miércoles, 25 de febrero de 2026

650.- ¿Salvar a la familia cubana?

Que exista un grupo de cubanos que, a pesar de todo, hoy defiendan al gobierno cubano, no es nada extraño, ni nuevo.

Frente a cualquier hecho, proceso humano, las personas se dividen como mínimo en dos bandos, a veces, son tantos los bandos que se hacen incontables o, peor, a veces cada humano es un bando diferente.

Uno de los hechos más sonados de nuestra historia moderna, hasta hoy, fue en el que el gobernador Poncio Pilato y las autoridades romanas ordenaron la crucifixión de Jesús que luego los soldados romanos ejecutaron, bajo las presiones de los altos religiosos locales de Jerusalén. Según cuenta la historia, en el “Via Crucis”, camino de Jesús hacia el Monte Calvario, lugar donde lo crucificaron, fueron los propios judíos de pueblo los que lo abochornaron, repudiaron, insultaron y agredieron. Y así en cada momento, en cada hecho, bueno o malo. Entonces Cuba no es la excepción. Sería bueno que todos siempre estuviéramos de acuerdo sobre todo en las cosas buenas, pero muy pocas veces ocurre así. El bando triunfador, el mayor o el más fuerte, termina imponiendo su variante, mejor ejemplo, Fidel Castro y su revolución de 1959, cuando un pequeño grupo se metió en los bolsillos a un pueblo entero, que se dejó meter y seleccionó el camino del exterior para los que no entendieron o discreparon.

En Cuba, todavía hoy, existen esos dos grupos, subdivididos en su interior en muchos otros pequeños grupos.

Están los que forman parte del gobierno, entendible la defensa, porque viven y viven bien de eso. Están los “sentimentales” que se siguen agarrando a una supuesta tabla de salvación, más que todo del espíritu, que son capaces de hacerse los tontos y preguntar: ¿dónde está Fidel?, habiéndoseles anunciado que fue incinerado y sus cenizas, dicen, fueron metidas en una fea piedra como última morada en la Tierra. Están los que, por algún tipo de comprometimiento, chantaje, o, sencillamente, para escapar de la vigilancia y el hacha con que ella puede venir, por lo menos públicamente, siguen hablando de patria que no tienen, de soberanía e independencia de las cuales han disfrutado poco, más de logros alcanzados, tantos que parece que hablan de los mosquitos, el marabú, los derrumbes, la basura en todas las esquinas, las enfermedades, las carencias, etc.

Siguen existiendo aquellos que han estado siempre tan enajenados que les da lo mismo que “crezcan los niños o que crezcan los accidentes”, masa amorfa que el gobierno ha aprendido a manejar a conveniencia y, sobre todo, contarlos para luego crear sus estadísticas y distribuirlas a través de su no poco efectiva propaganda.

Y están los internacionales, es verdad, cada día menos o al menos disminuidos a partir del desbloqueo de la realidad que ya no se puede esconder o maquillar, que, sin haber investigado, sin haber viajado a Cuba, siguen pensando en aquella isla caribeña que con el dinero extranjero trataba de hacer revoluciones en cualquier parte del mundo. El Che, al que no conocen en realidad es su más gustoso símbolo.

Muchos de esos, siguen retomando y repitiendo de carretilla las historias de la Sierra Maestra, la campaña de alfabetización que no alfabetizó realmente a tantos como la propaganda ha impuesto en los libros de historia. Esos siguen hablando de alta medicina y gran educación gratuitas, aunque eso hoy ya no existe y de potencia deportiva, cuando no hay pelotas, ni terrenos, ni trajes, ni casi nada para poder practicar de forma profesional un deporte.

Esos que siguen apostando desde sus cómodos toilets capitalistas, a mantener un sistema comunista fracasado en Cuba, al que muchos, bajo las ideas de solidaridad y amistad le han sacado mucho dinero mientras lo hubo, sin ellos vivirlo en sus países de origen o al menos, sin mudarse a vivir en Cuba como un cubano de a pie. Pura hipocresía y demagogia que sirve, bien utilizada por el gobierno cubano como aliados propagandísticos.

Además, incomprensible para mí por mucho que los pienso, están esos cubanos, aparentemente libres, por tanto, no hablo de los figurines que el gobierno cubano tiene infiltrados en cuanto rincón existe, que habiendo salido de Cuba hace 50, 30, 20, 10 años, incluso hace 6 meses, porque evidentemente, por miles de razones que todas paran en el mismo lugar y nombre, no podían vivir en Cuba, hoy lloran por los rincones utilizando el mismo argumento oficial, salvar a la familia cubana. Esos que deberían al menos estar de acuerdo con hacer desaparecer a todo lo que huela o signifique comunismo en Cuba, hoy hablan de no apretar al gobierno, de dejarlos a que ellos decidan irse por las buenas, de que la abuelita no puede estar sin verlos, de lo criminal del bloqueo causante de apagones, falta de todo, que trata de matar de hambre a los cubanos de la isla. Esos no tienen vergüenza o están enfermos. Esos que hoy comen carne de res gracias a Estados Unidos, hoy hablan de darle un voto de confianza al gobierno cubano después de casi 70 años de derrochar ese voto.

Ahora, hay otro grupo, que siempre ha existido, aunque reprimido y auto reprimido, ocultado, desconocido, silencioso, que, sin poder salirse del problema, ha vivido todos estos últimos 67 años recondenado, de puertas hacia adentro, hablando bajito, fajados discretamente con el televisor, tratando más discretamente que sus hijos, por lo menos, traten de pensar. Grupo que ha vivido a voluntad o por presión, un exilio interno, ellos que han estado, pero no han estado.

Y dentro de esa gran masa, compleja, dividida, temerosa, aparentemente desinteresada y desorientada, que parece crece, sencillamente porque se les acabó el aguante, que se cansaron de fingir, hoy un grupo está “dando el berro”, está perdiendo el terror, al menos el terror que paraliza. La idea de ese apoyo total y casi absoluto al gobierno revolucionario es mentira, como también fue mentira el apoyo de los judíos a Jesús.

Ahora, el gobierno que no puede suministrar ni agua potable a sus habitantes, habla de la familia cubana, de lo que sufrirá el cubano de a pie, de las pérdidas que existirán. Llevan a las imágenes públicas, a través de sus descerebrados colaboradores y de los “sentimentales” siempre oportunos, regados por todo el mundo o viajando a través de él, los salones de operaciones con cadáveres, los niños desmayados por falta de alimentos, los viejos cayendo como soldaditos de plomos muriendo mientras caminan, las mamás embarazadas que no podrán parir por no tener fuerzas para pujar, etc., tratando de tocar las fibras más humanas del pensamiento humano. Ahora la familia cubana es el objetivo para salvar y entonces frente a esta idea volvemos a los grupos, volvemos a las divisiones, tal que parece que no sabemos hacer más nada que dividirnos.

Y yo me pregunto: Cuál es la familia cubana que hay precisamente hoy que salvar. Se estará hablando de la familia cubana que pasó 30 años sin poderse ver, reunir, muchas veces sin poderse hablar ni por teléfono. Esa familia que enterró en vida, orientada y felicitada, a sus miembros que se fueron del país; a esa familia cubana que se les prohibió y prohíbe entrar al que debería ser su país, por haberse quedado fuera después de terminar su contrato médico, su concierto musical o su juego deportivo; a esa familia cubana que le mandaron sus hijos, sus esposos, sus padres, a luchar en tierras ajenas por objetivos ajenos y nunca los vieron regresar al menos vivos; a esa familia que hoy tiene a sus hijos o hijas, esposos o esposas, padres o madres, presos por causas caprichosas; a esa familia que se le obligó a inventar un familiar marinero o piloto para poder esconder los dólares o ayuda que recibía de su familia que vivían en el exterior. Se estará hablando de la misma familia que fue señalada desde el poder como enemiga interna a los que había que combatir furiosamente y fue sometida a bochornosos actos de repudio, con violencia física incluida, por sólo querer irse a vivir a otro país. Qué descarados son todos.

La familia cubana, esa a la que hoy hay que salvar, lleva muriendo 67 años. A alguien le importó que al abuelo le intervinieran su pequeño negocio, fruto de su trabajo y que muriera de un infarto producto del encabronamiento o la depresión; a alguien le importó que a la joven la sacaran de la universidad o del trabajo por sólo ser religiosa; a alguien le importó que al joven primo, por sólo ser afeminado, amanerado, lo llevaran a aquellos casi campos de concentración creados para, dijo el gobierno, apoyar a la producción; a quién le importó que tu hija bien criada con un posible futuro luminoso, optara por ser “jinetera” para poder tener un perfume o comerse un bocadito de jamón y queso.

A cuál familia hay que salvar, a aquella que por desilusión y no encontrar su espacio dentro, toma ron en las esquinas, roba, estafa, degolla a personas para robarles algo tan elemental como una gorra o una cadenita que parece de oro, pero no lo es, a la que viene desde hace años impotentemente viviendo dentro de las ciudades y pueblos convertidos en enormes y ya simbólicos basureros o de basureros que por su gigantesca magnitud albergan en su interior a humanos.

Los simpáticos del gobierno llaman a salvar a la familia cubana, porque tal parece que hasta ayer todo funcionaba a la perfección y de pronto todo se ha puesto malo. Los simpáticos del poder se niegan a reconocer el rotundo fracaso de sus estrategias mantenidas por seis décadas. Los simpáticos del poder, brabucones ayer, hoy pretenden inspirar lástima, pretenden que se les vea agredidos e incapacitados por factores siempre externos a desarrollar su “trabajo exitoso”; éxito que sólo ven ellos cuando se sientan a comer a las mesas de sus casas.

Los simpáticos del gobierno ahora no paran de hablar de genocidio, de crímenes de lesa humanidad, de sangre por doquier, de grandes matanzas de la población cubana, de fascismo, de agresión imperialista, etc., el mismo discurso de tantas y tantas veces, el mismo discurso que debe haber dejado grabado Fidel Castro como acto de última voluntad y con esto pretenden movilizar a los sentimentales de antes y de ahora para obtener un barco de petróleo, un barco de arroz, algunos dólares como crédito para con eso continuar reprimiendo e inmovilizando a la misma familia cubana que hoy demandan defender.

Los simpáticos del gobierno acaban de desempolvar al gobierno norteamericano y Trump les ha venido muy bien. Trump es el culpable de que todo lo que era oro, hoy se haya convertido en piedra. Trump tiene paradas las ambulancias, siempre mencionadas en primer lugar por el efecto que trae, tiene parado el transporte público, lo que representa a un pueblo que está obligado a caminar, Trump tiene vacías las bodegas y las tuberías de agua, Trump es quien cocina la mala comida que dan en las escuelas y los hospitales. Trump se ha quedado con todo el instrumental médico y por supuesto, todas las medicinas, Trump, por supuesto, no podía faltar más, es el culpable de que los niños no tengan globos cuando cumplen años.

El “fascista y racista” Trump, dicen los sentimentales, quiere quedarse con la isla de Cuba, quiere anexar a la rica, bella y próspera isla a, como menos, su fortuna personal. Qué locura.

Los sentimentales, acomodados detrás de patria, soberanía, independencia, con sus cómodas vidas, deben ser conscientes de que ni regalando esa isla, alguien la cogería como está.

Cuba necesita para su recuperación gradual y paulatina, de un Número de Graham, que “es tan grande que su representación requiere una notación especial de potencias de torres (notación de flechas de Knuth), superando por mucho a números conocidos como el gúgol (10¹ººº)” más un Gúgolplex, (10 ᵍᵘᵍᵒᴵ), “que es un 1 seguido de un gúgol de ceros. Escribirlo es físicamente imposible, ya que no hay suficiente materia en el universo para escribir todos los ceros”. ¿Entendieron? Eso mismo le pasa al gobierno. ¿Algunos de ustedes tiene ese dinero? El gobierno cubano tampoco.

La única salvación verdadera de la familia cubana es que desaparezca o hacer desaparecer a todo el gobierno que hoy la dirige, incorporando obviamente el partido comunista delincuente que hoy la preside. No hay de otra. Se les acabó el tiempo de experimento, se les acabó la pista de aterrizaje. Se les fue el tren. Dios no les va a mandar otro bote.

Otra vez se vende la imagen de que Cuba se convertirá en otro Viet Nam y la guerra será eterna, JAJAJA, Cuba con sus generales de oficina, gordos, fuera de entrenamiento, con sus aviones viejos, reparados, con sus fusiles de madera o plomo, con balas húmedas que no explotan, con soldados jóvenes, obligados, falta de comida, de topes internacionales, etc. Es lo mismo que se pronosticaba para Venezuela y se decía que todos morirían peleando, país al que le entraron, le robaron al presidente y su desdentada primera dama,  dejaron ciegos a los súper militares, y hoy, nadie se acuerda de nada de esto y lo único que está pasando es que los que allí quedan gobernando se han convertido en subordinados alegres, en amigos íntimos y solidarios, en obedecedores incondicionales del que habían denominado enemigo, a tal punto que sólo falta sustituir las imágenes de Simón Bolivar donde quiera que estén por unas bellas de Trump.

La lucha de los cubanos que queremos que todo explote de una vez, es precisamente contra el gobierno y no contra el cubano tenga familia o no. Cómo podría atentarse contra la familia y amigos que todos allí tenemos. A quién se le puede ocurrir que queremos matar a la abuela, a la madre, al hijo, al hermano que allí hemos dejado.

No se puede mandar o pretender que en Cuba, ahora mismo la gente salga a la calle por buchitos a imponerse a un gobierno que está preparado para reprimir, sólo recordar la frase de Díaz Canel cuando muy nervioso no dejó de anunciar: “la orden de combate está dada, a la calle los revolucionarios” e inmediatamente sacó al ejército, vestido de civil, pero ejército, para reprimir a la población civil que caminaba coreando consignas, población civil, nada más y nada menos, que familias cubanas no delincuentes.

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario