miércoles, 12 de julio de 2023

514.- El silencio y la paz. (Primera Parte)

No soy un experto en nada. Creo que la mejor idea de vida es la imperfección y es la imperfección, porque cuando de ella se es consciente, ayuda al desarrollo. Ayuda a buscar, a tratar de entender y a aprender. El peor enemigo de lo bueno es la búsqueda de lo perfecto.

Empleo algunas horas de mi vida a escuchar ideas sobre Cuba. Ideas de todas partes, en todos los sentidos, desde diferentes variantes, ópticas y experiencias. Con algunas de ellas estoy totalmente de acuerdo, me veo reflejado y me sirven de combustible, otras, no sólo es que las rechazo y no acepto, sino que en algunos casos me dan lástima, en otros casos, me causan asco.

Lamento mi falta de sentido democrático, de aquel tan repetido “con todos y para el bien de todos”, aquel de aceptar todo, valorar todo, darle un espacio a todo y perdonar sin pensar en lo que se hizo y en el daño que se causó. Yo, estoy convencido, hoy más convencido que nunca, que hay ideas, por tanto, personas, que habría que erradicar de una vez y para todas y hacer todo lo posible para que sus ideas no florezcan, no se desarrollen, o sea, no existan. Hitler no fue el único malo que ha pasado por la historia. Quizás también lamente no ser un demócrata al estilo sueco o noruego.

Hoy, después de 60 años de algo que se le sigue, convenientemente, llamando revolución, frente a la crisis más grande que la memoria, al menos la viva, pueda tener, donde se ha llegado a afectar profundamente, ya no la economía, la política, ya no la producción de caña o de carne, sino al hombre, independientemente de su color, edad, posición social o económica, etc., existen en Cuba e increíblemente fuera de Cuba, dos grandes variantes, que de una forma u otra convergen, justifican, permiten, apoyan o tratan de olvidar lo que ocurrió y está ocurriendo.

Por un lado los que no quieren hablar del pasado, tal como si nunca hubiera existido y llaman enfermos a aquellos que no quieren olvidar, por la simple justificación de que no se debe, a conveniencia, ahora recordar y quedan, muchos de verdad y otros de mentira, asombrados con las historias reales que se cuentan, tal como si hubiera nacido ayer o hubieran venido de otra galaxia, y los que ahora, quizás aún con algún gramo de esperanza, miran a los cambios que se hacen sobre los cambios que se hicieron, que ya eran los cambios que se habían hecho, sobre los cambios que se habían hecho anteriormente, sin lograr nada definitivo y favorable y según parece, se seguirán haciendo sobre otros cambios sin un camino definido hacia ningún lugar, ni tiempo, y aclaman por la no violencia, porque al parecer ahora descubrieron el camino pacifico como solución.

O sea, como en una novela de TV, piden que los que están, dejen de estar por decisión propia y los que no están, quizás que nunca han estado, asuman la posición, no sólo pacíficamente, sino casi que cantando villancicos, alabanzas, canciones tradicionales, canciones de amor y que lo hagan danzando y lanzando flores al aire. Demasiadas telenovelas.

En mí imperfección y desconocimiento, no podría explicar el proceso ocurrido en ningún lugar del mundo que me rodea. Me es imposible concluir sobre algo, primero, cuya información es sesgada, limitada o parcial, segundo, cuando el proceso no lo he vivido. Desde hace años he dejado de repetir recetas para eliminar el hambre en África o salvar a los osos pandas. Es arriesgado tratar de entender y, peor, tratar de explicar algo, desde la muy pequeñita posición real que ocupamos en este planeta.

Sin embargo, me asiste la posibilidad de hablar de Cuba, aunque me sigan considerando enfermo, cosa que casi he llegado a asumir con alegría, no porque sea experto en ella, sino porque puedo explicar, tratando de ser sincero, la vida que en ella he vivido, más allá de discursos e incluso de frases tomadas de allá y puestas acá, para avalar determinada posición o idea. Trato incluso de no repetir a José Martí a mí antojo, aunque muchas de sus ideas me parezcan geniales, porque creo que el mismísimo Martí se hubiera quedado asombrado del camino que todo ha cogido y entonces hubiera arreciado cualquiera de sus ideas al uso. Creo, habiendo leído un poquito a Martí, entre otras cosas, un gran demócrata, que muchas de sus ideas las hubiera cambiado. Lo de, por ejemplo, aquello de con todos y para el bien de todos, no es tan sencillo como hacer una paella, a la cual cualquier cosa que le pongas queda bien. ¿Dentro de todos y para el bien de todos, se incluye a los torturadores, a los asesinos, a los violadores de cualquier derecho, a los que ha hecho daño a pocos o a muchos?

No hace falta tanta teoría, ni tantos estudios, porque nuestros abuelos nos enseñaron y no eran doctores, ni máster, ni tan siquiera licenciados en algo. Nuestros abuelos nos contaron lo que vivieron y por mucho que se trató de cambiar o a algunos desmentir, la verdad siempre sale a flote. Ha salido una vez más.

La primera versión de actuación me parece funesta, aquella de no hablar del pasado, de no analizarlo y encontrar los errores y los culpables, porque se trata de ocultar, olvidar y que otras personas no recuerden la historia, los posibles aciertos, pero también los desaciertos pequeños y grandes. No se es sincero tratando de omitir y me parece tonto, porque muchas personas, muchísimas se sumaron a ese proceso revolucionario que trajo un cambio para Cuba en 1959, hoy, si aún viven cerebralmente, no pueden cambiar sus historias, no pueden ocultar dónde y cómo viven, lo que perdieron y tienen, para bien y para mal.

No se es sincero al no hacer una evaluación crítica y llegar a conclusiones que lo que pudo ser “fantástico” en un momento, se distorsionó con el tiempo, cambió, se convirtió en un capricho para únicamente complacer determinados egos. Que aquellos logros de los que tanto se habla, eran importados, mantenidos desde afuera, resultado de un dinero que llegaba desde el exterior con un nombre que escondía los verdaderos objetivos, que creó la imagen de que se avanzaba, que permitió propagandizar un futuro hiper luminoso, único, insuperable, pero que en realidad siempre ocultó lo que verdaderamente esa revolución, que muy rápido se convirtió en gobierno, realmente alcanzó por su trabajo, por sus esfuerzos, que fue casi nada. Todo el aparente desarrollo, más que nunca hoy, se sabe que fue, tal como explica el pasaje bíblico, un aparente gigante que siempre tuvo grandes pies de barro.

Sobre esta variante, no hablo de un estado de conciencia real, no hay mucho qué decir. Baste ver que muchas de esas personas, no todas, pero sí muchas, que defendieron a capa y espada el sistema de gobierno instaurando en Cuba por muchas décadas y que, para sentirse triunfadores, trataron de callar, silenciar y en no pocos casos desaparecer, al menos moralmente al otro o a muchos otros, hoy viven felizmente bajo el sistema capitalista que siempre criticaron bajo el lema “orgulloso” de que preferían hundirse en el mar, o sea, morir obviamente, porque lo de hombre anfibio sólo se vio en películas, antes de aceptar el capitalismo.

Esto me crea un ruido, ¿Eran verdaderos mentirosos, se sumaron y repitieron ideas y acciones, porque no todo fue teórico, sin pensar o siempre han tratado de vivir en la parte fría de la tortilla y frente a la debacle, en silencio, sin la más mínima crítica o reconocimiento, han abandonado el barco que tan entusiastamente ayudaron a construir y defender? Esos, para mí, con absoluto respeto, fueron mentirosos ayer y continúan siendo mentirosos hoy. Quizás muchos mueran mentirosos.

Es hasta cierto punto fácil entender que se crea en una filosofía, en una determinada fe, en algo que se prometió, pero, cuando esta filosofía o fe, cuando la promesa, no se ve en la práctica, cuando otros muchos están diciendo que no existe y se está en el camino exactamente errado, no cabe la equivocación, no existe la ignorancia, no existe la buena fe como actuación, sólo queda la conveniencia, que no siempre tiene que ser económica o material. La conveniencia de estar en el poder, de ser intocables, de que otros hagan lo que yo digo, de tener subordinados, etc., también funciona.

La segunda variante, aquella de la paz, me parece el resultado de: algo que decir frente a la imposibilidad de decir algo, una variante “amorosa” ahora que tanto amor hace falta, una línea de pensamiento para retrasar lo inevitable proponiendo variantes que creo que, ni ellos mismos que la proponen como solución, pueden creer.

Sobre esto hablaré en mi próximo escrito, para no hacer este muy largo y torturador.

 

 

 

 

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