miércoles, 1 de febrero de 2023

476.- Cuba: Cuando hay Derecho, pero no Justicia

Hoy, enero 31, 2023, me he encontrado con esta información en Facebook, que, al ser pública, me place reproducir.

Ella, según comenta su publicador, es una carta abierta de al parecer un grupo de estudiantes de la carrera de Derecho de la Universidad de la Habana, que han preferido, no creo que, por discreción, sino por miedo a las consecuencias, que a veces suelen ser desbordadas, mantenerse en el anonimato.

Los que vivimos en Cuba, no podemos olvidar que esta es una reacción o forma de reaccionar, normal, común, acostumbrada, porque precisamente los que vivimos en Cuba, cosa extensiva para cualquier lugar donde existió o existe una dictadura o un gobierno totalitario, no importa de derecha o izquierda, por declaraciones como esta, que pueden partir de una realidad o la más sincera verdad, pueden causar la desaparición o destrucción no sólo física, sino peor, moral, de cualquier persona.

Los que vivimos en Cuba sabemos que, por menos que eso, estás disponible para perder tus estudios, tu trabajo, para convertirte en un enemigo, para que aparezcan frente a tu casa una turba que no te conoce, pero te grita, ofende y agrede incluso físicamente y se te trate desde todos los medios y vía disponibles de destruirte, de que te dé un infarto o te cuelgues del primer puente que encuentres.

Los que vivimos en Cuba sabemos que por menos que esta declaración, tendrás que vivir, si no puedes irte del país, marcado para toda tu vida, sin poder aspirar a mucho más que comer algo, respirar y tomar agua.

La declaración aparece como anónima, o sea, yo no conozco a los autores, ni tan siquiera puedo asegurar entonces que son autores, pues puede perfectamente ser el resultado de una sola persona. No obstante, personas o persona, me parece que lo que se dice refleja una realidad no de hoy, sino una realidad que viene existiendo desde hace ya muchos años, por mucho que algunos se nieguen a reconocerla o vendan ideas de una realidad que no existe, por tanto, no se ve.

Tuve la suerte de reunir en mi familia, en realidad ya ellos estaban reunidos cuando yo llegué, a tres profesores de esa facultad. Aunque pueda parecer pretensioso, podría asegurar que los tres, por años, fueron reconocidos como unos de los mejores profesores que allí impartían clases. Dos de ellos, mi abuelo Papa Felo y mi tío abuelo José Antonio, ya eran abogados prestigiosos antes de que triunfara la revolución de Fidel y ejercieron sus carreras como abogados incluso para defender a los llamados por aquellos años, revolucionarios, incluido nada más y nada menos que el inigualable, por su grandeza total, Frank País. Las historias se pueden buscar.

Ellos, hermanos, nacidos de la mezcla de una asturiana con un santiaguero, se dedicaron a dos áreas diferentes dentro de la abogacía, el Derecho Penal y el  Derecho Civil, fueron no sólo reconocidísimos profesores, sino que además fueron autores de importantes obras teóricas a través de las cuales, tengo entendido que, todavía hoy, se estudian algunas de las materias de esa carrera imprescindibles para poder graduarse de abogados.

La otra persona es mi tío Carlos, hermano de mi madre, mi inspiración, guía y patrón durante muchísimos años de mi vida, cuya labor muy cerca de mi abuelo y tío abuelo, lo hizo crecer muy rápido como profesional de la docencia, sin que yo esté diciendo que no puso de su parte y que los méritos le llegaron por el vínculo sanguíneo.

Ellos tres, con apellido Grillo, constituyeron durante décadas una trilogía que nadie podía desconocer. Eran famosos, quizás por diferentes aspectos, pero, sobre todo, por su calidad como profesores.

Mientras estudié en la universidad, había un chiste, pienso que venía desde mucho antes, para hablar sobre los Grillo. Siempre se decía “en nombre del padre, del hijo y el espíritu santo”. En nombre del padre, haciendo referencia a mi abuelo, muy serió y disciplinado, encargado de disciplinar a todo el que se le parara delante, en nombre del hijo, haciendo referencia al que, por aquellos años, más joven, era nombrado Carlitos y el espíritu santo, haciendo referencia a mi tío José Antonio, cuyo carácter agradable, risueño, con un humor muy alto, cargado de ironía, graduado además de San Alejandro, por tanto un hombre de vasta cultura, lo convertía en el más fácil para los alumnos.

Entonces, desde que crecí viví con parte de los cuentos, buenos y malos de esa carrera y además con todo el escenario de lo que significaban los juicios, los litigios, las defensas, los acusados, los inocentes y los culpables, los contratos, más como era lógico para mis años de niñez y juventud, todo un debate profundísimo sobre la revolución cubana. Baste decir que mis familiares no sólo defendieron frente a los tribunales durante el período de Batista a muchos revolucionarios, sino que, por ejemplo, mi abuelo fue seleccionado por el propio Fidel para presidir los tribunales revolucionarios en Oriente, donde se enjuició a los batistianos que habían cometido crímenes y mi tío abuelo fue el abogado defensor en el todavía hoy turbio juicio de el "famoso" Marquitos, al que a pesar de su digna labor, no pudo impedir el peso de la política y que luego fuera fusilado.

Quise, cómo no quererlo, ser abogado, pero al final estudié otra cosa, y luego con los años me alegré. Desde siempre consideré que la carrera de Derecho y luego la profesión de abogado, junto con la de periodismo, eran las profesiones más frustrantes que existían en Cuba, por su vínculo y roce inevitable con el poder.

Tratar de ser buen abogado o periodista en un país de extrema posición totalitarista, donde incluso la constitución es sólo un conjunto de hojas de papel llenas de párrafos que no significan nada y para nada sirve, hace que lo que de ella se deriva, en este caso los códigos y las leyes, no se puedan utilizar, nada más que para fines políticos. Recuerdo hoy los juicios de las llamadas Causa 1 y Causa 2 como un ridículo circo montado sólo para limpiar la imagen de Fidel y su hermano Raúl.

Ser abogado en Cuba, sólo sirve para divorciar, llenar algunos papeles, quizás trabajar en alguna empresa y dedicarse a los temas laborales. Ser abogado en Cuba donde no existe, no sólo la justicia, sino un verdadero estado de derecho es tener que siempre bajar la cabeza, porque en Cuba todo tiene un carácter e intensión marcadamente político. Diferente era antes, Fidel organizó el ataque a dos cuarteles militares en Oriente, causó muertes dentro del ejército, disturbios, asombros y fue sancionado estrictamente siguiendo lo que decían los códigos por aquella época y luego cumplió sólo un año y medio de prisión de la cual incluso salió más gordo. ¿Lo salvó Dios? No, lo salvaron la coyuntura y las leyes.

Esta declaración, la podía haber escrito yo u otra cualquier persona que se respete, pues ella expresa el verdadero sentimiento de frustración, falta de esperanza y de futuro de una gran parte de las personas que viven en Cuba. Lo complicado, una vez más, es que no está firmada por viejos con rezagos del pasado, por antiguos capitalistas dueños de propiedades y grandes intereses económicos, no está ni siquiera firmada por personas que han sido afectadas directamente por este gobierno de más de seis décadas.

Los signatarios de este documento tienen que ser un grupo de jóvenes, nacidos hace 20 años, que son productos del socialismo, que además de haberse portado bien en sus infancias, tienen que haber obtenido buenos resultados académicos, porque la carrera de Derecho siempre ha sido bien exclusiva, por lo que lo de la frustración tiene mayores relevancias.

Ellos, según el documento, son descendientes de padres revolucionarios ayer, que hoy están locos porque sus hijos se gradúen para que se vayan del país a ejercer su carrera en cualquier otro lugar. Padres que sin decirlo mucho o muy alto, quieren salvas a sus hijos. Ellos, los firmantes, muchos, tienen que haber sido jóvenes revolucionarios activos participantes, que hoy no sólo están liquidados, sino que terminan recomendando a los que vienen detrás, que jamás estudien esa carrera. La frustración es grande

Lo de la mediocridad, la doble moral, la falta de profesionalismo, la poca calidad, etc., es muy creíble, porque no es algo que pasa sólo en esa carrera, sino que es algo extensible a todos y cada uno de los aspectos de la vida cubana, sin descontar que siempre han existido y deben existir muy bueno profesionales que son los que, a veces con pocas condiciones, a veces sin ninguna, luchando contra un monstruo de siete cabeza, han mantenido y logrado que hasta hoy ese sistema, aunque sea sólo desde el punto del nombramiento, exista.

Sin haber estudiado allí y sin haberme graduado de abogado, tengo miles de cuentos con los que podría escribir un libro que ratificaría lo que en este documento se expresa. Si hay algo que siempre ha estado condicionado y plegado a la absurda política cubana y que se ha utilizado salvajemente contra el propio pueblo, ha sido la abogacía. Debo haber contado ya en algunos de mis escritos anteriores, que un día, asistí como testigo de dos de mis compañeros de trabajo que demandaban a Eusebio Leal por una medida laboral mal tomada. El señor director del Museo de la Ciudad, llegó, pasó por delante de todos nosotros, demandantes y testigos, acompañado de su administradora, se reunió en secreto con el tribunal que decidiría, salió un funcionario y nos dijo que el juicio se celebraría a puertas cerrada, no escucharían a ningún testigo y mis amigos, con toda la razón de su lado, perdieron la demanda.

Pero no me desgastaré aquí, les dejo lo que encontré, que tiene mucha más solidez que lo que yo podría contar.

Cuba: Cuando hay Derecho, pero no Justicia

Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana

Quienes escriben somos estudiantes de la Facultad de Derecho de la Universidad de la Habana. Un lugar adonde llegamos, hace varios años, con la ilusión de estudiar una carrera de prestigio. Veníamos con la idea de hacer el Bien para el Pueblo. Eso fue antes de descubrir que no puede haber Justicia donde se prostituye el Derecho. Ahora estamos decepcionados, a medio camino entre nuestra vida de estudiantes y un futuro profesional incierto.

Nuestras familias son familias revolucionarias, que creyeron en el Proceso, aunque a estas alturas nuestros mismos padres están llenos de tristeza, temor y decepción. Hoy solo quieren que el tiempo vuele, que agarremos los títulos y nos vayamos a otro lado. Para poder vivir dignamente, sin miseria y con libertad.

Les escribimos con la frustración de no poder lograr mucho, pero también con responsabilidad de hacer algo. De denunciar lo que pasa. Vivimos rodeados de profesores que simulan, que no creen en los códigos éticos del buen maestro y jurista. Porque son profesores que han faltado a la más elemental condición humana e intelectual: el compromiso con la verdad.

En Cuba hoy solo vive bien el oportunista y privilegiado. En Cuba hay hoy cientos de personas, la mayoría jóvenes como nosotros, que siguen presos por manifestarse, por pedir un país mejor. Los dirigentes -no el pueblo- han aprobado un Código Penal criminal, que parece sacado de los libretos de Batista o Pinochet. Aquí te multan por poner un post de Facebook criticando a un cuadro del partido, a un dirigente corrupto y aburguesado. Por un comentario en Twitter riéndote de alguna chapucería de los de arriba. Por comprar o vender algo en el mercado negro, como cuentapropista o trabajador, lo que no consigues con tu salario y en las tiendas. Para poder comer, un poco mejor, cada día.

De nada de eso hablan nuestros profesores en la Facultad. No les falta conocimiento, lo que les falta es dignidad. Pero les sobra cinismo y oportunismo. Se la pasan todo el tiempo cazando puestos, viajes al exterior y encargos del gobierno. En nuestras clases no se habla de Derechos Humanos y cuando se hace se hace mal, de pasada, como si fuera algo lejano, abstracto. No se discute tampoco de cómo en un país como este puede haber una Constitución democrática y a la misma vez se pisotean los derechos ciudadanos. En esas condiciones, ¿para qué estudiamos Derecho?

Los buenos profesores que podrían decir algo de lo que sucede están comprados. Son cómplices de todo lo que pasa. Escriben artículos en los periódicos e internet y aparecen en televisión, pero siempre apoyando el pisoteo de nuestros derechos. Con el argumento hipócrita que Cuba es un "país diferente", que tenemos un "modelo distinto" de democracia y Derechos Humanos. Ellos saben que eso no es cierto.

Figuras eminentes, como el Dr. Yuri Pérez y la Dra. Martha Prieto, han puesto su conocimiento para justificar este desastre. Otros maestros, como el Dr. Yan Guzman, publica en revistas extranjeras y habla de democracia, pero sin aplicarla en nuestro pobre país. Ellos (y otros pocos) viajan a congresos fuera del país, pero no usan su conocimiento y sus contactos para apoyar a quienes luchan por la Justicia y la Democracia en el país donde nacieron y trabajan.

La lista de mentiras, corruptelas y trabajos de los profesores para la Seguridad del Estado -que vigila a los estudiantes- es conocida en la Facultad. Si a alguno de nosotros se nos ocurre decir algo crítico, los profes son los primeros que nos dejan, como se dice en la calle, quemados. Ahora esos profes hasta organizan congresos con prestigiosos invitados extranjeros, para hablar de derechos humanos y constituciones. Foros que en las actuales condiciones de control y censura -donde solo participan en esos eventos a quienes aprueba el poder- nada más sirven para engañar, maquillar y exportar este fracasado modelo.

Nada queda ya de la facultad que formó a tantos jóvenes cultos y rebeldes en "la seudorepública" de la etapa capitalista. De esas generaciones en las que se formaron los mártires de la lucha contra Machado y Batista. Los jóvenes estudiantes aprendemos más hoy de profesores dignos, verdaderos revolucionarios y socialistas como los doctores Julio Antonio Fernández Estrada, Eloy Viera y René Fidel González que de lo que vemos en nuestras aulas. Donde abundan las clases mediocres, los currículos desfasados, los juramentos hipócritas y los profesores cansados y cínicos. Lo triste es que los profes Julio, Eloy, René y otros han sido expulsados de sus aulas por esta misma mediocridad segurosa.

Escribimos esto para denunciar, impotentes por no poder cambiar la situación desde dentro, lo que está pasando. Nos duele tener que hacerlo, porque al fin y al cabo es aquí donde nos formamos. Es de este lugar de donde saldrá nuestro título. Pero debemos pagar nuestra propia deuda con la sociedad que nos formó, diciendo la verdad.

Si quienes leen esto son aspirantes a estudiar en la Facultad, olvídense de eso: inviertan mejor su tiempo, estudiando otra cosa. Váyanse del país y hagan su sueño realidad en otro lado, donde los maestros enseñen lo que es verdaderamente la Justicia y el Derecho. Si son académicos extranjeros, no comprometan sus nombres y prestigio en convenios y eventos con esta cueva de policías, vividores y mediocres en que se ha convertido la Facultad de Derecho de la Universidad de la Habana.

Los autores del texto prefirieron resguardar su identidad.

sábado, 28 de enero de 2023

475.- El Diablo está en los detalles.

El Diablo está en los detalles y en la diferencia también, diría yo.

En uno de los renglones donde los constructores del socialismo y luego de la soñada sociedad comunista, pusieron y aún ponen su mayor esfuerzo es en una propaganda enorme y masiva, que a la vuelta de poco tiempo termina por cansar. En esas sociedades, todo, las hormigas, el deporte, el estudio, la forma de vestir y comer, la música que se escucha, los arcoíris, etc., tienen que ver con el socialismo. Si es bueno, es un éxito, si es malo, obviamente, el enemigo que siempre asecha es el culpable.

Desde los padres teóricos fundadores hasta los que luego trataron de adaptar sus ideas a la práctica, más todos aquellos que apoyaron la idea, por la razón que fuera, se han desgastado en imágenes y promesas, la mayor parte de ellas irrealizables, inalcanzables, por lo que, de aquel famoso beneficio a nivel global, no queda nada.

Todavía hoy, a pesar de la destrucción que se evidencia, un gobierno como el cubano, sigue hablando de socialismo y sigue pidiendo tiempo para realizar ese sueño, a pesar de haber invertido en él más de 60 años, sin llegar a reconocer que los que nacieron a principios de que estas ideas se implantaran, hoy son personas, que, de estar vivas, viajan a la ancianidad y en sentido general, están peor que cuando empezaron. Recuerdo que, en mi juventud, frente a aquella repetida y repetida frase de “Socialismo o Muerte”, siempre decíamos que era una redundancia y ese era el sentimiento de una gran parte del pueblo, o al menos del pueblo con que yo me relacionaba. Existe otro pueblo cubano que vive en Miramar y Siboney, que anda en carros y yates y viaja al extranjero.

En el socialismo, según sus defensores, el obrero, por ejemplo, trabajaría muy contento, porque su labor, fuera cualquiera, da lo mismo un trabajador del campo, como un profesional de un laboratorio, sería muy humana y humanizada. El trabajador además de contar con todo lo necesario y moderno para realizar su actividad, recibiría un salario que le alcanzaría para resolver las necesidades de su vida. El papá Estado Socialista se encargaría de todo lo demás.

Luego, ese obrero trabajaría de Sol a Sol riendo, porque sabía que parte del resultado de su trabajo iría a beneficiar a niños, viejos e incapacitados, que también reirían todo el tiempo. Tratándose, siempre desde la teoría y los largos discursos, de vender la imagen de que todos serían felices y sonreirán despreocupadamente todo el tiempo, al tener todo resuelto. Todo crecería y crecería. Las cosechas serían más grandes, la carne y la leche sobrarían, los edificios y viviendas llegarían a causar envidias internacionales, los médicos los mejores del mundo, los deportistas los mejores del mundo, los científicos los mejores del mundo, los mejores cines, los mejores teatros, los mejores y más codiciados restaurantes y hoteles. Todos serían cultos y preparados y el gobierno quedaría tan cerca y sería tan igual, que casi podría considerarse como un buen amigo o mejor, un dulce hermano.

Históricamente las imágenes que se exportan sobre el sistema socialista son personas que sonríen, en eso los chinos son grandes expertos, propaganda que esconde los verdaderos modos de vida. No sólo se miente, sino que el discurso sirve para nublar las mentes y lograr que las personas, que no descubren tales beneficios en sus vidas reales, no piensen en sus verdaderos problemas. Es una propaganda que promete y promete, pero en realidad con el paso de cada día, puede dar menos. Es un proceso hasta complicado de entender, porque la propaganda llega a convertir a muchas personas en auto parlantes repetidores que no piensan y son capaces de anunciar y con esto defender una realidad que no tienen y no tendrán.  

Ahora vivo en San Antonio, Texas, desde hace un año. Desde que llegué aquí trabajo como obrero en una compañía que se dedica a la detección de incendios, soy, según dice mi posición, un técnico instalador. Entonces nada de oficinas, nada de ambientes lindos, menos conversaciones culturales de alto vuelo.

Mi labor transita todos los días en obras que están en construcción, por lo tanto, rodeado de carpinteros, constructores, electricistas, pintores, polvo, acero, cemento, etc., dentro de los cuales, mi misión es tirar cables de un lugar otro, siempre encaramado en escaleras, para luego instalar los dispositivos que detectan y anuncian el fuego.

También, a veces, tengo que trabajar en escenarios terminados, círculos infantiles, escuelas, bancos, iglesias, pero como mi labor sigue siendo allí, los cables y los dispositivos, generalmente instalados lo más alto posible dentro de los comunes falsos techos, no me salvo del polvo, los pinchazos, las cortadas, etc. No es nada extremadamente complicado de hacer, he hecho aquí en Estados Unidos trabajos más fuertes, pero, repito, nada de oficinas, chicas lindas y conversaciones culturales. Soy, parafraseando a Antonio Machado, “en el buen sentido de la palabra”, un obrero.

El Diablo y la diferencia está en los detalles. Desde que llegué a este trabajo, algo que se repite y repite, siempre me ha llamado la atención y claro, como soy cubano, siento cierta admiración, quizás para los norteamericanos de hoy esto es tan normal como tomar agua o respirar.

En cada obra donde he trabajado, sin que exista un fallo, el contratista, o sea, la compañía que dirige la construcción y es responsable de subcontratar y organizar todos los trabajos, está obligada a poner cabinas para que los obreros hagan sus necesidades fisiológicas

Es una regulación que actúa como una ley. Antes de que se comience el primer movimiento de tierra, antes de que llegue el primer equipo y obrero, se instalan esas cabinas plásticas, generalmente azules, grises o naranjas.

Esas cabinas, a las que los cubanos llamaríamos letrinas, significan la verdadera atención al recurso humano, que tanto y tanto escuché mientras viví en Cuba. Esas cabinas dignifican verdaderamente el trabajo, a pesar de que no recuerdo que Marx las mencionara.

¿Cómo funciona? 

Pues todos los días aparece una pipa de agua, cuyo obrero, a pesar de que trabaja con excrementos y orines, por lo que pudiera parecer que está todo el tiempo sucio y apestoso, pero, sin embargo, viene más limpio que yo, que paso los días lleno de polvo y churre, conecta una manguera y vacía cada cabina. Luego con otra manguera de agua a presión limpia por dentro el lugar y deja en el fondo de la letrina un agua de color azul intenso, que imagino que contenga algún componente químico que ayuda a destruir los desechos y eliminar olores desagradables.

Cuando termina su tarea de higienización, repito, diaria, esparce en el interior un spray como los que se usan en los baños de cualquier otro lugar y deja, siempre, inevitablemente, sin equivocación, cuatro, cinco, seis rollos de papel sanitario.

En dependencia de la obra que sea, se instalan cuatro, cinco, seis de esas lindas cabinas, porque cualquier construcción puede tener 100, 150 hombres y mujeres trabajando como mínimo 8 horas diarias.

Pero para colmo de lo inexplicable para mí que vengo del socialismo y sólo lo que he escuchado es sobre la explotación del hombre por el hombre en los sistemas capitalistas, donde el obrero trabaja triste, apabullado, por lo que su andar es lento, cansado y, sobre todo, nada de risas, junto a esas cabinas, se colocan fuentes de agua limpia para el lavado de manos y caras, a las que además se les deja papel para secarse. Entonces no sólo se puede ir al baño, casi como en casa, sino que alguien ha pensado en que los obreros necesitan lavarse las manos y secárselas con papel.

A veces mi amigo y compañero de trabajo, joven norteamericano, que no sabe lo que es pasar trabajos, piensa que yo estoy loco, porque, sobre todo al principio, cuando me lavaba las manos, me las secaba en el pantalón, que puesto limpio el lunes, a partir del martes y hasta el viernes está sucio, por lo que mis manos limpias se volverían a ensuciar inmediatamente con mi acción de secado. Claro, fue fácil para mí de explicar, soy cubano le dije, cosa que él entendió sin tenerle que explicar mucho.

Entonces, cabinas limpias que alguien limpia diariamente para necesidades que siempre son instaladas, con papel sanitario y aromatizantes, agua limpia con jabón líquido y papel para secarse las manos, que obviamente en Estados Unidos es diferente al papel se usa para limpiarse las partes íntimas y todo esto en obras que están en construcción en medio, muchas veces, de la nada.

Que jodido estaban los padres teóricos y sus seguidores que diseñaron en papel la famosa “sociedad del futuro”, que no pensaron que ese obrero que ellos imaginaron reiría, necesitaba defecar y orinar. Que mentirosos fueron prometiendo “villas y castillos”, cuando se les olvidó algo tan elemental como lavarse las manos, tantas veces como uno quiera.

Estar en contra del socialismo, comunismo, chinismo, fidelismo y todas las variantes que se traten de los mismo, es fácil de justificar. No hacen falta tantos conocimientos para demostrar el fracaso, porque en realidad los pueblos no son expertos en filosofía.

Las fotos que he expuesto, tomadas un día cualquiera, a cualquier hora, no son de un hotel 5 estrellas, no son de un centro científico, ni de la NASA, no están en un parque exclusivo para turistas, menos son objetos museables puestos en una exposición de arte moderno, son sencillamente las cabinas que yo, obrero, uso todos los días, a veces varias veces en el mismo día y se encuentran en todas y cada una de las construcciones donde trabajo. Puedo asegurar que así estaban ayer viernes antes de terminar mí jornada laboral.

¿Dónde orina y defeca el obrero, el constructor, cubano?, ¿Dónde y cómo se lava las manos?

El Diablo sigue estando en los detalles y en las diferencias también, pienso yo. A lo mejor es que el capitalismo se lee y estudia los libros de Marx y sigue al pie de la letra cada discurso de Fidel.

viernes, 6 de enero de 2023

474.- Dos poemas imprescindibles para el 2023

Lo bueno de tener ideas y correr el riesgo de compartirlas con personas interesadas, es, primero, no se está solo, por lo que al compartirlas se habla, se toca; segundo, esas ideas llegan a personas que también tienen ganas de compartir sus ideas y experiencias y se animan a hacerlo y tercero, esas opiniones compartidas, regresan como rebote, a veces a favor, a veces en contra y casi siempre terminan por enriquecer la idea que fue compartida inicialmente y entonces, se aprende.

Mi amigo Ruso sigue siendo uno de mis más entusiastas lectores y no sólo eso, sino que el gusto de escribir para otros, ha renacido en él a traves de sus poemas. Ahora a partir de mi último artículo sobre los hombres y el llanto, me ha enviado dos poemas que quiero compartir para comenzar el año 2023 y así llegan a más personas.

El primero, “Te deseo” es un poema de Víctor Hugo, escritor francés, considerado uno de los grandes novelistas del siglo XIX, cuya obra cumbre, con la que todos lo identificamos es “Los Miserables”, todo un himno contra la miseria y en favor de los más desposeídos. Decir Víctor Hugo es pensar inevitablemente en sus personajes Jean Valjean, Javert, Cosette, tal como se piensa en el cátsup para la hamburguesa o el perro caliente. 

El segundo, “Valgo”, es de la autoría de Jorge Luis Borges, poeta, filósofo, ensayista y escritor argentino, cuyo alcance es ser uno de los mayores soportes y pilares para la literatura latinoamericana del siglo XX.

Es bueno decir que no conocía estos poemas y al leerlos, me parece que bien vale la pena publicarlos aquí.


"La libertad es el aire respirable del alma humana" Víctor Hugo.

TE DESEO

“Te deseo primero que ames,
y que, amando, también seas amado.
Y que, de no ser así, seas breve en olvidar
y que después de olvidar, no guardes rencores.
Deseo, pues, que no sea así, pero que, si es,
sepas ser sin desesperar.
 
Te deseo también que tengas amigos,
y que, incluso malos e inconsecuentes
sean valientes y fieles, y que por lo menos
haya uno en quien confiar sin dudar.
 
Y porque la vida es así,
te deseo también que tengas enemigos.
Ni muchos ni pocos, en la medida exacta,
para que, algunas veces, te cuestiones
tus propias certezas. Y que, entre ellos,
haya por lo menos uno que sea justo,
para que no te sientas demasiado seguro.
 
Te deseo además que seas útil,
más no insustituible.
Y que, en los momentos malos,
cuando no quede más nada,
esa utilidad sea suficiente
para mantenerte en pie.
 
Igualmente, te deseo que seas tolerante,
no con los que se equivocan poco,
porque eso es fácil, sino con los que
se equivocan mucho e irremediablemente,
y que, haciendo buen uso de esa tolerancia,
sirvas de ejemplo a otros.
 
Te deseo que siendo joven no
madures demasiado de prisa,
y que ya maduro, no insistas en rejuvenecer,
y que siendo viejo no te dediques al desespero.
Porque cada edad tiene su placer
y su dolor y es necesario dejar
que fluyan entre nosotros.
 
Te deseo de paso que seas triste.
No todo el año, sino apenas un día.
Pero que en ese día descubras
que la risa diaria es buena, que la risa
habitual es sosa y la risa constante es malsana.
 
Te deseo que descubras,
con urgencia máxima, por encima
y a pesar de todo, que existen,
y que te rodean, seres oprimidos,
tratados con injusticia y personas infelices.
 
Te deseo que acaricies un perro,
alimentes a un pájaro y oigas a un jilguero
erguir triunfante su canto matinal,
porque de esta manera,
sentirás bien por nada.
 
Deseo también que plantes una semilla,
por más minúscula que sea, y la
acompañes en su crecimiento,
para que descubras de cuantas vidas
está hecho un árbol.
 
Te deseo, además, que tengas dinero,
porque es necesario ser práctico,
Y que por lo menos una vez
por año pongas algo de ese dinero
frente a ti y digas: "Esto es mío".
sólo para que quede claro
quién es el dueño de quién.
 
Te deseo también que ninguno
de tus afectos muera, pero que si
muere alguno, puedas llorar
sin lamentarte y sufrir sin sentirte culpable.
 
Te deseo por fin que, siendo hombre,
tengas una buena mujer, y que siendo
mujer, tengas un buen hombre,
mañana y al día siguiente, y que cuando
estén exhaustos y sonrientes,
hablen sobre amor para recomenzar.
 
Si todas estas cosas llegaran a pasar,
no tengo más nada que desearte”.                                                                


"La duda es uno de los nombres de la inteligencia" Jorge Luis Borges

VALGO

"De tanto perder aprendí a ganar; de tanto llorar se me dibujó la sonrisa que tengo.
Conozco tanto el piso que solo miro el cielo. Toqué tantas veces fondo que, cada vez que bajo, ya sé que mañana subiré.

Me asombro tanto como es el ser humano, que aprendí a ser yo mismo. Tuve que sentir la soledad para aprender a estar conmigo mismo y saber que soy buena compañía.
Intenté ayudar tantas veces a los demás, que aprendí a que me pidieran ayuda.

Traté siempre que todo fuese perfecto y comprendí que realmente todo es tan imperfecto como debe ser (incluyéndome).

Hago sólo lo que debo, de la mejor forma que puedo y los demás que hagan lo que quieran.

Vi tantos perros correr sin sentido, que aprendí a ser tortuga y apreciar el recorrido.
Aprendí que en esta vida nada es seguro, solo la muerte … por eso disfruto el momento y lo que tengo.

Aprendí que nadie me pertenece, y aprendí que estarán conmigo el tiempo que quieran y deban estar, y quien realmente está interesado en mí me lo hará saber a cada momento y contra lo que sea.

Que la verdadera amistad si existe, pero no es fácil encontrarla.
Que quien te ama te lo demostrará siempre sin necesidad de que se lo pidas.
Que ser fiel no es una obligación sino un verdadero placer cuando el amor es el dueño de ti.

Eso es vivir. ... La vida es bella con su ir y venir, con sus sabores y sinsabores… aprendí a vivir y disfrutar cada detalle, aprendí de los errores, pero no vivo pensando en ellos, pues siempre suelen ser un recuerdo amargo que te impide seguir adelante, pues, hay errores irremediables.

Las heridas fuertes nunca se borran de tu corazón, pero siempre hay alguien realmente dispuesto a sanarlas.

Toda mejora siempre. Y no te esfuerces demasiado que las mejores cosas de la vida suceden cuando menos te las esperas. No las busques, ellas te buscan.

Lo mejor está por venir”.


 


domingo, 1 de enero de 2023

473.- ¿A qué edad es que los hombres podemos llorar?

¿A qué edad es que los hombres podemos llorar o al menos a que edad podemos llorar libremente, sin causar asombro?

Estoy muy cerca de los 60 años y debo reconocer que, con frecuencia, sobre todo cuando estoy sólo en mis reflexiones, cosa que ocurre por suerte poco, no me gusta la soledad, me descubro emocionado al borde de las lágrimas e incluso con algunas lágrimas derramadas.

Me emociona una canción, hay algunas que de seguro me emocionan muchísimo, una película, observar detenidamente a mis nietas o temas relacionado con niños, o, sencillamente, recordar alguna parte de mi vida. Sacando cuentas, casi todos los días hablo de mis abuelas, de mi barrio, de algunos amigos, sobre todos de aquellos de los buenos y juveniles años con los que pasé buenos y malos momentos. Para muchos de los que me rodean, repito y repito los cuentos.

Durante muchos años de mi vida, infancia, adolescencia, primera juventud, crecí con un patrón masculino muy fuerte, mi padre, el que luego en mi segunda juventud, se convirtió en uno de mis mejores amigos hasta que falleció.

Mi padre, creo haber escrito sobre él anteriormente, era de esa especie de hombre jocoso, jodedor diríamos en cubano, agradable, atrayente, muy extrovertido y conversador, de buen carácter y al mismo tiempo era de esa clase de hombre machista orgulloso que se desbordaba y poseía una energía descomunal. Baste decir que era santiaguero, de la época en que Santiago de Cuba era un lugar extremadamente orgulloso. Los santiagueros, a los que conozco bien, primero que todo son santiagueros, categoría por ellos mismos dada, que los diferencia, al menos para ellos, del resto de los cubanos.

Entonces al no haber hermanas hembras en mi casa, nos criamos como varones de la época de mi padre, por lo que una de las primeras ideas, lo mismo frente a un golpe, una herida, un problema, etc., era, los hombres no lloran, así que, sin ser religiosos, nos decían, levántense y anden.

Miles de cuentos tengo junto a mi padre, quizás por yo ser el hijo mayor, su primer hijo, dedicó a mi más fuerza, la fuerza que da la juventud. Recuerdo mucho trabajar junto a él en “trabajos de hombres”, o sea, albañilería, plomería, electricidad, carpintería, etc., y por otro lado recuerdo haber compartido con él muchos de sus cuentos y vivencias. Ël era un gran conversador y yo, entre las cosas que de él heredé, fue la capacidad de conversar, discutir y analizar por muchas horas seguidas, tantas que, por momentos, rindo a mis interlocutores y me quedo solo.

Con la idea de que los hombres no lloran, entonces crie a mi hijo varón Jonathan, con los mismos consejos y acciones de mi padre. Jonathan creció en una casa, mal o bien, lidereada por mí, donde por aquella época, mi inmadurez y tradición, me hizo no confiar, por tanto, no utilizar, la ayuda de psicólogos y pastillas. Jonathan creció, también ayudándome a trabajar, todavía hoy lo hacemos juntos, donde no había cómo escaparle al trabajo gracias a un pequeño arañazo, un golpecito, una caída. Él como yo, estuvimos obligados a levantarnos y andar, daba igual lo que fuera.

Entonces hoy, Jonathan, quizás yo lo fui también con mi padre, es mi principal y primer tribunal como hijo varón, cuando de debilidades aparentes se trata, por lo que cuando me ve medio lloroso es inevitable escuchar de él algo así como: “o tú te estás poniendo viejo o te has convertido en un llorón”. Debo decir que tengo otro tribunal abierto constantemente que está presidido por mi hija Jennifer, tan cruda y exigente como lo fui yo, pero Jenny es mi hija hembra, por lo que es otra cosa. Jennifer además de mi hija primera, se precia hoy de ser mi jefa y haber domado a la “fiera” y hasta cierto punto es cierto, salvo en ocasiones muy extremas, me he vuelto débil frente a sus orientaciones, que más que eso, casi siempre son órdenes. Jenny tiene una frase que la acompaña siempre: “tú no has entendido nada, ahora tienes que hacer … y yo, muy disciplinadamente, hago.

Llorar en una sociedad machista como la cubana, donde los varones somos machistas y las hembras son más machistas que los varones, es mal visto. Debe ser porque se asocia a una potencial debilidad o porque cada vez que se tiene un problema, las personas normales e incluso las no muy normales, terminan llorando. Para mí, debo reconocer fue así durante muchos años, sobre todo, cuando descubría que mediante el llanto se trataba de escapar, o peor, mediante el llanto se trataba de no explicar determinada actuación.

Yo no creo en la vida después de la muerte, menos sé a dónde va a parar lo que llaman espíritu o alma y todavía no me he encontrado con nadie que después de morir, haya regresado. Aún estoy esperando poder ver a Jesús y como es de suponer, a mi edad, aunque todavía yo joven, he visto morir, incluso frente a mí, a varias personas cercanas y en esos momentos, no es el llanto lo que me ha caracterizado. Crecí en un lugar donde a los muertos se les velaba y enterraban y cada cual se retiraba a celebrar, homenajear, recordar, etc., la vida del fallecido. No recuerdo en mi familia imágenes de personas agarradas a un ataúd anegadas en llanto, dando gritos de por qué te fuiste y me dejaste, etc.

Entonces crecí por lo menos haciéndome el duro. Recuerdo que mi abuelo materno murió 15 días antes de mi día planificado para casarme con Martica. Mi abuelo fue un gran tipo, otro día haré la historia, por lo que comenté con mi madre la idea de cambiar la fecha de mi boda. Aunque no muy convencido de la medida, me parecía fuerte meter una fiesta a pocos días de un gran velorio y mi madre, sólida como un roble o el mejor acero, me dijo: _ nada de eso, tú te vas a casar como está planificado, si el muerto hubieras sido tú, tu abuelo no habría renunciado a sus responsabilidades, tómatelo como un buen homenaje a lo que fue su vida. Y entonces, sin acordarme mucho de él el día de mi boda, me casé, sonreí, bailé, comí, tomé algo de alcohol y me fui a disfrutar más a mí antigua novia en lo que llaman “Luna de Miel”, autorizado públicamente luego de haber firmado un papel.

Pienso que me estoy poniendo viejo o me he convertido en un llorón, como dice mi Jonathan, porque, a veces, sorprendido y sin poder evitarlo, me encuentro emocionado y llorando con cosas tan sencillas como una canción que he escuchado, por mi costumbre de repetir, miles de cientos de veces. A lo mejor tengo problemas glandulares y no lo sé o es que a lo mejor, en estos momentos he perdido la presión y me da igual lo que se piense.

Los hombres si lloramos y en realidad deberíamos aprender a hacerlo desde siempre. Llorar, siempre que sea controlado y no como resultado de una enfermedad nerviosa o de la histeria, por ejemplo, es bueno. Libera. Estoy probando que no adelgaza, ojalá adelgazara.

Los hombres, al menos los que crecimos en una sociedad machista, lo que nos resulta de inevitable influencia, porque no somos suecos o suizos, deberíamos aprender que llorar no nos demerita y muchas veces es la mejor expresión de lo que sentimos, cuando el llanto es verdadero. 

Mi último cuento fue hace muy pocos días, nos encontrábamos recibiendo los regalos por Navidad. Alegría. Entre los regalos que me tocaron, estaba una botella de ron “Flor de Caña”, que Naty, la esposa de Jonathan, me había traído de su último viaje a su país de origen, Costa Rica. Ese ron lo conocí y tomé, gracias a mi padre, como resultado de sus viajes por trabajos a Nicaragua. Mi viejo, entre otras cosas, era amante del buen ron y disfrutaba jugar al “cubilete” sentado en el portal de mi casa junto a todos nosotros. Y entonces, de pronto, al abrir el regalo sorpresa, para sombro de todos los presentes que reían y agradecían, sobre todo para mi nieta Mia, chica, por tanto, desconocedora de la vida laberíntica, me fue inevitable llorar más de lo acostumbrado al recordar a mi viejo, a pesar de haber escuchado entre risas la voz de Jonathan de: o te estas poniendo viejo o es que te has convertido en un llorón. Mi fiel Martica me defendió y explicó lo que yo, por no poder hablar, no pude explicar.

Entonces, ahora, quizás porque me conviene, entiendo a todas las personas que he visto llorar durante su vejez, cuando no le encontraba mucha justificación. Ahora las entiendo más el por qué lloraban.

Bueno, quizás se estaban liberando, quizás ya no les importaba que los vieran, quizás los recuerdos eran muy grandes y en medio de la alegría de vivir, pesaban mucho. Mi bisabuela Alicia lloraba mucho cuando fue viejita, recordando a su Asturias natal, a donde nunca regresó y a cada uno de sus familiares a los que más nunca volvió a ver. Mi abuela Tomasa, viviendo en el hogar de ancianos que le permitió vivir más, lloraba desconsoladamente cada vez que la visitamos. Estaba bien, no le faltaba nada, pero en realidad lloraba porque le faltaba todo. Yo, me estoy poniendo viejo, no puedo hablar por teléfono con mi suegra Marta en Cuba, se me hace un nudo en la garganta, se me traban las palabras, tengo que soltar el teléfono, tomarme unos minutos para luego regresar.

Mi amigo Ruso me ha dicho que la entrada oficial a la vejez es a los 65 años, por lo que todavía no tengo el carnet. No sé si es oficial por estudios científicos o sencillamente se apela a la posible y legal fecha del retiro laboral como frontera; pero todavía nadie me ha dicho a qué edad se puede llorar sin parecer un extraño.

martes, 27 de diciembre de 2022

472.- "No sé qué diría el nunca bien reconocido "Don Carlos Manuel"". El Terrible.

El Terrible, que no se enamoró y fue a vivir a España y que tampoco ha venido a Estados Unidos cruzando selvas y caminando por toda Centro América, me escribe. El Terrible sigue en Cuba y como cubano de a pie, vive o  mejor padece diariamente, la inexplicable e injustificable situación de nuestro país.

A veces, por no decir siempre, mientras escribo pienso en él, quizás como solidaridad, quizás como lamento o sabiendo que leerá cuidadosamente mis ideas y siempre aportará a ellas su mejor conocimiento.

Es lindo nuestro intercambio, pero a su vez doloroso. Más allá de la total coincidencia en nuestras ideas, su realidad, sin merecerla, es muy diferente a la mía. Más allá de la total coincidencia, sus afirmaciones no sólo enriquecen lo que escribo, sino que le dan un verdadero sentido. 

El Terrible me halaga y eso, debo reconocerlo, me hace sentir bien. Podría pensarse que a mí me resulta muy fácil, sentado en mi cómoda silla, escribir sobre Cuba, pero qué se puede decir de El Terrible, que ni comodidad, ni casi silla tiene.

Aquí les dejo textualmente lo que me contó a propósito de mi último artículo:

“No puedo agregar ni una sola coma a tú artículo sobre Canel. Es impresionante como sigues conectado con la realidad de Cuba a pesar de estar lejos desde hace muchos años. Coincido con cada una de tus ideas, sólo en un país como Cuba puede ser presidente un tipo como Canel. Es verdad que todo está peor desde que él "asumió esa tarea" y no podía ser de otra manera. Es sólo un payaso puesto para dar la cara y complacer los mandatos de la cúpula gobernante.

Cuba sigue siendo y ahora más que nunca, un completo desastre. Ahora lo mandan por el mundo a pedir limosnas en nombre del pueblo trabajador, bloqueado y asediado. De su última "gira" por Rusia recibirán 25.000 toneladas de trigo regaladas a cambio de nuestra famosa cercanía física con USA.

¿Por qué tenemos que vivir de lo que otros nos "regalan" a cambio de concesiones como el gastado voto en ONU ????? No sé qué diría el nunca bien reconocido "Don Carlos Manuel" de lo que pasa hoy en Cuba bajo un sistema que destruye lo más distintivo del ser humano sí le dijeran que los cubanos de hoy estamos pagando 150 pesos por una libra de azúcar. (en la calle, robada) y que ahora endulzamos como en la manigua del siglo XIX con miel de abeja, producto que hasta dónde sé no está castigado por el férreo bloqueo y que además depende solamente de nuestras mejores amiguitas las laboriosas abejitas.

El capitalismo surgió a partir del feudalismo y pienso está muy lejos de ser un sistema justo que puede mejorar en el futuro, pero el comunismo, bajo la apariencia de justicia social, convierte al ser humano en cucarachas incapaces de generar bienestar verdadero, ni prosperidad sostenible.

Claro que a Canel le ha salido todo mal porque no puede ser de otra manera y pasará a la historia como el peor de todos los presidentes de este país que está condenado al fracaso absoluto. ¡¡¡¡¡¡¡¡¡En la asamblea de Lazo y sus muchos parásitos, acaban de aprobar una nueva ley de EXPROPIACIÓN !!!!!!!! y me pregunto: ¿Cuál es el verdadero propósito de esa ley y por qué ahora???? El pueblo está tan ocupado tratando de sobrevivir que no prestó atención a ese tema. La nueva ley fue aprobada y aplaudida por unanimidad, (como todas), pero ¿qué implicaciones puede tener en la vida de los cubanos en el futuro???

Ayer Mesa Redonda hablando de los grandes logros de la agricultura urbana, según dijeron una idea de Raúl. ¿Cómo en medio del hambre y altos precios que imperan en un país repleto de tierras fértiles subutilizadas, a alguien se le puede ocurrir esa mediocre idea???? Los capaces sólo piensan en salir de Cuba y los mediocres y oportunistas ocupan esos espacios dónde se toman las decisiones, es imposible cambiar el rumbo de los acontecimientos. ¿Cómo un país pudo permitir que un sólo hombre, (loco y el más sínico), cambiara el destino de un país para complacer su inagotable e intangible ego y todo bajo la justificación de alcanzar la pretendida igualdad???? La vida nos está castigando y las futuras generaciones tendrán que pagar por vivir en un país desbastado por la miseria y el atraso.

Seguimos en combate. Besos.


lunes, 26 de diciembre de 2022

471- Papel triste de Miguel Díaz Canel, el que dicen es presidente de Cuba.

Mucho había demorado en escribir este pequeño artículo, trabajos y fiestas me lo habían impedido, pero como ya todo eso va pasando, le dedico al tema importante Cuba, algunas ideas.

En su última intervención pública ante la Asamblea Nacional del Poder Popular, (parlamento al estilo cubano, aburrido, inoperante, aplaudidor), el presidente de Cuba Miguel Díaz Canel se “motivo” a rendir cuentas sobre su gestión de gobierno, al cual él mismo ha definido como “Continuidad”, tratando un poco, ante la desaprobación mayoritaria de la población, de legitimarlo desde el punto de vista político – ideológico únicamente.

Su informe o el informe del resultado de su gestión, estuvo precedido por un traje gris y una camisa negra de rayas grises, tal pareciera que estuviera vestido para asistir a un funeral o quizás a su propio funeral. En realidad, si esto fuera serio, debía estar asistiendo a lo segundo. Su gestión ha sido, tan, pero tan mala, que no sólo necesitaría renunciar, sino que resolvería de una vez, siendo cuidadoso al darse un tiro, creo que con un tiro bien dado es suficiente y así no le gastaría muchas balas a su patrocinador Raúl Castro y al ejército cubano que el hermano de Esteban, de seguro, todavía dirige.

Buena forma de traducir su real estado de ánimo, al tenerse que parar frente a los llamados diputados, que son los mismos, que están allí para aplaudir y hacer bulto, porque en realidad jamás han resuelto nada y por la estructura de gobierno cubano, jamás resolverán nada y, sobre todo, frente a una gran parte del pueblo que lo reconoce como “Puesto a Dedo” y “Díaz Canel Singa´o”, demostrándole, por un lado, el irrespeto y por otro, la desaprobación que le tiene.

Pararse frente a ese pueblo, que ha dado miles de muestras de nobleza, para reconocer que su famosa “Continuidad”, sólo ha servido para hundir a Cuba entera, lograr que sea reconocida como un Estado Fallido y que los números de una emigración desesperada hayan roto todos los récords existentes en estos últimos 63 años, con más de 250 000 personas de todas las edades, colores y sexos, incluso muchos con sus perritos, debe ser muy duro o descarado.

Realmente, después de muchos años ya de análisis e implementación de “nuevas medidas”, sobre las otras nuevas medidas que no funcionaron, desde el acostumbrado poder absoluto, al menos de forma pública, han destruido tanto, que el mismísimo Fidel Castro, que se debió haber considerado el máximo destructor, de estar vivo, se debería sentir superado.

Como siempre, la repetida introducción del momento histórico malísimo que le ha tocado, donde una vez más, Estados Unidos y el más que famosísimo “bloqueo”, ganador en estos últimos 63 años del premio Oscar, tuvieron, no sólo un papel, sino el papel protagónico. Cuba, país asediado, bloqueado, atacado, estrujado, martillado, etc., por la potencia más rica del mundo, lo que ha impedido el desarrollo que él, Díaz Canel y su equipo, como nuevos inventores de la sopa de ajo, tenían muy bien estructurado para salvar en pocos años a Cuba, causante externa de que, en Cuba, la tierra, ni boniato produzca.

El “bloqueo” por un lado, como nota de tristeza. Maniobra del enemigo eterno como “un cerco criminal e inaceptable” al decir de Canel, que nos quiere hacer desaparecer, acción que nos convierte en eternos enemigos, pero al mismo tiempo el anuncio muy flojito, muy suavecito de que el gobierno de Cuba está interesado en “conversar” y sobre todo recibir ayudas. Para mí gran contradicción, primero enemigo que quiere que Cuba desaparezca, que agrede y ataca y al mismo tiempo brinda ayuda que el gobierno cubano, ni por vergüenza ha sido capaz de rechazar, por el contrario, ha agradecido en más de una ocasión. ¿Es que una cosa no tiene que ver con la otra? Enemigo jurado y obviamente la mayor parte del tiempo inventado, que ha tenido a ese pueblo en alerta de guerra por más de seis décadas, causante de todos y cada uno de nuestros males y al mismo tiempo, suministrador de comidas, medicinas, tecnologías, etc., y poseedor de dos millones de inmigrantes cubanos que, a pesar de todos los pesares, incluso sin poder realmente, durante todos estos años, han ayudado a mantener, con sus remesas de dinero y envíos de todo lo enviable, más sus viajes a “la tierra” a ese gobierno, que luego de haberlos agredido, maltratado, vilipendiado, echado, descubrió los beneficios de vivir de los que un día “se fueron”.

Después de esta repetitiva, pero necesaria introducción del mal momento, que sirvió al parlamento como entrante, Canel trajo el plato fuerte cuando afirmó:

“Siento una enorme insatisfacción por no haber sido capaz de lograr desde la conducción del país los resultados que necesita el pueblo cubano para alcanzar la anhelada y esperada prosperidad”.

Inmediatamente pensé, lo que viene ahora es su renuncia, la honestidad para decir, no pude, no voy a poder y dejo esto para que otro, quizás más joven, quizás mejor preparado, quizás con más apoyo y menos lastre, quizás más arriesgado y menos comprometido, lo eche para adelante, pero no, sólo una dulce y conmovedora autocrítica, de esas que hemos visto por muchos años, carita de melancolía, hablar nervioso y más nada y no pasa más nada. Todo seguimos igualito a como estamos.

Pero lo más llamativo, ridículo e incomprensible es que el tipo esté diciendo que la cagó y los parlamentarios masivamente se levanten a aplaudir, lo que tiende a confundir. ¿Están aplaudiendo la dulce autocritica sabiendo que no pasará nada y que al bajar el telón todo continuará igual o es que están reconociendo con sus aplausos que el presidente no ha sido capaz de lograr los resultados que necesita el pueblo? Esto último, no sería para aplaudir, sino para abuchear prolongadamente.

Díaz Canel, en busca de lástima, no es otra cosa, habla de “anhelada y esperada prosperidad”; pero, cómo se puede ser tan descarado para mencionar la palabra prosperidad, cuando la gente se está matando fuera de una tienda para conseguir algo de comida, muriendo por falta de atención médica y medicamentos y nuevamente la familia ha visto partir, ha despedido o ha partido a través del mar, selvas y caminado cuatro, cinco o más meses por tierras desconocidas, a sus cubanos.

Es un mentiroso, cuando da la impresión de que la prosperidad del pueblo ha sido el eje conductor de su gobierno, cuando lo que ha pasado en realidad es el olvido total. Cuba, nunca ha estado peor, los niveles de satisfacción son menos que los elementales en la mayor parte del mundo y la prosperidad es una palabra que el cubano promedio sueña con conseguirla y siente que la ha conseguido cuando precisamente ha salido de Cuba, aunque trabaje limpiando piso en un hogar de ancianos o en un matadero de cerdos.

¿Cómo se puede aplaudir, lo que significa aprobar, que el presidente diga, aunque lo diga muy dulcemente que después de muchos años de su único gobierno no ha resulto nada y peor, que todo está más malo que cuando él llegó?, ¿Cómo es que después de esa declaración, que todos sabemos, no venga aquello de: _ pongo a disposición de este mismo parlamente que me aplaude sin yo saber por qué, mi cargo de presidente y todos los demás cargos que tengo?

Todo un plato fuerte crudo, mal elaborado, que significa una vez más lo que siempre ha pasado, la manipulación. Una pequeña autocritica autorizada por todas las instancias obviamente, Canel es incapaz de apartarse del papel que lee, ni para mirar al público que lo escucha en vivo o por la cámara de TV, con la que se pretende ahora dar imagen de honestidad, de sacrificio, de entrega “revolucionaria”, de que como “Continuidad” hace lo mismo que Fidel, al que le fue muy fácil siempre cagarla y luego reconocer que la cagó, bajo los aplausos de los aplaudidores y continuar el camino para luego volverla a cagar sabiendo que los aplaudidores siempre lo perdonarían, respaldarían y aprobarían sus desastrosos resultados. ¿Qué fácil la tiene el gobierno de Cuba? Si es cierto, no obtienen ya ni los mínimos resultados, Cuba, isla bella del Caribe importa sal, pero saben que no pasa nada, todo se resuelve con un discursito apenado, melancólico y luego a las langostas y el buen vino.

Para el final, después de los aplausos que ni él mismo pudo entender, Canel nos presenta su postre:

“El 2023 debe ser un año mejor, pero lograrlo demanda más que un plan integral, exige sacudir la inercia, desterrar el burocratismo, quitar más trabas y superar la auto complacencia”

O sea, Canel esta mencionando las precisas causas que desde hace muchos años han logrado lo que hoy tenemos, pero se le olvidó decir que hablaba de ellos mismos, que han sido los únicos que han generado todos estos problemas. Los cubanos desde el propio año 1959 hemos estado esperando a ese año que viene, que va a ser mejor y así hemos llegado al 2023, donde ahora sí, el presidente nos augura que va a ser mejor otra vez.

El discurso de Canel, su postre, es como si él y su grupo, es como si Raúl, Fidel, todos los burócratas en el poder, todos los ideólogos del único partido que ha existido, cuyo “sacrifico revolucionario” les ha permitido vivir a nivel de la gran burguesía mundial, hubieran llegado ayer y le están encontrando los problemas a los anteriores, sin reconocer que los anteriores y los anteriores a esos anteriores, han sido ellos mismos.

Canel tendría, por pudor, que mencionar a todos aquellos, hoy muertos, o que están fuera de Cuba o que están muriendo defraudados dentro de ella, que desde hace 60 años han hablado y están hablando de “sacudir la inercia, desterrar el burocratismo, quitar más trabas” y nada más y nada menos que, “superar la auto complacencia”. Tendría que proponer una medalla para aquellos que desde hace décadas lo vieron venir y lo advirtieron. La auto complacencia ha sido la verdadera guía ideológica en Cuba.

Sólo le faltó decir, antes del disparo que debía darse, _ la causa hemos sido y somos nosotros. La causa ya la describieron aquellos “gusanos” que se fueron, somos nosotros, no busquen a otros culpables. Nuestro objetivo, al menos el oculto, está cumplido, hemos sido capaces de destruir a un país entero.

Pero como la base de todo el gobierno cubano es el descaro, es saber que se está mal, pero decir que se está bien, que hay logros que nadie ve, pero hay logros, etc., el gobierno de Canel, siguiendo a sus antecesores, crea falsas imágenes. Ahora se habla de “Resistencia Creativa”, algo así, regresando en el tiempo, como pedirle al esclavo, que se sabe esclavo y que no puede hacer más nada para cambiar su status, que haga poemas, que cree música, que busque nuevas formas y medicinas para curar las heridas de los latigazos, que optimice más su jornada laboral para que su trabajo sea más productivo, que coma menos para disminuir los gastos del esclavista y que se dedique a hacer hijos para aumentar la población esclava. Entonces por esa vía, por esa conclusión del gobierno cubano, la esclavitud no era tan mala, sólo que fue poco creativa.

La “Resistencia Creativa” es como pretender que al perro que tienes amarrado con una cadena por el cuello, expuesto al Sol, al que no le das comida, ni agua, al que le das con un palo todo el día, que está lleno de llagas sangrantes, te de la pata como símbolo de amistad, amor y agradecimiento. Sería absurdo, sin embargo, el gobierno cubano, ahora representado por Canel confía en que sí, que, si se puede, lo que le falta al perro es creatividad.

Resistencia Creativa a un pueblo que noblemente se ha convertido en un resistente creador no para la prosperidad que se obtiene y vive, sino para sobrevivir. A un pueblo que se ha comido sus gatos, que ha fabricado casas con cartones, que camina y camina kilómetros para ir al trabajo, que anda recogiendo hojas de cualquier mata para hacer un té medicinal, que renunció a sus langostas, a sus hoteles, a sus mejores playas, que anda con ropa usada, regalada, que se conforma con recibir huesos que un día tuvieron carne, sin preguntarse a dónde fueron a parar los músculos y tejidos, que se alumbra con lo que puede conseguir, porque ni velas para los santos se consiguen con facilidad, que no duerme por falta de electricidad y porque tiene que combatir contra los mosquitos todas las noches, que se deja enyesar un brazo con dos pedazos de madera, que paga la medicina precios de Japón, que ve caerse su edificio y pierde todo lo que había adentro, incluyendo algunas veces a sus familiares, etc., un pueblo que se siente feliz cuando logra colocar a un miembro de la familia fuera de Cuba y que llora su ausencia, pero con alegría. Hay que tener la cara dura.

 

lunes, 19 de diciembre de 2022

470.- Más allá de Argentina Campeón.

Me place decir que siempre me han gustado los argentinos como pueblo. He sido toda mi vida un amante del cine argentino, el que considero uno de los mejores, sino el mejor, de nuestro continente, junto al cine brasileño y al cubano, cuando en Cuba se hacían muy buenas películas. Me enamoré de Mercedes Sosa, de su música y persona, siendo yo muy joven y con ella enamoré y fui adicto desde muy al principio a Fito Páez. Todavía hoy lo soy.

Y lo paradójico de esto hoy, es que cuando digo, a veces con cierto miedo, que me gustan los argentinos, son muy pocas personas las que me apoyan, por el contrario, casi siempre lo que he recibido es una mirada de desaprobación y entonces aparecen las miles de críticas, algunas más coherentes que otras, sobre las diferentes manifestaciones de ese pueblo.

Me gustan los argentinos, me gustan mucho. Creo que son inteligentes, al menos los que he conocido y tienen para mí un humor muy especial, que me hubiera gustado tener, mezcla de humor de muchos colores. El mejor chiste popular que los define e identifica es que dicen que cuando está relampagueando, los argentinos, o sea, ellos miran al cielo, porque Dios los está fotografiando.

Son además todo lo apasionados, irreverentes, protestones, rebeldes, cosas que hasta ese nivel me hubiera gustado ser. Son fanáticos y, sobre todo, expresivamente fanáticos, lo que viene muy bien a mi forma de ser. Sobre todo, lo de expresivamente. Suelen parecer arrogantes y prepotentes, características que a veces me gustan, a lo que ellos responden que no lo son, porque sencillamente son argentinos.

Argentina es un pueblo que ha sido jodido muchas veces, que podría ser muy rico y no lo es, además de dictaduras militares, han sido dañados por repetidas y crónicas crisis económicas, políticos extremadamente corruptos, etc., sin embargo, tiene algo que los ha salvado y unido y los salvará para siempre, su futbol, que no es cualquier futbol.

A través de ese deporte, según ellos mismos dicen, se animan y se revelan, se fajan, gritan, lloran, se unen y se desunen incluso entre ellos mismos, pero sobre todo se liberan. El futbol es su expresión más clara para rebelarse contra su realidad.

Existen muchas muestras de expresividad a través del futbol. Pueblos que cuando compiten entre ellos parece que se van a matar, antagonismos históricos. Recuerdo hace años una entrevista a un futbolista irlandés, ya retirado, que afirmaba que cuando salían a jugar contra Inglaterra, no iban a competir, ellos iban a una guerra. Así Brasil, España, Italia apoyan a sus selecciones con amor, pero para los argentinos, al parecer, el futbol es algo más que deporte.

Quizás sea algo paralelo, tan amado como la misma patria o es que a través de ese deporte demuestran lo que aman a ese pedazo de tierra donde han nacido. El futbol para el caso argentino es una manera de expresión, más allá de la variante deportiva.

Si es cierto parece que se matan entre ellos, pero cuando de unirse se trata, no conozco otro pueblo más unido. Aman a Argentina a través del futbol casi hasta la enfermedad.

Disfruto viendo a ese pueblo no sólo cuando grita, sino cuando llora apasionadamente, tal como frente a la muerte de algún familiar muy querido y siento tanto orgullo que no puedo dejar yo también de emocionarme al punto de las lágrimas. Disfruto ver incluso a los periodistas profesionales, ya no a los jugadores entendiblemente emocionados, cuando pasando por encima de sus funciones como comunicadores, echan a llorar sin pena, frente a las cámaras, lo que me dice que primero y, ante todo, son argentinos y les importa poco en ese momento lo que se pueda pensar.

Disfruto enormemente ver a los niños argentinos, tan pequeños como de 3, 4, 5 años, vistiendo con enorme orgullo las camisetas de su equipo y más allá de originales, copias o inventadas quizás por sus madres y abuelas, llevar orgullosísimos los colores de su bandera y el nombre que hoy los ha vuelto a hacer sonreír, Messi. Y no sólo vistiéndolas, sino pudiendo explicar el por qué la llevan puestas.

Hay que ver las imágenes de las ciudades en Argentina para darse cuenta de lo que para ellos el futbol significa. Hay que ver como celebran y sufren. Ambos sentimientos, como son argentinos, llevados al extremo más extremo.

Cuba fue un país de buen deporte, digamos nuestro deporte nacional, la pelota, por muchos años nos hizo sentir orgullosos, pero recuerdo que los estadios se llenaban de hombres, la mujer cubana, en sentido general, no es beisbolera. La pelota cubana era mayormente para hombres, cosa que se observaba frecuentemente en cualquier momento cuando frente a un solo televisor en la sala de cualquier casa cubana había que decidir entre la pelota y otra cualquier cosa que se ponía en el otro canal. Recuerdo lo que me burlaba de Martica cuando joven, cuando trataba yo de explicarle cómo se jugaba a la pelota, diciéndole garrafales mentiras sobre el juego, en forma de burla, que ella desconocedora total de lo que pasaba, inocentemente creía. Recuerdo haber visto a muy pocas niñas o muchachas jugando a la pelota en mi barrio, sólo recuerdo a una, se llamaba Estrellita, que jugaba pelota como cualquier varón, incluso mejor, pero no dejaba de ser un “bicho extraño”.

La mujer argentina, incluso las jovencitas, son fanáticas al futbol y asisten a él, no para aburrirse acompañando a su pareja o amigos, sino para apoyar, también fanáticamente, a su selección, tan fanáticamente como el mejor exponente del sexo opuesto.

Aunque sé que los premios, las medallas, las copas del Mundo, no se otorgan por merecimiento, me alegra que Argentina ganaran el Mundial, creo que se lo debían y, sobre todo, se lo merecían. Para este caso frente a Francia, equipo de enorme tradición y méritos, no le regalaron el juego, por el contrario, fue un juego para morir, lleno de fuertes emociones hasta el mismísimo último segundo. Argentina ganó porque fue mejor.

¿Qué decir de Messi, que ya no se haya dicho por los autorizados a decir? Creo que ahora sí, más allá de todo lo que ha hecho, podrá pasar a la historia con su bien merecido campeonato. Ahora sí, los que decían que estaba muerto, que estaba desaparecido, que si Cristiano Ronaldo, que si Neymar, que si Mbappé, etc., tendrán que sacarle su plato aparte. Ahora hablamos de un Campeón, con C mayúscula

Me seguirán gustando los argentinos.