una excelente pregunta digna de todo.”
Sin dudas Hellinger puede ser seleccionado como alguien que sabe lo que dice y sus ideas sobre el ser humano, a partir de sus estudios y experiencias, pueden considerarse muy importantes.
Ahora, en este pequeñito escrito habla de las personas reconocidas como “ovejas negras” y por el contrario a lo que generalmente pasa, categóricamente las defiende. Visto desde un ángulo bien resumido o estrecho, habla de dos grandes grupos diametralmente opuestos. La tradición, la historia, a lo que identifica como el Árbol Genealógico y las ovejas negras, aquellas personas que han tratado de romper los esquemas y las tradiciones. Define que esas ovejas negras son criticadas, juzgadas y rechazadas, además marginadas aportaría yo y sin embargo son las llamadas a liberar las historias que frustran a generaciones enteras. Esas ovejas negras son salvadoras.
Tengo 55 años vividos, que en realidad no son muchos, pero si los suficientes como para saber un poquito de un poquito de cosas. Nunca he creído en los que acomodados en su historia o como mera justificación dicen, “no puedo hacer nada, me criaron así”. Esa idea siempre me ha parecido una falsa, a veces estúpida, justificación.
Algunas personas, quizás ineptas, no se preocupan por pensar cómo fue ayer y cómo debe ser hoy. Otros, pues sencillamente no están interesados en cuestionar nada y dejar una huella con su paso por la vida, sólo respiran, comen y defecan. Para muchos la opción de seguir la corriente es una solución hipócrita, vaga, descarada, acomodada, cubierta con una máscara de buenas normas, pues es más fácil no buscarse problemas y por lo menos, de frente, acatar y hacer lo que es generalmente aceptado. Así se está bien con todo y con todos. Muchas son personas preparadas para mentir y sonreír al mismo tiempo.
Me gustan las ovejas negras, aquellas personas que cuestionan, se oponen a lo que piensan que está mal, aunque la mayoría diga que está bien y apoyan. Me gustan las personas con criterio, dispuestas a luchar apasionadamente por lo que sienten. Me gustan las personas fuertes de carácter a los que no puedes pisar y sólo bajo el amor, el dialogo y el convencimiento puedes vencer. Me gustan aquellos que van contracorriente cuando la corriente no les cuadra, aquellos que dentro de las criticas absurdas y brutales, la marginalización o separación, se han hecho fuertes.
Me gustan mis dos hijos, que han tenido la suerte de crecer y han aprovechado lo de ser ovejas negrísimas y hoy la vida los premia. Aunque suene feo, me gusto yo, por eso no tengo que inventarme un yo diferente, porque como dicen dijo Jesús “muchos que son primeros serán últimos, y muchos que son últimos serán primeros” (Mateo 19:30) y lo de oveja negra durante muchos años de lucha, no armada, pero lucha, me ha permitido hacerme fuerte y vivir, tal como Hellinger considerando que primero están las gentes, incluso por encima de los ideales.


Les dejo aquí lo que leí, algo está claro, todos podemos escoger dentro del sistema de familia, amigos, incluso el campo económico, social y político, si queremos mantener las frustraciones históricas de los que nos antecedieron o viven a nuestro lado o ser ovejas negras. Yo, desde muy joven, escogí mi camino.
Felicidades ovejas negras.



miércoles, 5 de septiembre de 2018

Envidia y Perfeccionismo

Desde Cuba, mi madre me ha enviado este artículo que a continuación reproduzco, publicado por la revista Sputnik, que durante tantos años se vendió en los estanquillos cubanos y que quizás muchos recuerden con agrado. Pequeño magazín parecido a la famosa Selecciones norteamericana y que un buen día, sin que la revista se hubiera metido con nuestra realidad, desapareció absoluta y radicalmente.

Es una pena, la Sputnik fue y parece sigue siendo una buena revista de bolsillo, variada y actualizada, con temas muy ligeros, pero que contribuyen sin dudas al ensanchamiento de la cultura.

El tema tratado, sólo de forma general, pues es más que todo un artículo informativo sin grandes pretensiones científicas tiene que ver con algo que podemos ver a nuestro alrededor cotidianamente y analizamos en conversaciones familiares y de amigos todos los días, obviamente entre familiares y amigos que se interesan más allá de ... Tan cotidianas son algunas de estas conductas, que llegan a parecernos normales e incluso, no pocas veces, nos ponen en el cuestionamiento de si soy yo o tú el que está obrando bien o mal.

La información viene de un estudio realizado en un grupo, parece que bastante grande, de estudiantes, pero creo que lo que se concluye, no sólo afecta a ese determinado grupo, sino que se extiende a todos los humanos, a veces sin distinción de razas, países, edades, grupos sociales, profesiones, etc.

Sin saber mucho del tema, me atrevería a decir que estamos en presencia de estos problemas, como nunca antes o es que antes yo no reparaba en esos problemas. Creo que la vida antes era más pragmática, más real, las personas luchaban objetivamente por ser primero, sin muchos intereses de apariencia. 

Recuerdo, haber escrito hace ya algunos meses sobre la mentira y las posibles razones generales del por qué mentimos. Ahora este escrito viene bien para pensar en lo que nos pasa, las comparaciones, la imitación, el querer aparentar que estamos donde no estamos, la envidia y el perfeccionismo como telón para ocultar el verdadero yo y atraer cariño, respeto, consideración, atención, etc.

Claro, un tema tan complicado e inagotable, no se puede resolver con sólo leer este artículo. Es sólo una primera aproximación, para la cual reconozco que hay que tener algunas otras cosas resueltas, pero por sí solo puede llevarnos a pensar.

Teoría de la envidia: psicólogos rusos demuestran el “lado oscuro” 
del perfeccionismo.

Los especialistas de la Universidad Estatal de Psicología y Pedagogía 
de Moscú (UEPPM) analizaron el muestreo de centenares de estudiantes y 
revelaron la estrecha relación de toda una serie de fenómenos 
psíquicos negativos con el perfeccionismo. Los resultados de este 
estudio se publican en la revista Psicología y Psicoterapia 
Consultativa.

En los últimos años se observa el brusco crecimiento de trastornos de 
angustia y depresiones clínicas entre los estudiantes. Los 
especialistas vinculan este fenómeno con el aumento del nivel de la 
competición, en diferentes ámbitos de la vida de la juventud, y 
además con las esperanzas exageradas de los jóvenes de hoy.

Entre diferentes factores se discute ampliamente el perfeccionismo, es 
decir, la aspiración extremada a la perfección. Este elemento, al lado 
de la envidia, competitividad y depresión fue elegido como el índice 
clave para las investigaciones en la UEPPM.

"Del muestreo general los índices claramente más altos de la depresión 
fueron mostrados por el grupo de los “perfeccionistas más acusados. 
Es decir, este rasgo precede a la aparición de síntomas emocionales 
desfavorables en los jóvenes", comenta la profesora del Departamento 
de Matemáticas Aplicadas de la Facultad de Tecnologías Informáticas de 
la UEPPM, Marina Sorókova.

Según sus palabras, los índices de la envidia y la "orientación a la 
comparación social" resultaron factores intermedios estadísticamente 
fidedignos de la relación entre el perfeccionismo y la depresión.

Conforme a la teoría moderna de la envidia, dominar el dolor provocado 
por comparaciones sociales desfavorables es posible por dos vías: 
constructiva y destructiva.

La primera supone una clara comprensión de la envidia y la clara 
disposición a desarrollar los recursos propios; la segunda, la 
concentración en la propia insuficiencia y la activación de defensas 
(por ejemplo, lisonjas o, al contrario, hostilidad).

"Según nuestros datos, los estudiantes con perfeccionismo expresado 
prefieren la segunda vía. Para ellos no es característico contrastar 
sus juicios con las opiniones de otras personas, tampoco tener 
orientaciones positivas de competición, que pueden contribuir al 
verdadero desarrollo de la persona", declaran las coautoras del 
artículo, la profesora del Departamento de Psicología Clínica y 
Psicoterapia, Natalia Garanián, y la estudiante de la UEPPM 
AlexandríaKlíkova.


Según ambas, los estudiantes perfeccionistas, para 
compensar efectos desfavorables de las comparaciones sociales y de la 
envidia, recurren más a menudo que sus coetáneos a la 
hipercompetitividad y utilizan estrategias desfavorables de 
comparaciones basadas en contrastes.

Los datos de los psicólogos de la UEPPM confirman lo paradójico del 
perfeccionismo: desarrollándose en búsqueda del respeto y amor por 
parte de otros, este rasgo fácilmente puede llegar a ser un obstáculo 
para estas relaciones y condenar al individuo a la soledad. 

martes, 4 de septiembre de 2018

Tristeza Compartida. (Poema)

Soy un tipo con suerte. A menudo recibo halagos de las personas que me rodean por una buena conducta, por algo que hice bien, por ser agradable, etc. También recibo regaños, de los cuales no voy a escribir ahora, pero visto desde un punto de vista general, esto también me hace un ser dichoso.

Escribo, como muchos de ustedes saben. Lo hago para divertirme básicamente, aunque puede, y de hecho tiene, otras explicaciones. Y entonces cada vez que se me ocurre algo sobre algo, uno de mis más leales lectores y crítico, analiza, debate, concuerda o no, sobre lo que ha leído.

No es fácil evadirlo, es un lector sólido y convencido.

Lo bueno no es eso, aunque de hecho lo es, sino que cada vez que escribo algo y mi amigo lo lee, desata en él la necesidad de escribir y a través de sus escritos, dejar ver sus sentimientos.

A veces acompañado de su “novia” Stela, otras veces sin ella, mi amigo, deja correr su imaginación y escribe poemas con relativa facilidad.

Para muchos que lo conocen, quizás ésta habilidad pueda pasar inadvertida. No muchos pueden imaginar que detrás de ese hombre rudo, que aparenta ser más animal que humano por su fortaleza física y, a veces, de carácter, que ha tenido que reinventar hasta lo ya inventado, existe un hombre capaz de empatar palabras con música, cosa que, para muchos letrados, donde me incluyo, resulta imposible.

Me agrada, pues en la misma medida que pienso y escribo, animo a pensar y a escribir a alguien, que ya lo hacia antes de yo aparecer, no es 100% mi mérito, pero lo había dormido y ahora lo retoma.

Les dejo un poema que escribió mi amigo, un día después de yo haber publicado mi artículo Tristeza, en el cual hablé un poquito de lo que vi y sobre todo sentí en mi último viaje a Cuba hace pocas semanas.


" Tristeza Compartida "
Por: Raúl  Bosmeniel

Regresa de verte mi amigo... me comenta…
lo que te falta y lo que te sobra...lo triste y abandonada que estás. 
¿Qué te ha pasado?
¿Y los cincuenta y nueve años de bienestar prometidos?
Muchos se han ido...
Y los que quedan...
no quieren seguir contigo. 
Nos veremos pronto ...
Quiero tocar tu tierra ...
Aunque solo te queda ...
Arena y Sol ...
Por las noches alumbra tus calles la Luna ... y por el día ...
mucho sudor... de tanto calor. 
Sufro igual que tu pueblo el mismo dolor.
Cuando los Históricos para siempre se vayan a dormir ... tu pueblo volverá a vivir ...
Todo el exilio cubano va a reír ... ¿¡y visitarte!?
El Mundo entero a Cuba va a querer ir. 
Hace más de veinte años que me fui y nunca he dejado de pensar en ti ...
Cuba ... cubita ... estás solita ... ya nadie hace por ti ...
No te rindas Madre mía ...cuentas con millones y conmigo ...
Y lo que dicen ELLOS ...
que es tu enemigo ...
Algún día será tu gran amigo y volverás a ser .... ¡Esa isla bonita!!!!!
La juventud desesperada de tu pueblo solo quiere la salida ... cansada de tantas promesas y falta de derechos porque todo no es más que una Gran Mentira... es todo un hecho.
Tienes tu interesante historia y no dejas de ser ....
"UNA TRISTEZA COMPARTIDA" 

Día del Trabajador. 2018

Entre las cosas que hemos tenido que aprender aquí, están las fechas históricas, las celebraciones y muy importante, los días feriados, porque algunos son diferentes a las que traíamos de nuestro país de origen.

Para muchos países, donde se incluye Cuba, el Día del Trabajador se celebra el 1ro de mayo de cada año. En Cuba, era un día no laborable, pero se citaba a los trabajadores desde muy temprano en la mañana, para organizadamente desfilar frente a la Plaza de la Revolución, donde ese día, el presidente de la Central de Trabajadores de Cuba de turno, leía un discurso que ratificaba todo lo que se sabe que había que ratificar. Horrible día, mal discurso, la improvisación de muchos líderes políticos y obreros cubanos era fatal, malas lecturas, Sol, caminatas, sed, etc., por lo que, aunque era un día no laborable, se terminaba trabajando más que de costumbre.

Lo de la celebración tiene su origen precisamente en la muerte de 6 obreros y otros heridos, ocurrida en la ciudad de Chicago en mayo de 1886. Los trabajadores de aquellos años luchaban por el reconocimiento de la jornada laboral de 8 horas, para lo cual protagonizaron una huelga desde mediados de febrero de ese año. A principios de mayo, aparecieron los rompe huelgas, se formó la piñacera, intervinieron las autoridades y hubo muertos y heridos. No sé por qué yo siempre repetía que eran 8 muertos, no sé ahora mismo si el número lo escuché, cosa que es posible, sabemos que en Cuba las cosas pueden ser cambiadas a conveniencia para darles mayor importancia o hubo dos personas que luego murieron en los hospitales por las heridas graves que les hicieron o sencillamente me lo inventé.

Lo cierto es que aquello de los Mártires de Chicago, se hizo tan familiar que llegamos a pensar que podrían ser familiares nuestros y por eso el día se hacía más importante. La muerte de un familiar no importa si está en Chicago y si fue a finales del siglo XIX, siempre es algo a rememorar.

La fecha del 1ro de mayo quedó señalada por Francia y luego por la mayor parte del movimiento obrero internacional, sobre todo de corte anarquista y socialista.

En Estados Unidos, la celebración del Dia del Trabajador, Labor Day, parece que venía existiendo desde antes de los sucesos de Chicago, una cosa no tiene que ver con la otra, por lo que lo de escoger un día para celebrar los trabajadores, no está vinculado a los sucesos ocurridos en esa ciudad por aquellos años súper industrializada. Ahora, claro, los gobiernos sucesores del hecho de 1886, no muy interesados en reconocer la importancia de la huelga, los muertos y heridos y de paso restarle fuerzas al asunto obrero y no seguir revolviendo la mierda año tras año de los pobres muertos de Chicago, escogieron el 5 de septiembre para celebrar, haciéndolo coincidir con las celebraciones de los Caballeros del Trabajo primero, hasta que en 1955 quedó establecido el primer lunes de septiembre como día feriado oficial.

El Labor Day hoy, es sencillamente un día feriado que todos aquí tomamos para disfrutar. No creo que a muchos les importe el tema de los muertos, las huelgas, las reivindicaciones obreras, etc. Según los expertos, los obreros sindicalizados han disminuidos en estos a últimos años, por lo que aquello de los sindicatos para luchas por demandas obreras cada día se ve menos.

No dudo que existan alguna que otras manifestaciones en ciudades importantes del país, donde un grupo de personas, a lo mejor los descendientes de las víctimas de Chicago, dirigidos por alguien con un megáfono frente a la boca, se entretengan un ratico en gritar consignas, lemas, etc., pero eso en un país de más de 300 millones de habitantes es sencillamente nada.

Según los mismos expertos que mencioné, Labor Day es un día para cocinar carnes al horno o a la parrilla, tomar cervezas, viajar, practicar deportes, etc. Cosas populares que sí, los obreros y no obreros, sin discursos, sin marchas, gustan de hacer y disfrutar.

Cuando ese día cae entre semana, es fantástico, la semana se hace corta, pero cuando ese día cae viernes o lunes, es sencillamente genial.  Los obreros aquí, que no se harán millonarios y no les importa y muchos menos saben de fechas históricas, se dedican a cogerla para vacacionar, pues es, entre otras cosas, el aviso de que el verano, ese del calor, las piscinas, los lagos, las caminatas sin zapatos y sin camisas, se va echando y viene, lo que viene.

Para que se tenga una idea de lo que significa este día como muestra de un feriado, una noticia que vi el viernes dijo que se calculaba que más de 15 millones de personas se desplazarían de un lugar a otro del país en aviones en estos tres días, sábado, domingo y lunes y que más de 36 millones de personas lo harían por carreteras. Los números dejan a cualquiera boquiabierto, en tres días, en solo tres días, más de la población cubana total montará en aviones y más de tres veces de esa población se trasladará por carreteras, calles, caminos, etc., con un solo objetivo, disfrutar. ¿A quién se le pudo ocurrir comparar a Cuba con los Estados Unidos? ¿Cómo los cubanos “ingenuos” nos creímos esa comparación? Una mentira muchas veces repetida a, por llamarnos de alguna forma “ingenuos”, termina por convertirse en verdad que nadie cuestiona.

Las cifras son impresionantes, vale la pena decir que los norteamericanos, obreros o no, son un pueblo que se mueve constantemente. Este país, por su tamaño y la enorme variedad de las ofertas de todos tipos, no depende del turismo internacional, por mucho que ello sea importante. Los primeros turistas, que se mueven libremente de norte a sur y de este a oeste y gastan enormes cantidades de dólares son los que aquí trabajan y viven. Las cifras de las movidas en avión y por carreteras son cada día más impresionantes, podría llegarse a pensar que son un invento, lo que supone toda una infraestructura que funciona, porque en realidad funciona muy bien, capaz de tragarse a todo el que se quiera desplazar, no para marchar frente a ninguna plaza, no para pedir nada que mejore las condiciones laborales, sencillamente para vacilar.

Pues por increíble que parezca, nosotros, con una enorme facilidad, después de revisar nuestros árboles genealógicos y descubrir que no teníamos a nadie en Chicago a finales del siglo pasado, hemos cambiado con enorme rapidez la celebración del día de los trabajadores. Pasamos los 1ro de mayo, sin reparar ni extrañar nada, quizás ni cuenta nos damos que vivimos ese día, no son muy agradables para recordar los discursos de Pedro Ross y esperamos con ansias cada año el primer lunes de septiembre, no para quejarnos, ni cogerlas con nuestros jefes, para eso tenemos todo el año, menos para salir a la calle a reclamar nada en particular, sencillamente esperamos para disfrutar. Yo en lo particular siempre tengo el mismo sentimiento concluyente, en vez de un día debería ser toda una semana, así sí demostraríamos la importancia del proletariado nacional. JAJAJAJA

Las fotos que publico fueron tomadas el Labor Day en un lugar que visitamos con cierta frecuencia por la calidad de la comida que venden. Como observaran para nada estamos protestando, ni marchando, menos estamos en una ceremonia oficial. Nos hemos retratado precisamente delante de un anuncio viejo, original, de Bacardí y el Cuba Libre. No lo pusimos nosotros, está siempre allí. Para nada es una ironía o un hecho mal intencionado para demeritar lo del Dia del Trabajador. Es sencillamente algo lindo, que enorgullece a cualquier cubano, estamos hablando de Lincoln, Nebraska, pues se refiere a uno de los mejores rones del mundo durante muchos años y el origen Cuba. 

No es mi culpa lo de Cuba Libre, yo no le puse el nombre al trago.

sábado, 1 de septiembre de 2018

Un sueño de muchos años. La mejor de las tareas resueltas.

Aclaración necesaria.
La historia que voy a contar la tengo escrita desde hace ya meses. En realidad, por estricto orden cronológico, debió ser publicada antes de mi último artículo Tristeza, pero era tanta la necesidad de descompresionar y desahogarme escribiendo, una vez más, que por eso no pude esperar. Ahora este cuento regresa al pasado, al mes de abril de este año, espero que no se traben con las fechas y puedan entender.
En realidad, el cuento no es nada importante, debía ser algo muy natural, creo que a pocas personas puede interesar, conozco que sólo puede hacer feliz a unos cuantos cercanos, pero, sobre todo, es el resultado de un sentimiento muy personal.

Pasaporte con aguila. Según los expertos, estas tres palabras,
We the people, son el contenido más importante de la
 Constitución Norteamericana. Ellas resumen el
caracter de esta nación.
Como muchos otros cubanos, llegué a Estados Unidos cruzando la frontera con México en octubre del 2012. No traía mucho, sólo una maleta con alguna ropa de uso, mi colección de Journey, algunos objetos de recuerdos y unos dólares que me alcanzaban solamente para merendar algo en el lado norteamericano. Hoy después de 5 años, soy orgullosamente ciudadano norteamericano.

Esto no es ningún mérito para los que han nacido aquí, muchos incluso, pueden no haberse enterado de que lo son, pero para el resto del mundo, o al menos para la mayoría del resto del mundo, puede ser un gran logro. Para un cubano que no comulgó con las ideas del comunismo, es sin dudas, la mejor de las tareas resueltas.

He esperado algunas semanas para escribir sobre esto, porque quería pensar bien sobre mis reflexiones. Aún no me han promovido en el trabajo, menos me han subido el sueldo, ni me rebajan en el supermercado cuando compro, tengo que seguir pagando impuestos, sin embargo, después de haber recibido el nuevo status, duermo muy tranquilo, quizás más tranquilo que antes y entonces ese es el mejor beneficio. Ahora cuando escucho hablar de inmigrantes y veo al presidente Trump con una de sus descargas al respecto, una voz, a lo mejor la de mi Pepe Grillo me dice al oído, no cojas lucha, no es contigo.

Ahora tengo el famoso pasaporte azul oscuro con la figurita del águila que abre casi todas las puertas, creo que muy pocos países se niegan a reconocerlo como muy importante, entre ellos Corea del Norte, a donde por razones obvias no pienso ir jamás y Cuba, mi país de origen, que con tal de vengarse y por supuesto cobrar y cobrar por rehacer y mantener vigente el pasaporte cubano, se niega a reconocer que tenemos hoy otro status legal, que para muchos ha significado años de sacrificio y lucha.

Cuba nos sigue exigiendo que portemos el pasaporte cubano para entrar a nuestro país, en realidad Cuba no nos exige, no es una demanda popular, no es un acuerdo de un pueblo entero, es sencillamente una estrategia económica y algo de control, de aquellos que se han apropiado y como consecuencia, hechos dueños de ese país. No es Cuba, es su gobierno.

Cuando hablas con cualquier persona de otro país, siempre terminan diciéndote, “nosotros no tenemos que pedir permiso para entrar en el lugar donde nacimos, el gobierno de turno no es el dueño, esa es nuestra casa”. Para los cubanos es diferente, primero tenemos que pedir permiso, luego tenemos que mantener absurda y obligadamente un pasaporte por el que entre “pitos y flautas” entre confección y habilitaciones tenemos que pagar casi 1000 dólares cada 6 años, convirtiéndolo, creo yo, en el documento más caro de la historia de la humanidad desde que se inventaron los documentos para identificarse, de seguro más caro que los salvo conductos romanos emitidos por los propios emperadores de su puño y letra.

Lo de hacerse ciudadano americano, que debía ser el primer sueño, por delante incluso de la linda idea de comprarse una casa, en el caso de los cubanos no es muy complicado. Una vez que pisabas suelo del territorio norteamericano y pasabas aquí adentro 5 años tranquilos y sin problemas, puedes aplicar. Digo pisabas, porque ya sabemos que lo de pisar suelo norteamericano y quedarse ya no existe, gracias a la gentil e inigualable colaboración del presidente Obama con el gobierno “comunista” cubano.

En mi caso fue relativamente fácil, sin dejar de entender que, en estos 5 años, he tenido que fajarme con el inglés, la nieve, el hielo y un sistema socio–económico que en nada se parece al de donde nací y crecí, pero en realidad, no tuve que ir a una guerra, esperar 20 años, ni hacer una gran proeza, sólo tuve que esperar un tiempo relativamente corto, llenar papeles, pagar algunos dólares y someterme a una entrevista.

Manada
Alguien a quien quiero, me dijo un día, de forma poco halagüeña, que el problema que yo tenía era que me movía como en una manada, o sea, con mi familia más cercana y que le daba poca prioridad al supuesto interés personal. Hoy estoy más que convencido de que ese “movimiento en manada”, o sea, lo de consultar, discutir, valorar, acordar y tomar decisiones para todos, halar juntos y parejos sin dejar a nadie atrás, priorizar y priorizar, es lo que me ha salvado y permitido llegar a donde estoy. Si alguien se cae, inmediatamente es levantado. Si alguien necesita, es atendido y apoyado. Lo importante no soy yo, somos nosotros. Es verdad, tal como en una manada.

Como somos algo inteligentes, JAJAJA, nos enteramos de que podíamos adelantar tres meses y nos dispusimos a coger la ventaja. Como en otras ocasiones anteriores, nombré a Jonathan jefe de la misión y me dediqué a obedecer y cubrir los pasos. Es una ventaja tener hijos grandes, inteligentes y dispuestos. Llenamos los papeles y enviamos sin errores los tres expedientes. A los pocos días nos llamaron para, una vez más, tomarnos las huellas y las fotos y luego de 7 meses de espera, fuimos citados para la entrevista que a muchos les da miedo porque es en inglés frente a un oficial de inmigración.

Como somos algo inteligentes, JAJAJA y sabíamos lo que nos estábamos jugando, ya que el oficial tiene en su poder, sólo en su poder, el si o el no, estudiamos las famosas 100 preguntas sobre historia, geografía, sociedad y gobierno de Estados Unidos que hay que evaluar. Nos ayudamos, tal como en una manada. Somos inteligentes, pero no genios, menos tontos.

Llegó el día en el cual no funcionaba lo del grupo y entramos a la entrevista uno a uno con oficiales diferentes. Momento tenso, hasta que descubres que tampoco es el fin del mundo. Cuando compruebas que puedes responder y te salen las preguntas que dominas a la perfección, no por genio, sino porque estudiaste, te comienzas a relajar. Las entrevistas resultaron rápidas y positivas, los oficiales de inmigración, generalmente fríos y cumplidores de un protocolo exacto no tienen todo el día para hacerse amigos tuyos. A partir de aquí, ya aprobados, había que esperar dos o tres meses para el acto oficial donde te hacen jurar y te entregan el Certificado de Naturalización, o sea, lo que reconocemos como ciudadanía.

Un poco de suerte. El oficial que entrevistó a Martica, frente a la pregunta de ella sobre el tiempo de espera para la ceremonia, la posible urgencia de un viaje a Cuba e imagino una dulce cara de carnero degollado, propuso ayudarnos y nos incorporó al grupo que juraría el día siguiente y por supuesto, ni cortos, ni perezosos, nos dispusimos. Por lo que hubiéramos tenido que esperar otros tres meses, sólo demoró 24 horas. Siempre hay un alma generosa, no importa que trabaje en inmigración.

Entonces, a partir de ese día, no yo, sino la última parte de mi manada es ciudadana americana, ya Jennifer y Yordan lo habían logrado un año antes y la linda Mia, ella no tiene que hacer pruebas, a ella no le importa si son republicanos o demócratas los de la Casa Blanca, ella nació aquí. Ciudadanos americanos que ya dije, primero deseamos, segundo necesitamos y tercero, un poquito, por lo que hemos vivido, nos merecemos.

He sido felicitado por muchas personas, ya saben, “vayaaaaa ya eres ciudadano de la Yuma”, cosa que es reconfortante y linda pues viene de amigos y familiares que me quieren bien. Dentro de las felicitaciones, quizás la más importante fue la de mi madre, los que la conocen saben por qué lo digo. El que mi madre me felicite súper honestamente por haberme hecho, nada más y nada menos, que ciudadano americano, es la mejor evidencia de que todo ha cambiado para los cubanos, a pesar de que tengamos en Cuba el mismo nombre de gobierno y las ideas allí las quieran vender como más sólidas que nunca. Esa felicitación en específico es la mejor confirmación de que no estaba equivocado, que el camino que escogí desde joven era correcto aunque haya tenido que esperar 40 años para que se me reconociera. Hoy la manada que muchos años he liderado está salva.

Hacerse ciudadano de un país determinado donde se vive debe ser la prioridad número uno para cualquiera. No entiendo cómo las personas, obviamente que pueden optar, no priorizan esto a niveles de días, semanas, meses, horas y segundos. Ya expliqué que no me han subido, ni me subirán el salario por esto, pero si es cierto que siento orgullo y tranquilidad. Esto además tiene algo de psicológico que no puedo explicar, ser ciudadano de un país cualquiera ya dije que debe ser, por importante, la primera tarea a priorizar, pero no se por qué suena diferente. La idea de ser ciudadano de los Estados Unidos debe ser igual a la de conseguir la ciudadanía portuguesa, la paraguaya o sencillamente la congolesa, pero la ciudadanía norteamericana tiene, al menos para mí, un peso extra, el cual no puedo explicar, pero siento.

Los que nacieron aquí saben que aun así somos diferentes, yo obtuve la categoría por naturalización, por lo que si a nivel individual quieren molestarme lo pueden hacer, pero eso no importa, frente a todo tenemos los mismos deberes e importante, los mismos derechos. Lo único que nos diferencia es no poder optar por ser presidente de este país, pues para eso tiene uno que haber nacido en el país, pero a vicepresidente podemos llegar. ¿Imaginan, yo vicepresidente de la Unión? JAJAJA.

Como he contado he tenido la posibilidad en estos últimos años de ir dos veces a Cuba. La primera en el 2017 como residente permanente y hace dos semanas como ciudadano norteamericano.
Para Cuba esto es irrelevante, aunque en el fondo sabemos que no es tan así, pero imagino que la orientación es mostrarse lo más frio posible. La primera vez que llegué allí, me recibió una funcionaria de inmigración, mulatica, con cara de muy aburrida, que me revisó los documentos, me tiró una foto y me dejó entrar. Ni una sonrisita al menos para mí. Ahora regresé como ciudadano y me tocó otra mulatica, con la misma cara de aburrida y con mucha gripe que la hacía estornudar cada segundo y medio, me revisó mis documentos, me tiro una foto y me dejó entrar. Nada más. Imagino que ambas estudiaron en la misma escuela y recibieron las mismas orientaciones, sobre todo lo de mostrar aburrimiento.

Sin embargo, para los Estados Unidos si existe la diferencia. De regreso de mi primer viaje, en la punta del tubo que sale del avión una funcionaria agradable, porque para trabajar en inmigración no hay que ser un vómito de perro, tuvo a bien clasificar a las personas que llegamos, los ciudadanos por este lado y los residentes y visitantes por aquel otro.

YO.
 Sueño y tarea realizados.
Llegamos frente al oficial que nos debía atender, rápidamente verificó en su pc y … momento de tensión, metió nuestros pasaportes en un sobre plástico y llamó a otro funcionario que nos condujo a un cuartico donde se encontraban dos jóvenes sentados frente a sus computadoras. El joven que recibió nuestros pasaportes e identificaciones, comprobó algo en su base de datos y nos entregó los documentos sin grandes problemas.

Al probar lo del cuartico, que, aunque fue sencillo no deja de ser un cuartico, ya yo con los documentos en la mano y la autorización para salir, le pregunté al joven, que qué era lo que pasaba y él me respondió relajado que nada, que sólo era un control de rutina. Entonces yo, haciendo uso de las facultades que me están conferidas, le pregunté que si cuando nos hiciéramos ciudadanos ese tipo de control continuaría, el joven sonrió y me dijo que no, que cuando nos hiciéramos ciudadanos ese control desaparecía.

Entonces esta segunda vez de regreso desde Cuba entramos como ciudadanos y nos apegamos al camino que la oficial de inmigración señaló para los que tienen esa categoría. Control de inmigración, una leve verificación de nuestros pasaportes y la frase mágica, segura y reconfortante que provoca casi desmayos, “bienvenidos a casa”. Fin del cuento.

Si, eres ciudadanos y éste no es tu país, entonces es tu casa. Lo que asegura que independientemente del presidente de turno que puede ser demócrata, republicano, gris, o morado, mejor o peor, agradable o desagradable, tu eres ciudadano de este país y este país, todo entero e inmenso, es tu casa y como queda demostrado a la casa de uno, pues no hay que pedir permiso para entrar y además siempre se llega bienvenido. No importa de dónde vengas, no importa el tiempo que has estado fuera, eres de aquí, no hay que pedir permiso para entrar y siempre llegas bien.

Como ya dije no me van a aumentar el salario así de repente, pero alguien, sin conocerme, me dice bienvenido a casa, qué más se le puede pedir a la vida, sobre todo cuando las dos mulaticas que me recibieron en Cuba, con caras de aburridas y con gripe incluida, ni tan siquiera esbozaron una leve sonrisa para recibirme, cuando en realidad, aquel lugar al que ellas representan debería, primero que todo, ser mi casa también.

No creo que esté pidiendo mucho. Recuerdo que cuando llegué a República Dominicana coincidiendo con un vuelo proveniente de New York donde aquel país tiene a 2 millones de habitantes, lo primero que me encuentro es un gran cartel que decía Bienvenido Hermano Dominicano y el recibimiento estuvo acompañado de un grupo de músicos que interpretaban estruendosa y desafinadamente esos insoportables pericos ripiaos que tanto les gustan a los dominicanos, unas parejas de bailes vestidas con ropas tradicionales bailaban y a todo el mundo que llegaba, incluyéndome a mí que no era dominicano, ni venía de Nueva Yol como ellos dicen, le daban junto a una gran sonrisa un vaso con ron.

Agradable recibimiento para los que regresan, buen momento para los que han estado lejos, han extrañado o sufrido. Buena acción para unir y olvidar separaciones, quizás un poco de agradecimiento para aquellos que no olvidan, vuelven y ayudan.

No aspiro a ser recibido con música cubana, se que la cultura es cara, menos espero un vaso de ron gratis, conozco que el ron es un rubro exportable, sin embargo, teniendo en cuenta lo complicado de la preparación de un viaje de regreso, para no hablar del dinero, creo que una sonrisita y una frase agradable que te recuerde la casa podría ayudar.


Pues ahora, para mí mismo, soy ciudadano norteamericano y con esto, salvo pequeños espacios, puedo tener el mundo a mis pies, puedo empezar a caminar dentro y fuera de la Unión sin tan siquiera avisar, sólo espero que el gobierno cubano un día se dé cuenta de ello.

miércoles, 29 de agosto de 2018

Tristeza

Mucho tiempo pasó para que pudiera regresar a Cuba después de mi salida en el 2007.

Casi 10 años sin volver al país donde nací, convirtió aquel viaje en mayo del 2017 en algo parecido a “pasaje a lo desconocido”. Por mucha información que uno cree tener a través de amigos, familia, internet, etc., nada se parece a poder ver y vivir personalmente la experiencia. 10 años es mucho tiempo para cualquier cosa, incluyendo el desarrollo de un país. Recuerdo que la última vez que Fidel visitó China, muy emocionado o al menos aparentándolo, sólo pudo decir que cada vez que llegaba allí se encontraba con una China completamente distinta, para bien diría yo. Las ciudades habían cambiado su estructura para algo mucho más moderno y las personas estaban contentas.

Lamentablemente mi pasaje a lo desconocido en el 2017 para nada se pareció a la experiencia de “nuestro jefecito” Si es cierto, Cuba había también cambiado, pero para mal. A grandes rasgos todo estaba peor, más feo, deteriorado, destruido, y las personas, muchas, caminaban, como dice mi amigo Ruso, con las cajas de muerto pegadas a la espalda. Quizás el autor de Walking Dead se inspiró en algo parecido para sus zombies.

Ahora con los recuerdos más frescos he regresado a mí Cuba, o sea, Víbora Park y me he encontrado un panorama más feo que el que vi el año pasado. El viaje a Cuba, que para nada es un viaje de turismo, sino una MISIÓN *, sigue siendo obligatorio para aquellos que tenemos allí familia y amigos y nos interesan. No es de ocultar que existen muchas personas que además se divierten, pasean, aprovechan las bondades de la naturaleza poco explotada y las bondades de seres humanos que están dispuestos a compartir incluso sus cuerpos por un poco de beneficio económico y/o emocional. Gran contradicción, haber escapado de un país por no poder vivir en el y luego ir allí a divertirse, criticar al Gobierno de Cuba desde el extranjero, pero aprovecharse de sus limitantes, ahora incluso repatriarse para retomar un carnet de identidad, la comida que dan en la bodega, la preservación de un inmueble, la atención gratuita en un hospital a cambio de entregarle un “regalito” al médico, pasándole por encima a los cubanos de allí que no pueden regalar nada.

Para mi es el regreso a mi casa, a mi familia y un poco a mi historia, que disfruto. Sigo sentándome en el portal de Villoldo 112 en short, sin zapatos y sin pullover y sigo conversando sin dormir durante días y días. No voy a Cuba a comer comida cubana, me traje conmigo a mi cocinera privada, JAJAJA y menos a tomar cervezas.

He estado 15 días como ya dije, sin parar de trabajar y sobre todo preguntar y hablar y descubro que hay dos temas de vital importancia a los que muchos cubanos dedican sus fuerzas.

Uno es la reformulación, por decirlo de alguna forma, de la Constitución Cubana. En medio del tremendo calor, la falta de comida, agua, etc., las personas, sobre todo de la tercera edad, debaten en reuniones de vecinos, a veces de forma acalorada, el proyecto de constitución que ya se ha redactado, donde el presidente de la comisión que redactó el documento y dirige los debates es Raúl Castro.

Como muchas otras veces, ahora entre la droga del Canal Tele Sur, editado en la Venezuela de Maduro y los debates, el pueblo o al menos una parte de él, olvida las penurias. El asunto más importante a discutir, por lo menos, al que vi que se le ha prestado más atención y ha polarizado a las personas es si los homosexuales se pueden casar o no en Cuba. Unos dicen que si, otros dicen que no, otros aún están averiguando. Los más arriesgados y profundos preguntan públicamente que si los homosexuales se casan legalmente y pueden adoptar o parir, sus descendientes a cuál de las partes le dirán papá y mamá. Muy profundo.

Los homosexuales contentos, una parte porque podrán desposarse legalmente y restregárselo en la cara a todo el mundo, sobre todo a los que los reprimieron, heredar y conseguirse un novio o novia en el exterior que después de aceptar casarse los pueda reclamar legalmente para, … partir.

Lo de la Constitución y el análisis de sus artículos me parece poco serio, a pesar de lo serio que puede ser. Creo que es una maniobra para entretener a las personas y darle calor al nuevo presidente, a los que todos dicen que le entregaron el televisor, pero no el mando, haciendo referencia, con esa siempre jodedera cubana, al control remoto y la imposibilidad de operar o cambiar nada. No olvidar que la Constitución para el cubano de a pie, es algo parecido a que los científicos digan que se supone que existen piedras negras en el planeta Neptuno que está a 4.306 billones de km de La Tierra. Las piedras negras de Neptuno y la Constitución para los cubanos de hoy son lo mismo.

El otro asunto motivador, que no pocas personas me recomendaron que tenía que ver, es que iluminaron el Malecón Habanero, o sea, pusieron luces blancas que van en la acera pegada al mar y luces amarillas en la otra acera. En serio, pregunté a los que me invitaban a ver las luces, me estás diciendo que vaya a ver las luces del Malecón, les volvía a preguntar, pero es que piensas que vengo de vivir en el medio del Desierto de Sahara. (Risas)

Pues sí, para muchos en medio de la destrucción ahora es nuevo o al menos lindo para mostrar, que le hayan puesto luz a una Avenida, más, sobrecumplimiento, que le hayan puesto luces de dos colores diferentes. Este debe ser el mayor logro de este período, sin recordar mucho que la primera bombilla eléctrica, aquella de Alba Edison, se instaló en octubre de 1879 y que sólo 10 años después las calles de Matanzas, en Cuba, comenzaron a ser iluminadas por bombillas eléctricas gracias a una planta que se montó en Cárdenas.
Grandes logros, debates sobre la nueva constitución y luces en el Malecón para éste, mi último año de ausencia.

Cuba me recuerda a los documentales que he visto sobre Chernóbil y su accidente nuclear en 1986, solo que aún en las calles transitan las personas. Algunas ya  muertas que, por el logro de la magia, aún se pueden ver y otras, que literalmente se han convertido en zombies. Todos, los primeros y los segundos caminan y existen sin rumbo fijo, sin mañana, sin saber hasta cuándo. Los viejos, porque ya están viejos, y los jóvenes, de los que conozco muchos porque soy joven, increíblemente no motivados por las luces amarillas y blancas del Malecón, sólo tienen una idea, la misma idea.

Estando allí uno experimenta muchos sentimientos que llevados a palabras pueden identificarse como odio, rencor, pena, encabronamiento, disgusto, incomprensión, saturación, ganas de gritar, ganas de llorar, etc. Al final, el sentimiento más profundo para mi es la tristeza.

Tristeza de ver lo que nos ha pasado como pueblo. Tristeza de no poder ayudar más o arrancar a todos de una sola vez de ese lugar. Tristeza de comprobar que personas buenas, trabajadoras, altamente preparadas desde el punto de vista académico, intelectual y cultural, personas que han trabajado más de 40 años y que entregaron en esos años lo mejor de si a cambio de nada, hoy están a merced del viento, tratando de imaginar cómo poder llegar a mañana, y eso día por día. Tristeza de ver a un país destruido que poco a poco va necesitando no una reparación, sino una construcción total, completa. Tristeza de ver el trabajo que se pasa para lo más simple. Tristeza de hablar con personas que no saben para dónde van, ni que tiempo demoraran en llegar a donde no saben que van. Tristeza de una juventud, en su mayor parte, desanimada, desilusionada, desorientada. Tristeza de que el trabajo honesto, el profesional, no sirva para mucho y que las personas tengan que levantarse a “luchar”, o sea, inventar y un poquito robar o aceptar el robo, porque únicamente luchando se puede vivir. Tristeza de ver un país que fue lindo convertido en ruinas. Tristeza de ver a delincuentes disfrutando de hoteles, playas, cayos, casas, carros, porque el dinero, sin importar mucho de donde viene o sale, se ha impuesto. Tristeza por la falta de responsabilidad, ética y dignidad de un gobierno que, a estas alturas del juego, después de 60 años, sólo puede pedir más tiempo para arreglar lo que se sabe nunca tendrá arreglo. Tristeza por ver que se están aplicando los mismos mecanismos, los mismos procesos, los mismos pasos y el mismo discurso descarado que está más que probado que no funcionó y no va a funcionar.

Demás está decir que estoy de acuerdo con la riqueza, estoy de acuerdo con las diferencias que genera el trabajo, lo que nunca podré estar de acuerdo es que un médico, un cirujano, un maestro, un carpintero, un albañil, no vivan o vivan muy por debajo de un tipo que vende carne de cerdo en un kiosko o que vende lo que se roba en su empresa, o que viva millonariamente porque trabaja en la aduana del aeropuerto. No entiendo que los que ayer se fueron y hoy regresan a disfrutar la Cuba que el pueblo cubano no puede disfrutar, puedan especular sobre la pobreza de los que allí se quedaron. No entiendo cómo se puede estar preocupados por invertir en internet y telefonía celular cuando las personas que no tienen acceso a esa tecnología siguen recibiendo un mal pan diario y la llegada de los huevos a la bodega es todo un acontecimiento. No entiendo que importancia puede tener para 11 millones de personas que los homosexuales se casen o no y llevar esto al cuerpo de la Constitución Cubana, cuando todavía el agua no llega a todos los lugares todos los días y las calles, producto de los baches, ya prácticamente no existen. No entiendo como yo, trabajador de la mano, emigrante, acabado de llegar a Estados Unidos, puedo vivir y de hecho vivo mejor que mis padres, que cuando yo no había nacido ya estudiaban y trabajaban y aún lo siguen haciendo para el mismo gobierno, con casi las mismas personas. No entiendo el por qué mis compañeritos de escuelas y de juegos hoy parecen mis abuelos.    

Creo que ya quedan pocos revolucionarios como los de la época en que fui joven, muchos han muerto, otros están muertos lo que no lo saben y otros están muertos en espera del certificado de defunción. La revolución y sus logros ha quedado para el televisor. Lo más jodido del tema es eso precisamente, la revolución ha quedado para el televisor, porque en realidad el pueblo, disimuladamente o a la cara, vive de los dólares imperialistas o aspiran a vivir de ellos. Estamos o mejor dicho están navegando a la deriva, esperando que del cielo llueva café por no poder hacer otra cosa.

Al menos para esta misión, la tristeza fue la madre de todos los demás sentimientos y eso, visto desde aquí, es malo.


  

  • Para los que no comprendan bien el significado de la palabra misión, les recomiendo que vean una muy buena película de ese mismo nombre protagonizada por el inigualable Robert De Niro.

domingo, 20 de mayo de 2018

Corteo. Cirque du Soleil en Lincoln, 2018.

Contentos, acabábamos de comer, minutos después
 iríamos al Circo del Sol. Por si acaso, siguiendo el consejo
de nuestras abuelas, siempre hay que ir comido
Acabo de llegar a mi casa y en realidad vengo tan motivado y conectado que me he puesto a escribir. No quiero que la inspiración me pase.

Hoy tuve la oportunidad de volver a ver al Circo del Sol, ahora en Lincoln con el espectáculo llamado Corteo. Aclaro que las entradas pueden resultar caras, ellas están entre 70 y un poco más de 100 dólares por personas, en dependencia del lugar que se escoja para sentarse, pero sin intención de alardear, creo que es un dinero que bien merece ser pagado. Resulta mejor que salir a comer, comprarse un trapo o zapato, escoger un adorno para una pared, etc. Es sencillamente, como alguien dijo un día, medicina para el alma, yo diría una muy buena medicina para el alma.

Ya conocía a esta gran compañía canadiense, por lo que al enterarnos que estarían en Lincoln, no dudamos en pagar las entradas. En realidad, no dudamos frente al precio a pagar, es de esas cosas que las haces, porque las tienes que hacer, confiando en que la satisfacción siempre estará garantizada.

En esta ocasión vimos Corteo, palabra italiana que en nuestro idioma significa procesión. Como siempre, el espectáculo tiene más que ver con una obra de teatro que con lo que muestra el circo clásico.

La historia se resume a que el personaje protagónico, un payaso, se imagina y comienza a ver cómo será su muerte, a partir de la primera escena o acto que transita en su cama y que da pie a la procesión, donde participan todos los que luego van resultando acróbatas, bailarines, malabaristas, payasos, músicos, etc.

Como siempre, el vestuario impecable. Ya es famoso el circo por la calidad en el diseño y la confección de los trajes, los zapatos y las caretas que usan los que actúan. Sobre todo, llama la atención la inagotable imaginación de un grupo de personas para confeccionar todo un atuendo que jamás los espectadores pudieron haber visto anteriormente y que luego jamás se repite en otro espectáculo.

La música, también como siempre, en vivo. Músicos y cantantes, que además están incorporados a lo que está pasando sobre el escenario, muchas veces siendo ellos mismos actores, además de músicos.
Es llamativo, porque para este espectáculo utilizaron en la música y los diálogos, el italiano, el inglés, un poco de francés y como en otras ocasiones algunas canciones cuyas letras no son de ningún idioma en específico, sino textos que se inventan los escritores de música para acompañar algunos de los actos. Música que por momentos se parece a algo medieval, algo así como algunas de las canciones compuestas por aquel inigualable grupo que se llamó Enigma, que uno no sabe exactamente lo que se está diciendo, pero cuyo mensaje es recibido de forma tan exacta, que es inevitable a veces erizarse, o sentir un calambre en el estómago e incluso algo de agua en los ojos. La música, en vivo de principio a fin, es parte esencial del espectáculo, digamos que podría considerarse como uno personaje más.

Para los que conocen de lo que estoy hablando y han podido ver esto, al menos por internet, es fácil reconocer la tecnología que apoya todo el espectáculo. Luces, espectacularmente diseñadas, cables que se mueven, trayendo y llevando personas y objetos, subiendo y bajando, movidos a partir de una enorme programación e intervención de computadoras. Lo que permite obtener un espectáculo exacto, cronometrado, limpio y sin errores. Movimientos que serían muy difíciles de conseguir a la manera antigua, o sea, hombres tirando de sogas y cables.

Corteo es una historia que podría parecer triste, pues se trata de alguien que está pensando en cómo sería su muerte, sin embargo, el asunto es tratado con tanta naturalidad, sentimiento, alegría y magia, que lo que sería un drama se convierte en comedia y entonces uno se divierte en medio de lo que en la vida real es poco divertido.

El hilo conductor de la historia, las luces y la música, van dando paso a las actuaciones circenses, sin que uno repare en que se está presenciando un circo. Los acróbatas, los malabaristas, los payasos se van sustituyendo unos a otros, entrando y saliendo del escenario sin que uno note la ruptura. Se montan y desmontan set de forma transparente para el público, se apagan luces, se llama la atención hacia un área determinada donde comienza a ocurrir algo nuevo y a los pocos segundos está diseñado como nuevo el escenario. Los actores salen y entran y no existe el mínimo intervalo donde el tiempo se detenga.

Es un enorme esfuerzo, porque, si es cierto que los artistas son seleccionados y contratados dentro de los mejores del mundo, también es cierto que son rusos, chinos, italianos, latinos, cosa que exige un mayor trabajo a la hora de poner toda esa maquinaria a funcionar. Los artistas como buenos profesionales intervienen en diferentes partes de la obra que se representa, lo que habla muy bien del esfuerzo que tienen que hacer, porque a mi entender después de haber presenciado dos en vivo y muchos a través de internet, no existe aquello de que yo soy plomero, yo soy carpintero, yo soy albañil nada más. Los cirqueros, devenidos en actores, resultan multidisciplinarios y entonces, además de realizar los números de su especialidad, cantan, bailan, tocan instrumentos musicales, intervienen de coro o apoyo en otros actos, todo esto espectacularmente estructurado. Siempre es igual.

Por supuesto, al ser un circo, no clásico, pero circo, el público era mayoritariamente niños que, corren, suben y bajan, se asombran y sobre todo se ríen, lo que le agrega una ricura adicional al momento. Entonces pensamos en Mia, mucho nos hubiera gustado haberla tenido allí. Ella niña grande ya, sensible, dulce, lo hubiera disfrutado y nosotros la hubiéramos disfrutado a ella.

De todas formas, Martica y yo estábamos preparados frente a la pregunta de que si llevábamos algún menor. Hubiéramos respondido que sí, pues estábamos acompañados de Jonathan, que en realidad era chico, sólo que los efectos de la soya que había comido en Cuba habían creado en él una enfermedad relacionada con el gigantismo y el exceso de pelos. Confiados en que los de aquí no saben nada de la soya a gran escala como alimento humano y menos las consecuencias que ella crea, nos mirarían con cara de lastima por lo de la enfermedad de nuestro “pequeño” hijo, le tocarían la cabeza en gesto de humanidad, nos sonreirían y nos darían la bienvenida.

El Circo del Sol para mí, es igual que asistir a un buen concierto de rock, obviamente el público que te rodea y la muestra cultural son diferentes y aquí se comen más rositas de maíz y se toman refrescos, pero al final crean el mismo efecto. Uno se siente excitado, contagiado, uno sale además de impresionado, con ganas de hablar, comentar, compartir. Es de esos eventos que, por lo menos yo, que soy un poco apasionado, podría levantarme de la silla, salir, dar la vuelta, pagar de nuevo la entrada y entrar para volver a verlo.

Es más, creo que eso es lo que se debería hacer, pues son tantos los detalles que ocurren, los efectos de la música, las luces, las cosas y personas que se mueven constantemente, que vuelan por encima de ti, que se tiran, saltan, etc., que no creo que uno pueda llevarse el 100% de lo que está pasando sólo con verlo a la primera. Si te quedas mirando mucho a un actor o un acto, puedes perfectamente perderte algo que recién comienza. Muchas veces sería bueno que las cosas transcurrieran en cámara lenta.

Una hora, un intermedio de 20 minutos y luego otra hora, que parecen nada. Te sientas, comienzas a disfrutar y sin darte cuenta del tiempo que ha transcurrido, los actores se están despidiendo, se encienden las luces y te tienes que ir.

Esa es la mejor recompensa, cuando uno se aburre, no sólo ha tirado el dinero, sino ha tirado parte de la vida.